Los tres primeros libros ya estaban preparados. Para eso la editora era muy buena. Pero no los enviaría hasta que estuvieran los 6.
El siguiente poema en llegar fue el de la princesa Shirahoshi.
Con tus lagrimas regaste la esperanza
No dejando que fuera consumida
Con tus lagrimas negaste la venganza
Permitiendo crecer una nueva vida
- Buen reconocimiento a todo lo que tuvo que pasar sabiendo la verdad y callándola para que no se destruyera un país entero.
Durante dos semanas no envió poema alguno. La editora no sabía que sucedía pero entendía que uno de ellos era el más difícil de escribir. Pero cuando llegaron los dos a la vez, no dejó de llorar durante horas.
- Si la gente supiera quien es él... Ojala encuentre a alguien que me quiera ni la mitad de lo que la adora a ella. Y encima es un sentimental...
Sombra de mi pasado
Luz de mi futuro
Conocerte me hizo daño
Perderte me hizo mudo
Reencontrarte me dio alas
Desearte me da el mundo
Por mucho que no vuelas
Sin embargo a mi me elevas
Y aunque no estoy a tu lado
Eres todo lo que he amado
Fuego de mi alma
Pasión desenfrenada
¿Querrás ser mi amada?
No tengo nada para darte
Tan solo tengo mi arte
Pero deseo a ti entregarme.
En cuanto al otro poema... bello y sincero, a alguien con mucho aprecio y por quien daría la vida
Sin ti estaría perdido
Indefenso y desvalido
Y aunque pareces frágil
dentro eres dura y poderosa
Pondría mi vida en tus manos
cien veces sin dudarlo
Protegería tu vida mil veces
Aun a costa de lo que crees
Águila en el horizonte
Azote de los malvados
Y aunque te digan arisca
En el fondo dulce alago.
Junto con los poemas llegó un pequeño aro de madera tallada. Y una nota.
- Por favor hazlo llegar con el poema. Si te pregunta dile que lo he tallado personalmente para ella y que yo llevaré otro igual
Había tardado un mes en escribir los 6 poemas dedicados. Con un poco de suerte en un par de semanas todas las ganadoras tendrían su ejemplar.
Los dos primeros libros fueron entregados a las princesas Vivi y Shirahoshi. Al leer los poemas supieron que debía haber sido uno de los Mugiwara pero no sabían cual. Daban gracias al día en que los Mugiwara se cruzaron en su camino y de que las hubieran ayudado a salvar sus países.
La tercera en recibir su poema fue la Emperatriz Hanckok. Al leer el libro lo apretó fuerte contra su pecho y ordenó que fuera puesto en un expositor en su cuarto donde nadie podría tocarlo. Se deleitaba viendo que el autor le agradecía el haber salvado a su amado y eso era suficiente para enrojecerla.
