Capítulo 3: Day 1

Yacía abrazada de uno de los inodoros del lugar, descansando al fin. Limpiar las instalaciones le había llevado toda la noche de realizar y cuando por fin había logrado conciliar el sueño el sonido de una trompeta la despertó con su estrepitoso sonido de batalla. Amy levantó su mejilla que había reposado sobre la taza del inodoro que había servido como almohada para soltarlo asqueada y retroceder de golpe.

¡Todos, arriba!– escuchó decir fuera de los baños. Era él, el odioso erizo azul. –¡A las duchas!

Eso pareció despertarla más que la trompeta que había sonado anteriormente. Se puso en pie torpemente para correr fuera de los baños mientras miraba a los chicos caminar hacia ella con rapidez. Se deslizó entre la multitud para así huir de lo que sabía sería un paisaje desagradable para sus ojos y huir a su habitación tan rápido como pudo, sin embargo, la indeseable presencia del erizo azul la hizo parar a mitad del camino.

–Veo que terminaste todo– escuchó decir a su capitán, quien ahora la miraba con arrogancia y desdén.

–Sí Señor– espetó tan amargamente que su estómago se revolvió. Realmente había empezado a odiarlo.

–Espero te haya servido de lección– regañó –Recuerda a la próxima vez con quien estás hablando– amenazó para seguir su camino y dejarla a solas en el pasillo.

Amy lo vio alejarse de reojo para retomar su camino de regreso a su habitación, intentando ahogar su cólera justificada. Fue su sorpresa el percatarse que su habitación yacía vacía, parecía que el zorrito había ido a las duchas junto con los demás; eso significaba que podría cambiarse sin problemas. Amy esbozó una sonrisa para así buscar sus ropas y cambiarse tan rápido como nunca lo había hecho en su vida; más tarde pensaría cómo solucionar el problema de las duchas.

La eriza se acercó al pequeño espejo en su habitación para ver las pesadas bolsas bajo sus ojos por la falta de sueño, jamás se había visto tan desaliñada y descuidada como ese día.

–Esto es una pesadilla…– murmuró con un suspiro de cansancio.

–Hey…– escuchó decir a sus espaldas para ver al zorrito entrar con una toalla en su cintura y una expresión de consternación.

–¡Ah!, hola– saludó Amy nerviosamente, desviándole la mirada. Era la primera vez que miraba a un hombre en toalla… en su habitación. –Buenos días Tails– saludó apresuradamente para darse camino a la salida de su habitación –, creo que será mejor que…

–Amm… yo quería darte esto– interrumpió el zorrito su plan de huida para de su bolso buscar un cepillo de dientes y entregárselo en sus manos.

–Pero este es…

–Yo traje el mío– le sonrió para enseñarle un cepillo que a primera vista parecía un común cepillo eléctrico –Éste, sin embargo, no sólo combate el sarro y las caries, sino también le diseñe una tecnología especial para blanquear los dientes sin dañarlos. Sus cerdas duran el doble de tiempo y lava los dientes el doble de rápido– dijo con gran orgullo, para que ella sonriera –Así que puedes tener el mío, pues sé que no usarás el tuyo.

–Eres muy amable– asintió Amy para guardarlo entre sus cosas.

–Bien será mejor cambiarme– dijo el zorrito con un dejo de vergüenza en su voz.

–¡Ah, esperare afuera!– exclamó con rapidez la eriza para sonreírle nerviosa, a lo que el zorro sonrió aliviado. Parecía que él se sentía tan incómodo como ella respecto a cambiarse frente a otros. Se llevarían bien.

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El sol aún no había salido y el cansancio empezó a hacerse notar, a penas podía mantener ambos ojos abiertos. Después de todo a penas había sentido que había podido dormir más de cinco minutos.

–Bien, bien, bien– habló Scourge para verlos a todos con una sonrisa divertida –Bienvenidos al día uno del entrenamiento; como ya saben el Capitán Sonic y yo estaremos al tanto de que sean candidatos decentes para integrarse a los G.U.N, sin embargo, no aceptaremos a ningún miembro incompetente por consiguiente serán calificados cada día, este puntaje lo podrán ver en el gran comedor, en una pizarra ideada por su servidor. Si su puntaje no es suficiente regresarán a casa con papi y mami, ¿han entendido?

–¡Sí Señor!– exclamaron todos al unísono.

–Perfecto– sonrió Scourge satisfecho –¡Hey Sonic!– llamó al erizo azul quien se mantenía como espectador a la distancia –¿Deberíamos de empezar con algo sencillo?– preguntó para que el erizo azul alzara sus hombros en señal de desinterés.

–Sabes que yo no me encargo de esta parte del entrenamiento– dijo sin más –Hazlo tan difícil como te plazca.

Amy lo vio con disimulo para lanzarle una mirada intensa; lo que en un principio le pareció un erizo sensato y amable ahora era todo lo contrario. Era tan malo como el erizo verde, simplemente él sabía ocultarlo de mejor manera.

–Bien, supongo que es cierto– retomó Scourge –Para empezar iniciaremos como 1,000 lagartijas, será un buen calentamiento– dijo para soplar aquel silbato metálico –Al piso todos, ¡Ahora!

Amy se lanzó junto con el resto para levantar su agotado cuerpo con sus manos temblorosas y apenas lograr despegarse del suelo, nunca había hecho algo parecido a lagartijas, de hecho no había hecho nada diferente a caminar. Se desplomó con la segunda lagartija para caer sobre el césped, no podía con el cansancio que la acogía.

–¿Te parece que es la hora de la siesta o algo parecido?– escuchó decir para ver unos ojos azules verla intensamente, estremeciéndola. Amy intentó elevarse nuevamente, pero el pesado pie del erizo verde se lo impidió, desplomándose en el suelo con fuerza, mientras la bota del erizo se clavaba en su espalda –¡Arriba!– ordenó. Los ojos de Amy volvieron a llenarse de lágrimas por el dolor que la recorría, y con sus pocas fuerza intentó levantarse nuevamente cayendo nuevamente por el peso del erizo sobre ella –Eres patético– dijo con desprecio quitando su pie de ella, sintiendo un alivio en su cuerpo –Todos aquí tendrán que compensar la inutilidad de su compañero– habló Scourge con una sonrisa maliciosa –Mil lagartijas más a todos.

Amy escuchó la queja unísona de todos a su alrededor, mientras miradas de odio caían sobre ella como rayos en una tormenta. Intentó levantarse nuevamente, pero no pudo hacerlo… simplemente no podía. No tenía la fuerza.

El ejercicio terminó, y luego de que sus compañeros habían logrado realizar dos mil lagartija ella había conseguido con un esfuerzo sobre humano hacer diez de ellas. Las miradas de odio por sus compañeros, a excepción de la de Tails, las sentía sobre su nuca; nunca se había sentido tan fuera de lugar como en ese momento. Como siguiente ejercicio, se dirigieron a lo que Scourge llamó el "infiernito", una pista de obstáculos que consistía en una carrera sobre llantas, luego arrastrarse sobre el suelo bajo una alambrada de púas, un pasamanos a una altura considerable, escalar un muro con una cuerda y luego atravesar un tronco sobre una laguna.

–¡Ahora todos, diez vueltas!– ordenó Scourge para silbar su silbato.

Amy corrió al lado de todos para de repente sentir como alguien le metía zancadilla haciéndola caer al inicio de la pista, escuchando risas por parte de sus compañeros que se le alejaban a paso firme. Se levantó con el ceño fruncido para continuar la carrera, sería mejor mantenerse a distancia del grupo que parecía odiarla.

El primer obstáculo era no más que pasar entre unas llantas viejas, lo cual logró hacer con lentitud, sin embargo, el segundo era un poco más complicado, debía de lanzarse al lodo. Amy hizo un mohín de asco para lentamente posicionarse sobre el fango, estremeciéndose ante la suciedad. Cerró los ojos pensando que se trataba de un exclusivo tratamiento de Spa y así obligarse a arrastrarse bajo la alambrada de púas, sin embargo, el sentir como las púas afiladas se enganchaban en su piel rasgándola la hizo detenerse para exclamar un grito de dolor ante las cortadas.

–Recluta 3991, espero entiendas que no te marcharas de aquí hasta que no completes las 10 vueltas– habló Sonic, quien caminaba a su lado impasible –Así te lleve toda la noche– puntualizó cual amenaza.

–Sí…– murmuró atragantándose con el lodo que cubría casi toda su boca, para moverse adolorida.

–¿Debó de castigarte nuevamente por tu insolencia?– inquirió para verla con aires de superioridad.

–¡N-No, Señor!– exclamó Amy para recordar su último castigo –Lo siento Señor.

–Mejor– dijo el erizo azul complacido y así notar que su recluta yacía atascado entre las púas de acero, las cuales ahora se teñían de carmín y retazos de ropa. Sonic rodó sus ojos en señal de exasperación, era obvio que sería un largo día. Scourge siempre dejaba a su cargo a los peores reclutas, a su punto de vista era una excelente entrenamiento para un capitán nuevo. –Será mejor que te apresures, entre más lento te muevas más sangre y pelaje perderás– habló cual consejo disfrazado de burla.

Sonic lo vio asentir con la cabeza, o eso se le asemejó para que así él aumentara su ritmo y saliera torpemente del segundo obstáculo, para verse luego contra el muro de escalar, el cual no podía trepar sin caer una y otra vez a los pocos metros de altura. El erizo azul suspiró pesadamente para ver el constante fracaso del recluta a su cargo mientras los demás aspirantes lo pasaban una y otra vez.

Así, en menos de lo que pensó los demás habían terminando las 10 vueltas que Scourge les había encomendado, todos a excepción de dos reclutas, sus reclutas estrellas. El erizo rosa y el zorrito quien al menos ya había pasado de la vuelta número 5, mientras que el erizo rosa aún yacía atascado en el muro de escalar, saltando como todo un perdedor.

–Tienes un par de gemas aquí, ¿no es cierto?– habló Scourge divertido llegando a su lado.

–Adelántense– ordenó Sonic con fastidio. A pesar de lo que había dicho en las habitaciones, él estaba a cargo de cada uno de sus reclutas y mientras ellos no terminaran él no podría moverse de ahí. –Yo me encargaré de ellos dos.

–Te recuerdo que si ellos no concluyen el programa serás denigrado a Teniente– habló Scourge malicioso.

–Lo harán– masculló Sonic entre dientes –Yo me encargaré de eso.

–Suerte, Teniente– enfatizó Scourge divertido para sonar su silbato nuevamente –Vamos tropa que aún nos queda mucho por hacer.

Sonic vio a los demás irse para quedarse a solas con ambos, notando un poco de potencial en el zorrito, quien no tardaría en terminar las vueltas, a diferencia del erizo quien aún seguía atascado en el mismo lugar.

–No puede ser…– masculló irascible. –¡Recluta 2991!– llamó para ver al zorrito en su penúltima vuelta –Una vez concluyas dirígete al jardín oeste, ahí te reunirás con los demás.

–¡Sí mi Capitán!– gritó el zorrito quien volaba sobre el tronco para llegar al otro extremo. Sonic no estaba seguro que eso fuera legal, pero tampoco había ninguna regla que lo prohibiera, así que no le dio mayor importancia.

Caminó hacia el erizo rosa quien observaba con desesperanza la cima del muro que debía de escalar. No había pasado de la primera vuelta y parecía haberse rendido ya. Eso no pasaría, no mientras estuviera a su cargo.

–Recluta 3991– llamó Sonic con un tono de cansancio en su voz –Debe ser una broma, no has logrado ni terminar una sola vuelta.

–Es… es que…– murmuró para fijar su vista a sus pies. Sonic arqueó una ceja confuso, parecía una niña mimada con quien hablaba y no un aspirante a los G.U.N.

–¡Basta de lloriqueos!– regañó Sonic enfadado –¡Compórtate como un hombre y sube allá arriba!

–¡No logro hacerlo!– respondió molesto para verlo con el ceño fruncido –¡No es culpa mía, pase desvelada…– calló de pronto con un mohín de terror –¡Desvelado!– corrigió aprisa –¡Desvelado toda la noche!

Sonic frunció el ceño para caminar hacia él y quedar frente a frente –Si crees que antes fui malo…– habló el erizo intimidantemente, cortando cualquier distancia personal, sintiendo el miedo del erizo frente a él –No tienes idea de lo malo que puedo llegar a ser esta noche…

–¡¿EH?!– exclamó el erizo rosa sonrojándose con intensidad y retrocediendo varios pasos de él. –¡Y-Yo lo lograré!– habló para saltar contra el muro nuevamente y empezar a trepar torpemente.

Sonic arqueó una ceja confundido por la reacción del erizo rosa ante su amenaza, pero para su sorpresa había parecido funcionar pues había logrado llegar a la cima del muro de madera.

–Lo logre…– escuchó Sonic decir en la cima, en donde el erizo rosa se miraba así mismo incrédulo –¡Lo logre!– exclamó con sus brazos al cielo cual niño pequeño. –¡Wuju!

–He de recordarte que debes de terminar el circuito y volver a repetirlo 9 veces más– le recordó Sonic desde el suelo. –"Es un hombre muy raro"– pensó extrañado por sus extrañas actitudes.

Amy lo vio desde arriba para asentir con una sonrisa y saltar del otro lado cayendo torpemente para continuar con el tronco frente a ella. Inició la caminata extendiendo sus brazos de par en par para guardar el equilibrio lo cual le sirvió en dos pasos pues luego perdió el balance cayendo en el agua empozada. Eso significaba que debería de iniciar ese tramo otra vez hasta que pudiera hacerlo sin caer. Amy suspiró exhausta flotando en entre la inmundicia.

–Esto llevará tiempo, ¿no es cierto?– escuchó decir al erizo azul quien la miraba desde la orilla. Amy bajó sus orejas desanimada, a pesar de parecer juegos para niños nunca había imaginado que le costarían tanto.–Iré a almorzar– oyó por parte del erizo quien tenía su mirada en su reloj.

–¿Almuerzo?– repitió Amy en voz baja, percatándose que ya era medio día.

–Ves eso de allá– indicó para señalar un poste con una campana en lo más alto –Cuando termines sube ahí y toca la campana.

–¡¿Eh?!– exclamó alarmada, a penas había podido subir ese estúpido muro y ahora le pedía subir un poste de más de cinco metros de altura. –P-Pero…

–Vendré a buscarte cuando eso suceda– concluyó para dar media vuelta y alejarse de él. –Recuerda que si no lo terminas, no podrás regresar al recinto.

Amy lo vio alejarse de ella y perderlo de vista. Suspiró pesadamente para encaminarse a la orilla y salir del agua; no quería salir, pero tampoco pensaba pasar otra noche en vela. Tenía que continuar.

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Llegó la noche y luego de horas de caídas, cortaduras y mallugadas había conseguido terminar las 9 vueltas restantes. Para ese punto a penas si podía ponerse en pie; Amy observó nuevamente el poste frente a ella y con el decimo sexto intentó llegar a lo más alto y alcanzar la estúpida campana. No había comido nada en todo el día y a penas podía visualizar correctamente qué era lo que tenía que hacer; para ese punto del día únicamente se movía por instinto, moviendo una mano tras otras cargando con el peso de su cuerpo, hasta que entonces lo escuchó, era la campana, de alguna manera lo había logrado.

–Por fin…– murmuró con un esbozo de sonrisa y sin más energía dejarse caer de espaldas. Eso era todo, su cuerpo no podía más; Amy esperó sentir el golpe contra la gramilla, un dolor familiar para ese entonces, cuando algo suave detuvo su caída por primera vez en todo el día. Abrió sus ojos para ver con cansancio a su capitán, quien le sonreía divertido.

–Veo que lo conseguiste– se mofó el erizo azul divertido.

–Este… sí…– murmuró suavemente sonrojándose por el acto de amabilidad.

El erizo azul alzó una ceja confundido bajando sus brazos de golpe dejándola caer pesadamente sobre el suelo, exclamando un gemido de dolor al impactarse contra el piso. Ese era el Capitán que ella conocía.

–¡Hey!– exclamó ella frunciendo el ceño por su poca cortesía al bajarla.

–Toma– dijo para lanzarle una barra proteínica –Debes de comer algo o serás una carga más grande– indicó para caminar de regreso. –Será mejor que te apresures, el toque de queda pronto iniciara.

Amy se desplomó sobre el suelo, no imaginaba poder hacer esto un día más y este a penas era el primero.

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Después de una caminata que le pareció eterna llegó al recinto para escuchar risas y hombres sudorosos ejercitándose, ella sólo quería desplomarse en su cama y no saber de nadie hasta el día siguiente. Amy caminó a su habitación para que la puerta se abriera y ver piezas metálicas regadas por cada rincón de su recámara, incluida su cama. En medio de éstas un zorrito yacía con mucha energía usando unas gafas protectoras y una llave de tuercas.

–Pero qué rayos…

–¿Oh?– exclamó percatándose de su presencia –¡Amus!– dijo alarmado –¡Pensé que tardarías más!– explicó sorprendido provocando que ella le diera una mirada fulminante. –Es decir… amm… ¡dame un momento, limpiaré todo!

–¿Qué demonios es todo esto?– preguntó Amy intentando adentrarse a su habitación sin pisar ninguno de los cacharros del zorro.

–¡Por favor, no le digas nada al Capitán Sonic!– suplicó removiendo sus cachivaches del lado de su recámara.

–¿Cómo conseguiste todo esto?– inquirió la eriza, estaba segura que no tenían permitido traer nada de esto con ellos.

–Digamos que soy bueno consiguiendo cosas– rió por lo bajo guardando todo debajo de su cama y haciéndolo desaparecer. –¿Hey, no tomarás un baño?– preguntó Tails para cambiar el tema.

–Amm… este…– murmuró desviando la mirada a sus ropas sucias. Tenía sangre seca, lodo y gramilla por todo su cuerpo. No podía evitar bañarse esta vez, pero no sabía cómo bañarse sin exponerse completamente.

–Yo vigilaré– habló Tails al fin, provocando que ella fijara su vista en él, esbozando una amplía sonrisa –A cambio mantendrás esto en secreto, ¿trato?– dijo guiñando un ojo.

–Mmm…– murmuró pensativa –¿Lo harás todos los días?

–¿Realmente odias tanto bañarte con otros?– inquirió extrañado el zorro.

–Digamos que tengo problemas con mi cuerpo– dijo Amy cruzando sus brazos enfrente de su pecho inconscientemente.

–Sí me dejas trabajar aquí cuando yo quiera, claro, es un trato– respondió Tails sin interés.

–¡Perfecto!– exclamó ella para abrazarlo con fuerza, ocasionando que el zorrito la apartara al sentirse incómodo por la muestra de afecto.

–Lo haré, pero no más abrazos de acuerdo– amenazó incómodo.

–Lo siento– dijo divertida para buscar su cambio de ropa apresuradamente –Bien, yo iré y tú vigilaras que nadie llegue, ¿bien?

Tails asintió con la cabeza para que así ella saliera de su habitación y caminara con sigilo entre todos. Sabía que en este momento era el recluta más odiado y no necesitaba llamar la atención de nadie. Así llegó a las regaderas, confiada que Tails se quedaría afuera y la alertaría si alguien se acercaba. Amy abrió las regadera, que, como era de esperar eran de agua fría, pero realmente no le importó; lavó todo el lodo y sangre seca de cuerpo y por primera vez sentía que podía respirar. Las marcas de haber mantenido la faja durante tanto tiempo sobre su busto se remarcaba en un desagradable color rojizo, dejando marcas sobre todo su cuerpo en especial el área del busto.

–¿Realmente podré con esto?– murmuró para sí desanimada. Jamás había pensando que llevaría tanto trabajo mantener su identidad oculta o permanecer en el ejército para ser el caso.

¡Capitán!– escuchó Amy decir a Tails afuera de los baños en alta voz –¡Buenas noches mi Capitán! ¡¿Viene a darse un refrescante baño nocturno?!– exclamó en voz chillona con el obvio objetivo de que ella lo escucharan.

–¡¿Eh?!– exclamó Amy entrando en pánico.

Hazte a un lado– ordenó Sonic pesadamente apartando al zorro con brusquedad y darse entrada a los baños y observar que no estaría solo aquella noche; distinguiendo a alguien familiar –Pero qué rayos…


Gracias a todos por su apoyo y por las expectativas positivas respecto a esta historia! No les voy a mentir, para poder escribir un Gender Bender he tenido que investigar y leer muchas cosas, pero me está gustando como va quedando el resultado. En fin, parece que las cosas empezaran a complicarse para Amy y mantener su identidad cada vez será más difícil. Sin decir nada más, los espero en el Capítulo 4: Decisiones. Hasta entonces, Kat fuera.

¡GrAcIaS pOr LeEr!