Aquí viene el capítulo tres! Yay! xD Me entretiene traducir los textos. Lo malo es que me distrae de cosas que debería estar haciendo en su lugar (como deberes por ejemplo xD).

Últimamente he estado publicando casi seguido, solo son tres pero aun así, pero puede que varíe y publique cada dos o tres días, debido a que me tengo que centrar un poco más en mis estudios.

Esta increíble historia pertenece a The Minsk, quien ha sido muy buena persona y me ha dejado traducir sus historias. Por si por curiosidad ve esto… HI! :D

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Capítulo Tres: Depresión escolar

A la mañana siguiente, prepararse para ir a clase fue un desafío, como poco. Por un momento, Finn se olvidó completamente sobre su invitada y pensó que la preciosa chica que se cepillaba los dientes en el lavamanos era un espejismo, producto de su imaginación. Tuvo que tartamudear un disculpa y correr hacia su habitación antes de que ella se diera cuente de que no llevaba puesto nada a parte de sus bóxeres, luego se negó a salir de ahí hasta que se aseguró de que ella se encontraba en la planta baja.

Finn no sabía cómo comportarse delante suyo, sencillo y simple. No es como si tuvieran mucho en común, además de que ella se encontraba aquí para aprender el idioma y para experimentar su cultura, por lo que no necesitaba distraerse. La barrera del lenguaje era razón suficiente para mantenerse al margen, pero en el fondo sabía que no podía simplemente evitarla y actuar de forma extraña delante de ella durante ocho semanas. Tal vez lo mejor sería mantenerse alejado de ella y esperar pacientemente que pasen las siguientes ocho semanas hasta su partida hacia su país.

Para cuando finalmente estuvo vestido y Kurt y Rachel ya se habían marchado al instituto, con la intención de llegar lo más pronto posible, para que ella encontrara su taquilla y se adaptara a su nuevo ambiente escolar. Finn desayunó en silencio antes de dirigirse a la escuela y entró justo cuando Kurt le presentaba a Rachel algunos miembros del Glee Club, quienes se encontraban alrededor de la taquilla de ella. Rachel era el centro de atención y parecía estar disfrutando que la gente le hiciera preguntas y que Kurt le hiciera de intérprete.

Rachel llevaba puesto una camiseta de cuello alto azul marino, junto a una lisa falda roja y unas medias blancas. Una boina blanca reposa en su cabeza y un cinturón ancho rodeaba su cintura, además sus pendientes de la Torre Eiffel se balanceaban con cada uno de los movimientos de su cabeza.

En general, parecía una bandera francesa andante.

−¡Feen! –gritó ella cuando le vio y le pidió con la mano que se acercara. −¡He hecho amigos! –No pudo evitar sonreír en el momento en que se acercaba a su grupo de amigos y saludó a Tina, Mike, Mercedes y Artie, quienes la rodeaban. −¿No es super? –

−Sí –asintió la cabeza en muestra de estar de acuerdo. –Estamos todos juntos en el Glee Club −. Rachel abrió la boca con asombro mientras miraba al grupo a su alrededor.

−¿Cantáis? –le preguntó ella y el resto se rio por la pregunta.

−Oh, chica, ¡no tienes ni idea! –dijo Mercedes agitando una de sus manos.

−Somos el mejor Glee Club de la región –añadió Tina. –Probablemente del Estado −.

−El Estatal es en cuatro semanas. ¿Te unirás a nosotros? –preguntó Artie y Rachel se giró hacia Kurt para que le tradujera.

−¿El Estatal? –preguntó Rachel, y Kurt rápidamente le describió el proceso de competición. Abrió bastante la boca asombrada, mientras aprendía más y más acerca del club de canto. −¡Ahí estaré! –dijo cuándo la campana sonó. Su entusiasmo era contagioso ya que el resto sonrió y se despidió.

Aún les quedaban un par de minutos antes de que se les marcara que había llegado tarde, por lo que el grupo se disipó, dejando a Finn, a Kurt y a Rachel en el pasillo. Los tres comenzaron a caminar cuando de repent, detrás de ellos, vino Santana, cogió la boina de la cabeza de Rachel y la aguantó en alto para burlarse de ella.

−Mala suerte francesita –dijo burlándose, mientras que Kurt se rio a lo bajo y para sí mismo.

−Oye, devuélveselo, Santana –dijo Finn, dando un paso hacia ella y cogiéndolo de sus manos. Se lo pasó a Rachel quien le murmuró un "merci" como agradecimiento. –Dale un respiro, es su primer día −.

−Bien, Montón de Masa, si quisiera darle un respiro la hubiera ignorado, pero creí que le hacía un favor al facilitarse saber cómo funciona este instituto −. Rachel parecía herida y un tanto confusa mientras miraba a Finn y a Santana en busca de un aclaración. –Diviértete en América, Pastel de Crema –dijo dulcemente Santana hacia Rachel, moviendo sus caderas cuando se marchó junto a Brittany. –¡Sigue juntándote con el Montón de Masa , de ese modo podréis abrir una pastelería! –la cara de Rachel pasó a reflejar un gran enfado cuando miró marcharse a las dos animadoras. Luego se volvió a poner la boina y dio un pequeño rugido.

−Chicas malas –susurró ella. –Zey las hay partout −.

−Oye, no dejes que te molesten. A mí siempre me molestan –dijo encogiendo los hombros y con una sonrisa que ella no pudo devolver porque Kurt la empujó por el pasillo, en dirección opuesta a donde se encontraba la primera clase de Finn.

−Andando, vamos a llegar tarde −. Rachel se despidió de él con la mano y siguió obediente a Kurt para ir a clase. El único momento en el que tenían algo juntos era la comida, así que Finn sabía que no vería a Rachel hasta entonces. Al menos tenía la comida y el Glee Club para intentar aguantar el resto de la mañana. Muchas veces se encontraba pensando en Rachel, y en cómo le estará su primer día de clases. ¿La gente estaba siendo mala con ella? El incidente con Santana seguía en su mente cuando la campana sonó y se dirigió a la cafetería.

Finn encontró a su grupo de amigos inmediatamente; estaban todos sentados en su mesa habitual, pero esta vez había una silla de más y que ahora estaba usando Rachel. Se la veía más contenta que nunca mientras el Glee Club la rodeaba, incluso Santana estaba ahí con Brittany a su lado, y parecía bastante dócil en aquel momento. Se acercó a la mesa y se sentó enfrente de Rachel con una sonrisa.

−Hola chicos –dijo saludando mientras dejaba su mochila a un lado de su silla. Su amigos le devolvieron el saludo y Finn notó que Rachel estaba en medio de una conversación con Tina, cuando Puck se acercó a él y le dio un par de palmadas en la espalda.

−Sigue así, Hudson. ¿Quién iba a pensar que la chica francesa iba a estar tan buena? – Puck hablaba en voz baja para que nadie en el ruidoso comedor les pudiera oír.

−Finn encogió los hombros. –Yo no he planeado nada −.

−Sí, pero, ¡está viviendo es tu casa! – Puck hecho una miradita a Rachel, de reojo, y sonrió lascivamente. −¿Crees que se depila? He oído que las chicas francesas no lo hacen −.

Finn le dio un codazo a su amigo. –Para el carro, capullo.

−Hablo en serio, tío! Lo vi en una extraña película extranjera con desnudos, ¡la axila de la mujer parecía un arbusto! –Finn sacudió su cabeza intentando ignorarle, pero fue en vano. –Tampoco se depilan ahí abajo. Cuando lo averigües, avísame −.

−Yo no averiguaré nada, Puck. Ella es una estudiante y está viviendo con mi familia. Eso es todo −. Estaba bastante enfadado por la forma en la que Puck hablaba de Rachel y no le gustaba nada. Observándola de reojo, pudo apreciar lo feliz que parecía, y lo bonita que era su sonrisa cuando sonreía a sus nuevos amigos.

Finn estuvo a punto de abrir la boca y preguntar cómo le había ido en su primer día, pero de repente la señorita Pillsbury se acercó a la mesa, mirándole directamente a él con una indecisa sonrisa. Todo su cuerpo se congeló del miedo en el momento en el que sus amigos la saludaron. Pero ella dirigió su atención hacia Finn produciendo pasar a ser el centro de atención de todo el grupo.

−Finn, ¿puedo hablar contigo un momento en mi oficina? –su sonrisa era amable y cálida, pero no aliviaba en absoluto la tensión que se había surgido en su cuerpo. La señorita Pillsbury era una mujer amable; le gustaba y era realmente buena dando consejos y siempre tenía jabón desinfectante si lo necesitabas, pero existía una razón por la cual Finn no quería hablar con ella.

Una enorme y gran razón.

−Um – dijo él, rascándose la parte trasera de su cuello, intentando pensar en algo que pudiera ayudarle a evitar lo inevitable. −¿Tengo que ir ahora? ¿no puedo ir después de clases?

La señorita Pillsbury le lanzó una mirada. –Ambos sabemos que hoy tienes práctica del Glee Club después de clase, Finn. Sígueme, te prometo que no muerdo −.Todos en la mesa lo estaban observando con diferentes niveles de diversión, excepto Rachel, quien le miró confusa y un poco triste. Con un fuerte suspiro, Finn cogió su mochila y se levantó de la mesa, mirando levemente a Rachel una vez más. Casi podía sentir los ojos de ella seguir su espalda hasta que salió del comedor y seguía a la señorita Pillsbury hacía su despacho.

Pasó un minuto incómodo antes de que ella le diera una dudosa sonrisa.

−Finn, creó que ambos sabemos porque te he llamado –dijo amablemente. Finn negó con la cabeza mientras su pulso se aceleraba con anticipación.

−Um, creo que no –mintió Finn, intentando apartar sus problemas lo más lejos posible. La señorita Pillsbury le lanzó una mirada severa después de abría un documento en su ordenador.

−Finn, la última vez que estuviste en mi despacho fue en noviembre y el chico con el que hablé, no es el mismo que ahora está frente a mí −. Él intentó mirar hacia otro lado que no sean a sus amables y serviciales ojos cuando la culpa le carcomió para que dejara a un lado su indiferencia. Su estómago le empezó a doler cuando recordó su última visita al despacho de la señorita Pillsbury y aquello de lo que hablaron. −¿Podemos hablar sobre el reclutador de la Universidad Estatal de Ohio?

−No –dijo él, a la defensiva. Eso era algo de lo realmente no quería hablar.

−Finn –dijo ella, severa. –En noviembre estuvimos rellenando juntos su solicitud en la Estatal de Ohio. Después de que el reclutador vino y se marchó, fue como si te hubieras transformado en una persona completamente diferente a lo que al instituto se refiere. Al final nunca solicitaste plaza y no has vuelto a hablar conmigo desde entonces −. Exhaló ella profundamente antes de continuar. –Sé que querías jugar al fútbol en el Estatal de Ohio, pero hay otros centros en los que pueden solicitar plaza −.

−No quiero solicitar plazo en otro sitio −.Dijo bruscamente Finn, sintiendo la decepción como si fuera un ácido.

−Bien, entonces me gustaría conocer tus ideas, Finn. ¿Qué te gustaría hacer el año que viene? – cuanto más lo forzaba en pensar en su futuro, a él le apetecía menos afrontarlo.

−No lo sé –admitiéndolo en alto por primera vez. –Yo sólo… quiero ser feliz −.

La señorita Pillsbury le enseño una triste sonrisa. –Lo sé Finn. Yo también quiero que seas feliz, por eso estoy aquí. Tienes tanto potencial que quiero que reconsideres tus opciones −. Finn creyó poder desconectar en los siguientes minutos hasta que la señorita Pillsbury le dijo el bombazo. –Ya he llamado a tus padres para hacerles saber que estoy preocupada por ti, Finn. Quiero hablar con ellos y ver si puedes encontrar algún plan para el futuro –.

−¿Ha llamado a mis padres? –repitió él con terror. De repente se sintió como aumentaba la temperatura en la pequeña oficina cuando pensaba en la reacción de sus padres.

−Estoy consternada, Finn. Es enero y la mayoría de tus compañeros ya saben a qué escuela irán el año que viene. La universidad no es la única opción disponible, ¿sabes? Habla con tus padres y mirad si podéis llegar a algo −.

−Sí –resopló Finn, −¿ahora puedo marcharme a comer? –la señorita Pillsbury le dio una leve y simpática sonrisa cuando el cogió el pase y se marchó del despacho. ¿Cuál era el objetivo de saber qué hacer con su futuro cuando está destinado a ser un perdedor de Lima el resto de su vida? No había podido impresionar al reclutador del Estatal de Ohio y el fútbol era la única cosa que podía llamar suyo. Él no tenía el talento suficiente para entrar en un programa de música y sus notas siempre han sido mediocres. Todo lo que veía para su futuro era la tienda de neumáticos, una barriga cervecera y una vida llena de miseria.

Finn volvió a su mesa en la cafetería cuando todos ya estaban dejando sus platos. Rachel lo miró y saludó con entusiasmo, intentando entablar una conversación con él cuando lo único que quería hacer era desaparecer.

−¡Feen! ¿Dónde fuiste? –encogiendo los hombros, él solamente intentó meter toda la comida posible en su boca antes de que la campana sonara y perdiera la oportunidad de comer. Rachel frunció el sueño por la falta de respuesta y aunque se sintiera fatal por ello, decidió simplemente ignorarla en vez de forzarse a hablar con ella de algo que no entendería. Al final Rachel se marchó y comenzó a hablar con Kurt y las chicas mientras que Finn se encerraba en sí mismo enfrente de todos.

La nube de depresión le persiguió toda la tarde. No había tenido tiempo para comer durante el poco tiempo que le quedó así que estaba hambriento, y lo único que tenía en mente era la conversación que estaba a punto de tener con sus padres aquella noche. Cuando se dieran cuenta de lo poco que había progresado en sus planes de futuro , iban a estar furiosos.

De hecho, estaba tan molesto que su miseria lo persiguió toda la hora del Glee Club, la cual era normalmente su forma de aliviar su estrés diario. Cuando entró, encontró a Rachel, pero no le podía importar menos. Últimamente era el centro de atención cuando el resto de miembros del grupo la rodeaba para hablar y él se dirigió directamente a la parte más alejada con la esperanza de que nadie le prestara atención.

Por lo que el equipo sabía, el señor Schuester estaba encantado de tener a Rachel en la práctica y ordenó al grupo que presenten el espectáculo que les hizo ganar las Eliminatorias para mostrarle el verdadero talento del Glee Club. Finn simplemente se quedó en la parte trasera e intentó no equivocarse demasiado enfrente a ella que veía la actuación. En algún momento, su mandíbula se abrió y ella se tapó la boca con la mano, mientras ellos realizaban su número de 8 minutos de Michael Jackson, incluida la coreografía. Durante su solo, Finn tuvo que intentar no verla a los ojos; su mirada era tan intensa que incluso distraía.

Para cuando acabaron el número, Rachel ya estaba de pie, aplaudiendo muy fuerte y casi llorando.

−¡Bravo! –gritó ella, la emoción claramente visible en su rostro. −¡Formidable! ¡Super!

−Bueno, ¿qué opinas del club, Rachel? –preguntó el señor Schuester. −¿Te gustaría hacer una audición? –ella asintió la cabeza mientras el resto de miembros se iba sentando pacientemente.

−És génial –dijo Rachel, con una sonrisa que casi irradiaba felicidad. –Canto para vosotros ahora −.

−Bueno, ven y enséñanos qué tienes –Finn volvió a sentarse atrás y miró a Rachel prepararse así misma delante del club. Cogiendo bastante aire, cerró los ojos durante un segundo antes de abrirlos de nuevo y comenzar a cantar.

El sonido proveniente de su boca casi lo deja K.O. en su asiento.

Estaba atónito mientras veía su audición para el resto del grupo. Mercedes y Santana, las divas del club, se miraron la una a la otra con un obvio pánico en sus ojos, mientras que el señor Schuester la miraba como si estuviera hecha de oro. Finn se acercó para susurrar al oído dfe su hermano, cuando ella continuaba daba todo su corazón y llenaba la sala con el sonido más asombroso que él jamás había oído.

−Tío, ¿sabías que podía cantar así? –Kurt negó con la cabeza mientras Blaine buscaba en su mochila un pañuelo.

−De ningún modo. No tenía ni idea –Blaine se sonó la nariz a su lado y le pasó un pañuelo Kurt, quien lo había aceptado y se limpiaba las lágrimas de sus ojos. –Es fantástica −.

−Es nuestro billete al Nacional –le dijo Sam a Finn, levantando su mano para chocarla. Finn le devolvió el gesto, pero apenas podía apartar sus ojos de Rachel, ni siquiera un segundo. Su voz lo hipnotizo y por un momento se olvidó de todas las presiones de la escuela, del trabajo y de la vida en general y sólo se centró en el sonido de salía de la boca de ella.

Era el sonido más maravilloso que había oído nunca en la vida.

Cuando Rachel acabó la canción con brazos abiertos, manteniendo la nota i haciendo que a Finn se le pusiera la piel de gallina, la nube de depresión que lo envolvía se había disipado cuando el resto de miembros del club le daba una gran ovación. Santana se negó a aplaudir, en su lugar rodó los ojos y salió pisando fuerte mientras sus compañeros felicitaban a su nueva adquisición. El señor Schuester dio la bienvenida a Rachel a New Directions y le entregó el horario y otra información necesaria.

−¡l Estatal es dentro de un mes y tú vas a ser nuestra arma secreta! –Rachel parecía eufórica y Finn estaba aliviado que ahora el equipo tenga otra estrella arrasar durante las competiciones.

Desagraciadamente, el señor Schuester dio por finalizada la práctica después de la audición de Rachel y Finn se vio forzado a afrontar los demonios que le esperaban cuando llegara a casa, por lo que en lugar a plantarle cara a lo inevitable, decidió hacer una hora o dos en la tienda para mantenerse ocupado.

Salió del instituto con Kurt y Rachel, quienes iban detrás de él de camino al coche. –Kurt, dile a Burt y a mamá que estaré en la tienda un rato. Hay un par de cosas de las que me tengo que encargar −. Fue a abrir la puerta de su coche cuando una pequeña mano con una manicura perfecta lo cogió por la muñeca y se lo impidió.

−¡Mais non! ¡Ya hago ze comida esta noche! –le dijo con enfáticamente, sus ojos lo miraron con severidad y puso su otra mano en sus caderas en señal de protesta. Su cara mostraba su enfado y él no pudo evitar sonreír a lo adorable que estaba, aun si intentarlo.

−Estaré en casa sobre las 6, Rachel. Lo prometo −. Ella lo miraba no muy convencida, pero al final soltó su muñeca. Su piel sintió un cosquilleo a causa del contacto cuando de un salto se colocó en su asiento y se dirigía a la tienda.

Lo más probable era que se quedaría en la tiende toda la vida, así que era mejor que se acostumbrara.

Finn llegó a casa exactamente a las 6 de la tarde, corriendo a la planta superior para poder esquivar a sus padres y su inevitable conversación. Dejó su mochila en el suelo con un suspiro y se miró en el espejo, cogiendo un bastante aire cuando oyó la voz de Rachel llamándole por su nombre des del piso de abajo.

Ya está, se dijo a sí mismo antes de descender por las escaleras hacia la planta principal. Rachel estaba llevando platos de comida en sus manos que llevaba hacia el comedor donde el resto de la familia ya estaba sentada y lista para comer. Miró a su madre, pero luego deseó no haberlo hecho; ella lo observaba con una profunda preocupación reflejada en los contornos de su cara y seguía murmurado algo con Burt, que le miraba del mismo modo. Finn estaba tan asustado como para mirar a su padrastro a los ojos cuando cogió una verdura un tanto cremosa y se lo llevaba a la boca. Estaba delicioso, pero no podía saborear el sabor si sus padres lo observaban como si fueran a saltar encima de él.

−Preparo mis platos favoritos –dijo Rachel animadamente cuando puso más platos en la mesa. – Y pour les desserts, ¡yo 'ave [tengo] pâtisseries que he hecho yo misma! –miró a Finn, irradiando orgullo.

−Está muy bueno –dijo él, cogiendo más comida con su tenedor para llevarla a la boca cuando periféricamente vio a sus padres mirarlo. Se tragó la comida y su madre empezó a hablar.

−Finn, hemos recibido una llamada hoy de la señorita Pillsbury –Kurt levantó una ceja sospechando algo y los ojos de Rachel se dirigían a Finn y a sus padres, confusa. El corazón de Finn empezó a latir deprisa y sintió como las paredes empezaban a acorralarlo. −¿Cuándo pensabas decirnos que no solicitaste plaza en la Estatal de Ohio? – él vio un trozo de comida caerse del tenedor de Kurt mientras este miraba a su hermano en shock.

Él encogió los hombros e intentó mantenerse lo más tranquilo posible. −¿Qué más da? De todos modos no iba a entrar −.

−Finn −la voz de Burt era severa y autoritaria. –Queremos que tengas todas las opciones posibles para ti el año que viene. Quizás después de la cena podemos hablar cursos de corto plazo o internados −.

Finn dejó que se le cayera el tenedor de la mano. La comida de Rachel estaba deliciosa pero ya no tenía hambre. –No quiero hacer un curso de corto plazo – dijo, sonando como un bebé quejica delante de Rachel y de Kurt.

−Bueno, si reconsideras hacerte cargo de la tienda de neumáticos, entonces tal vez un par de clases acerca de negocios no serían mala idea –añadió su madre, y solo nombrar la tienda hizo que todo su control se perdiera como una cinta elástica.

−¡No quiero hacerme cargo de la estúpida tienda! –gritó él, levantándose de la mesa y asustando a Rachel de tal modo que dio un pequeño chillido desde el asiento de al lado. –¡No quiero esa vida para mí! No quiero quedarme en la penosa Lima toda mi vida −.

−¡No te atrevas a hablarle a tu madre de eso modo! –dijo Burt, también levantándose. –Estamos intentando ayudarte, Finn, pero tú también tienes que querer que te ayuden. La señorita Pillsbury echarte una mano, nosotros intentamos lo mismo, y tú estás intentando echar nuestra ayuda a un lado delante de nuestras narices −.

Burlándose, ignoró la comida que tenía en frente y se alejó de la mesa. Su estómago estaba rugiendo como loco, ya que casi no había probado bocado, y ahora estaba huyendo de una de las comidas más deliciosas de su vida por culpa de la presión que apenas puede aguantar. Estaba avergonzado a causa de la pelea con sus padres delante de Rachel, y la pilló observándole con una mirada preocupada cuando él fue llamado por encima de sus hombros.

−Quizás no quiero ninguna ayuda –dijo secamente cuando subió las escaleras de dos en dos. Él cerró la puerta nada más entrar y la cerró con llave, se tumbó en su boca abajo en su cama y se aisló de las conversaciones del piso de abajo gracias a la música alta.

Pasaron horas antes de que su familia apagara todas las luces. Finn se había quedado en su habitación toda la tarde, sin decir a nadie 'buenas noches' y sin disculparse a ninguno de sus padres mientras su estómago rugía de dolor. Pensaba que podría comerse un caballo entero, y esperó pacientemente a que todos se fueran a dormir para poder bajar y buscar algunas sobras.

La cocina estaba a oscuras cuando bajó las escaleras, salvo de una pequeña luz en el horno. Todas las sobres de Rachel ya estaban envasadas y guardadas en la nevera, y Finn cogió algunas y las puso en un palto para comer comérselo frío. Estaba tan deprimido por la mierda de día que ni se molestó en calentar nada y se comió la mayoría de sus pensamientos. Un paquete rosa pálido que había encima de la encimera llamó su atención y cuando lo cogió, al abrirlo encontró las pastas más perfectas que había visto en su vida. Tenían una pinta deliciosa y rápidamente se metió una en su boca, luego cogiendo otra.

−No me extraña que Santana me llame culo-gordo todo el tiempo –se dijo a sí mismo en medio de la oscuridad de la cocina cuando se metió otro en la boca. Sin carrera en fútbol, iba a acabar como todos los fracasados de Lima; infeliz, gordo, quedándose calvo y atrapado en un trabajo que odiaba. –Pero estos pasteles están jodidamente fantásticos −.

−¿Jodidamente fantastique? Él oyó una dulce voz femenina que repitió su basto lenguaje. −¿Eso es bueno? –Él se giró rápidamente, dejando la caja rosa con las pastas de vuelta a la encimera e intentó aparentar que no se había comido cinco.

−Ehm… − tartamudeó. –Sí, eso creo. Pero no deberías usar esa palabra –.

−¿Fantastique? Repitió ella con la cabeza ladeada a un lado. −¿O jodidamente? –la cara de él se sonrojó mostrando su culpabilidad cuando la palabrota salió de los labios de ella. Rachel hizo que sonara tan sexy con su acento que él tuvo que morderse su lengua.

−La segunda –dijo Finn, apoyándose en un pie y en otro, incómodo. –Aunque la comida estaba muy buena −. Ella asintió una vez entendiendo lo que decía y continuó de pie en la cocina sonriéndole. Eso le ponía algo nervioso. −¿Qué haces despierta? Es tarde −.

−Ella negó con la cabeza, pero no dijo nada, cosa que dejo a Finn confundido. Incluso cuando nadie podía entenderla, ella seguía hablando e intentando decir algo, así que su silencio lo ponía nervioso. −¿Có- cómo ha estado tu primer día? –

−Me gusta la escuela –dijo Rachel suavemente. –También me gusta el Glee Club –-

−Me alegro –dijo el genuinamente. –Tu voz es asombrosa y nos ayudará bastante en el Estatal −.

−Merci –dijo ella, mostrando sus mejillas rojas, cuando lo miró con sus ojos. –Cantas très bien −. Él se sonrojó por la alabanza e intentó quitarse el color de encima, pero no funcionaba si con un pequeño cumplido hacía que su corazón latiera muy deprisa. –Sé porque estás triste –dijo de repente, por lo que parte de él quería dar marcha atrás y volver a su habitación, pero algo lo mantuvo quieto. Esos enormes ojos marrones probablemente le estaban leyendo la mente.

−¿Qué?

−Kurt me dice. Dice… −parecía tener problemas con las palabras. –Tú no saber qué quieres hacer después de la escuela −.

−Oh – dijo él, sintiéndose reacio de que Kurt traicionara su confianza con una completa desconocida. –Bien, tiene razón −. Ella asintió la cabeza una vez y se acercó a él, capturándole entre su pequeño cuerpo francés y la dura, fría encimera.

−¿Quieres saber un secreto? –le preguntó ella, sus ojos brillaban de entusiasmo.

−¿Cuál? –Finn estaba tan cerca de ella que podía oler su perfume de flores que bañaba su piel.

−Yo tampoco tengo planes –le dijo.

−¿En serio? –preguntó Finn, su esperanza se encendía como una vela.

Non – le respondió con una sonrisa. –Tengo sueños, y quiero hacer 'zem [los] realidad −.

−Oh. Guay –contestó él, perdiendo la esperanza una vez más. Incluso una chica francesa tiene ambiciones por las que luchar cuando se gradúe. ¿Qué tiene él?

−Tu ven conmigo –dijo Rachel de repente, y Finn miró de nuevo a la pequeña chica que lo tenía atrapado en su propia cocina.

−Sí, claro –le replicó Finn secamente y ella le golpeó en el brazo con la punta de su dedo.

−¡Je suis sérieuse! –dijo ella, y aunque no hubiera entendido lo que había dicho, casi podía sentir su emoción crujir en el aire. Estaba hablando en serio.

−Bueno, ¿cuáles son tus sueños? –preguntó Finn, curioso de saber sus ambiciones. Si ella le estaba invitando para ir con ella, él debería saberlo, pero una sonrisa cómplice apareció en su rostro y sacudió lentamente la cabeza en señal de negación.

C'est un secret –contestó Rachel, moviendo su dedo juguetonamente. Él no entendía a qué juego estaba jugando, pero quería saber cuál era su próximo movimiento. –Bonne Soirée, Feen –dijo ella, retrocediendo finalmente y dándole su espacio. Pestañeándole una vez, volvió a la parte superior de la casa sin decir palabra alguna, dejándole solo en la cocina, lleno de preguntas que nadie salvo una chica francesa podía contestar.

−Esta chica debe de estar loca –dio un suspiro Finn, hablando consigo mismo y abriendo el paquete rosa para coger otro pastel y llevárselo a la boca. –Pero, dios, sabe cómo hacer un buen pastel −.

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Notas de la traducción:

Si creía que había tenido problemas con el anterior, con este… buuf xD

Como he dicho con anterioridad, las cosas en francés las estoy dejando tal cual salen en el original, pero en ciertos casos, tal vez no se entiendan. Por eso he puesto lo que significaría, por si alguien no lo sabe. :)

En general, creo que no hay nada más de lo que deba hablar.

Si alguien ve algo raro o cree saber un forma de que alguna parte quede mejor, que me avise!

Oh! Y mención especial para ClauBerry, que ha sido la primera persona en dejar un review! Yay! Jajaja No en serio un saludo y espero que sigas leyendo! :D