Los Personajes No Me Pertenecen A La Escritora Stephenie Meyer, La Historia Tampoco Me peretenece La Mento No A Ver Hecho La Aclaración Antes.

Capitulo III

Antes de que todo se le echara encima, antes de que empezase el verdadero dolor, antes... Pero él negó con la cabeza y ni siquiera hizo ademán de levantarse de la cama, y Bella dio un respingo de alarma cuando él tiró de ella por la cintura para que se sentara de nuevo junto a él.

-Todavía no voy a marcharme -le informó-. He de hacerte una proposición, y quiero que me dejes terminar antes de decir nada. Sé que estás aturdida y que no estas en condiciones de tomar decisiones de ningún tipo, pero voy a obligarte a tomar esta determinación por la sencilla razón de que, si accedes, podremos salvar al menos tu orgullo de todo este desastre. Hizo una pausa y después la miro directamente a ojos y sin pestañear. -Querrías casarte conmigo en lugar de con mi hermano, Bella?

Durante unos segundos, Bella experimentó un completo bloqueo mental.

-¿Te has vuelto loco? -escupió al fin-. ¡Pero si tú no soportas ni mi presencia!

-Eso no es cierto, Bella -negó Edward.

Bella no quería seguir escuchando a intentó levantarse, pero las piernas no le obedecieron. Su cuerpo entero era como una masa de roca inerte, hendida por el rayo de las últimas dos horas y a punto de desmoronarse. Edward tom sus manos y las retuvo en su propio regazo para obligarla a mirarlo. Estaba tan pálido como ella, pero parecía decidido. Bella temblaba de tal forma que hasta la cabeza parecía sacudirse violentamente. Apenas podía respirar por la contracción de sus pulmones.

-Sé que no soy Jacob -concedió él tristemente-, y que nunca lo seré. Es mi medio hermano, y tan distinto de mi como... como Renesmee de ti, pero...

¡Renesmee! Aquel nombre estaba empezando a perseguirla; el nombre, un rostro dulce de ojos dorados y un cabello castaño. Renesmee era el algun tipo de Venus, la muñeca de porcelana, mientras que ella...

-¡Es la mujer adecuada para Jacob, Bella! –le dijo con fuerza Rafe, casi como si hubiese podido leerle el pensamiento-. ¡Siempre lo ha sido! Ya de pequeños se llevaban de maravilla y se hicieron novios antes de que un absurdo malentendido empujase a Nessi a irse a vivir con su madre a Norteamérica el año pasado...

-¡Te he dicho antes que no quiero saber nada de todo eso! -le gritó, intentando desesperada mente escapar del tornado negro que amenazaba con absorberla.

-¡Está bien! -contestó él, intentando calmarse con una profunda inspiración-. Escúchame entonces. -Dentro de tres días, tu tía y tu tío han de marcharse a un crucero de tres meses. ¿Crees que de verdad van a marcharse después de lo que te ha ocurrido? -Bella se lo quedó mirando.

Había olvidado por completo los planes de sus tíos. Llevaban años soñando con aquel crucero, y habían decidido hacer el sueño realidad ahora que la sobrina de la que tan amorosamente se se habían ocupado durante nueve años iba a dejar el nido.

-No tienen por qué preocuparse por mí -le contestó-. Les diré que...

-¿Qué vas a decirles? -la desafió cuando ella no encontró palabras-. -¿Qué vas a estar perfectamente aquí sola sufriendo durante los tres próximos meses?

-No voy a sufrir.

-Bien -asintió-. Me alegro de saber que tienes el coraje suficiente como para no hundirte, pero ¿Les dejarías tú a ellos solos si les hubiese ocurrido algo tan terrible como lo que te ha ocurrido a ti?

-por supuesto que no -contestó por ella-.

-Y si te las arreglaras para convencerlos de que se marchen, ¿crees que disfrutarían del crucero, sabiendo que te han dejado aquí sola?

-Me iría a casa de Alice..

-Alice se va a casar dentro de un par de meses –le recordó

-¿Cómo lo sabes? Él hizo un gesto como si la pregunta no tuviese importancia.

-Simplemente lo sé, e imponerle tu presencia en este momento sería como una nube negra que echaría a perder la alegría a su boda.

-¡Lo que no significa que tenga que imponerte mi presencia a ti! -espetó, dolida.

-¿Por qué no? -le preguntó, y la determinación de su mirada parecía estar horadando un agujero en ella-. Si alguien se lo merece, ése soy yo. ¡Antes has dicho que todo esto es culpa mía, y sé muy bien que es así! -admitió-. Fui yo quien llamó a Renesmee para hablarle de Jacob y de ti. Fui yo quien le aconsejó que volviese si seguía sintierido algo por mi hermano. ¡Y fui yo quien los animó a verse, quien se las arregló para que se vieran siempre que fuera posible, para que Jacob se diera Cuenta del error que cometía casándose contigo!

-¡Dios, cómo te odio! -masculló, y se dejó caer boca abajo sobre la cama; tanto le dolía y por tantos lugares que el cuerpo entero le temblaba.

-¡Escúchame! -dijo él, y para sorpresa de Bella se tumbó. también sobre la cama, a su lado, con tanta naturalidad como si tuviera todo el derecho del mundo a estar cerca de ella, cuando mismamente el día anterior apenas podía soportar mirarla... -Bella-, susurró y con mano insegura acarició suavemente los mechones húmedos de su pelo. La mano le temblaba casi imperceptiblemente-. Lo admito. Me siento culpable si quieres llamarlo así. Te debo una, así que déjame ayudarte a pasar por esto con algo de dignidad.

-Ofreciéndote para ocupar el lugar de tu hermano – su risa tuvo tintes de histeria-. ¿Cuántos años tienes?-le preguntó.

-Treinta y tres -contestó con una mueca.

-Yo tengo diecinueve -le inforrnó-. Jacob, veintidós.

-Ya lo sé -dijo entre dientes y se levantó bruscamente de su lado-. ¡Ya sé que no soy ninguna maravilla comparado con mi hermano! No te estoy pidiendo que me quieras sino que... me des la oportunidad de ayudarte a pasar los próximos meses mientras superas todo esto. Lo más probable era que jamás lo superase.

-¿Y qué vas a obtener tú a cambio?

No llevaba tres años trabajando para Edward sin haber aprendido ya que su reverenciado presidente no había absolutamente nada sin tener una buena razón.

-Como tú, yo también salvaría el honor de la familia.

-Tanto te preocupa el honor de tu familia? -le preguntó con escepticismo.

-Mi hermano podría quedar excluído de todos los círculos sociales de la ciudad por la forma en que te ha utilizado, Bella. Eso ensuciaría el nombre de la familia.

Utilizado... Volvió a dejarse caer sobre las almohadas. Sí, Jacob la había utilizado con sus promesas de amor eterno y pasión. ¡Y la única virtud que podía atribuirle era la fortaleza con que había resistido sus ruegos para que hiciesen el amor antes de la boda!

-Dios...

Tuvo que levantarse a todo correr de la cama y salir disparada hacia el baño, donde vomitó mientras Edward le sujetaba el pelo a la espalda y por la cintura. Qué humillante... una virgen el día de su boda sin un novio al que le importase un comino que se hubiera estado guardando para él.

Abrió los grifos del lavabo y se echó agua fria a la Cara. Edward se equivocaba en una cosa: valía diez veces más que su hermano, y en un sentido que no tenía nada que ver con el aspecto físico ni con el encanto; ni siquiera con el amor que aún le palpitaba en el pecho, a pesar del dolor que le había infligido.

Tenía que ver con aquella... responsabilidad tan hondamente arraigada en él. La clase de cualidad que le había empujado a hablar con la antigua novia de su hermano para ponerla al corriente de las intenciones de Jacob. Tenía que ver con aquella necesidad de arreglar lo que otro de su misma sangre había destrozado.

-No voy a casarme contigo, Edward-le dijo, apoyándose pesadamente contra el lavabo-. No pienso salvarte el cuello a costa del mío. No pienso degradarme mis sometiéndome a otro modo de explotación de un Cullen.

-No pretendo explotarte -protestó.

-Sí, sí que to pretendes.

Levantó la cara para mirarlo a través del espejo, y después se quedó allí, contemplando el vacío que era su propio a irreconocible rostro. Las lágrimas empezaron a quemarle los ojos, y se los cubrió con una mano.

Edward la hizo darse la vuelta y la cobijó entre sus brazos, y Bella lo sintió suspirar cuando notó que ella se resistía a las lágrimas.

-No me queda nada... susurró-. Nada...

-Pero eso pronto cambiara -murmuró él-: Vente conmigo, ahora, Bella -la animó con voz profunda -. Por ahora sólo tú, yo y Jacob sabemos lo que hay en esa carta. Sólo nosotros tres conocemos la verdadera razón de que hoy no haya boda. Ni siquiera tu tío lo sabe...sólo que Jacob ha decidido no casarse contigo. Podemos decirles que mi hermano ha llegado a saber lo nuestro. Que tu y yo nos hemos enamorado. Jacob no intentará desmentirlo. Simplemente se alegrara de que hayamos encontrado la forma de hacerle salir de este lío. Los invitados ya han estado especulando porque has preferido quedarte a solas conmigo y no con otra persona. Digámosles que tu y yo nos vamos juntos para casarnos en una ceremonia íntima y tranquila. Y démosles algo a lo que agarrarse, Bella... ¡un poco esperanza!

-Todo esta en las maletas -contestó en voz baja -. No tengo nada que ponerme.

-Eso podemos arreglarlo enseguida -contestó él y la tensión abandonó su cuerpo al reconocer en sus palabras una rendición. -Brevemente la abrazó para darle ánimos y después la hizo salir de nuevo al dormitorio; luego abrió la puerta del pasillo y Bella vio todas sus maletas.

-¿Cuál quieres que abra? -Bella las miró sin parpadear. Su ajuar. Las ropas había ido comprando durante semanas sólo con el propósito de complacer a Jacob.

Señaló una de las maletas y dio media vuelta, porque la mera idea de llevar puesto algo que lo que había metido allí la llenaba de horror.

Edward recogió el pequeño maletín de fin de semana y lo dejó sobre la cama para abrirlo.

Bella se acercó a la cama y se quedó mirando su contenido junto a él. Desde las cosas de aseo a la ropa interior nueva, y la tensión entre ellos empezó a crecer. Aquella era la maleta que había usado para su noche de bodas. Contenía sólo la clase de cosas que una novia quería tener cerca en tal ocasión. Cosas suaves, delicadas, sexys, con las que tentar a su marido. Sin una sola palabra y apretando los dientes, escogió unas braguitas de seda blanca y un sujetador a juego y el traje de chaqueta color verde manzana que había pensado llevar tras su parada en París. Después iban a pasar todo un mes de luna de miel en las Seychelles. Con aquello en las manos, entró en el cuarto de baño.

La puerta se cerró a su espalda y Edward se quedó de pie con la mirada clavada en la puerta durante un rato antes de darse la vuelta hacia la maleta y, en un acto de violencia que habría sorprendido a la propia Bella, de un solo manotazo lanzó la maleta volando al suelo.