Hola de nuevo, les he traído el capitulo tres de esta loca historia.
Mis sinceros agradecimientos a quienes han dejado sus comentarios: BriseII, Sakura-Jeka, Mei Fanel, Ghost iv, angeruki, fuyu no hana, Harumi.
Jejeje aquí todas sus dudas serán despejadas sobre el capitulo anterior, y gracias a quienes pusieron mi historia entre sus favoritos y alertas.
Disculpen cualquier error ortográfico o gramatical.
Disclaimer: Bleach no me pertenece, ni el conejo Bugs Bunny es de la Warner Bros.
PD: No voy hacer un crossover con Bugs Bunny solo es invitado especial XD
ITINERARIO PARA LLEGAR UN BESO
CAPITULO III
Ciudad de Karakura, alrededores del parque Yumizawa, 1 de abril, 9:07 AM
El pelinaranja había estado buscándola por todas partes. Hasta recordó que podía usar su poder para hallarla más rápido, pudo sentir su presencia junto a otra que se le hacía extrañamente familiar
—Te encontré, Rukia, la pagaras —afirmo con una mueca siniestra en su rostro.
Había encontrado a Rukia, estaba en el parque, en su mente formulaba cuanta idea maligna para hacer que paga lo que le había hecho pasar esa mañana. Corrió con todas sus fuerzas hasta llegar al lugar donde encontraría a la susodicha amante de los conejos, no obstante, no estaba preparado para la escena, la pequeña ojiazul, estaba muy contenta en compañía, de alguien a quien identifico muy fácilmente.
—El idiota de Hanasawa… ¡¿Qué hace esa tonta con ese pervertido?! —pensó mientras se acercaba.
De repente estuvo al lado de la nueva pareja, eran tan dulces los dos debajo de aquel árbol de cerezo, tan romántico, ¡al diablo con el romance! Ese imbécil estaba engañando a la crédula de Rukia, con sus palabras cursi, y ella con una cara de tonta.
Se dispuso a interrumpir la escena así que se acerco hasta que la presencia de su cuerpo cubrió, a los dos jóvenes que se encontraban sentados.
Él pelinegro fue el primero quién se dio cuenta de su presencia. Rukia seguía procesando lo anteriormente dicho por el adolescente.
Ciudad de Karakura, parque Yumizawa, bajo el cerezo de Kishioma, 1 de abril, 9:20 AM (Parte2)
—Kurosaki… -pronuncio Hanasawa con voz trémula.
—¿Ichigo? —dijo Rukia, cuando por fin se dio cuenta de su presencia, en tanto que Hanasawa se orinaba en sus pantalones; al parecer su fama de delincuente servía de algo, o era eso o la expresión que la cara de Ichigo tenía en ese momento. Sus ojos destellaban con un brillo espeluznante, su ceño estaba fruncido en todo lo que podía, y tenía una mueca en la cara que le hacía parecer un demonio, eso y sumándole la extraña presión que sentía, era como si lo estuvieran aplastando.
—Dime Hanasawa ¿qué haces por aquí, no tienes cosas que hacer? —profirió con dureza.
—El estaba… conmigo, Ichigo… fue muy amable —defendió la cándida mujer.
Sabía lo que Ichigo buscaba además de su dinero, y era extrañamente pelearse con ese lindo chico que la había acompañando en su espera, además le había confesado sus sentimientos, no podía dejarlo así, sería grosero; de repente sintió un leve sonrojo en sus mejillas
—Ya veo… te hizo compañía… —miro fijamente al chico que comenzaba a sudar a chorros— espero que solo hayas hecho eso… ¡eh! Hanasawa.
—Si… le hice compañía, Kurosaki… algún problema con eso —trato de recobrar su orgullo de hombre, si es que algo quedaba en él.
—Hanasawa, ¿te gustan tener la dentadura completa? —pregunto con maldad, mientras el chico asentía aterrorizado— Entonces ¿sabes que hacer, no?... tienes 5 segundos —Comenzó a contar
—¡Si! Adiós Kuchiki san, lo siento mucho, no volveré a molestarte, nos vemos —grito el muchacho, mientras corría despavorido de la presencia del pelinaranja.
—¡Hey espera, aún…!
—Déjalo… no te he dicho que no te metas con sujetos que no conoces —la regaño.
—Pero… él… ¡idiota! Fuiste grosero —reclamo inconforme.
—Sabes quién es tu príncipe azul, es el príncipe de todas, ¡tonta a todas les dice lo mismo! solo para salir con ellas… —afirmo.
—No, te creo, fuiste grosero.
—Sí que eres terca, te digo la verdad, pero si no me quieres creer es tu problema —refuto indignado por su incredulidad.
—No te creeré, tú solo querías pelearte con él.
—El es un idiota más pervertido que Keigo, con cara de niño bueno
—Sigo sin creerte —lo evito mientras caminaba.
—Realmente eres tonta…
De repente los pensamientos de furia que sentía por lo aquel idiota y lo que le podía haber hecho a la estúpida incauta que seguía reclamándole se disiparon, por un leve movimiento que hizo la joven revelo en su bolso algo que él había estado buscando con desesperación.
—¡Mi billetera, lo sabia! —grito el joven.
Ciudad de Karakura, McDinaldo's del centro, 1 de abril, 11:23 AM
—No tenias que gritar tanto, Ichigo, un día de estos te quedaras sin voz —reclamaba la ojiazul.
—Es tú culpa, nadie te dijo que me robaras —recrimino— ni si quiera debería, comprarte el conejo que tanto quieres.
—¡¿Qué?! no es justo, tú lo prometiste, además, solo era un préstamo —Sonrío
—Si un préstamo y ¿cuando me dirías del préstamo?… ahora come y no molestes.
Después de recuperar su billetera, que había sido tomada sin permiso por su linda amiga, el muchacho malhumorado aún tenía hambre, así que entraron a un restaurante de comida rápida. Apenas entrar se arrepintió de su decisión, el día de hoy "la cajita sorpresa" traía de regalo a Bugs Bunny.
—Otro conejo —medito— el mundo está en mi contra.
Como era de esperarse Rukia, quiso la "cajita sorpresa", pese a que le advirtió que era para niños ella insistió, al analizar las posibles escenas vergonzosas que podía ella actuar para obtener lo que quería se rindió. Y ahí estaba ella contenta con su nuevo conejo.
—Ichigo… ¿no es lindo mi chappy? —Mostrando el pequeño conejo gris.
—Su nombre no es chappy… —la miro— … no sé para que trato de explicarte lo volverás a llamar Chappy.
—Ichigo… mis papitas ya se acabaron —se quejo.
—Te lo dije… —repuso— esas cajitas son para niños, es obvio que vendrán con menos comida.
—¡Pero yo quiero más papitas…! —protestó— ¿me das las tuyas?
—¡¿Qué?… ¡no!
—¡Qué malo eres!... —chillo— la comida es para compartir.
Pudo ver su cara inconforme por su negativa, y le parecieron muy divertidas las muecas que hacía, esa mirada de niño que no tiene su juguete la hacía ver muy linda, por un momento repaso sus movimientos en su mente: noto lo graciosa y bonita que se veía cuando se quejaba o reclamaba por algo, observo el vaivén delicado de sus manos, y el brillo de sus ojos.
Una sonrisa escapo de sus labios al analizar sus pensamientos, pero no podía evitar fijarse en cada una de sus acciones, estaba como hipnotizado.
Sentía algo sobre ella, una mirada y la hacía sentir incomoda, busco disimuladamente por todas partes pero nada, de pronto cuando vio al frente, su mirada choco con la de su acompañante. La veía raro, con una sonrisa en su cara, comenzó a inspeccionar algo en su apariencia por si tenía algo encima y nada, no encontró nada fuera de lugar, sin embargo él seguía observándola, la hacía sentir apenada, un leve tono rosa invadió su rostro mientras examinaba una forma de reaccionar.
Cuando se fijo en los bruscos movimientos que ella hacía en un intento por fingir su mortificación, se percato de que él era la razón, ¿qué hacer? sus mejillas le ardían, no sabía cómo alejar la tensión, así que se le ocurrió hacer lo que primero se le cruzo en su mente.
—¡Oe.. Rukia, quieres mis papitas! —exclamo aun sonrojado.
—¡Eh!... ssssi —balbuceo, todo se había puesto muy extraño.
Se relajaron cuando sintieron que todo regresaba a la normalidad.
Sentía que el sacrificio de sus papas fritas había sido barato para alejar aquel inquieto y bochornoso momento. Además le gustaba verla alegre, así que no importaba si tenía que darle toda su comida. Ese momento era grato y lo iba a aprovechar.
Había veces que era grosero con ella, otras era amable; a veces le costaba trabajo entenderlo, pero le gustaba que fuera así, al menos era tal y como era, no fingía ser quien no es, le gustaba que la tratara así, y esos pequeños detalles a veces lo hacían ver tierno, así que no se quejo y se limito a disfrutar la cálida sensación del momento.
…………………………………………..
Ciudad de Karakura, calle Konin-ji, 1 de abril, 11:43 AM
Después de salir del restaurant se dedicaron a caminar en silencio hasta la petshop, la primavera se sentía en el aire, la gente caminaba a su lado despreocupada, el ambiente no daba lugar para las preocupaciones, este era esa clase de días en que las penas se olvidan por un instante y se sienta la paz flotar en el ambiente.
—Y… ¿pensaste en el nombre que le pondrás? —hablo el pelinaranja.
—¡Estaba pensado en ponerle, Chappy! —respondió con infantil emoción.
—Tss… solo piensas en "Chappy"… todo gira alrededor de ese conejo —mascullo hastiado— ¿Por qué no le pones un nombre original, solo para él, no el de otro conejo?
—¿Original?... ¿Cómo el tuyo? —respondió sonriente; señalándolo.
—¿Te estás burlando de mi nombre… eh?
—Claro que no I-chi-go- kun —musito con su peculiar voz.
—¡Ahhh! lo estás haciendo, no te hagas la desentendida, mi nombre no es para que bromees, tiene un significado muy importante —grito.
—Siii… es verdad, tiene un significado muy importante, y también es tierno. —se rió
—¡No es tierno, retráctate!
— Sii… está decidido, le pondré un nombre de fruta como el tuyo —Corrió
—¡¿Qué, fruta?!...¡espera que te atrape! —grito tras de ella.
—¡Si, como tú digas! ¡Eres lento Kurosaki kun!
A pesar de ser de complexión pequeña era muy ágil y rápida, sin embargo los gigai tienen las limitaciones de los humanos y eso le molestaba mucho, debido a que él podía alcanzarla tarde o temprano, por lo tanto debía usar su ingenio entro por un callejón que dio salida a una calle con mucho movimiento, debido a ser de baja estatura pudo confundirse entre el menester de las personas que iban y venían. Para cuando él se dio cuenta ya la había perdido, pero eso no significaba que ella ganaría, él la encontraría a como diera lugar, conociendo su destino decidió tomar otro camino con la idea de ganarle a su impaciente amiga.
Habían estado tan concentrada en el juego de escondidas y atrapadas que apenas noto que había llegado a la tienda, estaba tan feliz, pronto tendría entre manos a ese pequeño animalito objeto de su emoción, y a eso había que sumarle la satisfacción de haberle ganado a Ichigo en una carrera, estaba orgullosa de si misma y estaba absorta en su mundo que no percibía lo que sucedía a su alrededor.
—Llegas tarde, Rukia —pronuncio arrogante.
—¡AAHHHH! —grito asustada.
—¡No grites, un día de estos me vas a dejar sordo!
—¡No, tú, me vas a matar. ¿Por qué siempre me asustas de esta forma? —pronuncio agitada llevándose una mano al pecho.
—No es mi culpa que estés en otro planeta cuando te llamo.
—¡Cállate tonto! Aun no me recupero
—Bien, pero para serte sincero empecé a preocuparme, creí que te habías perdido y tendría que reportarte como "niña perdida"… —fingió angustia— ¡Hey! Ni siquiera lo pienses, o sabes que no habrá conejo.
Después de haberla molestado sabia que por efecto recibiría represarías así que se adelanto a sus acciones reprimiéndola con la única cosa que ella deseaba en ese momento. A veces era tan fácil de controlar, pero eso no le duraría por mucho solo hasta que ella se hartara, sin embargo el no aprendería a guardar silencio jamás, ni ella a hacerle caso, parecía que estaban destinados a vivir así. La vida tiene sus lados buenos y malos, solo hay que saber vivirla, y aunque en el futuro sean calificados como un par de locos, por ahora se conformaban con aquel extraño trato entre ellos, solamente por el hecho de estar juntos.
—Bien, entremos pero si te sigues portando mal… no comprare nada, entendido
—Como digas, vamos.
Ciudad de Karakura, "the amazing zoo" petshop, 1 de abril, 12:13 PM
Aquella tienda de mascotas era como un pequeño mundo de perros, gatos, hámsters, peces, arañas y reptiles, aunque no podía negar que muchos de aquellos animalitos eran lo más tierno que había visto en toda su larga vida, no eran aquellos que ella buscaba con tanto ahínco, miro a su alrededor entre todas las mascotas que esperaban un hogar cuando en una de las jaulas, logro ver a la razón de su felicidad, la jaula de los conejitos: grises, blancos, cafés, negros; con ojitos de colores que contrastaban su pelaje, pequeños mimosos y esponjosos, lo único que quería era tener uno y no sabía a quién llevarse, los quería a todos.
—¡¡Ichigo!! No son hermosos, que monos —chillaba emocionada por la imagen ante ella.
—Si claro, lindos muy lindos, entonces ¿Cuál quieres? —pregunto despreocupado.
—Etto… tengo que elegir…
—Sí, tienes…
—Ichigo… ¡¿puedo quedarme con todos?! —exclamo.
—¡¿Qué, todos?! ¡De ninguna manera, solo uno!
Cómo elegir, tantos pequeños Chappys potenciales y solo uno de ellos podía ser suyo, era un tormento, porque separarlos si podían estar juntos como una gran familia, la vida si que era cruel, ¿Qué hacer? ¿Cómo elegir? ¿Cuál de ellos?... cada pregunta era una tortura en sus pensamientos, para ella todos eran adorables y era injusto separarlos, sentía que se perdía en las pequeñas pupilas de aquellos animalitos, ¡que desesperación, el tener que elegir! De repente esto había dejado de ser divertido a convertirse en una decisión crucial, ¿Por qué Ichigo, tenía que ser tan tacaño? Comprar todos los conejitos para ella, acaso era muy caro, se dedico a observar con detenimiento a cada uno de ellos.
Podía imaginarse cada idea estúpidamente loca que se cruzaba por los pensamientos de la chica junto a él, y cómo no saber, debía estar maldiciéndolo mentalmente por no querer llevarse la decena de conejos a casa, serían como su mini guardia de conejos, un sinfín de pensamientos absurdos cruzaron por su mente sobre los pequeños animalitos que comían en sus jaulas. Pudo mirarla fijamente por un instante, ella se había puesto tensa, como si tomar una simple decisión sobre una mascota fuera asunto de vida o muerta.
—¿Rukia, estas bien? —pregunto preocupado.
—Siii…déjame pensar
Sí, tenía que pensar seriamente en que iba hacer, observando minuciosamente a cada pequeña motita peluda que se encontraba comiendo pacíficamente, pudo ver a uno en especial, alejado de los demás, era blanco con ojos rojos, aun era pequeño y asustadizo pero con una mirada perspicaz y una ternura única, no podía evitar prestarle atención tenía que ser suyo, en cuanto sus miradas se cruzaron supo que era él.
—¡Ichigo, quiero ese! —chillo
—¡Volviste a gritar no lo hagas! —regaño
—Lo siento, mira, mira ese pequeñito, en esa esquina —dijo emocionada— ¿no es lindo?
Miro con un leve movimiento dentro de las jaulas, al lugar que señalaba con tanta emoción su pequeña amiga, y si se podría decir que aquel conejito era lindo, pero para él, no dejaba de ser un simple conejo, pero para ella parecía ser la joya más preciosa, el regalo más deseado, además no estaba de ánimos para volver a discutir, toda la mañana había sido discusiones incluso más de las usuales, eso era demasiado para él, así que solo asintió.
—Ok, buscaré a un encargado, para que nos atienda —dijo.
—Si…
……………………….
—Hola ¿puedo ayudarlos? —pronunció amablemente una joven en apariencia mayor de cabello castaño dirigiéndose a ellos.
Asintieron
—Si… quiero aquel conejito del rincón —dijo animada
—Ahh! Ese conejito —susurro.
—Si ese conejito, ¿hay algún… problema? —interrogo.
—No, no hay ninguno —pronuncio la chica recuperando su ánimo tras ver la mirada de la chica.
La muchacha procedió con cuidado al sacarlo de la jaula, pero apenas lo había tocado cuando intempestivamente otro conejo que al parecer le hacía compañía en aquella esquina alejada de los demás, demostró que los conejos no son tan pacíficos como todos piensan, se abalanzo sobre la mano que tenia prisionero a su compañero, gruño, bufo, y mordió con un brío poco propio de los de su especie.
Por su parte, el pequeño conejo blanco en las manos de la dependienta gemía descontroladamente y sus ojuelos brillaban en una expresión de angustia y sufrimiento.
—¿Por qué están haciendo eso? — pregunto la muchacha preocupada, no quería que sufrieran.
—Lo siento, siempre pasa lo mismo, por eso nadie se lo ha podido llevar —se disculpo la joven castaña.
—Ya veo, entonces, Rukia tendrás que elegir otro.
—ehh… yo… está bien no quiero hacerlos sufrir separándolos —Asintió con tristeza.
—Demonios, que problema otra vez se puso triste, ¿qué hacer?
El muchacho comenzó a pensar en todas las posibles soluciones, los dos animalitos se ponían así cuando los separaban y alguna vez había leído que los ellos eran muy territoriales —como algo tan pequeño puede enojarse tanto— volvió a pensar tras escuchar los gruñidos de los animalitos. De repente una luz llego en forma de idea, pero él sabía muy bien que no le agradaría para nada, no obstante la cara acongojada de la pelinegra lo hizo tratar de sobrellevar las cosas.
—Ellos reaccionan así cuando los separan— soltó por fin, después de algunos instantes —¿no es así? —
—Si lo hacen ¿por qué? —pregunto la castaña
—Entonces…nos llevaremos los dos —expreso alegre —aunque después me arrepienta—
—¡En serio Ichigo!
No podía creer la forma tan rápida que podía cambiar sus emociones, sin embargo al escuchar sus palabras se sintió emocionada, algo en su corazón la hacía sentirse feliz por el hecho de que él había resuelto cambiar su palabra solo por ella.
—Sí y no digas nada más, porque después me arrepiento, ok
—Si, Ichigo —Asintió
—Bien, entonces los pondré en la jaula a los dos a ver qué pasa.
Después de colocarlos en la jaula donde en la que se suponía que se los llevarían. Los tres jóvenes esperaron parados en frente de ellos, esperando un gritito o gruñido de desaprobación. No ocurrió nada, en cuanto los pusieron juntos, todo había cambiado, su actitud regreso a la normalidad y después de unos minutos regresaron a comer como si nada hubiera pasado.
—¿Qué son hermanos o qué? —pregunto desconcertado ante la escena.
—Ambos vienen de camadas diferentes —contesto la joven mayor.
—Si ya veo… son muy diferentes.
Y en realidad lo eran, mientras el conejito en el que se había fijado su amiga adoradora de conejos, era de un blanco inmaculado, ojos rojizos y travieso, el otro animalillo era muy distinto era de un negro absoluto, pelaje y ojos, a él le parecía incluso algo agresivo y territorial, pero aún así, Rukia estaba feliz por ellos, por lo que haría el pequeño sacrificio —al final fue doblemente recompensada— pensó mientras miraba la jaula con sus conejitos.
—¿Y qué son? —pregunto después de salir de ensimismamiento.
—Qué pregunta tonta, Rukia, son conejos, que más van a ser.
—No seas tonto, estoy preguntado si son niños o niñas o ambos.
—En realidad son macho y hembra, el conejito blanco es macho y el morenito es hembra— aclaro
……………………………………
Ciudad de Karakura, parque Yukinoshita/Sasukeinari 1:35 PM
—¡Kurosaki kun! ¡Kuchiki san! Justo a quienes buscaba —grito una voz burlona detrás de ellos.
—¡aaahhh! —gritaron al unisono
—¡¿Urahara san de dónde has salido?! — cuestiono aun asustado el pelinaranja. El peculiar hombre se había materializado aparentemente de la nada justo detrás de ellos justo cuando cada uno estaba perdido en sus pensamientos entre haditas y conejos.
—Pero que forma es esta de decir hola, aun viejo amigo —Sonrió.
—Kurosaki kun, Kuchiki san, ¿estoy interrumpiendo su cita? —cuestiono ocultando su sonrisa con su abanico— no me digan que estoy haciendo mal tercio.
Ambos jóvenes se sonrojaron entre los dos se podían distinguir varias tonalidades de rosa y rojo en sus mejillas.
—¿Qué dices Urahara, por supuesto que no? — recrimino la pequeña ojiazul.
—Calma, calma Kuchiki san, no es para que te alteres de esa forma —trato de calmarla— si no están en una cita, entonces no les importaría acompañarme.
—¿Qué?¿acompañarte? ¿a dónde? —cuestiono— no creo que podamos, tenemos compañía —Señalando a los conejitos en su jaula.
—¡Ah ya veo! No se preocupen por ellos, solo será breve y creo que les será muy interesante.
—Pero nosotros… —trato de hablar la morena pero fue interrumpida.
—No, nada que nosotros, dijeron que no estaban en una cita, entonces, vamos —dijo mientras los arrastraba camino a su tienda.
Ya saben espero sus comentarios y criticas.
El próximo sera el capitulo final de este fic, después de todo solo era un día en sus vidas XD
No se preocupen por Urahara solo es relleno para la mejor parte jejeje.
