¡Hola a todos! ¿Cómo os va? Me alegro que os esté gustando la historia. Ahora vamos a por más. Ya hemos visto que la B.S.A.A. ha empezado su propio proceso de reconstrucción. Veremos cómo les sale... Es el momento de centrarnos en la otra cara de la moneda; Leon va a tener una aparición estelar! Si sois muy sensibles no os recomiendo este capítulo :D


Diana era muy fogosa en la cama. Tal y como a Leon le gustaban. Estaba de viaje en Miami. Tenía que escoltar a uno de los miembros del comité presidencial en una conferencia que había al día siguiente. Pero ya hacía bastante que todos se habían retirado a sus habitaciones, así que su presencia no sería requerida salvo excepción.

Estaba en el decimoquinto piso de un hotel majestuoso, posiblemente el mejor de toda la ciudad. El Presidente Graham no escatimaba en gastos a pesar de que sus asesores financieros le recomendaban que debía moderar los presupuestos. Se acercaban las elecciones, y Leon sabía que las posibilidades de que volviera salir elegido eran prácticamente nulas, sobre todo porque últimamente no estaba sabiendo llevar ciertos problemas que habían surgido.

Leon dejó sobre la mesa su copa de Gin Tonic y se sentó en la cama junto a Diana. Le acarició el rostro apartándole unos mechones de pelo. La había conocido en una fiesta que dio el Presidente hace un año aproximadamente, poco después de su vuelta de España. Rápidamente conectaron, y cada vez que Leon paraba por allí no dudaba en llamarla para pasar un buen rato.

Diana era una jueza bastante reputada. Mantener las formas era esencial. Por eso nunca quedaban en lugares públicos. La gente la reconocería inmediatamente. Además, a su marido no le sentaría nada bien los escarceos de su mujer. Leon le pasó un dedo por los labios. Deseaba volver a jugar con ella. Era tan obediente… tan complaciente.

-¿Me echabas de menos? –preguntó Leon acercando su boca a la de la mujer. La besó suavemente en los labios.

-Sí… Mi marido no me satisface lo suficiente… -respondió Diana interrumpiendo el beso. El agente sonrió ampliamente al oírlo. Esos juegos lo excitaban, y mucho.

Se levantó y se acercó al armario donde guardaba la poca ropa que había traído. No iban a estar por allí más de dos o tres días a lo sumo. Sacó un antifaz negro y lo observó pensativo. Su mente era su mayor aliado mientras mantenía relaciones con mujeres, y le hacía fantasear e imaginar de un modo que le ponía hasta límites insospechados. Dejó el antifaz sobre la cama y le hizo un gesto a Diana para que se acercara.

Leon la atrapó en sus brazos y la besó por el cuello con lentitud, notando cómo la respiración de la mujer se volvía más acelerada. Le mordisqueó una oreja sintiendo cómo Diana bajaba las manos por su torso hasta llegar a su entrepierna. Poco a poco, su erección era cada vez más visible. Disfrutaba mucho con los preliminares, y sobre todo, hacer disfrutar a su acompañante.

-La habitación va a temblar con tus gritos, preciosa… -murmura Leon en su oído derecho bajándole uno de los tirantes del vestido. Le pasó las manos por los hombros y se detuvo en el otro -. Tienes la carne de gallina… Eso me encanta…

Leon sabía cómo embaucar a las mujeres. Todas las chicas que habían caído rendidas a sus pies habían disfrutado muchísimo. Le abrió la bragueta del pantalón y sacó su erecto miembro. Cómo lo hacía vibrar aquélla mujer… Antes de continuar con el juego, Leon se acercó a la mesita que había junto a la cama y sacó un preservativo de la caja. Se lo guardó en el bolsillo izquierdo del pantalón. Cogió el antifaz y se lo entregó a su compañera de juegos.

-Sabes que me gusta imaginarme las cosas… Dame tu placer… y yo te daré el mío…

Diana se acercó a él y le tapó por completo los ojos. Lo cogió de una mano y lo tumbó en la cama quitándole la camiseta.

-Desnúdate… -le ordenó Leon sin ver absolutamente nada pero imaginando la situación. Para él, delante sólo tenía a una mujer… la única que había despertado algo en él.

Diana dejó caer su vestido sin dejar de observar a un Leon que se mordía el labio. No podía olvidar su vestido rojo, su forma de mirarlo, su contoneo de caderas… Todas esas cosas las estaba haciendo ella.

-Ofréceme tus pechos –volvió a pedir el agente recreando en su mente todos los detalles.

La mujer sacó los pechos del sujetador y se los puso en la boca a Leon, que empezó a lamer uno de los pezones con ansias, con desesperación. Masajeó con brío el otro pecho. Diana empezó a gemir. Cómo le gustaban esos juegos. Mordisqueó el pezón un par de veces, y luego se llevó los dos pechos a la boca. Los lamió, los saboreó… Los gemidos de Diana lo volvían loco…

-Leon… -murmuró quitándole los pantalones casi de un tirón. Luego hizo lo mismo con los calzoncillos. Estaba más que preparado.

-Ada… No sabes cómo me complaces…

Diana siempre había aceptado ese juego porque le atraía. No le importaba que Leon pensara en otra mujer mientras la hiciera disfrutar… y siempre lo hacía con creces. Se apartó un poco de Leon, que estaba completamente tumbado, y se llevó su miembro a la boca. Lo chupó con brío mientras Leon gemía de placer. Follar su boca era maravilloso. El pene de Leon siguió entrando y saliendo de la boca de Diana sin parar varias veces.

-Ofrécete a mí. Vamos.

La mujer, obediente, dejó la felación, se quitó las bragas y se sentó sobre el torso de Leon mirando hacia él. Se inclinó hasta dejar el centro de su deseo en su boca. Leon pasó su lengua por el labio inferior, y después por el superior. Y luego, de una tacada, se introdujo en su interior. Diana sintió ligeros espasmos al notar que le faltaba poco para llegar al orgasmo.

Leon siguió jugando con su clítoris sin descanso, con exigencia… Hasta que Diana se dejó llevar por el placer corriéndose en la boca de Leon. Éste, satisfecho, sonrió al imaginar que Ada acababa de tener un orgasmo que le había provocado él. Ahora era el momento de provocar el de los dos. Necesitaba entrar en su interior de otra forma.

-Y ahora… fóllame y vuelve a correrte para mí.

Diana cogió el preservativo que Leon había dejado en su pantalón y se lo colocó. Volvió a situarse sobre él y guió su pene hacia la entrada de su vagina. Estaba tan lubricada que entraba sin problemas. El agente gruñó satisfecho, y empezó a embestirla con posesión, pillando completamente desprevenida a su compañera. Sus gemidos empezaron a fusionarse mientras Leon seguía entrando y saliendo sin detenerse. Ocho… nueve… diez veces… Estaba a punto de correrse.

-Dámelo, nena…

Siguió cogiendo profundidad arqueando las caderas. Diana botaba sobre él, y se imaginó cómo sus pechos, o los de Ada, subían y bajaban a un ritmo frenético. De pronto, emitió un gemido placentero que la dejó completamente arqueada, y Leon sintió que también llegaba su momento…

-Ada… -susurró dejándose llevar también por el clímax.

Permanecieron tumbados cerca de un minuto, uno sobre otro, recuperando el aliento. Leon salió del interior de Diana y se quitó el antifaz arrojándolo a un lado. Abrió un cajón y sacó un paquete de clínex. Cogió un par de ellos para limpiarse y le pasó el paquete a Diana. Se quitó el preservativo y se limpió con cuidado. Había sido un polvo muy intenso. Se había puesto a cien imaginando todo lo que estaba pasando.

Tras arrojar los papeles a la papelera, Diana empezó a recoger sus cosas y a vestirse. Había quedado con su marido a las nueve, y ya eran las ocho. Según ella, ahora estaba en una reunión muy importante con el Tribunal Superior, y su marido no había dudado ni un segundo. El iluso no tenía ni idea de qué era lo que realmente pasaba. Leon se puso la camiseta y dejó sobre la cama los calzoncillos y el pantalón. Se daría una buena ducha. Estaba sudando.

-Bueno, ha sido todo un placer de nuevo, Leon –se despidió Diana una vez que se había terminado de vestir. Cogió su bolso, que estaba sobre un sillón, y se acercó a su compañero de juegos para darle un beso en la mejilla -. Si vuelves por aquí no dudes en llamarme.

-Por supuesto –le cogió la mano y se la besó -. El placer es todo mío. Estamos en contacto.

Con una sonrisa, Diana abandonó la habitación. Leon cogió la copa que aún seguía sobre la mesa y se la terminó de beber. Se acercó a la ventana y desde allí observó cómo estaba cayendo la noche en Miami. Puede que más tarde fuera al bar del hotel a tomarse la última copa.

Se dio una ducha rápida mientras dejaba su teléfono cargando. Al salir, vio que tenía dos llamadas perdidas. Una de Hunnigan… y la otra de Claire Redfield. Sonrió. Claire… ésa amiga que siempre te llenaba de positividad y nunca te abandonaba. Lo más importante que Leon había sacado de su experiencia de Raccoon City había sido conocer a Claire y a Sherry.

Sherry cumplía próximamente la mayoría de edad y, oficialmente, ya no sería potestad del Gobierno. Pero Leon estaba convencido de que se las apañarían de algún modo para engatusarla como hicieron con él. Aunque los motivos eran muy diferentes: el Gobierno le prometió protección para la niña y para él a cambio de servir como agente. Y habían cumplido su palabra: Sherry era sometida a constante vigilancia al ser portadora del Virus G, aunque nunca había mostrado señales de estar infectada; la vacuna funcionó afortunadamente.

Si Hunnigan sólo había llamado una vez no debía ser demasiado importante, así que optó por llamar a la pelirroja. Hacía meses que no se veían, aunque charlaban prácticamente a diario. Leon hizo el nudo de la toalla más fuerte mientras esperaba. Pasaron tres o cuatro tonos cuando su mejor amiga respondió.

-¡Leon! –exclamó la joven sin poder ocultar la alegría que le daba escuchar a la persona que había compartido con ella la peor experiencia de su vida. En Rockfort ya estaba experimentada y sabía a lo que se enfrentaba, pero Raccoon City fue algo inusual -. Desde que volviste de España te has vuelto un descastado… ¿Qué pasa? ¿Qué ahora el señorito del Presidente no tiene tiempo para las viejas amistades?

Leon no pudo evitar soltar una carcajada al oírla. Si algo le encantaba de Claire era que siempre conseguía sacarle una sonrisa.

-Ya sabes que ando muy liado… Estoy siempre de viaje cuidando de nuestro querido Presidente… En cuanto tenga un hueco libre me paso por Nueva York y nos vemos… ¿Qué tal estás?

-Agotada… -respondió la menor de los Redfield con un suspiro -. TerraSave no termina de despegar, aunque nadie dijo que esto iba a ser fácil. Neil hace todo lo que puede para reclutar, pero parece que la gente no está demasiado entusiasmada en luchar contra el bioterrorismo… De hecho, ahora estoy en Miami…

-¿Qué? –fue oír la palabra Miami y su cerebro empezó a funcionar a toda velocidad -. ¿Estás de broma? ¡Yo también estoy aquí acompañando a un consejero del Presidente!

-¡No me jodas! ¿Tienes un huequecito para tu vieja amiga?

Leon sonrió. Le apetecía mucho ver a Claire. Dejaría su teléfono siempre a la vista por si le necesitaban.

-Por supuesto. Dime dónde estás y te recojo -Leon cogió un papel y anotó la dirección donde estaba su amiga. Con el GPS llegaría pronto si el tráfico no era malo -. De acuerdo. Ponte guapa que en rato paso a buscarte.

Claire rió.

-Hasta luego, guapo.

Leon dejó el teléfono sobre la mesa. Llamaría a Hunnigan antes de vestirse y salir al encuentro de Claire. Al final el día iba a ser más entretenido de lo que había pensado.

Cuarenta y cinco minutos después Leon y Claire habían decidido parar en un bar que estaba cerca de South Beach. A pesar de ser entre semana había bastante gente. Se habían pedido unos refrescos y algo para picar: aros de cebolla, nachos y bolas de queso fundido.

-Tú sí que me conoces, Kennedy. ¡Adoro estas porquerías! –exclamó la pelirroja cuando el camarero llegó con lo que habían pedido. Leon sonrió y cogió un aro de cebolla completamente hambriento. Estaba agotado de tanto viaje y sexo -. ¿Qué tal te va con el Presidente?

-Bien… Hasta ahora he conseguido no meter demasiado la pata…

-¿Don perfecto metiendo la pata? ¡No lo creo!

Leon rió. Le encantaba la naturalidad de Claire.

-Pero no sé… No creo que Graham dure más del tiempo provisional en el cargo.

-¿Por qué?

-No tiene manera de líder… Digámoslo así… -miró con desconfianza a un lado y a otro para comprobar que no les prestaban atención y, bajando su tono de voz y acercándose un poco más a su amiga le contó alguna de las trastadas -. ¿Es normal que sólo pongas un guardaespaldas a tu hija y que éste ni siquiera la espere en la puerta del instituto? El que secuestró a Ashley sabía muy bien cómo actuar…

Pero Leon sabía que Krauser se hubiera salido con la suya de una forma u otra. Era un gran soldado, y sabía perfectamente cómo actuar sin levantar sospechas. Era una pena que se hubiese dejado llevar por el poder y la ambición de las Plagas. Podría haber sido un aliado muy valioso.

-Bueno, dale tiempo –respondió Claire dando un trago a su bebida -. Nunca es fácil dirigir un país… ¡y mucho menos crear una organización! –Leon sabía que su amiga se moría por contarle los problemas que estaban teniendo, así que decidió callar y escucharla -. El bioterrorismo está cada vez más presente… ¡Mira lo que le ocurrió a Terragrigia! De no ser por Chris y Jill aún seguiríamos preguntándonos qué fue lo que ocurrió para que se perdieran tantas vidas y la ciudad…

-Desde luego… Fue un absoluto desastre… Y con la F.B.C. por detrás… -guardó silencio durante unos instantes -. ¿Cómo les va a los dos, por cierto?

-A este paso… Él se va a meter a cura y ella a monja… -Leon no pudo evitar reírse al oír el comentario -. ¡Qué lentos, Dios! Pensaba que lo de Terragrigia los iba a escarmentar, pero siguen en sus trece… Deberían hacer como Neil y yo…

Y de pronto, se llevó las manos a la boca. El agente se quedó observándola con los ojos como platos. ¿Había algo entre Claire y su jefe? Sin saber por qué… Aquello no le gustó nada. No conocía al jefe de Claire, pero siempre había oído de que mezclar el trabajo con el amor no era bueno. ¿En qué andaba metida la loca de su amiga?

-¿Me promete que me guardas el secreto? –le pidió casi con súplica -. A Chris no le hará ninguna gracia si se entera… No se lleva bien con Neil.

-Tranquila… Tu secreto está a salvo conmigo… ¿Qué ocurre entre tu jefe y tú?

-Hemos quedado algunas veces para cenar y eso… ¡Y nos estamos acostando!

Leon casi se atragantó al oírlo. Pues sí que estaba metida en un juego peligroso. ¿Liarse con el jefe? ¿A quién se le ocurriría? Claire se quedó en silencio, esperando una respuesta. El agente se limpió unos restos de comida con la servilleta y observó a su mejor amiga en silencio.

-Claire… Es tu jefe… ¿Has pensado en qué puede ocurrir si lo vuestro no acaba bien? Trabajáis codo con codo… Podríais crear un mal rollo…

-¡Hala, otro que está en la onda de mi hermano! –exclamó levantando las manos con gesto acusador -. El que no arriesga, no gana. Más de uno se debería aplicar el cuento.

Leon frunció el ceño pensativo. ¿A qué venía eso? ¿Se refería a… Ada? Bueno, la relación de ellos dos sí que era imposible a pesar de que Leon era incapaz de olvidarla. Era una mujer misteriosa, sensual, atractiva… Y tan esquiva que a Leon lo volvía loco. No veía el momento de volver a encontrarse cara a cara. La última vez lo ayudó a salir de la isla con Ashley en una moto acuática poco antes de que todo saltara por los aires.

-Claire, no te estoy juzgando –se defendió el agente manteniendo la compostura -. Eres mayor y puedes hacer con tu vida lo que quieras. Lo único que puedo decirte es que tengas cuidado. Si tienes claro el tipo de relación que quieres con Neil, adelante, pero sé egoísta, y piensa siempre primero en ti, en si merece la pena todo lo que haces.

La pelirroja asintió en silencio, pensativa. Lo cierto era que Neil y ella no habían hablado demasiado sobre ellos como pareja. Simplemente tenían encuentros casuales que los dos disfrutaban y luego eran dos adultos normales y corrientes, que en el trabajo actuaban como si no hubiera ocurrido nada. Claire se sentía bastante atraída por su jefe, y pensaba que él también, aunque no sabía hasta qué punto.

-¿Y a ti… cómo te va con Ada?

Aquella pregunta sorprendió a Leon. No esperaba que Claire se interesara por una mujer a la que se había referido muchas veces como "aprovechada, piel de cordero y manipuladora". Aún no tenía del todo claras las intenciones de Ada: tan pronto luchaba a su lado como lo dejaba tirado sin dar explicaciones. Leon quería pensar que en el fondo, muy en el fondo, sus motivos eran buenos…

-La vi por última vez cuando rescaté a Ashley, la hija del Presidente… -guardó silencio un tiempo hasta que Claire le hizo un gesto con la mano, invitándolo a que continuara -. Casi me deja tirado en la isla por conseguir una muestra de las Plagas… pero al final me ofreció su moto de agua, que en aquellas circunstancias se podía considerar un avión bien equipado…

-No deberías fiarte de ella… -opinó su amiga con el gesto algo más serio -. Ya viste todo lo que fue capaz de hacer en Raccoon City para conseguir una muestra del virus G… No sé, hay algo en ella… Que no me termina de convencer…

-Podría haberme dejado morir, pero no lo hizo…

En eso tenía razón: cuando Annette le disparó, ella se ocupó de atenderle. Sospechaba que ella también le había dado el lanzacohetes para acabar con ese engendro que los persiguió sin descanso. Y en la última misión le dio las llaves de su moto, y sabiendo que estaba infectado, en ningún momento intentó dispararle. Paró su pelea con Krauser cuando tenía las de perder…

Tenía la cabeza hecha un completo lío. No podía sacarse a esa mujer por más que quisiera.

-¿Vas a estar mucho por aquí? –preguntó Leon para desviar la atención a otra cosa. No le apetecía seguir hablando de su vida sentimental, porque seguramente acabaría confesando que cada vez que se acostaba con una mujer pensaba en ella.

-Vuelvo mañana por la tarde a Nueva York… Dentro de dos días tenemos una reunión para organizar una misión humanitaria a la India. Hubo un terremoto, y muchas familias han perdido a seres queridos y sus hogares…

-Vaya… Cuánto lo siento…

-Desde el pánico de Terragrigia del año pasado no hemos intervenido en ningún accidente producido por armas biológicas… Parece que los terroristas se están acobardando un poco.

Leon rió al oírlo. Si ella supiera…

-Esa gente no descansa nunca. Créeme… -su móvil empezó a vibrar en la mesa. Leon frunció el ceño al ver que era Hunnigan. Había hablado con ella hacía menos de dos horas y todo estaba en orden. Cogió el teléfono y respondió la llamada -. Kennedy.

-Leon… Debes adelantar tu viaje lo antes posible. El Presidente te necesita.

Su tono de voz… no le gustaba ni un pelo. Se puso más serio y frunció el ceño.

-¿Qué ha pasado?

-Han encontrado muerto a Samuel Lynch, el juez del Senado…

-¿Qué? –exclamó el agente levantándose de su asiento sin dar crédito a lo que estaba oyendo. Algunos de los presentes se le quedaron mirando -. ¿Cuándo ha sido eso? ¿Cómo…?

-Los federales están investigándolo ahora mismo… Leon, es primordial que vuelvas. El Presidente podría ser víctima de un ataque similar.

-Entendido… Cogeré el primer vuelo que salga hacia Washington.

-Haré todo lo posible por enviarte un avión privado… Te mantendré al tanto de todo.

-Gracias, Hunnigan.

Leon se quedó observando la pantalla de su teléfono sin saber muy bien qué decir o hacer. Samuel Lynch muerto… Joder… ¿Quién había podido ser?

-Por tu cara deduzco que no ha pasado nada bueno… -le interrumpió Claire el pensamiento.

-Han encontrado al juez del Senado muerto –su compañera se quedó boquiabierta al escucharlo -. Aún se desconoce el móvil, pero piensan que el Presidente podría ser el siguiente objetivo… Debo volver lo antes posible.

-Lo entiendo… Dios… Pobre hombre… ¿Qué habrá podido pasar?

Leon sacó su cartera y fue a la barra a pagar. Era una suerte que casi se hubieran terminado todo lo que habían pedido. Una vez que lo atendieron volvió junto a su amiga y salieron del bar sin dirigirse la palabra. Sacó las llaves del coche de alquiler y lo abrió. Estaba a pocos metros a la entrada del local.

-Siento mucho haber tenido que acortar nuestra quedada… -se disculpó Leon mientras abría la puerta del asiento del piloto.

-No te preocupes, Leon… Lo que ha pasado es realmente grave, y debes ir de inmediato…

-Espero que la próxima vez no se metan por medio ni las armas biológicas ni los terroristas…

Claire sonrió sin poder evitarlo. Corrían tiempos nuevos, donde la seguridad cada vez era mayor. Pero aún quedaba un largo camino por recorrer.


Bueno, bueno, ¿qué os ha parecido? ¿Puede ese buen rollo entre Claire y Leon conducir a algo más? ¿Conseguirá Leon quitarse de la cabeza a Ada? ¿Y ese juez muerto? ¿Qué pasa con él? Ya veremos...

Nicole Redfield: y aquí tienes el tercer capítulo. Leon va a tener un papel muy importante también en la historia como veremos en los próximos capítulos. Ese asesinato va a dar mucho qué hablar, y a Leon muchos quebraderos de cabeza.

Xaori: Sí, como dices, es totalmente independiente... Aunque seguirá en la misma línea. Tranquila :D. No puedo dejar a mis lectores sin material bueno. Quiero darle un punto más cómico a la relación que tienen Chris y Jill, que se estén siempre picando y demás, porque creo que les pega, aunque bueno, seguirán en sus trece con el respeto, compañerismo bla bla bla. Y ya has visto cómo ha empezado la historia, así que inocente aquí va a haber poco creo :o

Stardust4: jajajaj sí, es una suerte que nosotras podamos ocultar algo mejor nuestra emoción,pero bueno, no somos de piedra tampoco. Me alegra que te hayas unido a este nuevo fic. ¡Muchas gracias!

Pues esto es todo por esta semana. Capítulo intenso eh. Espero que os haya gustado. En el siguiente veremos cómo queda ese cervecita, a ver si ocurre algo más ^^ ¡Hasta la próxima semana!