Capítulo 2

Se produjo un silencio tajante. Darien entrecerró los ojos, enmascarando efectivamente su reacción. —¿Matrimonio por conveniencia?

Serena se le acercó más todavía con la clara intención de hacerle comprender la brillantez de su plan. —Por definición, se trata de un matrimonio destinado a beneficiar a ambas partes interesadas de un modo u otro, pero que nada tiene que ver con el amor o el afecto. Un matrimonio por conveniencia es, esencialmente, una relación comercial.

—Una relación comercial. —Darien entrelazó sus grandes manos sobre el escritorio y la miró con frialdad.—¿Estás contemplando un matrimonio así?

—Sí.

—¿Quieres casarte con alguien que sea capaz de manejar Milenio de Plata por ti? ¿Alguien que aplaque a los inversores y tranquilice a los acreedores de tu hermano?

Serena estaba muy complacida porque Darien aparentemente había captado el mensaje con mucha rapidez. —Ya lo tienes. Tal como lo he dicho, sería una relación netamente comercial. Desde el mismo día de la boda, mi esposo se convertiría en el socio mayoritario de la empresa. Se haría cargo de todo de inmediato. El hombre que tengo en mente tiene una excelente reputación en el ámbito de los negocios, de modo que los demás inversores estarían obligados a aceptar sin objeciones. Dejarán de morirse de pánico.

—Entiendo. —Los ojos de Darien permanecieron inmutables.

—¿Entiendes cómo sería el mecanismo? —preguntó ella un tanto ansiosa.

—Entiendo como crees tú que funcionará. —Darien se quedó callado unos momentos.—¿Y qué sucederá si Andrew regresa?

—Simple. —Serena sonrió triunfante.—Pediré el divorcio. Una vez que se dicte la sentencia definitiva, mi ex esposo ya no tendrá derechos sobre Milenio de Plata. Por el modo en el que Andrew fundó esta sociedad, todas las acciones de la misma recaen en la familia nuevamente en caso de divorcio.

—¿Y si tu esposo te lleva a juicio?

—No es factible, pero de todas maneras, me cubriré con un contrato prenupcial.

—Aparentemente, has pensado en esto cuidadosamente.

—Claro que sí y lo he analizado con Lita. Ambas estamos de acuerdo en que es la solución más segura para tratar de mantener la empresa de Andrew.

En realidad, no lo había analizado con Lita. Más bien, la había fastidiado tanto, que su futura cuñada no tuvo más remedio que apoyarla en esa idea.

—Te aseguro que es algo bastante original.

Serena se sintió un poco orgullosa. —Gracias. Me pareció una idea bastante buena.

—¿Y qué tajada se lleva de todo esto tu, eh, esposo?

Serena carraspeó. —Bueno, obviamente, la oportunidad de proteger su inversión y sus ganancias futuras en Milenio de Plata.

—¿El hombre que tienes en mente es uno de los acreedores de Andrew?

—Sí. Además dice haber sido amigo de él. Alguien que se ha ofrecido a ayudarme. Señor Chiba...Darien. Esto me está resultando mucho más difícil de lo que imaginé. —Serena entrelazó los dedos con mucho vigor. Se dio cuenta de que las palmas de las manos estaban humedeciéndosele con sudor. —Me había parecido una idea tan brillante en un principio.

—Serena, por casualidad, ¿me estás proponiendo matrimonio? —preguntó Darien con suma delicadeza.

Serena se puso colorada. Se reclinó sobre el respaldo de la silla y metió las manos en los bolsillos de su mono verde esmeralda. —Sí.

—Ah.

Serena ya estaba lo suficientemente tensa como para tener que soportar, encima, otra dosis de la notable inescrutabilidad de Darien.

—¿Qué significa eso?

—Significa que acepto.

Serena se quedó mirándolo. —¿De verdad? ¿Así, porque sí?

La expresión de Darien estaba tan imperturbable como siempre, pero su mirada se caracterizaba por una intensidad que antes no había estado presente.

—Aparentemente, es la única manera de proteger mi inversión y mis ganancias futuras, así como la de satisfacer mis obligaciones de amigo para con Andrew.

—¿No necesitas tiempo para pensarlo?

—Ya lo pensé. No es una situación muy difícil. Las opciones son claras como el agua. Tú te aferrarás a esa empresa hasta que vaya a la quiebra si yo no acepto casarme contigo. Si yo permito eso, todos perderemos.

Serena estaba tan aliviada que se relajó completamente. — No sé cómo agradecértelo. No te preocupes. Estoy segura de que no tendrás que estar casado conmigo durante mucho tiempo.

—Estás casi segura de que Andrew volverá, ¿no es así?

Serena no dejaba de morderse nerviosamente el labio inferior. —Tengo que creer que volverá. Pero aunque no regrese nunca, debo seguir aferrándome a su empresa.

—¿Por el potencial económico que encierra?

—No, porque Lita está embarazada de Andrew.

Darien captó de inmediato lo que el hecho representaba. —En otras palabras, si Andrew no vuelve, quieres conservar la empresa para su hijo.

Serena levantó la mano. —¿Y qué otra cosa me queda por hacer?

—Nada. Te entiendo perfectamente. Una vez me encontré en una situación muy similar. Uno tiene que cumplir con su deber.

—Tenía la sensación de que lo entenderías.

Serena sonrió.—Cualquiera no me habría hecho caso con una idea como ésta. Pero en ti hay algo que es diferente. No eres como los ejecutivos comunes. Y sé que Andrew confiaba en ti. El me lo dijo.

Darien ignoró ese comentario. —Una vez más, tengo que hacerte una pregunta obvia. ¿Qué pasará con nuestro contrato comercial si llega a aparecer tu hermano?

Serena suspiró, pues no quería abordar ese supuesto. —Naturalmente, querrás saber durante cuánto tiempo te verás atado a un matrimonio fraudulento.

—El matrimonio será auténtico, ¿verdad, Serena? Tus planes no darían resultado si la boda no fuera legal.

—Por supuesto que será auténticamente legal. —Vaciló.—Supongo que, si quieres, podríamos poner un plazo límite, pero no creo que surjan problemas al respecto. La cuestión es que estoy segura de que Andrew regresará en cualquier momento.

—¿Y si no vuelve? —insistió Darien.

—Aunque todo el mundo tenga razón y Andrew no reaparezca nunca más, creo que, al final, aprenderé a manejar Milenio de Plata. Pero, indudablemente, no estoy capacitada para tomar las riendas justamente ahora. El único negocio que llevé adelante fue Extravagancias y hace sólo un año que la tengo. Necesito tiempo para aprender los tejes y manejes de una empresa de alta tecnología como es Milenio .También necesito tiempo para que los inversores aprendan a confiar en mí.

—Claro. Dada tu inexperiencia en este campo de los negocios, es probable que necesites bastante tiempo. Tal vez un par de años, siempre y cuando seas una buena aprendiz.

Serena lo miró especulativamente. —No podría pretender que te quedes atado a un matrimonio fraudulento durante dos años. Por Dios, yo tampoco quisiera caer en semejante trampa.

—No, me imagino que no.

Serena tomó una decisión. —De acuerdo. Establezcamos un plazo. Digamos... seis meses. Vencido el plazo, volveremos a estudiar la situación. Si para entonces. Andrew no ha regresado y tú quieres quedar fuera del compromiso, yo no pondré objeciones.

—Me parece razonable.

—Estoy segura de que no llegaremos a ese punto —dijo Serena más animada.— Encontrarán a Andrew. Ya verás.

—Espero que tengas razón.

Serena sonrió otra vez, en señal de gratitud y alivio. Ya se sentía mejor. Las cosas estaban bajo control. Darien Chiba podría manejar Milenio de Plata.

—Realmente, has actuado con gran dignidad en todo esto. No sé cómo agradecértelo. Entiendo que mi plan pueda parecer un poco desconcertante pero tengo la corazonada de que dará resultado.

—Posiblemente.

—Sólo se me ocurrió una idea. —Serena lo estudió minuciosa mente. —Discúlpame por entrometerme en lo que no me incumbe, pero ¿en este momento estás involucrado emocionalmente con alguien?

—No.

Serena volvió a relajarse. —Bueno, eso facilita mucho las cosas ¿no? Me refiero a que habría sido bastante difícil explicar nuestro acuerdo comercial a una mujer. Claro, que yo no te lo habría pedido de haber sido ese el caso. Después de todo, las demandas en la amistad tienen su límite, al igual que las comerciales.

—¿Y tú? —le preguntó Darien.

—¿Estás comprometida?

—No. Cuando una inicia una nueva empresa, dedica todo tiempo a ella, ya sabes.

—Lo sé. —Darien la miró.—De modo que no hay nadie más involucrado en esto. Sólo tú y yo.

—Cierto, pero quiero que sepas que si esta situación se prologa por algún motivo, no pretendo que sacrifiques completamente tu vida privada. Debes saber que tienes plena libertad para salir con quien quieras. —Era difícil imaginar a Darien citando a alguna mujer.—Después de todo, éste no será un matrimonio verdadero en el estricto sentido de la palabra.

—Si se corre la voz que este matrimonio es un fraude, los acreedores de tu hermano caerán presas del pánico. Si no tienen la certeza que estamos enamorados, pueden pensar que nuestra boda no durará suficiente como para que yo salve la empresa.

Serena se lamentó y se desplomó pesadamente sobre la silla. —Supongo que tienes razón. A decir verdad, no había pensado en ese detalle Supongo que tendremos que aparentar que todo esto es lo más real posible, ¿no?

—Sí, si quieres llegar al objetivo que te has propuesto.

—Me imagino que habrá preguntas. La gente se sorprenderá la rapidez con que hemos decidido casarnos.

Darien pareció cavilante. —Bueno, les diremos que hemos tenido nuestro noviazgo en secreto hasta que nos pareció prudente anunciar públicamente la relación. Y ahora que Andrew ya no está, hemos decidido que la empresa necesita un líder, por lo cual tuvimos que formalizar la situación sin demoras.

—Mmm. Suena bastante lógico. Total, ya tienes fama de ser bastante misterioso. Pero, seguramente surgirán unos cuantos problemitas más, ¿no? —Serena, bastante incómoda, miró a su alrededor. Se preguntaba si realmente tendría que mudarse al austero apartamento de Darien.

—Sí, tendrás que hacerlo —dijo él gentilmente, como si le hubiera leído la mente.— Nadie creerá que estamos realmente casados si no vivimos juntos.

Serena se sintió presa del pánico. —Esto se complicará en gran medida, ¿no?

—No te preocupes, Serena, yo me haré cargo de todo. Por eso te casarás conmigo, ¿recuerdas?