CAPÍTULO 3

Valentina's POV

Eran las 9 de la mañana y Valentina estaba sola en su casa, durmiendo, mientras sus padres y su hermano estaban haciendo las compras de Navidad. El timbre sonó y la despertó, pero no fue hasta un par de minutos después cuando recordó que estaba sola en casa. Se levantó y bajó las escaleras corriendo hasta la puerta y al abrirla se quedó un poco confusa al ver quien era.

- Amador, ¿qué haces aquí? - Preguntó Valentina un poco sorprendida.

- No me dijiste que te pasaba, y te dije que no te iba a dejar en paz hasta que me lo contaras.-Respondió él sonriendo.

- No creí que lo decías enserio. - Dijo Valentina con el ceño fruncido.

- Yo siempre hablo enserio. - Siguió sonriendo él. - Por cierto, me gusta tu pijama... te queda bien el rosa.

Valentina miró hacia abajo y se sonrojó al ver que aun llevaba su pijama de princesas con el fondo rosa y que tenía el pelo revuelto. Antes de que Amador pudiera decir algo, Valentina se fue corriendo hacia las escaleras y subió hasta su habitación. Amador se quedó en la puerta algo confuso, pero divertido por la pinta que tenía Valentina recién levantada. Cuando Valentina bajó de su habitación peinada y llevando unos vaqueros y un jersey, se encontró a Amador mirando las fotos de cuando ella era pequeña que estaban colgadas en las paredes. Ella se le quedó mirando desde el penúltimo escalón esperando a que él se diera cuenta que estaba allí.

- Eras una auténtica monada de pequeña. - Dijo él mirando las fotos.

- Gracias... - Dijo ella mirándolo fijamente. - ¿Quieres algo o sólo vienes a ver mis fotos?

- Ya te lo he dicho. - Dijo él apartando la vista de las fotos y mirándola a ella. - Quiero saber por que últimamente estas tan triste.

- No estoy triste, sólo... cansada. - Dijo ella apartando la vista.

- Sabes, nunca has sabido mentir, se nota enseguida cuando mientes, y ahora lo estás haciendo. - Dijo él dando un paso hacia ella.

- Yo... estoy bien, de verdad, no te preocupes. - Dijo ella bajando la cabeza y mirando al suelo.

- Si me preocupo, eres mi amiga, nos conocemos desde pequeños y tú siempre te has preocupado por mí y por todos. Siempre estás ayudando a los demás e intentando que sean felices. - Dijo él acercándose más a ella. - Creo que es hora de que sea otro quien se preocupe por ti e intente hacerte feliz.

Al escuchar eso, Valentina levantó la vista y miró a Amador sorprendida. Él ya estaba lo suficientemente cerca para ver formarse lagrimas en sus ojos. Ella sabía que estaba a punto de llorar, y no quería que él la viese, pero en ese momento no podía moverse, ni hablar, lo único que pudo hacer fue cerrar los ojos. De repente, sintió cómo alguien la abrazaba y sin abrir los ojos, ella devolvió el abrazo con fuerza. Durante unos minutos se quedaron así, ella hundiendo su cara en el hombro de Amador mientras lloraba y él apoyando su barbilla sobre la cabeza de ella. Cuando notó que ya estaba mas relajada, se separó de él y se limpió el rastro de las lágrimas de la cara.

- Lo siento... No suelo ponerme a llorar delante de los demás. - Dijo ella tímidamente.

- No te preocupes, cuando quieras puedo ser el hombro sobre el que puedes llorar. - Dijo con una pequeña sonrisa.

Ella devolvió la sonrisa y volvió a mirar a otro lado no segura de poder mirarle a la cara nunca más. Durante unos segundos hubo un silencio incómodo hasta que Amador habló.

- ¿Y tus padres? - Preguntó dándose cuenta que no había visto a nadie más que a ella.

- No están, se fueron a comprar los regalos con mi hermano. - Respondió ella sin mirarle aun. - No volverán hasta el mediodía.

- ¿Cómo es que no has ido con ellos?- Siguió preguntando él.

- Ahora mismo no necesito nada, así que cualquier cosa que me compren está bien. - Respondió ella bajando del todo las escaleras y dirigiéndose al salón.

- Bueno, así que estamos solos... Sabes lo que eso significa, ¿verdad? - Dijo él mientras la seguía al salón y se acercaba de nuevo a ella.

- N-no... - Valentina se estaba poniendo nerviosa... - ¿Por qué se está acercando tanto? - Pensó mientras él se acercaba hasta sólo un paso de ella.

- Que podemos hablar de lo que queramos sin que nadie nos interrumpa. - Dijo él sonriendo sentándose en el sofá. Dio dos palmadas en el sofá junto a él para que Valentina se sentara. Ella se sentó y notó cómo él la miraba fijamente.

- ¿Me vas a decir que te pasa? - Preguntó él sin separar la vista de ella.

- Ya te he dicho que no me pasa nada. - Respondió ella mirando a todas partes menos a él.

- Y yo ya te he dicho que se cuando estas mintiendo. - Dijo él.

- Eres muy pesado, ¿lo sabías? - Bromeó ella mirándolo por un momento y sonriendo pero cuando él le devolvió la sonrisa y la miró a los ojos apartó la vista corriendo.

- Sí, lo se, por eso quiero saber que te pasa. - Siguió diciendo él sin parar de mirarla.

- No es nada... Es sólo... tonterías del corazón... - Dijo ella bajando la vista.

- Si tiene que ver con el corazón no es ninguna tontería. - Respondió él con una cara más seria.

- Gracias por preocuparte, pero no tienes que hacerlo, de verdad, te lo agradezco, pero seguro que no te interesan mis problemas. - Dijo ella mirándolo de nuevo.

- Sí me interesan y me preocupo porque eres mi amiga y todo lo que te haga sufrir también me lo hace a mi. - Respondió él simplemente.

Al escuchar a Amador decir eso, pensó por un momento .- ¿Prometes no decírselo a nadie? -

Preguntó ella sin parar de mirarle.

- Lo prometo. - Contestó él algo curioso.

Al ver que Amador contestaba seriamente decidió contarle la verdad. - ¿Cómo puedo empezar?- Pensó mientras veía a Amador mirarla con el ceño fruncido. - Yo... llevo enamorada de un chico durante un tiempo... y él... está enamorado de otra, básicamente es eso, lo de siempre.

- ¿Quién es el chico? - Preguntó Amador con curiosidad.

- Es... Elías... - Respondió ella mirando al suelo.

Amador se sorprendió al escuchar eso, nunca hubiera dicho que era Elías quien le gustaba. Por alguna razón eso le molestó un poco, Elías siempre se estaba quejando de que no le gustaba a nadie, y resulta que una de las chicas mas guapas y simpáticas del instituto estaba enamorada de él... - ¿Y... quién le gusta a él? - Preguntó con cuidado, no sabía si ya estaba preguntando demasiado. Cuando vio a Valentina parar una lágrima que se le escapaba lo supo, se había pasado preguntando. - Los siento... no quería molestarte con mis preguntas... - Dijo él con mirada triste.

- No te preocupes, tu sólo estabas preocupado por mi... - Contestó ella intentando sonreír.

Amador no sabía que decir ni que hacer. Si la abrazaba de nuevo ella podría pensar algo que no es, pero tampoco se iba a quedar mirando mientras ella lloraba. Así que se acercó un poco más a ella y le secó las lágrimas.

- No llores más, te mereces a alguien que te quiera y te haga reír, no llorar. - Le dijo con una sonrisa amistosa.

Ella le miró y sonrió. Apoyó su cabeza en el hombro derecho de Amador y cerró los ojos.

- Muchas gracias. - Susurró ella.

- ¿Por qué? - Susurró de vuelta Amador un poco sonrojado.

- Por todo. Por ser un buen amigo, preocuparte por mí, venir a mi casa un domingo por la mañana y despertarme. - Susurró ella de nuevo riendo un poco.

Él sonrió por eso último y le dio un beso en la frente. Ella lo miró sorprendida y al darse cuanta de lo que había hecho él se sonrojó completamente.

- ¿Qué te parece si jugamos a la Wii o algo? - Dijo levantándose rápidamente y mirando a otro lado para que Valentina no viera su sonrojo.

Ella se quedó sorprendida por un momento pero enseguida aceptó la propuesta de Amador y empezaron a jugar. Ese era su juego favorito, no había forma de que perdiese contra él.

Sergio's POV

Ya eran casi las 10 de la mañana y Sergio estaba como todos los domingos a esa hora, jugando al baloncesto con su hermano, Pablo, y como siempre, iba ganando. Su hermano y él siempre lo compartían todo, Pablo era sólo un año menor que Sergio y siempre estaban juntos, pero ese día, Sergio notaba que su hermano estaba molesto por algo, y aunque no supiera que le pasaba, intuía que tenía que ver con él, ya que cada vez que Sergio intentaba hablar con él, Pablo le ignoraba o le contestaba mal.

- ¿No tienes nada que decirme?- Dijo Pablo rompiendo el silencio.

Sergio miró a su hermano algo confuso por un momento. - Creo que no. ¿Hay algo que quieras decirme tú a mí? - Añadió al ver que Pablo le miraba con cara de enfado.

- Yo te cuento siempre todo. Siempre eres el primero al que le cuento cualquier cosa que me pase. - Dijo Pablo dejando de jugar. - ¿Por qué no me has contado que después de tres años enamorado de Sara por fin estáis juntos?

Sergio le miró sorprendido. - ¿C-cómo lo sabes?

- Hombre, - Siguió Pablo. - si os dais el lote en medio de la Plaza es normal que alguien que os conozca os vea.

- No nos dimos el lote, sólo nos besamos... - Dijo Sergio sonrojándose al recordar el día anterior.

- ¿Crees que eso me importa?. - Dijo Pablo cada vez mas cabreado. - ¿Por qué no me lo dijiste? Eso es lo único que quiero saber. - Gritó lanzando la pelota hacia un lado con fuerza.

- ¡No sabía cómo! - Gritó de vuelta Sergio. - Yo... me daba vergüenza... aun no me lo creo – Dijo él bajando la voz hasta que era casi inaudible.

Pablo miró a su hermano y suspiró mientras se acercaba a él y ponía su mano en el hombro de Sergio. - Perdón, me he enfadado contigo injustamente, no es tu culpa ser tan idiota.

Sergio frunció el ceño. - ¿Por qué soy un idiota? - Se quejó algo mosqueado.

- Venga ya, ¿hablas enserio? - Dijo su hermano alzando las cejas. - Si yo fuera tú ahora mismo estaría saltando de alegría y gritando que Sara es mi novia, aunque claro, a mi no me gusta Sara, pero tu me entiendes. - Dijo sonriendo un poco.

- Si, pero... si fuera por mi ahora mismo estaría con ella, sólo hablar con ella... me hace feliz. - Dijo Sergio en voz muy baja sonrojándose un poco. - Pero no se si ella querrá también, puede que quiera... descansar un poco de mi, ya nos vimos ayer y...

- ¿Cómo es posible que alguien como tú tenga novia y yo no? - Dijo Pablo suspirando cortando a su hermano. - Ella es tu novia, acabáis de empezar a salir, lo más seguro es que ella esté igual que tú. Deja de decir tonterías y llámala y queda con ella.

- Pero siempre jugamos todos los domingos por la mañana. - Dijo Sergio.

- No te preocupes, las cosas cambian. - Contestó Pablo sonriendo. - Eso sí, cuando yo me eche novia, me tendrás que dejar que me valla con ella.

Sergio sonrió y fue a por su móvil. Llamó a Sara pero esta no podía quedar ya que tenía que practicar con el piano para el recital de Navidad que iba a dar. Cuando Sergio le contó esto a Pablo, él le dijo que fuera a verla y le diera una sorpresa. Al principio Sergio se negó, pero ante la insistencia de su hermano acabó aceptando.

Cuando Sergio llegó al teatro donde Sara estaba ensayando, se sentó en la última fila para que nadie le viera y esperó hasta que fuera el turno de Sara, en ese momento estaba tocando una chica de unos dieciocho años. - Suena bien, pero seguro que la canción que toque Sara sonará mejor. - Pensó mientras se acomodaba en el asiento y se preparaba para esperar. Tres personas más tocaron canciones cada vez más bonitas hasta que llegó el turno de Sara, al parecer era la última. Sergio se preparó, se inclinó en su asiento, puso sus codos sobre sus rodillas y miró atentamente cómo Sara se sentaba en la butaca junto al piano, ponía la partitura ante ella y colocaba sus manos en las teclas. Sara empezó a tocar y Sergio se quedó fascinado al escuchar aquella canción, era la música más bonita que había escuchado jamás, y en ese momento, Sara le pareció la chica más hermosa del mundo.

Cuando Sara acabó de tocar, Sergio no pudo evitarlo y empezó a aplaudir. Sara, al escuchar los aplausos dirigió su vista hacia los asientos y se sorprendió al ver a Sergio en la última fila de pie y sonriendo mientras aplaudía con fuerza. Sergio vio cómo Sara cambiaba su cara de sorpresa a una gran sonrisa al verle y tras hablar con quien el pensó que sería su profesor de piano, Sara bajó del escenario y se dirigió hacia él.

- ¿Qué haces aquí? - Preguntó ella sonriendo.

- Sólo quería verte. - Dijo él encogiéndose de hombros.

- Te dije que no podía quedar hoy, ahora voy a tener que volver a tocar unas cuantas veces más y no voy a poder estar contigo. - Dijo Sara con fastidio.

- No importa, me gusta verte tocar, lo haces genial. - Respondió Sergio sonriendo. - Creo que es injusto que te pongan la última, eres la que mejor lo hace.

Muchas gracias, pero es por eso que soy la última, siempre ponen a la mejor actuación la última. - Dijo Sara sonriendo pícaramente.

- Te lo tienes muy creído... - Dijo Sergio devolviendo la sonrisa.

Sara golpeó su hombro juguetonamente y ambos rieron. Hablaron unos minutos más hasta que llamaron a Sara para volver a tocar. Un par de horas después el ensayo acabó y Sergio se ofreció a acompañar a Sara hasta su casa, a lo que ella aceptó encantada.

- Y dime, ¿sabes que vas a hacer durante las vacaciones? - Preguntó Sergio.

- Pues quitando Nochebuena, Nochevieja y Navidad que estoy con mi familia... no, no tengo nada planeado. - Contestó Sara fingiendo no saber lo que Sergio quería preguntarle.

- Y bueno... ¿Te gustaría que algún día... no se, demos una vuelta o vayamos al cine o algo? - Preguntó tímidamente Sergio metiendo sus manos en los bolsillos de su chaqueta.

Sara sonrió al ver lo tímido que era Sergio para algunas cosas. - Claro, me encantaría.

- ¿Enserio? - Preguntó de nuevo Sergio sonriendo un poco y mirándola.

- Por supuesto.- Siguió sonriendo Sara.- Eres mi novio, ¿no? Tendremos que pasar tiempo juntos.

Sergio se sonrojó por lo directa que era Sara, pero no paró de sonreír en ningún momento. - Sí, supongo que tienes razón. ¿Haces... algo esta tarde?

- Lo siento... Pero esta tarde tengo que ir a la tienda de animales, mi padre ha contratado a un tipo y tengo que enseñarle cómo va todo. - Dijo Sara con tono de fastidio.

- ¿Esta tarde? Pero si hoy es domingo, la tienda está cerrada, ¿no? - Preguntó Sergio extrañado.

- Si, pero según mi padre, de esta forma mañana cuando la tienda abra, no estará preguntando todo el rato y sabrá que hacer. - Contestó ella sin cambiar el tono.

- Bueno, pues otro día será. - Dijo Sergio cogiendo la mano a Sara.

Caminaron un rato más hasta llegar a casa de Sara, todo el tiempo cogidos de la mano. Sergio no sabía si besarla o no, después de todos eran novios, pero no estaba seguro si era demasiado pronto, pero Sara, al ver que éste no se atrevía, se puso de puntillas y le besó. Una vez que Sara entró en su casa, Sergio se dirigió a la suya, tocando sus labios con sus dedos y sonrojado todo el camino. - Le debo una a mi hermano.- Pensó mientras caminaba.

Natalia's POV

Ya había pasado media hora desde que Natalia se había sentado en el sofá con un libro y ya lo había acabado. Natalia no sabía que hacer, estaba aburrida y ya había hecho todo lo que se le había ocurrido: había limpiado y ordenado su habitación, había jugado un rato con sus loros, había acabado el libro que estaba leyendo... Se tumbó en el sofá mirando al techo y suspirando. Un par de segundos después escucho un ladrido y luego otro y, mas tarde, escuchó el timbre. Escuchó cómo su hermana gritó que ella abría y luego gritó su nombre. Natalia se levantó y fue a ver que quería su hermana y al llegar a la entrada se quedó paralizada. Allí, en la puerta estaba Alberto de espaldas a ella y su hermana agachada acariciando a Hércules, el perro de Alberto. Natalia se sorprendió mucho, las cosas entre ellos estaban algo raras desde el día anterior. Le hizo señas a su hermana con la cabeza para que se fuera y los dejara solos.

- Bueno, pues yo me voy... querréis estar solos...- Dijo Carmen, la hermana de Natalia, sonriendo pícaramente.

- ¡Carmen! - Dijo Natalia mirando con enfado a su hermana. - Perdón por eso... ¿Qué haces aquí? - Preguntó mirando a Alberto. - No es que no me alegre de verte, es sólo... ¿Qué quieres? - Siguió diciendo ella algo nerviosa.

Alberto se rió un poco pero intentó que no se le notara. - Yo... iba a pasear a Hércules y... me preguntaba si te apetecía acompañarme...

- Sí, claro, por supuesto. - Dijo Natalia rápidamente.

- Genial. - Sonrió Alberto mientras Natalia se ponía su abrigo, unos guantes y una bufanda.

Al principio era un poco incómodo, ambos miraban al suelo o al perro, pero sin mirarse el uno al otro y sin decir nada. Cuando llegaron a un llano, Alberto soltó a Hércules de la correa y se sentó junto a Natalia en una gran roca que había a un lado.

- Bueno... - Comenzó Alberto.- Al final nuestro plan fue todo un éxito.

- Sí... no salió como planeamos pero aun así fue bien.- Dijo Natalia sonriendo.

- ¿Te dijo algo Sara después? - Preguntó él con curiosidad.

- Pues... me dio las gracias, me abrazó, me dijo que estaba muy feliz y emocionada y que quería ponerse a cantar, me volvió a dar las gracias y me dijo que te besara. - Contestó Natalia sonriendo y mirándolo.

- ¿Qué? - Preguntó Alberto muy sorprendido por eso último.

- N-no, me refiero a que ella quería besarte para darte las gracias y me dijo que te besara de parte de ella, e-en la mejilla, nada romántico y... creo que será mejor que me calle. - Dijo Natalia muy rápido y sonrojándose mucho mientras ponía su cabeza en sus rodillas y cubriéndose con sus brazos.

Alberto se quedó boquiabierto por un momento, hasta que de repente empezó a reírse a carcajadas. Natalia levantó su cabeza y lo miró unos segundos.

- ¿Qué es tan gracioso? - Preguntó Natalia aun sonrojada con el ceño fruncido.

- Nada, es sólo... eres increíble.- Contestó Alberto entre carcajadas.

Natalia se sonrojó aun más por eso y sonrió un poco, pero volvió a esconder su cara entre sus rodillas para fingir que estaba cabreada. Aun así, Alberto sabía que no lo estaba, así que cogió la pelota de plástico que había traído para Hércules y se la tiró a la cabeza no muy fuerte. Natalia volvió a levantar la cabeza y con una expresión falsa de dolor y se quejó. Alberto volvió a reír mientras se ponía en pie y volvió a tirarle la pelota a Natalia, pero esta vez, ella la cogió. Natalia se levantó y los tres empezaron a jugar con la pelota, Hércules tenía que intentar cogerla mientras Alberto y Natalia se la pasaban el uno al otro. Cuando se cansaron, Alberto empezó a echar carreras con Hércules, el cual, como es normal, siempre ganaba, era un Pastor Alemán enorme y muy rápido. Natalia al ver a Alberto tirándose en el césped exhausto y Hércules lamiéndole la cara, empezó a reír. - Hoy a Alberto se le ve muy feliz, me encanta cuando está así... - Pensaba ella mientras veía a Alberto intentando apartar a Hércules para que no le lamiera.

- Será mejor que te levantes del césped y te abrigues, te vas a resfriar. - Dijo Natalia acercándose a ellos aun sonriendo.

- Si... sólo espera a que pueda volver a respirar... - Dijo Alberto colocando su brazo sobre sus ojos.

Natalia se puso de rodillas junto a él y aprovechando que él no veía nada, se inclinó y le besó en la mejilla, apartándose rápidamente y mirando a otra parte. Alberto sorprendido apartó su brazo y la miró sonrojado.

- Se lo prometí a Sara. - Dijo Natalia también sonrojada.- Yo cumplo mis promesas.

Alberto sonrió tímidamente y se sentó. - Eres increíble... - Susurró.

- ¿Qué? - Preguntó Natalia mirándolo.

- Nada, no he dicho nada. - Respondió él negando con la cabeza.

Estuvieron así un par de minutos, pero cuando Alberto miró el reloj y vio que ya era casi la hora de comer se levantaron y se dirigieron de vuelta a sus casas. Cuando llegaron a casa de Natalia se despidieron, pero antes de que Natalia entrara en su casa Alberto habló:

- Oye, ¿tienes planes esta tarde? - Preguntó Alberto.

- Esta tarde he quedado con Sara y Valen. - Contestó ella.- Alguien abandonó un perro en el veterinario de la madre de Sara y Valen convenció a sus padres para adoptarlo, hoy Sara se lo va a dar y quiero verlo. ¿Te apetece venir?

- ¿Puedo? - Preguntó él.- Es decir, no quiero interferir en vuestra tarde de chicas y molestar.

- No te preocupes, tú... nunca molestas. - Dijo Natalia tímidamente.

Alberto sonrió un poco. - Está bien, iré. ¿A que hora?

- Hemos quedado en la tienda de Sara a las 5. Si quieres... podemos... ir juntos... Si te parece bien, claro. - Dijo ella sonrojándose un poco.

- Por supuesto, me encantaría. - Sonrió él. - Entonces, a las 4 y media paso a buscarte.

- Está bien.- Sonrió ella de vuelta.

Se despidieron y cuando Natalia entró a su casa y se quitó el abrigo y la bufanda y se tiró en el sofá mirando al techo. - Sara estaría orgullosa de mi... He sido valiente.- Dijo con una pequeña sonrisa.

- ¿Valiente con qué? - Preguntó su hermana que acababa de entrar en el salón.

- Nada, sólo que he podido acariciar al perro sin asustarme... - Dijo Natalia sonrojada al darse cuenta que lo había dicho en voz baja. - Espero que esta tarde sea igual de genial que esta mañana... - Pensaba sonriendo.

- ¿Y ahora por qué sonríes? - Preguntó su hermana acercándose a ella y mirándola fijamente.

- Por nada, cállate.- Dijo Natalia levantándose y dirigiéndose a su cuarto dejando a su hermana muy confundida en el salón.

Sara's POV

A Sara le encantaba estar en la tienda de su padre, adoraba a los animales y podía jugar y cuidar a todos los que estaban en venta y, ademas, podía llevarse los suyos propios allí. Pero ese día a Sara no le apetecía mucho ir, prefería ir con su padre a por el nuevo perro de Valentina y no tener que pasar toda la tarde con un extraño enseñándole las cosas necesarias para trabajar en la tienda. Cuando llegó, abrió la puerta, dejando el cartel de cerrado y se acercó a las jaulas de los gatos, cogió a un gran gato blanco en brazos y se sentó con él en su regazo.

- Hola, Precioso... ¿Cómo estás? - Dijo acariciándolo sin prestar atención a la puerta abriéndose.

- Pues estoy muy bien. ¿Cómo estás tú... preciosa? - Dijo alguien detrás de Sara.

Sara se dio la vuelta corriendo al escuchar esa voz y miró sorprendida. - ¡Max! ¿Qué haces tú aquí?

- Vengo a trabajar, preciosa. - Dijo él simplemente. - Bueno, en realidad vengo a aprender para poder trabajar mañana.

- ¿Tú eres el tipo al que ha contratado mi padre? - Preguntó ella aun sorprendida.

- Eso parece, preciosa. - Dijo él encogiéndose de hombros.

- Deja de llamarme así, lo de precioso no iba por ti, es el nombre del gato. - Dijo ella levantando al gato que tenía en brazos.

Max miró al gato y luego a ella. - Bonito nombre. - Dijo igual de serio que antes.

- No se lo puse yo, ya tenía ese nombre cuando nos lo dieron. - Dijo ella volviendo a meter al gato en su jaula.

- ¿Os lo dieron? - Preguntó él.

- Mas bien lo abandonaron. Hay gente que abandonan a sus mascotas en el veterinario de mi madre antes de ponerle el chip para que no se sepa quien era el dueño, nosotros los vacunamos y los traemos aquí para intentar encontrarles un hogar. - Dijo ella mirando con una sonrisa triste a los animales. De repente ella sintió como ponían una mano sobre su cabeza y la acariciaban.

- Estoy seguro que te están muy agradecidos por darles una segunda oportunidad. - Dijo él con lo que a ella le pareció una pequeña sonrisa. Cuando él vio que ella se le quedó mirando con una cara de sorpresa apartó su mano rápidamente de la cabeza de ella y se dio la vuelta hasta otra jaula donde habían tres cachorros de gatos durmiendo. - ¿Tienes alguna mascota? Aparte de los que hay aquí me refiero.- Preguntó él ahora mirando a otra jaula.

Sara colocó su mano donde él la había puesto entre sorprendida y confundida, pero cuando le escuchó hablar la quitó enseguida. - Sí, tengo un gato y tres perros, normalmente me traigo alguno a la tienda pero cómo hoy no iba a abrir decidí no traerme a ninguno. ¿Y tu?

- Tuve un perro, pero murió hace poco de viejo. Estuvo conmigo desde los 3 años. - Dijo él con mirada triste.

- Lo siento. - Dijo ella en voz baja acercándose a él.

Él la miró y sonrió un poco.- No te preocupes, tuvo una buena vida. Bueno, ¿que es lo que tengo que aprender?

Durante la siguiente hora Sara le explicó todo lo que necesitaba saber, cuando alimentar a los animales, donde estaban colocados cada cosa y cosas así. Cuando acabaron y ya habían echado de comer a todos los animales, incluidas las serpientes que a Max le encantaron, cogieron a los perros y los llevaron al césped de detrás de la tienda donde los soltaban para que corrieran y jugaran y para que los que buscaban una mascota pudieran estar un rato con ellos antes de decidir si comprarlos o no. Sara y Max empezaron a jugar con ellos y cuando Sara ya estaba cansada de correr se sentó en el césped acariciando a dos de los perros que estaban cansados también y, poco después Max se unió a ellos.

- Me han dicho que ya estás oficialmente en el equipo de baloncesto.- Dijo ella.

- Sí, me han puesto de escolta.- Dijo él asintiendo con la cabeza. Vio cómo ella le miraba con el ceño fruncido.- Es el que ayuda al base... el chico ese alto que me miraba con cara de querer matarme por haberle ganado. - Explicó él.

- Se llama Sergio y no es que quisiera matarte, es sólo que no está acostumbrado a que le ganen.- Le contestó ella lanzando una pelota que uno de los perros le había traído.

- Ya, ¿ese es... tu novio?- Preguntó el apartando la vista y mirando a los perros jugar con la pelota.

- Sí... Desde ayer.- Dijo ella sonriendo tímidamente. Él la miró con el ceño fruncido.- Mis amigos le dijeron que me gustaba porque él no era capaz de decírmelo y le convencieron para que se confesara ayer cuando quedamos.

Él se quedó callado mirándola seriamente mientras ella sonreía mirando a ninguna parte cuando escucharon que alguien entraba en la tienda y llamaba a Sara. Cuando volvieron a entrar vieron al padre de Sara con un beagle en brazos y sonriendo. Sara le dijo a Max que volviera a meter a los perros en sus jaulas mientras ella ayudaba a su padre a sacar el resto de cosas que traía de la furgoneta. Cuando acabaron Sara se acercó al beagle y lo acarició.

- Es muy bonito.- Dijo Max acercándose a ella.

- Bonita en realidad.- Dijo ella sonriendo.- Y si que lo es, Valen estará muy contenta.

- ¿Quién es Valen?- Preguntó él acariciando al beagle también.

- Es mi amiga, está en nuestra clase. Es como yo de alta, pelo castaño claro y muy largo...- Al ver que él no sabía quien era suspiró.- ¿Te acuerdas del nombre de alguien de la clase, aunque sea un maestro?

- Por supuesto, me acuerdo del tuyo, Preciosa.- Dijo él con una sonrisa pícara.

- ¿Qué la has llamado?- Preguntó el padre de Sara acercándose a ellos. Sara soltó una pequeña risa y Max apartó su vista de ella y se dirigió a él.

- La he llamado Preciosa.- Dijo él con su seriedad usual.

- ¿Y lo dices así de claro?- Preguntó su padre de nuevo alzando las cejas.

- ¿Hay algo malo en ello? - Dijo Max igual de serio.

- ¿Te das cuenta que ella es mi hija, y yo soy tu jefe?- Cuando vio que Max asintió continuó. - Pues eso, ten cuidadito con ella.- Siguió diciendo él intentando aguantar una sonrisa.

- Papá, se nota que te estás riendo.- Dijo Sara mirando a su padre.

- Vale, vale. - Dijo su padre sonriendo.- Si a mi me da igual, siempre que la trates bien, claro.

- Por supuesto, lo haré. - Respondió Max.

Sara miró a Max algo sorprendida y luego a su padre confusa. - Estáis fatal los dos.- Dijo mientras se alejaba hacia donde estaban los pájaros.

Unos minutos más tarde se escuchó que llamaban a la puerta de la tienda.

- Deben de se Valen y Nati.- Dijo Sara mientras iba a abrir la puerta. Cuando las vio se sorprendió de las otras dos personas que estaban con ellas.- Hola Amador. No sabía que tú también venías.

- Valentina me ha invitado.- Dijo él sonriendo amablemente.- Me dijo que iba a venir a por su nueva mascota y le pregunté si podía venir. Espero que no te importe.

- Por supuesto que no.- Respondió Sara devolviendo la sonrisa.- Hola a ti también Alberto. Déjame adivinar... ¿Te ha invitado Nati?

Alberto sonrió un poco y asintió con la cabeza. Sara se acercó a sus dos amigas y las saludó con abrazos. Cuando entraron en la tienda saludaron al padre de Sara y era el turno de ellos de sorprenderse al ver al chico nuevo allí, acariciando a un beagle que estaba sobre el mostrador.

- ¡Qué monada!- Dijo Valentina mirando al perro.

- ¿Quién? ¿Max? Sí, es muy mono, pero no se lo digas, ya es bastante creído.- Dijo Sara bromeando.

- Gracias, preciosa, no sabía que pensaras eso de mí.- Respondió Max con una sonrisa pícara. Sara puso una mueca mientras los demás miraban sorprendidos por lo que Max la había llamado y que su padre se estuviera riendo en vez de mirar a Max con cara de asesino, cómo haría cualquier otro padre.

- Sí, bueno... yo me refería al perro...- Dijo Valen aun sorprendida por la escena.

- Me alegra que te guste, porque esta es tu nueva mascota, puedes ponerle un nombre.- Respondió el padre de Sara mientras todos se acercaban a acariciarla. Valentina pensó por un momento mientras los demás le daban ideas de cómo llamarla.

- Llámala Amadora.- Dijo Amador.- Así te acordarás de mí.- Todos lo miraron por un momento, pero decidieron ignorarlo y seguir pensando.

- ¿Qué os parece Nora?- Preguntó Valentina acariciándole la cabeza. A todos les gustó el nombre, aunque Amador dijo que seguía prefiriendo el nombre de Amadora, a lo que Alberto respondió dándole un tortazo en la cabeza. Valentina abrazó a Sara diciéndole que le encantaba Nora.

Salieron al jardín de atrás para jugar con ella, en realidad era Valentina la que estaba jugando con Nora mientras los demás estaban sentados y charlando. Amador se quedó mirando a Valentina jugar con Nora mientras sonreía sin darse cuenta hasta que se dio cuenta de que Alberto le estaba mirando con una sonrisa pícara. Amador se sonrojó mientras Alberto se reía cuando Valentina se acercó al grupo.

- ¿De qué te ríes?- Preguntó Valentina mirando a Alberto curiosa.

- Nada... sólo me acabo de dar cuenta de algo interesante...- Dijo Alberto mirando a Amador con picardía.

- ¿De qué?- Siguió preguntando Valentina aun más curiosa.

- N-nada, es una tontería.- Intervino Amador.- ¿Vienes a jugar con Nora, Alberto?- Antes de que éste pudiese contestar, Amador lo agarró del brazo y lo llevó hasta donde estaba la pelota, Nora siguiéndolos al ver que empezaron a pasarse la pelota.

El padre de Sara llamó a Max para que le ayudara a limpiar las jaulas de los pájaros y Sara aprovechó que se quedaron ellas tres solas para hablar.

- Nati, me has sorprendido.- Comenzó Sara.- Atreverte a invitarle... nunca pensé que llegaría este día.- Dijo mientras fingía que se secaba una lágrima de felicidad.

- Ya bueno... también le di el beso de tu parte...- Dijo sonrojada mirando al suelo.

Valentina y Sara miraron a Natalia sorprendidas con los ojos muy abiertos.

-¿Le has besado?- Preguntó rápidamente Valentina.

- S-sólo en la mejilla... no penséis nada extraño...- Respondió ella igual de rápido que Valentina.

- Besar al chico que te gusta es extraño... claro.- Dijo Sara sarcásticamente.

-¿Podemos cambiar de tema?- Preguntó Natalia avergonzada.

- Muy bien... ¿Cómo es que has invitado a Amador?- Preguntó Sara dirigiéndose a Valentina.

- Él vino a mi casa esta mañana para que le contara que me pasa y cuando le dije que iba a venir dijo que quería venir.- Respondió Valentina intentando sonar tranquila, no quería contar la parte de ella llorando y él abrazándola.- ¿Y tú qué, preciosa?- Dijo con tono burlón a Sara.

- Cuando entró en la tienda me escuchó hablar con Precioso, el gato blanco, y creo que pensó que hablaba con él porque me respondió llamándome preciosa y al parecer le ha gustado llamarme así.- Explicó Sara.

- ¿Y todo ese coqueteo... diciendo que es mono...?- Preguntó Natalia pícaramente.

- ¡No estaba coqueteando!- Se defendió Sara.- Además, el chico es guapo de cara, rubio y con ojos celestes... No diréis que no es mono.

Natalia y Valentina se rieron y siguieron hablando hasta que se hizo tarde. Se despidieron y todos volvieron a sus casa, Valentina con una pequeña nueva amiga.