CAPITULO TRES


Aquel día había amanecido extrañamente más agitado que ningún otro, varios pajarillos trinaban por fuera de los ventanales revoloteando y haciendo el mayor ruido posible.

A ellos se añadían ciertos murmullos que comenzaban a escucharse por debajo del piso donde él dormía y el vaivén de las escobas encantadas que ya habían comenzado con sus tareas de la mañana… hasta el sol parecía haber conspirado para encargarse de que Draco Malfoy abriera los ojos.

El rubio refunfuñó y se ocultó debajo de las cobijas… no tenía idea de qué hora era, sin embargo aun no tenía ganas de levantarse, pero la luz, el ruido y la actividad que se desarrollaba fuera de su habitación, seguía colándose por en medio de las sábanas y sin duda el chico se estaba molestando.

¿Y cómo no molestarse si ya no podía recordar cuándo había sido la última noche en que había logrado conciliar el sueño de esa forma? Una noche de absoluto reposo, sin interrupciones, sobresaltos o incomodidades, donde incluso un segundo antes de depositar la cabeza en la almohada ya se había sumido en un profundo sueño. ¡Eso hasta que llegara esa impertinente luz a interrumpirlo todo!

Desde que aceptó unirse a las filas del Señor Tenebroso, cuando su marca fue colocada en la piel como sello irrefutable de su destino, Malfoy había tenido un sueño que se repetía sin cesar. Su sueño involucraba una de las tantas batallas que había tenido que librar: oscura, tenebrosa, infame, cruel… pero él sabía que esta en especial era diferente a las otras; y ciertamente lo era, porque no se sentía solo. Al fondo de la inmensa oscuridad sentía una presencia que le escondía su identidad, pero que estaba ahí sólo por él... esperando que Draco pudiera alcanzarla para reunirse. Entonces en medio de la incertidumbre el simple hecho de poder percibir que estaba cerca, en el mismo espacio, le provocaba tranquilidad a su agitado espíritu. Él se esforzaba por llegar rápido hacia ella, por alcanzarla y conocer quién era. Pero no conseguía acercarse y en la oscuridad no podía distinguir más allá de su propia sombra.

Volvía a esforzarse, escapando a la desolación que le rodeaba, al ambiente asfixiante donde lo único que podía respirarse era muerte, sentía que estaba cerca, muy cerca porque a cada paso el ambiente se llenaba de frescura, del delicado aroma que que ella desprendía.

Era algo raro, un sueño extraño, pero particularmente placentero, que llegaba justo cuando sentía que no podría soportar más. Era como una eficaz medicina que su propio ser le administraba en la dosis exacta cuando su agonía era más fuerte, lo que le ayudaba a aplacar sus temores, brindándole una esperanza de que aquellos días negros terminarían y que algún día, tal vez mañana el podría disfrutar de la verdadera libertad.

De aquella chica sin rostro podría decir con precisión que nunca descansaría hasta encontrarla y exigirle que que se quedase por siempre a su lado.

Entonces, en ese preciso momento, cuando estaba tan cerca de alcanzarla, despertaba. Comenzó a escuchar extraños ruidos que provenían del exterior y la endemoniada luz del sol había comenzado a lastimar sus párpados… eso era el fin, lo supo desde el principio; había llegado aquella insufrible mañana de primavera a interrumpir el camino y su desesperada búsqueda.

Maldiciendo su miserable suerte, se había levantado muy a su pesar a recorrer las cortinas de la ventana cerrándolas todas de un brusco jalón. Así, de pronto, la habitación se había quedado de nuevo en la oscuridad…

Malfoy se tendió en la cama una vez más y se cubrió con las cobijas hasta la barbilla. Cerró fuertemente los ojos intentando retomar aquel dulce sueño pero no lo consiguió.

"¡Demonios!" pensó.

Todavía hoy no había alcanzado a ver su rostro, pero ya no importaba… ya la conocía, en sus sueños ya no era una extraña. Aun ahora que ya estaba despierto y con los ojos grises fijos en la pared, sentía la agitación de sus latidos, y es que esta vez había sido tan real que le costaba trabajo creer que solo había sido eso; un sueño...

Draco sacudió su cabeza… Estaba molesto y sin duda aquel no sería su mejor día…

Un piso abajo, justo en el centro de la cocina, Molly Weasley le explicaba a Ginny por decimoquinta ocasión que el ajenjo solo era un ingrediente opcional en la tradicional sopa de berros de su abuela Grimelda…

"¡No!" gritó Molly "No tanto Ginny, te dije que solo es una pizca…"

La voz de la Sra. Weasley sonaba un tanto exhausta, con su varita elevó el caldero por los aires y vació su contenido con extremo cuidado en la alcantarilla del jardín.

"Practiquemos una vez más…"dijo con voz cansina colocando el caldero al fuego en cuanto regresó a la cocina.

Ginny observó a su madre y supo que un fracaso más la llevaría al borde del colapso y por experiencia, estaba segura que eso no sería nada bueno ni para ella, ni para su madre.

"Creo que debemos dejar las clases de cocina para después" contestó "Es mejor que nos relajemos"

Molly sonrió ante los tiernos ojos de su pequeña hija. ¿Cuándo había dejado de ser aquella niña que correteaba alrededor de sus piernas? No podía precisarlo, pero se sentía orgullosa de poder llamarse su madre. Extendió sus brazos y Ginny corrió a entrelazarse en ellos.

"Esta bien, pero no crea usted señorita que descansaré hasta verla convertida en una excelente cocinera…"

"Igual que mi madre…" dijo Ginny.

"Igual que su madre…" completó la Sra. Weasley llena de satisfacción.

El día transcurrió igual que muchos otros, ante Ginny una inimaginable pilas de objetos, libros, calderos, frascos, tapetes, muebles e infinidad de cosas más que necesitaban aseo urgente. Además habia que agregar que su madre estaba empecinada en que Ginny aprovechara el tiempo (como si después de limpiar le quedara el suficiente) para aprender las maravillosas delicias de cocina que ella era capaz de hacer.

A Ginny por una parte le resultada comprensible que su madre quisiera transmitirle su inmenso conocimiento a la única hija que poseía, pero a decir verdad, sus aptitudes culinarias quedaban reducidas al tamaño de las de cualquiera de sus hermanos varones y las clases de su madre más que representar una alegría significaban un autentico tormento. Así que prefería esconderse tras una enorme pila de libros antes que tratar de hacer la tarta de frambuesa de la tía Heliflora otra vez.

Después de una tarde llena de quehaceres, Ginny subió a su habitación dispuesta a dejarse caer en la cama tan pronto como estuviera segura de no caer de ella, sin embargo la visión de un sobre amarillento asomándose por debajo de su puerta le paralizó en el acto.

Se acercó y levantó el papel. Contenía un pergamino amarillento.

La caligrafía era excelente y a Ginny se le congeló el estómago cuando leyó el contenido.

"Yo siempre pago mis deudas"

"¿Deudas?" exclamó Ginny moviendo su cabeza de un lado a otro "¿Cuáles deudas?, ¡Él no tiene deudas conmigo!, n-no… ¿O sí?" terminó apesadumbrada.

En menudo lío se había metido. Ella una Weasley, un "casi" miembro de la Orden del Fénix recibiendo mensajes de Draco Malfoy, el más acérrimo enemigo de los tiempos posteriores a Voldemort.

"¡Demonios!" exclamo.

Entró a su cuarto y azotó la puerta. Maldecía ese momento donde había tontamente, pensado que sería un buen gesto llevar un pequeño regalo al chico que le había ayudado con tanto trabajo pero… ¿Y si no había sido él? "TONTA" repitió "¡Malfoy ayudando a la gente! Bah!! Solo tú pudiste pensarlo Ginevra Idiota Weasley"

Era cierto, ahora sonaba tan inverosímil, pero no podía negar que algo dentro de sí le infundía curiosidad, confianza y atracción por aquel rubio. Ella siempre le había temido y a menudo él y sus amigos le insultaban, pero había algo en sus ojos que había cambiado, ya no brillaba esa chispa orgullo infantil que ella siempre había visto, sobre todo en los tiempos de Hogwarts. No, esta chispa ya había desaparecido y en su lugar un claro reflejo de incertidumbre y confusión que se apoderaban del aura de Draco Malfoy.

Además, se decía "Si Draco Malfoy se encuentra en este lugar y no refundido en una sucia celda de Azkaban es porque hay algo que los demás no saben de él. Algo que seguramente sólo el profesor Dumbledore sabe… Algo que tal vez yo podría descubrir…"

Una sonrisa se reflejó en su boca sin que ella se diera cuenta. "Después de todo" pensó "Puede ser que esta nota no sea del todo un desperdicio"

Un golpeteo en la ventana la hizo sobresaltarse, era una noche oscura que amenazaba con tormenta. Un tanto temerosa se acercó hasta abrir el picaporte, durante toda la guerra le temió a las lechuzas, pues en ese tiempo nunca traían buenas noticias, y ahora no podía evitar sentirse igual.

"Harry…" fue su único pensamiento al reconocer la enorme lechuza blanca. Y no supo si su miedo se hizo mayor. Al instante sintió que sus mejillas comenzaban a hervir y en su estómago el gran hueco se llenaba de mariposas.

"¡Vamos Ginny! NO seas tonta… Harry nunca te escribiría…" se dijo tratando de calmarse para abrir el ventanal.

Hedwig entró molesta pues el fuerte viento le había arrancado un par de plumas. Sin embargo conservando la gallardía que le caracterizaba extendió amablemente su pata haciendo entrega de una carta a Ginny Weasley.

Querida Ginny:

Espero que no estés molesta con nosotros por dejarte, cuando te habíamos prometido que vendrías con nosotros… Bueno para qué engañarnos. Sé que sí estas molesta y no te culpo, en realidad quería pedirte desde el fondo de mi corazón que nos disculpes, no ha sido nuestra intención hacerte sentir mal, sólo queríamos protegerte…

También te escribo para saber cómo estás… Grimmauld Place no es un lugar tan aburrido después de todo; tiene una enorme biblioteca donde estoy segura que podrías ponerte al corriente con las clases de pociones… Recuerda Ginny, pronto entraremos a la escuela y tendrás que estudiar mucho para los TIMOS… He escuchado rumores aquí en el Ministerio, de que Hogwarts abrirá muy pronto… ¿No te emociona? yo no puedo esperar para ver a todos, porque aunque no lo creas… ya estoy un poco harta de tener que estar siempre junto a Harry y a Ron…

Estamos por acabar los testimonios en los juicios, así que ya pronto iremos a casa, parece que tu madre vendrá por nosotros, así espero de otra forma me temo que acabaremos muertos… ojalá puedas venir tú también… te haría bien salir un poco de Grimmauld Place y venirnos a ver a HARRY, a Ron y a mí.

Nos vemos pronto…

Atte.

Hermione G.

P.S. HARRY y Ron te mandan muchos saludos.

Ginny dejó la carta en el escritorio sobre el que estaba sentada. Un inesperado relámpago sacudió con su luz y sonido el cuerpo de Ginny. Había varias cosas en esa carta que le perturbaban.

Lo primero era que sabía perfectamente que ni Harry ni Ron, le habrían mandado sus saludos; a veces le hubiera gustado gritarle a su bondadosa amiga que las mentiras le dolían más que la indiferencia, que su afán por hacerla sentir que encajaba entre ellos tres, provocaba más desesperación y que nada le dolía más que encontrarse con una realidad muy diferente. Ella no entraría entre ellos tres. Nunca.

Ginny sabía perfectamente que hacerse esperanzas con Harry sólo le producía dolor; pero nunca había podido evitar hacerlo… y menos con Hermione a un lado. Y para su pesar, Hermione parecía no entenderlo alentándola siempre a hablar de Harry cada que tenía la posibilidad de hacerlo.

Como segunda cuestión, estaba el echo de que si todo salía como lo planeaba el Ministerio, el rumbo del mundo mágico volvería a su cause rápidamente. Ya sin un señor tenebroso que temer y con tantos peligrosos mortífagos dentro de una celda en Azkaban, era de esperarse que pronto Hogwarts volviera a abrir sus puertas, ella lo sabía, pero no había querido pensar en ello.

Esta situación; que a muchos causaba emoción, para Ginny significaba molestia… Parecía que los momentos más felices de su vida los había vivido aquellas semanas… sola, fuera del alcance de burlas y sarcasmos dirigidos hacia su persona. Además no sentía especial emoción por tener que regresar a presentar los TIMOS.

Ginny apesadumbrada bajó las escaleras dirigiéndose hacia la cocina; aquellos pensamientos le habían quitado en sueño y sus ojos reflejaban esa angustia que no podía ocultar. Todas aquellas noticias Harry-Hogwarts-Malfoy, le habían ocasionado un dolor de cabeza muy particular además en ese momento su estómago reclamó un poco de atención.

"Tengo hambre" exclamó sobándose un poco el ombligo.

Bajó a buscar un poco de leche tibia, o algo que pudiese comer. Entró y se alzó de puntas para alcanzar el estante que guardaba los vasos. Logró hacerse de uno y comenzó a buscar a tientas la botella de leche.

"Ginevra Weasley… eres oficialmente una estúpida…" pensó "En plena oscuridad y dejo mi varita en la habitación… Si tan siquiera hubiera un poco de luz"

Como si hubiera conjurado un hechizo, un fuerte rayo atravesó el cielo haciendo resplandecer la cocina y todo lo que contenía en su interior…

Ginny dio un salto hacia atrás al contemplar lo que se escondía justo frente a ella.

"Malfoy"

"Auch…" gritó un muchacho rubio al caer de la cama por tercera ocasión en esa noche.

De nuevo el insomnio había regresado. Había dado tantas vueltas sobre su cama que las sábanas irremediablemente estaban atadas a su cintura como los vendajes a una momia. Estaba furioso… y lo peor de todo era que no tenía nadie digno con quien desquitarse.

Al caer por cuarta ocasión; decidió que era mejor quedarse parado. Pasaron varios minutos que al parecer no lograban bajar su mal humor… caminaba en círculos una y otra vez… siempre en la misma dirección.

De pronto se paró en seco… observó a su alrededor y abrió la puerta de su habitación… Se internó en el pasillo. Había estado merodeando por la mayoría de los pisos de la casa que había sido el orgullo de su madre por mucho tiempo. El saber que las otras dos habitantes de Grimmauld Place se encontraban seguramente en su decimoquinto sueño, le tranquilizaba y le hacía sentirse libre.

Analizó puerta por puerta hasta que se topó con una que sonaba algo peligrosa… sonaba, porque parecía que detrás de ella se escondiera una criatura o tal vez un maleficio que lanzaba graznidos sin ton ni son.

Se dirigió a la cocina, nunca la había visitado y se maravilló al encontrar en ella todos los aditamentos necesarios para hacer una suculenta comida incluso al nivel de un cocinero tan habilidoso como él.

Entonces escuchó los rechinidos de las escaleras… Al parecer, al igual que él había alguien no lograba conciliar el sueño esa noche.

Inconscientemente llevó sus manos hasta las bolsas de su pijama buscando su varita y maldijo el momento en que aceptó que se la confiscaran, Dumbledore y sus compinches…

Sin medio de defensa, Draco aprovechó la oscuridad de la noche para permanecer en uno de los recovecos de la cocina.

Quien se aproximaba era la chica Weasley…

En otros tiempos Malfoy se habría regocijado pensando en como aprovechar la oportunidad para encontrar la manera más cruel de jugarle una broma a la pelirroja. Más en ese momento un débil rayo de luz emitido por la luna se filtró iluminando parcialmente la cocina y por consecuencia, iluminando a Ginny entrando a ella.

Todos los intentos de Malfoy por crear un pensamiento coherente en su cerebro se truncaron al verla entrar… aquella figura en medio de la oscuridad y la delicada fragancia que comenzó a rodearlo...

Ginny por su parte entró sin ningún cuidado a la cocina, el largo cabello rojo brillaba a la luz de la luna, se mostraba cayendo dócil y libre sobre la espalda. La pálida piel tenía un aspecto poco común… las mejillas estaban sonrojadas de tal forma que producían una perfecta armonía con el rojo fulgurante del cabello. Las pequeñas pecas parecían darle un aspecto dulce e ingenuo.

Ella buscaba algo afanosamente dentro de la cocina, al parecer no lo encontraba… De pronto se levantó de puntas para alcanzar la manija del estante más alto…

Malfoy tuvo el irremediable impulso de ayudarle, de acercarse aunque fuera un poco; pero se detuvo sin aliento al notar que cada vez que Ginny se estiraba para conseguir su objetivo, el camisón se elevaba un poco más allá de lo considerado como admisible en una señorita como Ginny Weasley, dejando al descubierto un par de piernas delgadas y largas que Ginny siempre se había empeñado en ocultar.

Fue asombroso el descubrimiento que Draco Malfoy había echo sin querer aquella noche…

Sus pensamientos le tenían tan absorto, el aroma de Ginny en el aire casi le asfixiaba, se hacía cada vez más penetrante… entonces sacudió su cabeza tratando de alejar cualquier locura que atravesara por su mente "No es ella" pensó "No es ella" repitió dando punto final al asunto, como si no quisiera permitirse volverlo a considerar.

"Malfoy" la voz perturbada de Ginny le hizo reaccionar "¿Qué haces aquí?" dijo la chica nerviosa.

El solamente se limitó a observarla.

Ginny sin avisar se inclinó de forma abrupta… Malfoy sin querer, se puso en guardia.

Draco sonrió pensando en el imperceptible salto que ella había dado; le reconfortaba pensar que aun le temían.

Ignorandolo, Ginny sacó un par de velas del último estante y las encendió con facilidad volviendo a su posición normal "No me digas que piensas matarme" dijo Ginny con desenfado, dejando a Malfoy sorprendido.

"¿Qué no estaba asustada?" pensó reflejando la incredulidad en su rostro "Podría hacerlo si quisiera" contestó herido.

"Sería muy cobarde de tu parte hacerlo mientras estoy desarmada y en camisón" sentenció ella tratando de ocultar una sonrisa.

El rubio sintió que sus mejillas enrojecieron.

"¿Desde cuando se habían invertido los papeles?" pensó "¿Cómo podía dejarle en ridículo aquella comadreja?" al verla sonreir sintió una terrible herida en su orgullo "Estúpida zanahoria" murmuró.

La luz anaranjada frente al rostro de la pelirroja le permitió ver como desaparecía en ella la sonrisa del rostro. Ginny bajó rápidamente la mirada. Draco sintió como si las piezas quebradas de su orgullo volvieran a integrarse y sonrió con satisfacción cuando ella salió disparada de la cocina sin decir palabra.

En realidad no le importaba aquella partecita de conciencia que le decía que no debía haber dicho aquello, no al menos de una forma tan despreciativa y cruel, pero Weasley recibía insultos de él y de los suyos a diario en los pasillos de Hogwarts así que por qué ahora sería diferente.

Caminaba tranquilo cuando la observó sentada en el pasillo abrazando sus piernas y hundiendo la cara en ellas, la cabellera color fuego desparramada sobre sus hombros no le impidío notar el vaivén de la chica ni le impidió escuchar los leves sollozos.

Nuevamente la pizca de conciencia le hizo sentir un pinchazo que le pereció algo así como vergüenza de sus palabras.

"Debía ya estar acostumbrada a esto" se repetía Ginny mientras las lágrimas corrían por sus mejillas. "¿Qué podía esperar de Malfoy? ¿Qué fuera amigable? Soy una estúpida... él es tal como mi madre lo dijo... un monstruo..."

Malfoy sintió ese pinchazo más fuerte... cómo era posible que un par de palabras pudieran hacer tal efecto en esa muchachita; para él solo era un juego después de todo. De manera inconsciente se acercó.

"Lo siento" dijo con voz tenue.

Ginny de inmediato volvió la la mirada hacia él. Abriendo sus enormes ojos avellana le miró haciendo mil preguntas en silencio.

"Dije que L-O S-I-E-N-T-O" enfatizó él al darse cuenta "No te sorprendas Weasley, mis padres me enseñaron modales. No soy un monstruo como dice tu madre…"

"¿Cómo sabes que mi madre…?"

"No es extraño que piensen eso de mí…" contestó desviando la mirada.

El ambiente silencioso se convirtió de nuevo en una situación de tensión. Giiny fijó la mirada en un punto inexistente y él permaneció de pie a su lado sin saber que hacer.

Pero un gruñido del estómago de Ginny rompió el silencio de manera apabullante.

Ginny se sonrojó al extremo y sobó su estómago fuertemente como si tratase de reprenderlo por usar el momento menos adecuado para reclamar sus derechos de ser alimentado.

Malfoy la miró sorprendido. Y casi se podría jurar que muy después del asombro la situación le parecía graciosa.

"¿Tienes hambre?" Malfoy lanzó la pregunta hacia la chica perturbándola notoriamente.

"Yo… no… ehhh" Ginny de inmediato apartó la luz de su rostro y bajó la mirada tratando de alejarse inmediatamente "Si… yo fui a la cocina a prepararme un… e-hh un… emparedado de… jamon, con… con…"

Malfoy arqueó las cejas "¿Sabes cocinar Weasley?"

"Si" declaró energica mientras se levantaba presurosa para dirigirse a la cocina. Ël la siguió divertido.

Ginny bajaba más y más frascos del estante ante la mirada atónita de Draco.

Quizo seguir bajando ingredientes en su intento de preparar algo digno de ser comido, sin embargo sus deseos se vieron impedidos cuando el rubio exclamó "Apártate" y tomó varios de las cosas que ella había bajado, se deshizo de otras y le extendió la mano con un delicioso emparedado de jamón.

Ella; contempló a Draco por un segundo, como quien analiza al enemigo.

Malfoy la observó de reojo mientras ella se decidía a aceptar su ofrenda de paz; era graciosa no podía dudarlo, molesta sin duda, pero esos arrebatos de altanería le provocaban risa. De pronto… Ginny Weasley se alzó de puntitas para buscar tazas en los estantes provocando que su camisón se elevara un poco dejando al descubierto sus piernas…

El chico podía tener una carga de un hombre adulto sobre sus hombros, pero no dejaba de ser un chico que sabía distinguir un par de lindas piernas y sobretodo hablando de Draco Malfoy, el en su tiempo muy popular Draco Malfoy, se podía decir que contaba con conocimiento suficiente para ser un juez respetable en este sentido.

Ginny se esforzó un poco más por alcanzar los estantes y él ni siquiera pensó en la idea de detenerla o ayudarla, incluso imaginó que de haber tenido su varita a la mano habría colocado ese estante una pulgada, bueno un par de pulgadas más arriba.

Ginny alcanzó su objetivo, desvaneciendo poco a poco la sonrisa que había provocado en el Slytherin; la chica sirvió dos tazas de jugo de calabaza y le ofreció uno a su compañero que lo tomó sin dudar.

"Tal vez deberías aprender a cocinar" dijo Malfoy pensativo "Si sigues intentando hacer lo que hoy… Puedes morir en el intento"

"No… Yo no puedo aprender a cocinar"

Los artefactos que encontraba en la cocina le desconcertaban… no los conocía ni mucho menos tenía idea de para qué demonios servían.

"¿Eres buena en pociones?"

"No" contestó Ginny sin complejos.

"Me lo imaginé… si fueras buena en pociones, entonces serías buena en la cocina…"

"No… Yo no podría…"

"Y pensar que pude morir con tus galletas…"

"No las hice yo… Fue mi madre"

"También lo imaginé" contestó Draco al tiempo que le daba un sorbo al jugo.

"Me es muy difícil decidir cómo mezclar cosas" dijo Ginny tímidamente.

" Pero si…" Draco estaba a punto de burlarse de la confesión de Ginny pero un extraño sentimiento de vergüenza le impidió hacerlo…

El silencio se apoderó un momento de la cocina. Sin embargo no era ningún silencio incómodo.

Ginny bostezó; de alguna manera extraña, la plática con Malfoy había logrado disipar de su mente las atribulaciones que le impedían conseguir el sueño… Sentía el deseo de estar en su cama con las cobijas hasta la barbilla, sumida en el más tranquilo de los sueños…

"¿Tienes sueño?" preguntó el chico.

Ginny asintió despacio y se talló los ojos.

"Entonces deberíamos irnos" dijo Malfoy un poco a su pesar.

Ginny sonrió y extendió la mano para recibir el vaso vacío del Slytherin; después comenzó a caminar hacia las escaleras. Sus pasos eran lentos…

Malfoy iba detrás de ella y por primera vez en la noche, no pudo despegar sus ojos de Ginny… se descubrió haciendolo y enseguida miró el piso con curiosidad, meditando algo, tratando de aclarar todos los confusos pensamientos que de pronto se venían a su mente.

"Buenas noches Malfoy" dijo Ginny con voz dulce y ojos soñolientos interrumpiendo las cavilaciones del rubio.

"Buenas noches Weasley" dijo Draco con una sonrisa en el rostro.

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Capitulo Chiquitito pero bonito (al menos para mí) ...

XD

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