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Tarde, iban muy tarde. Midori se levantó a alrededor de las diez de la mañana, tres horas antes de lo que habían acordado la noche anterior, quizás era que estaban muy cansados. Rápidamente se puso a levantar a los demás. Aka se despertó casi de ma

nera inmediata, reprendiéndose mentalmente por no haberse despertado a la hora que debían. Kuro cayó de la cama haciendo escándalo mientras balbuceaba cosas aún medio dormida. Orenji y Buraun parecían dos bloques, por más que Midori les gritara no conseguía hacerlos reaccionar, bueno, la peli-verde de por sí tenía una voz bastante suave.

Aka, quien ya estaba de mal humor, lanzó a ambos por los aires, Kuro miró idiotizada como sus compañeros volaban por toda la habitación hasta, sin querer, salir disparados por el hueco que era la entrada a su tronco-hogar. Aterrizaron sobre el espeso pasto, aún no parecían dar señales de despertarse.

-¡Me lleva! No podemos irnos sin estos dos- Espetó Aka irritada.

-¿Qué haremos Aka? No podemos despertarlos- Respondió Midori con ganas de rendirse apenas diez minutos de haberse levantado.

-¡Tengo una idea!- Gritó Kuro que pronto traía en sus manos una galleta de chocolate enorme, la arrojó al suelo a lado de sus compañeros y estos se pegaron, como imanes al rostro de Pain, a la galleta. En seguida despertaron y devoraron hasta la última miga del bocadillo. Ambos se rascaron la cabeza y miraron a su alrededor.

-¿Are? ¿Dónde estamos?- Dijo la castaña tallando sus ojos y buscando a sus amigos.

-Creo que caímos del árbol- Respondió Orenji con una sonrisa idiota.

Las tres que aún se encontraban arriba del árbol suspiraron, pero bueno, al menos ya estaban despiertos. Con cuidado bajaron haciendo uso de sus alas de murciélago, llegando suavemente junto a sus aún adormilados compañeros, quien a diferencia de ellas, habían tenido un aterrizaje forzoso.

-Dense prisa que ya se hace tarde- Pidió Midori empujando a sus compañeros para que se dieran prisa.

-¿Tarde? ¿Tarde para qué?- Orenji preguntó en esta ocasión, aunque ambos tenían la mirada igual de perdida. Aka suspiró lista para darlas un coscorrón.

-¡Hoy comenzaremos la misión Orenji!- Se apuró Kuro. Ante esto, la castaña y el peli-naranja se levantaron de golpe y corrieron de un lado a otro hasta darse frente con frente al darse la vuelta y caer de nuevo al suelo.

Aka chasqueó los dedos, ambos tenían ya sus ropas de siempre, si no lo hacía ella, probablemente estarían ahí una hora más por lo menos antes de ponerse en marcha. Y eso no era precisamente lo que estaban planeando.

-Andando, no queremos llegar más tarde de lo que ya es- Ordenó la pelirroja. Todos captaron el mensaje que había en el tono de voz de la mayor. "Háganlo ahora o enfréntense a las consecuencias".

Pronto los cinco diablillos estaban saltando entre las ramas de los árboles, dirigiéndose al sitio en el que habían pasado el día anterior, y también donde casi mueren dos veces.

-Siento que no será la primera vez que pasemos a morir- Comentó Buraun en un suspiro mientras veían la entrada a la cueva.

-No es como si pudiéramos morir de verdad de cualquier forma- Respondió Orenji con un puchero en los labios.

-¡Tú entiendes lo que quiero decir!- Buraun estuvo a punto de lanzarle un certero puñetazo en el rostro, pero Aka la fulminó con la mirada antes de que hiciera algo.

-Ya basta, ahora lo importante es entrar sin que nos descubran- Se apuró Kuro antes de que hubiera otra riña antes de siquiera comenzar con su misión.

-Bah, si lo hicimos una vez, podemos hacerlo de nuevo-

-Pero esta vez no sabemos dónde están exactamente, ayer fue muy fácil porque entramos detrás de ellos- Aclaró Aka antes de bajar del árbol a base de saltos en las ramas. Los demás la siguieron hasta llegar al suelo.

Con cautela rodearon el claro hasta llegar a un costado de la puerta, siempre manteniéndose entre la maleza para no ser descubiertos por nadie. Cuando llegaron a estar contra la pared, se toparon con un problema, no podían entrar tan fácilmente como ayer. Salir no era un problema, pero entrar no era tan fácil, por alguna razón, si no entraban por ellos mismos, no podían hacerlo mediante sus trucos.

-¿Qué haremos ahora?- Midori, que iba de último, acechó a su alrededor para comprobar que no había nada exceptuando roca, roca y más roca.

-Creo que no nos quedará de otra- Respondió Orenji mientras hacía aparecer una pequeña vara de dinamita y sobre su cabeza un casco de obrero. Gracias a eso se ganó un buen golpe en la frente por parte de Aka.

-¡Serás tonto, Orenji! Si usamos eso por seguro que nos escucharán- Regañó Kuro mientras hacía desaparecer ambos objetos del cuerpo de su compañero.

-Entonces, ¿qué es lo que haremos?- Interrogó esta vez Buraun para captar la atención de sus compañeros y dejaran al peli-naranja ileso.

Aka se puso a pensar, miró a su alrededor inútilmente, pues nada ahí les ayudaría a travesar la dura roca que los separaba del interior de la guarida, era precisamente por eso que querían levantarse temprano, quizás así lograrían escabullirse adentro mientras uno de los miembros entraba o salía.

-Ni modo- Sentenció Aka- Tendría que ser a la antigua- Suspiró mientras chasqueaba los dedos y apareció en el centro de ellos cinco picos de minero.

-¿¡E-Estás bromeando?- Soltó Buraun- ¡Tardaremos siglos con esas cosas!- Señaló acusadoramente a las cinco herramientas iguales delante de ellos.

-Y tardaremos más si te sigues quejando, cabezota- Respondió Aka defendiendo su idea.

Los demás dejaron salir un muy pesado suspiro mientras se resignaban a tomar un pico cada uno y comenzar a golpear repetidamente sobre un mismo punto. Todos ponían su máximo esfuerzo por golpear la piedra con todas sus fuerzas, claro que sus menudos cuerpos no podían aportar demasiada.

Pasaron alrededor de veinticinco minutos antes de que comenzaran a sucumbir ante el cansancio- ¡Estoy muerta!- Exclamó Buraun mientras se tiraba sobre el pasto con gotitas de sudor por todo su rostro. Casi media hora de trabajo y apenas habían abierto un espacio lo suficientemente grande como para que pudiera pasar uno de ellos y a cuclillas.

-Yo también estoy agotada- Se quejó Midori, cosa que nunca de los nunca hacía.

-Esto no está funcionando- Los demás dejaron de trabajar también y se sentaron en círculo alrededor del suelo.

-Creo que sería más factible esperar a que uno de ellos entrara o saliera de la cueva- Opinó Kuro ahora que el trabajo parecía imposible.

-Después de lo de ayer, y lo paranoico de ese tipo canoso, dudo que sea tan fácil- Respondió Aka.

-Yo digo que sólo nos queda una salida- Insistió Burarun sacando de nuevo la dinamita de su espalda. Nuevamente Aka le propició un golpe en la frente.

-¿No habrá otra entrada?- Sugirió Midori levantándose para tener la atención de los demás- Ya saben, a veces esta clase de lugares tiene otra salida para emergencias o cosas así- Concluyó con un brillito de esperanza en sus ojos.

Todos los demás se miraron entre sí y la idea no pareció tan descabellada a pesar de ser muy poco probable. En seguida sus piernas se pusieron en marcha y echaron a andar por el rededor. Buraun y Kuro subieron a un árbol para tener una vista aérea y detectar todo lo que pareciera sospechoso.

Al final rodearon casi por completo la estructura de piedra, pero no había nada que no fuera roca maciza. Estaban perdiendo las esperanzas, pero las dos que andaban entre los árboles comenzaron a llamarlos con gran emoción. La habían encontrado. En menos de lo que canta un gallo todos estaban en un árbol observando lo que parecía ser una especie de puerta de roca como la principal, pero ésta se hallaba a un costado de la guarida y también alejada del suelo, pero no totalmente arriba, era bastante extraño.

-¿Creen que podamos entrar ahí?- Preguntó Midori

-Parece que sí- Contestó Aka

-Me da mala espina, pero no tenemos de otra- Dijo Kuro

-Entonces no hay otra opción, iré primero- Orenji se había lanzado hacia la apertura y se ayudó de sus alas para aterrizar suavemente. No parecía haber nada extraño, pero no debían confiarse, al final, eran ninjas con los que estaban tratando.

Las chicas miraban muy atentas a Orenji y lo que pasaba a su alrededor. El único chico rodeaba la entrada secundaria o salida de emergencia, lo que fuese. Arrojó piedritas al centro para ver si algo pasaba, pero nada, silencio total. Les hizo una seña a sus compañeras para que bajaran, no parecía haber peligro.

-¿Cómo creen que podamos abrirla?- Midori paseaba alrededor, eran como dos rocas colocadas una al lado de la otra y calzaban perfectamente, para que nada se filtrara, al menos nada más grande que una mano humana.

-Quizás podamos atar una soga a una y luego tirar de ella- Sugirió Kuro- ¡Yo iré!- Dicho esto se transformó en una víbora lo suficientemente delgada para pasar por el espacio que había entre las lozas de piedra. Sujetó una cuerda con su boca y se coló por donde pudo. Una, dos, tres, cuatro, cinco veces le dio la vuelta para poder sujetarla bien.

La cuerda era jalada al otro extremo por sus cuatro compañeros convertidos en chimpancés, no podían convertirse en cosas muy grandes, era una de las desventajas de sus poderes, sólo podían adquirir formas de animales similares a su tamaño o no demasiado grandes. Kuro empujaba la loza con todas sus fuerzas mientras los demás seguían halando más y más. Eventualmente la piedra pudo levantarse lo suficiente como para que uno de ellos pasara.

-¡Ya estuvo maldita piedra!- Kuro estaba lo suficientemente cansada para tener un arranque de adrenalina- ¡Ahhhhh!- Corrió hasta la piedra y saltó hacia esta para empujarla con sus piernas, increíblemente esta cedió, cayó al suelo con un ruido sordo y los cinco diablillos volvieron a su forma original, agotados.

-¡Bien hecho Kuro!- Exclamaron al mismo tiempo Buraun y Orenji.

-¡Vengan a ver chicos!- Exclamó la nombrada más que emocionada, debajo de esa loza había un relleno de escombros, piedras que rellenaban el agujero lo suficiente como para necesitar una pala o un instrumento para sacarlas, pero ellos tenían algo mejor.

Los cinco se vieron pronto convertidos en cinco topos que se habían paso con sus garras por entre las piedras, polvo y tierra acumulados en el orificio. Aka dedujo que estaba planeado para abrirse desde abajo, de esa manera la gravedad atraería todo hacia abajo y dejaría todo libre para que los demás pasaran, dándoles tiempo para escapar. Por otro lado, los que quisieran entrar desde ese lugar tendrían mucho más trabajo, estaba bien pensado, sumando que muy bien escondido.

Estaban más o menos a mitad del camino, algunos tenían un par de raspones por las piedras, pero habían llegado a la parte donde las piedras eran mucho más pequeñas y sin bordes filosos, significaba que no faltaba mucho, el hecho de que fueran cinco trabajando en ello lo hacía mucho más fácil.

Hubo un momento entre piedras, tierra y suciedad donde llegaron contra otro obstáculo, parecía otra loza de piedra, pero esta era más suave, menos fría. A pesar de tener todo el peso de las piedras encima suyo, hicieron un esfuerzo por mantener la calma y respirar.

-Creo que es una de manera esta vez- Dijo Aka palpando la superficie- Esta vez será fácil- Sonrió de manera un poco arrogante a parecer de los demás. Afiló su cola de diablilla y comenzó a cortar la puertecilla de manera. Los demás comenzaron a hacer lo mismo hasta hacer un agujero en medio. No tardó mucho antes de que las piedrecillas comenzaran a filtrarse por la presión y ellos aprovecharon para salir también.

-Al fin- Suspiró aliviada Midori a pesar de estar adolorida, sucia y despeinada.

-No creí que lo lograríamos- Confesó Orenji mientras se sacudía el polvo- ¿Dónde estamos?- Parpadeó acostumbrándose a la iluminación del lugar que no era mucha.

-Parece algo así como una pequeña bodega- Respondió Aka examinando costales y cajas de contenido desconocido para los cinco.

-Será mejor ponernos en marcha- Sentenció Buraun.

-Pero antes- Contuvo Kuro mientras de un chasquido limpiaba a todos- La primera impresión es la que vale, ¿no es así?-

Los demás asintieron mientras saltaban en dirección a la puerta para salir de esa habitación, ahora lo esencial sería encontrar a cada objetivo correspondiente y tratar que nos los intentaran matar antes de presentarse.

-Esperen- Los detuvo Orenji- ¿Qué haremos con eso?- Señaló la entrada por donde habían conseguido acceso, las piedritas seguían cayendo silenciosamente.

-Ah… Creo que estará bien si lo dejamos así- Buraun sonrió restándole importancia.

-No es como si ellos no pudieran arreglarlo- Concluyó Kuro, no iba a tomar la responsabilidad por eso y sabía que ninguno de sus compañeros tampoco.

-Vamos, no tenemos tiempo que perder- Apuró Aka quien ya no quería más retrasos de los muchos que habían tenido hasta el momento.

Los cinco de colaron por un espacio que había en la puerta, cautelosamente miraron por ambos lados del pasillos. Uno guiaba a la sala, donde habían estado la noche anterior, por ende, el otro lado llevaba a las habitaciones. Nadie se acercaba, de hecho, no parecía escucharse nada a su alrededor.

-Creo que están de misión- Opinó Midori.

-Es posible- Contestó Aka.

-Bien, es una buena oportunidad para repasar el plan- Kuro los atrajo a todos de nuevo al interior de la habitación y su pizarra con dibujos apareció a su lado- Bien la cosa está así. Yo iré con el chico tiburón, Aka irá con el metrosexual, Midori con el de la máscara, Buraun con el loco canoso y Orenji con la chica que sabe cocinar, ¿entendido?- Todos asintieron ante sus indicaciones.

-Perfecto- Continuó- Entonces ahora sólo resta buscarlos y decirles que estamos aquí para hacer realidad sus fantasías amorosas- Su entusiasmo sería bueno en otra situación, ahora, era un poco perturbante.

-No creo que diciéndoles eso ganemos muchos puntos al principio- Expresó Midori.

-Concuerdo con ella- Siguió Buraun, al igual que Orenji y Aka.

Kuro hizo un puchero- Entonces piensen ustedes una mejor manera-

Pasaron un par de minutos más hasta que un ruido silenció repentinamente su plática. La pizarra se desvaneció y los cinco se escondieron en una caja llena de frutas. Unos pasos lentos pero firmes se acercaban a ellos. Pasaron junto a la puerta, se detuvieron. A los cinco diablillos el corazón les dio un brinco antes de ver que la puerta sólo se cerraba y los pasos continuaban su camino. Suspiraron de alivio.

Fueron bastante sigilosos al salir de la habitación, sabiendo que había alguien en la cueva, no tuvieron más opción que convertirse de nuevo, esta vez optaron por algo más "normal" y tomaron la forma de lagartijas, de tal manera que podían trepar por las paredes.

Pronto sus pegajosas patas se adherían al techo del pasillo, ahí tuvieron que separarse para buscar cada uno el dormitorio de su objetivo. Kuro fue la primera en tener suerte. Después de probar en dos habitaciones distintas, había entrado a una donde se hallaba una pecera rectangular y varios peces en ella. Supuso que era la del tiburón, así que bajó sigilosamente por la pared y terminó bajo la cama donde tomó la forma de diablilla de siempre; se encontró acompañada de conejos de polvo en el frío suelo de piedra. Más de una vez sintió ganas de estornudar, al estar sola no se contuvo y su nariz se encontró pronto roja por el malestar. Pensó en salir de su escondite, pero en ese mismo instante la puerta rechinó al abrirse y desde su posición alcanzó a ver un par de pies azules descalzos, gotas de agua resbalando hasta dar con el suelo y dejando su impresión del pie de Kisame, quizás había acabado de tomar una ducha.

Venía silbando una melodía que Kuro no pudo reconocer. El tiburón se sentó en su cama, por lo que la diablilla estuvo frente a frente con los talones y pantorrillas azules del peli-azul. Al sentarse, más polvo cayó de la parte inferior de la base de la cama, una muy fina lluvia bañó a Kuro por completo, sin dejar en paz su ya irritada nariz. Hizo lo mejor que pudo para contenerse, pero otro estornudo se escuchó en la habitación, uno agudo y muy pequeño, demasiado para ser de uno de los compañeros de Kisame.

El Akatsuki agudizó el oído y se levantó de la cama mientras repasaba la habitación con la vista. Kuro en ese momento se quedó estática; y si bien sabía que en algún momento debía presentarse, ese no parecía el más adecuado.

-Sal de ahí, sé que estás aquí- Su tono firme y amenazante hizo temblar a Kuro, ahí estando tendida en el suelo. Pero no había marcha atrás y no tenía miedo, aunque el tiburón le ganara en tamaño, fuerza, definitivamente en poder, tenía colmillos y uñas afiladas… ¡Ah, al diablo!

La diablilla peli-negra se arrastró a pecho-tierra hasta salir de debajo de la cama, su cuerpecito estaba cubierto de polvo y tenía un conejo del mismo material adornando su negro cabello. Una vez hubo salido, un sorprendido Kisame se le quedó mirando con los ojos abiertos como platos.

-¿Qué tanto me miras?- Espetó ella llevando sus manos a la cadera.

Muchas respuestas pasaron por la mente de Kisame, así como también preguntas, pero ninguna parecía abarcar por completo lo que quería decir en ese momento. Muy bien, vayamos por partes. Pensó sin externar ningún signo de su confusión.

-¿Quién eres?-

Kuro estaba de pie, aunque no había mucha diferencia ya que era pequeña, sacudiéndose todo el polvo de su ropa, alas y cola, pero no respondió a la pregunta de Kisame, era imposible saber si no la había escuchado o si sólo se hacía la tonta.

El tiburón se estaba impacientando- Oye, te hice una pregunta- Dio un paso hacia adelante, ah sí, sólo estaba usando bóxers y sostenía con su mano izquierda su toalla.

Kuro de pronto se quedó quieta y su expresión se endureció antes de tornarse de una mueca que podía definirse como una sonrisa retorcida- Yo, querido ninja, soy una diablilla del amor- Se llevó una mano al pecho, señalándose a sí misma y su tono de voz se tornó juguetón, sus ojos entrecerrados dejaron ver a Kisame a qué se refería con diablilla; como si su cola y alas no fueran suficiente- Y estoy aquí para ayudarte a conseguir el amor que tanto deseas- Levantó el dedo índice al aire y su expresión de volvió más amable y tierna.

Las mejillas de Kisame se colorearon ligeramente al escuchar esa última frase, pero era demasiado sospechoso que lo supiera, ¿y por qué demonios la estaba escuchando?

-Y no intentes esconderlo o negarlo- Se apresuró Kuro, leyendo la expresión facial del tiburón.

-¿Cómo lo sabes?-

-Nosotros tenemos un gran sentido de sensibilidad, cuando estamos cerca de alguien, podemos saber si está realmente enamorado o no, y tú sí que lo estás- Respondió con simpleza.

A Kisame ciertamente no le parecío la respuesta más lógica, pero estaba hablando con una diablilla de quince centímetros que acababa de acertar respecto a que estaba enamorado, ¿eso es acaso lógico?

El shinobi se acuclilló frente a la diablilla- ¿Y exactamente qué es lo que tú haces?- Enarcó una ceja, demandando una respuesta.

-Yo estoy aquí para lograr ese amor tuyo- Kuro lo señaló con un leve gesto y juntó sus manitas frente a ella. Un contenedor de cristal apareció entre sus manos, tenía la forma de corazón que usualmente se dibuja, no como el órgano original- Mira, este recipiente nos indica cómo estamos avanzando- Separó sus manos y dicho objeto quedó suspendido en el aire; repitió lo anterior y ahora tenía dos contenedores.

Kisame ya no estaba sorprendido- ¿Cómo se supone que eso ayude?- Señaló con un dedo ambos recipientes que no eran más grandes que la palma de su mano.

-Mira que tienes poca imaginación- Se quejó Kuro- Es en verdad muy simple- Con un chasquido hizo aparecer su inseparable pizarra- Mira, ¿ves este dibujo?- Señaló con un dedo el contorno de un corazón dibujado- Cuando el recipiente se llene por aquí- Comenzó a colorear con un gis rojo hasta un cuarto del corazón- Significa que es una ligera atracción- Continuó coloreando hasta la mitad- Cuando está a la mitad significa que realmente te gusta, y no sólo eso, lo quieres de alguna manera - Tres cuartos estaban rojos ahora-Hasta aquí significa que sientes algo profundo, pero no estás del todo seguro de tu amor- Terminó por rellenar el corazón por completo- Cuando está completamente lleno, no hay vuelta atrás, esa persona te trae como loco- Su comentario fue seguido de una risa por parte de sí misma.

Kisame contempló la pizarra, pensativo, leyendo de nuevo lo que decía en cada marca hecha por la peli-negra. Su vista comenzó a alternarse entre los recipientes de cristal y el dibujo- Creo entenderlo, pero, ¿cómo sabrás cuan lleno está cada uno?- Esto no podía estar pasando, ¿de verdad estaba cayendo dentro ese juego?

-Eso es aún más fácil- Sonrió alegremente mientras tomaba uno de los recipientes, tomó impulso y saltó hasta alcanzar la rodilla de Kisame, ya que estaba acuclillado- Sólo necesito tocar tu corazón- Dicho esto estiró su brazo libre hasta tocar la piel que escondía el órgano principal para la supervivencia.

Al hacer esto, el lugar que su mano tocaba brilló pobremente y el contenedor empezó a llenarse de un aparente líquido fluorescente. Fue creciendo hasta rebasar la primera marca, imaginaria dentro de la mente de Kisame, llegó hasta la segunda y avanzó sólo un poco más, no llegó a la tercera. Kuro volvió a saltar para quedar en el mismo lugar de antes.

-Bien, esto significa que estamos por buen camino- Reconoció ella mientras suspendía de nuevo el recipiente en el aire. Tomó el que estaba vacío- Ahora necesitamos el de la otra persona, veamos, era ese de cabello atado en una coleta baja, ¿no es así?-

Kisame pudo sentir como se ruborizaba al recordar a Itachi, sólo atinó a asentir de manera estúpidamente lenta.

-Perfecto, sólo necesito estar lo suficientemente cerca como para poder llenar el recipiente-

-Eso no será posible- Soltó Kisame con una ¿melancólica? Sonrisa.

-¿Eh?- Kuro parpadeó con una sonrisa confundida.

-Mira, no sé si lo sabes- Apoyó el codo en su rodilla y su mejilla en su puño- Pero somos ninjas renegados de nuestras aldeas, sanguinarios, dispuestos a matar a lo que sea que se nos acerque, no creo que te sea fácil simplemente acercarte y tocarle el pecho, probablemente desaparecerías antes de si quiera poder poner un dedo sobre él-

-Tranquilo, de todas formas no podemos morir- Se encogió de hombros, pero ahora tenía un problema- Aunque si tienes razón, será muy difícil poder llenar el recipiente…- Se quedó pensativa con el contenedor aún entre sus manos.

-¿No hay otra forma?-

-Las hay, pero no estoy familiarizada con ellas, sólo con esta, mis compañeros usan las demás, cada uno de nosotros tiene la suya y nunca de despega de ella una vez que la logra. Supongo que tendremos que esperar una oportunidad para poder llenarlo- Hizo desaparecer los dos contenedores junto con la pizarra- Mientras, es decisivo que comencemos a trazar una estrategia-

A Kisame de repente le comenzó a parecer una mala idea esto de luchar por lo que la diablilla había definido como amor- Por cierto- Captó la atención de Kuro quien había comenzado a escribir algo sobre una hoja de papel- ¿A qué te refieres con "nostros"?-

-¿Eh?- Kuro le dio la misma mirada confundida de hace unos momentos.

-Sí, dijiste "cada uno de nosotros", ¿a quienes te referías?-

-Ah, verás, somos un grupo de cinco diablillos del amor- Mostró los cinco dedos de una mano- Tengo cuatro compañeros que hacen lo mismo que yo, somos como varios Cupido, si prefieres verlo de esa manera- Se encogió de hombros.

-¿Están aquí?- Curiosidad, dulce curiosidad.

-Eso es un secreto- Sonrió de manera cómplice- Hay algo que debes recordar, nosotros no podemos ser vistos por más personas que aquellas a las que ayudamos, si la persona a la que estamos conquistando nos ve, estamos obligados a irnos sin completar nuestro objetivo. Así que es muy importante que nadie, absolutamente nadie, me vea además de ti- Su voz, aunque aguda, se tornó seria, lo suficiente para indicarle a Kisame que eso no era una broma.

-Lo entiendo, nadie más puede verte- Repitió en voz alta, para tenerlo en mente.

-Exacto- Asintió ella complacida- Por cierto, mi nombre es Kuro- Sonrió una última vez antes de sentarse en la misma posición de Kisame para pensar, pero las ideas pronto llegaron a su cabeza, no por nada estaba dedicada a eso- ¡Ya sé! El primer paso será: espionaje –Con esto, junto sus manos moviéndolas entre sí como si de algo maquiavélico se tratara –No te preocupes, estoy totalmente entrenada en eso, déjamelo todo a mí –Se señaló a sí misma con el pulgar.

-Si tú lo dices –Kisame puso los ojos en blanco.

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