Día 4: AU universitario.


Ichigo entró relajado a la biblioteca.

Era su segundo año en la carrera de medicina, y sentía que cada vez le gustaba más.

Se acercó a la recepción, para preguntarle al hombre a cargo si tenían el libro que estaba buscando.

Maravillosa su suerte. Quedaba el último.

Paseó por las estanterías de anatomía, buscando el título "sistema respiratorio:la laringe".

En realidad ya se lo había leído y se sentía más que preparado para el certamen, pero necesitaba un poco de información sobre los nódulos.

Frunció el ceño cuando llegó al final del estante sin encontrarlo, y decidió hacer el recorrido de vuelta prestando más atención.

No, no estaba.

Tal vez algún idiota lo dejó donde no corresponde -pensó.

Revisó todas y cada una de las estanterías relacionadas al área de la medicina, pero no, definitivamente no estaba.

-Alguien debe estar leyéndolo -murmuró para sí.

Caminó entre las mesitas y sillones, hasta que la encontró, sentada en una esquina y enfrascadísima en la lectura del preciado libro.

Ichigo se acercó, haciendo sonar sus pasos para no darle un susto a la muchacha.

No recuerdo haberla visto en mi facultad -intentó reconocer su cara entre las cientas del primer día de clases, pero no le sonaba.

-Disculpa -decidió hablarle -. ¿Eres de medicina?

La joven no desvió la vista del libro.

-No, de teatro.

Ichigo se extrañó.

-¿Y qué haces con ese libro si eres de teatro?

Ella lo miró directamente a los ojos, y el chico se estremeció al ver su enfado.

-Veo que páginas no son importantes para prender mi fogata en la noche -le respondió sarcásticamente.

Al ver la mirada todavía interrogante del pelinaranja, bufó.

-Estudio las cuerdas vocales -dijo secamente.

-¿Estudian eso en teatro? -preguntó Ichigo más para sí que para ella.

Ella se levantó, desafiante.

-Sí, doctor -esa palabra la pronunció son resentimiento-. También estudiamos el sistema respiratorio. Pero me parece que eso es algo que poco le importa a un futuro médico. No debería gastar su preciado tiempo hablando con alguien que estudia para morirse de hambre después.

Agarró sus cosas y se fue, enojada, dejando el libro abierto sobre la mesa.

Ichigo se quedó mirando hacia la puerta de la biblioteca, pensativo y extrañado. Luego, agarró el el objeto que había estado buscando y se sentó en la misma silla que la chica había desocupado.

Al día siguiente, el pelinaranja volvía a estar en la biblioteca. Cabe decir que era su lugar favorito para estudiar.

Se sentía tranquilo, en la mañana había realizado el certamen y le había ido bien.

-¿Puedo sentarme acá? -escuchó frente a él.

Alzó la vista y vio a la joven del día anterior, con un libro sobre teatro moderno en los brazos.

-Claro -le respondió.

Ella sonrió levemente, y acomodó su mochila en el respaldo de la silla para luego sentarse. Ichigo siguió con la mirada todos sus movimientos.

-Yo... -comenzó a hablar ella- quería disculparme por haberte hablado así ayer. Acababa de discutir con mi madre sobre el tema.

-¿Sobre teatro?

Ella miró su libro sobre la mesa y asintió.

-Odia que lo estudie. Sueña con que cambie de opinión y entre a medicina o derecho.

Ichigo ladeó un poco la cabeza, y observó su expresión turbada.

-Mi hermano siempre estuvo apoyándome, y logró convencerla de que las artes pueden ser más que un hobby -continuó-. Ella cree eso, y no le entra en la cabeza que sea posible vivir del teatro. Me repite constantemente que no voy a encontrar trabajo y que acabaré viviendo en la calle por seguir un capricho.

-¿Eso te dice? -Ichigo sintió una pesadez en el pecho. Comprendía perfectamente su reacción el día anterior.

-Sí. Tengo suerte de haber encontrado una carrera de teatro en una universidad pública, por que sino, probablemente mi madre estaría pagándome medicina en cualquier otra.

El pelinaranja se quedó pensativo un momento.

-Pues... yo creo que estás haciendo lo correcto. No te iría bien como médico si no te gusta la carrera. Te costaría demasiado estudiarlo, y no encontrarías placer ejerciendo después. Creo que tu madre debe comprender que es tu vida, no la de ella, y que por mucho que seas su hija, no eres una copia de ella, y no puede obligarte a ser lo que ella no pudo ser.

La chica lo miró, sorprendida.

-¿Eso crees?

Ichigo se encogió de hombros.

-Es lo que todo padre y madre deberían entender.

Ella sonrío.

-Muchas gracias... -se dio cuenta en ese momento que no sabía su nombre.

-Ichigo Kurosaki, ¿tu?

-Rukia Kuchiki. Gracias por esto, ayer estaba dudando si seguir en la carrera para hacer feliz a mi mamá.

-Ni lo pienses, Rukia. Si es lo que de verdad te hace feliz, no deberías cambiarlo por nada.

La joven lo miró y sonrió levemente, agradecida.


Ichigo se removió en su asiento, nervioso.

La obra estaba a punto de comenzar, y el chico no podía evitar sentirse ansioso por ver a su novia actuar. La había visto múltiples veces, le había ayudado con guiones y a arreglar escenas, pero esto era distinto.

Se había titulado hacía un par de meses, y consiguió un trabajo en seguida. Una compañía había estado al pendiente de recién egresados de las universidades, y habían invitado a Rukia al casting, donde la seleccionaron sin dudar.

Ese día era el estreno de la obra, la chica era la co-protagonista de la historia, y durante los últimos días había estado nerviosa, repasando sus diálogos constantemente. Ichigo incluso la había encontrado en la madrugada, susurrando las correcciones que le habían hecho. El chico sonrió al recordar como la había callado con un beso y como luego la obligó a dormir abrazándola.

Una presencia a su lado le hizo volver a la realidad.

Era Byakuya, el hermano de Rukia. Detrás suyo estaba Shirayuki, su madre, quien había aceptado a regañadientes la profesión de su hija, y ese día comprobaría los resultados de su esfuerzo.

Ichigo recordó como la alegría inundó el rostro de su novia al saber que su madre iría a verla. Significaba mucho para ella.

Byakuya le hizo un gesto a modo de saludo, a pesar de conocerse desde hacía varios años, no tenían mucha relación, aunque Ichigo sabía por parte de Rukia que su hermano le apreciaba mucho, sobretodo por impulsar a su hermana a continuar estudiando lo que le gustaba.

Las luces se apagaron, y la sala quedó en silencio. El pelinaranja le hizo un gesto a su padre, sentado a su lado, para que mantuviera la calma durante la obra. Se avergonzaría el resto del año si comenzaba a gritar en medio de la función.

Karin, un poco más allá, le hizo un gesto para tranquilizarlo. Ella mantendría a su padre a raya.

El telón se abrió, y dejó ver a tres personas en el escenario ambientado como una casa. Rukia era una de ellas, sentada en el borde, balanceando los pies como niña pequeña. Cuando comenzó a hablar, a Ichigo se le hizo un nudo en la garganta, y no pudo sentirse más orgulloso de la mujer con la que tenía el gusto de vivir.

A pesar de su pequeña estatura, la chica resaltaba en el escenario, y su poderosa voz resonaba hasta en las últimas sillas del teatro.

Valió la pena-pensó el chico, emocionado, mientras se acomodaba mejor para disfrutar del espectáculo.


Weno, tenía que hacer algún capítulo del reto con un final feliz para subir los ánimos por el anterior, que estuvo muy triste.

Decidí no especificar en que país viven ni a que universidad asisten para no tener problemas con las carreras que se imparten ni con las mallas que tengan, ya que me basé en las asignaturas de las universidades chilenas que imparten estas carreras.

Espero que haya sido de su agrado, gracias por tamarse el tiempo de leer.

¡Namarië!