Caliope07 & Marisol: Gracias por sus reviews, sé que la historia está teniendo un giro esperado pero paciencia! Todo a su tiempo XD Marisol, en especial, gracias por el apoyo a esta pareja, quise hacerlo lo mas fiel a como son las personas en la realidad, sé que por ahora están yendo las cosas un poco como "la miel sobre las hojuelas" pero creeme, cada vez que avance la historia, se complicarán más las cosas. Jujuui me puede gustar lo tierno pero creo que esta pareja podría tener futuro siempre y cuando tenga el apoyo de los lectores y de lo que suceda en la trama. Sin embargo…
ARIGATO! Aunque sean dos personas que lean esta historia, soy muy feliz y tengo más ganas de seguir escribiendo :D
PD: Actualizaré los miércoles en la medida de lo posible y que los exámenes y la práctica en la U no me consuma D: cualquier cosa les estaré avisando por aquí.
Y ahora… aquí viene el 3° CAP!
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¿Alguna vez te has enamorado?
"En el pasado, me consideraba una chica débil y sin carácter para defenderme de los demás. Estaba rodeada de tantos lujos y cuidados y dependía tanto de Pariston, adorándolo e idolatrándolo como solo una hermana menor podía hacerlo, que el golpe de su traición fue demasiado para mí. Me cuesta ahora volver a creer en cualquier tipo de amor. Me cuesta no ver a mi padre sin acordarme de mi hermano. Sin embargo, por Misa me he vuelto una persona fuerte y por ella, podría hacer el esfuerzo de confiar en alguien de nuevo. Aunque el tiempo lo dirá.
K.H"
Un flash. El sonido obturador de la cámara fotográfica fue lo suficiente para despertar a la pelirroja, quien abrió pesadamente los ojos, dándose cuenta que ya era de día. ¿Cuántas horas había dormido? ¿Y los resultados? ¿Y su hermana? ¿Por qué Alluka la miraba de aquella manera, jugueteando con la cámara en sus manos? Y Killua, ¿por qué no la había despertado? Su mente comenzó a trabajar rápidamente, tratando de contestarse mentalmente todas aquellas preguntas, hasta que su mente emitió una luz roja que le hizo fruncir el ceño.
Un momento... Y Killua, ¿dónde está?
-Vaya, al fin uno de los tórtolos ha despertado.-saludó Cheadle, entrando en la habitación.
Kotori no entendió a qué venía aquel comentario hasta que vio la sonrisa burlona de la mujer y la resplandeciente de Alluka. Y cuando se incorporó levemente y sintió el peso de una mano sobre su cintura, sus sospechas fueron confirmadas.
Se giró lentamente, encontrándose con un Killua aún dormido, murmurando cosas ininteligibles al sentir el frío invadir su cuerpo.
Y entonces, el rostro de la chica se tornó del mismo color que su cabello, aunque no sabía si era de vergüenza o de ira exactamente.
-¿Qué diría Pariston en este momento?-volvió a decir la mujer, sonriendo anchamente.
Fue entonces que el chico abrió los ojos, encontrándose con seis pares de ojos que lo observaban de distintas formas. Su hermana, con felicidad. Cheadle, con burla. Y Kotori...
¡Un momento! ¿Cuándo había dejado su improvisada cama para meterse bajo las sábanas de su compañera?
-Tienes diez segundos para explicarme qué estás haciendo en mi cama.-advirtió la chica, apretando los dientes.
Sintió sus mejillas arder y un instante después, los ojos como fuego de Kotori invadieron su espacio personal, mientras ella le daba una bofetada que resonó cómicamente en la habitación.
-¡Eres un pervertido! ¡Idiota!-gritó enfurecida, antes de abandonar su cama y dirigirse, echa un torbellino rojizo, fuera de la habitación.
El peli-plateado recordó entonces lo que había pasado en la noche y quiso explicarse, aún con la mejilla ardiendo por el golpe, sin embargo, la joven había abandonado la habitación sin que pudiera decir nada.
-Mejor será que vayas a ver a Kotori-san, pequeña.-sugirió Cheadle, dándole una sonrisa amistosa a la niña, quien asintió vigorosamente y abandonó la habitación, tarareando alegremente.-Creo que ella realmente desea que ustedes estén juntos.-añadió con tono casual la mujer, volviendo a sonreír socarronamente al ver la expresión enfurruñada de su compañero y sus mejillas sonrosadas.-¿Tuvieron una mala noche?
-Pesadillas.-respondió el ojiazul, con los recuerdos vívidos de la noche inundando su mente.-Creo saber qué genes se mezclaron con los de Kotori...-susurró despacio, observando el rostro de la presidente.
Ésta, se puso seria.
-Veamos si coinciden con los resultados.-repuso, cerrando suavemente la puerta de la habitación.
-Entonces, ¿eso significa que saben cuál cuerpo fue usado para alterar los genes de Misa?
Cheadle apretó los labios, en un claro gesto de indecisión.
-No exactamente. No manejo información sobre las habilidades o el tipo de en, que ambas hormigas poseían, pero tal vez tú me ayudes a solucionar aquello llenando los vacíos que tengo.
Silencio. Killua meditó si compartir sus suposiciones y todo lo que sabía con aquella mujer, no tanto por desconfianza sino porque no quería hacer realidad aquella probabilidad.
-¿Y bien? ¿A quién usaron con Kotori?
El nombre le sabía mal en la boca, le sabía mal en su mente y le sabía mal en su estómago. Escupirlo sería como declarar una sentencia sobre la pelirroja.
Ojalá estuviera equivocado.
-Neferpitou.-pronunció lentamente, como si articular esa palabra le provocara náuseas y asco.
La expresión impertérrita de la presidente solo le confirmó lo peor de sus sospechas.
-Quimera mujer. Genes y rasgos felinos predominan en el ADN de Kotori-san ahora. Lo sé porque la comparamos con una muestra de su sangre que teníamos guardada y congelada en nuestro laboratorio de hace un año atrás. Sin embargo, eso no quiere decir que exactamente sea ella. Total, las hormigas quimera nacieron de una combinación de múltiples especies, además de la humana.-sonrió débilmente.-Tal vez sea Shaiapouf.
Pero el ojiazul sabía que no era así. Había sentido su en, había visto esa mirada asesina que nunca más se borraría de su mente, cuando fueron con Kite hacia NGL. Por ahora, eran pruebas y señales suficientes para saber que estaba en lo cierto.
-Lo mejor será decirle la verdad. Aunque no sé si sea conveniente decirle tus sospechas.-aseveró la mujer, yendo hacia la puerta.
-Creo que es mejor que lo sepa, por si acaso. De todas formas, solo son dos opciones y ninguna es tan alentadora como la otra.-determinó el joven, estirándose lo más que podía.
Tal vez fue más difícil para ellos que para la misma Kotori, revelarle los resultados del examen. Sus reacciones eran mucho más serenas que la noche anterior y se tomó con naturalidad la probabilidad de poseer los genes de la guardiana real Neferpitou. Tal vez debido a la noche de sueño que había pasado, lo único que le importaba en aquel momento era estar con su hermanita y protegerla de su hermano mayor.
-Estoy lista para partir en este preciso momento.-dictaminó muy seria, sus brazos cruzados en señal de orgullo y terquedad.
Killua entonces frunció el ceño molesto porque el posesivo utilizado lo excluía a él y a su hermana del asunto, aunque bien sabía que no estaba obligado a nada.
Sin embargo, se sentía comprometido en alguna medida con el asunto y estaba dispuesto a ayudar en todo lo que fuera necesario. Aunque al ver el rostro triste de Alluka, su corazón se estremeció y por un momento pensó que lo mejor sería desligarse del asunto.
Solo por un momento, porque la voz de su hermana menor resonó llena de molestia por la espaciosa sala.
-¡Yo también iré! Y Killua y Nanika también irán contigo, Kotori onee-chan. ¿Por qué quieres dejarnos abandonados?-fue su pregunta, su rostro comenzando a llenarse de lágrimas.
Cheadle se sorprendió de tal entereza en una niña tan pequeña e incluso el ojiazul también quedó sorprendido por el compromiso que estaba haciendo su hermana. Sonrió quedamente. Ese espíritu y esos nobles sentimientos eran solo de Alluka y de nadie más. Ella había sido conservada en los afectos que cuando pequeños él le otorgó y nunca los olvidó. Él, que tuvo que pasar por tantas cosas para entender el afecto y la amistad como dos pilares fundamentales en la vida de las personas, no podía aun expresarlo tan abiertamente como su hermana y por lo mismo, estaba gratamente sorprendido.
Vio que Kotori se arrodillaba a su altura, con una mirada triste en sus ojos ambarinos. Le recordaba tanto a Misa que le dolía quererla como si fuera otra hermana más que tuviera. Como si fuera un retrato antiguo de su propia hermana menor. No, ella no podía exponerla al peligro que se estaba gestando bajo las garras de su hermano y el oscuro plan que urdaba para ir al Continente Oscuro. Ella ya sabía que su destino sería en algún momento aquel, y no deseaba que Alluka fuera arrastrada a un lugar así. Además, si Pariston se enteraba de la habilidad sobrehumana que poseía la niña-a quien llamaba Nanika- no dudaría en buscarla, capturarla y usarla para sus fines egoístas.
-Sería mejor que siguieras recorriendo el mundo junto a tu hermano que te quiere mucho. No puedo permitir que vayas a un lugar donde seguramente saldrás herida.-y entonces volvió su vista al chico, pidiendo apoyo con su mirada.-Tu hermano se enojaría mucho conmigo si permitimos eso, ¿no?
No obstante, no contó con la sonrisa burlona que esbozó el chico y la chispa que brillaba en sus ojos.
-Lo siento, pero mi hermanita tiene razón. Nosotros iremos contigo y no se habla más.-anunció, cruzándose de brazos y mirando desafiante a la pelirroja que quedó desconcertada ante la determinación que reflejaban los ojos de Killua.
-Pero éste asunto no les concierne a ustedes...-trató de convencer la muchacha, sus ojos ambarinos abiertos en señal de frustración.
-Claro que sí. Es más, Cheadle sabe que sería de mucha ayuda proporcionándole información sobre Pouf y Pitou en particular. ¿Cierto, presidente?
La mujer, con las manos sobre la su regazo, asintió enérgicamente. Kotori abrió la boca dispuesta a reclamar pero los ojos vidriosos de Alluka y los zafiros penetrantes de Killua no le dejaron decir nada más. Resignada, soltó un suspiro de frustración y anunció que iría a empacar sus cosas y luego a la recepción para dar su renuncia voluntaria a ser ama del piso.
-Creo que está enojada.-aventuró a decir Cheadle, dándole una mirada de culpabilidad al joven al tiempo que se dirigía a la puerta principal donde sus guardaespaldas cuidaban la entrada a la suite. Les susurró algo rápidamente, antes de volver a cerrarla.-Saldremos en una hora, sería bueno que también empaquen sus cosas... Y que tú, Killua-san, hables con Kotori-san.
El peli-plateado asintió no muy seguro de qué decirle a la pelirroja que ciertamente debía de estar enojada con él, primero por haber amanecido en su cama y segundo, por haberla desafiado a ir con ella hacia la Asociación. A estas alturas Biscuit ya lo habría golpeado por insolente y Palm capazmente lo habría apuntado con un cuchillo.
Tocó quedamente la puerta de la habitación de la chica, más que mal quería ahorrarse otro motivo en la lista para ser golpeado. Se escuchó un "adelante" y el chico, aún sin entender por qué el nerviosismo se había apoderado de él, entró en la estancia.
La cama era un revoltijo de cosas aún sin guardar y la mochila que yacía a un costado de la cama estaba a medio llenar. Kotori, con semblante entristecido, miraba alguna de las cosas acariciando inconscientemente el dije que colgaba de su cuello. Killua se quedó quieto por un instante, sintiendo que estaba interrumpiendo un momento íntimo de la pelirroja, sin embargo, los ojos de la chica se fijaron en él justo en el momento en que se decidía a salir de la habitación y no pudo hacer más que quedarse prendado unos minutos de los orbes dorados de la muchacha.
-Perdón... No quise interrumpir.-se disculpó el chico, pasando una mano por su cabello plateado en señal de nerviosismo.
La joven siguió mirándolo intensamente hasta el punto de incomodar a Killua, aunque cambió su expresión a una tranquila y esbozó una pequeña sonrisa que dejó más anonadado al chico, realmente estaba muy calmada y eso le estaba comenzando a preocupar.
El dije brillaba débilmente con los rayos del sol que caían esa mañana y el ojiazul no pudo evitar volver a fijarse en aquel; era hermoso, elegante y misterioso, tres características que sin dudas describían a su dueña. Se sonrojó al pensar en aquello y volvió su vista al rostro de la chica, sin dudas no quería que pensara ahora que estaba viendo alguna parte de su anatomía como un pervertido.
-¿Te da curiosidad el dije?-preguntó Kotori con una sonrisa divertida.
La pregunta pilló desprevenido al chico.
-La verdad es que sí... ¿Quién te lo dio?
Un leve rubor apareció en las mejillas de la pelirroja.
-¿Cómo sabes que me lo dieron?
-Porque lo has conservado con mucho cuidado, incluso lo has convertido parte de una habilidad nen... Debes querer mucho a la persona que te lo obsequió.
La sonrisa agria que le dirigió tras sus palabras lo dejó descolocado, temiendo haber metido la pata aún más.
-En realidad, odio a la persona que me lo dio. Pero es por el mismo sentimiento de justicia y mi misión como cazadora de listas negras que lo he utilizado como parte de mi habilidad.-soltó una carcajada irónica, mientras echaba algo de ropa y un par de álbumes pequeños en la mochila.- No tiene un valor sentimental exactamente.
-Perdón... Yo no sabía de eso.-se disculpó el joven, yendo hacia ella y ayudándola a empacar las últimas cosas.-Pero... ¿Puedo saber quién te lo dio?
Los ojos ambarinos comenzaron a brillar con la chispa de la venganza en ellos.
-Mi hermano mayor.
Idiota. ¿Por qué tenía que preguntar esas cosas? Realmente no sabía tratar con mujeres. Estaba dicho.
-Cambia la cara, no estoy enfadada contigo.-tranquilizó la chica, cerrando su mochila y largando un suspiro.-De todas formas, es normal que la gente pregunte cosas como esas.
Killua asintió quedamente, aliviado en gran manera. La chica le propuso acompañarla a la recepción y el chico, algo más animado, le siguió fuera de la habitación y la suite, no sin antes anunciarle a Cheadle que volverían pronto.
-Hey, Killua...-llamó suavemente la joven, una vez que entraron en el ascensor y la recepcionista apretó el botón indicado por ellos.- ¿Alguna vez... Te has enamorado?
El susodicho se atragantó al escucharla, mirándola con pánico. ¿Por qué preguntaba cosas tan extrañas? Estaba seguro que al ser de la familia Zoldyck, nunca se enamoraría o experimentaría lo que los demás llamaban amor . Quería a Alluka pero de una forma muy diferente a lo que la pelirroja estaba señalando.
-No, la verdad nunca había pensado en eso hasta ahora... ¿Y tú? Supongo que te llueven pretendientes.-aseveró, arrepintiéndose de que su bocota dijera lo que estaba pensando en voz alta. La mirada confundida de su compañera lo trajo a la realidad, poniéndose nervioso-algo que ya estaba haciéndosele costumbre desde que la había conocido el día anterior-.-Es decir... Con lo sorprendente y bonita que eres, me extrañaría que no fueran así las cosas.
Y otra vez mi bocota la ha cagado. Ahora pensará que me estoy burlando de ella.
No obstante, la risa cascabel de la pelirroja disipó rápidamente sus pensamientos.
-Es verdad que este último año he tenido pretendientes.-algo dentro del chico se removió furiosamente al escuchar aquella información, haciendo que frunciera el ceño.-Pero realmente, nunca me he enamorado a pesar de que mi madre me habló muchas veces sobre eso. Será cosa de los asesinos, ¿no crees?
Killua no pudo ni asentir ni negar ante lo último dicho por ella pues las compuertas del ascensor se abrieron y la joven salió con su paso flotante y su larga cabellera roja balanceándose tras sus sinuosas caderas. Bufó exasperado, alejando de su mente esos pensamientos más propios de Leorio que de él.
Las preguntas extrañas de la chica habían provocado eso, estaba seguro.
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Sus ojos me recuerdan a veces a los de Gon. Son inocentes, determinados y alegres, seguramente porque aún no ha sido tocada por la maldad en profundidad. Es solo una niña. Tiene cinco años. Su hermana debe estar desesperada esperando para reencontrarse con ella. Espero que nunca, eso sí, llegue la oscuridad a su mirada y sea consumida por la venganza. Ése, es el veneno que mata a cualquier ser vivo.
Knov
-Esta niña va a sacarme más canas verdes que otra cosa. ¡Yo soy un cazador del mar, no una niñera!-se lamentó un hombre, sacándose por un momento sus gafas negras al tiempo que se desparramaba cansado en el sofá más cercano.
-Deberás comprender que el ser niñera fue un pedido de la misma Presidente de la Asociación de Cazadores con un único propósito: encontrar a esa chica posiblemente mutada.-recordó otro, ajustándose sus lentes en su anguloso rostro.
Morel y Knov se encontraban en la sala de estar luego de una mañana caótica y agitada con la pequeña niña que tenían a su cuidado. En aquel momento, ella se encontraba en la sala de juegos y el primero había escapado a descansar aliviado en el primer asiento confortable que vio, seguido por el segundo que sonreía divertido.
-Pareciera como si exterminar a las hormigas quimeras no fuera nada comparado con cuidar a una niña de cinco años.-apuntó Knov, volviendo a sonreír.
-En verdad, por lo menos era menos estresante...-su compañero soltó una carcajada, sin poder aguantar por más tiempo.- ¿Qué es lo gracioso?
Las carcajadas duraron por varios minutos, provocando que la pequeña niña saliera de su habitación a ver qué estaba sucediendo.
-Nada, nada.-y al advertir a la tercera persona que había invadido en la habitación, agregó:-Mira, ahí viene tu hija adoptiva.-señaló a la susodicha que se acercaba con una extraña mueca seria hasta donde los dos hombres se encontraban.
Lo que pudo haber sido una situación divertida se convirtió en un asunto de gravedad cuando la niña se lanzó hacia Morel en un claro gesto de querer hacerle daño.
Fue un segundo.
Fue rápido, tanto, que el hombre no tuvo tiempo más que para interponer su gran pipa entre él y la niña.
Fue un instante, uno donde la mirada de Morel se encontró con los ojos desquiciantes de cierta hormiga quimera que conocía muy bien.
Fue una fracción de segundo, los recuerdos volvieron vívidos a su mente y por esa instancia pensó que aún estaban en aquella torre derruida rodeados por su Deep Purple.
Y entonces, lo sintieron. Un en lleno de malignidad, aunque ciertamente, esta vez estaba teñido de venganza. Otra vez, la niña había vuelto a entrar en aquel episodio tan recurrente de agresividad pero esta vez, había subido a un nivel mayor.
Un nivel muy peligroso.
-Nosotros tenemos un asunto pendiente de tratar.-dijo la voz infantil, haciendo chirriar sus palabras, una vez que hubo tomado distancia entre los dos cazadores.-No creas que lo he olvidado.
El gesto torcido en su rostro discordaba mucho con el rostro infantil y ciertamente bonito de la niña. Morel y Knov se quedaron quietos, tratando de procesar la nueva información recibida.
-¿Quién...?
-Lo malo es que estoy en este cuerpo infantil y no puedo usar mis habilidades al cien por ciento.-siguió diciendo la niña, sus ojos entrecerrados de fastidio. Entonces, volvió su vista a la puerta, soltando un gruñido.-Lamentablemente, será mejor que dejemos nuestro enfrentamiento hasta aquí, alguien viene y no estoy dispuesto a ser la figura de vergüenza pública en este momento.-la niña se acercó otro tanto, mirando asesinamente a Morel.-La próxima vez que nos veamos, cuando pueda volver a este cuerpo, te mataré. Por el rey.
La pequeña cayó inconsciente al tiempo que Knov se acercaba a ella y la tomaba en brazos para que no se golpeara contra el duro piso. La puerta se abrió un minuto después, dejando ver a tres figuras que quedaron desconcertadas al ver la escena.
-¿Qué pasó?-dijo el primero, corriendo a asistir a la pequeña niña que había sido colocada en un sofá lejos de Morel.
La segunda figura frunció el ceño, mirando comprensivamente a Knov quien asintió quedamente, suspiró, ella temía que algo así podía suceder y ahora... Estaba hecho.
-Pouf. Se ha apoderado de Misa, no sé cómo... Y le ha dicho a Morel que lo mataría.-relató Palm, analizando las señales vitales de la niña.
La sorpresa de sus acompañantes fue latente.
-Hay que avisar inmediatamente a Cheadle.-urgió Knov, dándole una mirada a la hormiga quimera, quien sin palabras, salió raudo de la habitación en busca de Beans.-Esto es grave. Si Pouf pudo hacerlo, no dudo que Pitou lo haga con su hermana mayor.
-Más aún. Si Gon se entera, querrá incluso matarla.-susurró Morel, levantándose de su asiento y cargando a la niña entre sus brazos para llevarla a su habitación.-Solo espero que la Presidente haya convencido a Kotori Hill para venir a la Asociación.
Palm asintió, Knov apretó los labios y Knuckle, quien había quedado impactado por la escena, soltó un bufido preocupado.
Contaban los minutos para que la mujer volviera, con la heredera de los Hill a salvo.
