En clase de literatura nos enseñan un poco sobre el racismo a lo largo de la historia. Es gracioso ver como Token pone cierta atención especial al tema, pero trata de que nadie se dé cuenta de ello. Si no estuviera rodeado de tantas personas, estoy seguro que me cagaría de risa.

La clase termina y soy de los últimos en salir. No hay diferencia a estar dentro de un salón a afuera, en los pasillos. A veces prefiero quedarme adentro donde no molestó a nadie, pero sí lo hago muy a menudo tendré que soportar a los profesores preguntándome sí todo va bien en casa y esa es una pregunta que en definitiva no quiero responder. No me avergüenza tener que decir que tengo problemas, pero no veo cómo eso puede ser necesario. ¿A qué viene? Nadie me ofrecerá una buena solución. Sí le digo a mi profesor de seguro me verá con cara de que soy un pequeño animal herido, o como si fuera un objeto frágil, y me dirá que la solución será hablar.

Sí esa fuera la solución, créame, no existirían la mitad de los problemas que existen ahora. A veces simplemente no existe otra solución más que vivir con ello.

Y sí le cuento a Clyde o Token, de seguro me dirán un: "lo siento, amigo", que reflejara lo incómodo y poco preparados que están para escuchar lo que tengo que decir, seguido de un vago e inútil: "sabes que cuentas con nosotros".

Ahí tienen, no es que quiera guardarme todo, simplemente no me gusta sacarlo todo.

Tomó un poco de agua. Siempre tengo la garganta seca por tanto fumar. Token me dice que debería dejar de hacerlo, pero sí en verdad quisiera que hiciera eso me quitaría todas mis cajetillas y se quedaría con cada encendedor que me encuentra. Claro, sí hiciera eso le daría un buen golpe en plena cara.

Veo a McCormick en el pasillo, riendo y tonteando con sus amigos. Debió hacer un comentario que hizo que a Marsh se le pusiera el rostro rosa como a una niña de trece años a la que le roban un beso, pero McCormick se ve bastante orgulloso de ello. Disfruta ser el payaso. Distrae la atención de él, pero a la vez hace que todos tengan sus ojos en él. Lo ven a él, pero no hablan de él realmente. Debo admitir que hace un buen trabajo.

-¡Tío!- Clyde siempre llega gritando, como sí hubiera ganado la lotería; pero es que en verdad para él cualquier logro es mérito de un nobel porque sabe que no llegara a obtener logros más grandes que esos.

-¿Qué quieres?

-Tienes que ir a la fiesta.

Ya me lo venía venir.

-Red va a llevar a una amiga que está buenísima.- resalto el buenísima con tal excitación que una feminista le hubiera golpeado como yo a Token sí llega a apartarme de mi tabaco.

-¿Y?

-¡Tú serás mi ayudante! ¡No te pongas así! Red y tú podrían arreglar las cosas; subir a un cuarto y…- me golpeó con el codo e hizo un movimiento gracioso con las cejas.

-No, gracias.

-De verás que no te entiendo… Red está buena. Es pelirroja, y tiene actitud. ¿Cómo no vas a querer acostarte con ella? Apuesto a que ella muere por volver a hacerlo.

Es irritante como nadie deja ir el asunto con Red. En este jodido pueblo nunca dejan ir nada porque, como a Clyde, no es como si fueran a obtener algo más que estas bobas y burdas noticias.

La verdad es que me acosté con Red porque ella quería, no porque yo quisiese.

-No seas así, Craig. Red es muy buena onda y linda.

-¿Y por eso debería acostarme con ella?

-Le sigues gustando. Ella es ardiente, tiene carácter, le gustan los videojuegos, los carros, es bonita, divertida,…

-¿Entonces por qué tú no te acuestas con ella?

-Porque es tu chica.

-Ella no es mío. Una mujer o hombre no puede ser propiedad.

-¡Agh! No empieces a hablar como Wendy, que es irritante. Ya tenemos a Stan que la aguanta, y no creo que podamos encontrar uno para ti.

-Es porque ella tiene razón en unas cosas.

-¡Lo que sea! ¿Vas o no? ¡Te la vas a pasar bien! No seas malo. Piensa en Red.

-Eso hago.

-¿Entonces por qué no le das una oportunidad a ustedes dos de nuevo?

Sí, ¿por qué?

Porque no te gusta.

Nunca te gustó realmente.

Por eso corté con ella. Porque terminaría lastimándola más, y me metería en más problemas. Ella terminaría llorándome y yo no podría sentir ni simpatía por ella. Era mejor cortar las cosas cuando aún no eran tan complicadas.

Y no puedo volver con ella porque no quiero darle más enredos al asunto. Quiero dejar las cosas así. No quiero aguantar una relación. No quiero tener que preocuparme por otra persona, o fingir hacerlo. No quiero que atender a otra persona. No quiero tener que considerar sus pensamientos o sentimientos. No quiero involucrarme con nadie. No quiero a nadie a ese grado de intimidad conmigo.

-No lo sé.

La respuesta más sencilla.

No entro a detalles que no entenderán.

No desperdicio mi tiempo.

Pft. Como si fuera algo valioso.


En el almuerzo de nuevo somos los mismos. Siempre lo somos. No hace ya falta ni mencionarlos para que la imagen se forme, como si fuera una vieja y aburrida pintura.

Kyle habla de algo con Token, posiblemente de política o leyes. Clyde le cuenta a Cartman y McCormick sobre algún tema tan estúpida que mi mente ni siquiera lo retiene. Y, finalmente, están Stan y Wendy, siendo tan cursi como siempre. Ella muy contenta le cuenta sobre algo, mostrándole algo de su carpeta rosa, y él sólo asiente. Ni siquiera trata de entender lo que ella dice, o sí trata, sus esfuerzos son comparables como un niño de primaria.

Ah, y luego está Tweek. Está sentado junto a mí y no hace ruido. Sólo tiembla, con la cabeza metida en su propio mundo y no me desagrada. Es cómodo tenerlo a mi lado. No hablamos, ni tenemos que hacerlo. En cuanto le dirijo la palabra él parece estar al borde de un ataque de pánico, y yo no soy lo suficientemente solidario como para tratarlo con la misma suavidad que todos lo tratan.

Estar con Tweek es como estar con un pequeño animal. Como un Stripe.

Aparte, le gusta Radiohead y eso es algo que me agrada de él.


De regreso a casa prefiero ir solo. Las calles están solas, o al menos así se sienten. Pero me basta con ello. Me gusta sentirme solo.

En casa es la misma rutina.

Nadie se habla, al menos que sea para ofenderse.

Ruby está encerrada en su cuarto, escuchando música y viendo algo en la computadora.

Hoy no hay gritos, pero se siente como si hubiera.

Gritos que no se escuchan. Odio esos gritos. Realmente los aborrezco. Son irritantes. Son molestos. Son tristes.

Se llaman: "silencio".


Levantarse es duro. Realmente duro.

Cuando duermo estoy cerca de flotar y sólo existir. Nadie puede alcanzarme ahí. Ahí todo es tan abstracto que la felicidad y tristeza se tuercen y dejan de existir, como el tiempo en un agujero negro.

Veo el libro de "Matar a un ruiseñor" en mi escritorio. No el de la escuela, sino el propio. Debí sacarlo en la noche junto a mi otro bonche de libros. Me tranquiliza verlos y no sé por qué. Hacen que suspiré, pensando que es un día más y negándome, o mejor dicho, bloqueándome que todos los días en mi vida con un día más.


Quiero morir.

No lo digo enserio, o tal vez sí. Pero es que todo se ve tan vacío. Es.

Y duele. Joder, cómo duele. Duele a cojones y no tiene sentido. Si las cosas son así, ¿por qué duelen? No hay nada más. No entiendo. Esto es lo único real. No existe nada mejor ni peor. Esas palabras no aplican cuando se trata de algo real.

Es mucho ruido, ¿no es así?

Las ideas.

Joder, las ideas.

Esas son las que en verdad matan.

Y no puedo dejar de tenerlas por más que quiera. Están ahí. No se van, ni se irán. Hacen que me duela la cabeza. Que me desespere. Y no sé por qué. No lo sé y eso me molesta. Mucho. Quisiera volver a estar tranquilo. Pero siempre sigue este ciclo esto. Me desespero, creyendo que ya no aguantare más, pero de pronto eso, las ideas, el sentimiento, lo que sea que me vuelve así, se evapora y se va. Trato de pensarlo o tenerlo presente para analizarlo, pero ya no es igual. Ya no causa esta desagradable sensación. Y entonces empiezo a tener sentidos de nuevo, como si recobrara control de mi cuerpo o volviera a estar enteramente en él. Me siento tranquilo. Hasta algo optimista, pero de pronto vuelvo a bajar poco a poco, hasta llegar aquí, donde parece que es mejor morir.

Me preguntan si me siento bien, y miento que no dormí bien.

En la enfermería me dan un té. Y es bueno. Me hace sentirme menos mal. Me da un respiro y las ideas pierden algo de fuerza.

El ruido baja su volumen, pero sigue ahí. Como un terrible murmullo. Uno dentro de mí.

Quiero llorar. Mi cuerpo lo quiere, no mi ser. Quiero que todo se vaya, y por eso pienso en morir. Es la decisión más rápida y eficaz para que todo se vaya, pero también es un triste fin. Y yo todavía no quiero morir.

Estoy seguro que esto se ira, pero no por eso se siente mejor. Se siente peor. No le dedico atención porque sí lo hago temo que lo retenga por más tiempo, o que no se llegue a ir por completo. ¿Pero alguna vez se va por completo? Es como si hubiera un radio dentro de mí. A veces las emisiones son tan claras y fuertes que me saturan, pero otras veces ya ni son audibles aunque estén en lo más profundo de mí.

Al menos todos están en clases cuando me siento fuera de la oficina a tomarme un té, como si fuera una botella de whisky.

Dios, como me gustaría echarme un cigarrillo en pleno pasillo; pero eso sería muy tonto de mí.

El té se siente como whisky, pero me gustaría que fuera vodka en realidad.

I wanna a perfect body.

I wanna a perfect soul.

Si la vida tuviera soundtrack, que ya de idea está muy jodida, ahora mismo se escucharía esta canción.

Se escucharía y se escucharía.

Se escucharía hasta hacerme sonreír.

Y el ruido se apagaría.

Sólo se escucharía…

I wish I was special.

Y todo se iría.

Todo.

Hasta esto que lees aquí.


En la penúltima hora estoy sentado junto a Token. Estamos haciendo un trabajo en equipo junto a Kevin. Tenemos que planear algo acerca de un tema. Token está tomando el liderazgo, con Kevin aportando y yo sólo soy el chico que escucha y asiente.

-¿Ya leíste "Matar a un ruiseñor"?- le preguntó a Token por alguna razón. Las palabras sólo salen. No parece que ni siquiera fueron procesadas por mi mente.

Token me ve extrañado y arquea una ceja. Claramente lo saque de lugar. Pero no retracto mi pregunta, ni me veo cediendo ante su confusión. Sigo serio, como si fuese una pregunta tan normal como un: "¿cómo estás?". Tal vez por eso salió tan natural. ¿Alguna vez te has pensado realmente un "¿cómo estás?"?

-Voy cuando la tía se muda.

-Hm.

-Es muy bueno. Se siente tranquilo. Ya veo por qué te gusta tanto.

-¿Tú qué entendiste por "matar a un ruiseñor es pecado"?

-¿Por qué la pregunta, tío?

-Nomás.

-Bueno,- se acomodó en su asiento. Token, siempre tan propio.- Se refiere a que lastimamos a la gente inocente. Gente que sólo estuvo de casualidad en el momento, y aunque seamos conscientes de su inocencia… Disparamos.

Gente inocente…

¿Soy inocente? ¿Quién quiere dispararme? Sé que no se necesita una razón. Sólo lo harán porque pueden. ¿Pero eso quiere decir que soy alguien inocente que no pretende hacer otra cosa que bien? ¿O a qué se refería McCormick?

¿Por qué carajos si quiera me interesa?

Hago un bufido y le doy un fin al tema.

Incluso si soy un ruiseñor, no puedo hacer nada para evitar que el cazador me dispare si así lo desea. No cambia nada reconocer que una bala terminara conmigo. No importa realmente. Pasará de todas formas, ¿no?


Ese día por alguna razón veo a Marsh y sus compinches al final del día. Cartman tiene una estruendosa risa que va a juego con el rebotar de su barriga. Me doy cuenta de tantas cosas que ni puedo saber cuáles son exactamente. Pero ellos, que parecen ser el espíritu de nuestra generación, no usan más que máscaras entre ellos. Ninguno se conoce realmente, como tampoco Token, Clyde y yo lo hacemos. Creemos hacerlo, pero no es más que una fantasía más. Y, por alguna razón, McCormick siempre ha destacado de ahí. A todos los demás ya los mataron antes de que aprendieran a volar, y McCormick sigue tratando de cantar, sin que lo vayan a matar.

Ellos llevan tanto tiempo muertos que, puede decirse, eso es vivir para ellos. Y como ya están muertos, no les pueden volver a disparar. Por eso ya no pueden tener miedo a morir.

Y tarde o temprano, eso me pasara a mí.

Como de pronto mi "un día más", se volvió el nombre de cada uno de mis días.

Así de sutil será mi muerte.

¿Pero quién será el verdadero culpable? ¿El cazador o yo por quedarme quieto, y esperar a que la bala me dé? El cazador no se detendrá, eso es seguro. Pero yo sí puedo cambiar. Y me da un poco de miedo que no quiero hacerlo. Quiero que me disparen porque no quiero huir por siempre. Que maten mi canción.

Matar a un ruiseñor es pecado.

Y ese será mi único pecado.