Hola nuevamente, muchas gracias por los reviews que me enviaron, de verdad me ayuda mucho para seguir adelante con la historia...xD. Esta vez estuve checando un poco mas los signos de puntuacion, ya que como que es costumbre mia usar a diestra y sieniestra la coma..jajaja-.. (tick de dedo) xD. Me lo hicieron saber en un comentario, y que de verdad aprecio porque asi podre seguir evolucionando en la forma de escritura-( No se porque pero en algun momento me senti pokemon. con eso de evolucionar .. xD) Y poder tambien transmitir correctamente mis ideas que son medio confusas.. en fin .

En este Capitulo van entrelazadas dos canciones que talvez la letra es algo confusa, pero si se dan un tiempesito y checan el video en youtube, podran ver el porque las escogi.

Muchas gracias a Betk Grandchester, Luci Luz, Nekito,Becky, Carol Jennifer Grandchester, Mixie 07, Iris Adriana,Ana Maria Prunedallado, Bettysuazo,Pati, Liz Carter,Celia, Conny G. Veruck, Rose Grandchester, Cc73, Candy 667, Laura Grandchester. Disculpen si es llego a omitir algunos. Tambien quiero agradecerles a los que leen esta historia de manera anonima .. xD. Esta historia es por y para ustedes.

Bueno ya es mucha palabreria mia.. espero disfruten de su lectura.. les dejo en compañia del capitulo 3.

Tu eres mi felicidad... Esta vez no te dejare escapar...

Capitulo 3

Había pasado tres días desde la visita al hogar de Pony

En la mansión de Lakewood, Albert tomaba su desayuno en compañía de la Tía Emilia.

Johnson llego al comedor y saludo muy cortes mente a la señora de la casa.

-Buenos días Señora Emilia, Buenos días William, Solo vengo a informarle que todo está listo, cuando guste podemos partir.

-Gracias George… No tardare.

Entonces el Sr. Johnson salió del lugar.

La Sra. Elroy sostenía una taza de té que poco antes se había llevado a los labios, dejándola de lado se apresuró a comentar.

- -William, Te encargo mucho el que traigas de vuelta a Candice. Ya le hemos dado bastante tiempo y creo que no es prudente que dejemos que esta situación continúe así, no podemos permitirlo más siendo Ella una Andley. Tanto su educación, como nuestro buen nombre está de por medio.-

-Claro tía, ya he hablado con ella y esta gustosa de volver.

–Albert Tomaba un poco de jugo, y fijo su mirada en su Tía-

- Aunque respecto a Candice aún tengo una duda querida Tía, te conozco bastante bien y siento que me ocultas algo, ¿acaso tienes algún plan en especial para con ella?

-Pero que cosas dices William- Indignada contesto.

- No te he ocultado nada, solo es que me preocupa esa jovencita, pronto Candice cumplirá 19 años y no se me hace correcto que no le hayamos presentado adecuadamente ante la sociedad. Nuestro buen nombre y la buenas costumbres están de por medio. Y como ellas dictan debemos prepararla y encaminarla a un buen matrimonio. Al igual que tú –Le mira seriamente.- Candice está ya en edad casadera y sinceramente me encantaría volver a tener a unos cuantos niños pequeños corriendo por esta casa, ya sean de Archivald, tuyos o de Candice, nada me haría más feliz que eso.

-¿Solo es eso Tía? O ¿Es que acaso ya tienes pensado algún pretendiente?

-William, no entiendo tu molestia, ¡¿Y si así fuera? No le veo ningún problema, Candice es soltera y el que yo busque un pretendiente de buena familia no tiene nada de malo y mucho menos si ese alguien se interesa en ella.

Albert se tornó serio, tomo el vaso de jugo que tenía cerca y bebió un poco.

-Tía solo te pido de favor, que si la persona que hayas escogido no es del agrado de Candice no la obligues a tratarle, solo eso. Si es que ella acepta no me opondré a tus planes. ¿Podrías hacerlo?

Soltando un suspiro le contesto. -Está bien William, se hará como tú digas..

Bien –Dijo más tranquilo Albert- A todo esto me podrías decir su nombre, tal vez le conozca. No sera otra vez Neil Leagan... verdad?

-No William, No es Neil y aún no te puedo decir nada. Todo será a su respectivo momento, ya que el padre del caballero en cuestión me pidió absoluta discreción, solo te puedo decir que su familia es muy acaudalada y reconocida.

-Solo espero que sean buenas personas, termino por decir Albert. Tomo la servilleta y se limpió la comisura de los labios.

Después de haber terminado el desayuno se despidió con un beso en la mejilla de su Tía y salió para encontrarse con su pequeña.

Era muy temprano, en la colina del hogar de Pony los rayos de sol ya llegaban calentando la apacible mañana. Se levantó muy animada, ya después de algunos días de meditar estaba mejor. Después de todo, ese día dejo salir un poco sus penas. Al menos podría decirse que podía ayudar a sus tutoras sin darles más preocupaciones y problemas. Estaba realmente contenta, había tomado la decisión de seguir adelante, después de aquella conversación que tuviera con la hermana María noches anteriores, sabía que a partir de que se fuera de ahí, tenía que ser fuerte y enfrentarlo, y que pasara lo que pasara, tenía que seguir con su vida.

Sabía que Albert iría a buscarla ya para llevarla a Chicago, y que ese día el encuentro con la Tía Emilia era inaplazable, entonces decido tratar de dar una buena impresión, busco entre sus ropas un vestido acorde la ocasión y entre los pocos que tenía ahí se encontraba uno que hacía poco le regalara Albert.

Este era de color rosa claro con un escote poco pronunciado, y un listón grueso se ajustaba a su cintura, y la falda tenía una caída muy ligera que le llegaba un poco debajo de las rodillas, Aunque no estaba acostumbrada a ocupar zapatillas, esta vez lo hizo, tomo las que le había regalado con el vestido unas de tacón bajo en satín rosa. Se miró al espejo y se notó que estaba más delgada que en años anteriores, al parecer el arduo trabajo en el hospital y con los niños, le había ayudado a moldear su figura.

Miro su cabello suelto, y se dio cuenta que este le había crecido aún más ya que este le llegaba un poco más abajo de su cintura, así que lo ato con un listón en una coleta completa, dejando un gran moño y solo algunos risos sueltos. Salió de su habitación y comenzó con sus labores, despertar y arreglar a los niños, mientras que la señorita Pony y la hermana María se encargaban en el desayuno.

Tomaron su desayuno y ella estaba ayudando a lavar los trastos antes utilizados, cuando el motor de un auto se escuchó acercándose a la colina, poco tiempo después la Srta. Pony le avisaba de su llegada.

-Candy. Deja niña, yo después termino ven vamos a saludar.-

-Srta. Pony gracias pero ya casi termino.- Le contesto con una sonrisa en los labios. -Ya verá que no tardo.-

-¡Anda niña! Deja de ser necia vamos juntas, que si no ese lindo vestido se estropeara antes de que llegues a Chicago.

Albert estaba en el comedor junto con George y la hermana María les servía una limonada mientras le esperaban en la oficina de la Srta., pasaron solo unos cuantos minutos cuando ella apareció.

-Albert- Dijo la rubia con alegría al abrir la puerta de la habitación

Él se levantó de donde estaba sentado y se acercó a ella dándole un fuerte abrazo.

-Señor George.. Pero qué gusto verle de nuevo.- Le saludo.

-El gusto es para mí Srta. Candice.-

Albert le miro detenidamente, y tomándole la mano insto a que diera una vuelta.

-Candy.. De verdad no te conocía, te ves muy diferente con ese vestido. Pareces un pequeñan princesa.-

Candy se sonrojo totalmente ante las palabras de Albert ya que estas no se las esperaba.

-Yo!.. ah! Es cierto.. (Comenzó a parafrasear) Tengo todo listo, así que cuando quieras Albert podemos irnos, tal vez tienes cosas que atender hoy y ya la Srta. Pony y la hermana María ya están enteradas de todo.

-Si Candy, de eso estoy seguro ya que yo también les comente sobre mis planes para contigo.-

-Candy comenzó a reír (apenada) ahh pero que cabezota soy. Eso era de esperarse..jejeje.-

George la miro extrañado, notando como ella demostraba sin querer su nerviosismo.

Albert se acercó a la Srta. Pony tomándole las manos.

-Cuidare de Candy , así que por favor confié en mí, ella es parte importante de mi familia y no dejare que le ocurra nada malo, téngalo por seguro. Aunque hace años yo no haya venido directamente para adoptarla, quiero decirle que siempre le he apreciado-

-Joven Albert, (contesto al mujer) Sé que me dice la verdad y déjeme decirle que confió en usted de todo corazón. Sé que le cuidara, solo le pido que no nos olviden y que vengan de vez en cuando a visitarnos ya está que también es su casa. Y téngale mucha paciencia ya que nuestra niña a veces es muy atolondrada, pero tiene un noble corazón.

Candy bajo la mirada, tratando de esconder las lágrimas que estaban a punto de salir, después de un momento alzo la cara tratando de sonreír, entonces consiente de el paso que iba a tomar se acercó a la mujer que fue como su madre y la abrazo depositándole un beso en la frente antes de irse. Poco después hizo lo mismo con la mujer del hábito siendo esta la que le dio la bendición antes de irse.

George tomo la pequeña maleta de Candy y se encamino a la salida, esperando a que salieran. Entonces las mujeres les acompañaron al auto despidiéndolos con una sonrisa. Mientras los niños salían a despedirse.

A pocos momentos de partir, Candy parecía azorada, su mirada se perdía atravéz del cristal contemplando el paisaje que había detrás de él. Soltó un suspiro y bajando la cabeza sonrió para sí.

Albert la contemplaba en silencio tratando de asimilar un poco sus sentimientos, y de esa manera poder tratarla si ser descortés, pero al verla sonreír la preocupación que tenía se fue desvaneciendo poco a poco.

El viaje desde la casa en la colina a Chicago duro solo unas cuantas horas, al entrar a la ciudad, las manos de Candy comenzaron a temblar inconscientemente. Cada vez estaba más cerca de esa casa la cual no tenía muy buenos recuerdos, salvo algunos cuantos en el jardín cuando podía encontrarse con Archie, Annie, y Stear. El ultimo que tenia de ese lugar fue cuando regreso de Nueva York, después de esa terrible noche, en la que se despidió de su único amor.

Dudando de su decisión, le hablo a Albert.

-Yo.. Albert, creo que mejor regresare a mi apartamento, no creo que sea muy buena idea llegar allá con la tía abuela.-

Albert que noto su nerviosismo le sonrió. – No me dirás que le tienes miedo a la Tía Candy.-

-Oh! No es eso… Es que ... creo que no es el momento por ahora.-

-Y cuando sera ese momento Candy? -Le replico él.

-Bueno… Yo - Candy comenzó a apretar la tela de su falda.

-Hemos llegado.- Comento George.

Entonces ella fue consciente que había tardado mucho en pedir que le dejaran en su apartamento. Miro como George detuvo el carro, frente el gran portal de la gran mansión Andley, mientras un señor de mediana edad se aproximaba a abrir el enrejado, para seguir con su camino a la entrada de la lujosa casa.

Cuando el auto de detuvo otra vez, descendió de este George, seguido de Albert, quien poco después le tendió la mano para ayudarla a descender.

-Vamos… -Dijo Albert.

Las piernas de Candy apenas y se movieron.

-¿Que pasa Candy? -Le miro curioso -

-Veras que todo saldrá bien, no temas. Le sonrió instándola a seguir.-

Tomo su mano y la guio hacia dentro de la mansió enorme puerta se abrió y el mayordomo hizo una reverencia hacia Albert.

-Buen día señor. Nos alegra que haya podido llegar tan pronto. -

Gracias Joel, también a mí me da gusto regresar pronto. Albert se volvió al mayordomo con una enorme sonrisa, Albert giro sobre sus talones y le menciono.

-Por cierto Joel antes que nada quiero presentarte a mi pequeña hermana Candice, ella a partir de ahora vivirá aquí, quiero que le comuniques a todos. Y la traten muy bien.

Claro Joven, Se hará como diga. Hizo una reverencia –Mucho gusto señorita, espero su estancia en esta casa sea de su agrado.

Candy asintió con la cabeza.- Gracias señor Joel, es muy amable, espero que nos llevemos muy bien.

William, me da mucho que hayas regresado. Una voz lejana se escucho en ese lugar..

Tía … no penseque me esperarías.. De verdad estoy emocionado tía Emilia. -Se acercó y le beso las mejillas- Candice vino conmigo tía, mírela..

Entonces la mujer busco detrás de él.

-Candice. -

-Perdón por la intromisión a su casa tía, Yo … -

La anciana le miro.

-Me da gusto que hayas aceptado en venir Candice-

-Tía abuela Yo..

-Debes de estar cansada Candice - Le dijo con un tono serio, mas sin embargo no como en otras ocasiones. -William puedes guiarla a la que será su habitación para que pueda descansar, y tu también deberías de hacerlo, dentro de unas horas les hare llamar para una pequeña cena en conmemoración del regreso de Candice, a si que descansen por favor.

-Vamos Candy, es por aquí.. -Le guio Albert-

Si gracias, Entonces ellos entraron de lleno a la lujosa casa, encontrándose enseguida con las escaleras que llevaban a las habitaciones.

Al abrir la puerta de la habitación que le habían asignado, su corazón se encogió ante la emoción de lo que se encontraba ahí.

Muchas rosas blancas adornaban la habitación, llenando también de su dulce fragancia el lugar. Era encantador todo, había una gran cama con dosel, con dos pequeñas cómodas a los lados, el ventanal que era cubierto con unas hermosas cortinas blancas con toques rosas, daba a un balcón que tenia vista al jardín, un grande armario y un tocador con un pequeño taburete para poder sentarse cuando se arreglara el cabello, además de un diván que se veía muy cómodo.

-¿Te gusta Candy? Mi tía mando a colocar las rosas blancas, son de un jardín que solía cuidar Anthony, pensó que te gustaría mucho. Debo decir que Yo también estuve muy asombrado a su petición en la mañana. Pero aunque no lo creas, ella quiere que tu estancia aquí sea placentera y poderse llevar mejor contigo, conocerte y bueno uno que otro plan secreto contigo, pero nada en sí que trate de hacerte mal.

Albert… Yo…esto es mucho para mí, me gustaría agradecerle.

Claro, pero será en otra ocasión, ya tendrás tiempo de sobra, por ahora descansa, que esta tarde tienes que estar con buen semblante, no querrás que la Tía Emilia te rete ¿o sí?

No claro que no! Bueno gracias, arreglare mis cosas..

Ok! Nos veremos en un rato.- Comento Albert y salió del lugar

Nueva York

Había pasado unos días después de la plática que tuviera con Robert, en aquel pequeño bar en Nueva york. El productor le pidió que descansara esa semana completa, para que pudiera pensar las cosas y poder asimilar bien su situación, todo ello lo hacía para que no tomara otra decisión equivocada.

Le pidió que durante esos días, se alejara de todo. El teatro, de su casa, de su madre y de Susana. Terry tomando el consejo de su amigo, se alejo de la ciudad, recluyéndose en una pequeña finca, propiedad del productor. Pero solo pudo quedarse en esa propiedad dos días. Ya que aunque quería tomar más días, el trabajo y sus planes le dieron la pauta para regresar

Aunque había pasado poco tiempo en ese lugar, el se sintió un poco mejor. Esos días le ayudaron a pensar en toda la obscuridad que rodeaba su vida, y en ello también vio un poco de luz, y eso le aliviaba en mucho, ya que después de darlo todo por perdido, supo que tenía algo por que luchar, algo que entre todo lo llenaba y estaba decidido a pelear por ello.

El día en que conocí el amor…

Comencé a olvidar el nacimiento de las flores..
Aquel día supe que el amor es como una flama.

El día que conocí el amor…

Arranqué el botón más cercano a mi corazón

Aquel día supe que el amor es como una flama

Dirigí una mirada furtiva a tu perfil

Siempre estarás dentro de mí, lo sabes…

Fragmento – Flame- Buck-Tick

Llego al teatro y fue directo a su oficina, tenía que hablar con Robert y comunicarle su decisión. Camino rápidamente por el pasillo que llevaba su oficina, toco un par de veces y al no tener respuesta la abrió para cerciorarse que el hombre no se encontraba ahí. Pero su sorpresa fue mayúscula al ver a una mujer rubia sentada frente a su escritorio, platicando amenamente.

-Terry pasa no te oí llegar, anda no te quedes ahí parado, es de mala educación.-Le invito el hombre.

-Yo… no tenía la intención de interrumpir, perdona Robert. –Volteo a mirar a la mujer, ya que esta trataba de no mirarlo. - Eleonor… no, discúlpeme! –Se autocorrigió- Madre me da gusto que se encuentre bien, hace tiempo que no le veía.

El corazón de Eleonor comenzó a latir como si fuera escaparse, ahí estaba su hijo, a unos metros de ella, llamándole de una manera cariñosa madre, cosa que ella no podía recordar con exactitud cuando ocurrió la última vez que le escucho llamarla así. Serian ya más de diez años, antes de que su padre el Duque de Grandchéster, se lo llevara a Londres, con el pretexto de que ella nunca le daría el amor y un hogar adecuado para criar a su hijo, cosa que a su lado también le falto.

Volteo a mirarlo, apenada por las lagrimas que se asomaban en sus ojos.. -Terry.. Hijo.- Apenas pudo decir.

Terry se dirigió al hombre..

-Robert, después de la función, podría hablar contigo, es muy importante.-

-Claro Terry, te esperare entonces.-

-Gracias, no los molesto más.- Terry dio la media vuelta disponiéndose a salir, pero antes se dirigió a la rubia.

-Madre… ¿Me podría regalar algunos minutos antes de que se retire?, Me gustaría hablar con usted, Yo en verdad lo deseo mucho, si no es mucha molestia.-

-Terry.. No digas eso hijo. Nunca será una molestia, a mí también me gustaría mucho conversar contigo, solo termino unos asuntos pendientes con Robert y en un momento estaré en tu camerino.

-Muchas gracias, entonces le espero.- Le contesto afable Terry-

Salió de la oficina y se dirigió a su camerino a prepararse para la función. Al cerrar Terry la puerta, Eleonor miro al productor inquisidora menté, sabía que Robert tenía algo que ver con la actitud de Terry, tenía mucha curiosidad sobre lo que habría hecho su amigo, y a la vez estaba tan agradecida.

-¿Robert, le has comentado algo Terry que yo no sepa?-

-No. ¡Cómo crees Eleonor! Yo sería incapaz de hablarle de sus planes antes de que tú hablases con él. Solo que si le hice ver lo equivocado que estaba respecto tuyo. Sé muy bien Terry es un buen muchacho, solo que a veces el orgullo lo ciega, tal vez sea un defecto Baker & Grandchéster. -Le dijo, antes de sonreírle.-

-Eleonor sonrojada- Por favor Robert, no digas eso. -Bajo la mirada apenada.- te dejo, iré a donde Terry. Te pido de favor que no le digas nada aun. Se que encontrare la manera de contárselo yo misma, antes de que esto termine en un desastre.-

-Bien Eleonor será como digas solo que no tardes, ya que al parecer no queda mucho tiempo y puede que si no tienes tacto lo vaya a tomar a mal.-

-Si.. Eso lo sé Robert.. Eso lo sé..

Terry estaba acomodando su vestuario en el camerino, cuando escucho que llamaron a la puerta, casi de una zancada llego a la puerta que abrió rápidamente.

-Me da gusto que no tardara mucho en venir madre.- Terry le invito a pasar.

Eleonor entro al camerino y al hacerlo una enorme emoción le embargo, aquel lugar donde unos años antes había estado no había cambiado en nada, solo era distinta la persona que le ocupaba. Terry le acerco una silla y le invito a sentarse, mientras el tomo el pequeño taburete del tocador para hacer lo mismo.

-Madre… Quisiera… -Terry bajo la mirada- Las palabras que tenía que decir por alguna extraña razón se atoraban en su garganta -Yo eh sido un estúpido, no sabía nada, Yo estoy muy apenado.-

Eleonor lo miro con ternura.. -Shhhh- No digas nada Terry.

- Tú no has hecho nada malo al contrario, me has demostrado lo fuerte y noble que eres. Yo también he tenido la culpa en parte de todo esto hijo, he sido una cobarde, siempre temiendo en el que dirán, no por mí, sino por ti hijo, no quería acarrearte problemas tan superficiales pero no por ello, menos dolorosos. No quiero que todo por lo que has luchado en tu carrera se vaya por la borda, solo por mencionar que eres mi hijo.

-Madre… de verdad Discúlpeme.. yo no sabía, lo preocupada que estuvo y que ha estado por mí, no tengo palabras para pedirle perdón, yo en verdad estoy muy apenado, y a la vez tan feliz ya que por fin siento que no estoy solo, que tengo a alguien en que puedo confiar, y desde ahora quiero ser sincero.

-Voy a romper el compromiso que me une a Susana y después de ello iré a chicago, necesito urgentemente encontrarme con alguien que es muy especial para mí.-

-¿Es por ella verdad Terry? Esa chica rubia pecosa.- Le inquirió Eleonor.

Terry sonrió- si madre siempre ha sido ella.

-Me da mucho gusto Terry, pero antes quiero comentarte algo es sobre…

Tocaron la puerta insistentemente. Terry miro con fastidio hacia la puerta, pensando en matar a el entrometido que truncaba la plática que comenzaba -Mas les valía que fuera algo importante-

-Permítame un momento madre.- Terry se levanto de su lugar y se dirigió a abrir la puerta.

Ella asintió…

Terry camino hacia la puerta, al abrirla un joven que ayudaba a poner la escenografía le comento:

Joven Graham le buscan, es la Sra. Marlowe, le he dicho que está próximo a salir a escena y que no le puede atender pero es muy insistente y dice que no se irá hasta que no le reciba.

-Gracias Louis, Hágala pasar Yo me hare cargo. -Terry se volvió a su madre después de cerrar la puerta.

-Madre le parece que en otra ocasión podamos terminar esta plática.-

-Claro te esperare en mi casa, ahí podremos conversar sin ningún problema, te parece bien.

El asintió-

Entonces los gritos de la Sra. Marlowe le hicieron voltear para volver a abrir la puerta.

Buenas tardes señor Graham.. – Le dijo de manera despectiva aquella mujer-

Señora Marlowe, a que debo el placer de su visita.

Placer dice señor, para mí no me es placentero venir a verle –Mirando dentro de su camerino encontrando a Eleonor que se disponía a salir- y menos darme cuenta que usted se divierte invitando a mujeres a su camerino, mientras mi pobre hija se muere de pena ya que usted siendo su prometido no le va a visitar.

Eleonor al ver el enojo de la mujer y la manera tan ofensiva que le miro, quiso hacerla enfurecer mas. Era increíble como Terry, trataba de sobrellevarla, menos mal él se había dado cuenta ya del error que iba acometer, y se alegro mucho por ello, así que pensó en ayudarle un poco.

Se acerco y se despido de su hijo con un sutil beso en la mejilla. Y le menciono algo al oído. Cosa que no paso desapercibida para la Sra. Marlowe, que rabiaba por la osadía de esa mujer. Como podía invitarlo a su casa de esa manera tan sugerente, ¿Acaso no sabía quién era? ¡Quería abofetearla!, por esa ofensa poco le importaba que fuera la gran Eleonor Baker.

Entonces la rubia se alejo con una sonrisa en los labios.

Terry solo sonrió ante la ocurrencia de su madre, encontrando divertido el hecho de hacer enfurecer a la Sra. Marlowe. – Esta le jalo de la chaqueta para que volteara a verla.- Mostrando así su fastidio.

Dígame señor Graham, ¿cuándo piensa en ir a ver a mi hija? ella se encuentra muy mal desde que usted no ha ido, ¿Que se supone que piensa usted? ¿Acaso no es un caballero o no tiene palabra?. Dígame! ¿Por qué usted esta tan renuente y no ha fijado la fecha para la boda?, ¿Que es lo que espera?..

Terry fastidiado ante el modo poco cortes de la señora Marlowe y todas las preguntas que le soltó, su apreciable suegra. Le corto de tajo la creciente conversación que ella quería llevar.

-Creo señora que no es lugar ni momento para hablar de su hija, si no he ido a verla tal vez sea porque no he tenido ganas de verle, así que siéntase muy segura que cuando voy es por voluntad propia y de corazón. No porque usted venga y me diga que debo ir.

-Si me disculpa Sra. estoy un poco corto de tiempo, así que mañana terminaremos esta alegre charla en su casa.-Se dio la vuelta y cerró la puerta de su camerino con una picara sonrisa, dejando a fuera una muy enojada mujer.

-En Chicago-

Candy miraba fascinada los colores del atardecer desde la ventana de su habitación. Era un ambiente muy diferente al que estaba acostumbrada, y eso le causaba un poco de nostalgia. Mientras el naranja se tornaba en morado hasta desaparecer los últimos rayos del sol.

Ella permanecía absorta en sus pensamientos los cuales siempre terminaban en la misma persona, recordaba los días en Londres en el colegio San Pablo y las tardes en las que ella aburrida, se asomaba por el balcón de su ventana y miraba a lo lejos a cierto rebelde ingles que permanecía sentado en la rama de un árbol cercano tocando la armónica.

Tocaron a la puerta y ella salió de su ensoñación, esta se abrió dejando ver a una muchacha con una gran sonrisa

Dorothy –Casi grito de la emoción-

-Señorita Candice- Le contesto muy seria, he venido para ayudarle en su arreglo personal y a anunciar que desde el día de hoy yo seré su dama de compañía. – Ella cerró la puerta detrás de sí, y le sonriéndole le guiño un ojo de manera muy amable.

Candy corrió y le abrazo.

-Dorothy que alegría… me da mucho gusto de volver a verte.-

-A mí también me da mucho gusto señorita Candy, sinceramente me sorprendió mucho cuando la señora Elroy me pido que viniera a Trabajar aquí a chicago. Y me asigno su cuidado.-

-¿Fue ella la que te pido que vinieras?.- Le cuestiono Candy asombrada.

Ella asintió. -Si Candy.-

Yo no lo puedo creer Dorothy.

Pero bueno yo vengo a ayudarle a arreglarse señorita, asi que manos a la obra, preparare el vestido que trajeron para ti.

Que también hay un vestido especial para mí ?

Dorothy asintió.. Es un regalo de la Sra. Emilia.

Así que vamos. Que se hace tarde y hoy debes lucir muy bella en la cena de bienvenida que organizaron para ti.

Empezaron a hacer su entrada los invitados, aunque eran muy pocos. La familia Andley era reconocida por sus cenas de gala, a las cuales personas de alto abolengo llegaban a asistir. Mas la intención de esta era ser algo más intimo. Solo la familia Britter, y algunos amigos muy cercanos asistirían.

Archie Corwell llego con un colega de la facultad, estaba muy animado por el motivo de la velada, Otra vez la rubia pecosa estaba en su vida y eso le daba alegría ya que esos días tan amenos que vivió en su infancia a lado de su primo Anthony y su hermano Stear volvían a su memoria tan solo con mirarla. Aunque sus sentimientos hacia ella, ahora eran fraternales no pudo evitar la punzada de dolor, al saber que ella se encontraba apagada, después de su separación con Terry. No era la misma Candy, que reía abiertamente de todo, aunque trataba de fingir que era feliz, todos los que la conocían bien se percataban de su mirada triste, perdiéndose de vez en cuando en el horizonte como si estiviera esperado algo o a alguien. Por ello se prometió así mismo que la ayudaría, como ella antes lo ayudo.

Archie! Que gusto que hayas llegado. Estaba ya temiendo que no volvieras a tiempo. Le decía Albert que bajaba la escalera vestido en un frac negro que le daba un porte muy elegante.

Archie avanzo hacia él y se unió en un abrazo.

- Pero que cosas dices Tío, no podía perderme por nada esta cena. A todo esto dígame ¿cómo se encuentra? Todavía no me puedo creer que la haya convencido de venir a vivir aquí.

La carcajada suave de Albert, inundo de alegría a Archie.

-Como vez, pude convencerla y eso es lo que cuenta.-

Albert miro que detrás de su sobrino venia otro joven acompañándole. Archie dándose cuenta que su tío le iba a preguntar sobre su amigo, el le llamo para presentarlo, antes de que Albert le fuera a cuestionar.

Oh! Perdona, con toda esta alegría casi olvido a mi amigo y cómplice Edward Jeager, estudia conmigo en la facultad, y hoy no pude despegármelo por nada, el está muy entusiasmado por conocer a Candy.

A Albert, le causo gracia el comentario de su sobrino y con una gran sonrisa saludo al joven. -Mucho gusto Edward. Mi nombre es Albert, espero que podamos ser muy buenos amigos.

El joven, pelirrojo le tomo la mano estrechándole amablemente –Gracias pero el gusto es mío, no sabe cuánta alegría me da poder estar compartiendo con su familia.

-A todo esto Albert, ¿Donde se encuentra Candy? Me muero de ganas de verle. – Le pregunto Archie.

-Ella no tardara en bajar, bueno al menos eso creo-

Albert miro hacia la puerta y observo que la familia Britter entraba por esta.

-La familia de tu novia ha llegado, creo que será mejor que vallas y le recibas Archie..-

-Si.. Tiene razón tío, iré por Annie que de seguro esta mas que feliz por la noticia.-

Archie se encamino para con Annie, mientras Albert comenzaba una charla con Edward, sobre la facultad.

La fragante música se escuchaba tenuemente amenizando el lugar, sin duda Emilia Elroy era un Excelente anfitriona, Albert enfrascado en la conversación con Edward, no se percato que la rubia iba bajando a donde se encontraban ellos, sino hasta cuando la mirada atónita de Edward le hizo mirar hacia atrás. Ahí se encontraba ella, su pequeña princesa envuelta en un aura casi de cuento de hadas. Podía compararla con cualquier princesa, y ellas quedarían opacadas ante ella. Vestía un hermoso vestido color verde esmeralda, que hacían que sus ojos resplandecieran. Era un vestido de manga larga hecha de un fino encaje y algunos brocados de pedrería en el cual sus hombros quedaban descubiertos, mostrando su clara piel cubierta con unas cuantas pecas, ajustado a su estrecha cintura, y con una caída delicada de la falda hasta los tobillos. El escote era sutil que mostraba un poco. Le habían peinado de una trenza en forma de diadema, dejando que los rizos rubios cayeran a su espalda. Con un maquillaje tenue que acentuaba su mirada al igual que sus labios con solo un poco de color.

Se sentía nerviosa, ya que bajaba las escalera con sumo cuidado como tratando de no caer por los tacones a los cuales no estaba acostumbrada.

Edward le miraba embobado a detalle, como si con ello pudiera tocarla. No pudo pensar en nada, ya que no supo en qué momento se encontraba subiendo la escaleras llegando hasta ella ofreciéndole su mano, para acompañarle al bajar.

Candy al mirar al joven pelirrojo ofreciéndole su mano, se sonrojo al grado que pensaba que todo mundo la miraba, y si era, todos en el recibidor miraban como Edward le miraba embelesado.

-Me disculpo por mi atrevimiento, Srta. Mi nombre es Edward Jeager, pero sería un placer que me llamara solamente Edward, Soy compañero en la facultad de Archie Corwell.

Candy le miro un momento en lo que podía recuperarse de la sorpresa y luego le sonrió ofreciéndole su mano para que él le ayudase a bajar. Mucho gusto yo soy Candice Andley.

Pero puede llamarme Candy.

Albert miraba la escena muy entretenido, no pensó que tal reacción provocara su pequeña en el joven.

Candy estaba muy sonrojada ante tal hecho, al mirar a Albert noto como le ofrecía una sutil sonrisa que no por ello pasaba desapercibida para ella. Llegaron hasta donde se encontraba el. Y él le dio una vuelta para mirar el arreglo de la joven.

Pequeña… estas preciosa. –Le dijo, mientras le depositaba un beso en la frente.

Archie llegaba poco después con Annie colgada del brazo, al estar cerca de ellos Annie soltó el brazo de su novio y corrió donde se encontraba la rubia dándole un fuerte abrazo mientras de sus ojos unas cuantas lagrimas se escapaban.

Me da tanto gusto, apenas pudo esbozar Annie, ya que su garganta se cerraba a causa de las lágrimas. Candy le alejo un poco.

-Annie no llores, arruinaras tu maquillaje y mira que ahora luces preciosa.-Le dijo la rubia para calmar a su amiga.

-Veo que no perdiste el tiempo.- Le dijo Archie a su amigo mientras una sutil sonrisa se dibujaba en el rostro.

Como podría perder el tiempo con ella colega, me estoy cuenta que te quedaste corto ya nunca me dijiste que es tan hermosa.

Yo debía decirte! Caramba estás loco! Como crees que haría algo así, ella es alguien muy querido y valioso para mí, por eso no puedo dejar que cualquiera se le acerque. Le dijo en broma con una gran sonrisa.

Ya lo veo! Pero no yo soy cualquiera, te lo demostrare.

Archie sonrió ante las palabras de su amigo, y se encamino a donde la rubia y su novia. Candy al verlo cerca le abrazo.

El primer paso estaba dado, sabía que su amigo era un buen hombre y tal vez este le ayudaría a olvidarle, a Ese que pensó que daría todo por ella, y que al final se resigno

Divertido por lo acontecido Albert, les pidió que le acompañaran al comedor donde ya les esperaban los demás.

Se acerco a su tía y le ofreció el brazo para escoltarla al comedor, mientras que Archie hacia lo mismo con Annie, y Edward acompañaba a Candy de la misma manera.

Esa Lucha en mi cabeza,

Siempre oprime mi corazón.

Borra la voz de mi Corazón y detén todo este estruendo..

Sálvame!..

Me encuentro a la deriva .. a la deriva ..

Abro la ventana y alzo la mirada.

Estoy gritando.. Estoy llorando

Lagrimas desgarradoras que derraman las estrellas.

La luz desciende para iluminar mi sendero

La radiante luz de un desbordante amor

No volveré a llorar nunca más

La melodía de mi corazón.. da inicio…


-Fragmento -Shining Out Stars –Olivia Lufkin-


Si desean checar o tienen curiosidad sobre las letras que pongo aquí les dejo los nombres para escuchar las canciones que se mencionaron en este capítulo.

Stars Shining Out -Olivia Lufkin-

Flame –Buck-tick-

Las dos canciones las puedes encontrar en Youtube, Subtituladas.

Nos vemos la siguiente semana..

Sakurai Alighieri - Elie Alighieri