Hola! Les dejo otra parte :) disfrútenla


Un amor que trasciende

3. Un deseo de corazón

Hoy es el día de mi graduación. Mi familia me acompaña hasta la escuela, donde me encuentro a mis amigas emocionadas de haber concluido la preparatoria. Me alegra mucho haber llegado hasta aquí, después del trabajo que me costó llevar mis estudios cuando viajaba al Sengoku, e incluso cuando regresé a casa para quedarme. Todos toman fotografías y se dan abrazos de despedida, pues muchos de los graduados irán a otras ciudades a seguir estudiando. Yo decidí quedarme aquí. Pasé mucho tiempo lejos de mi familia cuando estuve con Inuyasha, y en cierto modo, quiero seguir teniendo cerca a todas esas cosas que me recuerdan a aquellos momentos.

Regresamos a casa después de una rica cena para celebrar, y platico con mi madre respecto a lo que siento, a lo que quiero para mí. Subo a mi habitación y una vez más siento la nostalgia recorrer cada parte de mi cuerpo, me dan escalofríos aún después de tres años de no poder viajar en el tiempo. El frasco donde guardaba los fragmentos de la perla sigue en mi mesa de noche, los restos de las fotos de Inuyasha y mías que alguna vez nos tomó Sota en aquella máquina están clavadas en mi pared. Después de tanto tiempo, aquella historia parece sólo un cuento, pero siempre encuentro algo que me recuerde a él.

Me pregunto si todavía se acordará de mí. ¿Habrá decidido al final marcharse a buscar a Kikyo? De todos modos, ya no había nada que lo pudiera detener. ¿Y qué habrá sido del resto de mis amigos? Espero que Miroku por fin haya sentado cabeza con Sango. Me encantaría verlos juntos porque sé lo mucho que se querían. ¿Y Shippo? ¿Será más grande ahora? Creo que si algún día lo llego a ver no podré reconocerlo. Tampoco me despedí de Kouga, pero supongo que tarde o temprano se enteró de lo que sucedió. Kirara, Kaede, Myoga, Totosai, Kohaku, e incluso Sesshoumaru y compañía parecieran haberse vuelto ya sólo un recuerdo.

Salgo a caminar por el patio y de nuevo me topo con el árbol sagrado, aquel donde conocí a Inuyasha hace ya cuatro años. Me acerco y coloco mi mano sobre el lugar donde estuvo sellado antes de que yo lo despertara, lo que me hace sentirlo más cerca aún estando tan lejos. Nunca pensé que ese árbol se volvería tan importante para mí.

De pronto empiezo a sentirme inquieta, como si algo en mi interior me pidiera a gritos volver a la época antigua. Voy hacia el templo en donde ha estado sellado por tres años el pozo y abro la puerta. Dudo en entrar, pues sé que mi corazón se partirá de nuevo al ver en el fondo sólo oscuridad. Bajo lentamente y pongo mis manos sobre la estructura de madera. De nuevo vuelven los recuerdos de la última vez que vi esos ojos dorados. Sé que cuando regresé a casa me sentí aliviada, feliz de estar con mi familia una vez más. A veces pienso que eso fue lo que provocó que el pozo se cerrara por completo, además de que mi misión de recolectar los fragmentos de la perla había ya terminado.

Pero yo todavía no estaba lista para decir adiós. Quedaron muchas cosas pendientes por decir, y aún las hay dentro de mi cabeza. Y entonces caigo en cuenta de que, por más tranquila que esté en mi hogar, siempre desearé algo más. Verlo. Deseo, con todas mis ganas, ver a Inuyasha otra vez.

Y entonces siento un ligero viento que hace bailar mi cabello y seca lentamente mis lágrimas. Mis sentidos se llenan de nuevo con el olor a bosque, a tierra húmeda. Abro los ojos mientras mi corazón se acelera. Ahí está de nuevo. Puedo ver el cielo azul en el fondo del pozo. Ya no hay más oscuridad. ¿Qué es esto? ¿Acaso… puedo cruzar de nuevo a la era feudal? Mi mente se queda en blanco y no puedo moverme. Escucho la voz de mi madre, que me había estado buscando desde hace rato. Baja conmigo al templo y me pregunta si todo está bien, cuando se percata de lo que ha sucedido.

Volteo a verla con ojos llorosos y le digo que he estado pensando en muchas cosas. Sin tener que explicarle nada más, me dice que entiende. Me conoce demasiado bien. Llama a mi hermano y a mi abuelo, quienes ya sospechan lo que pasa. Los abrazo con todas mis fuerzas, mientras tomo la mochila que me han preparado en cuestión de minutos. Les sonrío y, después de tres años, vuelvo a entrar a ese pozo. Ya había olvidado lo que se sentía en la oscuridad mientras viajaba a tiempo atrás.

No tardo mucho en reconocer el otro lado. La madera está llena de plantas, como si el tiempo hubiera revivido a la madera. La tierra fresca despide un olor sumamente agradable, que me llena de armonía y tranquilidad. Subo lentamente, cuidando mis pisadas. Y de pronto veo una mano familiar que me aguarda. Tardo unos instantes en reaccionar, pero lentamente estiro mi brazo para alcanzarla. Me toma con fuerza y me impulsa a salir de ese lugar. Me parece que pasa una eternidad hasta que por fin me topo de nuevo con esa mirada. Inuyasha. Él ya me esperaba ahí, como si hubiera sabido que iba a regresar.

No puedo evitar llorar otra vez, y lo primero que hago es disculparme por dejarlo esperando por mí. Le sonrío, mientras mi corazón se llena de alegría de estar a su lado nuevamente. Me abraza con todas sus fuerzas, casi a punto de asfixiarme, pero es lo que menos me importa. Su voz, que me pregunta qué estuve haciendo todo este tiempo, suena como una melodía en mis oídos. Y nos quedamos así abrazados por un buen rato, hasta que nuestra respiración tomó su curso normal.

Estaba tan concentrada en el hanyou que no me di cuenta que el resto de mis amigos también había llegado. Shippo es el primero en correr hacia mí y abrazarme. Sango y Miroku me dan la bienvenida mientras yo los observo atónita. Ahora tienen una hermosa familia con dos pequeñas y un bebé. Caigo en cuenta que las cosas han cambiado mucho desde que me fui, pero era de esperarse, pues habían pasado tres largos años. Después de saludarlos a todos y platicar un poco de lo que han hecho en mi ausencia, nos disponemos a volver a la aldea, en donde todos se han estabilizado.

También me encuentro con que Kaede está cuidando a Rin, a quien Sesshoumaru visita seguido. Kohaku se prepara para ser un exterminador con las enseñanzas que alguna vez recibió de Sango, y Shippo ha mejorado en sus técnicas de zorrito. Miroku e Inuyasha trabajan juntos exterminando monstruos y espíritus para ayudar a las aldeas, sobre todo ahora que el monje tiene una familia grande que atender. Kouga se ha marchado al norte, pues su matrimonio con Ayame lo convirtió en el líder de la tribu de los Lobos. Todavía me cuesta trabajo creer que por fin estoy de regreso y al parecer a ellos también, pues me observan detenidamente incrédulos.

Cae la noche y mis amigos se despiden para ir a sus respectivas casas, todos excepto Inuyasha, quien ha permanecido conmigo cada minuto desde que regresé. Me dice que probablemente Kaede también quiera descansar y que sería mejor que saliéramos también. Todavía no sé qué ha pasado con su vida, pues platicamos de todos menos de él, así que le pido que me cuente todo. Quiero saber cómo ha estado, lo que ha hecho, qué ha pensado durante todos estos años. Su sonrisa sincera me indica que no debo ser impaciente, que ya habrá suficiente tiempo para platicar, así que me tranquilizo un poco.

Sus brazos me rodean nuevamente bajo la luz de la luna. Esta vez no se siente lleno de ansiedad, sino más bien de alegría, de paz. Me toma de la mano y comenzamos nuestro camino hacia los adentros del bosque nuevamente, ambos en silencio. En ese momento, las palabras no son necesarias. Me exalto un poco cuando llegamos al lugar donde se encuentra el pozo, pero al darse cuenta de mi reacción, me dice que no me va a dejar escapar otra vez. Suelto una carcajada y se ríe conmigo. Jamás lo había escuchado reírse así, de una forma tan sincera y abierta. Seguimos caminando por unos minutos más hasta que llegamos a una cabaña, su casa. Me sonrojo tanto que mi cara termina siendo del color de haori de Inuyasha.

Se detiene en la puerta. Voltea a verme, esta vez algo nervioso, angustiado, y me pregunta que si quiero quedarme con él esta noche, y que ya después veremos qué podemos hacer. Trago saliva. Ni en mis sueños más locos había imaginado que pasaría una noche en casa de Inuyasha, pero asiento con la cabeza sin dudar. Claro que quiero quedarme con él. He deseado por cuatro largos años estar así, a su lado. Se nos pasan horas platicando de él, de mí, hasta que ya cerca del amanecer llegamos al tema de los dos. No quiero adelantarme, pues sé que me ha esperado mucho tiempo y no sé si todavía siente igual que yo.

De pronto y sin darme cuenta, sus labios se acercan a mí y me besa con todo el amor que jamás esperé de él. Nos separamos para respirar, pero no suelta mi mano. Entonces me dice que me extrañó demasiado, que le hacía mucha falta, que quería verme, que me hubiera esperado el tiempo que fuese necesario, pero estaba feliz de que yo estuviera de regreso. Su voz me provoca escalofríos en cuanto pronuncia las palabras "Te amo y quiero que te quedes conmigo siempre". No lo pienso ni un segundo y le digo que sí, que nada me haría más feliz y que lo amo como siempre lo he hecho. Y amanece así, los dos juntos en lo que ahora será nuestro hogar. No estoy segura de poderme acostumbrar a esto alguna vez, pero mientras pueda estar con él estoy segura que nada podría ser mejor. Tampoco tengo claro qué nos depara el futuro, y nada eso importa mientras estemos juntos. Ahora sé que un amor como el nuestro, sin importar el tiempo, siempre trasciende.


Reviews porfa :)