Hacía más de un mes que había ocupado el puesto de su padre en Mellark Industries y que mantenía a flote el negocio que él mismo había creado en Grecia. Oia… Cuanto extrañaba su casa, el mar… Dormir sin pesadillas y tener la mente limpia de fantasmas. Como las noches anteriores, la última había sido una noche larga para él. Las pesadillas, lo habían atormentado para no dejarlo dormir. Delly, el llanto de su madre, el accidente de sus padres… Pero ésta vez había habido algo distinto. No se había levantado agitado, sudoroso y dolido. Unos hermosos ojos grises habían aparecido en la parte más angustiante de su visión para traerle paz. Hacía varias semanas que había dado lugar el intenso encuentro con esa hermosa mujer en el ascensor y aún podía oler su perfume adonde quiera que fuese. La última vez que se había obsesionado con una mujer había terminado con el corazón roto y no iba a permitírselo otra vez. Se había jurado siete años atrás, que nunca más volvería a enamorarse y eso no podía cambiar. Pero en lugar de alejarse, había decidido que tenía que volver a ver a esa mujer y saciar su necesidad de ella para dejarla atrás como si nunca hubiese existido. Durante los últimos años, innumerable cantidad de mujeres habían pasado por su cama; pero ninguna más de una vez. Y ella no iba a ser la excepción. Delly Cartwright lo había dañado en lo más profundo de su corazón y el Peeta que creía en el amor había desaparecido… Su corazón se había congelado y no volvería a sentir; pero tampoco dejaría que alguien lo amase para finalmente descubrir que el tan solo ya no podía hacerlo por más que se lo propusiese. Había sufrido pero no quería que nadie más lo hiciera. El amor condenaba, eso lo sabía de primera mano. El amor hacía sufrir y él no estaba dispuesto a intentarlo otra vez.
Mientras trataba de anudarse la corbata gris que había elegido, pensaba en todas las cosas que debía resolver el día de hoy y maldecía por haberse levantado tan tarde. Podía hacerse el nudo sin mirar, pero hoy ni mirándose al espejo fijamente lograba que le quedase decente. Envuelto en una rabia desmesurada, Peeta tomó su celular que sonaba inundando la habitación con la voz de Frank Sinatra.
-¿Si? –Dijo con fastidio sin mirar siquiera quien era.
-¿Qué pasó que traes ese humor tan temprano? ¡Pero si siquiera son las 9! Al fin y al cabo tengo que darle la razón a Prim… Necesitas a una mujer en tu vida Mellark. –Terció Finnick divertido.
-No estoy para bromas Finnick. Tuve una noche espantosa, tengo muchas cosas en que pensar y ni siquiera puedo anudarme una estúpida corbata hoy.
-Oye, se que las historias románticas no son lo tuyo ahora. –Dijo remarcando la última palabra porque bien sabía lo romántico que Peeta era antes de Delly- Pero quizá deberías tener alguna compañía para aflojar tus tensiones un rato.
-No estoy para salir de juerga Finnick y mucho menos para perder tiempo haciendo sociales. –Sentenció cansado.- Solo largarme de esta ciudad me hará recuperar mi buen humor.
-Pero como eso no es posible señorito Mellark, deberá optar por la primera opción… -no pudo terminar la frase porque el rubio lo cortó.
-No Finnick, no insistas. –Su amigo estaba logrando enfadarlo aún más si se pudiese.- Pero quieres decirme para qué demonios me has llamado esta mañana si no era para molestarme.
-Solo quería recordarte que hoy es mi despedida de soltero y que no puedes faltar. Mi padrino de bodas no puede excusarse de la fiesta.
-No iré a esos lugares donde mujeres con poca ropa se venden por dinero, sabes lo mucho que me desagradan.
-Peeta, entonces agradécele a Annie que preparó una despedida conjunta en una nueva discoteca. Se llama Ice y está en Riverside Boulevard y la 66. No hay excusas. Ahí te veo a las 11. Anúnciate en la puerta, obviamente estás en la lista. Adiós.
Le había cortado sin dejarlo decir media palabra. Peeta resopló pero sabía que su mejor amigo tenía razón. Era viernes, era su despedida de soltero y no tenía mayores excusas para no ir. Estaba jodido. No podía escapar, aunque no sabía si quería hacerlo porque una sensación optimista se anidó en su mente.
-Quizá hoy pueda encontrar una bella mujer en la que perderme y al fin descansar. –Dijo en voz alta mientras se anudaba perfectamente la corbata con una sonrisa en su cara.
…****…
Cuando llegó a su oficina ataviada en un elegante traje sastre negro de palazzo y una bella blusa rosa viejo, recordó que hoy su jefe no estaría en la oficina. El Dr. Odair se casaba y hoy era su despedida de soltero. Su jefe era un hombre muy agradable y hacía buenas migas enseguida con quien quisiera. Pero Katniss no solo había forjado una buena relación con su jefe, sino que con quien había iniciado una "amistad" era con su prometida. Annie había ido a buscar a Finnick para resolver unos detalles de la boda, pero él estaba reunido con el Sr. Mellark, hecho que hizo perder los nervios a la pelirroja porque decía que no podía decidirse por nada y ya tenían poco tiempo. Katniss le preparó un té de hierbas y se ofreció a ayudarla en su hora de almuerzo. Con una ensalada caesar y una coca cola light de por medio, Annie le contó que su madre había fallecido años atrás y no tenía con quien ver esos detalles ya que sus amigas estaban en Gran Bretaña, de donde ella era oriunda. Desde ese día se habían hecho inseparables, porque Annie la llamaba todos los días para conversar con ella o para ir a almorzar. Por eso Katniss había sido la única empleada de Mellark Industries que había sido invitada a la fiesta de esta noche; porque su jefe a pesar de ser tan sociable, era muy reservado de su intimidad y no había querido hacer partícipe a nadie de la empresa de su felicidad. Finnick estaba encantado con que su prometida hubiese encontrado una amiga en este lado del mundo, pero sabía lo que debía estar sufriendo Katniss el asedio de su ángel.
-Katnisssssssssss –Escuchó el chillido de Annie del otro lado del teléfono poco después de las 11.-
-Hey Annie ¿Cómo te estás preparando para hoy? –Dijo la pelinegra mientras levantaba la vista de un contrato que estaba preparando había días.
-¡Estoy súper emocionada! Finnick ya está deseando haberse ido a la oficina porque dice que lo estoy volviendo loco pero no saca su sonrisa de la cara.
Katniss se rió por lo bajo e imaginó a su jefe viendo a Annie dando grititos de aquí para allá.- Me imagino Annie. Pero dime ¿En qué te soy útil?
-Solo quería estar segura que vas a estar ahí… Es muy importante para mí. –Dijo haciendo que a Katniss se le estrujara el corazón.
-Quédate tranquila. Ahí estaré. Ya tengo el vestido y todo. –Mintió mientras pensaba en que debía llamar a Cinna.
-Gracias, gracias, gracias. Recuerda, ponte guapa pero no más que yo. Esta noche Katniss Abernathy Everdeen llegará sola pero se irá acompañada.
-Lo tendré en cuenta… -Dijo riéndose abiertamente de las ocurrencias de su nueva amiga.
Previos mensajes de auxilio, Katniss pasó su hora del almuerzo con Cinna y Johanna. Durante una hora la hicieron probarse vestidos y zapatos de diversos tipos. Katniss ya estaba deprimida porque nada le parecía apropiado para la bendita fiesta, hasta que Cinna hizo el último intento.
-Este es el vestido y lo vas a usar con estos zapatos. Aquí tienes el bolso. No me pongas esa cara. Mueve tu precioso culo y póntelo a ver si hay que ajustarlo de algún lado.
-Por un demonio Katniss, ese vestido te queda de muerte. No puedes decir que no. –Grito Johanna cuando salió del vestidor.
-No, creo que no puedo. Es perfecto. –dijo mientras se miraba fijamente en el espejo sin reconocerse.
…****…
Miró el reloj y se dio cuenta que era hora de alistarse si no quería llegar más tarde aún. La llamada de Prim lo había animado aún más y se sentía más relajado para ir a festejar con su mejor amigo. Nunca había sido un chico que anduviese de juerga pero si era muy sociable y por donde fuera se encontraba con gente que lo conocía. Eso había cambiado desde que vivía en Oia. Se había vuelto más hermético y a pesar de sus grandes dotes de orador, estaba un poco tosco para tratar hacer sociales. Si se lo proponía y sacaba a relucir su sonrisa, Peeta Mellark tenía el mundo a sus pies.
Entró en su vestidor y optó por un pantalón negro con una camisa celeste claro ajustada a su trabajado cuerpo, que no terminó de abrochar. Miró las americanas y sacó una negra con el cuello rasado por si llegaba a refrescar. Miró su reloj y salió decidido. Tomó su billetera, las llaves y colgando la americana de su mano por encima del hombro salió dispuesto a seducir.
…****…
Cuando hubo terminado de arreglarse se miró al espejo y retuvo el aliento. Su madre la había peinado con un recogido despeinado y la había maquillado sutilmente para darle el toque final al vestido que se había traído de la boutique de Cinna. Era de escote redondo y ceñido al cuerpo dejando toda la espalda desnuda. No dejaba a la imaginación ninguna de sus curvas y era escandalosamente corto, pero se veía más corto aún por los tacos de muerte que llevaba puestos. El color verde esmeralda era su favorito y quedaba sencillamente exquisito con los zapatos y el bolso dorado de brillos que llevaba. Se volvió a mirar y la conciencia hizo que decidiera no ir a la bendita fiesta enfundada en ese vestido. Pensó en lo que diría su jefe y decidió que ponérselo era un error. Antes que pudiese cambiarse, Madge y su mamá la habían subido al taxi en medio de silbidos de Gale y quejas de su padre.
Llegó al Ice y respiró profundo antes de anunciarse. Quiso arrepentirse y volver a la seguridad de su casa cuando una excitada Annie la vio desde dentro.
-¡Por Dios santo Katniss! Pero si pareces una muñeca de catalogo. –Dijo sonriendo mientras la arrastraba hacia dentro del club.- Ya vas a ver como esta noche tienes a los hombres haciendo cola…
-Ni me lo digas Annie porque solo me vas a hacer salir corriendo avergonzada. ¡Qué va a decir Finnick! Me muero de vergüenza… Es un error estar aquí y así vestida. –Decía mientras sentía miles de miradas puestas en su cuerpo.
-Voy a decir que mi jefa de legales es una bomba en la oficina y también fuera de ella. –Dijo Finnick mientras se bebía un whiskey.
-Amor, ¿No está preciosa Katniss?
-No más que tú amor. –Le sonrió a su prometida mirándola como tonto.
-Ya basta ustedes dos… Solo van a lograr que me vaya. –Gritaba con las mejillas rojas de la vergüenza.
-Vamos a tomar unos tequilas así te olvidas del vestido y te diviertes un poco. –Sentenció Annie divertida mientras la arrastraba a la barra.
Pasó un rato largo charlando y riendo con diferentes amigos de la pareja. Estaba pasando un buen momento hasta que de repente comenzó a sentirse extraña. No le dio importancia a la alarma de peligro que le enviaba su cerebro e intentó ahogarla bailando y tomando tequila con Annie. Pero de repente, mientras se acercaba a la barra para tomar otro tequila, reparó en el dueño de unos ojos azules que la reclamaban por completo; unos profundos ojos azules que la inquietaron y la hicieron sentirse lujuriosa al instante.
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Llegó al Ice y se anunció tal y como Finnick se lo había dicho. Lo hicieron entrar de inmediato y le indicaron en que reservado se celebraba la fiesta. Se hizo paso a través de la gente y contó hasta 100 para no salir corriendo de ese lugar. Estaba abarrotado de gente y el odiaba la aglomeración de cuerpos humanos y más si estaban sudorosos. Estaba seguro que solo quería un cuerpo sudoroso cerca si se trataba de una mujer tendida en su cama teniendo con él una noche de lujuria plena. Se paró en la barra y se pidió un whiskey. Mientras lo saboreaba buscaba a Finnick con la mirada, pero en lugar de encontrar a su amigo, halló a una morocha preciosa de piernas largas cubierta por un diminuto vestido verde. Echaba fuego por la mirada cuando la dueña de su atención empezó a caminar en dirección a la barra posando inmediatamente sus ojos en él. Cuando la vio, el recuerdo de su aroma lo inundo por completo y supo que ese era su día de suerte. A pesar de no haberla visto con detenimiento, él sabía que era ella… Su cuerpo se lo decía. Lo que no sabía era porque malditas casualidades del destino ella estaba ahí, pero no iba a dejar pasar la oportunidad de conquistar a la dueña de esos ojos grises que en menos de cinco minutos lo había cautivado dentro de un ascensor.
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¡Hola querid s lectores!
Como todos los lunes me tienen aquí con un capítulo más de esta historia.
¿Qué pasará con estos dos? ¿Peeta saciará su necesidad y ya? ¿Katniss aceptará ser chica de una noche?
Veremos, veremos y en una semana lo sabremos... Es que todavía no termino de decidir si me gusta el destino que escribí para Everlark...
Cariños a todos,
Igora
