Bueno… después de la larga espera, mis fallos de salud y el cansancio que el trabajo me ha estado generando… acá lo tienen…

El tercer capítulo de Mean To Be 3

Espero les guste y bueno… como siempre… si lo merezco, dejen sus comentarios :P

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Disfruten la lectura~~ :*


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Meant To Be

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CAPÍTULO 3:

Découvert.

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Pasaban de las tres de la tarde cuando finalmente, tras haber dormido un par de horas, ambos se encontraron vestidos y listos para abandonar aquella habitación de hotel en la que había pasado más, mucho más de lo que alguno de los dos hubiese esperado.

―¿Estás segura de que Bridgette ya está en casa? ―Preguntó Adrien, ajustando la corbata en su lugar para tomar las llaves de su auto del buró.

―Sí… ―respondió sin desviar la mirada del espejo. Aquel vestido lucía por demás lujoso, no es que nunca hubiese usado algo así, pero, que un hombre se lo estuviese obsequiando cambiaba por completo el asunto, después de todo, siempre se había considerado independiente en demasía―. Me dijo que no pensaba salir el resto del día.

―Genial, si quieres, podemos ir por algo de comer antes de llevarte, no sé tú, pero yo estoy hambriento ―comentó y ella solo le miró de reojo―. ¿Marinette?

―¿Sí? ―Respondió con los ojos fijos en el móvil, aunque este tenía la pantalla apagada. Su cuerpo aquí, su mente en algún lugar desconocido.

―Te pregunté si querías ir a comer, conmigo.

―Ah, sí… no, la verdad prefiero ir a casa. Quiero descansar. No tengo hambre.

―Mmm… ―se acercó a ella, haciéndola sentar al borde de la cama, sentándose a su lado, tomándole con suavidad las manos―. A este punto… si hay algo que te preocupe, siéntete en total confianza de decírmelo.

―No, todo está bien ―sus ojos comenzaban a enrojecer

Muchas cosas habían ocurrido la noche anterior, y aún más cosas habían pasado en el día siguiente. Sentía aún el dolor punzante en su cabeza y una gran vergüenza colándose por sus mejillas cuando finalmente estuvo en la puerta de aquella habitación.

Respiró profundo y espero en el pasillo a Adrien, quien se había devuelto porque justo cuando ella finalmente estuvo lista, se antojó de ir al baño a hacer una breve y rápida descarga de líquido antes de proseguir.

Estaba cansada, todo lo que deseaba hacer era llegar a casa de su hermana, quitarse aquel ajustado vestido, tomarse una aspirina y no saber nada más sobre el mundo o sobre nada hasta el día siguiente, o la semana siguiente si era posible.

―¿Marinette? ―Escuchó aquella voz y se volvió al ascensor, que acaba de abrirse―. ¿Qué haces aquí?

―Hola, Nath ―saludó sonriendo con amabilidad, agitando su mano levemente frente a él―. Yo… me quedé aquí anoche ―respondió, cerrando la puerta tras de sí como precaución―. ¿Qué hay de ti?

―Tenía una reunión con los productores de una televisora extranjera… quieren que participe en un proyecto cinematográfico.

―¡Eso es increíble, Nath!

―No tanto… ―la timidez y humildad de siempre se asomaban en su rostro con facilidad―. Solo, digamos que he tenido suerte.

―La suerte no existe, solo el talento. Y tú tienes muchísimo, Nath.

―Muchas gracias, Marinette… que justamente tú me digas algo así…

―Disculpa por la espera, ―Adrien abrió la puerta, sosteniendo a Marinette entre sus brazos cuando ella casi caía―. Nathalie me llamó al móvil preguntando por unos documentos… ―sus labios se cerraron al ver al pelirrojo de frente a él―. Hola, Nathanael.

―Adrien.

El silencio se convirtió en la salida más fácil de aquel asunto. Ninguno de los tres se atrevía a decir una palabra. El ambiente era tenso, cargado de una extraña electricidad intangible que iba y venía entre el verde y el azul, el amarillo y el rojo. Era como una de esas conversaciones donde se dice suficiente sin necesidad de que se abran los labios.

―Ya veo… ―dijo finalmente Nathanael extendiendo su mano al frente―. Bien hecho, Adrien. Tú ganaste.

―¿De qué estás hablando, Nath? ―Intervino Marinette confundida.

―De nada, vámonos ―respondió el rubio halándola de la mano.

―No, espera ―se frenó, volviéndose hacía el pelirrojo―. ¿A qué te refieres con ganar?

―Pregúntaselo a él ―respondió dándose la vuelta―. Después de todo, ha de estar gozoso, por salir victorioso una vez más en esta clase de apuestas.

―¡¿Apuesta?! ―Se volvió hacia el rubio, quién no hacía sino cubrir sus labios con una de sus manos, luchando por no arrojarse contra el pelirrojo y arrojarlo por las escaleras con sus propias manos―. ¡¿Tú hiciste una apuesta?! No puede ser… ¡Hiciste una maldita apuesta sobre mí! ¡¿En serio?!

―Eso no…

―¡Cállate! ―Bramó con los ojos nublados y las manos temblando―. Eres peor de lo que pensaba…

―¿Quieres que te lleve? ―Preguntó Nathanael ofreciendo su mano.

―No, no quiero verte a ti tampoco… ―aseguró Marinette arrebatando su cartera de las manos del rubio―. Quiero irme de aquí.

―Marinette, espera. Tenemos que hablar ―insistió Adrien, pero ella solo golpeó su mano cuando él intentó tomarla.

―No te me acerques, jamás. ¡Ninguno de los dos!

Se encerró en el ascensor y bajó tan rápido como el aparato le permitía. Estaba confundida.

¿Qué había sido exactamente todo eso? Es decir, a Adrien no lo conocía de nada prácticamente, pero que Nathanael estuviera envuelto en todo eso… al parecer era cierto eso de que uno nunca termina de conocer a las personas. Pero, cual fuera el caso, estaba tan enojada que realmente no deseaba pensar en eso.

Tomó el primer taxi que vio fuera del hotel y arrojó su bolso dentro, sentándose ella con la vista fija en la ventana. ¿Quiénes se creían esos dos para jugar con ella de esa manera? Y aún peor, ¿quién creían ellos que era ella?

Las ganas de llorar se acumulaban en sus ojos pero no lo haría. Bajo ningún motivo, ella era una mujer fuerte. Ya no era una niña que pudiera sentarse a lamentarse de las cosas que pasaran en su vida. No. Al contrario, solo eran dos personas más para evitar en su vida y seguir adelante. No iba a andar por ahí lamiéndose las heridas como un gato.

Llegó al departamento de su hermana, chocó su puño contra la puerta para llamar pero esta se abrió sola en cuanto lo hizo. Las luces estaban apagadas.

―¿Bridgette? ―Llamó sin obtener respuesta―. ¿Estás en casa?

Recorrió el pequeño departamento. Estaba desordenado, cosa que no le extrañaba ya que se trataba de su hermana. Respiró profundo y se dispuso a recoger todo lo que estaba fuera de lugar.

―Ahí estás ―dijo al verla sentada en la cama, envuelta en una manta, abrazando sus piernas sin despegar sus ojos del televisor―. ¿Si sabes que está apago, verdad?

―Sí, lo sé ―respondió sin despegar su mirada de la pantalla negra del aparato.

―¿Estás bien? ―Preguntó sentándose junto a ella―. ¿Puedo encenderla?

―No, no quiero ―respondió.

―¿Qué te pasa? ―Ignoró su petición y encendió el aparato.

―¡No, Marinette! ―Se quejó pero no pudo recuperar el control.

Nos encontramos en directo desde las afueras de la Mansión Agreste a la espera del anuncio oficial de la fecha para el ya confirmado matrimonio entre el mayor de los gemelos Agreste; Felix y su prometida, la Srta Hillary Andersons… ―Marinette lo apagó inmediatamente.

―No lo entiendo… de verdad no entiendo cómo es que puedes seguir con él… ―el timbre sonó y se levantó de su lugar―. ¿Quién es?

―¡Ábreme la puerta, Mari, soy Alya! ―Escuchó aquello y no dudo en dejarla entrar.

―¿Qué haces aquí?

―¿Cómo que qué hago aquí? Vine por Bridgette, obviamente ―siguió directo hasta la habitación y se sentó junto a ella―. Felix me llamó.

―¿Ah sí? ―Preguntó aún con la mirada en la pantalla negra.

―¡No puedes hacerlo! ―Exclamó cruzando sus brazos, formando una x con ellos en frente de las gemelas―. Conozco mejor que nadie la situación, pero esto me parece demasiado.

―Alya, no te preocupes. No me molesta hacerlo.

―¿Hacer que cosa? ―Preguntó Marinette sentándose en el borde de la cama.

―Nada… no es tu asunto ―Intervino Bridgette, intentando sacar a Marinette de la conversación.

―Va a ser la madrina en la boda de Felix.

―¡Alya!

―¡¿Qué?! ―La menor se levantó, con la boca abierta sin poder esbozar palabra alguna.

―¿Por qué tenías que decirlo? ―Preguntó Bridgette levantándose de su lugar, encarando a Alya.

―Porque no me parece nada correcto lo que estás haciendo.

―Ella quiere que sea su madrina de bodas y lo voy a ser.

―Claro que no ¡¿estás loca?! ―Esta vez fue Marinette quien se interpuso en la conversación―. ¿Cómo puedes siquiera considerar hacer semejante estupidez? ¿Ser la madrina del imbécil al que amas? ¿En qué diablos estás pensando?

―Marinette… tú no lo entenderías, jamás…

―Si no me lo dices, es obvio que no pueda entenderlo, Bri… es qué, de verdad… No entiendo cómo puedes aguantarle tantas cosas a Felix. Eres una mujer hermosa, muchas desearían tener tu cuerpo o tu talento. ¿Sabes cuantos hombres desearían poder tenerte como su novia, su esposa o su todo? Muchos, pero sigues atada a un idiota que no es capaz de darte una estabilidad, que incluso se va a casar con alguien más y lo peor de todo, ¿de verdad piensas ir a jugar a la madrina en su boda? Hermana, o estás loca o no tengo idea de lo que pasa contigo.

―Ya basta, Marinette…

―No, no me pidas que lo deje así, no me pidas que no diga nada más, no puedo solo quedarme mirando todo como si nada, y si tú no llamas ahora mismo a Hilary y le dices que se meta su boda por el trasero, pues lo haré yo.

―Marinette, en serio, déjalo ―esta vez fue Alya quien intervino―. Tú vienes llegando de China, no sabes cómo están las cosas acá.

―Pues no, y no me interesa saberlo, ya me enteré de lo suficiente para hacerme una idea. Dame el número, yo misma mandaré a California a esa zorra de quinta. ¡No pienso permitir que…!

―¡No! ―Bridgette se acercó, tomando a Marinette de los hombros, obligándola a sentar al borde de la cama―. ¡No te metas en esto! ¿No lo entiendes? ¡No es tu maldito problema!

―¡No me hables así! ―respondió Marinette empujándola―. ¿Qué diablos te pasa? ¡Estás actuando como una loca!

―Cálmense las dos, ¡ahora! ―Pidió Alya metiéndose en medio.

―¡Tú no lo entiendes!

―¡Es que no puedo entender nada de esto, Bridgette! Sobre todo si no me dices que está pasando. No entiendo ¿por qué no puedes poner a esa mujer en su sitio y salirte de todo ese estúpido asunto?

―Porque no puedo… si yo le digo algo… si yo me niego a hacer lo que ella quiere… No quiero que le hagan nada a Felix.

―No creo que a él le pueda pasar algo realmente, creo que eres tú la única que está siendo lastimada en todo este asunto, Bri…

―Marinette… yo… ―miró a Alya y la morena asintió, dando su aprobación―. ¿Recuerdas hace dos años cuando por primera vez no pasamos nuestro cumpleaños juntas porque decidí quedarme en París a celebrarlo con Alya?

―Sí, claro, papá estaba muy enojado esa vez…

―Bueno… yo… ¡No puedes decirle esto a nadie, Marinette!

―No lo haré, ¿qué pasó?

―Yo maté a alguien…

―¿Tú qué…? ―La sorpresa no cabía en su rostro y no hizo más que buscar la mirada de Alya buscando que aquello fuera negado.

―Salimos, bebimos, bailamos, y no lo voy a negar, incluso nos drogamos, normal, estábamos celebrando todos juntos, yo no supe en qué momento pasó exactamente, mi mente está borrosa pero…

―Yo lo vi todo ―confesó Alya sentándose junto a ellas―. Uno de los tipos que estaba en el club se llevó a Bridgette obligada a un callejón fuera del lugar. Yo me asusté un poco y busqué a Adrien, los seguimos y cuando los encontramos ese tipo estaba tratando de abusar de ella. Adrien lo golpeó y el hombre le apuntó con un arma así que Adrien acabó retrocediendo. Yo estaba junto a él y de pronto el tipo cayó al suelo frente a nosotros… Bridgette le partió una botella en la cabeza y él perdió la consciencia… cuando Felix llegó a buscarnos, Adrien intentaba ver que continuara con vida, ese hombre se levantó y comenzó a golpearlo, incluso le hizo una herida muy fuerte en la pierna derecha con lo que quedaba de la botella, cerca de sus caderas. Felix dejo a Bridgette para ayudar a Adrien y lo que se escuchó luego fue un disparo.

―Yo disparé… ―sus manos temblaban y sus ojos se nublaban con el llanto―. Cuando reaccioné estábamos en mi departamento… Felix se había echado la culpa de todo pero… Hilary evitó que fuera preso, pero así como lo evitó…

―Ella puede hundirlo con solo abrir la boca ―completó Alya suspirando―. No hay pruebas de que fue en defensa propia y aunque las tuviéramos, Felix tendría que ir a la cárcel por al menos diez años ya que el hombre falleció en el hospital.

―Pero… lo que esa mujer hace se llama extorción… e indiferentemente… ¿en qué diablos estabas pensando, Bridgette?

―No estaba pensando… solo, de verdad no quería que a ninguno de los dos les pasara nada malo…

―Esto tiene que ser una broma ―bufó estirándose por completo sobre el colchón―. Entonces todo lo que puedes hacer es ponerte el vestido y sonreír mientras ellos se casan… y todo porque él se culpó en tú lugar.

―Él estaba dispuesto a ir preso por mí, Marinette… por eso yo estoy dispuesta a hacer lo que sea por él ―respondió y la menor se levantó.

―Lo siento, no puedo estar del todo de acuerdo con esto.

―¿A dónde vas? ―Preguntó al verla tomar su bolso y cruzar la puerta de la habitación.

―A dar una vuelta. Hoy me he enterado de muchas cosas que no necesitaba saber.

Salió del departamento, llevándose una copia de las llaves y bajó las escaleras tan rápido como sus piernas le permitieron, había pensado usar el ascensor pero, las escaleras lucían más solitarias.

Llegó a la recepción del edificio y atravesó la pequeña sala de estar. Estaba desolado, supuso que era a causa de la hora, después de todo pasaban de las cinco de la tarde y seguramente las personas que vivían ahí comenzarían a llegar pasadas las seis o siete. Salió del edificio cubriendo su cabeza con la capucha que traía su abrigo pues comenzaba a lloviznar y sus ganas de devolverse por un paraguas eran nulas, sobre todo si pensaba en las altas posibilidades de enfrentar nuevamente a su hermana y todo aquel disparate.

―Quiero volver a China ―susurró sentada en una banca en el parque.

La lluvia había espantado a todos, por lo que solo ella se encontraba ahí, dejando su cabeza colgar del espaldar, sintiendo las gotas de agua helada caer sobre su cara. Solo se escuchaban algunas cornetas de autos y uno que otro ruido típico de la ciudad.

Desde donde estaba podía ver la torre Eiffel y sus luces iluminando a medida que la noche caía sobre la ciudad del amor. Cerró los ojos y devolvió las manos a los bolsillos del abrigo mientras suspiraba.

―Te resfriarás ―escuchó aquella voz y abrió los ojos, encontrando un paraguas negro cubriéndola de la lluvia.

―No es tu problema ―reviró encogiéndose de hombros, cerrando nuevamente sus ojos.

―Eres muy testaruda, ¿te lo han dicho antes? ―Preguntó aquella voz mientras sentía a su dueño sentarse a su lado―. ¿Qué haces aquí sola?

―No es tu problema.

―¿Por qué no respondiste cuando te llamé?

―No es tu problema.

―¿Por qué no estás con Bridgette?

―No es tu problema.

―¿Por qué no me respondes otra cosa?

―No es tu problema ―sentenció mirándole de reojo.

―Así que de esto se trata. No responderás nada de lo que yo pregunte bajo ningún motivo. Que madura eres ―dijo lo último con seco sarcasmo.

―Al menos yo no juego con las personas, no ando usándolas a mí antojo o apostando que dormiré con ellas con mis amigos.

―Si me dejaras explicarte, tal vez entenderías la situación.

―Porque yo no puedo entender a las demás personas… sí, claro, para ser sincera no es la primera vez que me lo dicen.

y no pensaba hacerlo, no anoche, además, no parecías tan enojada en la mañana mientras te lo hacía―respondió él cubriéndola aún con el paragua.

―Pues claro, sí, lo estaba disfrutando ¡muchísimo! Hasta había considerado tu propuesta sobre repetirlo, pero claro, no sabía en ese momento que eras un idiota de esos que usan a las mujeres a su antojo y se burlan de ellas por tener una cara bonita―respondió empujando el objeto para que el agua cayera nuevamente sobre ella.

―No sé qué te haya pasado para que estés tan enojada, pero te aseguro que tengo una razón para haber hecho lo que hice, además, me encantó estar contigo y justo como te dije antes, haré lo que sea por conseguir llevarte a la cama nuevamente.

―Estás demasiado seguro de tus propias capacidades, ¿cierto? ―Preguntó entre irritada y abrumada.

―Repito, en el momento no te quejabas, bueno sí, pero no parecías quejarte por enojo sino porque no podías con tanto placer ―ella guardó silencio, con la vista en el cielo que cada vez soltaba agua en menor cantidad―. Marinette… hace cuatro años, conocí a alguien. Una chica dulce, amable, encantadora, llena de energía y vitalidad. Era simplemente una mujer increíble y realmente me enamoré de ella, por primera vez en mi vida pensé que podría plantarme firme ante una persona y decirle "te amo" sin sentir que era una mentira para mi propia conveniencia.

―No tienes que decirme nada de esto.

―No, pero quiero hacerlo ―dejó caer la sombrilla y apoyó su mano contra su rostro―. Lamentablemente, a ella le gustaba mucho Nathanael, lo había conocido en una de las reuniones de exestudiantes que hicimos, a la cual, irónicamente yo la invité. Ella comenzó a preguntarme por él y yo le restaba importancia, pero de alguna manera logró contactarlo. Yo, intenté hablar con él, le pedí que por favor no le aceptara ninguna de sus invitaciones, que realmente ella me gustaba y él me preguntó si yo me saldría del medio…

―¿Del medio…?

―Sí, él tenía una extraña relación con Chloe, incluso en la actualidad es difícil saber si esos dos se traen algo o no, pero, él estaba muy enojado porque Chloe pasaba mucho tiempo en mi casa y hasta había subido un par de fotos a su Instagram durmiendo en mi cama, conmigo a un lado profundo y ella en ropa interior. Ya sabes, cosas típicas de Chloe.

―Supongo que era su forma de hacer saber a las demás que tenía un amigo modelo.

―Exacto, cosas que ella hace por su propio ego. Pero, cuando intenté explicarle, él no me creyó y me dijo que si yo dejaba de meterme con Chloe, él no volvería a dirigirle la palabra a esa chica. Acepté, pero era ella quien me perseguía y hacía ese tipo de tonterías. Un par de semanas después, mientras yo salía con ella en una relación, justamente la primera vez que ella accedió a quedarse conmigo, recibí un correó de parte de Nathanael en la madrugada, eran fotos de ella, desnuda en su cama, con él, con fecha y todo, de un par de días atrás.

―Oh, vaya…

―Sí, no volví a dirigirle la palabra a esa mujer y accedí a la idea de Chloe para cobrar venganza, ya sabes… "ojo por ojor, foto por foto". Desgraciadamente, esa mujer no salió tan fácilmente de mi vida.

―¿Ah no…?

―No… resulta que en menos de un mes se va a casar con mi hermano. ¿No es genial?

―¿Hilary…? ―Escapó de sus labios y él enarcó una ceja.

―¿La conoces?

―Más o menos… ―recordó la conversación con Bridgette y Alya―. Adrien, bájate los pantalones ―pidió directamente tomándole uno de los ojales por el que pasaba la correa.

―¿Qué? No, ¿estás loca?

―No, en serio, hay algo que quiero ver ―insistió desabrochándole el pantalón.

―Marinette, detente, si nos ve la policía…

―Nadie nos verá ―continuó ella ignorando aquella advertencia, bajando la cremallera.

―Marinette, hablo en serio, detente ―pidió tomándole las manos.

―Te digo que quiero ver algo ―se sacudió, cayendo de rodillas al suelo, tirando del pantalón y del bóxer por el costado izquierdo.

―¡Dios, Marinette! ―Exclamó entre enojado y confundido―. En serio, para ―pidió al notar una pareja que se les quedaba viendo al pasar cerca del lugar.

―Shu, haces mucho ruido ―siguió con su búsqueda hasta dar con lo que deseaba encontrar―. Era verdad…

―¿De qué hablas? ―Preguntó mirando en la misma dirección en la que ella tenía su mano puesta―. Así que… ya lo sabes…

Los dedos de Marinette estaban sobre la herida que antes habían mencionado Bridgette y Alya. Al parecer no había sido más que un roce de bala, pero había dejado una fea cicatriz de al menos dos centímetros de ancha y cinco de larga que se hundía sobre su piel.

―Tengo que hacer algo muy importante ―dijo levantándose finalmente del suelo.

―¿Qué cosa? ―Preguntó ajustando nuevamente su ropa en su lugar.

―Necesito hablar con Chloe.

―¿Con Chloe? ―Estaba Exaltado―. ¿Por qué con Chloe? Ella no sabe nada.

―Claro que lo sabe.

―Claro que no, no le dijimos de esto a nadie.

―Chloe lo sabe ―insistió, apretando los puños frente a él―. Ella fue a China poco tiempo después de ese cumpleaños que Bridgette no pasó conmigo, me dijo "tu hermana se metió en muchos líos" y como era ella, no le quise creer.

―¿Chloe te dijo eso?

―Sí, cuando le pregunté de donde sacaba tal disparate me dijo que su amiga, Sabrina le había contado algo sobre una investigación que estaba llevando a cabo su padre, la cual había sido repentinamente suspendida.

―Entonces, ¿crees que Chloe sepa algo que nosotros no?

―No lo creo, estoy segura ―extendió su mano, ofreciéndola al rubio―. Gracias por aclarar mi mente. Hasta luego.

―Espera… ―pidió tomándola de la mano, tirando de ella―. ¿Piensas ir ahora? Ya es muy tarde, además, estás empapada, te puedes resfriar.

―Estoy bien ―respondió antes de estornudar.

―Vamos, te llevaré con Bridgette, mañana podemos ir temprano, yo puedo acompañarte.

―No. No quiero ir a ese departamento. Bridgette está actuando como loca ahora mismo. Me niego a lidiar con eso.

―Entonces, ¿qué harás? No puedes pasar la noche por ahí.

―Pues ya veré que se me ocurre, pagaré un hotel o algo. Para eso traigo mi billetera justo aquí ―dijo abriendo su bolso, sin encontrar el objeto que buscaba―. Rayos…

―Eres muy torpe, pero linda ―aseguró él tomando su mano―. Vamos, nos quedaremos en donde tú quieras.

―Que tenga dos camas, por favor.

―No hay problema, también se puede tener sexo en una cama individual.

―¡Adrien!

―¿Qué?

―No digas ese tipo de cosas.

―Oh, por favor. ¿Lo dice la chica que prácticamente me desnudó en un parque público?

―Eso no…

―¿No qué? ¿No cuenta porqué fuiste tú quien lo hizo? ―Golpeó suavemente su trasero, haciéndola apresurar el paso―. No me interesa, esta noche dormirás conmigo otra vez.

―Esto debe de poder ser denunciado de alguna manera.

―No, porque tú estás aceptando encantada de la vida. Ahora date prisa, que no quiero perder tiempo por ahí dando vueltas.

Para cuando se dio cuenta de la situación, estaba sentada en el asiento del copiloto en el auto de Adrien, sola, con el cinturón ajustado, esperando que este pagara la habitación de aquel motel a las afueras de la ciudad.

Tenía una ventaja. Ahí nadie los vería entrar o salir. El auto se detenía en frente de la habitación, en un estacionamiento privado y cercado, y la escena de antes no se tendría que repetir.

―Marinette ―llamó abriéndole la puerta ya en la habitación indicada―. Por aquí, por favor ―pidió tomando su mano.

Entró y aquello la dejó con la boca abierta. Era como las habitaciones que Bridgette le había mostrado en fotos por internet de hoteles en los que se había quedado, con yacusi, un potro, cama redonda y lleno de espejos, incluso el baño era transparente, no había una pisca de privacidad o decoro en ese lugar.

―¿Qué hacemos en este lugar? Se supone que solo íbamos a dormir y ya.

―Mari… quedarme en un hotel, con una chica tan hermosa como tú, solo para dormir y ya, no es para nada mi estilo.

Tan solo unos minutos después ella se encontraba desnuda dentro del yacusi. El agua estaba a una excelente temperatura y las burbujas eran demasiado relajantes. De sus labios solo salían sonidos procedentes del placer que las manos de su acompañante le hacían sentir. Se sujetaba con fuerza del borde de la tina mientras el sudor comenzaba a bajar por su frente.

―Ah… Adrien… ya basta… ―pidió sintiendo sus manos temblar―. En serio, detente…

―¿Por qué? Pareces disfrutarlo bastante… ―susurró a su oído.

―Sí, lo hago, en serio, eres muy bueno pero… comienzan a dolerme las rodillas.

―Lo siento ―retrocedió, sentándose de espaldas contra la tina―. ¿Te sientes más relajada ahora?

―Sí, ―dijo haciendo lo mismo frente a él―. La verdad no pensé que fueras tan bueno para dar masajes. Siento que me quité al menos tres años de encima.

―Te dije que era bueno.

―¿Dónde aprendiste? Eres casi un profesional.

―No quieres saber, princesa ―aseguró guiñando un ojo y ella enarcó una ceja.

―Eres de lo peor.

―Oye, no es mi culpa ser tan atractivo ―dijo mostrándose ofendido―. Puedes culpar por eso a mis padres… al parecer me hicieron con mucho amor. ¿Qué hay de ti? ―Preguntó corriéndose dentro del agua, quedando a su lado―. ¿En qué eres buena? ―pasó su brazo sobre los hombros femeninos.

―¿Yo…? Bueno, me gusta diseñar. De hecho, cuando Bridgette y yo éramos niñas, solía hacer vestidos que cocía a mano y ella modelaba, aunque la mayoría se desarmaban cuando se los quitaba, pero, ella siempre me apoyó en eso.

―Y tú le llenaste la cabeza de ideas sobre ser modelo.

―Supongo… creo que nos complementamos bien.

―Una tiene lo que le falta a la otra.

―Exacto…

―Te entiendo, Felix siempre fue mi cómplice, aun cuando al final el cargaría solo con el castigo de papá ya que a mí, por ser el segundo no me decían nada.

Ninguno de los dos dijo nada más, solo se quedaron observándose el uno al otro, el tiempo suficiente hasta que sus cuerpos comenzaron a sentir los efector de permanecer en agua durante tanto tiempo.

Aquella noche en particular, aunque los deseos por el otro estaban de sobra, ninguno intentó algún movimiento definitivo. Cuando llegó el momento, solo se metieron en la cama y ya. Sí, al despertar sin dudas harían lo que sus ganas les llevaran a hacer, pero por esa noche, el cansancio y tanta información solo les hacían querer dormir.

Para él se sentía bien, dormir junto a una persona que no estaba ahí esperando obtener la exclusiva de salir en la portada de una revista como la nueva afortunada que tenía en sus manos a uno de los gemelos Agreste, y para ella, se sentía bien finalmente dormir en los brazos de otra persona, aun cuando se sentía como una completa idiota por lo que había descubierto antes pero, era lindo, que alguien durmiera a tu lado tan plácidamente sin intentar seducirte o abrirte las piernas.

De todas maneras, no se quedaría de brazos cruzados después de lo que había pasado. Si bien, ahora sabía de la pequeña riña entre Adrien y Nathanael por culpa de Chloe y Hilary, ella no tenía nada que ver con eso y no se iba a dejar vencer tan fácil por su acompañante.

De hecho, las cartas estaban sobre la mesa y la decisión tomada. Se apoyaría en Adrien para dar con la verdad sobre aquel asunto en el que su hermana estaba envuelta y aprovecharía el tiempo para conseguir una cosa, una que acababa de llegar a su mente y deseaba conseguir más que nada.

Su venganza.

No se quedaría cruzada de brazos tras saber que Adrien y Nathanael la habían usado en uno de sus juegos. No señor, ella no era de esas estúpidas que se quedaban de brazos cruzados, bueno, lo había sido pero ya no. No permitiría que nadie volviera a jugar con ella como Yun lo había hecho.

Haría que Adrien Agreste se enamorara de ella, aunque fuera lo último que hiciera, solo para dejarle de lado una vez que él lo hiciera. Solo entonces, cuando estuviera segura de que él no la podría olvidar jamás lo arrojaría al vacío, que pagara los platos rotos y las consecuencias de sus propios actos.

Ese era el castigo que se merecía alguien como él.

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Continuará…


Gracias por leer y si les gusto, me encantaría conocer su opinión.

Nos leemos al siguiente =D
Besos~~ FanFicMatica :*