Debía admitir que había sido un día muy provechoso. Quizá no en el contexto estudiantil, pero si desde el punto de vista de su estado, que ahora comprendía era de salud.
Tenía hanahaki, la enfermedad de las flores y amor no correspondido. La cual solo tenía dos soluciones: morir o someterse a una operación especial donde probablemente tuviera que ir a Tokio para que la trataran.
Suspiró, apretando con fuerza la almohada que abrazaba en ese momento, tirada sobre su cama. Parecía tan sencilla la respuesta, pero a la vez era tan difícil.
—No es tan fácil. — Murmuro contra la almohada, sintiendo las lágrimas sobre la tela, humedeciéndola, causándole un pequeño escalofrió por el repentino frio. — Te amo tanto.
El ya tan familiar sentimiento se hizo presente nuevamente, apenas si se movió para tomar una bolsa de basura, se la coloco en posición y se preparó para el ataque de hanahaki.
Pasados unos momentos, cuando sintió que ya no iba a vomitar más, recobro su postura y siguió llorando. Quedándose dormida en esa misma posición.
La incesante alarma le despertó pasadas unas horas. Había dormido después de varios días y aun así se sentía exhausta, sin ánimos de ir a clases, pero tampoco con el ánimo suficiente para fingir seguir enferma.
Una sonrisa sarcástica pinto su rostro, en realidad sí estaba enferma. Simplemente no sabia como explicarle a sus padres que su amor estaba matándole y que necesitaba que la operaran.
¿Siquiera iba a aceptar la operación?
— ¿Para qué? — Cuestiono al aire, cambiándose a un uniforme limpio — Si he de morir, prefiero hacerlo mientras la amo — Y salió de la habitación con esa intención.
Hizo el mismo recorrido que el día anterior, se lo sabía de memoria. Con la excepción que esta vez no sentía nervios ni miedo. No sentía nada.
Apenas si noto la parada a la que había llegado cuando una brillante melena naranja subió al autobús.
— ¡Oh! ¡You! — Los ojos de You se iluminaron al escuchar esa bella melodiosa voz -a su parecer- llamarla — Vamos Riko, vamos con ella. — Y así terminaron los cinco segundos de felicidad de You.
Las tres chicas se sentaron en los asientos traseros, You fingiendo una sonrisa ante la pelirroja, quien parecía ignorarla para concentrarse en la de ojos carmesí.
—Pero vaya, que ambas tuviéramos un resfriado una tras otra es demasiada casualidad — Chika había sido puesta al tanto por Riko al parecer, You solo la escuchaba hablar. — primero faltas unos días y cuando por fin regresas yo no estoy, perdón You
—No pasa nada — You no entendía por que Chika se disculpaba, pero escucharla y verla tan feliz como siempre era un sentimiento agridulce.
Era dulce porque la había extrañado tanto. Pero era tan amargo porque aunque le hablara, podía notar como un 90% de su atención estaba siendo enfocada en Riko. Su pecho comenzó a dolerle, pensando en que podría tener un nuevo ataque de hanahaki, considero en bajar del autobús. Mas pareció poderse controlar.
— ¿No vas a bajar, You? —La voz de Chika le despertó de su concentración por controlarse, notando que efectivamente habían llegado a la escuela. Respiro profundo antes de asentir y seguir a su amiga hacia dentro del edificio.
You se excusó diciendo que pasaría a la enfermería a tomar su medicamento, mentira que improviso para ir al baño y tener el infame ataque en paz y lejos de Takami.
Mientras caminaba hacia el ya bien conocido cuarto de baño se encontró con las chicas de primer año, quienes sonrieron al verla viva en la escuela.
— ¿Cómo estas, zura? — Hanamaru fue la primera en hablar, preocupada por su bienestar. La de cabello gris sonrió sinceramente, era bueno saber que al menos a alguien le preocupaba como estaba.
—Sigo viva, supongo. — La respuesta no pareció satisfacer a ambas chicas pues solo hizo que sus ojos demostraran muchísima preocupación y que You formara una mueca en respuesta. — Aun estoy decidiendo que hacer, me gustaría pensarlo un poco más, mientras aún tengo tiempo
Guardaron silencio unos momentos, ninguno sin saber que decir. Hanamaru bajando la mirada, no sabiendo que decir para demostrarle que tenía su apoyo. Se sentía tan inútil y torpe, justo como dos años antes con Ruby y Dia. Apretó los labios buscando las palabras correctas para decir, pero la pelirroja se le adelanto.
—Dia pidió hablar contigo, así que si vas a saltarte clases, quizá deberías ir al consejo estudiantil — Fue lo único que dijo antes de girarse y caminar. La castaña estaba igual de sorprendida que You, pues paso un par de segundos alternando su vista entre ambas chicas antes de seguir a su novia hacia su correspondiente destino.
You suspiro confundida y algo fastidiada. De seguro Dia ya estaba enterada que un día antes se había saltado todas las clases y ahora sería suspendida.
Suspendida significaba no Chika por un par de días. El pecho le dolió nuevamente ante eso, apenas si corrió al baño antes de devolver su pobre desayuno.
Paso la primera clase sin ningún problema al menos. En el cambio de clases, You no pudo aguantar más, pues vio como Chika le acomodo un mechón de cabello tras la oreja a Riko y el profundo sonrojo de ésta, provocándole una traviesa risa a la de cabello naranja.
— ¿You? —Escucho a Chika hablándole mientras ella salía corriendo en dirección a los baños.
Una vez en un cubículo, esta vez flores amarillas las cuales pudo identificar como jacintos le saludaron. Frunció el ceño, no necesitaba el estúpido hanahaki para saber que estaba celosa, pero para al punto de que su cuerpo necesitara recordárselo, quizá si era grave.
— ¿Para qué vine a clases? — Se cuestionó una vez fuera del baño.
No asistir y no verla no ayudaba. Asistir y no verla tampoco. Asistir y verla con Riko era mucho peor. ¿Qué tenía que hacer para acabar con eso?
¿Valía la pena volver a clases? Resoplo con burla, ni siquiera estaba poniendo atención, solo se la pasaba viendo a Chika. Era deprimente, no necesitaba regresar. Tenía que pensar mejor en que debía hacer.
Caminando hacia la terraza para volver a saltarse clases recordó lo dicho por Ruby. ¿Dia quería hablar con ella? ¿Para qué? Si un día antes se había negado a ayudarle y no parecía que le interesase su vida.
Aun así era mejor hablar con alguien que la pudiera entender a no tener con quien hablar.
Suspiro derrotada antes de cambiar su destino: el consejo estudiantil.
Toco tres veces antes de recibir un adelante de Dia probablemente, abrió la puerta y pudo notar sorpresa en los esmeralda ojos de la morena, quien carraspeo de forma sutil para recobrar la compostura.
— ¿A qué obtengo el placer de tener de visita en horario escolar a la infectada de hanahaki? — You cerró la puerta tras de sí, sin intención de dejar que alguien pudiera escucharlas. Mas una vez razono lo dicho por la Kurosawa, parpadeo confundida.
— ¿No me citaste tú?
— ¿Para qué querría hablar con una idiota como tú? — Se burló Dia volviendo a sus documentos. — Si solo quieres atención ve y pídeselo a tu amada, probablemente te cures de esa forma — La sonrisa llena de malicia le hizo enfurecer a You que en lugar de amedrentarse y retirarse camino hacia el escritorio de la Kurosawa, estampando ambas manos a los lados de los documentos.
Dia con toda la calma y elegancia posible subió la cabeza, para permitirle ver que eso la había molestado, pero sin rebajarse a dirigirle la palabra. Simplemente afilando su mirada consiguió hacer que Watanabe calmara un poco su actitud, pero no lo suficiente, pues un segundo después la furia volvió a sus ojos.
— ¿Cómo te atreves a burlarte de mí? ¿No sufriste lo mismo que yo? ¿No te doy si quiera un poco de lastima? — Sin apartar la mirada de ella, Dia ensancho su sonrisa, realmente divertida con la actitud de You, quien solo consiguió enfurecerse más. — ¡Respeta un poco mis sentimientos y mi sufrimiento, maldita sea!
— ¿Eso es lo que querías? ¿Lastima? Felicidades, la conseguiste. Eres patética. Ahora, sal de mi oficina y muere de hanahaki en algún lugar fuera de la escuela por favor. — La Kurosawa había vuelto a sus documentos, sin importarle la cara sorprendida, ofendida y frustrada de la menor. O el hecho de que había empezado a lagrimear.
O al menos no le había importado hasta que cayeron sobre los papeles.
— ¿En serio? — La incredulidad de Dia era palpable, se había recargado sobre su silla y ahora la de cabello gris tenía toda su atención, la morena le miraba entre con lastima y fastidio. — Honestamente, ¿a qué viniste?
—Ruby me dijo que querías hablar conmigo — You había respondido entre sollozos, sin importarle que la mayor de las Kurosawa la viera en ese estado. — Pero veo que solo era para burlarte de mí.
La de ojos azules hizo un ademan de retirarse, mas fue detenida por Dia, sujetándole la muñeca con su mano, You la miro asombrada pues su vista había cambiado de indiferencia y lastima a comprensión y apoyo casi maternal.
—No sabía que Ruby te había pedido eso, te pido disculpas por mi comportamiento de recién. Ven, toma una taza de té y cuéntame que ha pasado.
Pasados unos minutos, ambas con una taza de té en mano y You habiendo terminado de contar sus experiencias de la pasada semana, ahora parecía mucho más calmada. Quizá algo intimidada por la presencia de la estricta presidenta del consejo estudiantil, junto con avergonzada por su actitud, pero calmada a final de cuentas.
Dia parecía estar analizando la información recién recibida. Si bien entendía las intenciones de su hermanita, prefería haber sido informada para evitarse la escena que había ocurrido entre ellas a causa de la falta de comunicación. Tendría que hablar con ella más tarde, pero primero había un problema más importante.
—Perdón por ponerme a llorar antes, solo, estaba frustrada — You fue la primera en hablar mientras Dia seguía pensando, eso la regreso a la realidad, negando con la cabeza.
—Perdóname a mí, me deje llevar por mis propias emociones y termine descargando mi enojo sobre ti. — Dia había tomado un nuevo trago a su taza y You la miraba confundida.
— ¿Por qué estas enojada? — Dia sonrió con nostalgia ante esa pregunta.
—Me enoje porque me recordaste a mi hace dos años y me enfurecí por ver lo estúpida que fui. — You hizo una mueca ante eso, seguía llamándola estúpida de alguna forma. — Casi muero por pensar de la misma forma que tú, casi no llego a salvarme, pero Ruby le conto a nuestros padres mi situación y me llevaron de emergencia a la operación. No tuve prácticamente la oportunidad de decidir.
You mantenía la boca abierta, llena de incredulidad que la joven Kurosawa hubiera sido quien salvo a la mayor. Quizá los rumores debían actualizarse, la pelirroja no era tan inútil y cobarde como muchos aseguraban. Podía ser decidida y valiente cuando se necesitaba. Justo como para salvar a Dia y como intentaba hacerlo ahora con ella.
—Hay una tercera forma de curar el hanahaki. — La voz de Dia le regreso ahora a ella a la realidad. Tardo unos segundos en comprender lo dicho, y jura que casi se cae al levantarse tan deprisa. — Pero, es muy improbable.
— ¿Qué tengo que hacer? — You parecía no escucharla por completo. La morena se dio cuenta y suspiro, de verdad que era como ella hace dos años.
—Si el enfermo de hanahaki es correspondido, la flor muere y se curara.
You volvió a tomar asiento, perdida viendo el suelo. Dia se inclinó para asegurarse que estaba bien, pero le dolió el corazón al ver la tristeza y terror centrado en sus azules ojos.
—No estas segura que tu amada te corresponda, ¿cierto? — Dia volvió a hablar, ahora su voz llena de tristeza y comprensión. Después de todo, no había nadie que le entendiera mejor que ella.
—Creo que sale con una compañera nuestra. — You había respondido unos minutos después, cuando pareció calmarse. O eso creyó, pues unos segundos después comenzó a toser, tirando su taza al suelo y sorprendiendo a la Kurosawa, quien se puso en pie y corrió a auxiliarla, evitando que se encajara algunos trozos de la porcelana quebrada en el suelo.
—Tulipanes amarillos ¿eh? — Comento con burla, You parecía no entender, así que Dia continuo — amor sin esperanza.
Los ojos de You volvieron a llenarse de lágrimas. Cansada y deprimida, se lanzó a los brazos de la mayor, sin poder resistirlo más comenzó a llorar desesperadamente. Dia no pudo hacer mucho más que abrazarla con la misma fuerza, asegurándole que no estaba sola y que le ayudaría a salvarse.
Kurosawa Dia siempre había sido conocida por ser una chica refinada, correcta, reservada. La representación en persona de una ejemplar mujer japonesa. La gente siempre pensaba que era demasiado seria para su propio bien, pues a sus 15 años era esperado que cometiera errores y actuara de forma tonta, como la típica adolescente. Que disfrutara su juventud.
A Dia no podía darle más igual de lo que hacía. Criada en ese ambiente, como la mayor debía ser el modelo a seguir para su hermana menor, quien no parecía convencida a las tradiciones que su familia intentaba mantener. Aunque Ruby fuera rebelde, si sus padres estaban orgullosos de como ella había adoptado dichas tradiciones, con gusto seguiría haciéndolo.
Sin importarle que las chicas de su edad no estuvieran demasiado interesadas en hacerla su amiga. O eso creía hasta que la conoció.
—Tu cabello es muy largo, negro y brillante. ¡Me gusta! — Fue lo primero que la nueva estudiante de intercambio le había dicho y Dia se sonrojo por la cerca que la rubia estaba de su rostro. ¿Qué no conocía el espacio personal? — ¡Pareces una muñeca tradicional! — Dia podía jurar que su risa era lo más lindo que había escuchado en sus 15 años. — Soy Ohara Mari.
Lo siguiente que la de ojos verdes estaba consciente es que la extranjera se acercaba a ella siempre que podía, haciéndole conversación o quejándose sobre alguna materia. Y aunque al inicio le molestaba, aprendió a apreciar a la rubia, bromeando y quejándose junto a ella.
Durante su tiempo juntas aprendió mucho sobre ella. Sobre sus propias tradiciones. Su forma de ser, como amaba el color morado y nunca se cansaba de usarlo. Ropa, bolsas, útiles escolares, cualquier cosa que pudiera encontrar en morado lo compraba. No le era tan difícil, con su situación económica bien podría comprar la escuela.
Dia casi se va de espaldas al enterarse que no necesitaba comprarla, pues su padre era realmente el dueño y en cuanto ella quisiera, la pondría a ella al mando. Aunque al inicio creyó que Mari bromeaba, más tarde se daría cuenta que en realidad iba en serio. Pues al día siguiente la rubia muy emocionada le comentaba como ahora era ella la nueva directora y que esperaba tener su apoyo, consciente que la morena pertenecía al consejo estudiantil. No pudo negarse. ¿Cómo lo haría? Si para entonces Dia comenzaba a ser consciente de sus sentimientos por la rubia.
Un día de verano, Mari llego emocionada. Mostrándole un nuevo broche de cabello, insistiendo lo hermoso que era y como probablemente resaltaban sus ojos con él. Dia le dio la razón.
—Es un bello tono de gris. — Mencionó, y aunque insegura continuo, aun si la rubia le miraba sorprendida. — No sé si realmente resalta tus ojos, creo que el morado lo hace más.
Y más tarde Dia entendería lo mucho que esas palabras habían lastimado a Mari, pues le sonrió de forma incomoda, intentando contener el llanto que sentía saldría en cualquier momento.
—No veo el morado. — Finalmente confeso, siendo su turno de sorprender a la morena, quien abrió la boca tratando de disculparse o algo. Cualquier cosa. — Nunca lo he visto, muchas veces lo confundo con el gris.
—Pero, lo usas todo el tiempo. — Dia hacia trabajar su cerebro al 100% conectando las ideas, de alguna forma le parecía lógica la situación.
—Es solo por si de repente puedo verlo, saberlo identificar. — Mari soltó una risa a respuesta, tratando de alejar el dolor que hablar de esto le provocaba. — Muchos doctores han dicho que es mi condición de almas gemelas.
Dia volvió a abrir la boca en sorpresa. Parecía que Mari no pararía de sorprenderla en ese día.
—Creen que cuando vea a mi alma gemela, podré ver el morado por fin. — Dia le miraba impactada, más la rubia sonreía. No de forma triste o preocupada, su sonrisa irradiaba esperanza. Ella estaba segura que todo se arreglaría cuando encontrara a su persona especial.
Y para Dia fue una puñalada en el corazón darse cuenta que ella no sería quien le mostrara lo bello del color morado.
Un mes después de ese incidente, ambas estaban en el salón de clases. Sufriendo por el sofocante clima que no se decidía entre ser caluroso o lluvioso. Ambas miraban por la ventana hacia la calle, ansiosas por pasar su receso en el patio, pero imposible con el clima en ese estado.
—Disculpen. — Una voz llamo desde la puerta, llamando la atención de todos los alumnos que no les quedaba de otra que comer en el salón, como ellas. — ¿De casualidad alguien tiene un libro de biología que me puedan prestar? — Pregunto una vez se cercioró que todos le prestaban atención. — Olvide el mío.
Casi de inmediato una chica se levantó de su pupitre y hurgo en su mochila, antes de ir a la puerta para entregárselo a quien lo pedía.
—Vaya, que irresponsable de su parte. — Dia comentó hacia Mari, quien parecía perdida viendo hacia la puerta. Dia siguió su mirada, topándose con la dueña de la voz que había pedido el libro unos momentos antes.
La culpable de todo era una chica alta, de largo cabello azul oscuro sujeto en una coleta alta. Pero lo que más resaltaba, eran sus brillantes ojos color morado. La morena regreso a mirar a Mari, preocupada por si era quizá su alma gemela o estaba sorprendida de que tuviera los ojos grises a su ver. Pero al notar lo sorprendida e incluso sonrojada que su amiga se encontraba, comenzó a perder la esperanza en que fuera la segunda opción.
—Es, ¿estoy viendo lo que creo que veo, Dia? — No necesito más para confirmar que finalmente Mari había encontrado el morado.
Fue cuando todo comenzó a irse en picada. Mari se las había arreglado para descubrir quién era la misteriosa chica. Su nombre era Matsuura Kanan, iba a la clase de al lado de ellas y de alguna forma se las había arreglado para evitarlas durante lo que llevaban de año escolar. Pero no mucho más. La rubia estaba dispuesta a todo por conocerla mejor, y de ser posible, hacerla su novia.
Para Dia era una sorpresa lo fácil y rápido que Mari había aceptado que su alma gemela era una mujer. La rubia medito un poco antes de confesar "nunca espere que fuera un chico". Y Dia debía admitir, que ella tampoco esperaba haberse enamorado de una chica, y mucho menos de su mejor amiga. Pero allí estaba, escondiéndose junto con Mari, espiando la rutina de Kanan.
No paso mucho antes de que Kanan descubriera el interés de Mari en ella, y aunque Mari tuvo vergüenza en admitir su marca, la de ojos morados termino aceptando ser amiga de ambas. A final de cuentas, nunca le decía que no a una amistad.
Con los días pasando y Dia conociendo a su rival, aprendió que no era una mala chica, pero quizá solo con una mala situación económica. Sin embargo, prometió no pedirle prestado a Mari pues su familia quería salir sola adelante y ambas acordaron que era muy noble de su parte.
Se sentía mal, lo sabía, pero eso no evitaba que sus sentimientos cambiaran. Ni los de amor que cada vez eran mayores por la rubia, ni por los de celos y rencor que generaba continuamente hacia Kanan. Lo peor del asunto es que no tenía ni siquiera forma de justificarse, Kanan no demostraba estar interesada en Mari, y tampoco era una mala persona como para tomar eso en cuenta.
Antes de darse cuenta, sus sentimientos fueron tan intensos que tuvo su primer ataque en una salida entre las tres. Se había excusado apenas tuvo un extraño sentimiento en la boca del estómago. Preocupada porque algo en la comida le hubiera hecho daño se apresuró, sin estar preparada emocionalmente para las gardenias que saldrían de su boca entre saliva, sangre y otros alimentos.
Lo primero que hizo al reaccionar fue enviarle un mensaje a Mari, excusándose diciendo que la comida le había sentado mal y que sus papás pasarían a recogerla en unos minutos más. Una vez obtuvo una respuesta de la rubia pidiéndole que no se esforzara y que se mejorara, las lágrimas empezaron a caer por sus mejillas sin cesar.
Había vuelto mucho antes de lo planeado a casa, Ruby parecía contenta con tener a su hermana en casa, pero los ojos sin vida de Dia le alertaron. Sin embargo se excusó diciendo que se había sentido mal y que reposaría en su habitación.
Pasó días investigando qué estaba pasando con ella, llorando cada vez que volvía a vomitar las gardenias que cada vez parecía haber más y más.
No fue hasta que una tarde Ruby pasaba fuera del baño y le escucho en uno de sus ataques que descubrió que sucedía. Su hermanita después trataba de aparentar estar enojada, pero siendo tan pequeña solo se veía adorable. Ese pensamiento le saco una sonrisa que solo hizo enojar a Dia más.
—Hay una operación que te puede curar. — Ruby mencionó unos días después. Habían prometido no decirles a sus padres hasta no encontrar una solución, y la pelirroja parecía haberla encontrado. Pero Dia conocía demasiado bien a su hermanita, por ello sabía que algo le ocultaba.
— ¿Qué no te gusta de la operación?
—Te quitaran no solo la flor que se ha hospedado en tus pulmones, pero tu sentimiento de amor por esa persona. — Ruby aún tenía el folleto de la operación entre sus manos, se lo entrego insegura. Parece que el hanahaki se está haciendo popular, o al menos lo suficiente para qué los hospitales decidieran hacer folletos informativos al respecto.
—No lo haré entonces. — Fue su respuesta al terminar de leer el folleto, regresándoselo a Ruby para caminar con dirección a su habitación.
La pelirroja se mantuvo quieta un segundo antes de girar y enfrentarla de nuevo.
—Solo si ella te corresponde podrías curarte, Dia. — El enojo era evidente en su voz, quizá incluso frustrada, pero se contuvo de elevar demasiado su voz, sus padres en casa podrían escucharlas discutir. — Morirás si no te sometes a la operación.
Dia solo giro para sonreírle. No se desharía de sus sentimientos así de fácil.
Una semana después, estaría al borde de la muerte después de recibir la noticia de que Mari finalmente se había confesado y Kanan le había correspondido. Kanan tenía una marca de almas gemelas parecida a Mari, excepto que al revés. Ella veía básicamente todo en amarillo, con variaciones en tonalidad y cuando finalmente conoció a Mari, su mundo se pintó del resto de colores.
No pudo obtener control sobre el hanahaki. No pudo confesarle a Mari sus sentimientos y saber si podía tener una oportunidad. No pudo controlar el hanahaki. No pudo odiar a Kanan por ser mucho mejor para Mari que ella misma. No pudo controlar el Hanahaki. Ruby se esforzó en ayudarle y se negó a dejarle ayudar. No pudo controlar el hanahaki.
Y así frente ambas, empezó a llorar y vomitar flores sin parar: claveles estriados, girasoles, tulipanes blancos, amarillos, incluso negros. Kanan y Mari entraron en pánico al ver a su amiga en ese estado. Asustadas, Mari hizo lo primero que pudo: llamar a una ambulancia, a sus padres y a los de Dia.
En cuanto la familia Kurosawa recibió la llamada, Ruby informo a sus padres de lo que le sucedía a Dia. Leyéndoles el folleto mientras se dirigían al hospital y sus padres llamando a cualquier especialista que pudiera realizar dicha operación en su hija. Desesperados por la situación, regañando a Ruby por esperar tanto para contarles. Dentro del hospital, Ruby repitió le repitió la historia a Mari y Kanan mientras esperaban que Dia saliera de su operación. La rubia fue la más afectada con la información, siendo la culpable del casi morir de su mejor amiga y que ni siquiera lo hubiera notado le dolía demasiado.
Un día después de la cirugía de emergencia realizada sobre la mayor de las Kurosawa, después de que su familia le hubiera visitado y asegurado de que estaba bien. Quizá solo cansada, pero bien a final de cuentas. Mari entro a su habitación.
—Hola Dia, ¿cómo te sientes? — Dia le sonrió de forma forzosa, le dolía que Mari le viera con tanta lastima. Era obvio que Ruby les había dicho a todos como había conseguido el hanahaki. — ¿Está bien si paso un rato aquí contigo?
La morena asintió con la cabeza, no tenía fuerzas para hacer mucho más. Con un silencio incomodo entre ambos, se permitió analizar su situación actual.
Se sentía cansada, sin fuerzas. Pero había algo diferente. Lo notaba y era lo que más le dolía. Ver a Mari le dolía, con su ondeante rubio cabello, sus brillantes y ámbar ojos, todo ello le dolía. Porque si antes le parecían lo más hermoso del mundo, justo ahora no significaban nada. Lo único que le significaba es que eran detalles de su mejor amiga. Nada más que eso. Era doloroso, porque no podía sentir nada al verla allí frente a ella.
¿Dije que nos veíamos en julio? ¿Ups? Ni voy a pedir perdón porque no lo merezco, ni daré excusas porque no las quieren leer. Solo informaré que escribir el pasado de Dia con hanahaki fue lo mas tortuoso que he escrito este año. Si me atrase tanto con este capitulo fue porque no paraba de reescribirlo y no me terminaba de convencer. Pero me force a terminarlo antes de que termine el año porque viajare para navidades y sino lo hacia ahorita, no lo terminaria hasta el próximo año.
En fic, Dalias Carmesí se nos termina, uno o dos capítulos más cuanto mucho. Ya no prometere un mes donde actualizar porque no sé cuando podré escribirlo y postear. Hasta entonces.
