CAPÍTULO 3: En la mansión
Ray se puso la mano sobre los ojos, a modo de visera, para que los rayos del sol no la deslumbraran al bajar del coche. Miró a su alrededor. El campo parecía pintado con tonos rojos, marrones y naranjas y el suelo esaba cubierto por una alfombra de hojas secas, anunciando la llegada del otoño y muy pronto, la del invierno.
De pronto, sintió un escalofrío. Algo que le inspiraba miedo, por su naturaleza amenazante y agresiva. Fijó su vista al frente. Ante ella, se alzaba un majestuoso edificio de trescientos años, de varios pisos, lleno de ventanas y un cierto encanto antiguo. Sus paredes estaban algo sucias y necesitaban una mano de pintura, pero la hiedra que recorría sus paredes disimulaban sus defectos para darle un encantador aspecto salvaje.
Pero pese al encanto de la casa, había algo amenazante en ella. Era como una sombra invisible que envolvía todo, algo peligroso.
Ray apretó los puños con decisión.
- ¿Lo notas?
Se giró sobresaltada. A su lado estaba Diego, mirando con temor y respeto a la casa.
- Hay algo realmente maligno en esa casa.- continuó el joven.
Ray asintió, volviendo a mirar la casa. Había hecho bien en dejar que Diego la acompañase, pero...
La mujer se puso a su lado. Sus manos temblaban, pese a sus intentos por evitarlo, pero su mirada era firme y decidida.
Había sido imposible convencerla de que no les acompañase, pese a las insistencias de Diego y Ray.
- Ese espíritu no se puso violento hasta que no fuimos mi marido y yo.- había dicho.- Quiero que todo esto termine y si para eso tengo que volver a esa casa, lo haré. No dejaré que ese espíritu me haga tener miedo toda la vida.
Ray la admiraba por su valor, pero el hecho de que les hubiese acompañado solo complicaba su labor, pues, además del exorcismo, ahora tendrían que tener cuidado de que el espíritu no dañase a la mujer.
Esta, tras dudar unos instantes, caminó hacia la reja y, lentamente, introdujo la llave en la cerradura. Sopló el viento, haciendo ondear los cabellos de Ray y casi le pareció oir algo, aunque no estaba segura.
Se adentraron en la propiedad con pasos lentos, respetuosos. Unos metros más hacia delante, vieron un árbol derribado. Ni siquiera habían tenido el valor de quitar el inmenso vegetal.
- Su marido tuvo suerte de no morir.- murmuró Diego.- Ese árbol debe tener más de cien años.
- Mi padre me dijo que lo plantaron el mismo día que se terminó la casa.- explicó la mujer, con una triste sonrisa.- No sé si será cierto o no, pero siempre estuvo aquí. Cuando era pequeña, mi hermana y yo jugábamos en él con nuestras amigas.
Ray alzó la vista hacia el edificio. Tenía tres pisos, más un torreón quw debía de hacer las funciones de trastaero. Algunas ventanas estaban abiertas, sin duda tal y como las dejaron los inquilinos al abandonar la vivienda apresuradamente. La puerta era de...
Sintió otro escalofrío. ¿Había visto algo mirando por una de las ventanas? No había podido verlo bien, pero hubiese jurado que había alguien (o algo) observando por una de las ventanas, tras las cortinas. Tal hubiese sido el viento.
- ¿Queda alguien en la casa?.- preguntó, mirando todavía a la ventana.
- No.- negó la mujer.- No teníamos mucho servicio, pero el poco que teníamos se fue marchando a medida que los sucesos extraños fueron en aumento. Desde el accidente, no hay nadie en la casa.
- ¿Cuánto tiempo a pasado?.- preguntó Diego.
- Un mes, paroximadamente.- suspiró la mujer, mientras introducía la llave en la cerradura de la puerta y empujaba.
Entraron en la casa. Las luces estaban apagadas y, aunque era de día, la mujer intentó encerderlas, sin resultado.
- Cuando nos fuimos, era de noche.- explicó la mujer.- Seguramente, dejamos las luces encendidas y se fundieron las bombillas.
- Tal vez las reventase el espíritu.- señaló Diego.
Ray negó con la cabeza.
- No, están todavía puestas.- murmuró, mirando la lámpara del suelo.
- Eso significaría que sólo es violento cuando hay alguien en casa ¿no?.
- Es posible.- admitió Ray.- Pero todavía hay muchas cosas que averiguar.
- Por favor, seguidme.- dijo la mujer, con una sonrisa.- Os llevaré a vuestras habitaciones.
Subieron las escaleras con cuidado, observando cada detalle. Cuando ya se habían alejado, las cortinas del salón empezaron a moverse.
- Cherry.- sonó una voz suave, como un suspiro.- Michael.
- Esta será su habitación.- dijo la mujer con una sonrisa, mostrando un dormitorio de color blanco, con motivos rojizos.- Lleva mucho tiempo sin usarse, pero espero que sea de su agrado.
Ray entró lentamente. Parecía la habitación de una chica joven, de una adolescente.
- Este cuarto era el que usábamos mi hermana y yo cuando teníamos algunos años menos que usted.- dijo la mujer, mirando con cariño la habitación.- Pasamos buenos momentos aquí, con nuestras confidencias, juegos y alegrías.
- Es acojedor.- murmuró Ray, pasando la mano por un pequeño tocador.- Un verdadero hogar. Seguro que tiene usted muy buenos recuerdos de este sitio.
La mujer bajó la vista, apenada.
- Sí...- murmuró.- Bueno, más o menos.
Ray la miró extrañada, pero ante la tristeza de la mirada de la mujer, no quiso insistir.
- Acómodose.- dijo la mujer, volviendo a mostrar una sornisa.- Yo prepararé la cena.
- No debería quedarse sola.- insisitió Ray.
- En algún momento lo estaré, querida.- replicó la mujer.- Por favor, no me llames de usted. Mi nombre es Akane.
Ray caminó por los pasillos, mirando todo con recelo. Por todas partes sentía corrientes de aire y sentía que alguien la observaba, que la seguía con la mirada. Los cuadros parecían tener ojos de verdad y los relojes mostraban horas muy distintas cada vez que ella los miraba.
- "Pero nada peligroso".- pensó la sacerdotisa.- "Espero no tener que estar mucho tiempo aquí hasta que el espíritu se deje ver"
Miró las habitaciones y los pasillos, todos decorados exquisitamente, con buen gusto y colores armoniosos. Entró en el salón. Era muy amplio y con suaves alfombras. Caminó hacia el balcón y se asomó. El jardín era extenso y, aunque en el último mes se había descuidado bastante, estaba segura de que en el pasado debía de tener un aspecto magnífico.
- "¿Por qué alguien dejaría de usar una casa como esta?".- se preguntó.
Casi no había casas en los alrededores. Sólo una mansión, más pequeña, a poco más de un kilómetro, también en un estado semiruinoso.
- Es la casa de unos extranjeros.
Ray se giró, mientras Akane se ponía a su lado y miraba a la casa, con una triste sonrisa.
- Allí pasaban las vacaciones una familia extranjera, con quienes nos llevábamos muy bien. Durante mucho tiempo, creo que hasta que empecé mi adolescencia, pasaba más tiempo allí que en mi propia casa.- sonrió, recordando su juventud.- Si, muy buenos tiempos aquellos. Lástima que dejasen de venir.
- ¿Por qué dejaron de venir aquí?.- se sorprendió Ray.- Parece un escelente lugar.
- Bueno...- murmuró la mujer, apesadumbrada.- Tuvieron un año terrible: la hija murió en un accidente, el padre se arruinó y, poco después, la madre murió también, en extrañas circunstacias. Supongo que dejó de poderse permitir venir a Japón y, además, perdió el interés al quedarse solo.
La sacerdotisa frunció el ceño.
- ¿En extrañas circunstacias?
Akane asintió.
- Nunca lo supe con mucho detalle, pero al parecer la mujer se disparó. Un suicidio, en mi opinión, por todas las circunstancias que la rodeaban. Pero hubo muchos cabos sueltos, como de dónde sacó el arma y cosas así. Nunca quedó aclarado del todo.
Ray guardó silencio, meditando.
Akane sonrió, mientras pasaba un brazo por el de la joven.
- Vayamos a cenar, querida.- Tu guapo amigo ya estará esperándonos.
- Estaba todo delicioso.- dijo Diego, mientras dejaba cuidadosamente los palillos en la mesa, con cuidado de no manchar el mantel.
- Me alegro de que os haya gustado.- sonrió la mujer.- Es una vieja receta ingles aque me enseñó una amiga hace mucho tiempo. La cocina inglesa tiene mala fama, pero de vez en cuando hay algo que realmente merece la pena.
- ¿Ha notado usted algo extraño mientras estaba sola en la cocina?.- preguntó Ray. No quería ser brusca, pero cuanto antes resolviese la situación, menos riesgo tendría de que alguien saliese herido.
Akane negó con la cabeza.
- No, todo estuvo muy tranquilo. Ni siquiera se me derramó la leche o la sal, algo a lo que ya me había acostumbrado.
- "Tal vez eso se deba a que estamos nosotros y nos vigila".- pensó Ray.- "O quizás aun está demasiado débil. Derribar un árbol como aquel debe costar mucho esfuerzo"
- Lo mejor será que nos vayamos a dormir.- dijo Diego, mientras se levantaba y empezaba a recoger los platos sucios.- Mañana empezaremos a registrar la casa cuidadosamente para ver lo que ocurre.
La puerta del dormitorio se bario lentamente, sin emitir ni tan siquiera un leve chirrido. Las cortinas empezaron a ondear ligeramente mientras algo se acercaba a la cama.
Diego giró sobre si mismo, profundamente dormido. Su cara quedó mirando hacia arriba, ligeramente ladeada, con gesto inocente y relajado.
- Michael.- sonó en la habitación, muy suave, de un modo apenas audible.
En el rostro de Diego aparecieron marcas que se movian suavemente, como si una mano le estuviese acariciando. El joven, todavía en sueño, frunció el ceño y empezó a respirar con dificultad.
- Michael.- repitio la voz.
Los labios de Diego se hundieron ligeramente.
El joven abrió los ojos sobresaltado, mientras se incorporaba y miraba, sudoroso y jadeante, a su alrededor. Las cortinas inmóviles y la puerta estaba cerrada.
Comentarios a: Barbara Checa
