CAPÍTULO 3

¿IMPOSIBLE?


"... Te marchaste sin palabras, cerrando la puerta,
justo cuando te pedía un poco más..."

Natalia Oreiro


El aire frío de la mañana entraba por la ventana semi abierta, provocándole un escalofrío mientras se encontraba sentado en el borde de la cama, estaba descalzo, sólo un bóxer gris, una toalla sobre la espalda y los rubios cabellos aún húmedos debido al baño recién tomado. De pronto suaves manos comenzaron a realizar movimientos circulares sobre la toalla, secando y masajeando sus músculos, poco a poco la toalla fue descendiendo, hasta que sintió el contacto directo de su piel y esas cálidas manos.

Los músculos se relajaban y con ello ciertos pensamientos llegaban, las suaves manos fueron sustituidas por labios que ahora besaban y humedecían de nuevo sus músculos, poco a poco los labios subían y llegaban al cuello, provocando una sensación única y caliente, claramente sintió cuando la artífice de los besos, tomó lugar sobre sus muslos, ambas piernas de ella se encontraban a ambos lados de las suyas, y manos ágiles ahora recorrían cada centímetro de los músculos de su tórax, junto con besos húmedos que lo dejaban cada vez más excitado, abrió los ojos los cuales no supo en que momento había cerrado y observó a la dueña de las caricias, ojos castaños, casi miel, cabellos negros y sedosos hasta los hombros, labios perfectamente delineados y rosados y una cicatriz, una cicatriz en la que él venía pensando día con día, sin pensarlo dos veces, tomó los labios que tanto deseaba, y se perdió en ellos, saboreando cada canto, se sentía también probarlos de nuevo, sus manos levantaron el fino camisón de seda blanco, y recorrieron sus piernas hasta llegar a su cintura, ella tenía sus brazos alrededor de su cuello, poco a poco los labios de él descendieron recorriendo los puntos sensibles de la piel de ella, originando que pequeños gemidos se escaparan hasta pronunciar el nombre del causante de aquellas sensaciones.

- ¡Oh David! - susurró ella.

De inmediato todos sus sentidos parecieron empezar a funcionar de nuevo correctamente.

Esa voz, ese timbre de voz no era el de ella, no era el de Regina, no de la mujer que ocupaba sus pensamientos y a quien últimamente deseaba como a ninguna otra; abrió los ojos, pestañeo una, dos, tres veces, y los ojos castaños enfrente de él ahora eran de un verde cobrizo, los cabellos negros y largos, ahora eran cortos.

- Amor ¿Qué pasó? - pregunto la princesa, mientras observaba confundida a su príncipe tratando de encontrar respuesta ante lo ocurrido.

Silencio

- ¿David, que pasó? ¿Hice algo mal?

- No, nada Snow, es sólo que... que... que se me hace tarde para el trabajo - respondió el príncipe, acomodando el camisón de la princesa y tomándola cuidadosamente de la cintura para colocarla en la cama. - Discúlpame - dijo él levantándose y caminó hasta la silla en donde se encontraba la ropa que usaría esa mañana.

- David, ¿Qué pasa? ¿Por qué estás así?... ¿He dicho o hecho algo mal? - él se encontraba de espaldas a ella, colocándose el pantalón - Háblame por favor - Él cerró los ojos con fuerza, la iba a lastimar, la iba a lastimar si le hablaba, si le decía lo que había decidido el día de ayer. - David, por favor... - su voz era triste y preocupada.

- ¡Nada, no pasa nada, tú no hiciste nada! - dijo él acercándose a la mujer, mientras llevaba con él su típica camisa de franela a cuadros. - Tengo que irme, discúlpame. - le dio un beso en la frente.

- ¿Sabes que puedes decirme cualquier cosa que esté pasando, cierto?

El suspiró y contestó:

- Lo sé, ahora me voy, porque llego tarde - nuevamente otro beso en la frente y salió de la habitación tomando sus llaves y su teléfono que reposaban en la mesa de noche.

Ella se quedó pensativa, sabía que algo venía preocupando al príncipe, pero ¿Por qué no le contaba?, siempre hubo confianza entre ellos, pero ahora... Sus ojos se llenaron de lágrimas, algo pasaba con su David, algo que tenía que averiguar. Se levantó secándose las lágrimas y se dirigió a tomar un baño.


Era domingo, pero su ritmo circadiano hablaba más alto, se había acostumbrado a despertarse temprano, así que esa mañana la alcaldesa se encontraba despierta, pero aún en la cama, desde ahí podía ver como unas aves habían hecho un pequeño nido en su precioso manzano, las aves, revoloteaban tan felices, sin preocuparse del pasado ni el futuro, sólo vivían el presente, pero bueno, eran aves... pensó en la noche anterior, en David, el beso, en cómo se había sentido feliz con ello... Se llevó las manos a la cabeza... ¡Cielos! tenía que sacar esos pensamientos... Regina tomó el libro que se encontraba en la mesa de nocheLA QUINTA MONTAÑA de Cohelo, aún en el primer capítulo, nunca se había demorado tanto para leer un libro, ni siquiera, cuando Henry era un bebé, y todo su tiempo era para él, ni siquiera cuando tenía a Robín al lado... Siempre hubo tiempo para su pasatiempo favorito, la lectura.

La reina se dispuso a leer, pero cuando iba a empezar a hacerlo, su estómago rugió, ella sonrió, al parecer la lectura tendría que esperar... se estaba muriendo de hambre, que ganas de una ensalada de frutas conyogurt y cereales, miró la hora 9:30 de la mañana, se levantó, se bañó, se arregló y se dirigió a la cocina, sacó las frutas y empezó a picar cada una de ellas.

El timbre sonó, ¿Quién podría ser un domingo por la mañana...?

- ¡Azul! - dijo Regina sorprendida, al ver al hada.

- Qué tal, Regina, buenos días

- ¿Qué pasó?, ¿puedo ayudarte en algo?

- Regina, ayer me dijiste que podía venir a verte necesito que me ayudes con unos libros de magia.

¿En serio le había dicho eso al hada?

- Discúlpame, lo había olvidado, pero pasa, siéntate un momento - Azul se acomodó en uno de los sillones. - Regina se dirigió a la cocina, pero se detuvo en medio camino, creyó que estaba siendo descortés con el hada - Pasa, acompáñame - Azul la siguió - Aún estoy preparando mi desayuno, ¿te ofrezco algo?

- Oh, nada Regina, no te preocupes. - la reina asintió.

Regina continuó cortando su fruta, Mientras Azul la observaba, era un silencio incómodo, ninguna de las dos sabía cómo empezar una plática. Regina colocó toda la fruta en trozos en un recipiente, agregó los cereales y fue hasta la dispensa por la botella deyogurt, poco a poco lo fue colocando sobre la fruta, hasta que el simple olor del yogurt, le revolvió el estómago, sintiendo unas intensas náuseas. De inmediato dejó la botella sobre la mesa, y se cubrió la boca con una mano. Azul se percató de ello.

- Regina, ¿Qué pasó?, ¿te sientes bien? - dijo el hada acercándose a la reina.

La reina hizo todo lo posible para que pasara el malestar, pero nada ayudaba, al no poder aguantar más, salió corriendo de la cocina, Azul se asustó y fue tras ella.

Regina arrojaba todo lo poco que tenía en el estómago, mientras se maldecía mentalmente por el espectáculo que regalaba al hada.

Azul se acercó hasta ella, sin decir ni una sola palabra, se arrodilló junto a la reina, y masajeó su espalda con una mano, mientras que con la otra le sujetaba el cabello. Regina tenía el rostro rojo y la respiración agitada debido al esfuerzo. Azul la ayudó a ponerse de pie, ella agradeció y pasó a lavarse el rostro, estaba muy avergonzada con lo ocurrido, el hada le alcanzó una toalla.

- Gracias. - dijo la reina.

Se encontraban en la sala, en silencio, mientras Regina bebía el té que Azul le había preparado, ella la observaba, Regina era una mujer que siempre había tratado de mostrarse fuerte, aunque por dentro esté en mil pedazos, y sabía que en ese momento se debía estar maldiciendo por haberse mostrado débil delante de ella. Azul conocía sólo una parte de la historia de la reina, la que había escuchado de otros, y por un momento deseó poder saber que había detrás de esas paredes que ella misma se había levantado. Pero no la obligaría a contarle. Sabía que el término de la relación con Robín no había sido fácil, ella había encontrado a su supuestamente alma gemela, y todo acabó de la forma más bochornosa y horrible posible. Algo había pasado allí. Tink había robado el polvillo de hadas, y este le había llevado hasta el hombre del tatuaje de león, pero entonces ¿Qué habría pasado?..¿Por qué Regina no ha tenido su final feliz?..

Algo andaba mal en Regina... ¿Pero qué?... Se preguntaba Azul, mientras observaba a la reina beber de su té... ¿Su familia estaría enterada?... ¿Henry? ¿Sería estrés por lo de Robin, por el trabajo en la alcaldía? ¿Estaría enferma? ¿Esas náuseas? Regina le había dicho que ayer también las tuvo... ¿alguna infección estomacal? O quizás...

- ¿Desde cuando estás sintiéndote mal, Regina? - Azul rompió el silencio, la reina la miró con la taza aún en la mano.

- Una semana atrás.

- ¿Has tenido otra molestia? - Regina no se sentía a gusto contándole ciertas cosas a Azul, pero le respondió, por lo menos alguien se preocupaba por su salud.

- Me he sentido mareada algunas veces, sobre todo cuando me paro bruscamente.

La mente de Azul iba atando cabos, ¿náuseas?, ¿mareos?,... Faltaba una pregunta más, y ella arriesgó.

- Regina, no te incomodes por lo que te voy a preguntar, pero... tu...tu periodo menstrual... ¿Está bien? - la reina casi escupe el té.

- ¿Quéeeee? - Regina miró a Azul por un momento, sabia, conocía la intensión de esa pregunta, sintió su corazón dejar de latir, y por instinto se llevó una mano al vientre. Azul lo notó, y vio el miedo y la angustia en el rostro de la morena. - ¡No!, Imposible, Yo, yo no puedo, no! - Azul la miró extrañada, ¿Por qué decía aquello la reina?

- Regina, escúchame, tranquilízate por favor - se acercó hasta la reina y le tomó la mano. - Regina...

- No Azul!,... Es imposible - dijo la reina soltándose del hada y levantándose, aún con la mano en el vientre, comenzó a caminar nerviosa en el espacio entre los muebles.

- Regina, no es imposible... eres joven y... y podemos averiguarlo ahora mismo si tú quieres - "SÍ, sí es imposible", pensaba la reina - ¿Regina? - preguntó el hada al ver a la reina en silencio.

- No, Azul no quiero, lo que dices no tiene sentido, estás equivocada, y ahora si me permites, quiero estar sola por favor, - dijo Regina.

- Regina, sino lo quieres saber por mí, podemos ir a ver a Whale, yo te puedo acom...

- Por favor Azul, quiero estar sola - dijo la reina abriendo la puerta de su casa.- el hada suspiró.

- Ayer, te lo dije, y te lo vuelvo a repetir - estoy para ayudarte en todo lo que necesites, EN TODO - hizo énfasis en estas palabras, mientras apretaba la mano de la reina en muestra de apoyo, la reina asintió, y Azul se fue.

Regina, dejo su taza en la mesita de centro, mientras se sentaba en uno de los sofás. Colocó los codos sobre las rodillas y se cubrió el rostro con las manos, tenía que ser imposible lo que había dicho Azul, ERA IMPOSIBLE, ella había tomado esa maldita poción hace años, pero y ¿las náuseas?, ¿los mareos? ¿Y su periodo? , ella no se había dado cuenta, pero era verdad, hace tres semanas debió llegarle... Pero no!... Ella sabía que todo hechizo podía romperse, ¿habría pasado eso con ella? pero ¿Por qué ahora?, ¿Por qué no cuando estaba con Robin?... No, no podía ser, lo más seguro era que sea sólo un retraso y ¿las náuseas? ... Una infección, eso sería!

La reina quería por todos los medios que Azul esté equivocada... No podía, no tenía que ser cierto.

"relájate, Regina, relájate" "Eso es imposible" mañana compras un test y verás que esa hada está equivocada. Regina respiró y se dirigió a su cocina.


"El miedo es la emoción más difícil de manejar.
El dolor lo lloras, la rabia la gritas,
Pero el miedo te atrapa silenciosamente en tu corazón"

David Fischman


La rubia escuchaba a su madre, mientras saboreaba su café caliente y las galletas de chocolate.

- No sé, que pasa con él, Emma, está diferente... La mayor parte del día para fuera, trabajando según él, y yo creo que en verdad no me quiere ver... No me habla, no me dice que es lo que tiene, ya no sé qué hacer - decía la princesa a su hija - habla con él por favor, quizás a ti te diga algo.

- Mary, lo voy a intentar, pero no te prometo nada, él siempre ha sido muy cerrado conmigo y...

- Hook! - dijo la princesa - intenta con él, quizás sabe algo, ellos trabajan juntos, y si no pídele por favor que averigüe. - la rubia exhaló, estiro su mano y apretó la de su madre.

- Tranquilízate Mary, vas a ver que sólo es estrés del trabajo, ustedes son Blanca Nieves y El príncipe Encantado, la muestra perfecta del amor verdadero, pero también son personas y una pareja normal como todas, y una pareja normal también tienen sus crisis, estoy segura que esto va a pasar, verás que las cosas se arreglarán entre ustedes. - la rubia sonrió.

- No lo sé Emma, no lo sé... ¿y si hay otra persona?, él ya no quiere estar conmigo, ya no me toca - esto era algo incómodo para la ojiverde, no quería saber sobre las intimidades de sus padres, pero como buena hija y amiga, ahí estaría siempre para apoyar a Mary.

- Tranquilízate Mary, él no te haría eso - ¿O sí? Se preguntaba la rubia, ¡no imposible!, su padre era el príncipe encantado. - voy a ver que puedo averiguar.

Madre e hija conversaron un tiempo más, luego la rubia se fue prometiendo a su madre que conversaría con David, y si no obtenía información lo haría a través de Hook.


La reina había pasado toda la noche sin dormir, por más que la razón le dijera que un embarazo era imposible, algunas veces la misma razón le decía que lo imposible podría llegar a ser posible.

Aquella mañana de lunes ella había comprado un testde embarazo, ir a la farmacia y conseguirlo no había sido nada fácil, todo el mundo la conocía y el farmacéutico no había sido excepción, pero ella tenía que salir de dudas y comprobar que Azul se equivocaba, la reina se encontraba sentada en el borde de la cama, llevaba solamente puesto un conjunto de ropa interior perla y una blusa blanca larga que le cubría la mitad de los muslos, sus manos se movían sin parar, una sobre la otra a cada momento, su pie izquierdo realizaba movimientos una y otra vez, se mordía los labios incansablemente mientras miraba de rato en rato los 4 test de diferentes marcas sobre la cerámica celeste del tocador de su baño, desde donde estaba sentada podía observarlos... Y si bien los testno eran una prueba absolutamente confiable de embarazo estaba claramente asustada pues si la prueba salía positiva, su vida cambiaría para siempre.

El instructivo decía que se requería 5 minutos para obtener un resultado, ella ya llevaba sentada allí casi una hora, ojalá y tuviera la valentía suficiente para ponerse de pie y ver cada uno de los dispositivos, así acabaría de una vez con la duda, pero no; allí seguía ella pensando en las implicancias que traería que aquellos dispositivos marcaran 2 líneas.

Un resultado negativo le traería tranquilidad, no cambiaría en nada su vida.

Regina respiró, miró su reloj, se propuso que se pondría de pie en 5 minutos y observaría esos resultados. ¡Estaba decidido!

1 minuto.

Si el resultado fuera positivo y las circunstancias fueran otras, ella estaría saltando en un pie, el más grande sueño de su vida por fin se concretaría, tendría un hijo propio, uno sólo de ella, uno el cual la amase y amase sin condición...

2 minutos

No sólo de ella, sino también de Él... Su Padre, las lágrimas bañaban el delicado rostro de la morena. Si esas dos líneas aparecieran, tendría que decírselo... ¿Cómo reaccionaría?... Ella había empezado a sentir algo por él; ELLA, pero ¿y él?, era imposible que el sintiera algo por ella, él tenía a Snow, a su amor verdadero... si estuviera embarazada, tendría un bebé que sólo dependería de ella, y lo criaría sola, así como lo había hecho con Henry... Una tarea complicada, pero que sin duda estaría dispuesta a hacerla.

3 minutos

El pueblo se pondría en su contra, y su bebé podría salir lastimado... No podía contárselo a nadie, ni a ÉL ni a nadie... Estaría dispuesta a hacer cualquier cosa para evitar que algo le pasara a su bebe, SU BEBÉ, que bien sonaban esas palabras en sus labios, se llevó la mano derecha al vientre y sonrió, pero al mismo tiempo gruesas lágrimas caían bañando su perfecto rostro.

4 minutos

Se estaba apresurando a pensar en todo ello, aún no sabía si encontraría las dos líneas en los dispositivos... tienes que calmarte Regina, no hay nada seguro hasta que no veas los test, miró su reloj de muñeca...

5 minutos

La reina respiró, se puso de pie y fue hasta la puerta del baño.

"Una línea, dos líneas, una línea, dos líneas, una línea, dos líneas" pensaba.

Su corazón latía rápidamente, sus manos temblaban, la reina cerró los ojos, exhaló e inhaló mientras jugaba distraídamente con los botones de su blusa

Era el momento...

Caminó hasta su tocador, se miró en el espejo observando las lágrimas en su rostro, antes que todo el coraje adquirido desapareciera miró hacia abajo y observó los test uno a uno.

Un sollozo escapó de su garganta, lentamente caminó hacia atrás hasta toparse con la pared opuesta, se sentó en el suelo helado del baño, cubrió su rostro con las manos y lloró mares. Su llanto era lo único que se escuchaba en la mansión Mills, mientras los cuatrotest en el tocador gritaban en silencio el resultado.

DOS LÍNEAS.


"La mente es como el agua, cuando está calmada y en paz,
Puede reflejar la belleza en el mundo.
Cuando está agitada, puede tener al paraíso en frente
Y no reflejarlo"

David Fischman


Hola,¿cómo están?, espero muy bien en todo, un capítulo más, espero les guste... como siempre les pido por favor me dejen sus opiniones al respecto, compartan el fic a sus amigos o a quienes gusten de este ship

Saludos y buenas vibras siempre :)