¡TERCER CAPÍTULO! OH, YEAH~!
Este capítulo es hermoso porque lo narra mi amado, sensual y perfecto neko hentai (#respect). He tratado de meterme en su personaje y tratar de narrarlo como un chico cool y toda la vaina, pero si no me salió bien... ¡LLÉVENME A LA HORCA! NO MEREZCO VIVIR *llora en posición fetal en un rincón con un aura oscura y depresiva*. También es narrado por la genial idol, así que espero aclarar algunas dudas o sino déjenme review que enseguida les respondo.
Aclarando otra vez... "Sólo recalcar que está más dramático y la única advertencia es que está subida de tono en ciertos capítulos... Por eso está en T y no M, todavía *insertar risa malvada*. Las edades se dividen casi igual... Yaya y Kairi tienen 16; Amu,Rima, Nagihiko y Kukai tienen 17, Utau tiene 18 e Ikuto (hermoso, sensual y misterioso -w-) tiene 20."
DATO: Es una historia paralela a la que todos conocemos.
DATO2: Shugo Chara! © PEACH-PIT (#Respect)
Nuevo comienzo
Ikuto.
Sí, nada había salido mal en el viaje y yo creí que todo sería igual cuando regresara, error mío como siempre
— ¿Desea algo caballero?
La voz de la aeromoza me sacó de mi transe.
Mire hacia arriba y me encontré con los ojos pardos que habían estado muy atentos conmigo desde que subí al avión. Era muy bella en realidad, sus cabellos castaños casi rojizos llamaban la atención más de lo normal. Y no era el único hombre en este avión que se había percatado de eso, pero sí el único al que le prestaba esta atención.
Negué con la cabeza ligeramente, sonriéndole de lado. Un ligero sonrojo apareció en sus mejillas, antes de asentir e irse, otra vez.
Había despertado hacía ya unos minutos y quería volver a dormir, siendo sincero, ha sido el viaje más pesado del mundo. Viajar de Francia a Japón no resultaba tan tortuoso, como viajar de Estados Unidos a Japón… Hasta me dolía la cabeza.
Y sólo faltaba media hora para llegar, o eso es lo que dijo el piloto. Lo repitió dos veces, en inglés primero y luego en japonés… volver a Osaka para quedarme dos meses después de dos largos años… Porque había vuelto para la graduación, no sé cómo se las arregló mi madre para hacer que me graduaran. No me había quedado mucho esa vez, solo había estado en Tokio una semana y me había pasado a Osaka para la ceremonia de graduación. Se sentía extraño, volver a ver mi madre en la casa, a Utau… a Amu…
¿Cómo estará esa niña? Seguro debía estar más alta, ya no debía ser una niña, aunque no se veía propensa a desarrollarse mucho. Pero de seguro que ha cambiado si quiera un poco. No la había vuelto a ver desde hace mucho… ¿dos años? No la vi en mi graduación, solo fueron Utau y mi madre. Supongo que porque sigue amarga, no me ha perdonado, orgullo tal vez. Que va… Esperaba encontrarla mejor.
Tal vez ahora estaba con Tadase… ese niño siempre se ha sentido atraído por ella, aunque no lo sabía explicar claramente. O tal vez no.
Utau si debía estar como la dejé, al menos en su último video parecía ser la misma de siempre. Y ahora se iba a graduar… No tengo idea que cosa fue la que me impulsó a regresar por ella, tal vez porque ella estuvo en mi graduación. O tal vez no estoy regresando solo por ella… ahorita podría estar con los chicos de la orquesta en Miami… Pero no, quise venir a Osaka como opción de vacaciones.
Faltaban quince minutos ahora.
El viaje directo se me había hecho eterno… debí haber tomar el de escalas. Aunque habría tenido que ir en tren a Osaka…
Este dolor de cabeza me está matando… como aquella vez… Amu, otra vez esa niña en mi cabeza…
.Flashback.
(Hace 5 años aproximadamente)
Me había levantado tarde, algo inusual pues suelo levantarme más temprano de lo usual siempre y salir de mi casa. Lo curioso es que mi madre no me había pasado la voz, al tocarme la frente descubrí un paño húmedo. Me di cuenta entonces que estaba algo mareado y al levantarme mi cabeza me dolió a horrores… como una resaca. No había tomado ni nada. Pero si… le había dado mi casaca a una niña tonta cuando estaba lloviendo
Me puse de pie dispuesto a tomar un baño y salir de mi casa, la cama no es el lugar donde suelo estar… en realidad no suelo estar en mi casa. Estaba dispuesto a salir de mi cuarto con la toalla en mi mano y mi celular sonó… Sonreí leyendo el nombre de la persona que me llamaba.
— ¿Diga?
— ¿Ikuto?—preguntó su voz en un tono débil desde la otra línea.
—No, soy un ladrón que tiene su celular y que tiene el mismo sensual tono de voz…
Oí como me llamaba egocéntrico por lo bajo, sonreí con tan solo imaginarla.
— ¿Qué pasa Amu?—pregunté saliendo en dirección al baño.
—Te llamé en la mañana pero no respondiste… y ahora…
Detesto cuando le dan muchas vueltas a algo y este dolor de cabeza no ayuda mucho.
—Perdón mi descortesía pero… ¿Qué quieres?—pregunté de frente.
—Es que quería ir a tu casa para devolverte tu casaca…
Solté un suspiro antes de abrir el grifo de agua caliente para que la tina se fuese llenando.
—Sí, no hay problema—dije poniendo la llamada en altavoz.
—Eto… ¿Voy ahorita o…?
—Claro, ven ahorita…—dije quitándome el polo que traía puesto—…y de paso te tomas un baño caliente conmigo—dije sonriendo, aún sabiendo que ella no me podía ver.
— ¡Pervertido!
Reí abriendo el agua fría esta vez, para temperar el agua.
—Apuesto a que estas totalmente roja…—dije quitándome el pantalón, quedando en bóxers.
— ¡Cá-cállate!
— ¿Qué pasa? Suena como si me estuvieses imaginando en tu cabeza…—dije antes de meterme completamente desnudo en la tina que se encontraba ya llena, habiendo cerrado los grifos antes.
—Cla-claro que no…
— ¿Qué pasa si te digo que estoy completamente desnudo en una tina con agua caliente?—dije tomando el celular nuevamente y quitando el modo de altavoz—. ¿Ya lo imaginaste?
Se oyó el silencio por su parte.
— ¿A-A qué hora voy?—preguntó por fin.
—Ahorita, el agua se va a enfriar y yo ya estoy adentro.
— ¡Ikuto, es enserio!
.Fin del Flashback.
—Por favor guarden las mesas de sus asientos, abróchense sus cinturones, apaguen todo equipo electrónico y cierren las ventanas, que estaremos muy pronto aterrizando en el aeropuerto de Osaka, Japón, espero haya sido un buen vuelo para ustedes se despide su capitán…
El sujeto volvió a hablar pero esta vez en inglés.
El avión comenzó a descender dos o tres minutos después de que había dicho aquello y cuando me di cuenta el señor de mi costado me pedía permiso para salir con su hija. Asentí sin mucho esfuerzo y me puse de pie, ellos salieron y yo saqué la mochila negra y el estuche de violín del compartimiento de arriba. Al bajar del avión me inundó una gran nostalgia, tal vez de cosas que no debí hacer… ¿cómo es que pude haberlo hecho eso a Amu? Era una niña, no se merecía eso.
— ¿Taxi?—preguntó un señor cuando estaba ya saliendo del aeropuerto.
Asentí antes de ver como tomaba una de mis maletas y las metía a la maletera, yo le ayudé con la segunda y luego entré al auto. Se sentía raro ver que otra vez el conductor estaba a la izquierda, había estado seis meses viendo raro a los conductores en América que se sentaban a la derecha. Ahora volvía a la normalidad, al menos para mí.
Le di la dirección de mi casa al conductor y este asintió, las calles no parecían haber cambiado mucho. Se notaban igual, excepto una que otra tienda que era nueva para mí, al menos la ruta que tomó el taxista me demostraba pocos cambios. Y luego mi casa, se veía igual que siempre.
Le pagué al conductor cuando mis maletas estuvieron afuera de su auto y este se despidió deseándome un buen día. Asentí deseándole lo mismo y se fue por quién sabe dónde.
Tomé ambas maletas y me acerqué a la puerta de mi casa, busqué en mi mochila las llaves y en el segundo intento pude abrirla. Falta de costumbre, creo.
— ¿Utau-san?
La voz de mi madre hizo que sonriera cuando estaba dentro, cerré la puerta con mi pie, ya que tenía las manos ocupadas con cada maleta.
—No, madre, no soy Utau…
Mi madre quedó boquiabierta al verme en el umbral de la cocina, se lanzó a mi cuello y comenzó a llorar.
— ¡Ikuto-san!
—Tranquila mamá, te había dicho que iba a volver…
Después de una larga charla con mi madre y de entregarle las cosas que había traído. Subí con mis maletas a mi habitación y saqué algunas de mis cosas, solo abrí una maleta, la otra se quedó intacta en un rincón. Tomé una ducha y luego quise salir a caminar, mi madre dijo que iría a dormir y que sería lindo que recogiera a mi hermana.
La idea de visitar a mi hermana no era tan mala, pero viendo la hora, cuando llegase a la preparatoria estaría recién en su hora de de almuerzo. Aunque no sería tan malo ver la preparatoria después de todo esto, tal vez me encontrara con Nikaido. A menos que ya no esté enseñando allí, no lo creo, pero puede ser una posibilidad. No pierdo nada yendo.
Tomé la usual ruta que tomaba para ir yo y crucé el parque en el que me encontraba siempre con la pelirrosada. Suspiré antes de seguir con mi camino.
¿Cuándo me había vuelto tan nostálgico?
La preparatoria se notaba igual a cuando me fui, había más árboles en la entrada pero se veía igual en mi opinión.
— ¿Ikuto?
Me volteé encontrando a Nikaido, si, era él, ese despeinado y estúpido profesor que me había llegado a enseñar. Quien se había casado un día antes de que me fuera.
—Así que has venido por Utau-chan, que buen hermano eres—dijo burlón después de haberme saludado.
—Hmp.
—Entonces te veré el viernes—dijo sonriendo antes de darse la vuelta, pero se detuvo un momento y volvió a mirarme—, y por cierto si te quedas no molestes a Hinamori-san—dijo con un tono de reproche algo juguetón.
La sorpresa me inundó por un momento y luego regresé…
— ¿Amu estudia aquí?
—Sí, ¿no sabías?—preguntó sorprendido antes de encogerse de hombros—. Ahora lo sabes, sólo promete de molestarla—dijo guiñando un ojo divertido.
Sonreí, no podía creer que él también se acordara de eso.
—No prometo nada.
Sonrió él esta vez antes de lanzarme algo.
—Si preguntan, Nikaido-san está a cargo de ti, no hagas nada estúpido—dijo volteando, levantando una mano en señal de despedida.
Me puse lo que me había entregado en el cuello y seguí caminando por el instituto.
Molestar a Amu no sería una mala idea, aunque no sabía exactamente que decirle, además no podía ir a su salón y… De poder si puedo, pero Nikaido se metería en problemas, además ni siquiera sé en qué salón esta. Debe estar en segundo año pero no sé la sección.
El timbre sonó y varios chicos salieron de sus salones, entonces mi vista se fijo una chica que salía de un salón. Una chica castaña con su cabello amarrado en dos coletas, se fijó en mi curiosa también, por un momento creí reconocerla y ella también… Sus ojos se abrieron, pero yo aún no la reconocía. Cuando se iba por las escaleras la recordé… pero no su nombre.
—Espera, tú…—dije provocando que se detuviera en seco—. ¿Amiga de Amu, verdad? ¿Cómo apellidabas?
Miró hacia arriba y me miró fulminante, entonces supe que Amu debió habérselo contado.
—Wakana…—dijo aún con un deje de amargura.
—Hazme un favor…
— ¿Tiene que ver con Amu-chan?
—Por favor—dije bajando las escaleras—, no sé qué te haya dicho Amu, pero creo que todos merecemos una segunda oportunidad…
—Pero tú fuiste muy cru-
—Solo dile que vaya a la terraza.
—Pero-
—Dile—dije antes de subir las escaleras…
La terraza era siempre mi lugar preferido y siempre creí que cuando llegara a último año, subiría con Amu que estaría su último año de secundaria. ¿Suena muy cursi no? No sé qué pensaba yo cuando estaba con esa niña.
Miré por las rejillas al primer piso y me encontré con mi hermana, sentada mirando un partido de futbol… Parece que las cosas si han cambiado un poco, hasta donde sabía, ella odiaba a cierto deportista, pero ya que. Encontré entonces a la castaña de antes, que parecía mirarme, pero luego la perdí de vista. Me apoyé en la pared que había allí, cerca a la puerta y esperé que subiera, porque si no me equivocaba y seguía teniendo el mismo efecto en el sexo opuesto… Amu subiría.
El sonido de la puerta llamó mi atención y entonces miré al costado.
— ¿Hola?
Una voz femenina se escuchó y la puerta cerrándose después.
Se veía diferente en cierto sentido, su cabello estaba del mismo largo que cuando lo dejé, su silueta tal vez se había afinado un poco más pero… aún no veía su rostro. Ahora que me fijaba su falda estaba algo más corta.
— ¿Has cambiado un poco o tengo que cambiar la medida de mis lentes?
Se detuvo en seco y luego volteó lentamente.
Su rostro parecía el mismo, pero se veía más como una señorita, había perdido el aspecto de niña. Su cintura se acentuaba más al igual que su cadera. En cuanto a cierta parte de su anatomía, no había cambiado mucho, se veía igual de plana.
Su boca se movía pero no salían palabras, sus mejillas se tornaban rojizas y pronto una sonrisa apareció en su rostro.
—Bienvenido—dijo con la sonrisa más sincera del mundo.
Sonreí y pude notar cómo se mordía el labio inferior, algo nuevo en ella.
— ¿Y cómo has estado?
—Acabo de llegar de Nueva York… un largo, cansado y horroroso viaje y mi madre dijo que viniese a ver a mi hermana, pero ella parece más interesada en un partido de futbol.
Pestañeó por un momento y luego se asomó a la rejilla.
—Así que eso era más importante—dijo como si fuese más para sus adentros.
— ¿Y tu cómo has estado?
—Bien—dijo volteándose, caminando más hacia mí—. Aunque las matemáticas siguen siendo complicadas y cada vez más.
Reí ante el grato recuerdo de ayudarla en la materia.
—Así que sigue siendo tu gran enemigo.
—Si—dijo riendo conmigo.
Nos quedamos en el silencio y ella pareció hipnotizada por algo, supongo que yo. Aunque no estoy orgulloso de ello, sé que es así.
— ¿Me extrañaste?
Pareció un poco ofendida, sé que no es la mejor pregunta, pero tengo gran curiosidad en saber la verdad.
—Sinceramente… olvidando cualquier mal recuerdo… ¿Me extrañaste…Amu?
—Si—dijo tragando grueso, se escuchó fuerte en realidad.
Sonreí.
—Yo también—dije tomando de su mano—, no sé con seguridad que siento en este momento por ti, pero lo que pasó esa vez-
—No lo digas—dijo sujetando mi mano fuertemente—, no importa si me utilizaste, o si en realidad no me querías o si fui realmente un juego para ti o… si fui otra más en tu lista o si has tenido más en tu lista aquí o durante tu viaje, no quiero saberlo… Solo sé que yo sentí mucho cariño, admiración… y lo sigo sintiendo—dijo mirándome a los ojos—, no me arrepiento de nada y espero que tu tampoco… sólo espero puedas ir.
Aseguraba que mi rostro se encontraba sorprendido, yo estaba sorprendido.
— ¿Ir a dónde?
—Utau nos invitó a mí y algunos amigos a la casa de playa… de esa vez—dijo sonrojándose, sonreí al recordar a qué se refería—. ¿Irás verdad?
—Alguien con permiso para conducir debe llevarlos y hasta donde supongo tus amigos deben recién haber sacado sus licencias…
—Ninguno la ha sacado…
—Entonces creo que tendré que ir—dije guiñándole un ojo.
Luego de eso, Amu volvió a clases y como sólo faltaban dos horas para que terminaran sus clases, me quedé durmiendo, esperando en realidad a Utau. Pero nunca encontré a Utau, así que me fui con Amu. Fue un buen día, hicimos como un borrón y cuenta nueva. Lo mejor en mi opinión. Al final la acompañe a su casa y quedé debiéndole un helado… una larga historia que me limitaré a contar.
Rumbo a mi casa, por mi cabeza pasaba una frase sospechosa, algo raro pasaba con Amu, pero no sabía qué era exactamente. Me dio igual en esos momentos, supuse no era nada.
Cuando llegué a mi casa, Utau me recibió muy animada, cómo es de costumbre para ella.
—Creí que no vendrías para mi graduación—dijo sonriendo.
—Creíste mal—dije encogiéndome de hombros.
Hablamos un par de cosas, sentados en la sala, ella estaba viendo televisión, pero parecían estar dando comerciales. Pero cuando terminaron sus ojos tomaron todo su interés en lo que pasaban.
—Después hablamos supongo—dije poniéndome de pie, rodeando el sofá donde estaba sentada para no obstruir su visión—. Voy a estar en mí… ¿qué estás viendo?—pregunté mirando lo que parecía… ¿un partido de futbol?
— ¿Qué no tienes ojos?—preguntó secamente como nunca lo había hecho antes.
Me quedé en silencio por un momento y miré con atención lo que estaba en la pantalla. Luego caminé un poco más para saber quiénes jugaban, Francia con… No, esto es raro, por qué Utau mira partidos de futbol.
— ¡Quítate mierda!—gritó poniéndose de pie.
— ¿Y a ti desde cuando te importa el futbol?—pregunté divertido, al ver su reacción al ponerme delante de la pantalla.
Pareció pensárselo un rato y luego miró el televisor
—Desde que Francia tiene un delantero muy sexy—dijo interesada en el futbolista.
—Bien me voy—dije algo extrañado.
Sí, definitivamente algo les pasa a estas personas, parecen muy cambiadas. Lo que no sabía era que estaban así por ese reto suyo y que el volver de viaje en esa época no había sido la mejor idea. Debí haber aceptado la propuesta de la orquesta.
Utau.
El día mismo en el que las cuatro nos habíamos enredado en aquel reto, Yaya me había llamado diciéndome que sus padres querían hablar conmigo. Cuando terminé de hablar con ellos y prometerles de que cuidaría a su única hija mujer, se despidieron amablemente y me volvieron a pasar con la mayor de los Yuiki. Me convenció de ir al centro comercial con ella y su mejor amigo: Souma. En realidad, ella sabía que yo no hablaba con él así que supuse que me estaría tendiendo una mano para que el castaño se olvidara del apodo que me habían puesto algunos compañeros de mi mismo año. Pues sinceramente: chica-idol, me molestaba de sobre manera. Pero… supongo que eso del karma existe, ya que ella me hizo la misma jugada que yo le hice a Amu hacia unos años atrás. Sólo que ella fue más considerada y me avisó sobre ello… el mismo día de la salida.
— ¡¿Qué?!
—Vamos Utau-chan no es tan malo.
— ¿No es tan malo?—pregunté—Me engañaste y ahora estoy sola con un chico a quien ni le hablo y ni me cae…
—Ok… si es malo, pero si te decía que fueras a solas con él… estoy segura de que no hubieses aceptado—dijo haciendo una pausa—. Dale una oportunidad, es un buen chico y creo que se llevarán bien.
—Es que esto no me convence—dije mirándome al espejo por tercera vez—, ¿no le puedes decir que yo tampoco iré?
—No—dijo divertida—. Le dije que estaba enferma y no podría ir, que te había llamado a tu casa y a tu celular y no habías contestado, que tendría que quedarse esperándote como un buen caballero. Finge que no estás enterada de que no iré.
—Yo te mato—dije quitándome el short que tenía puesto, de tantos polos, blusas, shorts, faldas y demás en mi armario y justo hoy nada me queda bien—. ¿De qué hablo con él?
— ¿Sabes algo de deportes?
—Casi nada…
—Hm… No sé que otro consejo pueda darte, no le gusta estar sentado mucho tiempo a menos que sea para ver un partido.
— ¿Algo más?—pregunté poniéndome una blusa rosada de manga corta y una corbata blanca.
Agradecía la idea de que lo celulares tuvieron altavoz.
—La verdad no, no le gustan las cosas complicadas y… me tengo que ir, ¿sí? ¡Suerte Utau-chan!—dijo antes de colgar.
La verdad es que si no fuera famosa por estos lugares me llegaría altamente como visto, pero Sanjo me solía recordar que la imagen –para una cantante- era algo muy importante. Al final me decidí por unos shorts negros y un polo naranja que se amarraba en el cuello, dejando mi espalda algo descubierta. Mi cabello lo amarré en las dos típicas colas altas y lo trencé sólo un poco. Iba con unas sandalias con algo de taco y sólo llevaba mi billetera y mi celular en los bolsillos del short. Tomé unos lentes sin medida y con eso salí de mi casa…
El punto de encuentro era el parque, así que llegué rápido por la cercanía que tenía mi casa. Cuando llegué, Souma estaba conversando con unas chicas que parecían conocerlo muy bien. Caminé lento sólo para observar cada uno de sus gestos y lo que más llamó mi atención fue esa sonrisa llena de energía pura y sincera. Las chicas se fueron y fue en ese momento que se percató de mí, sonrió y levantó su mano. Fingí sorpresa tal y como Yaya me había dicho.
— ¿Yaya no llega?—pregunté mirando a ambos lados.
—Dijo que estaba enferma y no vendría—dijo él encogiéndose de hombros—. Así que pasaremos la mañana los dos.
Traté de no sonreír con él, pero me fue imposible… su sonrisa era pegajosa. Joder.
— ¿Y qué quieres hacer?—preguntó sentándose en una banca cercana.
— ¿Qué sueles hacer cuando sales con chicas?
—Hm… No suelo salir con una sola chica, he salido con Yaya pero básicamente se divierte cuando vamos a jugar videojuegos—dijo ladeando la cabeza—, no sé a dónde llevarte… Nunca he salido con alguien realmente—dije desviando su mirada.
Así que el chico perfecto no es tan perfecto.
— ¿No…?—pregunté mirándolo, aunque él parecía estar evadiéndome.
— ¿Quién crees que soy?
Me encogí de hombros, restándole toda la importancia posible.
Utau, sé gentil, de esta manera no ganarás al chico.
Rodé los ojos y lo miré, parecía estar pensando en algo en específico.
No era que lo odiara, aunque una parte de mí lo hacía, ¿cómo podía haber un chico tan perfecto? Cualquier chica podría decir lo mismo por mí hermano, pero Ikuto tenía un gran defecto y por ser su hermana me encargaría de torturarlo. Pero él… había adelantado un año por ser más inteligente… ¡y una mierda! Yo a penas y pude pasar bien el último año de secundaria y él se lo había saltado para entrar sin ninguna dificultad. Era bueno en deportes, era una de las personas más populares, era muy amigable y sonriente… Sonríe a todo mundo, hasta cuando las cosas se ponen mal sonríe y… Tengo hambre.
— ¿Sabes de alguna cafetería?—pregunté llamando su atención—. Me vine sin tomar desayuno.
Me miró por un rato y luego giró en la dirección contraria
—Creo que conozco un lugar—dijo poniéndose de pie—, pero está del otro lado del centro comercial—dijo señalando con su pulgar detrás de él.
—Iría hasta el fin del mundo si fuera necesario…—dije poniéndome de pie.
Enserio tenía hambre, no había tomado desayuno cuando me percaté de la hora al despertar, así que fue una frase espontanea… Aunque pude hacer sonreír a mi acompañante.
Caminamos un poco, no se sintió por haber estado hablando. El tema no fue deportes felizmente, hablamos de cómo sería nuestra última semana en un instituto. Al final había terminado siendo yo misma y opinando sinceramente sobre algunas cosas… lo que me hizo dar cuenta de que no éramos tan distintos él y yo. Algo que hizo cambiar un poco mi opinión sobre él… sólo un poco.
— ¿Entramos?—preguntó cuando estábamos frente a la puerta.
Empujó la puerta para que entrara primero y así lo hice. Entré a la cafetería y me llenó el delicioso aroma a café, agradecí el hecho de que no escuchara el gruñido de mi estómago.
El lugar parecía acogedor, supongo que la cantidad de gente es debida que la mayoría no desayuna a las once. Gracias a la cantidad de mesas libres pude escoger la que quería, una que estaba cerca a un elegante piano de cola negro. No pasó mucho tiempo para que un señor algo mayor se nos acercara.
—Kukai—dijo—, hacía años que no te veía.
El castaño sonrió soltando una pegajosa pero corta risa.
—Espero que no haya sido porque Sion ya no está por aquí.
Sonrió débilmente, dirigiendo su mirada al piano mientras que sus mejillas se cubrían de un débil carmín.
—Tal vez influyó un poco… ¿Saben algo de ella?
El señor asintió con la cabeza.
—Nos manda cartas de vez en cuando, dice que le va bien allá en Londres—dijo con una tierna sonrisa—. Aunque aquí se le extraña, estamos felices de que ella lo esté—dijo mientras pasaba un trapo por la mesa para quitar algunas migas—. ¿Y la bella señorita que traes?—preguntó al mirarme—No sueles venir con chicas como ella… mucho menos con una famosa cantante—dijo sonriente.
—Es una… compañera de clase—dijo sonriendo—, le hable de este lugar y por eso estamos aquí.
—Un gusto Hoshina-san.
—Lo mismo digo—dije sonriendo.
—Discúlpalo si hace tonterías, es un buen chico aunque no lo parezca.
— ¿Qué se supone que significa eso?—preguntó enarcando una ceja con una sonrisa irónica—. Dije que era una compañera de clase.
—Tengo la suficiente edad como para saber que esto no es una simple salida de compañeros de clase, niño—dijo acomodándose los lentes—. ¿Y qué va a querer la señorita?—me preguntó.
Después de decirle lo que quería el señor se fue a lo que supuse era la cocina. Souma se disculpó por el comentario y negué con la cabeza, pues por alguna extraña razón no me molestó lo que el señor había insinuado. Después me preguntó si podía ir a comprar el periódico del día, que salía algo importante. Acepté sin ninguna molestia y así me quedé sola en la mesa.
Me quite los lentes y los dejé en la mesa, a mi alrededor parecían estar personas que huían de la rutina diaria, habían en total conmigo tres mesas ocupadas. Una de ellas parecía haberse percatado de mi presencia y ahora saludaban amistosamente. Sonreí débilmente contestando el saludo, y luego mi vista se posó en el elegante piano.
— ¿Sabe tocar?—me preguntó el señor sorprendiéndome, dejando mi taza y mi hamburguesa en la mesa.
Asentí algo dudosa, ambos miramos hacia el piano.
—No muchos han vuelto a tocar como lo hizo Sion… muchos venían por ella—dijo mirándome—, en especial ese chico… Deberías tocar algo.
— ¿Por qué la insistencia?—pregunté mirando cómo se alejaba.
Ladeó la cabeza con gracia.
—Por alguna razón, siento que quieres impresionar al chico—dijo antes de darse la vuelta para dirigirse nuevamente a la cocina.
Dudé por unos segundos antes de ponerme de pie, si bien quería sorprender al castaño creía no ser tan obvia. Experiencia, era la única explicación para que el señor lo hubiese notado.
Me puse de pie y antes de dudarlo unos segundos más me acerqué al taburete para poder sentarme, cuando estuve sentada levanté lentamente lo que cubría las teclas. Pasé mis manos por estas y sentí como poco a poco mis dedos se acostumbraban a pasar por ellos. Fue así como comencé a tocar algo, no sabía en verdad que era, me sonaba a música clásica… Algo que tal vez Beethoven o Mozart habían compuesto. Mientras mis manos se seguían moviendo, sentía como las personas de aquellas tres mesas me miraban interesados. Mis dedos siguieron bailando en las teclas un rato más, hasta que acabaron perdiéndose en notas muy altas. Con ello terminé y deje mis manos a ambos lados del taburete, las personas aplaudieron y sonreí como una muestra de mi agradecimiento.
—Nada mal—dijo una voz gruesa al frente—, eres muy buena para solo dedicarte a cantar…
— ¿Usted cree?—pregunté antes de ponerme de pie, cubriendo las teclas nuevamente.
—Por supuesto—dijo convencido—, si no me crees pregúntale al niño—dijo apuntando con su pulgar a Souma que estaba parado en la puerta—. Su cara es suficiente ¿no crees?—dijo antes de soltar una risa grave y garrasposa—. Disfruta de tu comida.
—Gracias—susurré acercándome a la mesa donde se encontraba mi desayuno.
Tomé la taza blanca entre mis manos, entrando en calor con el contacto. Cuando tomé un sorbo levanté mi vista notando que el oji esmeralda se acercaba a su silla.
No había sonrisa, simplemente me miraba.
— ¿Qué?—pregunté antes de comenzar a comer mi hamburguesa.
—No sabía que tocabas piano…—dijo balanceando su cabeza mientras rascaba sus cabellos.
Me encogí de hombros.
—Cuando cantas necesitas guiarte de las octavas de un piano o un violín.
—Tocaste bien—dijo asintiendo… sin sonreír.
Nos quedamos en silencio durante el resto de mi desayuno y el pareció haberse olvidado del periódico que había comprado.
—Muchas gracias—dijo Kukai cuando terminé.
—Estuvo delicioso—dije sonriendo amigablemente antes de abrir mi billetera.
—No te preocupes, me lo pagaste cuando tocaste… Espero vuelvan pronto—dijo antes de que saliéramos por la puerta de la entrada.
Ambos salimos y no dijimos palabra en todo el recorrido, en realidad no sabía a dónde íbamos simplemente caminábamos y yo creía seguirlo a él.
—Bien, me harté… ¿qué es lo que pasa?—pregunté encarándolo algo enojada.
Sus ojos se habían abierto más de lo normal y parecía que no se había esperado para nada esta situación.
—Estás raro desde que toqué ese piano… Sé que no te conozco pero creo que sé al menos que en el salón nunca te has puesto de esta manera…
Y luego pareció todo muy claro.
—Te gustaba—dije segura de mi afirmación.
— ¿Qué?
—Ella… Sion… te gustaba—afirme tan segura como lo había hecho antes.
Sus ojos esmeraldas regresaron a la normalidad y miró en otra dirección.
—Creo… igual era mayor que yo por seis años—dijo ahora él encogiéndose de hombros.
Fruncí mis cejas y él pareció percatarse de eso.
—A mi no me importaría si es o no un chico menor, si me gusta enserio ¿qué importa?
—Igual se fue hace ya mucho tiempo… ahora debe tener unos veintitrés o veinticuatro, dudo que le llegue a importar alguien de diecisiete—dijo con una irónica sonrisa—. No importa ya—dijo volviendo a sonreír.
Llegamos al centro comercial quien sabe cómo, el punto es que seguimos hablando de diversos temas y en uno de ellos llegamos a esto:
— ¿Enserio?
—Sí, me lo dijeron después… cuando ya habíamos entrado a secundaria.
—No lo sabía, Yaya nunca me lo dijo—dije recordando a mi inocente amiga.
—No creo que lo diga, usualmente no me entero de esas cosas.
— ¿Y a ti te gustaba ella? ¿Le correspondías?
—No—dijo mientras veía un skate en la vitrina de una tienda—, a mi me gustaba Amu en ese entonces.
— ¿Amu? ¿Mi pequeña Amu?—pregunté con fingido resentimiento.
—Si—dijo riéndose de mi gesto—, pero fue por muy poco… descubrí que le gustaba Tadase—dijo encogiéndose de hombros—. Luego de eso me propuse a ayudarla, pero el chico la rechazó diciendo que le gustaba alguien más. Desde ahí creo que sólo hemos sido amigos y eso, salimos sí, pero no siento algo más que una simple amistad por ella. Creo que estoy más concentrado en los deportes.
Sonreí inconscientemente, aunque no estaba segura del por qué.
— ¿Y a ti? ¿Quién te ha gustado?
La pregunta me tomó desprevenida puesto que únicamente me había gustado un chico y había sido hasta los catorce. Cuando me enteré de que sólo lo había visto como un modelo a seguir.
—Seguro que en tu vida de idol te pasan cosas interesantes.
—No mucho—admití—. Respecto a un chico… creo que mi hermano es el único chico por quien he sentido algo así.
La respuesta lo dejó algo impresionado. No parecía esperarse eso, estaba siendo divertido sorprenderlo.
— ¿Tu hermano?
—Lo sé, lo sé, es raro… pero después de los catorce comprendí que no era ese tipo de sentimiento que sentía por él, era algo así como una admiración hacia mi hermano mayor—dije moviendo mi cabeza—. Igual no importa ya, Amu salió con él hace unos años y tengo planeado que vuelvan aún si eso significa que los encerraré en la misma habitación.
— ¿Enserio?—preguntó divertido, yo me limité a asentir—. Guau… eres mala—dijo sonriendo—. Pero cuentas con mi apoyo.
—Gracias—dije sonriendo—. Si es así… ¿quieres venir a la playa en vacaciones?—pregunté aprovechando la oportunidad—, van a ir Amu, Yaya, Rima, Nagihiko, mi hermano… yo… Kairi.
—A la playa… —dijo como pensándolo.
—Sí, mis padres me dejaron su casa de playa… ¿vienes?—pregunté.
—Eso suena genial—dijo levantando su pulgar en señal de aprobación—, por supuesto que voy—dijo muy sonriente—. Por cierto habíamos dicho con Yaya que te ayudaría a entender los deportes—dijo mirándome fijamente—, hay un partido de futbol de primaria muy cerca de aquí… ¿vamos?
Dudé unos segundos pero luego asentí, tomó de mi mano y así estuvimos hasta llegar a una escuela primaria. Cuando entramos a la escuela Kukai caminó hacia donde se llevaría a cabo el partido, los integrantes de cada equipo estaban calentando y no quedaban muchos asientos libres. La mayoría de padres estaban con cámaras y filmadores, había también chicos que gritaban animando.
—Primera pregunta…—dije de repente—… ¿traes a todas tus citas a partidos?
Sonrió al mirarme.
— ¿Sigues con eso? No he tenido nunca una cita—dijo encogiéndose de hombros con gracia.
—Tendré que comprobarlo—dije fijando mi vista en los jóvenes que ahora se saludaban—. ¿Ya va a empezar?
—Así es—dijo asintiendo—. ¿Quieres alguna explicación?
—Todo—dije cerrando mis ojos.
Se carcajeó por un momento y luego comenzó.
Mi primera cita con Kukai me había parecido interesante al igual que ese chico, no parecía el chico que todos pensaban. Aunque parecía que en realidad ningún chico es perfecto… ¿qué escondía? Aún no lo averiguo…
La semana siguiente fue aún más divertida, aprendí sobre básquet y béisbol, descubriendo que prefería de todos el básquet… o tal vez el fútbol… No me entendía realmente, pero a todos les resultaba extraño de repente verme tan cerca al castaño. Él parecía no darle mucha importancia al asunto, sólo sonreía mostrándome su pulgar en alto, además de que me había asegurado que nada sería más vergonzoso que el momento en el que conocí a sus hermanos. Definitivamente fue cómico, no me imaginaba tener tantos hermanos como él. Por otro lado, Amu seguía diciendo que lo estaba seduciendo, y la verdad es que no es que él me cayese perfectamente, pero ahora me gustaban algunos deportes… Así que se puede decir que lo odiaba menos.
—La chica de primer año ha venido diferente hoy…
La primera noticia que llegó a mis oídos la última semana en la que estaríamos en la preparatoria –al menos yo- fue la del cambio de Yaya. Supuse que me haría caso cuando le dije que tenía que comenzar ya o perdería contra mí, aunque en realidad podía ser Rima también quien ganara. No estaba seduciendo a nadie como ella, simplemente me estaban interesando los deportes y Kukai era la persona indicada para explicarme. Todo esto era nuevo para mí y el castaño era ahora quien me buscaba al entrar a clases.
— ¡Hey!
El castaño se puso delante de mí y me detuvo con sus manos en ambos brazos, sin dejarme entrar al salón que compartíamos. Por un momento me asusté, pero al ver esos ojos esmeraldas mirándome sólo atiné a sonreír y quitarme los audífonos.
—No te pongas esos a alto volumen… quedarás sorda y ya no serás una idol—dijo al mismo tiempo que me soltaba los brazos.
—Ha-ha-ha… muy gracioso—dije mientras apagaba mi celular y lo metía en mi mochila.
—Hablo enserio—dijo inflando sus mejillas—. Por cierto… hablaba enserio sobre salir después de clases—dijo sonriendo rascándose un poco su cabellera desordenada.
El viernes pasado había descubierto otra cosa en común: el ramen. Una vez la invité a Amu y él había hecho lo mismo, pero la pelirrosada terminaba de la misma manera siempre. Así que después de clases decidimos ir a comer ramen, aunque al final había terminado como una competencia.
— ¿Si?—pregunté sin darle mucha importancia—. ¿No será que me estás retando? ¿Otra vez?
— ¿Huh? ¿Qué insinúas Hoshina?—preguntó enarcando una ceja.
—No me rendiré tan fácilmente…—dije abriéndome paso para entrar—…ten por seguro que esta vez no perderé.
— ¿Dos de tres?
—Hecho—dije sin voltearme, dirigiéndome a mi lugar.
.-.-.-.
Había llegado a mi casa y encontrado a mi madre cantando, eso era igual a que mi hermano había regresado algo que me hizo pensar que todo está saliendo según lo planeado. Y algo en mi comenzó a estremecerse, se sentía extraño… ¿culpa tal vez? No lo creo, todo lo que Amu hará, mi hermano se lo merece. Yo simplemente tengo un asunto con Souma, Yaya necesita venganza y Rima… Rima es Rima.
Me senté entonces a ver el partido de Francia. Siendo sincera, nunca me había parecido interesante ver un partido por televisión, pero ahora…
Terminó el primer tiempo y comenzaron los comerciales, la puerta se abrió y mi hermano estaba ya dentro de la casa.
Lo recibí con un fuerte abrazo, algo típico en mí. Después de todo era mi hermano y si lo había extrañado.
—Creí que no vendrías para mi graduación.
—Creíste mal—dijo encogiéndose de hombros.
Nos sentamos en la sala, él en un sillón diferente que el mío. Me contó algunas cosas de su vida allá afuera y yo le mencioné ciertos detalles de mi vida atareada. Pero… los comerciales terminaron y Gourcuff(1) parecía estar intentando un gol con uno de los delanteros de su equipo.
—Después hablamos supongo. Voy a estar en mí… ¿qué estás viendo?
— ¿Qué no tienes ojos?— pregunté secamente.
Se quedó en silencio por un momento y luego oí sus pasos, ignoré totalmente que estuviese caminando y noté como Gourcuff pateaba la pelota y…
— ¡Quítate mierda!— grite poniéndome de pie.
— ¿Y a ti desde cuando te importa el futbol?
—Desde que Francia tiene un mediocampista muy sexy.
—Bien me voy—dijo moviéndose, dejando mi vista libre…
Los franceses celebraban su victoria a pesar de ser un partido amistoso y yo me golpeaba mentalmente por haberme perdido el magnífico gol del francés. En parte no era mentira que quisiera ver al mediocampista, creo que algunas chicas comparten mi pensamiento.
Por ese lado el futbol –deporte que siempre me había parecido tonto- me resultaba muy entretenido desde hace una semana. Y eso que hasta hace una semana ni siquiera sabía que no todos los jugadores jugaban y que los partidos duraban noventa minutos. Aunque definitivamente, el verlo jugar a él ese día en el receso, algo en mí me incitó a sonreír cada vez que metía un gol. Era entretenido por primera vez, o tal vez era el hecho de que por fin entendía realmente el deporte. Definitivamente verlo sonreír me provocaba algo en esos días, no importa lo mucho que me duela decirlo, es así. Y qué decir de cuando terminó el partido y vino hacia mí todo sudado… Me resultó el chico más sensual del mundo.
Mordí mis labios inconscientemente, la imagen que tenía delante… definitivamente era tentadora.
—Buen partido—dije cuando se acercó a mi todo sudoroso, al menos eso demostraba su polo empapado.
Él me sonrió, para después bufar y cerrar sus ojos, agitando ligeramente su polo.
—Aj… Doy asco.
No estoy segura de eso, pero lo tendré las vacaciones enteras… no está mal Tsukiyomi Utau.
Sí, eso era lo que pensaba en aquel entonces, ¿cómo es que las cosas cambiaron tanto?
GRACIAS POR LEER *arrodillándose y estrellando su frente contra el suelo* Y MIL DISCULPAS OTRA VEZ :'D
ATTN. Kiriha-chan
PD: Pasen al siguiente cap :B
