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PRESO DE MIS DESEOS
DISCLAIMER: Sailor Moon no me pertenece, Naoko Takeuchi es la persona quien creo tan maravillosa historia. Los personajes de mi historia son tomados de la serie Sailor Moon de esta espectacular Mangaka.
Serena se acomodo cómodamente en el sillón negro de piel y se colocó el auricular del teléfono entre el hombro y la oreja. A Haruka Tenou, su administrador, le gustaba hablar. Y hablar. Si no fuera tan bueno en asuntos de dinero, lo habría despedido.
No, eso no era verdad. Haruka era algo más que su administrador; había sido muy amigo de su padre y cuidó de su madre y de él cuando este mu rió. Lo que no todo el mundo sabía era que estaba enamorado de su madre. Pero no haría nada hasta pasados unos años. Haruka nunca mancharía la memoria del Señor Tsukino.
Serena casi lo veía como a un padrastro. Algo que podría ser con solo preguntar. Pero su madre no lo animaba; le gustaba más jugar a aquel juego de amor imposible. Era un pasatiempo al que él va se había acostumbrado.
—Quiero mirar el asunto de los discos compactos. A mí me parece que podemos invertir doscientos o trescientos mil dólares-.
—Hazlo— dijo Serena, mientras encendía un cigarrillo.
—¿Has leído el informe?-
—Por encima— contestó ella —Para eso estás tú-
—Maldita sea, Serena, ya es hora de que te hagas cargo de algunas responsabilidades. Tienes veintinueve años. No puedes seguir viviendo así para siempre-
Serena no estaba de acuerdo, pero no lo dijo. Era una discusión que habían tenido miles de ve ces.
—Haruka, ¿tenemos que hablar de esto ahora precisamente? No son ni las nueve de la mañana. Te llamaré esta tarde y discutiremos todo lo que haga falta-
—Yo no quiero discutir-
—No, es verdad. Tú solo quieres obligarme a que haga las cosas como a ti te gustan-
—No como a mí me gustan. Como son-.
—Sí, ya sé que eres el hombre más perfecto del planeta-
—Pues estoy de acuerdo en tu premisa-
—Estoy de acuerdo yo también-
Le gustaba Haruka, con sus trajes de chaqueta, sus chalecos, su anticuado sentido del deber y la obligación. Era un hombre de los pies a la cabeza.
—¿Cuánto tiempo vas a quedarte esta vez en Londres?-
—Un par de semanas. Hasta que empiece la semana de la moda-.
—Irás a verla, ¿no?-
—Sí-
—Y no solo durante una hora. Está muy dolida, Serena-
Ella cerró los ojos, recordando la última vez que visitó a su madre. La quería mucho, pero a veces no era fácil llevarse bien con ella. Decir que su madre no estaba contenta con su forma de vivir era decir poco. Quería que fuese como ella, como su padre. Que se casara, que tuviera hijos... Le había dicho que se avergonzaba de ella, que era una desgracia para la familia.
—Lo intentaré, Haruka-
—No lo intentes. Hazlo. Es la única madre que tienes-
—Vale, jefe. Te lo prometo. Tú pon mi dinero donde más me convenga. Confío en ti ciega mente, ya lo sabes-
—Gracias, pero no me gusta tomar todas las decisiones— protestó Haruka-
—Ya sabes que lo mío es la vida relajada y la rumba loca. Si tienes alguna pregunta al respecto...-
—Muy gracioso-
—Cuídate, Haruka. Y, por Dios, cásate con mi madre de una vez— dijo Serena antes de colgar.
Vida loca. Era cierto. Ella ponía restricciones a su vida como lo hacía su madre. Era lógico que se pelearan. Se parecían demasiado.
Serena se levantó para acercarse a la ventana. Le encantaba aquella vista de londinense. La suite estaba en el último piso del hotel, donde se alojaba cada vez que pasaba por la ciudad. Allí la conocían bien y sabían lo que le gustaba y lo que no. Era más fácil de ese modo: criadas, servicio de habitaciones...-
Mientras admiraba el paisaje lleno de árboles, verdes todavía en agosto, pensó en Darién Chiba. Por la noche había decidido olvidarse de la farsa. No le hacía falta ese tipo de publicidad. Darién era guapo, pero había un millón de chicos atractivos en Londres. Lo llamaría para decírselo y el se sentiría aliviado. Pero le gustaría saber por qué le daba miedo. Si los niños y los animales se acercaban a ella, ¿por qué Darién Chiba parecía tan asustado?
Qué paradoja. Su forma de hablar era completamente opuesta a su aspecto físico. De hecho, era un chico lleno de contradicciones y ese era su mayor atractivo. Serena disfrutaría explorando...
Sí, desde luego era un hombre muy interesante. Con unos ojos que irradiaban confianza un momento y después parecían los de un cervatillo asustado. ¿Quién era en realidad?
Quería descubrirlo porque realmente era un reto para ella. De modo que no la llamaría. Iría a verlo personalmente.
Darién estaba soñando y aquel delicioso sueño estaba casi en el clímax, pero se percató de que los golpes que oía no eran los de dos cuerpos en continuo acercamiento... sino que alguien llamaba a la puerta.
Cuando miró el reloj, vio que eran las once de la mañana. Qué raro. El nunca se despertaba tan tarde. Su rutina era terminar el programa a las once, acostarse a las doce y levantarse a las nueve de la mañana.
Los golpes seguían sonando y tuvo que levantarse, medio dormido y algo excitado. Pero cuando llegó a la puerta y miró por la mirilla no había nadie. Qué raro, pensó. Había sido tan real ese sueño que y quizás los golpes eran cosa de su imaginación.
Darién entró en el cuarto de baño decidido a culminar con hechos ese sueño, pero cuando comenzó la faena los golpes volvieron a sonar. Y aquella vez, cuando miró por la mirilla, en su puerta sí había alguien.
Cuando reconoció la mujer que había al otro lado de la puerta, su corazón reaccionó como loco. ¿Qué hacía allí Serena Tsukino?
Nervioso, se pasó la mano por el pelo que, después de dar vueltas y vueltas en la cama, se le había quedado de punta. Por no decir nada de la erección que para el momento estaba en sus mayores picos.
No pensaba abrir. No tenía por qué hacerlo.
Serena volvió a golpear la puerta. ¿Y si sabía que estaba en casa? ¿Si intuía que su presencia la ponía nervioso?
Darién volvió a mirar por la mirilla. El conserje del edificio estaba a su lado... ¡y tenía en la mano la llave maestra!
La Señora Beryerait siempre estaba insistiendo que la llamara cuando regresara tarde de la emisora, que cerrase las puertas con cerrojo, y que ella lo acompañaría con gusto toda la noche si así el lo deseaba... Tenía 60 la libidinosa mujer ¡Y acababa de meter la llave en la cerradura!
No tenía tiempo de volver al dormitorio. ¿Dónde quedaron mis bóxer? Daba igual. Esconderse era lo más importante. En el armario empotrado, decidió. En dos segundos se metió allí y se quedó muy quieto, conteniendo la respiración mientras oía entrar a las dos mujeres.
—Es un buen chico— estaba diciendo la Señora Beryerait, con su fuerte acento alemán. -No me da problemas- Y como los quería, pensaba para si misma.
—¿No tiene amigos?-
—¿Amigos? Para nada, no ve futbol, no es bebedor y nunca he visto que traiga chicas. Solo ve a su hermano-.
Darién apoyó la frente en la puerta mientras planeaba formas de matar a la conserje... y a Serena Tsukino. Y si no podía matarlos, los denunciaría. ¡Por entrar en su casa y encima avergonzarlo! Sí, los denunciaría por allanamiento de morada.
—Le agradezco mucho que me haya abierto, Beryerait— estaba diciendo Serena —No quería dejar esto en el descansillo-
—Espero que el bello Darién no se enfade conmigo-
—Claro que no-
¿Que no? Ya se enteraría. ¿Y qué le habría llevado que no podía dejar en el descansillo? Darién miró a través de la cerradura, pero no veía nada, así que intentó ponerse de puntillas apoyándose en la puerta. Al hacerlo, noto un gran problema. La puerta estaba cerrada.
Se había quedado encerrado en el armario y no podía abrirlo desde dentro. La situación no te nía ninguna gracia. Tenía que haber una forma de salir, se decía .Aquello no podía estar pasando. ¡Es taba Encerrado!.
No había opción, tenía que pedir ayuda... pero entonces tendría que explicarle por qué estaba encerrado en el armario. ¿O no? Una persona puede encerrarse en su propio armario si le da la gana.
Darién levantó la mano para golpear la puerta, pero la dejó caer.
—Es una caja muy grande— estaba diciendo Beryerait.
—Sí-
—¿Va a decirme qué hay dentro?-
—No-
De modo que Serena no estaba actuando en la emisora.
—Ya la entiendo— dijo la conserje. Es una sorpresa-
Darién oyó sus pasos en el pasillo. Iban a marcharse. Y si no llamaba su atención se quedaría encerrado en el armario. Podría derribarlo, pero era de roble. Apretando los dientes y jurando venganza, llamó a la puerta.
—¿auxilio?-
No hubo respuesta.
Darien volvió a golpear la puerta, maldiciendo a todos los que estuvieran a su alrededor.
—Viene de este armario...-
—No puede ser— murmuró Beryerait.
—Se lo digo yo-
El sonido de sus tacones golpeaban su cabeza. Y Darién solo podía pensar en donde quedaron mis bóxer.
Cuando la puerta se abrió, Serena lo miró con gran picardía.
—¿Todo eso es tuyo?- Dijo la rubia, mientras la conserje no podría abrir mas sus ojos.
—¿Cómo?— Pregunto el, saliendo del armario y cubriéndose sus genitales.
Se preguntaba si alguien habría muerto de vergüenza. Quizá sería la primera persona en la historia.
—¿Por que te sonrojas? ¿Tienes vergüenza o eres gay?-.
—No soy gay-.
—Ah, entonces lo de estar en el armario no era por que te ocultaras de mi-.
—No. Estaba...- Darién buscó una explicación. Cualquiera. -Buscando a mi gato-
—¿Tiene un gato?— preguntó Beryerait.
Era el colmo. Pensó para si mismo. Tenía que salir de aquello como fuera.
—¿dije gato? Por favor señora beryerait cual gato estuve buscando mi zapato-.
Ambas mujeres se miraron.
—¿Les importa decirme qué hacen en mi apartamento?-
—Beryerait me abrió la puerta-.
— ¿Y por qué?-
—Porque te he traído un detalle y hubiese sido descortés dejarlo fuera-.
Darién se volvió hacia donde estaba señalando. Era una caja grande. ¿Qué seria?.
—Cuando una persona no abre la puerta es por alguna razón- Dijo el pelinegro.
—Sí, claro. Lo que sucede es que mi intuición femenina me dijo que quizás te encerraste en el armario— replicó la rubia.
—No es lo que piensa-
Ella sonrió maliciosa.
—¿No? ¿Y en que crees que pienso?-
—Da igual dónde estuviera. Esto es propiedad privada. ¡Señora Beryerait, me sorprende! Esta vez a llegado muy lejos— Exclamo Chiba.
La mujer mostro signos de vergüenza.
—¿Sabe quién es ella— le preguntó, señalando a Serena.
—Sí. ¿Y usted?-
—Claro. Es la modelo más bella y famosa que hay-.
—¿Y por eso puede entrar en mi apartamento cuando quiera?-
—Es su amiga. Le he hecho un favor- Expreso la mujer mientras le guiñaba un ojo con picardía.
—¡No somos amigos!-
—Es verdad— asintió la rubia —Solo tengo que acostarme con el. No somos amigos-.
-Que envidia- Pensó en voz al Beryerait y se alejo a si como llego.
—En cuanto a lo negociado ayer en la emisora...— Hablo Darién.
—No te disculpes bombón-
—¿Qué? No iba a pedir disculpas-
—Ah, claro— ella sonrió.
Tenía unos dientes preciosos, y que decir de sus ojos o cabello, el tamaño de sus pechos... Y el hecho que estuviera frente a el con un diminuto vestido que no dejaba nada a la imaginación.
—Por que aceptaste entrar en el juego. Eso es cosa de aquel columnista de medio pelo.
—Lo hubiera hecho, ¿sabes? —dijo Serena.
—¿Hacer qué?-
—Destrozar tu reputación. No le caes bien-.
—¿Por qué? Yo no le he hecho nada —replicó Darién.
—No me digas que no lo entiendes. Eres demasiado inteligente como para hacerte el bobo-.
—¿Crees que me odia porque tengo éxito? ¿Porque la gente me escucha?-
—Por eso. Y por lo otro-
Darién no pensaba preguntar qué era «lo otro». Aquella conversación no llevaba a ninguna parte y lo más sensato era echarla de su apartamento, antes que el perdiera aquella apuesta.
Pero cuando iba a decirle que se fuera, ella miro su entrepierna descaradamente. Sonriendo, con ex presión traviesa. Y, curiosamente, su pene al viento se erecto.
—Es preciosa— Murmuro la rubia.
Maldita sea. Dijo para si mismo. Olvide que estaba desnudo.
—Podrías marcharte— Dijo el, cubriendo sus genitales. -Y llévate la caja-
Ante lo dicho Serena se acercó y puso las manos sobre sus hombros. Su peno se erecto a un mas, pero intentó disimular.
¿Por qué sentía eso? Serena era una tonta modelo.
—Darién...-
—¿Puedes irte Tsukino? No estoy en fachas para estar frente a una dama-.
—Darién, mírame-
No pudo evitarlo. Estaban tan cerca que podía ver sus hermosos ojos azules.
—Pensaba olvidarme de lo acordado ayer. Entonces empecé a pensar en ti y cuando llegué a tu casa había decidido seguir adelante con el experimento-
—¿Por qué?-
La rubia sonrió y eso le hizo sentir un escalofrío.
—Porque tienes algo. Algo diferente de los demás hombres del común-
-Es una tontería-
—No lo es. Y te lo diré cuando lo averigüe-
—No tienes que hacerlo. A la porra Diamante y su revista. Me da igual lo que diga-
—A mí también. Pero quiero pasar estas dos semanas conociéndote, con revista o sin ella-
—No veo por qué. Tú eres una modelo famosa, sales con estrellas de cine, vives una vida muy emocionante. Conmigo no seria igual-
—Deja que yo decida eso-
—¿Y si no quiero seguir con esta broma?-
Serena se inclinó entonces y, de repente, le mordió el labio inferior. Para entonces Darién ya había soltado su miembro y cuando estuvo apunto de separarla de el, esta aprovechó la oportunidad para besarlo de lleno. Su cercanía era tal que cada uno sentía rozar su intimidad, haciéndole sentir un cosquilleo desde el estómago hasta... mucho más abajo. Sor prendido, trato de controlarse para no explotar, pero la sensación no desaparecía.
Era toda una experta con la lengua, metiéndola en su boca para sacarla después, como si quisiera mostrarle lo que quería hacerle con otra parte de su cuerpo y... Tenía que controlarse o ella ganaría.
Enfadado consigo mismo, se apartó.
—Adiós, Serena-. Dijo este algo excitado.
—Voy a explorar cada centímetro de tu cuerpo. Voy a conocerte mejor de lo que tú te conoces. Y voy a darte un placer con el que ni siquiera has soñado —dijo ella en voz baja.
Darién señaló la puerta, incapaz de pronunciar palabra. Y Serena salió del apartamento sin dejar de sonreír.
Unos segundos después, cuando pudo recuperar el aliento, Darién abrió la caja. Solo había una tarjeta que decía:
Querida Darién,
He soñado contigo. Nos vemos esta noche.
Serena
Cuando llego a la realidad noto que el apartamento había quedado impregnado al olor de su colonia. Darién recordaba sus labios, el roce de su torso, su voz...
Estaba en problemas. Nunca se había topado con una mujer así. Más bien nunca se había dado la oportunidad de vivir una relación así.
No podía dejarla entrar en su vida. Era demasiado peligrosa. Lo volvió loco sin siquiera tocarlo. Y si ella lo sabia seria el fin de su carrera, todo el mundo lo sabría... ¿y todos sabrían que sus palabras son solos conjeturas y teorías?.
Nunca había tenido una verdadera relación amorosa. Ami fue un amor de adolescencia y con ella nunca se llego a concretar nada, además es taba demasiado ocupada estudiando y trabajando. Diamante Blackmoon tenía razón: era un fraude y lo más honrado sería dimitir. Pero eso lo mataría. Nunca le había gustado nada como hacer aquel programa de radio. Y sabía que estaba ayudando a gente como el.
Solo había un pequeño problema. Un problema que podría estropearlo todo si se hacía público: el hecho de que casi a sus treinta años, Darién chiba el gran sexólogo de todo Londres seguía siendo virgen.
Darién llegó a la emisora a las cinco y media, después de pasar el día entero intentando cranear un plan para salir de aquel problema sin acabar derrumbado. Desgraciadamente, todas las ideas que se le habían ocurrido hasta el momento requerían cometer un delito.
Cuando se detuvo en el mostrador de Recepción para buscar su correo, Chibi, la recepcionista, le sonrió. Medía casi un metro noventa, te nía el pelo rojo como una zanahoria y llevaba más piercings que el alfiletero de su abuela.
Chibi era otra que sin saberlo quería darle fin a la virginidad del pelinegro.
