Disclaimer: Fairy Tail es propiedad de Hiro Mashima. Conjunto para el foro Cannon Island

El tercero de hoy

Universo Alterno


3.-"No, no, yo invito"


Sting no había notado lo acostumbrado que estaba a su cliente regular hasta que este un día no apareció.

Hacía ya meses que un joven de cabellos oscuros llegaba todas las noches al bar donde Sting trabajaba de barman. Todos los días llegaba un poco antes de las ocho y se iba antes de que dieran las diez. Las peticiones variaban cada día, pero generalmente tomaba dos vasos del tipo que hubiera elegido, y rara vez un tercero.

Sting nunca había intercambiado palabras con él, más allá de los saludos y frases cordiales que correspondían a su trabajo, pero su presencia se había vuelto una constante que se vio de pronto interrumpida cuando este no apareció una noche.

En su momento Sting no le dio importancia, pero cuando los días pasaron y el asiento usual siguió vacío, el rubio empezó a cuestionarse si algo habría pasado. Tal vez, simplemente había decidido cambiarse local, pero aunque parecía la opción más lógica, Sting no se convencía. No era algo que encajara con la idea que se había hecho de él.

Dicha idea era, por supuesto, sólo una suposición sin mucho fundamento, ya que ambos en realidad no se conocían, pero el tiempo terminó por darle la razón. Casi dos semanas después de su abrupta desaparición, el joven regresó.

Sting se sorprendió de lo emocionado que se sintió al verlo aparecer por la puerta y ocupar su lugar habitual. Sin embargo, no puedo evitar notar el aura de desánimo que rodeaba al joven en cuestión y que sus hombros hundidos no hacían si no remarcar. Si bien se sentó junto a la barra, no pidió nada como solía hacerlo y sólo se quedo allí, casi tendido sobre la mesa.

Por primera vez, Sting decidió salirse de su papel profesional y, tras preparar una de las mezclas que sabía pedía de manera frecuente, se acercó y dejó el vaso frente a él. El chico se sorprendió y dio un pequeño salto en su asiento.

– Eh, creo que es un error, no he pedido nada – Dijo sin levantar la vista.
– No, no, yo invito, no te preocupes – Respondió Sting – Parecías necesitarlo.
– Sí, supongo que lo necesito… Gracias – Con estas palabras el joven de cabellos oscuros levantó la vista y, por primera vez en todo el tiempo que llevaba asistiendo, Sting notó que tenía los ojos rojos. Se quedó sin palabras por un instante, porque, demonios, no se esperaba que se viera tan guapo de cerca, pero finalmente se las arregló para responder algo.

– Bueno, mi nombre es Sting, si necesitas algo estaré por aquí – Se sintió estúpido apenas las palabras dejaron sus labios. Por supuesto que estaría por allí. Era su trabajo. No podía ir a ningún lado. Sin embargo, el otro no pareció pensar lo mismo, ya que sonrió levemente y dijo.
– Gracias de nuevo, Sting. Mi nombre es Rogue.


N/A: Tres y quedan 97. ¡Gracias por leer!