La conquista
Por Mandragorapurple
Fanfarrias por favor, esta vez no se me hizo tan tarde. Estoy… así: O.o, un mes esperando el cap. 200 y Hoshino sale con algo tan… aggg.
Advertencias: Yullen-Arekan (después del cap. 199 pseudohetero todo puede pasar), clase de japonés con malas intenciones y AU (of course!).
D. Gray –man es propiedad de Katsura Hoshino-sensei (aggg! Again).
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Allen llevaba cuatro días trabajando en el lugar ocupando el puesto de un mesero "ascendido" a repartidor. No necesitaba el dinero pero resultó más entretenido de lo que pensaba, nunca había trabajado en algo fuera de la música, ni siquiera cuando iba en el colegio, por eso tenía ánimos y como novedad le parecía interesante.
Mugen japanese food no tenía tanta gente en el local desde de Kanda era mesero. Un buen día obtuvo su licencia y comenzó de repartidor a domicilio, entonces las entregas aumentaron. Esta vez el carisma de Allen atraía a la gente, sonriendo aquí y allá, haciendo reverencias, recomendando platillos. Tenía "don de gente", favorecedor para el negocio.
Tiedoll consiguió nuevo mesero para el sábado pero le pidió a Allen quedarse recibiendo pedidos y pagos en la caja. "Ese chico se desespera fácilmente, este otro escribe horrible, él se va de repartidor y a ese recién lo conozco" justificó Tiedoll su petición, según él Allen podía hacerlo mucho mejor que sus meseros. Igual aceptó aunque esta vez tuvo que obligarse a dormir en el orden debido para llegar a tiempo por la mañana.
—Hoy me iré antes… — llegó explicando. Calló al no ver a su abuelo con las órdenes preparadas. Allen puso la nota con las direcciones sobre los pedidos sin dejar de mirar a Kanda. Él acomodó todo en su caja y pasó tras la barra. Allen pensó que pediría explicaciones sobre su presencia pero el otro le hizo una seña con la cabeza para que se moviera, se hizo hacía atrás y Kanda sacó las llaves de la motocicleta de un cajón.
Si, si, no le hablaría y él pensando que el mal humor solo le duraba un rato a la gente.
—Aho — dijo cuando vio a Kanda salir, "Tonto" era el insulto más sencillo que había encontrado, no recordaba la exacta pronunciación de los demás y no sufriría una vergüenza diciéndolos mal.
Kanda lo escuchó y miró sobre su hombro. Nah, ¿para qué insultarlo con algo que no entendería? Se fue.
Culposamente a Allen le gustaba pelear con la gente, pero daba la casualidad que su sonrisa y trato amable le evitaban muchas discusiones. Pero él quería.
—El pago de la tres — dijo el mesero entregando la charola con dinero, Allen dio el cambio.
—Te dicen meiwako-kun, ¿es japonés?
—S-si — el mesero asintió con energía —así me nombró Kanda —
—Kanda eh… —cuanto respeto hacia el repartidor ese — ¿qué significa? — apoyó el codo en la barra y puso la barbilla sobre su mano. El tal Yuu sería capaz de…
—"Estorbo" — contesto apenado — pero me fue mejor que a wamu-kun —
— ¿qué es? — el otro mesero se acercó a explicar
—"Gusano" — rió como si no hubiera otro remedio. El repartidor había sido capaz, los sobrenombres infames ¿serían su pasatiempo?
—¿Saben algo de japonés? — tomó la libreta donde anotaba los pedidos y puso mucha atención.
Kanda volvió, puso el dinero arrugado frente a Allen y acomodó los pedidos mecánicamente, se alejó de la barra.
—Orokana (estúpido) — dijo Allen bien fuerte y claro, pero no obtuvo respuesta.
Media hora y Kanda volvía con su sistema: pagos en la barra, comida en la caja. Afortunadamente entre entrega y entrega Allen tenía tiempo para practicar su pronunciación.
—Yakunitatanai (inútil) — ese insulto solo consiguió un "já"
Imaimashii okubyoumono (maldito cobarde) lograron un gruñido de molestia y que los meseros pararan sus vidas por un momento para ver la reacción.
—Aho — ¿por qué será que cuando aprendemos un idioma nuevo lo primero que se nos queda son las malas palabras?
— ¿terminaste? —dijo Kanda. Al parecer ya le había dado la vuelta a la lista. Allen negó con la cabeza. El repartidor se cruzó de brazos, levantó el rostro con superioridad y espero.
Allen amplio su sonrisa, ya tenía su atención ¿Debería parar?
—Ma-me-shii — dijo sílaba por sílaba
Kanda tomó el casco y se lo lanzó. Si bien no logró más que rozarlo si le hizo perder el equilibrio y caer del banco donde se sentaba. Kanda lo agarró de la camiseta. Tal como esperaba, "marica" era el insulto que lo encendería.
—Te preguntaré algo — dijo el peliblanco con mucho cuidado, Kanda tenía una expresión molesta y sorprendida a la vez, su ceño fruncido indicaba que había logrado mucho más que su atención — por favor, responde con la verdad — Kanda le dio un puñetazo en el estómago sacándole el aire provocando un dolor palpitante en su abdomen.
—Vete a la mierda —entonces era solo un jueguito.
Allen evitó que se alejara tomándolo de la manga.
— ¿S-somos … amigos o… fuimos…? — trataba de recuperar el aliento, no iba a dejar pasar esta oportunidad que le había costado tal golpe.
—TE ODIO — golpeó la mano de Allen y este lo soltó por falta de fuerza. Kanda se largó y solo volvió para entregar la moto al siguiente repartidor sin entrar al lugar.
El día terminó sin mayor conflicto, los meseros se lo habían advertido, el nieto del jefe tenía una paciencia inversamente proporcional al largo de su cabello. ¿Sería tarde para intentar con su trato amable y sonrisa?
— ¿Te parece divertido? — Allen se carcajeaba de la histeria de su agente, sonaba como señora neurótica y sus reclamos eran más que absurdos.
—Ni un mail, ni una llamada ¡me bloqueaste! — Estalló — ¡se supone que ya debías estar aquí! ¿Qué crees que sentí? Llegó preguntando por ti y contestan "Pensamos que Walker venía contigo"—
—pedí dos semanas — repitió paciente
— ¡Pues vende ya! En unos días tengo reunión con los patrocinadores y si todo sale bien deberás hacer algunas sesiones fotográficas — y aquí vamos de nuevo con el trabajo. Normalmente le dejaba hacer lo que quisiera pero si se trataba de su carrera venía una avalancha de histeria y presión.
—Tienes el tiempo contado — y colgó ofendido
Soltó su teléfono sobre la duela. El sillón se había convertido en su lugar favorito para pensar y lamentarse. Una semana y media en esa casa y ni un día pudo levantarse y tomar un taxi para ir a vender la casa. Algo le inquietaba, esa fue la razón para llamarle a su intenso manager.
Jamás pensó cambiar de opinión, pero Tiedoll y Kanda Yuu le habían despertado la curiosidad (aunque la actitud del último podría deberse solo a lo idiota que era). El golpe ya ni siquiera le dolía así que podría intentarlo de nuevo.
Si había algo que le desesperara eran las consecuencias del accidente. Su memoria no funcionaba al cien desde ese día y lo predicho por los doctores se hizo realidad: olvidaba números de teléfono y nombres, le costaba aprender otros idiomas y su concentración estaba un poco dañada, pero lo más importante: algunos recuerdos de su tierna infancia se perdieron, al menos esos que no pudiera conectar con elementos de su vida cotidiana. La familia, el piano y su música no se habían movido para nada, pero aquella cuidad del río formaba parte de los recuerdos borrosos que cuando se esforzaba en aclarar le provocaban dolor de cabeza. No se lamentó porque parecía no haber olvidado nada de vida o muerte. Pero esa cuidad… tal vez las memorias que quería no eran importantes aunque algo le hacía dudar y deseaba, por primera vez desde el accidente, recuperar todo lo que pudiera.
Vender o no la casa, irse o no. Bueno, si tendría que irse, pero sin la casa no habría un pretexto para volver. Esperar o no esperar, insistir o no. ¿Obtendría algo al final?
Tenía tantas ganas de visitar a Mana. Su padre solo lo escuchaba pero siempre le daba una respuesta. Tocó la canción de nuevo, así estaría un poco mas cerca de él.
Resolvió visitar al señor Tiedoll, era amable y la única persona que conocía en el pueblo. Ese día el restaurante descansaba así que fue directo a casa de hombre, lo cual le pareció bastante conveniente. Le había apuntado la dirección en un papel y resultó no estar muy lejos de la casa de sus abuelos. Esperaba que Tiedoll le diera algún consejo, y es que siempre dicen que la gente anciana es más sabia.
Llegó a la entrada de la casa, revisó el número, todo bien. Buscó el timbre; no había, uso métodos alternativos (la moneda y los gritos). No era tan temprano. Bien, se colaría y luego explicaría el porque, después de todo la reja estaba entreabierta.
— ¿Buenos días? — Saludó por si acaso —voy a entrar — avisó
La casa tenía el mismo estilo de todas las de esa zona: una cerca o reja de un metro de altura al frente de la casa, un patio delantero con espacio suficiente para un auto; en este caso estaba la motocicleta, pórtico alto y entrada principal bien centrada, el jardín le daba la vuelta a la casa volviéndose más amplio detrás.
El sonido de algo rompiéndose lo sacó de su observación y caminó hacia el origen del ruido. Caminó llamando a Tiedoll, el sonido lo condujo hacia el patio trasero, siguió algo apenado y dudoso, no debería meterse así en una casa.
Sus ojos buscaban al abuelo pero encontraron al nieto. Calmado, sentado en posición de loto y con una seriedad impresionante, Kanda Yuu meditaba. Del otro lado del patio con setos tras él y directamente en el pasto, descansaba los brazos sobre sus piernas uniendo las manos en el centro. Por supuesto tenía los ojos cerrados. Respiraba profundo, por primera vez no tenía esa expresión de molestia constante. Allen permaneció en su lugar analizando al sujeto; aun estaba en pijama, descalzo y con el cabello recogido para que la brisa mañanera no le molestara jugando con él. Era toda una sorpresa: un tipo de mal genio meditando en paz y emitía tanta serenidad de forma que calmo a Allen haciéndole desear sentarse junto a él para que todos sus pensamientos se aplacaran. "Si me muevo me notará" sentía que un respiro suyo rompería aquel ambiente.
— ¿Allen-kun? — Tiedoll salió del pequeño invernadero que Allen no había notado, en sus manos traía los pedazos de una maceta rota.
—Lo lamento, esperé en la reja y lo estuve llamando… — todo volvía a su estado, la vergüenza y las ideas revueltas ahí seguían.
—Yuu, debes atender la puerta, sabes que no escucho nada ahí dentro — Kanda levantó una ceja, el resto de su cuerpo no se perturbó.
— ¿qué te trae por aquí? ¿Ya te vas? —Los trozos de barros fueron a la basura y Tiedoll se quitó el mandil de trabajo
—Eh… no —seguía mirando a Kanda, bajo su voz para no desconcentrarlo — ¿podría hablar con usted? —
Tiedoll asintió con una expresión paternal, le palmeo la espalda y lo condujo dentro de la casa.
¿Debería intentar con la meditación? No se veía difícil.
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Reglas de conquista:
No. 2 El idioma suele ser un obstáculo para la conquista. Debe valorar si es viable un intento de esa naturaleza para usted, podría aprender un poco del idioma de su objetivo, y si no hay tiempo suficiente, a un "intérprete" bien intencionado. Recuerde que el lenguaje del amor es universal pero siempre se necesita una buena comunicación para conocerse.
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¿Y ese que hacía en su casa? Vaya estilo para invadir su vida…
Kanda abrió un ojo cuando escuchó que esos dos se movían para entrar a la casa.
—mameshii — repitió recordando los insulto de la vez anterior — ¡já! Mira quién lo dice —respiró profundo —mameshii moyashi —
Su concentración no tardó en volver.
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Agradecimientos a: val-lilium2795, , Alhena-star, kotoko-noda(misterio 1 resuelto XD, espero), makuya-love, KawaiiSophie, HaindiR(si hubiera repartidores así pediría servicio a domicilio diario XD), karey a Whyegomaniac (:P for you polluela).
Gracias por su valioso tiempo, las alertas, comentarios y por pasarse a leer el fic ;D. Nos leemos luego.
Atte: Mandra
