III
Varios días pasaban, llegó el invierno con la lluvia y el poco sol saliente de las mañanas. Ese que inundaba la habitación de Lucy. Siempre con ella transluciendo su cuerpo por la ventana. Una postal más. Cada día una agonía menos, el cuerpo real de Lucy parecía no desgastarse con el tiempo, mientras que Natsu era aún capaz de guardar el secreto. Buenos días Lucy, se escuchó al cerrar la puerta. La lluvia afuera era terrorífica. Lucy pensó en lo largo del tiempo que debió haber pasado para que Natsu la saludará así, y más aún el hecho de no entrar por la ventana.
"Tengo un trabajo Lucy ¿Qué tal si vamos?" "Ni hablar", respondió la mujer, sus ganas de mirar por esa ventana eran infinitas. "parecerías un loco de remate por ahí hablando con el aire" "No se me vería mal, aparte no entiendo,¿Por qué no debo decirle a nadie que puedo verte?" la pregunta de Natsu encerraba más ganas que las de costumbre. "No quiero ser una carga" "Nunca lo has sido, quiero encontrar ese dragón y cortarle el cuello"
"¡Deja de pensar que esto se trata de ti!"
la habitación se lleno de silencio. La lluvia calmó, los Álamos parecían azotarse lentamente como la misma escena. ¡¿Desde cuándo ya no confías en mí?! Lucy lloró, sus lágrimas eran interminables. No logró contenerse. "no se trata de eso Natsu" murmuró refregándose los ojos. "No te das cuenta, este de verdad es mi fin"
"¡Cállate ya maldita sea!" Salamander golpeo la mesa de centro ¡Encontraremos esa sangre, aunque pasen años te traeré de vuelva a este mundo!"
Ambos se miraron fijamente, cómo en los juegos mágicos, cómo en la isla, cómo en el principio de todo. "Así que, este es el poder de los sentimientos" pensó Lucy abrazándose los hombros y sonrío, le sonrío a él y le volvió a sonreír a las aventuras. Algo nuevo comienza aquí.
Mientras que en el gremio a medias de integrantes cada uno por sus trabajos, la lluvia se transformó poco a poco en nieve de invierno. Cafés calientes, cervezas negras, y algún otro licor fuerte salía de la barra de Mira. Un día así era mucho mejor cobijarse en Fairy Hills. En cada habitación un olor diferente, en una en especial un calentador mágico, ropas recién planchadas, toallas a medio mojar, una taza de chocolate caliente esperando en la mesa de centro y miles de libros alrededor. Un ya terminado baño dejaba a Levy Mcgarden a la orilla de su cama para colocarse su vestido de encaje negro. Comenzaba a cepillarse el cabello cuándo de la ventana se escabullía Gajeel pidiendo tardíamente permiso.
Típico Dragón Slayer.
Levy no gritó, ya no era la primera vez que se colaba por la ventana, por suerte nadie lo notaba, sino el crucificado sería él, o ambos, quien sabe. "Te he dicho que no vengas aquí Gajeel, me matarán si lo notan" dijo apuntándolo con su dedo índice. El muchacho ya estaba sentado en frente de la taza de chocolate. Ella se sentó a su lado y comenzó a cepillarle su cabello. "¡Extrañaba eso, mi cabello ya parecía horrible!" dijo Gajeel en esa faceta que sólo la afortunada Levy conocía. "Levy, por lo de la chillona, deberías hablar con la vieja odia humanos, esa la del bosque" Dijo el muchacho en tono serio, mientras le cepillaban el cabello. "oí de Wendy que es de Edolas, y que sabía bastante de dragones."
Vamos para allá.
Gracias por leer! pronto otro cap
Saludos a todos, se viene más Galevy :-)
