El día de la cosecha llegó rápido. No estaba preparada. Aunque me hubieran dado más tiempo, de todas maneras no hubiera podido prepararme mentalmente para lo que se venía.
Me había pasado entrenando día y noche. Mi madre me había enseñado a usar el arco, y descubrí que era buena para eso. Ella estaba feliz de que hubiera heredado su talento. Mi padre me enseñó a ver el cuchillo como un arma útil. Todos se enfocaban en entrenarme, tratando de olvidar el propósito para el que me preparaban.
Un dia antes de las cosechas, Snow comunicó que tributos para el Distrito 13 serían elegidos al azar entre pobladores comunes, ya que nunca ese distrito había participado en los Juegos.
Estaba todo el distrito reunido en la Plaza Común para ver las cosechas en directo de los otros distritos. Observé detalladamente a cada uno, buscando cuáles podrían ser buenos aliados, o al contrario, terribles contrincantes.
En la cosecha del Distrito 1, quedó elegido Niwel, un chico de 14 años rubio de ojos negros. En el distrito 2, quedó elegido el hijo de Enobaria, Kevin, una Vencedora que se había unido a los rebeldes en la Rebelión, aunque a Katniss no le agradaba mucho. Todo se complicó cuando quedaron elegidos dos amigos míos: Gerard del distrito 7, hijo de la tía Jo y Kailén, una chica de pelo violeta del distrito 13.
Entonces llegó mi turno.
Había una única urna en el escenario de la Plaza. La urna sólo tenía una papeleta.
Raene, una capitolina de pelo naranja, sacó el papel que decidiría mi futuro.
—Primrose Mellark— mi madre baja la mirada. Ella ya había pasado por esto. Cerré los ojos tratando de que todo fuera una pesadilla. Una simple y triste pesadilla. Volví a abrirlos. Todo seguía igual.
Subí al escenario, cuando Raene se acerca al micrófono y dijo por lo que yo estuve preocupándome desde que anunciaron los Juegos:
—Como todos sabrán, no hay un hijo hombre de Vencedores del distrito 12 mayores de 12 años, por lo que el Gobierno ha tomado la decisión de mandar a Sid Mellark, único hijo de Vencedores de este distrito, a los Juegos.
Hubo un silencio general. No podíamos asumir lo que decía Raene. Mi hermano Sid iría a los Juegos del Hambre con tan solo 3 años. Miro con pánico hacia mis padres, buscando apoyo, una sonrisa de mi madre que me dijera "todo va a estar bien". Pero en vez de encontrar eso, veo a mi madre desmayada, y mi padre ayudándola. Mire a mi padre, pidiendo que me haga un gesto que significara que todo esto era una equivocación. El me miró y negó con la cabeza.
