Mi mejor amiga

Cuatro años después

Fue así como pasé mi más solitario verano, sin poder ir al hospital para ver a Mark. Si en algún momento le daban el alta, yo no lo sabría, porque nadie me decía nada de él.

Pasaron los tres meses de calor, durante los cuales me enganché a una nueva serie de dibujos animados basada en un comic. Fue tal la adicción que me creó que empecé a visitar páginas y comencé a crear historias ficticias en un foro. Allí conocí a una chica que vivía cerca de mí, y creé un fuerte vínculo con ella. Tras haber pasado el tiempo hablando con ella le propuse quedar en algún sitio y ella accedió.

-Hola,-Dijo, una chica con el pelo castaño y los ojos verdosos, acercándose a mí.-Aida.

-Ho-hola…-Murmuré, sin dar crédito a lo que veía.- ¿Espe?-Pregunté, como queriendo asegurarme de que no se confundía de Aida. Ella sonrió.

La chica del pastor alemán se presentó allí. Casi no podía creérmelo, y, aunque al principio nos comportamos de manera bastante tímida, sentí que ese vínculo se hacía más fuerte. Algo me decía que aquella chica era especial. Y se convirtió en mi mejor amiga en muy poco tiempo. Me ayudaba a salir de la depresión que tenía gracias a Mark, aunque él nunca desaparecía del todo.

El primer día de clase, en primero de la ESO, me encontré con ella, que me hizo compañía hasta que nos tocó separarnos. Busqué por todas partes y no vi ni rastro de Mark, nada que indicase que retomaría las clases porque ya se había recuperado, aquella misma mañana. Nadie era capaz de decirme nada sobre él: su estado, si volvería pronto, como iba su recuperación… Si es que había recuperación. ¿Y si él…? ¡No! Mark era demasiado fuerte como para dejar que eso pase.

En el recreo, Espe estuvo conmigo. Le pregunté por aquel chico de pelo cobrizo de su clase.

-¡Oh! ¿Edward? Creo que estará estudiando fuera, porque no se nada de él. Solo que… Tuvo un accidente una noche y no se supo más de él.

Aquello me resultaba familiar. Era exactamente lo que le había pasado a Mark.

-Verás yo…-Le conté todo lo sucedido con Mark desde el principio y de lo que sucedió aquella noche, el día que lo vi por última vez.

-¡Vaya! Es realmente extraño… La verdad es que solo les ha pasado a ellos dos…-Comentó, extrañada, y con mal cuerpo.-Entiendo que estés así.-Me consoló e intentó hacerme olvidar el tema, cambiando a algo más animado el tema de la conversación.

Al volver a casa junto a Esperanza, que siempre me acompañaba, recordé que no había visto allí a Seira, la amiga de Avril que siempre se metía con Simon. Ni a aquel chico orgulloso que siempre se metía con Avril. Y el hermano de Alex, Adam, tampoco estaba. ¿Todos habían ido a estudiar fuera? Me resultaba muy extraño que TODOS hicieran lo mismo.

No quise darle mucha importancia al asunto, pero seguía preocupada por Mark y por esas extrañas "desapariciones".

-Hasta luego.-Se despidió Espe, sonriendo con dulzura.

-Hasta luego.-Respondí, y subí a mi casa.

Mi hermana Elisabet, que cursaba quinto, me preguntó:

-¿Sabes algo de Mark?

Negué con la cabeza y me fui a mi cuarto, nuevamente deprimida. Luego me animó el pensar que Nira ya no me molestaría, pero eso me llevaba a pensar en la falta que me hacía Mark, y me eché a llorar.

Espe vino a pasar la tarde conmigo al día siguiente, de manera que así yo salí de mis pensamientos sobre Mark. Desde entonces nos turnábamos para ir a una a casa de otra. Al final del curso de primero mis notas bajaron considerablemente, por Mark, todo sea dicho. Ocho suspensos, exceptuando castellano e inglés. La bronca fue tremenda y los castigos fueron peores. Lo que me faltaba para animarme.

Espe siempre venía a echarme una mano, pues ya había pasado por ese curso. Me animó a presentarme a los exámenes de septiembre y no dejarme los estudios. Aprobé seis asignaturas y pasé con dos suspensos. Me animó bastante ver que era capaz de superarme en tres meses.

Espe hizo todo lo posible para que recuperase esas dos asignaturas a mitad del siguiente curso y las recuperé.

Los próximos cursos se desarrollaron con normalidad. Tanto, que ni me di cuenta de que yo misma había cambiado. Cuando me miré al espejo una mañana tenía el pelo mucho más largo y era más alta, dentro de lo bajita que soy. Mi pecho también habría crecido, y la verdad, no estaba nada contenta con el resultado. Ahora entiendo porque mucha gente no sabía de qué color tenía los ojos. Mi cintura se habría hecho más estrecha y se me notaban las caderas, que se habían ensanchado.

Durante esos cursos no vi a Simon ni a Avril llegar, que entraban con el curso siguiente al mío. Me extrañó, pero supuse que, como tantos otros, estarían estudiando fuera.

Por ese tiempo yo ya estaba en tercero de la ESO, y solo llevaba mal matemáticas. Espe, que estaba en ciencias, me ayudó a recuperarlas en septiembre y pasé a cuarto de letras sin asignaturas pendientes.

-¿Cómo lo llevas?-Preguntó Espe, una tarde en su casa, cuando me ayudaba con las mates.

-Bien, aunque creo que Mates y Latín me han bajado bastante… Bueno, mates no me puede bajar más, pero latín si.-Reí.

-Espero que lo saques todo.-Sonrió y me corrigió una operación con decimales.

Llegó el final de curso y el profesor de matemáticas me aseguró que podía hacer muy poca cosa con mi nota, y la profesora de latín buscó trabajos míos con los que pudiera hacer media. ¿El resultado? Pasé cuarto de la ESO con todo aprobado. Y lo más interesante d emi vida en la ESO: en cuatro años no había tenido un solo novio ni me había interesado ningñun chico del isntituto. Ni yo a ellos, obviamente. Menos problemas para mí, la verdad. Pero tampoco era agradable ver como todos encontraban a su media naranaja y se ponían románticos con su pareja, mientras tu no te comes una rosca, todo sea dicho. Espe y yo eramos estudiantes libres, sin atarnos a otra persona.

Aquel verano parecía que todo iba mejor, aunque no podía olvidar a Mark, casi podía estar sin llorar más de un minuto. Pero las noches eran imposibles, pues no podía dormir, ya que Mark aparecía todas las noches en mis sueños y me hacía despertar llorando. Me paré a pensar, una de esas noches en las que me despertaba con mal cuerpo, y estaba despierta únicamente yo, en lo mucho que habría cambiado Mark. No podía hacerme a la idea de que él hubiese desaparecido del mundo, así que tendría que haber cambiado. La última vez que lo vi tenía once años y era delgado, rubio y con cara de niño bueno. Ahora debía de ser mucho más alto. ¿Quién me decía que no se había teñido de moreno? ¿O de pelirrojo? Y la cara habría dejado de ser la de un niño. Ahora sería un chico de… ¡¿dieciséis años? El tiempo vuela, casi ni recordaba que ya había cumplido dieciséis años.

Llevaba cinco años sin verle. Seguramente ya se afeitaba, y llevaría el pelo como lo llevaban todos los chicos de su edad: con una cresta de esas engominadas. Casi me eché a reír. Siempre fue muy delgado, sería una especie de palillo con andares desgarbados y la ropa sin planchar. Era tan descuidado para algunas cosas. Y pensar que el pobre podría estar pasando la época del acné se me hacía impensable. Eso para él sería un auténtico trauma. El pobre…

Aquella mañana me desperté con una sonrisa en la cara, pensando en como estaría ahora Mark, y cuando Espe vino a verme casi salté de alegría. Le conté lo que se me había ocurrido la pasada noche y también rió.

-Oye, vengo a pedirte algo.

-Somos muy amigas,-dije, cogiendo sus dos manos con las mías-, pero aún es muy pronto. Además, me gustan los hombres.-Dije, disimulando mi risa interior.

-No, tonta.-Rió.-Voy a ir un campamento, para alejarme del ambiente de la ciudad. ¿Quieres venir conmigo? Desde allí podríamos encontrar a alguien que supiese de Mark. Algún compañero de habitación del hospital… Ya sabes.-Comentó.

-Me has convencido.-Dije, y pedí permiso a mi madre. Me dejó con una condición. Que fuese gratis. ¡Y lo era!

-Salimos el sábado que viene.-Me recordó Esperanza, y me tiró del pelo antes de salir por la puerta. Me trajo recuerdos que ahora me eran muy lejanos y tenía borrosos, pero fue una sensación extraña. Me gustó...

En ese momento hice la maleta y esperé ansiosa al sábado. Aquellos dos días se me hicieron larguísimos, pero cuando el día llegó me puse nerviosa. Estuve a punto de echarme atrás, pero Espe no me dejó y me subió al autobús. Reí nerviosa y estuve hablándole todo el trayecto, soltando mis nervios. No se con certeza si me escuchaba o solamente me dejaba hablar que me relajase, pero me quedé mucho más tranquila.

-Estamos llegando.-Dijo, tras horas y horas de viaje.

Miré por la ventana y noté que el paisaje había cambiado. Se veían verdes campos y altas montañas, ni un solo edificio. Arbustos y árboles pasaban ante mis ojos hasta que distinguimos el lugar. Estaba lleno de cabañas de madera, tenía un enorme lago y varias cosas más, supongo que serían la tirolina, algún circuito de carrera de obstáculos, dianas de tiro con arco…

-Ayúdame con esto.- Pedí, y Espe y una chica de pelo rubio y largo me ayudaron con una maleta que quedó atrapada bajo un montón de bolsas de otros pasajeros del autobús.-Muchas gracias.-Sonreí.

-No hay de que.-Dijo ella con una melodiosa voz y devolviéndome la sonrisa.

Espe me guió hasta nuestra cabaña, siguiendo a un monitor de campamento que nos entregó unas llaves de la cabaña y nos dejó acomodarnos en ella.

-La habitación mola.-Dije, tumbándome en la cama.

-Si, no está mal. Y lo mejor es que son por parejas. Tú y yo solas. Durante un mes entero…-Dijo, asomándose al baño.- ¡Y tenemos baño aquí dentro!

-¿De verdad?-Pregunté, y me levanté de un salto para verlo.-No es pequeño, se va a estar muy bien aquí.-Admití, mirándolo todo con curiosidad.

-Esto es genial. ¿Vamos a ver lo que hay fuera?-Preguntó Espe.

-Si, haber si alguien conocido del instituto.-Dije, y salimos hacia fuera. Le dejé bajar primero los escalones y en esos segundos miré alrededor, visualizando a al gente.

De repente topé con un par de ojos y una sonrisa que llegaron a lo más profundo de mi corazón, y solo había una mirad ay una sonrisa que me producían esa sensación. Aquel chico de ojos verdes brillantes como esmeraldas y dientes blancos como perlas me miró, y mudó su expresión a la da sorpresa, idéntica a la mía. Su pelo rubio revuelto y su cara dulce eran tan únicos como que me llamo Aida.

-¿Mark?-Dije, y pareció escucharme entre el barullo de la gente. Su sonrisa volvió a atravesar su cara y sus ojos chispearon como nunca los había visto hacer antes. Entonces, en lugar de bajar las escaleras, salté hasta el suelo y fui hacia él, que dejó a medias su conversación y se abrió paso entre la gente en la dirección en la que yo estaba.


No tengo mucho más que decir sobre esto, es bastante obvio xD Solo decir que me gustan los reviews largos 9u9 (Si, va por ti xD)

Tenía que resumir cuatro años porque hasta dentro de cuatro años Mark no volvía a aparecer, además, no pasa nada interesante en ese tiempo, no os habeis perdido nada. ^^