Miró a ambos lados. No había nadie en esa sala. Tomó asiento en una de las butacas. En la pantalla empezó una cuenta atrás. Dudó. No sabía que podía significar eso. Estaba viendo la escena en la que Kate recibía el disparo. Él miraba al frente descubriendo al tirador. Acto seguido estaba tumbado con Kate en el suelo. "Te quiero", dijo el mismo en la pantalla. La escena se cortó. Volvió la vista atrás buscando a alguien en la sala de proyección. La vio a través del cristal, era una sala blanca y no había nadie, solamente un viejo aparato para emitir las películas. Salió hacia el pasillo central del cine, para ver si podía distinguir algún detalle. Pero sólo estaba el viejo proyector. Lo que sucedió en aquel instante fue muy extraño. La luz del pequeño recinto se fue y volvió en un instante, pero en el cristal estaba escrito "Te quiero". Lo leyó en un susurro prácticamente, justamente cuando acabó, la luz de la sala se apagó otra vez. Pero esta vez en el pasillo central se encendieron unas pequeñas luces que le indicaban el camino hacia una puerta que hizo un ruido indicando que se había abierto. Avanzó hacia ella y la abrió lentamente. Dio a otra sala de cine. Conforme cerró empezó a proyectarse una conversación que tuvo una vez con Kate "Porque te quiero, pero ya lo sabías. Lo sabías desde hace un año" y se cortó la escena. Al igual que en la sala anterior miró otra vez a la sala de proyecciones. Otra vez se fue y vino la luz. "Si vas a tirar tu vida a la basura no dejes que ella se quede a mirar", leyó. Y otra vez se iluminó el pasillo central del cine y una puerta al fondo se abrió. Salió.
Pero esta vez no dio a otra sala, sino a una calle. La calle era muy larga se extendía a ambos lados, más allá de donde le alcanzaba la vista. No podía ver el final. Llovía, de manera torrencial. Todo estaba gris. Había tiendas en ambas aceras. Se acercó a la que tenía a la izquierda. Estaba cerrada, se fijó en el escaparate. Eso le cogió por sorpresa, estaba lleno de fotos de su vida. Momentos que había vivido. Miró la tienda que había delante y también estaba llena de recuerdos suyos. Sonrió, pues se vio con su hija paseando de la mano por el parque. Alexis había sido la niña más hermosa del mundo pensó. Miró a la acera de enfrente y se fue a buscar más fotos. Su madre dándole un regalo de navidad, él mismo leyendo en la biblioteca, jugando con Alexis. Pero hubo una que le llamó la atención, se acercó hasta tener la nariz casi pegada al cristal. Eran Beckett y él, estaban frente al árbol de navidad besándose. Aquella foto era de las últimas fiestas. Se sintió vacio, desinflado. Giró la cabeza y vio a un niño sentado en la acera, tenía la espalda apoyada en la pared y la cabeza hundida entre las rodillas. Se acercó hacia él y se sentó a su lado.
- ¿Puedo ayudarte?- preguntó Castle al niño.
- ¿Podrías quedarte conmigo? – respondió
- Si, no veo inconveniente. Dime, ¿saben tus padres que estás aquí?-
- Si, vivo al final de la calle, pero mi padre me ha castigado.- Castle se había quitado la chaqueta y se la ofreció al niño, que se la puso. Seguía lloviendo. Empezaba a oscurecer. La calle comenzó a hacerlo al final.
- ¿Qué hiciste para que te mandasen a este sitio?-
- No decir la verdad.- Castle se quedó en silencio. Sabía demasiado sobre la sinceridad.
-¿Dime dónde estamos?-
- En tu cabeza, si no, ¿Por qué están todas las tiendas llenas de recuerdos de tu vida?
-¿Qué está pasando?-
- No lo sé, pero parece que esto es el final- miró a la izquierda de la calle. La oscuridad había avanzado bastante. Una niebla empezó a cubrir la calle. Castle se incorporó. Miró a la derecha también estaba oscuro. Miró a la pared donde estaba apoyado el niño. No era de un escaparate, era de ladrillo, parecía que llevaba allí mucho tiempo, las piedras eran antiguas. Había palabras escritas en ellas. "Sinceridad", "Amor", entre otras y una frase le llamó especialmente la atención, tanto que la leyó en voz alta sin querer "Hazlo por ella". ¿Era el final? Si así era él no se merecía eso pensó. Quería ver a su madre a su hija por última vez. Pero sobre todo quería ver a Kate. No quería perderlas. No ahora que todo estaba tan bien. Empezó a llorar y a golpear el muro. La niebla ya le estaba rodeando y la oscuridad ya estaba a unos metros de él.
Miró al niño. Aquello era el final, y pensando en Kate le dijo. - Que sepas que te mereces estar aquí – sus palabras estaban cargadas de resentimiento y odio – Por tu culpa casi pierdo a una de las personas más importantes de mi vida-. Un crujido hizo que la calle se estremeciese. El muro empezó a derrumbarse. Lenta pero inevitablemente. Seguía lloviendo torrencialmente. Tras el muro estaban su madre y su hija. Ambas con la mirada le mostraron una puerta. La abrió y allí estaba. Era Kate Beckett. Se encontraban en una habitación. Era pequeña, había una cama en ella, estaba iluminada suavemente por unas lámparas. El suelo estaba cubierto de alfombras y estanterías. Estaba mirando las estanterías y se dio que había una puerta. Kate avanzó lentamente hacia él y se lanzó a sus brazos. Le besó, cuando cesaron sus manos empezaron a acariciarle la nuca. Castle pensó que si era aquello el fin iba a estar muy bien. Pero un sentimiento le carcomía.
- Siento haberte defrau…- un dedo de Kate se posó en sus labios impidiéndole terminar la frase. Tomó a Castle de la mano y le llevó delante de la puerta.
-¿Serás capaz de seguirme?- preguntó Kate.
- Siempre-.
Abrió la puerta y salió lentamente. Castle emergió después de ella, pero la luz lo cegó. Se puso las manos delante de los ojos. Cuando su visión se adaptó, observó que estaba en un campo de trigo. Kate había avanzado hasta el principio de las espigas. Sonriendo, le hizo un gesto con la cabeza para que lo siguiera y se adentró corriendo en la plantación. Corrió. La voz de Bekett le iba guiando a través de las plantas. Llevaba un rato corriendo y de repente se paró en seco. Había un precipicio. Justo debajo de él se extendía un bosque. Kate ya estaba abajo.
-¿Vas a venir conmigo o no?- preguntó.
-No sé cómo hacerlo-
-Simplemente salta.- Castle, miró hacia atrás y luego otra vez donde estaba Kate.
-Tengo miedo-.
-Ya hiciste lo peor. Te enfrentarte a ti mismo y a tus miedos- respondió Kate. Cerró los ojos y saltó. Pero no se hizo daño. La hierba estaba increíblemente mullida.
-¡Vamos!- le urgió Kate. Ya le sacaba unos metros de distancia, cuando Rick se incorporó. Prosiguió tras ella corriendo. Recorrieron todo tipo de paisajes en los que nunca había estado. Desiertos de dunas doradas e infinitas, Valles donde pacían los animales tranquilamente y no habían sido contaminados por la mano del hombre, montañas nevadas más blancas que las perlas más hermosas, saltaron ríos llenos de vida, corrieron por playas de arena blanca y aguas cristalinas y atravesaron carreteras rectas infinitas.
- Vamos Castle ya nos queda poco- súbitamente en el horizonte había aparecido la ciudad de Nueva York. Parecía deshabitada, cómo si no llevasen viviendo en ella las personas desde hace años. Hacía una mañana esplendida, pareciese que el día se estuviese volviendo cada vez más luminoso. La urbe estaba extrañamente desierta, pasaron por delante la comisaria, de la biblioteca, el residencial de Castle. Se detuvieron delante del apartamento de Kate. Le esperaba en la entrada del edificio.
-Este es el final.- Le cogió de la mano y subieron a su apartamento. Cuando llegaron a la puerta de Kate, esta le puso una mano en la mejilla, le acercó sus labios a al oído lentamente.
-Adiós amor mío. Nos veremos en un momento.- dijo esto y empezó a retroceder unos pasos. Castle alzó el brazo y con las yemas de los dedos le rozo a Kate la cara, pero se la manchó de sangre. Se miró las manos, estaban teñidas de rojo. Se miró el cuerpo tenía un agujero de bala en el pecho su ropa había cambiado. Miró a Bekett tenía lágrimas en los ojos. Sus piernas se aflojaron y Rick cayó arrodillado.
-Perdóname, pero esto te va a doler- le dijo. Castle cayó de espaldas, acto seguido notó como una descarga eléctrica le recorría el cuerpo entero, el dolor era insoportable. Se sucedían los espasmos, cada vez dolían más y más, todo se estaba aclarando, era el fin. Otra sacudida más, todo se volvió blanco. No pudo soportarlo más, su cabeza se cayó hacia un lado. Durante el proceso había perdido los sentidos poco a poco. Pero, ¿Por qué tenía consciencia?. Todo estaba en blanco pero tenía pensamientos. Súbitamente notó que su mano izquierda entraba en contacto con algo. Era suave y blando. Era moqueta. Su otra mano estaba también sobre moqueta pero esta estaba empapada con algún líquido denso y pegajoso. Recuperó el olfato, el olor era algo desagradable. Recuperó el oído y todo era confuso, se escuchaban voces por doquier. Entonces notó que la boca le sabía a sangre. Y de repente el blanco se iba desvaneciendo se iban formando siluetas, estas dejaron paso a cosas. Reconoció unos zapatos y un pantalón. "Esos tacones un día le iban a costar un disgusto" pensó. Todo pasaba a cámara lenta. Movió la cabeza hacia arriba en busca de la propietaria de aquello. Su movimiento coincidió con el que hacía una mujer muy hermosa, y conocida para él. Sus miradas coincidieron. ¡Tiene pulso! ¡Tiene pulso! Repetían una y otra vez.
