Disclamer: Beyblade, aunque quisiera, no es mío, sino de Takao Aoki. Yo sólo hago esto como pasatiempo usando sus personajes sin ánimo de lucro

Capítulo III: La Carta

Volvamos a la antigua Mansión Hiwatari. Es un nuevo día, son las 8 de la mañana. Dentro de esta construcción se aprecia movimiento, tanto en el jardín como en el interior de la casa: Personas que empiezan su labor diaria en aquel lugar. Mientras tanto, en una habitación amplia, en la tercera planta; un chico se levantaba de su cama. Kai tomó su despertador de la mesilla adyacente a donde estaba. Eran las 8:10. Debía arreglarse. A eso de las 10 de la mañana, iría en compañía de su equipo, rumbo al aeropuerto y esperarían a Rei.

Han pasado tan sólo veinte minutos, sin embargo, el joven ruso ya ha terminado de vestirse con su traje que usualmente trae a la hora de beybatallar. Recogía su beyblade y su lanzador, guardándolos en sus bolsillos, cuando alguien toca con cuidado el portal de su habitación.

– ¡Buenos días, joven Hiwatari! – dijo una voz femenina. –Espero que ya esté listo, señor. Necesito limpiar su alcoba.

–He acabado, Hikari. Puedes entrar.

Una chica de aproximadamente 22 años entra a su habitación, vestida con el uniforme usual de las sirvientas, negro con blanco, con un hermoso cabello negro recogido en una trenza y con un moño albo. Ella era morena, con ojos de color café oscuro. Contrastaba ese buen humor con los de sus patrones.

– ¡Otra vez de salida! ¿Cierto, señor?–Mencionó, entretanto ella comenzaba a arreglar la cama.

–Sí. –Dijo con seriedad – ¿Alguna noticia nueva, Hikari?

–Nada del otro mundo, joven Kai. Su amigo, Kenny, llamó por teléfono hace unos diez minutos. –Acababa de tender la cama. Agarró su aspiradora, sin embargo no la encendió. –Mencionó que lo espera en las cercanías del río, junto al puente y enfrente de la pequeña cede de la BBA.

–Muchas gracias, Hikari.

–Me alegra que esté de buen humor, Joven Kai. –Expresó la chica. –Desde que recibió la carta y la llamada del Joven Albert, ha cambiado… un poco. –Se puso roja de la vergüenza –Perdone, pero sabe cómo me voy por las ramas.

–No hace falta que lo menciones, Hikari. –Mencionó con cierta ironía. –Nos veremos después.

–Hasta luego, Kai. –Murmuró lo último para sí.

Caminando hacia el comedor, el chico ruso recuerda aquello que la muchacha había comentado. Hacía tiempo, el mayor de los Hiwatari se había dignado a comunicarse con él, tras un tiempo en que se habían peleado. Empero, tenían que tragarse el orgullo, quisieran o no.

Desde que Kai terminó toda comunicación con su hermana, Albert tomó las riendas del asunto. El rubio le había mencionado que eran pocas las oportunidades de encontrarlo en casa. Tanto Kai, por sus compromisos deportivos; como su hermano, por sus estudios, no habían tenido la manera de hablar. Sólo hace unos meses, una llamada:

Es difícil encontrarte en casa. Es un milagro que contestes, Kai.

Gracioso. –Expresó con desdén. –Y debo tu llamada a…

Esto me preocupa. Ahora que nuestra hermanita se ha desaparecido del mapa, debemos estar más en contacto. –Suspiró –Sé que tenemos fricciones, y no nos llevamos…

Deja de decir tonterías. –Argumentó Kai con sequedad. –Después de todo, eres mi hermano.

Lo sé. Kai, he escuchado que pronto habrá un torneo de Beyblade ¿o me equivoco?

Es verdad, de hecho, mis compañeros y yo nos enfrentaremos a nivel nacional. Dickenson busca a los representantes de Japón. ¿Algún interés que tengas en especial?

Sí. Es parte de mi investigación. Quiero comprobar la eficacia del producto de la misma. Aunque, si he de ser franco, es poco probable que terminemos para esa fecha.

¿Es probable que vengas a Japón?

Quizás. Mis vacaciones se acercan y si no me atrapan para algo más, podré ir a casa. Hay cosas de las que deseo hablar personalmente contigo. Además, deseo verte jugar.

No necesito porristas –exclamó en tono de burla.

Me ofendes, Kai. –Le siguió la corriente. –Te pasaré mi correo y mi teléfono celular. Es frustrante no tener noticias tuyas que no sean por medios de comunicación masiva.

Había llegado al comedor. Ingresa rápidamente a la habitación, en donde encuentra ya su desayuno listo. Se sienta en la silla más alejada de la puerta, en donde debería ir el jefe de familia, comenzando a comer. Cuando está a punto de terminar, Hikari vuelve a entrar, con un papel en la mano.

–Disculpe que lo interrumpa, joven Kai, pero llegó esta carta para usted.

–Déjala en mi habitación, la leeré más…

–Quizás le interese leerla en este momento. –El chico la miró dubitativo. –Es una carta de la señorita Isis.

Se asombró al escuchar el nombre del remitente. Tomó la carta. Observó quien la enviaba era su melliza.

Será posible, ¿Qué ella me haya perdonado? –Comenzó a abrirla –Es extraño, que Isis dé su brazo a torcer. –Comprobó que era la caligrafía de su hermana. Así que empezó a leerla en silencio:

Kai:

Sé que desde hace tiempo no te escribía, lo siento si alguna vez te preocupó mi situación y quiero dispensarte por… bueno ya sabes, pero todo este periodo sin ti ni Albert, me ha estresado, al tal grado que podría convertir a cualquiera en un loco.

Has de pensar ¿Cómo es posible que la arrogante de tu melliza se trague el orgullo? Bien, agradece a tu hermano mayor. Lo he visto recientemente, por correo electrónico, naturalmente. Me amenazó en enviarme un troyano si no te perdonaba.

Lo que sea, en esencia, deseaba hablar contigo. Son tiempos difíciles, y se necesita el apoyo de todos, en especial, en los que confías. No puedo explicarte más detalles, porque necesito verte en persona.

Cuídate

Isis

PD: ¡Enhorabuena mi pequeño hermanito! Ganar el torneo nacional de beyblade, hace rato que no lo lograbas ese título. Apuesto a que tu amigo, Granger, debe estar furioso contigo.

– ¡Vaya con ella! –Observó detenidamente la carta. –Quien la comprenda. Me manda al diablo desde hace tres años y justamente hoy se digna a escribirme. Es extraño que se trague el orgullo. Albert no comento nada en nuestra conversación. Tendré que hablar con él más tarde.

–Disculpe, señor. Ya son las 9:15, será mejor que se apresure.

En efecto, si no se apresuraba a salir de la mansión, no llegaría puntual con sus compañeros. Terminó su desayuno, se aseó los dientes y se dirigió al vestíbulo. La chica estaba detrás de él por si se le ofrecía alguna cosa antes de marcharse.

–Hikari, quiero que una de los dormitorios para huéspedes esté listo para cuando regrese. Un amigo pasará unos días con nosotros.

–Como ordene, joven Hiwatari.

Kai salió de la mansión, con una leve sonrisa en su rostro, provocada exactamente, por la carta que llevaba guardada en su bolsillo de su pantalón en ese preciso momento. A pesar de que existían ciertas lagunas en aquel escrito, su hermana estaba bien y lo más importante, lo había perdonado.


Lechucería Hiwatari

Definitivamente, pensé en eliminar este capítulo. Quité a Gizmo para restarle puntos suescos a mi OC. En fin, de todos modos, no me convence.

Do svidanya