Lucy Quinn Fabray, hija de Russel Fabray y huérfana de madre.
Nació en San Francisco, California el 30 de agosto de 1993. Fue criada por su padre y por su abuela.
Su vida era mas o menos normal, considerando que tenía un pene. Los doctores la habían diagnosticado como intersexual después de un tiempo al notar que no era un varón.
Para Russel fue un gran golpe el saber que su querido Quentin era mas bien una Quinn. Una niña.
No hubiera sido un gran problema, si, quería un niño pero se podía conformar con una mujercita, pero bueno, esa niña era un fenómeno, una aberración, un error de Dios.
Y es que Russel Fabray no podía permitir que semejante error lo dejara en vergüenza, así que evitaba que lo relacionaran con ella más que por su apellido.
Su abuela se ocupaba prácticamente de todo: alimentarla, jugar con ella, bañarla y llevarla a la escuela. Esto por 8 años.
Lamentablemente la vida da vueltas inesperadas y los dos Fabray se encontraron solos al morir la abuela…
Sucedió por primera vez el día del funeral.
Russel había tomado de mas en la recepción, y el hecho de que la pequeña Quinn lo llamara papi exasperó sus nervios. Así que cuando llegaron a casa y Russel se deshizo de su saco le dio una bofetada a la pequeña, quien solo atinó a sujetar su mejilla y sollozar.
-Sube a tu habitación.-Ordenó Russel en un tono neutro.
La pequeña ojiverde corrió lo mas rápido que sus piernas le permitían hacia su cuarto, tirándose a llorar en la cama. Rogándole a Dios que eso no volviera a suceder.
Sus plegarias no fueron escuchadas.
Al siguiente día Russel volvió a hacerlo, y al siguiente día y al siguiente…
Las primeras veces fueron solo bofetadas, después lo hacía con varas o su cinturón, a veces también utilizaba sus puños, provocando un leve sangrado en Quinn quien, obviamente, se las tenía que arreglar para curarse sola.
La rubia no comprendía por que lo hacía; tenía buenas notas en la escuela, era popular, hermosa, capitana de las porristas en la secundaria y aún así al llegar la noche tenía que soportar a misma tortura de siempre.
-Se suponía que debías ser perfecta, pero solo eres una aberración mas.
Tampoco entendía como nunca dijo nada de lo que sucedía. Eran muchas las veces en las que no podía levantarse del suelo y pasaba las noches llorando acurrucada en la bañera de su cuarto, solo para que al día siguiente cubriera sus heridas con un error en una acrobacia.
Tal vez nunca lo delató porque pensó que el cambiaría, pensaba que no era tan mala persona.
Había ocasiones en las que el se escabullía a su cuarto y dejaba analgésicos en su mesita de noche y otras cosas para curar un poco sus heridas. ¿Por qué haría eso si no la quería?
Descubrió las drogas a los dieciséis años como remedio a su sufrimiento.
Comenzó por la marihuana que conseguía con un tipo llamado Sandy algo. La vendía como medicinal y solo hacía faltaba que tosiera un poco para que se la diera a un precio aún mas bajo.
Cuando la hierba dejó de ser suficiente recurrió a las metanfetaminas, razón por la cual conoció a Eileen, su distribuidora y la chica con la cual perdió su virginidad.
Eileen era hermosa: facciones suaves, cabello verde, siempre usaba cosas de cuero y eso era lo que la caracterizaba, lo único malo en ella esa su actitud. Era una busca problemas y constantemente la suspendían del colegio.
Todos los lunes a la hora del almuerzo la encontraba en el campo de fútbol para comprarle, pero con el tiempo le era más difícil pagar las pastillas, y no estaba por la labor de dejarlas.
-Te propongo un trato.-Dijo Eileen cuando la rubia le contó su situación.-Te daré las pastillas a mitad de precio si te acuestas conmigo.
Después de una vergonzosa explicación de su condición y de que la chica diera su aprobación, aceptó. Ese día faltó a sus demás clases para pasar todo el día con la chica de cabello verde en un motel.
-Me atraen.-Dijo respecto a las cicatrices de Quinn.-Son como marcas de guerra. Cada una muestra que eres lo suficientemente fuerte como para soportar la vida.
Pronto se vio inmiscuida en la vida de la peliverde. Robó un poco de dinero a Russel y cambió todo su guardarropa por cosas oscuras y de cuero (las favoritas de Eileen).
-Se te vería muy bien el rosa.-Dijo Eileen mientras acariciaba su cabello. Y rosa fue.
Cuando llegó a casa con el cabello rosa, la ropa totalmente oscura y las perforaciones en el labio Russel enloqueció. Esa fue la primera vez que la dejó inconciente, con la ayuda de una lámpara que estrelló en su cabeza.
Para sus 17 años ya se había acostado con la mayoría de las chicas de su escuela, y no fue tan difícil sumando su belleza y el porte que la caracterizaban y que cautivaba a cada persona que pasara frente a ella.
Controlaba junto con Eileen a toda la escuela, eran como las reinas, y si no hubiera sido por Russel las cosas seguirían igual.
Como casi siempre Eileen y ella habían faltado a clases y estaban en la sala de los Fabray cuando Russel entró. Claramente lo que vio no le pareció ni un poco y el rojo de su rostro lo demostraba.
Eileen de rodillas con el pene de Quinn en su garganta mientras esta se movía frenéticamente embistiendo su rostro.
Abrió los ojos cuando escuchó el sonido de las llaves estrellándose contra el suelo con un Russel en estado de shock.
Se separó de la chica de cabello verde y se guardó en su pantalón lo mas rápido que pudo.
-Vete.-Susurró con la voz entrecortada a la chica, quien obedeció inmediatamente, pasando a un lado del hombre.
Cuando la puerta se cerró detrás de el se acercó a Quinn.
-¿Qué carajos fue eso?.-Gritó.
-Señor, yo…
El primer golpe llegó a su rostro seguido de una patada a su entrepierna que derivó en un grito de dolor. Cayó al suelo y Russel aprovechó para patear su estomago repetidamente.
Para ese momento Quinn ya vomitaba sangre y no paraba de gritar y de rogar que se detuviera. Podía sentir como sus costillas se clavaban a sus órganos y le costaba respirar.
En un ultimo impuso se colocó boca arriba, un error porque Russel aplastó su hombro logrando sacar el grito mas fuerte que la pelirosa había emitido.
A lo lejos se escuchaban sirenas, lo cual significaba que alguien la había escuchado y llamado a la policía. Russel detuvo sus golpes alarmado, aún se escuchaban un poco lejos, si llegaba a su coche podría huir.
No tardó mucho en salir de la casa. Y no tardaron mucho en detenerlo.
Eileen entró a verla, inmediatamente después llegaron ambulancias, la subieron a una camilla y la sedaron.
Despertó en el hospital con 4 costillas rotas, la nariz y el hombro dislocados y un fuerte dolor en el estomago. Realmente fue un milagro que sobreviviera.
Pero a pesar de todo eso lo que más alarmó a los doctores fue su odio hacia los hombres que inició después del incidente.
Todo persona que la atendía debía ser mujer. Podía soportar que hubiera un hombre en el mismo cuarto que ella, pero si intentaba tocarla entraba en una crisis nerviosa o en un estado de violencia.
Después de darla de alta fue enviada a un orfanato, ya que aún era menor de edad. Su psicóloga y ella trabajaban para eliminar todo rastro de los malos recuerdos, pero ningún esfuerzo fue suficiente.
Al cumplir la mayoría de edad calificaron a Quinn como alguien emocionalmente inestable e inadaptada social. Alguien tenía que hacerse cargo de ella.
La primera familia con la que estuvo fueron los Evans. Ahí conoció a Sam.
Samuel era tres años menor que ella. Tenía unos labios gigantes y se teñía el cabello.
Sam fue su mejor amigo y fue el quien la ayudó a superar su trauma.
El chico era adicto a todas esas cosas nerds: Súper héroes, ciencia ficción, etc. Y Quinn fue introduciéndose poco a poco a su mundo. De vez en cuando los dos se escapaban en las tardes y con el dinero que el gobierno enviaba a Quinn (el cual era bastante) compraban historietas.
Su favorita era Punisher porque sentía que debía hacer justicia, vengarse por lo que ella había sufrido. Fue en ese entonces en el que comenzó a planificar su ataque hacia Russel, pero primero tenía que esperar a que el hombre saliera de la cárcel.
Con el tiempo en el hogar hubo carencias económicas y tuvieron que mudarse a un motel. La pelirosa ofrecía su dinero para que los Evans pagaran deudas, pero ellos amablemente declinaban su oferta. Así que decidió marcharse dejando el dinero para que ellos lo aprovecharan.
Pasó dos semanas en moteles hasta que la policía la descubrió. Entonces la mandaron a otros hogares, pero ella siempre huía.
Ahora estaba en casa de los Berrys con una última oportunidad para hacer las cosas bien, y si quería llevar a cabo su venganza hacia Russel, tenía que seguir las reglas del juego.
No abandonaré la historia. Nunca.
Me encantaría saber que les gusta, no les gusta o que les gustaría leer.
Gracias por los reviews y por leer.
