Vale, sí, sé que llevo una eternidad sin actualizar, pero es que con la selectividad tan cerca… puf… no os quiero ni contar el estrés que tengo encima xD y desgraciadamente, eso se nota en mi inspiración, que viene y va según quiere. Ya sé que no queda muy bien que lo diga yo, pero este capítulo no es de mis favoritos. Me gusta, sí, pero le falta la chispa de humor que hubo en el anterior (además que odio escribir sobre Tobi como un chico infantil xD) pero bueno, de cualquier modo, ¡espero que os guste!

KittieMi: jaja la verdad es que sí, Tobi nos salió rana xD ¡Gracias por tu review!

Uzumaki-neechan: gracias, gracias, ¡gracias! Aquí estamos, a ver si puedo volver a actualizar más a menudo. ¡Gracias!

Kyuubi-No-Gabii: jajaj me alegro de que te guste, ¡gracias!

karla: genial, ¡gracias!

yatinga: wow, doble review, uno por capítulo ^^. A ver, al review del CAPÍTULO 1: ¡es genial que ya haya nuevos capítulos, prometo leerlos en cuanto pueda! ^.^ A mí también me encantan las historias así, en este cap. no hay mucho de eso, pero ya lo habrá, que no falte xD y al review del CAPÍTULO 2: ya, ya procuro actualizar lo antes que puedo, pero como he dicho antes, no es fácil :S jeje sí, Tobi me gusta mucho menos que Madara, pero pensé que la historia quedaría un tanto extraña si Chisi se enamoraba directamente de Madara (que yo lo hice pero vamos, que en un fic queda mejor alargar un poco todo, ¿no? O.O xD). ¡Muchas gracias!

Los personajes de Naruto no me pertenecen, pero sí parte de la trama y sus OCs.


- Diálogos.

"Pensamientos"

Memorias/Flash backs/Sueños

Canciones

"Escrito/Libros/Cuentos"


Capítulo 3: El lago

- ¿Y bien?

- Y bien, qué.

- ¿Cuál es el plan? – Preguntó el moreno sonriente bajo su máscara mientras caminaba al lado de Chisi observando los caminos a su alrededor.

Al contrario de lo que esperaba, Chisi no se molestaba en ocultarse a la vista de las demás personas. No parecía importarle si alguien reconocía su uniforme de Akatsuki, ella se limitaba a caminar con la mirada oculta bajo el amplio "sombrero" que ambos llevaban puesto.

La joven no había dicho nada durante las varias horas que llevaban de caminata, únicamente que "se dirigían al País del Agua". Finalmente, Chisi alzó la mirada hasta encontrarse con el ojo oscuro de Tobi, que despreocupadamente exigía una respuesta.

- No hay plan hasta que lleguemos a la Aldea Oculta de la Niebla. Ahí comenzaremos nuestra búsqueda de información del Tres Colas. Para el Cuatro Colas, ya buscaremos tiempo más adelante.

- ¡Bien! ¡A Tobi le gusta ir de misión con Chisi!

La joven suspiró mientras disimuladamente con una mano cerraba del todo la capa de Akatsuki que llevaba. Al final, Tobi no le había devuelto la ropa y seguía únicamente con su ropa interior puesta. Nada bueno. Pero no podía enfadarse más con él, realmente no sabía estar enfadada con aquel muchacho. ¿Cuántos años tendría? Más que ella seguro y, aún así, se comportaba como un niño de 15 años… era divertido, tal vez lo más divertido de su vida en aquel momento. Y de algún modo, le gustaba.

Le gustaba tenerle alrededor, tenerle ahí para animarla con sus bromas, para molestarla de vez en cuando, para… bueno, para sonreír con sinceridad en algún momento que otro de su día a día.

Sí, pensó con tristeza. Tobi era fantástico a su manera, igual que cada uno de los miembros de Akatsuki. ¿Y qué si eran asesinos? ¿Acaso alguien de Konoha tenía las manos limpias? ¿Acaso eran todos inocentes? Sasori, Deidara, Itachi… todos, eran lo más parecido que ella había tenido a una familia después de la muerte de su padre. ¿Valía la pena de verdad traicionarles por la villa que siempre la había ignorado y que en aquel momento la odiaba? Cada vez estaba menos segura, hasta tal punto, que hacía tiempo que la información que le estaba dando a Kakashi era falsa o confusa, incompleta o, directamente, no le daba nada.

Un cansado suspiro escapó de sus labios mientras seguía caminando con la mirada gacha, sin ser consciente de que habían llegado al final del camino, chocando bruscamente con la espalda de Tobi, quien se había detenido mirando el mar que se habría ante ellos.

- ¿Pero qué…?

La joven alzó el rostro hacia la nuca del moreno, que la observaba como si estuviese viendo un extraterrestre. De algún modo, la mirada hirió gravemente su orgullo al darse cuenta de que se había distraído tanto que no le había sentido pararse. Ni siquiera había estado pendiente del camino.

Pasó de largo al joven aún atónito y se dirigió a la orilla del mar. Comenzó a acumular su chakra a lo largo y ancho de todo su cuerpo. La técnica que iban a realizar era muy útil para transportarse por el agua, pero requería un control absoluto del chakra y mucha concentración. Además, cuando acabasen, estarían tan exhaustos que todo cuanto podrían hacer sería dormir. Comenzó a caminar sobre las pequeñas olas de la orilla, sobre el agua, y se detuvo cuando estuvo segura de que el nivel del mar la cubriría por completo, a unos 20 metros de la orilla.

- ¿Listo? – El silencio fue su única respuesta.

Se volvió sobre sí misma buscando a su compañero, pero él ya no estaba. Ni tampoco en la orilla. Un incómodo presentimiento se apoderó de ella.

- ¿Tobi?

El viento sopló con fuerza, arrebatándole de golpe el extraño sombrero y dejando su rostro a la vista. El aire sacudía su cuerpo con fuerza, y de no haber estado sujeta con chakra a la superficie del mar, seguramente le habría resultado hasta incómodo el mantenerse allí de pie, quieta, buscando a su compañero. No creía que le hubiese pasado nada, o al menos, eso esperaba. Al fin y al cabo, por algo estaría interesada Akatsuki en él, ¿no?

De pronto, sintió una perturbación en el agua, algo imperceptible para personas ajenas al chakra, pero claramente existente y delator para ella. Se apartó de un salto de donde estaba, pero una mano de agua surgió del mar y la agarró de la pierna, sumergiéndola de golpe. El aire dejó de llegar a sus pulmones a medida que era arrastrada cada vez más y más mar adentro. Cuando por fin se detuvo, nadó hacia la superficie rápidamente, tomando una gran bocarada de aire nada más sacar la cabeza del agua.

Una risita infantil se escuchó a su alrededor mientras su pulso iba recuperando su velocidad habitual. "Tobi…" pensó. Sin perder totalmente la compostura, volvió a concentrar todo su chakra y cerró los ojos mientras sus manos realizaban una serie de diez sellos a gran velocidad.

Fue visto y no visto.

Tan pronto como de sus labios escapó la última letra de la última palabra del jutsu, su cuerpo pareció fusionarse con el agua, transformando cada célula en agua, haciendo que fuese prácticamente imposible detectarla a simple vista. Salvo para aquellos que también "fuesen" agua.

- ¡Tobi!

Una ondulación en la forma del agua le indicó que el joven se hallaba ante ella, y se estaba doblando de risa. Sin duda, era lo más infantil que había conocido. Varios peces pasaron a su lado, tapando momentáneamente la luz que iluminaba sus tenues figuras.

- Parece que hoy Chisi tiene un día raro… estás muy distraída.

- No es nada, déjalo ya. Tenemos que llegar hasta el lago que se encuentra en el centro del País del Agua, eso nos llevará un día, como poco. ¿Podrás aguantar esta técnica hasta entonces? No podemos arriesgarnos a ser descubiertos.

- ¡Claro! – Respondió el moreno jovialmente.

Chisi suspiró casi de manera inconsciente. Desde luego, tendría que agradecerle a Pein aquella estúpida idea de hacer que Tobi la acompañase. Sin perder ni un minuto más, dejó que su cuerpo, o lo que se podía decir que era ahora su cuerpo, flotase por el mar en dirección a su destino.


Al final fueron dos días. Dos extenuantes días de viaje por el mar hasta que, por una corriente subterránea, lograron alcanzar el interior del lago del País del Agua, ya de noche, muy tarde.

Los dos ninjas salieron del agua con la elegancia natural que caracterizaba a los Akatsukis, pero con la respiración agitada. El muchacho fue el primero en dejarse caer al suelo. Se quedó bocarriba en posición horizontal con respecto al agua, que le chapoteaba suavemente en uno de los lados de su cuerpo mientras desde debajo de su máscara, el joven observaba el reflejo de la luna semicubierta por nubes sobre el lago.

Ella cayó de rodillas poco después. Con el pelo empapado pegado sobre sus mejillas, cerró los ojos mientras recostaba su espalda contra un tronco, oculta a las miradas de los ninjas que velasen por su Aldea a aquellas horas de la noche. Su mirada verdosa se posó sobre el cuerpo cansado de Tobi y cerró los ojos retomando la respiración poco después. Finalmente, habían logrado llegar de una pieza. No era un jutsu complicado, pero sí agotador incluso a niveles como los suyos. Y más si a eso había que añadirle que lo había utilizado sin descanso durante dos días enteros.

- ¿Por qué te molestas en teñirte el pelo?

Aquella pregunta la hizo abrir los ojos lentamente, mirando no a su compañero, sino a un matorral que crecía junto a ella.

- No me gusta su color original.

- No lo conozco… – murmuró el joven, cerrando los ojos y reposando sobre el suelo, a plena luz.

- Miel.

- ¿Miel?

Chisi le miró, seria, mientras parecía estar atenta a los sonidos que captaba de la noche.

- Mi color natural de pelo es de tonos poco más claros que la miel. Tobi – dijo cambiando el tono de la voz –, ocúltate.

El joven alzó el rostro como pudo, pero el cansancio pudo más que él y volvió a quedar tumbado bocarriba sobre el suelo. El pulso de Chisi se disparó instantáneamente al escuchar el sonido de una rama partirse.

- ¡Tobi! – Susurró – Sal de ahí.

- No puedo moverme… – se quejó el otro en un puchero.

Los pasos comenzaron a acercarse a gran velocidad. "Dos personas. Una patrulla" la mente de Chisi trabajaba todo lo rápido que podía. Si les encontraban allí… lo más posible es que pensasen que eran enemigos, cosa que era cierta, pero no les convenía enfrentamientos. Ni hablar, no era una opción, traería muchos problemas. Dirigió su mirada una vez más al joven que, vestido todo de negro, yacía con una mano sobre el dorso, completamente agotado, mirándola casi sin verla.

- Creo haber oído algo.

- Se percibe algo en el lago.

Las voces de los guardias apenas eran aún unos susurros, pero los situaban cerca. Demasiado cerca. ¿Podría levantarse? Sí, eso seguro que sí, pero no podría mover a Tobi a tiempo. ¿Qué hacer? Por primera vez en mucho tiempo, se sentía apresada por la falta de tiempo para reaccionar, y más aún por su falta de energías. A penas les quedaban diez segundos para que la patrulla les visualizase de lejos. Ni siquiera tuvo tiempo de pensar en lo que hacía.

Impulsando sus pies en un gran salto con el poco chakra que le quedaba, llegó junto al cuerpo de Tobi, que la miró completamente confuso. Y en un instante, actuó como nunca el joven lo habría sospechado.


La luna llena se había abierto paso entre las nubes que habían hecho llover sobre la Aldea aquella misma tarde. Era la noche más hermosa que se había visto desde que comenzó la época de lluvias y ya pronto brillaría el sol tímidamente durante las horas del día, no como ahora, que únicamente tenían nubes grises y agua.

No obstante, aquello no era lo que rondaba por sus mentes en aquel momento. Tres árboles eran los que les separaban del lago en el que habían escuchado ruidos en los últimos minutos, y acelerando el ritmo de sus saltos, llegaron allí en apenas segundos.

- ¿Pero qué…?

Las palabras del más joven de los ninjas se cortaron cuando comprendió el por qué de los ruidos que habían escuchado antes. El más mayor también parecía sorprendido, pero tomó al joven del brazo, deteniendo su avance.

- No hay ninguna ley que prohíba el amor – sentenció.

Bajo la luz de la primera luna visible en mucho tiempo, aquella pareja parecía haberse decidido a pasar un íntimo momento juntos junto al lago, a las afueras de la villa. La imagen no podía ser más idílica.

La joven, cuyo cabello negro se pegaba húmedo a su rostro, sostenía entre sus manos el rostro de otro joven de pelo también oscuro mientras unía sus labios en un perfecto encaje, como los engranajes de la más perfecta de las máquinas. Estaba casi desnuda, vestida únicamente con la ropa interior, sentada a horcajadas sobre él, quien tenía revuelta la sudadera, dejando a la vista un torso perfecto. Él, que parecía algo más mayor que ella, posaba las manos sobre la espalda de ella, atrayéndola suavemente hacia su cuerpo, sin dejar de mirarla ni un momento, al contrario que ella, quien cerraba los ojos casi con fuerza.

Finalmente, el beso terminó y la joven separó sus rostros unos centímetros mientras respiraba con fuerza.

- Creo que… me siento fuera de lugar… - susurró el guardia menor.

El más mayor de los guardias asintió y ambos dieron media vuelta. Ya fuese por lo incómodo de presenciar tal escena o por la sorpresa del hecho en sí, ninguno se percató de la falta de la ropa de la chica por el suelo o de la máscara que había descansado al lado del rostro del chico durante todo aquel tiempo. Sin más en que pensar, ambos patrulleros ninja desaparecieron una vez más en la oscuridad de la noche, para seguir con su ronda en otro lugar.

No se escuchó ni el canto de los grillos en aquel lugar después de su marcha.

Fue… como si el tiempo quedase detenido. En realidad, el tiempo seguía su curso, eran las piezas de el juego que es la vida las que permanecían inmóviles. Ni él ni ella, ni ella ni él, eran capaces de apartar la vista el uno del otro. Él la miraba entre sorprendido y confuso, ella a él, entre sorprendida, confusa y asustada. Y no tardó ni medio instante en volver a cambiar la situación.

Tobi se incorporó de golpe, arrastrándola con él al suelo, con la única diferencia de que esta vez, era ella quien estaba debajo. Pero ya no se movía. Parecía sumida en el mismo estado de shock que se apoderó de ella a la muerte de su padre. O peor. Porque en aquel momento ella estaba viendo un fantasma.

- T-tú… ¡Tú! – Exclamó, pasando increíblemente rápido del miedo al enfado – ¡Tú!

Le señaló con un dedo acusador, con la mirada perdida en las perfectas facciones que decoraban el rostro del muchacho, de ese rostro que Tobi siempre había ocultado bajo la máscara.

- Yo, ¿qué? – exigió él con voz neutra, y con la misma mirada que la dedicó el día antes de salir de misión mientras la observaba dormir.

Una mirada siniestra y carente de sentimientos.

Chisi abrió los labios para responder, pero volvió a cerrarlos en un intento de no decir ninguna tontería, nada de lo que pudiese arrepentirse.

- ¿Y bien? – Exigió él.

Tragó saliva. Temor. Eso era todo lo que pasaba por su cerebro, llevando la información desde sus neuronas hasta cada una de las células de su cuerpo. Inexplicable temor. No podía ser que Tobi… no, que aquel hombre fuese…

- ¿Es posible? – Dejó salir en un susurro.

- ¿A ti qué te parece? – Preguntó él con excesivo sarcasmo.

- Que esto es… absurdo.

Se revolvió bajo él, pero igual que en su cama dos días atrás, los brazos de él parecían más fuertes que cualquier acero. Imposible escaparse, imposible defenderse. Le miró con cierto escepticismo.

- ¿Qué quieres ahora?

- Di mi nombre.

Es-tre-me-ci-mien-to.

- Tobi.

Él entrecerró los ojos y sonrió de medio lado.

- No, no ese nombre.

Nuevamente, frío. Su espalda era la misma representación del frío. Negó con la cabeza.

- Estás muerto.

- No.

- Sí.

- Di mi nombre.

El silencio reinó en el claro mientras los labios de él rozaban los suyos suavemente, casi como si se aprovechase de la situación. Chisi suspiró mientras sentía su mirada ser atrapada por la de él. Alguna parte de su cerebro aún se resistía a lo que parecía algún truco de hipnosis, pero su cuerpo ya no.

- Mad…

Se mordió la lengua en un último gesto de rebeldía y un fino hilo de sangre surcó su barbilla antes de ser recogida por uno de los dedos de él.

- Apellido incluido.

Los ojos verdes de ella ya no mostraban resistencia alguna.

- Madara… Uchiha.

El Uchiha sonrió en la oscuridad de la noche.

- Correcto.

Y unió una vez más sus labios a los de ella.


Había algo extraño en aquel aroma. Se distinguían claramente dos tipos diferentes de aires, uno el limpio y refrescante que entraba por la ventana y otro mucho más cargado que parecía haber reinado en aquel cuarto hasta que alguien abrió la ventana. Pero ¿quién?

Se incorporó suavemente sobre la cama y tuvo que llevarse una mano a la frente a modo de queja por su presente dolor de cabeza. A aquellas alturas, el cansancio causado por el jutsu de transporte ya debía haber pasado y debería encontrarse como nueva.

- Un momento.

Su propia voz le sonaba extraña. Era como si no se reconociese a sí misma. Y es que así era. El espejo que decoraba la pequeña habitación le mostraba un aspecto completamente diferente al que recordaba haber tenido la noche anterior.

Se levantó de la cama sin percatarse de su desnudez y se detuvo frente al espejo con expresión alarmada. Acarició varios mechones de su pelo mientras trataba de recordar cómo demonios había pasado aquello. "¿Miel?" pensó.

Así era. Nuevamente, su pelo volvía a lucir aquel luminoso color miel que ella durante tanto tiempo había teñido de negros y morados. "¿Qué demonios ha pasado…? Tobi" sentenció su mente. Sí, aquel mocoso travieso debía haber hecho algo la noche anterior, cuando se desmayó al salir del lago.

- ¡Tobi!

Se tapó con el albornoz que encontró en el baño y salió al pasillo descalza y con aspecto de estar aún algo adormilada.

- ¿Tobi?

Había algo muy raro. ¿Por qué sentía aquel retortijón en las tripas al pronunciar el nombre de su compañero? Frunció el ceño y continuó buscando hasta que sus pasos se detuvieron frente a la recepcionista del local.

- Disculpe, busco a mi compañero, un tipo con una máscara.

La mujer pareció recordarle, porque sonrió de medio lado.

- Ah, sí, qué chico tan simpático. Ha ido a por el desayuno ahora mismo, volverá en seguida si no se pierde con las indicaciones que le di. Puede esperarle en su dormitorio, le diré que suba cuando llegue.

- Gracias…

- Por cierto, dejó estos pantalones para usted.

Chisi miró con sorpresa los pantalones ninja negros y la sudadera negra que la mujer le ofrecía, pero dada su desnudez, no le puso pegas. Tomando las prendas de manos de la amable mujer, subió de nuevo a su cuarto, donde se encerró mientras se cambiaba en al cuarto de baño. Y al salir, el muchacho ya estaba allí.

- ¡Tobi! – Exclamó ella – ¿Dónde estamos?

La mirada entrecerrada y cargada de interés que él tenía desapareció en cuanto ella cruzó sus miradas, y pasó a ser de nuevo infantil y alegre.

- En la Villa, no aguantaste el jutsu, Chisi - contestó con cierta burla.

Las mejillas de ella se sonrojaron. Si bien no recordaba nada tras desplomarse contra el tronco del árbol al salir del lago, no esperaba que la técnica la agotase tanto. Y mucho menos que Tobi la resistiese y ella no.

- Es igual – sentenció, avergonzada –. ¿Y qué le ha pasado a mi pelo?

- ¡Ah! ¿Te gusta? Te lo teñí yo para ver cómo eras al natural – contestó alegremente –. ¿Se parece el tono a tu color original? ¿Te gusta?

- Yo… - vaya, saber que el chico lo había hecho con esa intención inocente no la dejaba enfadarse. Además, tampoco le disgustaba, ¿no? Suspiró – Sí, es casi el mismo.

Tobi pareció sonreír bajo su máscara. Nada extraño. Todo normal. Todo… perfectamente bien.

Pero si todo estaba bien… ¿qué era aquella sensación que le encogía el estómago?


Continuará…