SOMBRAS DE LO QUE SOMOS
Capítulo II
"Lisa, yo no cojo autoestopistas"
Viernes, 15 de enero de 1999
Cicero (Indiana)
La hermana de Ger era la chica más guapa que había visto nunca. De largo y sedoso cabello negro y ojos del color de la coca cola, casi tan alta como él, delgada. Ahora lo miraba de reojo, incómoda por tener que compartir el asiento de la camioneta.
Él no estaba incómodo en absoluto. Ni siquiera necesitaba mantener ninguna conversación si la muchacha no quería hablar. Podía quedarse mirando el mohín de disgusto que formaban sus labios rosados, tersos… Se removió un poco intentando adoptar una pose menos fascinada.
La conductora sonreía como si algo le hiciera gracia haciendo que su hermana menor se enfureciese aún más. Puso la radio, el altavoz dejó escapar la voz de Brian Adams ronca y llena de parásitos de la cinta de música estropeada por el uso.
- We live for each other, we're lover to lover, as deep as an ocean, filled with emotion, I'm forever open, can't you see…
- ¡Ger! ¡ya vale! – cortó el tarareo guasón de su hermana mayor – no sólo recoges un autoestopista sino que ahora me torturas con la dichosa cinta
- Lisa, yo no cojo autoestopistas, este chico es un viejo amigo – le explicó la de pelo corto con un convencimiento que si la más joven no la conociera de toda la vida, se lo habría creído
- ¿Ah si? ¿Cómo se llama?
- Dean
- Dean ¿qué?
- Perdona Dean pequeño, como hace tanto que no nos veíamos he olvidado tu apellido – la risa bailoteaba en los ojos pardos de la conductora haciendo que el muchacho le siguiese la corriente
- Winchester, es Winchester
- Winchester, ya sabes Lisa de los Winchester de…
- De Winchesterland ¿no? ¿Cuándo vas a dejar de actuar como si todo el mundo fuera bueno? ¿y si fuera un psicópata o algo peor?
- No soy un psicópata, lo prometo – intervino el chico algo sorprendido por la reprimenda de la muchacha
- No es un psicópata Lisa
La más joven calló cruzándose de brazos y torciendo el gesto para el resto del viaje. Su hermana ni se inmutó, volvió a subir el volumen del viejo casete.
SDLQS SDLQS SDLQS
Cementerio de la Iglesia Católica, Summersville (West Virginia)
Sam Winchester cogió la recortada cargada con balas de sal y siguió a su padre pensando que aquel sitio era demasiado céntrico como para ir armados a esas horas de la tarde.
El veterano cazador le indicó con un gesto que vigilara los alrededores y lo siguiera con cuidado. Asintió y se colocó junto a la pared, oculto de la calle por una esquina de la iglesia sin quitar un ojo de encima a John que se acercó a la incorpórea figura que vagaba entre las tumbas.
La Banshee desarraigada se detuvo sobre una de ellas, una de las más antiguas, comenzando a gemir suavemente. El cazador se encerró en un círculo de sal y comenzó a recitar:
Umbra amissa frustra tempus
Expectantes transiens magna dolor culpa
Eradicáre et omnes ex omni
family quaere redebet is tueri
non haerent peregrinus mundi
nihil habeshic esse…
Y empezó a llover, torrencialmente, en unos segundos su precaria protección se fue al traste y el espíritu lo atrapó como antes lo había hecho con su hijo. La mano blanca y translúcida de aquel ser atravesó su cerebro y todas las pesadillas, todas las desgracias, todos los errores de su vida comenzaron a desfilar por sus recuerdos.
Plantó el bebe de seis meses en los brazos de un chiquillo de cuatro años porque no podía irse porque tenía que salvar a Mary "Saca a Sammy de aquí, ¡Corre Dean! ¡No mires atrás!"
Ni siquiera pensó "Es demasiado pequeño, ¿y si tropieza? ¿Y si no puede?" no en ese instante, no hasta que vio los ojos de su amor arder como el resto de su cuerpo. Entonces corrió, los niños, no podía dejar que los niños se quemaran.
Sam tenía dos años, tenía fiebre, alguno de esos virus que atacan a los críos de corta edad, pero tenía que cazar a un hombre lobo, Dean se encargaría. Cuando volvió Sammy estaba bien, no se dio cuenta de que su hijo mayor necesitaba un abrazo y un gesto de cariño.
Dean acababa de cumplir siete años, el día anterior, lo había olvidado, "¿Qué quieres que te regale?" Los enormes y expresivos ojos de su chico le miraron "Tengo que aprender a disparar papá".
Sam tenía cinco años, la Sthriga había estado a punto de matarlo porque Dean se había ido a jugar a los videojuegos de la cafetería del motel. Le gritó, le reclamó, el niño no dijo nada. Ni siquiera lo vio llorar.
Dean tenía once años, y acababa de matar a un ghoul con una escopeta que él mismo había recortado. En casa dijo a Sammy que no había conseguido matar el pavo para acción de gracias, que se había escapado. Esa noche Dean tuvo pesadillas. Lo escuchó gemir y llorar. Llamó a Bobby para contarle lo que había hecho su hijo y lo orgulloso que estaba de él.
Sam tenía doce años, se había enterado de a qué se dedicaba y quería ayudar
Su hijo estaba frente a él, sudaba a pesar del frío intenso, "Lo siento papá, tuve que ahuyentarla, ¿cómo estás?". John se levantó temblando, sus rodillas apenas eran capaces de sostenerle. "Estoy bien" contestó secamente dirigiéndose al coche.
El chico alto y desgarbado lo siguió. Molesto, enfadado, su padre se sentó al volante del Impala y le gritó que se diera prisa. Entró en el lado del copiloto y cerró con un portazo.
- Ten cuidado, es un coche, no es indestructible – gruñó el adulto
Volvieron al motel y de nuevo realizaron el encantamiento para localizar al escurridizo espíritu "Lawrenceburg, Tennesse" musitó el adulto echándose en una de las camas "En cuanto duerma un par de horas nos vamos"
Cuando se aseguró de que su padre dormía, el muchacho tomó su diario y memorizó el hechizo para eliminar a la Banshee.
