Capítulo 3. ¿No es un sueño?
Bryce se encontraba acostado en su cama, con bastante fiebre. Tapado hasta el cuello, y sudando, mientras Caitlin le ponía con suavidad un paño mojado con agua fría en la frente, separándole el pelo.
- No me puedo creer que te hayas puesto enfermo -Suspiró, realmente preocupada-. Es tan raro...
- Ya ves, no soy de hierro -Procuró reír el chico, mareándose un poco al moverse-. Venga, vete al instituto, o llegarás tarde.
- ¿No sería mejor que me quedara contigo? Debería cuidarte.
- De eso nada, sé que hoy tienes un examen. Yo estaré bien, tranquila. Vete.
- Está bien... En cuanto haga el examen volveré corriendo a casa, y te haré algo de comer. Abrígate bien, y acuérdate de cambiar el paño frío. Y bebe agua.
- Sí, sí... -Resopló Bryce, sintiendo que le subía la fiebre-. Márchate ya.
La chica sonrió débilmente, y se inclinó para poder besarle suavemente en la mejilla. No le gustaba tener que salir sin él, pero no había nada que hacer. Al menos podría estar con Jordan y Xavier, no estaría sola. Era mejor que estar con sus compañeros de clase, eran demasiado aburridos. Salió de casa y se encaminó al instituto. Hacía algo de frío, cosa que le encantaba. El tránsito de invierno a primavera era algo que le gustaba mucho, solía hacer sol, pero también fresco.
- Caitlin -La llamó alguien a su espalda, justo cuando estaba a punto de ponerse los auriculares y escuchar algo de música mientras caminaba. La chica de ojos azules se giró, y sonrió alegre al ver al chico de pelo rojo a su espalda.
- Xavier, buenos días -Le saludó con tranquilidad, esperándole para poder caminar juntos.
- Buenos días. ¿Y tú hermano?
- Tiene fiebre. Ha tenido que quedarse en cama.
- Vaya, me sorprende que se haya puesto enfermo.
- Y ya ves, ahora tendré que estar sin él en el instituto. Y eso me fastidia mucho, porque cuando tengo exámenes me ayuda a repasar. Es injusto, tenía que ponerse enfermo precisamente hoy. ¡Para empezar no debería ponerse enfermo nunca!
Xavier rió, intentando disimular tapándose un poco la boca con la mano, cosa que indignó un poco a la albina.
- ¿De que te ríes?
- Me hace gracia ver como te desesperas ya solo por no estar con tu hermano diez minutos.
- ¿Que quieres decir? -Preguntó Caitlin, comenzando a confundirse.
- Bueno, a veces dependes demasiado de él, le sigues a todas partes, le obedeces en todo... Pero no es que sea algo malo, a mí personalmente me gustaría poder tener a alguien así. Es bonito.
- Ya... Sé que mucha gente no ve bien que quiera estar con él todo el tiempo. Pero es mi hermano, puedo estar con él si quiero. Me da igual que los demás lo vean mal.
- No es que lo vean mal, Caitlin. Es que os tienen envidia.
- ¿Qué?
- Sí, no es más que eso, es muy sencillo comprenderlo. Todos los que formamos parte de Alius hemos estado solos casi siempre, muy pocos están con sus auténticos hermanos. Tenéis mucha suerte de poder estar juntos. Por eso cuando alguien os mira no está pensando mal de vosotros. Sencillamente a los demás les gustaría tener lo mismo.
La chica bajó un poco la cabeza, comenzando a ponerse triste. Nunca lo había visto de esa manera. Ella tenía algo que los demás deseaban, nunca se había dado cuenta. No le sentó demasiado bien.
- No me gusta que lo pasen mal por mi culpa.
- ¿Pero qué dices? No es culpa tuya.
- Bueno, siempre estoy con mi hermano, es como si se lo restregara a los demás. Pero... no, en realidad no soy yo. La culpa la tienen mis padres. No los recuerdo demasiado bien, pero ellos son los culpables de todo. Los odio.
Xavier se sintió mal por esa confesión. Nunca había escuchado a Caitlin hablar sobre sus padres. Decir que los odiaba le sorprendió mucho. Se podría decir que era la primera vez que oía la palabra odio de sus labios. Era extraño. Pero desde luego no quería que ella se sintiera mal por dos personas a las que ni siquiera recordaba.
- No digas eso. Nadie se merece que le odien. De acuerdo que tus padres hicieron algo malo, pero... en el fondo, yo se lo agradezco. Solo por una pequeña parte. Porque si no lo hubieran hecho, seguramente no te hubiera conocido.
La chica enrojeció ante las palabras de su amigo, que la observaba tiernamente. Aun así, le gustó lo que le dijo, y también la hizo pensar en positivo.
- Sí, cierto. Al menos he podido conoceros. A ti, a Jordan, e incluso a Claude... y a todos los demás. Además, si no nos hubieran abandonado tal vez Bryce hubiera sido diferente conmigo. Él vale mucho más que nadie.
Xavier sonrió alegre, al menos había conseguido que se animara. No dijeron nada más sobre el asunto, y enseguida llegaron al instituto. Pudo observar que la chica se sentía algo extraña. Bryce siempre la acompañaba hasta la puerta de la clase, para pasar unos últimos minutos juntos antes de volver a reunirse. Parecía desilusionada, e incluso se veía más vulnerable. Su hermano mayor siempre le daba la seguridad que necesitaba, cuando estaba sin él era como si perdiera fuerza y presencia. Pero él no podría hacer nada para ayudarla en ese sentido.
Se despidieron en el pasillo, pero justo antes de que Caitlin se fuera para dirigirse a su clase, sintió que por fin podría atreverse a hacer algo que llevaba deseando mucho tiempo. Tal vez fue porque su sobreprotector hermano mayor no estaba presente, como siempre. Pero por fin se decidió.
- Oye, Caitlin -En cuanto vio que la chica se giraba para mirarlo, sintió cómo se le subían los colores-. Te... ¿te gustaría salir conmigo el sábado?
Ella se sorprendió, y enrojeció un poco, bajando la cabeza. Pero al instante volvió a mirarlo a los ojos, sonriendo con tranquilidad.
- Sí, me encantaría.
- ¿De verdad? -Preguntó Xavier, realmente sorprendido por la respuesta.
- Claro, lo pasaremos bien. Hablamos luego, ¿vale?
Y sin más, se fue corriendo para entrar en su clase, dejando al chico petrificado. Desde luego no podía creerse lo que acababa de pasar. Le había pedido una cita a la chica que ocupaba sus sueños desde hacía años, y ella había aceptado con toda la naturalidad del mundo. ¿De verdad era real, no estaba soñando?
- Xavier.
El aludido tardó en responder, pero al girarse se encontró con Jordan, que lo miraba con cara de circunstancia. Aunque estando en una nube como estaba, no se dio cuenta.
- ¿En serio esto ha ocurrido?
- Sí. Tienes una cita con Caitlin el sábado. Aunque no sé si estarás vivo para entonces.
- ¿Por qué lo dices?
- ¿Hola? Le has pedido salir a Caitlin Withingale. La hermana pequeña de Bryce Withingale. Creo que vamos a ver cómo Gazelle renace para matarte.
- Oh.
Xavier pasó de estar en trance a desesperarse en un segundo. Se llevó las manos al pelo, tirando de él con fuerza.
- Madre mía, ¡Bryce me va a matar!
- ¡Calma, Xavier, calma...! ¡Seguro que Caitlin hablará con él para que no te haga nada, podrá mantenerlo controlado!
...
Caitlin llegó a casa, un tanto nerviosa. Dejó sus cosas en la sala, y caminó lentamente hasta la habitación de su hermano. Aun estaba tumbado en la cama, pero estaba destapado, apoyando la cabeza en su antebrazo y bostezando. Seguramente acababa de despertarse.
- ¿Bryce, cómo estás?
- Bastante mejor -Dijo él sin más, levantándose un poco para apoyar la espalda en el cabecero de la cama-. Ya te dije que no tenías que preocuparte.
- Bueno -Susurró la chica, sonriendo aliviada. Claro que comenzó a ponerse increíblemente nerviosa al recordar lo que le había pasado en el instituto-. Tengo que contarte algo.
El chico de pelo blanco dio una palmada en el colchón, a lo que ella se sentó junto a él. Bryce comenzó a deshacer sus trenzas, dejando los coleteros sobre la mesilla.
- Cuéntame.
- Verás... No es nada malo, ya lo digo ahora antes de que te preocupes -Tomó aire un momento, preparándose para decirlo-. Xavier me ha pedido salir el sábado, y bueno... le he dicho que sí.
Bryce se quedó mirándola fijamente unos instantes, y después alzó una ceja, extrañado.
- Te ha pedido salir.
- Sí.
- Y has dicho que si.
- Sí -Repitió ella, comenzando a preocuparse un poco por la reacción de su hermano mayor-. ¿Te parece bien?
- No, para nada. ¿Pero él te gusta? -Por alguna razón, le resultaba difícil creerlo.
- Pues... creo que sí. Pero si no te parece bien, yo...
- No soy yo quien va a salir con él, si tú quieres hacerlo yo no me voy a meter, es cosa tuya -La chica sonrió, pero al ver el brillo malicioso en sus ojos glaciales se quedó callada. Su hermano estaba planeando algo-. Sin embargo, ya sabes que tendremos que poner condiciones...
Continuará
