¡Hola! ¿Qué tal? Vengo con un nuevo capítulo :)

Muchísimas gracias a jesica-haruzuchia y Crimela por vuestros comentarios :D ¡De verdad, gracias! Me hace muy feliz que os vaya gustando la historia, aunque esto no ha hecho más que empezar ;)

Espero que lo disfrutéis.


3

La ayuda menos esperada

A la mañana siguiente, nada más levantarse, Hermione les informó a Harry y Ron que las personas que ella creía que les serían útiles para la misión vendrían a verles esa misma tarde. La familia Weasley, afortunadamente, fue a hacer unas compras al Callejón Diagon, de modo que tendrían toda la casa para ellos solos.

Por la tarde, una vez que los Weasley se fueron, Harry y Ron (que se habían librado milagrosamente de tener que ir a comprar) estaban sentados en la cama de la habitación de Hermione esperando a las misteriosas visitas.

La puerta de la habitación se abrió dando paso a una nerviosa Hermione.

—Enseguida vendrán —informó—. He quedado con ellos a las cinco… y son menos diez… No pueden tardar mucho… —Hermione murmuraba estas frases una y otra vez mientras retorcía las manos dando vueltas por la habitación.

—Hermione, relájate —le aconsejó Harry—. Si han accedido a venir será porque quieren ayudarnos, ¿no?

—No les he dicho para qué les he llamado. Sólo les he dicho que quería hablar con ellos —le corrigió la chica, retorciendo las manos con más fuerza—. Las cartas podrían haberse extraviado y leerlas las personas equivocadas… O, no sé… Ay, no sé si van a querer hacer esto…, seguro que todo sale mal…

—Por las barbas de Merlín, tranquilízate —exclamó Ron, desperezándose sobre la cama—. Todo va a salir bien, ya lo verás.

—¡No, no, no! —Chilló Hermione, de pronto al borde de un ataque de nervios—. ¡Él jamás accederá! Merlín, he sido una idiota. Le escribiré y le diré que no venga…

Unos inesperados golpes en la puerta de entrada hicieron que Hermione pegase un gritito y dejara de dar vueltas por la habitación en el acto.

—Ya están aquí —jadeó, permaneciendo inmóvil un par de segundos más y después dirigiéndose escaleras abajo a toda prisa. Harry y Ron se miraron con inquietud.

Apenas un minuto después, la muchacha regresó a la habitación. Tenía las mejillas levemente ruborizadas, una extraña expresión de culpabilidad, y tras ella venía…

—¿MALFOY? —bramó Ron, levantándose de un salto con los ojos azules como platos. Harry también se puso en pie, igualmente alarmado.

Ambos muchachos habían tardado un segundo más de lo habitual en reconocer a Draco Malfoy, pues era la primera vez que lo veían vestido con ropa muggle: unos pantalones negros y una camisa gris oscuro que permitían apreciar su alta y delgada figura. La última vez que le vieron, haría casi cuatro años, estaba algo demacrado por la vida que los mortífagos le obligaban a vivir, pero lo cierto es que su aspecto había mejorado notablemente desde entonces. Su rubio cabello estaba algo más largo, pero sus ojos grises tenían el mismo brillo y la misma mirada de indiferencia.

—¿QUÉ HACES TÚ AQUÍ? —siguió chillando Ron, al límite de la histeria—. ¡VETE INMEDIATAMENTE DE MI CASA!

—Ron, por favor, yo le pedido que venga —balbuceó Hermione, agitando las manos exageradamente, tratando de calmarlo. No dejaba de mirar a Draco de reojo, visiblemente nerviosa; parecía no saber muy bien cómo comportarse en su presencia. Él se limitaba a mirar fijamente al pelirrojo, con los ojos entrecerrados—. Siéntate donde quieras, M-Malfoy… por favor. Ahora mismo te explicaré para qué te he llamado…, aún tiene que venir una persona…, p-pero estará al caer, estoy segura…

La puerta de entrada volvió a ser golpeada, y Hermione salió de la habitación a la velocidad del rayo para ir a abrirla. Parecía aliviada de poder salir de ese ambiente tan tenso, aunque fuese por unos segundos.

Draco cruzó la habitación con las manos en los bolsillos y sin cambiar su inexpresivo rostro. Sin siquiera mirar a los dos chicos que le observaban, se sentó en la silla del escritorio de Hermione y miró alrededor con aburrida curiosidad. Aparentaba indiferencia, pero se notaba tensión en su postura. Harry de nuevo había tomado asiento lentamente en la cama de su amiga, aún mirando al rubio con desconfianza, pero Ron seguía en pie, totalmente rígido, y mirándolo con profundo odio.

Hermione volvió al cabo de unos pocos segundos acompañada de una muchacha que parecía tener su edad. Tenía el negro cabello largo hasta los hombros y unos expresivos ojos marrones. Saludó con una tímida sonrisa y se sentó en la esquina de la cama, tal y como le indicó la castaña.

—Bueno, ya estamos tod… —suspiró Hermione, permaneciendo de pie frente a todos y dejando de hablar repentinamente por una causa muy simple:

Malfoy se había levantado de golpe, y todos los presentes temieron por un momento que se fuera a marchar como si nada. Pero, para sorpresa de los tres ex-Gryffindor, el rubio se había levantado de la silla con el fin de ofrecérsela con un seco gesto de la cabeza a Hermione. La chica parpadeó un par de veces en medio del silencio de la habitación y, tras balbucear un débil y torpe "gracias", aceptó el asiento.

Harry miraba la escena tentado de frotarse los ojos. Ron no podía disimular una expresión de repugnancia e incredulidad. ¿Quién era ese tipo y que había hecho con el engreído, soberbio y desdeñoso Draco Malfoy adolescente que habían conocido en Hogwarts? Y lo más importante de todo ¿Desde cuándo gastaba buenos modales con los "sangre sucias"?

Malfoy se sentó en el borde del escritorio de la castaña con los brazos cruzados y miró a ésta, expectante, aguardando a que empezase a hablar.

—B-bueno… —balbuceó Hermione, quien parecía haber perdido el hilo de lo que estaba diciendo. Carraspeó un poco y trató de comenzar—: Para empezar haré unas presentaciones rápidas, ¿vale? Harry, Ron, M-Malfoy, ella es Ángela Carver —señaló a la muchacha morena, quien a su vez sonrió a los jóvenes, cohibida—. Íbamos juntas a la clase de Aritmancia en Hogwarts y éramos buenas amigas. ¿Nunca os he hablado de ella? —preguntó, dudosa, mirando a sus amigos.

—No —admitió Harry. Ron corroboró sus palabras negando con la cabeza.

—Vaya —musitó Hermione, decepcionada, mirando a la chica con timidez. Ángela le sonrió indicando que no tenía importancia—. Bueno, pues, Ángela, ellos son Harry Potter —el moreno le sonrió—, Ron Weasley —éste le saludó con un gesto de la mano—, y él es Dra-Draco Malfoy —el rubio inclinó la cabeza cortésmente.

—Es un placer conoceros —saludó Ángela, sonriéndoles abrumada.

—Bueno, hechas las presentaciones —Hermione carraspeó con nerviosismo y retorció sus manos sobre su regazo—, iré directamente al grano —respiró hondo y dijo en voz algo más alta—: Necesitamos vuestra ayuda porque tenemos sospechas de que… de que Lord Voldemort sigue vivo.

Draco frunció el entrecejo y entrecerró sus ojos levemente. Ángela en cambio los abrió con temor e inhaló bruscamente.

—¿Que sigue vivo? —balbuceó la morena, atónita—. No es posible…

—¿En qué te basas para creer eso, Granger? —inquirió Malfoy, abriendo la boca por primera vez. Su tono de voz era bajo, y aún más frío y serio que en sus años de estudiante.

—Veréis… —la joven castaña parecía que iba a empezar a explicarse, pero Ron la interrumpió.

—¡Espera un momento! ¿Vas a contarles todo? Es decir… ¿Todo? —el pelirrojo observaba a su amiga con incredulidad.

—Pues sí, Ron —admitió Hermione, mirándole sin comprender su reacción—. Si queremos que nos ayuden tendremos que contárselo todo…

—P-pero… A ver no tengo nada en contra de ella, pero… ¡Él es Malfoy, por Merlín! —Estalló Ron señalándole, furioso—. ¿Vas a contarle a un mortífago cómo pensamos derrotar a V-Voldemort?

—No soy un mortífago —sentenció Draco entre dientes, sin alzar la voz.

—A mí no me engañas —gruñó Ron con una risotada, acercándose a él peligrosamente—. Puede que te hayas librado de Azkaban gracias a las declaraciones de Harry aquí presente, y puede que ante los ojos de la justicia no seas un mortífago pero sí lo eres ante los nuestros. Un mortífago jamás deja de serlo.

—Me da igual lo que pienses —espetó Draco, arqueando una ceja—. Yo sé perfectamente lo que soy y te aseguro que servir al Señor Oscuro no entra en mis planes.

—¡Demuéstralo! —Gritó Ron, a menos de dos centímetros de su nariz—. ¡Demuestra que no lo eres!

—No tengo nada que demostrar y menos a ti —replicó Draco sin alterarse, a diferencia de Ron.

—¡Te voy a…! —rugió Ron, levantando los puños.

—¡BASTA! —gritó Hermione, interponiéndose entre los dos chicos al ver que los dedos de Draco se dirigían hacia el bolsillo trasero de su pantalón—. ¡Por favor, parad! Ron, siéntate —ordenó, impasible.

El pelirrojo obedeció sin dejar de asesinar con la mirada a Malfoy. El rubio también desprendía un odio corrosivo hacia Ron.

Sus orbes grises eran amenazantes, más incluso que en sus años de adolescente. Parecía haber madurado, haberse vuelto más serio, más reservado. No parecía la misma persona que habían odiado en Hogwarts durante siete años.

—Por favor —repitió Hermione, con voz suplicante pero decidida—. Todos los aquí presentes deseamos que Voldemort sea destruido de una vez por todas y por ello tenemos que trabajar juntos, ¿vale?

—Él está del lado de V-Voldemort —susurró el pelirrojo con rabia, sin apartar la mirada de Draco.

—Puede que Malfoy en el pasado estuviese con Voldemort —aceptó la chica resignada—. Pero ha quedado claro que ya no lo está.

—¿Cómo estás tan segura? —insistió Ron con desesperación. Sus ojos azules estaban abiertos de incredulidad.

—Malfoy no peleó al lado de Voldemort en la última batalla —sentenció Hermione, sin mirar al rubio—. Él nunca ha sido un mortífago como los demás y tú lo sabes, Ron. Harry declaró a su favor en el juicio, y yo lo apoyo…

—¡Que declarase a su favor en el juicio no significa que ahora seamos sus amigos! —bramó Ron, furibundo.

—Yo no estoy hablando de amistad; simplemente le estoy pidiendo ayuda como personas civilizadas que somos —corrigió Hermione, con serenidad y firmeza. Vaciló un instante y añadió—: ¿Debo recordarte que no nos delató cuando los Carroñeros nos llevaron a su mansión? —Ron soltó un resuello de incredulidad, como si se hubiese vuelto loca—. Y además, estoy segura de que no está del lado de Voldemort porque que nos ayudará —esta vez la chica miró a Draco a los ojos—. ¿Verdad, Malfoy?

Todos los presentes fijaron sus ojos en el inexpresivo rostro del rubio. Éste los mantuvo fijos en los ojos brillantes y expectantes de Hermione, como si intentase terminar de asimilar todo lo que acababa de decir en su favor. Tras unos segundos, trasladó la vista para mirar a Ron, quien le devolvió una mirada de manifiesto odio. Después miró a Harry, quien le miró con desconfianza, pero también con interés por escuchar su respuesta. Por último miró a Ángela, quien le devolvió una tímida mirada; parecía sentirse algo fuera de lugar en esa conversación. De pronto, Harry tuvo la repentina impresión de que Draco se había demorado más en la mirada de Hermione que en la de ningún otro… pero después pensó que sólo había sido debido a la sorpresa que le había producido la repentina defensa de la chica.

Draco volvió a mirar a Hermione a los ojos y sentenció:

—De acuerdo, os ayudaré.

Hermione dejó escapar el aire que había contenido y no pudo contener una aliviada sonrisa de oreja a oreja. Ángela sonrió de forma simpática al rubio. Harry y Draco intercambiaron una mirada y Harry no pudo contener una leve mueca parecida a una sonrisa. Malfoy se limitó a apartar rápidamente la vista. Ron bufó y murmuró palabras malsonantes por lo bajo, cruzándose de brazos.

—Bueno, y tú también nos ayudarás ¿no, Ángela? —quiso saber Hermione, alegremente, sintiéndose profundamente aliviada al haber superado el peor obstáculo.

—¡Claro! ¿Cuándo empezamos… lo que sea que tenemos que hacer? —contestó la chica con alegría.

—Tienes razón, tienes razón, aún no os hemos explicado nada —se apresuró a decir Hermione, poniéndose algo más seria y tratando de ordenar sus pensamientos—. Vale, entonces, si vais a ayudarnos, tendremos que contaros un par de cosas…

Entre Harry y ella (Ron se negó en redondo a explicar nada a Malfoy) les explicaron a Draco y Ángela todo lo que sabían sobre los Horrocruxes, cómo los habían encontrado y destruido, El Dorado, la "Serpiente de Plata", etc.… Es decir, todo lo necesario para que comprendiesen cómo habían llegado a esa situación.

Draco permaneció en silencio durante toda la explicación, mirando al suelo pero escuchando atentamente a ambos amigos. Ángela les preguntó un par de dudas pero también escuchó en silencio y prestando absoluta atención.

—Bueno, y… creo que eso es todo —musitó Hermione, casi una hora más tarde, con la boca completamente seca—. No hemos olvidado nada ¿no?

—Creo que no —contestó Harry, suspirando e interrogando con la mirada al pelirrojo—. ¿Ron?

—No —contestó el joven Weasley, con los dientes apretados de rabia—. No habéis olvidado nada.

—Bien —suspiró Hermione. A continuación miró a Draco y Ángela, con curiosidad—: ¿Y? ¿Qué opináis?

Draco no respondió inmediatamente y permaneció con la mirada fija en el suelo de madera de la habitación.

—Bueno, yo… —comenzó Ángela. Se interrumpió y miró de reojo al rubio, como esperando que dijese algo; pero, al ver que no tenía intenciones de decir nada, la morena prosiguió—: Creo que sois unos héroes —sonrió ampliamente—. No todo el mundo puede hacer lo que vosotros habéis hecho.

—La verdad es que ya hemos vivido nuestras aventurillas —sonrió Ron, con un leve sonrojo en sus mejillas, olvidando momentáneamente su enfado.

—Y que lo digas —corroboró Harry, con una risotada.

—Y creo que tenéis razón —coincidió Ángela, ahora en un débil susurro—. Todo encaja… Voldemort podría estar vivo.

Permanecieron varios segundos en silencio, absortos en las palabras de la chica. Fue Draco el que lo rompió repentinamente:

—Todo lo que nos habéis contado está muy bien —intervino, apartando la vista del suelo y fijándola en los tres amigos—. Pero no entiendo en qué podemos ayudaros Carver y yo. Si habéis sido capaces de hacer todo lo que habéis dicho vosotros solos, no sé para qué necesitáis ahora nuestra ayuda.

—Lo cierto es que tiene razón —coincidió Ángela, asintiendo con la cabeza.

—Ahí es a donde quería llegar yo —aseguró Hermione, mirando a ambos—. Ángela, desde que te conozco siempre te ha interesado muchísimo todo lo relacionado con las civilizaciones antiguas. Estoy convencida de que todo lo que hemos contado sobre El Dorado tú ya lo sabías…

—Lo cierto es que sí —admitió la muchacha, humildemente—. Casi todo.

—… y por ello puedes sernos útil —explicó la castaña—. Tú podrías ayudarnos a encontrar El Dorado y también sería mucho más fácil encontrar la "Serpiente de Plata" pareciendo amigables ante los ciudadanos de La Ciudad De Oro. Conociendo sus costumbres todo será más fácil, y tú puedes ayudarnos en eso.

—Mmm… Ya entiendo —asintió la morena, pensativa.

—¿Quieres decir que estarías dispuesta a venir con nosotros? —insistió Hermione, queriendo asegurarse.

—Sí… Supongo que sí —aceptó, con una sonrisa más convincente—. Todo sea por conseguir de una vez esa escurridiza paz.

Hermione le devolvió la sonrisa y pareció querer decir algo más, pero un súbito carraspeo por parte de Draco, como queriendo recordarle que él seguía sin saber por qué estaba allí, hizo que se volviese hacia él.

—Y tú, Malfoy —prosiguió Hermione algo más suavemente, ahora mirándolo a él—, corrígeme si me equivoco: ¿Tus padres no visitaron Colombia y tú conservas mapas de allí?

El rubio permitió que una expresión de débil sorpresa cruzase sus altaneras facciones ante esas palabras.

—En efecto. Visitaron Colombia antes de que yo naciera… —contó, mirándola con desconfianza—. Pero ¿tú cómo lo sabes?

—Lo contaste tú en clase de Cuidado de Criaturas Mágicas hace bastantes años —sonrió Hermione, casi disculpándose—. Aunque seguramente no lo recordarás.

Draco frunció el entrecejo y parpadeó un par de veces.

—No tenía ni idea de haberlo contado. Pero sí, es cierto. Me sorprende que te acuerdes de algo así —admitió, extrañado.

—Supongo que me llamó la atención y por eso lo recuerdo —supuso Hermione, elevando levemente los hombros—. ¿Conservas los mapas?

—Ajá.

—¿Y nos los prestarías para el viaje? —inquirió la joven castaña, vacilante—. No sabemos el lugar exacto de El Dorado y necesitamos mapas de la zona. Podríamos haberlos conseguido en otro sitio, pero… si Voldemort ha regresado de verdad no sería seguro que nadie más se enterase de lo que tramamos. Podría tener espías en cualquier parte. No quiero correr riesgos.

Ron emitió un bufido, como si pensase que no había peor riesgo que estar confiando en Malfoy. Draco pareció calibrar las palabras de la chica antes de hablar.

—Os los dejaré con una condición —exigió de pronto, cruzándose de brazos y hablando un poco más alto, elevando la barbilla.

Hermione parpadeó, súbitamente preocupada. Daba la impresión de que no había creído que les fuese a pedir nada a cambio. A Harry en cambio no le extrañó en absoluto. Lo raro hubiera sido que les hubiese dado los mapas desinteresadamente.

—¿Cuál? —quiso saber Harry.

Una sonrisa maliciosa, recuerdo de su adolescencia, asomó por los finos labios del chico rubio.

—Quiero ir con vosotros a El Dorado —sentenció con firmeza. Los cuatro le miraron asombrados, incapaces de decir nada. Draco resopló—. ¿No pensaréis en serio que después de tragarme todo este rollo sobre los Horrocruxes y el Señor Oscuro, os voy a dar los mapas y me voy a quedar en casita esperando a que volváis, no? Yo también quiero mi parte de gloria esta vez.

Harry y Hermione intercambiaron una mirada, vacilantes. Ahora sí que no sabían qué hacer. Una cosa era que él les prestase los mapas y que ellos le hicieran un favor a cambio… pero ¿llevar a Malfoy con ellos a Colombia? Era demasiado serio como para tomárselo a la ligera.

Ron estaba de color púrpura.

—¡No! —Gritó, poniéndose en pie de nuevo—. ¡Eso sí que no! ¡Por encima de mi cadáver! ¡O mejor, del suyo! ¡Vale, podemos llevarnos a… a ella! —Señaló a Ángela con un gesto de la mano—. ¡Pero… ¿A Malfoy? ¡No, ni hablar…!

—Ron, por favor —suplicó Hermione, aunque parecía igual de contrariada—. Él está en su derecho de querer venir si de verdad quiere hacerlo.

—¿Me tomas el pelo? ¡Es Malfoy! —volvió a gritar Ron.

—Creo que ya hemos dejado suficientemente claro quién soy, gracias —replicó Draco, glacial.

—A ver, calmaos, por favor —pidió Harry, cerrando los ojos y frotándose las sienes intentando pensar. Al final suspiró y volvió a alzar la cabeza—. Vale, tú ganas, Malfoy, vendrás con nosotros… ¡No hay otra opción, Ron! —exclamó, al ver su expresión.

Ron fulminó a su amigo con la mirada, pero al final inspiró sonoramente por la nariz, admitiendo a regañadientes su derrota.

—Bueno —articuló el pelirrojo, rabioso—, al menos hay una parte buena en esto: podremos tenerte vigilado para evitar que vayas a contarle todo esto a cualquier mortífago amigo tuyo.

Draco pareció dispuesto a replicar pero Harry no le dio oportunidad.

—Pero quiero dejaros claro que si venís no hay marcha atrás. No penséis que esto va a ser un camino de rositas —añadió, mirando también a Ángela—. Habrá muchos peligros, será muy duro…

—Harry tiene razón —aseguró Hermione, seriamente—. Tendremos que llegar a El Dorado a través de la selva y eso será muy, muy peligroso.

—Lo tendremos en cuenta —aseguró Ángela, asintiendo solemnemente—. Pero, bueno… ¿Qué clase de aventura sería sin un poco de emoción? —añadió, esbozando una sonrisa, tratando de aligerar un poco el ambiente tan tenso que había en ese momento.

—Afrontaremos lo que sea —coincidió Draco, soberbio, cruzándose de brazos—. Si vosotros vais a ser capaces de hacerlo, no puede ser tan terrible.

Conteniendo un suspiro ante sus palabras, Hermione se puso en pie.

—Bien, entonces parece que al final hemos llegado a un acuerdo. Más o menos —añadió pesadamente, viendo la expresión sombría que Ron le dedicó—. Venid mañana por la tarde y nos centraremos en preparar bien el viaje. Hay que planificar muchas cosas…

—De acuerdo —accedió Draco, incorporándose del escritorio y saliendo por la puerta con paso decidido sin darle tiempo a la castaña a decir nada más.

—Dios, qué prisas —rió Ángela, también poniéndose en pie—. Nos vemos mañana, chicos —se despidió, agitando una mano y siguiendo al rubio al jardín de los Weasley.

OOO

—No podemos ir de ninguna forma mágica —decía Hermione—. Sería demasiado arriesgado, y llamaríamos mucho la atención. Especialmente en el Ministerio. ¿Quién nos asegura que no hay espías allí? —suspiró pesadamente—. Tendremos que ir de forma muggle.

Harry, Ron, Hermione, Draco y Ángela se habían vuelto a reunir en la habitación de la castaña, en la casa de los Weasley. La familia Weasley al completo estaba en el piso de abajo y habían prometido no interrumpirles. Aunque, eso sí, como no se fiaban mucho de George ni de Ginny, se aseguraron de usar el hechizo muffliato. Estos se sorprendieron, por no decir alarmaron, muchísimo al ver a Malfoy entre ellos, pero los chicos les aseguraron que era por asuntos del Ministerio.

Los cinco estaban sentados formando un círculo en el suelo de la habitación, con los planos de Colombia que había traído Draco abiertos en el medio.

—Podríamos ir en avión —sugirió Ángela con poca seguridad, rodeándose las piernas con los brazos—. Aunque sería muy caro, eso sí.

—Yo… no sé si podría pagarlo —admitió Ron cabizbajo, mirando a la chica de reojo, avergonzado.

—¿Y por qué no en barco? —propuso Harry, con la espalda apoyada en la parte baja de la cama—. Aunque no sé si sería mucho más barato que viajar en avión…

—Un amigo de mi familia es capitán y trabaja en el puerto —comentó Draco, tumbado sobre un costado con la cabeza apoyada en una mano—. Es posible que nos ayude. Y nos haría buen precio.

—Eso sería perfecto —reconoció Harry.

—Le escribiré ahora mismo —dijo Draco, enderezándose un poco—. Cuanto antes mejor. ¿Tenéis una pluma?

Hermione se puso en pie al instante, y, tras rebuscar en su escritorio, sacó un par de pergaminos, tinta y una pluma. El rubio pasó los siguientes quince minutos en silencio, rasgueando sin descanso sobre el pergamino.

—Si vamos en barco —comenzó Hermione, volviendo a sentarse en el suelo—, tardaríamos aproximadamente… Mmm… —vaciló mientras hacía cálculos de memoria.

—Un par de semanas, calculo yo —opinó Ángela—. Y eso si el barco es rápido, claro.

—Ey, hay algo que se nos escapa —saltó Ron de pronto—. ¿Cómo nos iremos todo ese tiempo sin que nadie se dé cuenta de que nos hemos ido? Habrá que buscar alguna excusa ¿no?

Todos guardaron silencio, pensativos.

—Podríamos… pedir unas vacaciones en el Ministerio —sugirió Harry—. Después de todo, aún no hemos hecho esa tradicional "Vuelta al Mundo" que se hace cuando acabas los estudios ¿no? Diremos que vamos a hacerla y punto.

—Buena idea. Yo diré lo mismo en el trabajo y también a mis padres —comentó Ángela—. Espero que no me pongan muchas pegas… —añadió, dudosa.

—¿Tus padres son magos? —quiso saber Draco, sin dejar de escribir, con voz monótona.

—No, son muggles —contestó la chica con tranquilidad.

Harry y Hermione intercambiaron una fugaz mirada cómplice. Los dos esperaban una reacción no muy ortodoxa por parte del rubio, pero, para sorpresa de los ex-Gryffindors, Draco no hizo el más mínimo comentario acerca del estatus de sangre de la chica. Ni siquiera esbozó una mínima mueca. Simplemente siguió escribiendo sin descanso sobre el pergamino, que ya llevaba casi un palmo de largo.

—Yo… también diré eso —intervino Hermione, aún mirando al rubio con asombro imposible de disimular—. Supongo que me dejarán. ¿Qué dirás tú en casa, Malfoy?

—Lo mismo, supongo —respondió él, releyendo su carta sin mirarles a ellos—. Aunque tampoco tiene mucha importancia lo que les diga.

—¿A qué te refieres? —quiso saber Harry, extrañado.

—A que ya no vivo con mis padres —contestó, enrollando la carta con ambas manos—. Hace meses que abandoné la mansión para poder vivir más cerca del Ministerio.

—¿Y dónde vives? —inquirió Ron, visiblemente receloso. Sus orejas habían adquirido un tono rojizo.

—En un piso en el centro de Londres —confesó, tendiéndole la carta a Hermione para que la enviase. La chica tardó unos segundos en darse cuenta de que le estaba dando la carta, pues tenía los ojos clavados en los de Draco, atenta a cada una de sus palabras—. Es bastante amplio para una sola persona, pero da igual. Vivo yo solo, así que no tengo que rendirle cuentas a nadie.

—¿Rodeado de muggles? —se burló Ron con malicia, mientras la castaña salía de la habitación—. ¿Puedes soportarlo sin ducharte cada media hora?

—Weasley, a diferencia de ti, yo he crecido —espetó Draco con desdén—. Ya he comenzado a dejar a un lado todo ese tema de la pureza de sangre, por si aún no te ha quedado claro. No soy tan estúpido de seguir con esas creencias después de todo lo sucedido…

—Ya, claro —gruñó el pelirrojo, dándole a entender que no le creía ni una palabra—. Y yo no soy pelirrojo natural…

—Que más quisieras tú… —bufó Draco, poniendo los ojos en blanco.

—Venga, chicos, haya paz —intervino Harry pesadamente, antes de que comenzasen a salir chispas. Ángela soltó una risita ante la cara de agotamiento del moreno.

—La carta ya está enviada —anunció Hermione, regresando a la habitación—. He utilizado a Pig, Ron. Errol está entregando una carta.

Ron se limitó a emitir un gruñido entre lastimero y resignado al pensar que su lechuza había enviado una carta escrita del puño y letra de Malfoy.

—Oíd… ¿Y qué vamos a decirle a Ginny? —inquirió Harry, preocupado—. Lo más seguro es que quiera venir con nosotros.

—Es cierto —musitó Ron, arqueando ambas cejas—. Y ya sabéis cómo es mi hermana. Si se le mete algo entre ceja y ceja…

—No hay problema —saltó Hermione, sonriente—. Ginny tiene un partido con las Holyhead Harpies muy importante dentro de dos semanas. No podría venir con nosotros aunque quisiera.

—¡Es cierto! —Exclamó Harry, profundamente aliviado—. Ya no me acordaba… Espero que no se enfade mucho porque no vayamos a verla —añadió, algo cabizbajo.

—No va a enfadarse contigo, eres su amorcito —suspiró Ron—. En todo caso me asesinará a mí.

—Bueno, dejando a Ginny aparte, prepararemos nuestra ruta en el barco ¿Qué os parece? —Sugirió Hermione, retomando la conversación—. En dos semanas tenemos tiempo más que de sobra.

—Sí, me parece bien.

—A mí también.

—Os avisaré en cuanto el capitán me responda —aseguró Draco—. Pero dudo que sea antes de tres días. Para entonces más os vale tenerlo todo preparado.

—Descuida, lo tendremos —aseguró Hermione, más que decidida.


Bueno… Pues Draco y Ángela (un personaje creado por mí para darle un toque diferente a la historia ^^) ya se han unido al grupo y pronto comenzarán las aventuras :)

¿Qué os ha parecido? Espero que os haya gustado.

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¡Gracias por leer!