Ninguno de los personajes conocidos que se mencionan son míos, sino de la autora J. K. Rowling.
El día comenzó para Severus como siempre, salvo que ahora había algo que llenaba su mente: Hermione Granger. Normalmente se dormía y despertaba pensando en su querida Lily y en lo que desearía haber muerto él para ocupar su lugar, pero ahora la que ocupaba sus pensamientos no era otra que la sabelotodo. ¡No lograba entenderlo!
Se duchó, vistió y subió a desayunar… Bueno, si es que ese viejo charlatán le dejaba desayunar.
- Buenos días, hijo – le saludó Dumbledore cuando tomó asiento a su lado conjurando un muffiato a su alrededor.
- Hola, Albus – devolvió él.
- ¿Has pensado mi propuesta? – Preguntó el director.
- No – respondió él secamente.
Escuchó al viejo suspirar y le miró. Un escalofrío le recorrió al ver la mirada que éste tenía. Era una tristeza tan profunda como el mar y tan visible como un roble gigante.
- ¿Qué pasa? – Inquirió preocupado.
- Queda poco tiempo… - dijo Dumbledore sin mirarle.
- ¿Para qué? – Volvió a preguntar, cada vez más preocupado.
¿Qué le pasaba al viejo para estar así?
Como respuesta sólo obtuvo un pequeño movimiento de cabeza. Buscó con la mirada lo que señalaba el director, aunque ya sabía que se iba a encontrar. Empalideció al ver el panorama, mucho peor de lo que imaginaba.
Hermione Granger, con los brazos totalmente cubiertos de vendas, reposaba su cabeza sobre estos mientras Luna intentaba en vano que comiese algo. Tenía varios cortes en la cara también y un pequeño moratón en el cuello.
- ¿Qué ha…? ¿La han atacado otra vez? – Preguntó hirviendo en ira.
¿Quién habría sido capaz de dejarla así?
- Sí y no – respondió Dumbledore.
- ¿Quieres decirme que ha pasado de una maldita vez? – Siseó Snape con odio.
- Su magia la ataca – explicó el viejo.
- ¿Qué? – Jadeó él atónito.
- Es normal cuando tiene pensamientos como los que tiene – explicó el director de forma simple.
Severus frunció el ceño.
- ¿Has entrado en su mente? – Preguntó sorprendido.
- No tuve remedio… Y lo que encontré no se lo desearía ni a mi peor enemigo – respondió tristemente él – puedes verlo por ti mismo, si quieres. No opondrá resistencia alguna – y siguió comiendo con una expresión que daba a entender que no seguiría hablando.
Severus frunció el ceño más aún y miró de reojo a la castaña. No iba a desaprovechar la oportunidad que le había dado Albus…
…
Hermione estaba sentada en el comedor, recordando todo, tal y como hacía cada día. Ignoraba las súplicas de Luna, que le pedía que comiese o bebiese algo. Ya ni recordaba la última vez que comió y la comida permaneció en su estómago. Ahora simplemente comía y vomitaba, siempre igual. Si no fuera por las pociones que le obligaban a tragar seguramente habría muerto hace ya tiempo.
Escondió la cabeza entre los brazos y empezó a recordar.
Su mundo había cambiado desde que la guerra estalló. La gente empezó a morir a su alrededor pero ella seguía adelante, por sus padres, por sus amigos… Porque sabía que pasara lo que pasara ella no estaría sola nunca.
Que equivocada estaba.
La guerra se hizo más cruenta y Voldemort y los suyos empezaron a atacar a los familiares de todos los afines a Harry Potter.
Y tuvo que hacer algo que no sabía que lamentaría tanto.
A pesar de no conocer aún el contrahechizo Oblivió a sus padres y los mandó lejos. Lejos de ella, del peligro, de Voldemort y los suyos, de su casa, de su trabajo, de sus amigos… Todo para que estuvieran a salvo. A pesar de que no hubiese posibilidad alguna de recuperarlos.
Y entonces tuvo que dejar el recuerdo de sus preciados padres, escondiéndolo en el sitio más seguro y hondo de su mente, y centrándose en la misión que tenía mientras todo su alrededor se desmoronaba.
Todo acabó casi de un momento a otro. Los mortífagos invadieron Hogwarts y ella y sus amigos atacaron. El dolor y la frustración la tomaron cuando dijeron que Harry había muerto, pero él no lo estaba…
Volvieron a luchar. Los hechizos volaban por todos lados, las paredes explotaban, la sangre, los gritos, los lloros, los muertos que se contaban por decenas…
El alivio que sintió cuando Harry volvió llevando con él la varita de Voldemort, demostrando que había acabado con él, fue algo inigualable. ¡Qué alegría! Ver huir a los despavoridos mortífagos.
Le entró la risa floja, tanto a ella como a muchos.
Y luego volvieron a la realidad, a una realidad en la que muchas personas queridas estaban muertas, tiradas en el suelo cual escombros.
Caminando sin rumbo fijo, intentando ayudar a cualquiera que lo necesitara, se encontró con los cuerpos maltrechos de muchos a los que conocía. Pero sin duda los que más dolieron fueron Tonks, Lupin y Fred. Y aquel pequeño que le había pedido un autógrafo a Harry… Pobre criatura…
Vio como aquella familia de pelirrojos, anteriormente siempre feliz, ahora lloraba a uno de sus familiares. Molly estaba deshecha en lágrimas, Arthur intentaba mantener el temple pero no podía, Ginny abrazaba a su hermano muerto pidiéndole que volviera, Ron estaba totalmente blanco… Y George, él sólo podía mirar a su gemelo, quién yacía en el suelo con una tranquila expresión de paz. Era como si durmiera…
Sin entender muy bien porque, caminó hasta el antiguo despacho de Dumbledore. Acariciaba las paredes y estas parecían palpitar bajo su mano. Algo le llamó la atención en la parte más profunda del despacho, una cosa que no solía estar ahí, una pequeña caja roja.
Se acercó a ella y sonrió al ver escrito un "sólo la princesa puede abrirlo". Dumbledore la había llamado así muchas veces en la intimidad de sus charlas, algo que nadie sabía. El anciano siempre decía que ella era la princesa de Gryffindor, la valiente leona…
Pasó su mano por encima de la caja y esta se abrió. Frunció el ceño al ver algo dentro de ella: un pergamino.
¡Qué alegría sintió cuando leyó el pergamino! ¡Era una carta! ¡Una carta del que en ese entonces creía muerto! La leyó con entusiasmo y éste aumentó al ver que era. ¡Un contrahechizo para el Obliviate!
Su corazón se empequeñeció al ver la explicación que seguía tras el hechizo: las causas de la actuación de Snape. Su mente repasó una por una las palabras de Harry cuando este dejó el pensadero y se unieron a lo que él les había contado anteriormente del profesor.
Severus Snape, doble espía. Severus Snape, fiel a Dumbledore. Severus Snape, que arriesgo su vida innumerables veces para salvar a otros. Severus Snape, el hombre enamorado de la madre de Harry. Severus Snape, aquel que los protegió de todo y todos…
Recordó entonces que, en una de esas aventuras en las que duraron semanas escondidos, consiguió hacerse con los ingredientes para el antídoto total que le había proporcionado Dumbledore. ¡Y consiguió crear más antídoto!
Tenía que salvarlo, tenía que hacerlo. Primero lo salvaría a él y luego iría a por sus padres.
Salió corriendo del despacho y se topó con Harry y Ron. Les explicó lo de la carta, lo del pergamino, lo de sus padres, lo del antídoto de Snape… Sabía perfectamente que el veneno de Nagini actuaba lento y que uno de sus efectos era que antes de matar del todo dejaba el cuerpo con unas constantes vitales mínimas, para que el dolor fuera más intenso.
Y ellos, sus amigos, le habían emprendido a gritos. Le decían que no podía ir a salvarlo, que era un mortífago, que era un asesino, que había torturado y matado a muchas personas, que no se merecía vivir… Y ella lo intentó, intentó convencerles, recordarles que él trabajaba para Dumbledore y que todo lo que había hecho era para mantener la mentira.
Harry le recordó que él había matado antes de acudir a Dumbledore, que se había convertido en mortífago por decisión propia… ¡Que por su culpa sus padres estaban muertos y los de Neville locos!
Ella no lo entendía. ¿Por qué no comprendían ellos aquello? Todo el mundo puede equivocarse… No entendía porque ellos, sabiendo parte de lo que Snape había pasado, ahora le daban la espalda a un alma tan torturada como la suya.
Así que, ignorando sus amenazas, se fue y corrió lo más rápido que pudo hacia la Casa de los Gritos.
Allí estaba él, tirando cual cadáver. Su pecho no se movía, pero ella sabía que aún estaba vivo. Lo supo cuándo, luchando contra una estúpida vergüenza, la desabrochó la levita y la camisa y tocó su corazón. Ahí estaba, un tenue latido, algo que ni se notaba a no ser que uno se fijase mucho.
Sacó de su mochila todo lo necesario y empezó a curarle, ignorando sus propias heridas. Le hizo tragar el veneno como pudo, llegando a un punto en el que tuvo que beber medio vial y dárselo ella misma a través de su boca.
Rio internamente al recordar lo sucedido. Si Snape se enterara de eso la mataría, sin duda.
Pacientemente limpió, desinfectó, empomó y vendó las heridas del hombre, vigilando siempre sus constantes, que iban mejorando a medida que los segundos pasaban.
- Lily… - gimió él.
Ella sollozó.
- Lo siento, profesor. Aún no es su hora, no puede irse ahora… No puede dejarnos aún, por mucho que usted lo deseé – explicó ella.
Salió de la casa levitando con cuidado el cuerpo del profesor y se encontró cara a cara con todo Hogwarts. "Déjalo morir" chillaban unos. "Que se pudra en el infierno" decían otros. "No merece ser salvado" aseguraban los del final.
No comprendía como aquella muchedumbre no veía más allá. Chilló y lloró mientras les recordaba todo lo que habían descubierto. ¡Snape era un maldito héroe!
Le chilló a Harry, recordándole que fue él quien le mantuvo en la escoba en primero, que fue él el que les dejaba las pistas para resolver todo, que fue él el que se puso ante Lupin para que no saliesen heridos… ¡No era justo!
Vio a Luna salir entre la muchedumbre y por un momento creyó que ella también le reprendería, pero en vez de eso se colocó a su lado y le cogió la mano.
Todos volvieron a chillar y juraría que algunos alzaron la varita contra ellas, aun sin atacar. Sin temor alzó su varita y vio como Luna la seguía. Les advirtió que si se metían en su camino se arrepentirían… Iba a salvar a Snape a toda costa, iba a llevarlo al hospital aunque tuviese que enfrentarse con todos ellos.
Y entonces apareció Dumbledore y se acercó a Hermione, haciendo frente a la muchedumbre. Explicó todo: lo del anillo, la maldición, que seguía vivo gracias a que Snape había encontrado una cura a última hora casi, a pesar de que tuviese que recluirse un largo tiempo hasta estar recuperado, su supuesta muerte a manos del mismo…
Pero nadie entró en razón. Volvieron a chillar que lo querían muerto, que no merecía vivir… Y antes de que algo más pasara Dumbledore los cogió a los cuatro y desaparecieron.
Los médicos y enfermeros de San Mungo no pusieron buena cara ante la obligación de mantener con vida a Snape, pero Dumbledore y su charlatanería consiguieron que accediesen a darle una habitación y los cuidados básicos, pero se negaron a realizar las pociones, aunque si se las darían.
- ¡Perfecto! Yo me ocuparé de eso – aseguró Hermione harta del odio que todos destilaban.
Y así pasó una semana, la primera semana más crucial para Snape, aquella en la que se vería si seguía con vida o moría. Y vivió.
Una semana más tarde, tras haber dejado pociones de sobra, Hermione partía en soledad a buscar a sus padres. Nadie de sus conocidos le había dicho palabra en ese tiempo, a pesar de que los veía en el hospital.
Era raro, pero no le importaba. Ella había hecho lo correcto. Sí, salvar a Snape era lo correcto. Aquel pobre se merecía una segunda oportunidad… O mejor dicho, una primera oportunidad para vivir su vida lejos de amenazas de muerte.
Durante el viaje, hecho al más puro estilo muggle, sólo tuvo un pensamiento en la cabeza: sus padres. ¡Iba a recuperarlos! ¡Iba a verlos! ¡Ellos se acordarían de su querida hija!
Ingenua… Tan segura se sentía que ni siquiera comprobó los paraderos, o posibles paraderos, de los mortífagos que habían escapado… Y eso le costó la vida a sus padres y casi se la cuesta a ella.
Levantó la cabeza por primera vez en casi diez minutos y miró a su alrededor. Todo estaba igual que el primer día: cuchicheos, malas miradas, varitas apuntándola por debajo de las túnicas…
Miró involuntariamente hacia la mesa de profesores y vio a Snape y Dumbledore charlando mientras los demás miraban al primero con cara de asco.
No entendía… Simplemente no lo entendía.
Volvió a su posición inicial ignorando de nuevo a Luna y se dejó llevar de nuevo por el dolor.
¡Hola de nuevo! Ya está aquí el tercer capítulo de esta triste historia.
¿Qué os ha parecido este cap? ¿Os ha gustado? Muchas tristeza hay por ahí… Pobre Hermione…
Bueno, espero que hayáis disfrutado de esto y espero vuestras reviews ^^
Ekaterina: me alegra saber que te gusta la historia ^^ Ya veremos que acaba pasando.
ALIASTESIN: tendremos que esperar para ver como sigue todo.
Mama Shmi: el secreto de Hermione… ¿Qué será? Ya veremos…
YazminSnape: esperemos que Hermione vuelva a ser la de siempre y les de una buena a esos capullos.
Yetsave: pues ya has visto que este es más triste aún. Espero que te haya gustado.
