La luz apenas se filtraba a través de las rendijas de una cortina a medio cerrar en la oscuridad de Kong Studios. El reloj digital con radio que estaba en la mesa, indicaba que eran las cinco de la tarde y pasaba una canción en la radio. Se trataba de Wonderwall, de Oasis, que le daba el ambiente a la escena que tomaba lugar en esa desordenada habitación.

Él miraba al ventilador del techo dar vueltas lentas y perezosas, como si intentaran ir con el ritmo de la canción. Sin embargo, sabía que la real causa de la lentitud de las aspas se debía a un problema de lubricación que no quería arreglar. Un suspiro escapó de sus labios. El aroma a tabaco no se disipaba aún, pero tampoco era como si le molestase.

La mujer a su lado, abrazada a su pecho desnudo, usaba un sostén deportivo negro que hacía juego con su cabello graso. Ella no le quitaba los ojos de encima. Estaba abrazada a su cuello, como si la vida se fuese a ir en ello. El hombre suspiró y echó la cabeza hacia atrás. Ella finalmente se atrevió a hablarle.

—Stuart.
—¿Sí? —Preguntó él, apenas dando vuelta la cabeza para mirarla.
—Tú me quieres, ¿No?
—Nunca he querido a alguien más como a ti, Paula. Quizás al Casio-VL que me regaló papá cuando niño. Pero a una persona, nunca, te juro que no. —La mujer rió suavemente al escuchar lo del sintetizador.
—¿Vamos a triunfar con esta banda?
—Claro que sí, cielo. Vamos a llegar lejos. Murdoc es un imbécil, pero confío en su criterio, después de todo sin él yo no estaría acá contigo —Sonrió un poco—. No es mal tipo, solo es algo... —Pausó, pero no necesitó pensar mucho más.
—Excéntrico.
—Eso mismo, cielo. —Se dio la vuelta y conectó sus labios con los ajenos por apenas un segundo.
—Todas las bandas tienen sus desacuerdos. Empezamos desde abajo hoy...
—Y mañana conquistamos el mundo. Juntos.
—Sí, juntos. Yo no me voy a ir.

Stuart abrió los ojos, y a su lado ya no estaba Paula. No había estado ahí desde 1998, y el impacto fue como un efecto retardado. Sentía un regusto amargo por el vómito y el antiácido, pero al menos ya no sentía como si sus tripas fueran a ser proyectadas a mil metros de distancia con una fuerza monstruosa, y la cabeza le pesaba un poco menos. De pesar una tonelada, pasó a apenas unos kilogramos. Nada más.

Sin embargo, el peso de su cabeza, pasó a su corazón. Creyó que había superado todo el asunto de Paula, y que ella ya no le dolía más. Pero en verdad, la herida seguía ahí. ¿Cómo se iba a cerrar, si el hombre que tuvo la culpa de que todo en su vida se fuera al demonio seguía mirándolo todos los días y tratándolo como la mierda? Afrontaba el asunto con rabia, para olvidarse de lo mucho que quemaba. Y recién se daba cuenta.

2D se sentó en la cama, miró sus manos, las movió como si fuera una máquina que recién está aprendiendo los movimientos que se le asignaron a sus articulaciones, tragó saliva, y gruesas lágrimas cayeron sobre las palmas de sus manos. La radio de su despertador estaba encendida en volumen bajo, probablemente Noodle la encendió antes de salir para poder darle un ambiente al lugar y levantarle los espíritus.

Mirando sus manos, lloró amargamente. En la radio, Oasis cantaba el coro de Wonderwall.

—Paula Cracker, ¿Eh? —Murdoc se cruzó de brazos, acostado en el sillón a lo largo, con El Diablo sobre su pecho desnudo, apenas sacándole un par de notas al aire.
—Seh —Chasqueó la lengua Russel, sentado en la mesa del comedor, mirando a Noodle, que estaba sentada a su lado, jugando un juego de ritmo en su celular con los audífonos bien fuertes y una concentración casi aterradora, moviendo los dedos pulgares con la maestría de un experto—. 2D no nos ha dicho qué hablaron, o qué pasó con ella, pero parece que no salió bien.
—Paula es un poco loca —Dijo Murdoc, con molestia, empezando a tocar las clásicas notas de Feel Good Inc—. No me sorprendería lo que le hubiese dicho, sea lo que fuere.
—A mi me sorprende que hables de ella como si aún fueras algo suyo —Respondió Russel, con molestia.
—Que te sorprenda lo que quiera, Russ, sabes que ella y yo...
¡Aaaah, kuso na geemu! ¡Kono yatsura tachi! —Estalló Noodle, dejando el teléfono bloqueado sobre la mesa, suspirando con pesadez—. ¡Hakku kuraiento ga tsukaeru to omou! ¡Koraaaa!
—¡Ya, Noodle! —Gruñó Murdoc, dejando el bajo quieto y levantándolo, como para amenazarla con lanzárselo si no se callaba. Amenaza o no, funcionó.
—Perdón, pero es que... —Noodle iba a disculparse, pero le llamó la atención el ruido de las escaleras crujiendo atrás de ella—. ¡Es Toochi! ¡Parece que despertó!
—Bien, no lo presionemos, no digamos nada —Dijo Russel, mirando hacia la puerta abierta—. Una persona con resaca no está mentalmente preparada para socializar.
—Y menos si es 2D —Rodó los ojos Murdoc—. Ya sabes, es medio especial —Esta afirmación le hizo ganar una mirada reprobatoria por parte de Russel y Noodle.

Stuart entró lento a la sala de estar. Sus mejillas brillaban por haber intentado lavarse la cara, pero el rastro de las lágrimas era evidente. Esto hizo que Noodle torciera la boca con preocupación. El cantante miró a su alrededor en silencio, sin abrir la boca. Y cuando sus ojos aterrizaron en Murdoc, apretó los puños y arrastró el paso hasta sentarse junto a Noodle, con una mueca amarga.

—¿Te sientes mejor? —Preguntó ella, acariciándole el hombro. Stuart pareció salir de su trance y asintió.

—Sí... Un poco. Ya no me duele tanto la cabeza —La miró durante unos momentos, acercándose un poco, y sonrió—. Te retocaste el maquillaje.
—¡Hai! Perdón por el desastre de hace rato, hehe —Murmuró la chica, mordiéndose el labio inferior y desbloqueando su celular.
—No te preocupes. Gracias por cuidar de mi.
—Es lo que hiciste por mi cuando me pasé por primera vez —Dijo ella, riendo nerviosamente. No era un recuerdo muy grato, había sido una anécdota muy incómoda para todos—. Tenía que devolver el favor, ¿No?
—¿Tienes hambre, compadre? —Preguntó Russel, levantándose y mirándole desde su sitio.
—Mucha —Contestó 2D, sonriendo un poco—. Podría comerme a esa horrorosa ballena si la tuviera en frente.
—Nada de ballena por ahora —El baterista se cruzó de brazos—. Vamos, cielito, nosotros cocinaremos para 2D —Noodle se levantó con una sonrisa.
—¡Muy bien! Ánimos, Toochi, vamos a hacerte algo rico.

Cuando Noodle y Russel salieron del comedor a la cocina, Murdoc quedó mirando a 2D. Él no dijo nada, solo le dirigió una mirada vacía con el ceño fruncido, y el bajista volvió a tocar pero a un volumen más bajo, como teniendo en consideración que le dolía la cabeza.

Pero en realidad, a Stuart le dolía el corazón.

—Huele muy rico.

Noodle terminó de cortar lo último de alga Wakame y sonrió hacia Russel, quien le había hecho un cumplido.

—Puedo decir lo mismo de los huevos, R —Dijo ella, agregando las algas al caldo de miso que hervía alegremente en una olla. Russel le dio una vuelta a los huevos revueltos con espinaca en la sartén.
—Receta de Del —Afirmó él, con algo de melancolía—. Una de las pocas cosas que me queda de él.
—¿Lo extrañas?
—¿Extrañas tú a Cyber?
—Buen punto.
—Él era mi mejor amigo, mi compadre, mi hermano, básicamente lo era todo, ¿Sabes? —Russel comenzó a contar con nostalgia, bajando la cabeza para vigilar los huevos—. Juntos desde siempre, hasta que el de arriba lo echó a patadas de mi cuerpo. Del me decía que era como su hogar. A nadie le gustaría que lo echen de casa.

Noodle frunció el ceño, empezando a cortar el tofu en finos dados, sin decir nada. Recordó el incidente de El Mañana. Eso fue casi como echarla de casa, ya que Kong Studios y la Isla Windmill eran un hogar para ella. Habían reconstruido la Isla, sí, pero no se sentía igual. Ya no era el mismo lugar donde grabó Feel Good Inc. Era solo una isla con un molino que les producía una factura de gas muy grande, y un recuerdo amargo gracias a Murdoc.

—A nadie —Repitió la guitarrista, dando un corte final algo tosco y poniendo el tofu en el caldo, mezclando un poco con la cuchara de palo.
—Donde sea que esté ahora, Del está cuidándome. A mi, a Murdoc, a Stu, y a ti, cielito —Dijo Russel, sacando los huevos del fuego mientras Noodle tomaba un poco del caldo y disolvía el miso en una taza con un tenedor.
—Nosotros éramos sus amigos también —Sonrió ella, cariñosamente, recordando aquellos viejos tiempos. En especial esa vez que ganó dinero por apostar con él. Del había sido como un niñero fantasma para cuando los mayores se juntaban.
—Del no podía tener enemigos, era muy buena onda.
—Lo sé —Noodle incorporó el miso y mezcló un poco la sopa, antes de ir por una cuchara sopera y un plato hondo—. Igual que tú.

Russel se acercó a Noodle para buscar un plato con el que servirle los huevos a 2D. Ella se lo pasó, y empezó a llenar la tetera con agua.

—Además era un dulce, no sé de quién de los dos lo sacó.

Russel soltó una carcajada y le quitó la tetera de las manos, poniéndola al fuego en reemplazo de la sartén mientras servía el contenido recién caliente y humeante aún. Luego volteó a mirar a la guitarrista. Ella era pequeña y casi podría decirse que frágil, comparada con él.

—De mi, claro está. ¿O acaso yo no soy un dulce? —Preguntó Russel, con un tono medio de burla.
—No tienes caso, R —Rió Noodle, tomando una taza y una cuchara y dejándolas en la isla de la cocina, mientras empezaba a servir la sopa con el cucharón.
—Soy todo un rompecorazones —Russel sonrió. Noodle por poco dejó caer la sopa al volver a reir, y le dio un codazo amistoso cuando dejó el cuenco junto a la taza.
—¡Los únicos corazones que has roto son de dulce cuando los comes! —Dijo ella, cruzándose de brazos—. No es justo que seas tan querible.
—Qué puedo decir, soy el alma de la fiesta —El baterista guiñó un ojo—. Ya, ven acá —Estiró los brazos y atrajo a Noodle hacia él, plantando un beso en la punta de su nariz—. Dijiste que si encontrábamos a Stu tendríamos los besos que quisiéramos —Una pausa—. Nah, bromeo. Pero tienes que admitir que soy un dulce.
—¿Tendré un premio por eso? —Preguntó ella, divertida, separándose.
—¿Qué clase de premio?
—¿La Nintendo Switch?
—Intentemos con algo más barato —Dijo él, alzando las cejas. Noodle era muy apasionada para jugar a los juegos, y ya había roto algunos controles o discos cuando perdía—. ¿Un perrito?
—¿Lo puedo entrenar para que muerda a Murdoc?

Russel fingió pensar mientras iba de vuelta a la alacena, sacando un contenedor de té de color verde y un colador, que colocó sobre la taza, poniendo un poco del contenido del bote. El agua hirvió finalmente y la apagó mientras respondía.

—Lo voy a pensar. Murdoc se ha portado muy bien por ahora.
—Demasiado... Es hasta sospechoso —Noodle sacó la tetera del fuego y vertió el agua en el colador. Pronto un aroma muy agradable llenó sus fosas nasales. Se trataba de té de menta—. ¡Mmh, huele muy rico!
—Ve por el azúcar, le llevaré esto a 2D, ¿Vale?

Noodle sacó el azúcar y devolvió el té a su sitio, dejando el colador junto a la pila de cosas que había utilizado para cocinar. Pila que tendría que lavar después. Se sirvió un tazón de sopa de miso y se unió a los demás en el comedor.

En el mismo silencio en el que llegó, Stuart comió. Si bien sus movimientos eran ansiosos, comió de forma lenta, como si quisiera saborear bien cada bocado de los huevos y cada cucharada e ingrediente de la sopa, tragando pequeñas cantidades del te de menta que le habían traído.

—Gracias, Noodz, Russ, ustedes son los mejores —Dijo Stuart, cuando estaba casi por terminar la comida.
—No agradezcas, hombre —Russel le revolvió el pelo con cuidado y cariño, y Noodle le guiñó un ojo.
—Todo sea por Toochi —Dijo la chica. Pasó un rato de silencio—. ¿Aún no quieres hablar de lo que pasó?
—No lo sé... —Stuart terminó la sopa y dejó el cuenco a un lado, jugando con lo último que quedaba de huevo de forma ida. Abrió la boca para volver a hablar, pero fue interrumpido por Murdoc.
—Ah, vamos, 2D. ¿Qué pudo haber dicho Paula que no te haya dicho ya?

El hecho de que la llamara por su nombre, con esa naturalidad, le irritó bastante, pero no dijo nada. Solamente se dedicó a terminar de comer el huevo, y puso el plato bajo el cuenco vacío, poniendo la taza de té cerca suyo. El no recibir una respuesta por parte de Stuart irritó bastante a Murdoc, que se levantó del sillón y se fue a sentar al frente suyo.

—¿Qué te dijo? ¿Fue algo muy secreto, acaso? ¿O tu pobre mente no lo pudo procesar, eh?

Stuart no dijo nada, tampoco. Solo se limitó a beber el té de menta restante. No quería ponerse a discutir con Murdoc, y sabía que de hablar, terminaría discutiendo, así que prefería ahorrarse el mal trago. Pero se veía que al bajista no le pareció que 2D no le hablase después de haber despertado.

—¡Habla de una vez! —Golpeó la mesa con los puños, lo que hizo que Stuart se sobresaltara.
—¡Murdoc, déjalo! —Russel se levantó y Noodle se tomó de su brazo para que no se descontrolara.
—¡Ya lo he dejado por mucho, y aún así se niega a hablarme! Si te das cuenta, en esta casa también existo yo, King Kong —Gruñó Murdoc, claramente molesto—. Y ustedes tres están actuando como si yo no importara.
—Murdoc, con todo respeto, Stuart es el que necesitaba cuidado —Habló Noodle, con un tono que hasta parecía aterrador—. ¿Acaso tú fuiste el que fue tirado fuera de un bar durante toda la noche? ¿Eh? Además, no veo que tú te hayas preocupado por él. No nos ayudaste a verlo nunca.
—¿Y qué con eso? Sigo siendo parte, ¿No? Ahora, hazte a un lado, Noodle, y déjame hablar con él.
—Oye, no. Ella tiene razón y lo sabes.
—¿Y qué si tiene razón? 2D, ya. Deja toda esta mierda y dime qué carajo te pasa.
—No, Murdoc.

Stuart se levantó de la mesa, hablando con una frialdad que nadie le había escuchado jamás, tan atípica que daba escalofríos. Dejó la taza junto a los platos, y rodeó la mesa para salir, antes de que Murdoc le agarrara de la muñeca tan fuerte que le hizo soltar un quejido de dolor.

—¿Disculpa? ¿Vienes a decirme que no, cuando yo soy tu líder y tú me debes respeto?
—Murdoc, suéltame.
—No, no te voy a soltar hasta que me digas qué carajo dijo Paula y por qué tú, pobre idiota, estás negándote a hablarme.
—Murdoc, que me sueltes.
—¿Vas a hablar o tendré que hacerte hablar?

Entonces, pasó algo que nadie tenía previsto. 2D se zafó del agarre de Murdoc, sin inmutarse, y usó ese mismo puño para golpearle la cara al bajista con una fuerza inaudita, haciéndole sangrar la nariz. Noodle soltó un grito y Russel alejó a Murdoc para evitar que el incidente pasara a algo mayor.

—¿Qué parte de no te cuesta tanto entender? ¡No quiero hablarte, no quiero verte, no quiero nada contigo! ¡No ahora, no mañana, no sé hasta cuando! ¡Estoy harto de ti, Murdoc Niccals, y ya no me vas a sobrepasar más! —Habló Stuart, con una confianza que no sabía que tenía, incluso cuando la voz le temblaba.
—¿Ahora vienes a decirme eso, niño bonito? —Preguntó el bajista, agarrándose la nariz—. ¿Después de todo lo que hice por ti, de cuidarte y acogerte en mi banda, me vienes a decir esto? ¡Sin mi no eres nada, pobre retardado! ¡Sin mi, no llegarás a ninguna parte! ¡Y más te vale que empieces a rezar o a pensar cómo vas a disculparte por esto, o te juro que vas a sufrir!
—¡Suficiente! —Noodle se interpuso entre ambos, mirándolos con rabia.
—No debí haberte seguido en primer lugar.

Con esta fría sentencia, Stuart salió del comedor y subió las escaleras a paso rápido, un golpe seco sonando cuando cerró la puerta. Murdoc se soltó de Russel.

—¡Déjame solo!
—No te voy a dejar subir —Sentenció el baterista, poniéndose como barrera en la puerta—. Déjalo solo a él. Necesita tiempo. ¿O crees que es fácil hablar con el tipo que hizo que tu novia se volviera ex?
—Como sea —Murdoc agarró el bajo y se tiró en el sofá, encendiendo la televisión. Noodle no dijo nada y se llevó los platos a la cocina, para empezar a lavarlos en un total silencio.