Capítulo 3 - Legiones de Muertos

- Parece que la tormenta se calmó un poco- informó Nyx mirando hacia afuera desde la entrada de la cueva en la que se habían refugiado- parece que podremos retomar nuestra marcha.

- Entonces no perdamos más tiempo –apuró Linco. Se había quitado su yelmo y podía verse con claridad la cabeza de un erizo de color violeta con franjas claras y púas onduladas. Sus ojos eran de un color amarillo verdoso –Esa bruja ya debe habernos ganado mucha distancia.

- ¿Oyen eso? –Preguntó Leira quien tampoco traía puesto el yelmo y dejaba a la vista la cabeza de un ave de plumaje negro con ojos color verde esmeralda –suena como la marcha de un ejército…

- ¡Todos guarden silencio! – Susurró Nyx en voz baja mientras se agachaba observando el exterior de la cueva desde la entrada – ¡es todo un ejército de muertos!

- ¡Eso es imposible! ¿De dónde sacaría tantos? – Exclamó el erizo mientras se acercaba al umbral junto con Nyx - No puede ser… - abrió con asombro los ojos.

- Son nuestros camaradas caídos en la batalla de Lúgrem... ¡Sabía que cometíamos un error al no quemar los cuerpos! – la voz del fénix se tiñó de rabia.

- Teníamos la orden de continuar, no podíamos detenernos a quemar todos sus cadáveres –Le recordó Linco – ¡Pero en el nombre de los doce reinos deben haber como doscientos soldados allí!

- ¿Qué es lo que vamos a hacer? – Preguntó Leira que se había acercado a sus camaradas para echar un vistazo – No creo que combatirlos sea una buena idea…

-No nos va a hacer falta – Observó Linco – Siguen su camino sin detenerse. No nos han visto, podemos esperar hasta que se alejen lo suficiente.

-Entonces guardemos silencio… - terminó Nyx.

Luego de una larga espera, ya no se avistaba ningún muerto en los alrededores. Él trio de caballeros decidió que ya era seguro salir y retomaron su camino.

- Estoy segura que esos eran solo la mitad de nuestros camaradas caídos – analizó Leira–Lo más probable es que cuando lleguemos a los picos el resto nos esté esperando.

-Espero que estés equivocada Leira y que la Nigromante esté debilitada –contestó Nyx –De otro modo vamos a tener un problema muy grave…

- No creo que sea tan grave, después de todo tú estás con nosotros esta vez –apuntó la joven –Tu fuego es suficiente para anular su magia y devolver esos cadáveres a la normalidad.

-Leira, estamos hablando de doscientos muertos más – Replicó el erizo – Tendríamos una batalla muy salvaje hasta que el fuego de Nyx los alcanzase a todos.

-Y eso si es que no levantó también los cadáveres de los dragones –agregó Nyx. Sus dos compañeros lo miraron con los ojos bien abiertos. No habían pensado en ello antes.

Los tres continuaron caminando durante un largo rato. La tormenta seguía amainando lo que hacía más fácil el avance. En poco tiempo avistaron los picos de Lúgrem. Desde el borde del risco en el que se detuvieron podían verlos, completamente cubiertos de nieve y hielo. Una cadena de colosos de piedras afiladas que se elevaban a gran altura formando picos puntiagudos. Y a sus pies…

- ¡Todo el mundo abajo! – susurro con prisa Linco empujando a sus compañeros al piso

- ¿Pero que te pasa? – lo reprocho Leira

- Miren – Apunto hacia la base de los picos. Allí debía haber cientos de cadáveres. Solo estaban parados, con sus armas en mano, esperando inmóviles y esparcidos por todo el lugar.

-Están demasiado dispersos como para que pueda incinerarlos juntos – observó Nyx –vamos a tener que buscar alguna forma de atravesar sin que nos vean.

-Los cadáveres de los dragones siguen allí, parece que la bruja no pudo usarlos – observó Leira – Quizá no es tan poderosa como pensábamos…

- Tratemos de rodearlos. Usemos los cadáveres de los dragones para ocultarnos – propuso el fénix – ¿Qué opinas Linco?

Linco miraba con desconfianza a las negras bestias – No creo que sea buena idea. Esos dragones deberían estar cubiertos de hielo, sin embargo parece que el frio no los afectó en nada… - Tanto Nyx como Leira voltearon a observar a los dragones solo para confirmar que Linco tenía razón.

- Esto reduce nuestras opciones… -dijo la cuerva – Parece que la única salida es abrirse paso frontalmente… o dar un rodeo demasiado amplio…

-Esto es una locura… ¡es una batalla de 3 a 500 por lo menos! – exclamo Linco

- Lo único que tienen que hacer es mantenerse en pie mientras yo voy rompiendo el hechizo con el fuego – le recordó Nyx – Nos mantendremos unidos. Ustedes pelearan a la defensiva mientras yo trato de incinerarlos con la mayor ligereza que me sea posible.

- Tenemos un plan. Suicida. Pero un plan a fin de cuentas… - se rindió Linco

Acto seguido los tres descendieron volando hasta el pie de la formación rocosa, Nyx cargó a Linco hasta allí.

- ¡Lánzame sobre ese grupo reducido así abro espacio para ustedes! – Ordenó

Los cadáveres empezaban a moverse siguiendo el camino descrito por el trio mientras emitían gemidos y agitaban sus armas. Nyx dejó caer a Linco repentinamente. Apenas tocó suelo atinó un brutal golpe circular con el enorme espadón de cristal despedazando por completo a los no-muertos más cercanos y dejando una importante brecha. Aprovechándola, Leira y Nyx descendieron a los lados de Linco y tomaron sus armas mientras eran rodeados. El fénix comenzó a emanar grandes oleadas de fuego en diferentes direcciones incinerando todo a su paso. Cada zombi que era tocado por el fuego caía inerte sobre la nieve, totalmente carbonizado en la mayoría de los casos. A su lado Linco despedazaba con fuerza los cadáveres que se les acercaban por detrás. Leira por su parte utilizaba sus dos hachas para decapitar y mutilar cuanto enemigo se pusiera a su alcance. Los tres mantenían un buen ritmo por lo que a pesar de estar superados en número podían tenerlos a raya.

- ¡Nyx! ¡Arriba! –Grito repentinamente Leira mientras le cortaba el brazo a un resucitado. Por sobre sus cabezas una enorme masa de dragones cadavéricos llenaban el espacio. De un momento a otro un grupo descendió en picada directamente contra los caballeros. Dando un salto Linco escapo de las fauces que se dirigían hacia ellos. Apenas se incorporó dio un rápido vistazo alrededor para comprobar el estado de sus compañeros. Todos habían lograron esquivar el ataque y los tres caballeros seguían en pie. Ahora estaban totalmente dispersados, rodeados por soldados muertos en tierra y amenazados por un ejército de dragones en los cielos.

- ¡Tenemos que reagruparnos! – Exclamó Nyx desde algún lugar de la cadavérica multitud.

- ¡Leira! ¡Tratemos de ir hacia Nyx! – Ordenó Linco mientras atinaba un golpe descendente.

Tanto Linco como Leira comenzaron a abrirse paso entre las oleadas de la muerte cosa que no era tarea fácil. A pesar de que los no-muertos eran lentos y poco certeros, los superaban en número ampliamente. Linco podía sentir de tanto en tanto algún golpe que era bloqueado por su armadura. Para cuando logró llegar hasta donde estaba el fénix, Leira ya lo estaba esperando allí.

- ¡Linco! ¿Qué demonios vamos a hacer con los dragones? –bramó la cuerva sin dejar de mutilar a sus oponentes.

- ¡Nyx! ¿Podes encargarte de los dragones? – preguntó Linco

- ¿Estás loco? ¡Si los dejó solos en tierra los van a masacrar! – Replicó el fénix

- ¡Si no nos deshacemos de esas bestias aladas nos van a masacrar de todos modos! – Gritó Leira – ¡Nosotros nos pondremos espalda con espalda y resistiremos mientras acabas con ellos!

Nyx tardo un momento en reaccionar, pero finalmente desplego sus alas en una llamarada y se elevó. Linco y Leira se acercaron espalda con espalda batallando con ferocidad. Los cielos se llenaron de potentes lenguas de fuego y ensordecedores rugidos. De tanto en tanto se podía ver como se desplomaba el cuerpo inerte de algún dragón cuando el fuego rompía el hechizo. En tierra el combate no daba tregua. El dúo plateado, entre jadeos y maldiciones, destrozaba cuanto enemigo tenían al alcance. Pero por cada muerto que eliminaban, otros tres tomaban su lugar. Resistieron ferozmente, pero al cabo de un rato era obvio que estaban en problemas.

- ¡Leira! ¡Levanta vuelo vos también! ¡No tiene sentido que te quedes a morir conmigo! –Ordenó el erizo – ¡Estamos peleando una batalla imposible!

- ¡No pienso dejarte! ¡Si lo hago terminarás…!-Empezó la cuerva pero fue interrumpida por Linco

- ¡No te preocupes por mí! ¡Es una orden! ¡Nosotros no somos importantes! ¡Nuestra única razón de estar aquí es acabar con Ánima! –Vociferó – ¡Eso es todo lo que importa! ¡Ahora levanta vuelo! ¡dale caza!

La cuerva dio varios hachazos iracundos dejando libre un espacio importante para que Linco se acomodase. Luego desplegó las alas y se elevó en el aire batiéndolas con fuerza. Nyx seguía incinerando a cuanto dragón se le cruzara en los cielos. Las bestias constantemente cargaban contra él. Algunos conseguían embestirlo y empujarlo varios metros en el aire, pero este se recuperaba rápidamente y contraatacaba con una llamarada de color naranja intenso. Linco había comenzado a lanzar golpes de 360 grados constantemente, pero estaba claro que no iba a durar mucho tiempo así. Su arma era muy pesada y con cada golpe que daba lo movía con mayor torpeza. Tragando el sentimiento de culpa que la invadía emprendió vuelo en la dirección del valle donde se ubicaba la entrada a las cuevas cristalinas aprovechando que los dragones estaban ocupados con Nyx y que las legiones de la muerte no podían alcanzarla en el aire, pero… ¿realmente no podían? Repentinamente una flecha pasó velozmente rozando el yelmo de la chica.

- ¿Pero qué…? –Buscó con la mirada unos momentos. Logró avistar una hilera de arqueros sobre unas rocas marcándola como objetivo de sus arcos – ¡Maldición!

De pronto cientos de flechas llenaron el aire dirigiéndose con rapidez contra la cuerva. Se cubrió con el escudo que llevaba colgado en la espalda justo a tiempo para bloquear gran parte de los proyectiles, sin embargo una gran cantidad alcanzó sus alas hiriéndolas de gravedad y derribándola bruscamente sobre la nieve. Aterrizó a varios metros de donde los arqueros estaban de pie volviendo a cargar sus arcos. Con un terrible dolor se levantó con pesadez blandiendo un hacha con una mano y el escudo con la otra.

- ¿Quieren un pedazo de mí? ¡Pues no van a tener que ganárselo! – Rugió como una demente. Con el escudo en alto frente a ella comenzó a correr a través de la nieve despareja hacia donde estaban los arqueros. Una segunda tanda de flechas es bloqueada por el Pavés de la chica, esta vez encogiéndose detrás del mismo para evitar totalmente el daño. Volvió a ponerse de pie aprovechando el tiempo de recarga de sus oponentes para acortar aún más la distancia que los separaba. Cuando ya estaba a unos pocos metros una tercera tanda de proyectiles voló en su contra. Esta vez a pesar de que logró cubrirse con el escudo, una flecha se clavó profundamente en la sección de la armadura que solo estaba cubierta por cota de malla del brazo con el que empuñaba su hacha.

- ¡Mierda! –Exclamó con dolor, pero no dejó que esto la detuviera. Dando un salto asestó un golpe de hacha decapitando a uno de los arqueros y cortando los brazos y manos a otros dos. Combino el golpe con un segundo impacto, esta vez usando el Pavés con lo que partió la cabeza de otro que se encontraba cerca. Podía sentir como poco a poco el brazo herido se debilitaba. Una repentina puntada en su espalda le informó que había sido alcanzada con una flecha por detrás. La herida no debía ser muy profunda ya que la armadura que vestía era de un grosor importante. Al darse vuelta vislumbro un total de doce arqueros apuntando en su dirección. Se encogió velozmente bajo el escudo, justo a tiempo para ver como una docena de flechas impactaban en el escudo y pasaban con rapidez a los lados clavándose hasta desaparecer en la nieve. En el momento en el que se comenzó a incorporar, planificando la mejora forma de deshacerse de esos doce arqueros, el cuerpo de un dragón cayó con un fuerte estrepito sobre estos aplastándolos. Sin la necesidad de preocuparse más por ellos, se deshizo de los restantes que estaban al alcance de su hacha. Con cada combinación hacha-escudo los impactos se hacían más débiles y en poco tiempo los ataques del hacha ya no los mutilaban al primer impacto. A pesar de su rapidez con el escudo ya había recibido flechazos en el hombro izquierdo, en la espalda y en las piernas. Perdía sangre en cada herida aunque no en grandes cantidades ya que no había removido ninguno de los proyectiles. Apenas terminó con los arqueros cayó de rodillas y se desplomó totalmente agotada sobre la nieve. Desde el blanco colchón levantó la cabeza para observar a sus compañeros. Nyx debía haber subido más alto ya que su figura no se podía vislumbrar por ningún lado pero grandes llamaradas asomaban entre la nube de dragones de tanto en tanto. Bajó la vista en búsqueda de Linco. Lo avisto a lo lejos aun combatiendo. Se le notaba el cansancio ya que sus golpes eran extremadamente torpes y perdía el equilibrio constantemente. En un momento su espadón voló varios metros despedazando toda una hilera de no-muertos mientras el erizo se desplomaba en el suelo.

- ¡Linco! – Gritó Leira asustada. Se puso de pie y buscó un arco y un carcaj que le sirvieran de arma. Se los arrebató a un mutilado brazo y se paró blandiéndolo en la punta de un montículo de piedras y nieve. Comenzó a disparar flechas a mansalva contra todo enemigo que se moviese cerca de donde se encontraba su compañero exhausto. Cada vez que tensaba el arco un dolor terrible azotaba su cuerpo, producto de las múltiples heridas que cargaba. Ignorando el dolor con un temple de acero continuó disparando flechas sin tregua. Una parte de los zombis volteó para enfrentar la nueva amenaza que representaban los proyectiles y al avistar a la cuerva se lanzaron contra ella. Gracias a la distancia que los separaba pudo agotar todas las flechas antes de verse obligada deshacerse del arco y retomar sus hachas. Ya habían reducido a una gran parte de sus enemigos. Aprovechó el espacio que dispuso con ello y se abrió camino hacia donde había caído el erizo. A pesar de que trataba de esquivar los ataques, seguía recibiendo brutales impactos que eran detenidos por su armadura. Si no hubiese sido por el frenesí de la batalla cada golpe habría sido una puntada de dolor que la obligaría a doblegarse, pero la adrenalina hacia que su mente se mantuviese concentrada en los enemigos y en poco tiempo alcanzo a su compañero. Ya se había vuelto a poner en pie, pero luego de extraviar su arma ahora combatía con una alabarda que le había arrebatado a uno de los soldados.

- ¿Leira? ¿Qué demonios…? –Empezó el erizo

- Me interceptaron los arqueros – Lo frenó – Ya no puedo volar, no con estas heridas.

- ¡Vamos! ¡Espalda contra espalda! ¡Terminemos con esto! – ordenó el caballero.

Ambos estaban muy cansados, pero las heridas de Leira le estaban ganando partido rápidamente hasta que perdió el equilibrio y recibió un fuerte hachazo directamente sobre el Yelmo. La chica se desplomó pesadamente en el suelo.

- ¡No! – rugió el caballero aún de pie decapitando al zombi del hacha. Se paró arriba del cuerpo inconsciente de su compañera usando su cuerpo de escudo. Gracias a la longitud de la alabarda mantenía a sus oponentes a raya. Poco a poco fueron cayendo los últimos vestigios de las legiones de muertos hasta que con un último golpe no quedo ninguno.

- ¡Leira! ¡Leira maldición! –Exclamó mientras se agachaba quitándole el yelmo. Estaba inconsciente, pero aún respiraba. La levanto en brazos con toda la fuerza que le quedaba y desvió la vista hacia arriba. Nyx había disminuido de manera importante a los dragones, pero esa batalla estaba lejos de terminar. Aun no se lo podía ver al fénix entre la negra masa de dragones, pero las llamaradas indicaban que aún seguía batallando. Llevo a su compañera hasta la base de un pico y la recostó con cuidado en la nieve. Tomo el escudo que ella llevaba colgado en la espalda y con cuidado le cubrió la cabeza con él. Acto seguido se puso de pie y comenzó a juntar las distintas armas esparcidas por el combate. Tomo un hacha y la lanzó con toda sus fuerzas hacia los cielos. Gracias al espadón que solía empuñar tenía una gran fuerza y el hacha terminó impactando en uno de los dragones que volaban a baja altura. Este volteo buscando la fuente del ataque y al ver al caballero se lanzó en picada contra él. Sin inmutarse sostuvo con ambas manos la alabarda que aún cargaba y esperó el momento oportuno. Cuando el dragón estaba a solo unos metros rodó en el suelo esquivándolo. Se incorporó en un parpadeo mientras con su ama le producía un profundo corte desde la cabeza hasta la parte inferior del vientre. La bestia negra terminó inerte en la nieve un poco más lejos de donde se encontraba él. Sin detenerse ni un momento, volvió a escudriñar el piso en busca de más proyectiles.

En el aire Nyx volaba en todas direcciones esquivando a las bestias. Les lanzaba brutales golpes con la maza que mantenía inmolada cada vez que alguno se ponía a su alcance y combinaba los golpes con olas de fuego. Los dragones eran rápidos en el aire y esquivaban con facilidad muchos de los ataques del fénix.

- Esta pelea se está haciendo demasiado larga – Pensó Nyx preocupado porque el cansancio ya comenzaba a ganar terreno –Esa bruja tiene más poder del que pensábamos, eso es indiscutible – Le atino un golpe con la maza en la cabeza a un dragón que voló muy cerca de él – ya estoy demasiado agotado, no puedo mantener el ritmo… - Cerró las alas y se dejó caer en picada como un si se tratase de un gran proyectil en llamas, atravesó por lo menos a seis dragones antes de volver a abrir sus alas casi al ras de piso. Aterrizó con rapidez en el suelo mientras los cuerpos que había ensartado se desplomaban estrepitosamente a su alrededor. Lanzo una potente llamarada hacia arriba interceptando a un gran grupo de dragones que lo habían seguido en su descenso. Estos cayeron pesadamente sobre la nieve arrastrándose de manera caótica y golpeándose entre ellos. Los dragones que no fueron tocados por las llamas se posaron en círculo alrededor del fénix rodeándolo de manera amenazadora. Nyx tomó el escudo con el brazo izquierdo y se puso en guardia. La bestia más cercana se acercó velozmente lanzando un cabezazo que el caballero bloqueó con el escudo. Aprovechó el momento y le devolvió el golpe con su maza, atinándole directamente en la nuca. En una brutal estampida, seis bestias lo atacaron simultáneamente, él desvió al primero con un golpe del escudo y al segundo de un mazazo, pero el tercero cargó en su contra con una fuerza terrible levantándolo varios metros en el aire. Con rapidez giró sobre sí mismo dándole un golpe bestial en la quijada a otro que había volado hacia él con claras intenciones de acabarlo con sus fauces. Cuando toco el suelo escuchó como otro de los monstruos se le acercaba con rapidez, pero fue interceptado por un martillo que salió de la nada. Lo siguiente que pudo ver fue un enorme espadón de cristal partiéndole la cabeza al aturdido lagarto. Linco, complemente exhausto, había llegado a auxiliarlo. Se acercó hasta el fénix uniéndose a su batalla.

- ¿Que paso con Leira? –Fue lo primero que atino a preguntar

- No te preocupes por ella, está aún con vida – respondió el caballero manteniendo la guardia en alto – Pero esta malherida. Tenemos que acabar con estos dragones lo más rápido posible - Las criaturas que los habían estado rodeando se lanzaron al ataque mientras Nyx abría la boca para replicar. De un golpe ascendente el erizo repelió a tres dragones, luego lo combino con uno descendente que cayó con pesadez destrozando la cabeza de un cuarto. Nyx por su parte se deshizo de dos con un solo golpe de la maza y lanzo una ola de fuego que impacto en otros siete. Ya casi no les quedaban oponentes. Los pocos que aún estaban en pie se prestaron para un último ataque que fue bloqueado con facilidad por Nyx con una pared de fuego, pero Linco tardó en reaccionar y recibió un impacto directo en el pecho que lo lanzó contra su compañero haciendo que ambos cayeran al suelo. El fénix se quitó con rapidez al erizo de encima empujándolo hacia un lado y trabo la mordida de una de las bestias justo a tiempo. Mientras forcejeaba con el escudo una flecha se clavó en el ojo del reptil haciendo que este suelte el escudo y profiera un rugido de dolor. Nyx aprovechó el momento y con una llamarada lo dejó fuera de combate. Linco, que ya se había puesto de pie otra vez, estaba acabando con otra de las bestias. Nyx miro en derredor buscando al arquero hasta que vio a Leira de rodillas con un arco en los brazos. Sin perder más tiempo volteo de nuevo en dirección del combate acabando con los pocos dragones que aún estaba de pie con ayuda de su compañero.

- Ese… ese fue el último – jadeo Linco mientras dejaba reposar brevemente el cuerpo sobre su espadón. Acto seguido se dirigieron con rapidez hasta donde estaba la cuerva de rodillas usando el arco como bastón para no desplomarse en el suelo.

-Leira, no debiste ayudarnos. Estas muy mal herida – le recriminó el fénix con preocupación

-Herida… pero no muerta… -respondió ella entrecortadamente –Además… gracias a la flecha que le lancé ese dragón… no te convirtió en una pila de carne... - Se le resbaló el arco y cayó de bruces en la nieve - Que mierda… no puedo siquiera estar arrodillada – soltó con amargura desde el piso.

-No podemos dejarte así… Uno de nosotros va a tener que volver y… - empezó Linco que se había arrodillado a su lado volteándola y sosteniendo su cabeza, pero fue interrumpido por ella

- No seas hipócrita… Recién afirmabas que la bruja era más importante que nosotros… ¿y ahora cambias todo? – Replicó – Ustedes váyanse… yo los espero aquí, cuando vuelvan...

- ¡no hables estupideces! – discutió Nyx – Linco, vos seguí camino. Yo voy a llevarla volando hasta la cueva en la que nos refugiamos antes para curarla y luego te alcanzo.

- Muy bien – Aceptó el erizo mientras alzaba a la cuerva y la depositaba con cuidado en los brazos de Nyx. Leira no discutió más. Quizás por el dolor, quizás porque no quería perder más tiempo, pero solo se limitó a mirar el cielo con expresión de disgusto. Nyx emprendió vuelo llevando a su compañera a cuestas mientras Linco comenzaba su marcha entre los cuerpos en dirección de las cuevas de Lúgrem.