Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.


Capítulo 2

Texas, Enero de 1959

Jasper pasó aquellos meses entrenando, luchando y trabajando para María. Había aprendido a combatir contra los neófitos, y siempre salía victorioso en cada batalla. Era capaz de acabar con más de cincuenta vampiros en una sola noche, y a pesar de que María estaba empeñada en recompensárselo de algún modo, él ignoraba sus muestras de afecto. Todavía pensaba en Mary, y estaba totalmente convencido de que ella seguía esperándolo, sabiendo que él no la había abandonado porque la amaba de la misma forma que ella lo seguía amando a él. Aquel era el único pensamiento feliz que invadía su mente día tras día.

Cuando no batallaba contra otro ejército, se pasaba los días deshaciéndose de los neófitos que habían superado su primer año de vida, ya que María lo que quería eran vampiros jóvenes y descontrolados, capaces de acabar con una ciudad entera en menos de cuatro horas. Él sabía que probablemente aquel sería también su destino, pues estaba a punto de cumplir su primer año como vampiro. Un año en el que no había estado con Mary, un año en el que había matado a cientos de vampiros por María, y a cientos de personas por su sed. Jamás creyó que pudiese convertirse en un monstruo como el que era.

La parte buena de todo aquello, era que había hecho un amigo: Emmett. Resultó ser un vampiro con un sentido del humor peculiar, y el más humano que había conocido en su corta estancia allí. A pesar de ser tan joven como él, no había perdido su humanidad y seguía siendo tan tranquilo como cuando era humano. Su sed de sangre no era tan salvaje como la de Jasper, que había resultados ser casi incontrolable. Se podía decir que Emmett era como su consejero. Jasper le había hablado sobre Mary y sobre su vida como humano, y a pesar de que no le habían gustado las recomendaciones de Emmett, le venía bien escuchar de vez en cuando palabras tranquilizadoras.

Él intentaba calmarlo cuando sentía aquellas inmensas ganas de acabar con María, la culpable de toda su desgracia, y para aplacarlo, lo llevaba a la ciudad más próxima y le conseguía una víctima. Eso sí, Emmett siempre buscaba personas crueles que no merecían vivir, como asesinos o violadores. De ese modo, no le sentaba tan mal arrebatarle la vida a alguien. Jasper nunca se había detenido a pensar en eso. Sólo buscaba un humano, y el que tuviese la mala suerte de cruzarse en su camino, se convertía en su cena.

En una de las muchas noches que pasaron matando neófitos que ya no servían para la lucha, Emmett le explicó algo de su vida como humano. Nació en Tennesse en el año 1935, y provenía de una familia trabajadora. No había tenido novia, ya que había estado más ocupado trabajando, buscando dinero para poder alimentar a su familia.

-¿Y no los echas de menos? –le había preguntado Jasper, deseando encontrar a alguien que se sintiera tan nostálgico como él.

-Sí, claro. Pero en mi familia éramos muchos, y como éramos tan pobres, mis padres no tenían mucho tiempo para mí. No los culpo, es más, los entiendo, pero creo que al haber desaparecido, les he hecho incluso un favor. Ahora tendrán una boca menos a la que alimentar –le contestó con una sonrisa que sorprendió a Jasper. Incluso lo envidió. Ojalá él pudiera tomárselo con tanto optimismo.

Una noche en la que Jasper se encontraba particularmente enfurecido –como solía estarlo la mayoría del tiempo –, entró en la habitación de María, abriendo la puerta de par en par. Encontró a su creadora en compañía de sus dos amigas, Nettie y Lucy, que se habían convertido en un tormento para Jasper. No lo dejaban nunca en paz, vigilándolo por encargo de María para que no se marchara. Y de ese mismo tema quería hablar con su odiada creadora.

-Fuera –siseó, con la vista clavada en las dos sirvientas de María, que lo observaban con arrogancia.

-Marchaos –les ordenó María cuando se dio cuenta de la ira que emanaba de Jasper.

Las dos jóvenes salieron a paso humano de la estancia con algo de reticencia, dejándolos solos.

-¿Qué quieres? –le preguntó ella de mal humor, poniéndose en pie para acercarse a él, demostrándole que no le tenía ningún miedo.

-Creo que va siendo hora de que cumplas la promesa que me hiciste el día que desperté siendo un vampiro –decretó Jasper cruzándose de brazos.

-Yo nunca hago promesas.

Jasper gruñó, sabiendo que aquello iba a ser tan difícil como él había esperado.

-Sabes que me marcharé en cuanto me dé la gana. Puedo matar a tus amigas sin ningún esfuerzo –la amenazó, esperando asustarla aunque fuese un poco, pero María sonrió, confundiéndolo y enfureciéndolo a la vez.

-Si hubieses querido marcharte, ya lo habrías hecho –lo pinchó, acercándose aún más hasta él.

-No lo he hecho porque, al contrario que tú, soy un hombre de palabra, y te aseguré que me quedaría hasta que tuvieses tu maldito ejército. Pero me he dado cuenta de que jamás lo conseguirás. No, si no dejas de deshacerte de los neófitos que crees inútiles.

-Así son las cosas, Jasper. Yo te lo advertí y no me hiciste caso. Es mejor que empieces a olvidarte de tu vida como humano y empieces a pensar en tu nueva existencia como vampiro. Ahora sólo existimos nosotros –declaró ella, comenzando a enfadarse.

-¿Quieres que me acostumbre a ser un vampiro, cuando lo más probable es que dentro de un mes también acabes conmigo? –le preguntó apretando los dientes, deseando averiguar cuál era el plan de ella respecto a él.

-No. Tú no vas a morir, Jasper.

-¿Por qué?

-Eres diferente a los demás –decretó ella abrazándolo. – ¿Es que no te has dado cuenta aún? ¿No eres capaz de notar lo mucho que te quiero? –le preguntó, fingiendo tristeza. –Tú eres lo único que me importa ahora, Jasper.

Él intentó alejarla de su cuerpo, pero resultó inútil.

-Antes lo único que deseaba era liderar el ejército más poderoso de vampiros, pero ahora que te tengo a ti, sólo quiero que seamos felices –consiguió unir sus labios a los de él, pero Jasper la empujó hacia atrás, separándose de ella con rapidez.

-No vas a conseguir que te crea –declaró, limpiándose los labios con la camisa, dejándole claro que lo único que sentía por ella era asco. –Puedes dejarme vivir, pero con eso lo único que conseguirás es que me vaya.

María sonrió ampliamente, demostrándole que sus desplantes no le hacían daño, y se cruzó de brazos.

-Eres mi mejor guerrero, Jasper, y no te voy a matar sólo por que me amenaces. Por mí, puedes largarte ahora mismo, pero espero que sepas que no te desharás de mí tan fácilmente –lo amenazó, aunque él no tuvo miedo.

Sin decir ni una palabra más, Jasper salió de la habitación dando un portazo, maldiciendo a aquella horrible mujer.

-¿Cómo ha ido? –le preguntó Emmett, una vez llegó a la cabaña de descuartizamiento, como la habían apodado ellos. Allí era donde acababan con los neófitos que ya habían superado su primer año de vida.

-Como siempre. Es imposible hablar con ella –le explicó brevemente la conversación que había mantenido con María, y después comenzó a maldecirla.

-Da igual, si te ha dicho que puedes marcharte, sólo hazlo –se encogió Emmett de hombros.

Jasper ladeó la cabeza y lo observó con una ceja levantada.

-¿No eres tú el que cree que eso es una locura? ¿El que piensa que no va a servir de nada volver, porque seguramente todos mis conocidos ya se habrán hecho a la idea de que no voy a volver jamás?

-Sí, pero sé lo que ocurrirá si no te vas y lo ves por ti mismo –accedió Emmett asintiendo lentamente con la cabeza.

-¿Qué ocurrirá?

-Pues que te pasarás lo que te queda de existencia preguntándote qué hubiese sucedido si hubieses vuelto, y, lo siento mucho, pero no estoy dispuesto a pasar millones de años escuchándote lamentarte –declaró con firmeza.

-Probablemente tengas razón, pero no estoy muy seguro –dudó Jasper.

-¿No estás seguro sobre qué?

-Sobre nada.

Emmett frunció el ceño y después suspiró.

-Mira, –comenzó a hablar él, colocándole una mano en el hombro amistosamente. –lo más probable es que Mary haya rehecho su vida y que te lleves una desilusión. De todas formas, si no ha sido así, no podrás casarte con ella. Supongo que se extrañará al darse cuenta de que no envejeces nunca, y al final terminará dándose cuenta de que eres…algo extraño.

Jasper asintió, sabiendo que Emmett tenía razón. Pero sentía que no podía perder las esperanzas. Mary lo amaba, y no le entraba en la cabeza la idea de que lo hubiese reemplazado tan pronto y que ya se hubiese resignado a vivir sin él.

Era consciente de que jamás podría vivir una vida normal junto a ella, pero necesitaba saber si aún pensaba en él, si todavía tenía esperanzas de volver a verle.

-¿Ya te has decidido? –la voz de Emmett lo sacó de aquella ensoñación, y negó lentamente con la cabeza, más confundido que antes. –Bueno, no tengas prisa, tenemos todo el tiempo del mundo –bromeó para quitarle importancia al asunto, y Jasper intentó sonreír, sin éxito.

Tal vez sí que debería olvidar su vida humana para empezar a centrarse en su existencia como vampiro.


¡Y ha aparecido Emmett! No sabéis lo mucho que me encanta este hombre xD (no tanto como Jasper, obviamente, ¡pero lo adoro!)

Venga, que dentro de muy poco aparecerá Alice al fin, que ya sé que estáis deseando que aparezca ;) Pero ya os dije que tengáis paciencia, que en esta historia pasan muchas cosas y la cosa va lenta ;p

Tal vez subo el próximo capítulo mañana, o si no el domingo, depende de vuestros reviews^^

¡Hasta pronto!

XOXO