__ Fin del Prólogo __
(Un año después) – Punto de Vista de Harm
La suave luz de la mañana entra por mi ventana, haciendo que gire la cabeza hacia el otro lado. Aunque llevo un año en este país, aún no estoy acostumbrado a la intensidad del sol y al calor que hace durante todo el año.
Sintiendo que a partir de este momento no voy a pegar más el ojo, me levanto de la inmensa cama que ocupo y comienzo a vestirme con la ropa que suelo llevar aquí dentro. Después, camino hasta el baño propio de la habitación y empiezo con los cuidados mínimos. Me afeito, me lavo la cara,… y media hora después, estoy listo para bajar a desayunar.
Mientras recorro los pasillos del palacio, no puedo echar la vista atrás y recordar como llegué aquí, y lo peor, como nos vimos obligados Skates y yo a quedarnos.
10:06
Hora Local (Dos días después del accidente)
Palacio del Rey
El
Cairo, Egipto
Aquí estamos Skates y yo, en lo que parece ser la improvisada habitación de hospital, acompañados en todo momento por la princesa Ramaka. Ella nos traduce todo lo que nuestras enfermeras y el doctor nos dice.
De pronto, las palabras de una de las sanitarias la alteran y disculpándose, sale de la habitación. Al cabo de unos minutos, vuelve a entrar acompañada por un hombre al que conozco muy bien.
H:
Webb.
W: Rabb. –Me dice, a modo de saludo-. Teniente.
H:
¿Has venido para repatriarnos, Clay? –Pregunto, sarcástico-.
W:
Lo cierto es que no. He hablado con el rey y el presidente de Egipto
y están encantados con vuestra presencia aquí. Es más, Abdel Bari
ha dicho que podréis quedaros en su palacio.
Sk: ¿Cómo que
quedarnos? Yo quiero volver.
H: Habla de una vez, Webb. –El
agente suspira, y comienzo a temerme lo peor-.
W: Oficialmente
estáis muertos. –Responde, directamente-. Han pasado dos días y
aún no os han encontrado, con lo cual la marina os considerará
muertos dentro de dos horas.
Sk: ¿Qué?
….
Recuerdo la cara de Skates cuando escuchó cómo nos iban a dar por muertos. Ella tenía novio, padres y hermanos que la esperaban para la cena de Acción de Gracias. Y yo, bueno. Estaban toda la gente del JAG. Los Roberts, el almirante, Sturgis,… pero, sobre todo, estaba Mac. La rabia se expande por mi mente al recordar que le había prometido regresar sano y a salvo para estar con ella en la cena.
Clayton Webb fue claro. No podríamos comunicarnos por ningún medio con las personas que conocíamos. Ellos deberían creer que nos ahogamos en el mar Rojo y que nunca encontraron nuestros cadáveres.
Suspirando, giro para recorrer el pasillo que lleva al comedor. El guardia, al verme, pronuncia un par de palabras en árabe, las cuales entiendo perfectamente. Al menos, durante este tiempo he podido aprende el idioma.
R:
Buenos días, Harm. –Me sonríe, Ramaka-. La cocinera te ha
preparado el desayuno hace cinco minutos. –Vuelve a sonreír-. Eres
muy predecible.
H: No soy predecible. –Respondo-. Es el sol, que
me despierta.
R: Corre las cortinas. –Dice, como si fuese lo más
natural del mundo-.
H: Y lo hago, créeme. Pero aún así…
R:
Te despiertas. –Asiento-. Bueno, alégrate, al menos tu problema no
es tan grave como el mío. –Cuando intento preguntar, ella
continua-. Ha vuelto Kamal para volver a pedir mi mano a mi padre.
H: ¿Y él le ha dicho?
R: Que no. –Sentencia-. Pero luego
me ha regañado a mí, ya que según él me deja mucho tiempo para
que encuentre marido y aún así, no encuentro ninguno. También me
ha dicho que le importa poco si el susodicho en cuestión es egipcio,
ruso o francés.
H: Lo que quiere es que te cases. –Ella
asiente-. Podrías pedirle a Skates que te presente a algún amigo de
su marido.
R: No, gracias. –Sonríe-. Le tengo echado el ojo a
uno, pero no tengo ni idea de cómo planteárselo.
H: Yo en eso no
puedo ayudarte. –Sonrío, apenado-. Llevaba seis años para decirle
a una mujer que la quería, y ahora no podré hacerlo nunca.
Sin añadir nada más, los dos continuamos desayunando. Liza, como la llama Ramaka, se casó hace menos de dos meses con un noble que, traducido a nuestro idioma quiere decir que se ha casado con el hijo de la mano derecha del Rey y no, no es el hijo del presidente. No recuerdo muy bien en que trabaja él, pero si su padre. Él es el general del ejército egipcio. Su hijo no sé si es abogado,… no me acuerdo. Lo único de lo que estoy seguro es de que Skates es muy feliz al lado de ese hombre y, según ella, no piensa marcharse jamás de Egipto.
Yo, por el contrario, daría mis alas a cualquiera por volver a mi antiguo puesto, en el JAG. Volver a ver a Mac por las mañanas, volver a discutir con ella, enfadarnos, reconciliarnos,… escuchar los sermones del almirante,…
R: Hoy
no tengo ganas de hacer nada. –Sonríe-. ¿Vendrías conmigo a
practicar equitación durante un rato? Si quieres después podemos
continuar con nuestra clase de árabe.
H: Prácticamente hablo
árabe, Ram. –Le devuelvo la sonrisa-.
R: Ya, pero no te
vendría nada mal perfeccionarlo. ¿Quién sabe cuando tengas la
necesidad de hablarlo de un modo perfecto? –Me encojo de hombros-.
Entonces, ¿me acompañas?
H: Claro. Tampoco tengo nada que hacer.
