Disclaimer: Pero CLARO que no es mío.
Resumen: Lisbon y Rigsby, vigilando la casa de un sospechoso...Rigsby poniendo a prueba la paciencia de la jefa.
A/N: Este es un poco más livianito, que mis gustos por la angst toman posesión de mi y no quiero que el fic sea todo depresivo. Siento haber tardado tanto en actualizar, pero la verdad es que Fringe se apoderó de mi tiempo, me he puesto a revisar la segunda temporada que no vi completa y la primera para acordarme de algunos detalles...he dicho que soy una friki? XD.
Quiero agradecer a las personas que han comentado tanto el primero como el segundo capi: Alejandra, Lara, Patri13, Loka-Bones y Eliaca. Muchas gracias chicas :)
Como siempre, coments y críticas bien recibidos, siempre manteniendo el respeto.
Gracias por pasarse y leerlo.-
Shut up.
A pesar de lo que piensen los demás, Lisbon se considera una persona con mucha paciencia. Es más retaría a cualquiera que ose decir lo contrario, pues sólo le bastaría pedirles que la acompañen un día de trabajo con Jane, para que la persona que osó a dudar sobre lo paciente que es, le diese una palmadita en la espalda y algunas palabras de comprensión; o incluso, que le construyera un altar. Después de todo, no tiene el apodo de Santa Teresa sólo por capturar a los malos.
Sin embargo en este preciso instante, a las cinco y media de la madrugada, con 8 grados Celsius de temperatura y con Wayne Rigsby como única compañía, está a punto de llegar a su límite. Puede soportar muchas cosas del agente, es más, le ha perdonado muchas cosas. Como por ejemplo, que más de una vez haya vaciado el refrigerador y después ponga cara de "yo no fui" cuando es de conocimiento público que es capaz de comerse los sobres de salsa de soya con tal de tener algo en la boca; o cuando descubrió que él y Van Pelt tenían una relación y la consiguiente reprimenda de Hightower, o cuando tiene que rehacer su papeleo porque al hombre se le ha escapado algún detalle. Pero ahora mismo, está luchando con sus ganas de tirársele encima y ahorcarlo hasta que se quede en silencio.
Durante las últimas tres horas el agente que está sentado a su lado, ha estado escuchando música con su Ipod. Y no, no es eso lo que le molesta. Cada uno pasa el tiempo de vigilancia como quiere, bien sabe ella que estar un lapso indeterminado vigilando la casa de un sospechoso no es el mejor plan para una noche de sábado. Pero el que tararee cada canción que escucha, es lo que le molesta. En realidad ni siquiera es un tarareo, es más bien un chillido infernal que amenaza con reventarle los tímpanos; igual para cada canción, sin ninguna variación. Lo que le ha llevado a preguntarse si no escuchará la misma canción una y otra vez; y es por eso que Rigsby ha estado emitiendo el mismo pitido por las últimas tres horas y…dos minutos. Y como si no fuese suficiente ahora lo acompaña con golpes en sus piernas…y ni siquiera lleva bien el ritmo.
-Rigsby…-le dice, cerrando los ojos y contando hasta diez para mantener la compostura-¡Rigsby!-le grita, al ver que no se daba por enterado.
-Disculpa, no te escuché-sonríe con expresión inocente.
-¿Podrías dejar de tararear por favor?-los chillidos que das son molestos.
-Claro…-responde avergonzado, rascándose la cabeza. Luego de unos momentos, le dice-¿Crees que Valens volverá? Llevamos mucho tiempo aquí y no hay rastros de él.
-A estas alturas no lo sé, pero prefiero que nos quedemos hasta que amanezca para estar seguros.
Rigsby asiente y el silencio se apodera de la camioneta, cosa que Lisbon agradece infinitamente. Pero no puede alegrarse por mucho tiempo porque, olvidado de la petición de su jefa, el agente comienza de nuevo a chillar cualquiera sea la canción que está escuchando.
-Rigsby…
Su voz es de advertencia y el aludido levanta las manos y se calla. Pero unos minutos después, vuelve a tararear/chillar. Un nuevo aviso-con los puños y los dientes apretados, en clara amenaza- y otra vez silencio…hasta que comienza nuevamente. En este punto, no hay advertencia ni amenaza. Lisbon, olvidada de su posición como jefa, por poco se lanza sobre Rigsby y le arrebata el Ipod de un solo tirón. El agente asustado, ni siquiera se atreve a quejarse por el golpe que ha recibido en el rostro por esta acción, y prefiere hundirse en el asiento mirando al frente.
Después de varias miradas de reojo para ver si el rostro de su superior se ha relajado un poco y asegurarse que no habrá peligro si dice alguna cosa. Decide que es tiempo de pedirle el aparato de vuelta y jurarle que no chillará más. La mira suplicante, pero antes que cualquier ruego pueda salir de su boca, Lisbon-sus ojos verdes echando fuego-con una sola palabra corta cualquier intento por recuperar su Ipod.
-Cállate.
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