-Ahora sé bueno, y cuando acabes de beberte la leche, desnúdate, ¿de acuerdo?

Tan pronto como esa frase llegó a sus oídos, el rubio casi escupió el sorbo que estaba tomando en aquel momento, y nada consiguió impedir que no se atragantase con susodicha bebida.- ¿¡Q-qué!?- Consiguió exclamar, entre toses y un tono de voz agudo que delató el elevado nivel de su sorpresa.

-¿Hm?- La peliazul, al parecer, inconsciente de lo que había dicho, o más bien, de la forma en que lo había dicho, se dio media vuelta al escucharle tan sumamente alterado. Y ahí fue cuando, finalmente, se percató de sus palabras.- ¡Ahhhh! ¡N-no quise decir eso! B-Bueno... Sí, ¡pero n-no! ¡Agh!- Su rostro se había teñido de un intenso rojo, y, su capacidad para pensar, se había vuelto completamente nula. ¡Pero tenía que explicarse fuese como fuese, o sino, quedaría como una completa pervertida!

-L-la verdad... No creo que sea una buena idea. Y-yo...- Consumido por los nervios, Chat evitaba a cualquier costo mirar a la muchacha. Sus pómulos también se habían coloreado, y sus ojos, daban vueltas sin pararse en ningún punto en concreto. ¿O era su cabeza la que se movía? No, no. Definitivamente, debía ser su alrededor lo que no paraba de girar en torno a él.

-¡Q-que no!- Hastiada por la conmoción, Marinette terminó por hacerse con la cajita de primeros auxilios que había estado buscando, y enseguida, se acercó hacia él, sintiendo sus piernas temblar.- El otro día terminaste herido, ¿verdad? ¡D-deja que te revise!

Al avistar el maletín que su compañera había dejado sobre la mesa, cualquier rastro de tensión que su cuerpo había acumulado, desapareció de inmediato, y por consiguiente, sus ojos adquirieron un brillo que le mantuvieron meditando durante unos momentos. Y es que, ¿cuándo fue la última vez que alguien se había preocupado así por él, ya fuese en su forma civil o transformado? Ni siquiera podía recordarlo, y aunque ardiese en deseos de aceptar su petición, no podía permitirse el lujo de dejar de lado su papel de gato orgulloso, por mucho trabajo que le costase.- Princess, ¿no sabías que los gatos tenemos siete vidas? No hay nada que debas revisar. ¡Estoy en perfecto estado~!

-¡Por favor!- Marinette, quien parecía no haberle prestado atención, permaneció insistente con su petición; debía convencerle como buenamente pudiese.- N-no tardaré mucho...

Chat, consciente de que jactarse no le llevaría a ningún lado, agachó sus orejas gatunas, consumido por un mar de dudas que no dejaban de asaltarle. ¿De verdad era lo correcto que, por esa ocasión, se dejase llevar por lo que realmente quería, o debía dejar por encima su responsabilidad como héroe?

Entonces, sus afilados ojos por fin reunieron el valor para buscar el rostro de Marinette, en el cual, podía apreciar auténtica preocupación hacia su persona. Hah. Si tan solo le mostrase esa faceta cuando era Adrien...- E-está bien. Solo por esta vez...

Finalmente, fue la tierna expresión de la peliazul la que le incitó a hacer caso, por lo que, sin más dilación, agarró el cascabel que funcionaba como cremallera para comenzar a deslizarlo hacia abajo, paulatinamente, pues, a pesar de todos sus trabajos como modelo, sería la primera vez que enseñaría su torso desnudo, ¡y además a su compañera de clase, o mejor dicho, a la primera amiga que hizo! Eso, a pesar de que la máscara le "protegiese", solo conseguía acelerar sus pulsaciones y el palpitar de su corazón.

Marinette entonces, suspiró aliviada, y a punto estuvo de exclamar su agradecimiento, de no ser porque, tan pronto como el pecho de su compañero empezó a ser visible para ella, de inmediato se planteó si eso de verdad estaba bien. Es decir, por supuesto que era lo correcto, pero no por ello estaba siéndole desleal a sus sentimientos hacia Adrien, ¿verdad?

Mientras se sumía en esos pensamientos, Chat Noir bajó el traje hasta su cintura, y, puesto que no podía permitirse el lujo de deshacerse de sus guantes, dado que cierto anillo se encontraba de por medio, mantuvo las mangas a la altura de sus codos, suponiendo que con eso, sería suficiente. A continuación, y con recelo, fijó sus ojos en la peliazul, quien parecía estar ausente mentalmente.- ¿Ma... Princess?- Carraspeó, procurando llamar su atención; algo que de inmediato pareció lograr.

-¡S-sí! -De un brinco, volvió a la realidad, aunque quizás hubiera sido mejor no haberlo hecho, puesto que sus ojos irremediablemente se toparon con el bien formado cuerpo del rubio, y, como consecuencia, durante unos instantes olvidó cómo se suponía que debía proceder a continuación.- V-vamos a ver...- Con una fingida calma, rebuscó en el interior del maletín varios materiales para ponerse manos a la obra cuanto antes, y, una vez los tuvo entre sus manos, se situó frente a la espalda del muchacho, pudiendo apreciar de inmediato la cantidad de heridas que mancillaban su piel, junto a alguna que otra quemadura que, por suerte, no parecía ser demasiado grave.- Ugh... La pelea debió ser horrible...- Murmuró, con un deje de culpabilidad.

Con sumo cuidado, empezó a limpiar aquellos arañazos, mas fue irremediable que algún que otro leve quejido escapase de los labios de Chat Noir, quien, a pesar de todo, trató de mantenerse firme durante esos interminables minutos.

-En absoluto. Son gajes del oficio. Ya estoy acostumbrado a ello~.- Una vez más, alardeó de algo que no debería, y, por ello mismo, Marinette le proporcionó un delicado manotazo en la espalda una vez hubo terminado de curarle, consiguiendo así que el muchacho se levantase del sofá de un salto, dejando entrever su molestia.- ¿¡Por qué has hecho eso!?

-Porque eres un mentiroso. -Con una leve sonrisa, pellizcó la nariz del rubio, pues en ese instante, no pudo evitar verle como a un niño pequeño, y, aprovechando que ahora se encontraban frente a frente, pudo ver que las heridas de su pecho y abdomen estaban en mucho mejor estado que las de la parte posterior.- Oh. ¿Estas pudiste curarlas tú mismo, gatito?

-Por supuesto que sí. Ya te dije que todo esto no hacía falta.- Con las manos en la cintura, dejó un mayor campo de visión para que la contraria apreciase mucho mejor lo bien que estaban cicatrizando aquellas heridas de las que parecía estar tan orgulloso. Incluso pareció que se había olvidado de lo bochornosa que había sido la situación al principio.- ¿Ves? Estoy en plena forma.- Insistió, moviéndose de un lado a otro, tal y como si de una sesión fotográfica se tratase.

-Sí, sí.- La peliazul, aún con esa alegre curva dibujada sobre sus labios, optó por ayudarle a ponerse el traje de nuevo, subiendo las mangas con sumo cuidado para que aquellas curas no se echasen a perder.- Ya hemos terminado.- Musitó, continuando con el cierre.

El sonido de la cremallera ascendiendo, era lo único que se podía escuchar en la sala en ese momento. La respiración de Chat parecía haberse cortado, mas Marinette daba la impresión de que no se había percatado de ello.- ¡Listo! -Exclamó entonces, chocando su dedo contra el cascabel para que éste timbrase; algo que no pudo evitar.

Posteriormente, sus orbes azulados se elevaron casi de manera inconsciente, hasta que los labios del muchacho se cruzaron en su camino, manteniéndola absorta durante unos largos segundos. Éstos se encontraban humedecidos, y, por extraño que resultase, había sentido una insólita necesidad de unirlos junto a los suyos. ¿Qué estaba ocurriéndola? Al menos, consiguió alejar un poco aquel impulso al levantar su vista un poco más; hasta toparse con los felinos ojos de su compañero, quien también se encontraba observándola fijamente. Rayos. Casi podía sentir que estaba cayendo hipnotizada frente a aquella electrizante mirada.

Pero Chat Noir no se encontraba mucho mejor que ella. A pesar de que se suponía que solo tenía ojos para su Lady, lo que estaba experimentado teniendo el rostro de Marinette tan cercano al suyo, no podría ser capaz de expresarlo con palabras. Un incesante cosquilleo le recorría de pies a cabeza, y, junto a su corazón, que daba la impresión de que se le saldría del pecho de un momento a otro, mantenían la mente del rubio hecha un desastre; sin poder organizar bien sus pensamientos. Y, entonces, a punto estuvo de actuar sin pensar: sus manos se habían alzado con el propósito de agarrar las muñecas de la muchacha con suavidad, mas algo le detuvo justo cuando sus dedos ya se encontraban rozando la pálida piel de Marinette. Ese algo no era otra cosa que cierto pitido avisándole de los escasos minutos que le quedaban. Al menos, gracias a ello, ambos pudieron reaccionar antes de hacer algo que no debían, aunque no por eso, la tensión de la reciente situación se esfumaría así como así. Los dos se avergonzaban por las miradas que se habían dedicado, pero a ninguno se le ocurrió disculparse, quizás porque, a pesar de todo, no sentían ningún tipo de remordimiento.

-P-parece que te he entretenido demasiado… Haha~… -Rascándose la cabeza, Marinette fue la primera en hablar. Sentía su cuerpo completamente rígido, y, muy a su pesar, las cuerdas vocales le fallaron, dejando así que su voz estropease dicha frase con un ligero temblor que ojalá el rubio no hubiese notado.

-En absoluto, pero debo marcharme ya, Princess.- El muchacho también anhelaba mantener la compostura, por lo que, siguiendo la costumbre, inclinó su cuerpo hacia delante para dedicarle una elegante reverencia antes de darse media vuelta. La ventana sería una buena opción para salir.

Pero entonces, sus planes se vieron momentáneamente interrumpidos cuando sintió las delicadas manos de su princesa sujetando la suya. Marinette se mantenía cabizbaja, y no cesaba de apretar y separar sus labios. No era difícil adivinar que quería decirle algo, pero no encontraba las palabras adecuadas, quizás, por temor a meter la pata de nuevo y decir algo carente de sentido.

-¿Princess…? -Claro estaba que, si por él fuera, aguardaría un poco más en aquel apacible hogar, pero el tiempo ahora jugaba en su contra, y, que la chica descubriese su identidad, no era algo que estuviese entre sus futuros propósitos.

-…¿V-volverás… Otro día…? -Consiguió cuestionar, aún con la mirada en el suelo.

En ese momento, Chat Noir sintió su corazón encogerse, no solo por la pregunta, sino por el enternecedor rostro coloreado de rojo que la joven trataba de camuflar a cualquier precio, mas sin resultados. ¿Y cómo podría decirle que no, cuando él también deseaba que tal agradable velada volviese a repetirse, y, de ser posible, con mucho más tiempo de por medio?

-Por supuesto que sí, My Princess. Tienes mi palabra. -De inmediato, tomó las manos que habían estado reteniendo la suya, y, en el dorso de una de ellas, depositó un exquisito beso antes de despedirse de nuevo.- Nos veremos pronto. -Finalizó, con un guiño y una galante sonrisa antes de salir por la ventana y desaparecer entre los tejados de los edificios que rodeaban la casa de Marinette.

Y fue cuando el gatito desapareció, que Tikki salió de su escondrijo, cubriendo la boca con sus patitas, aún sin dar crédito a los recientes acontecimientos.- ¿Qué ha sido todo eso, Marinette? -Inquirió, aún sin estar demasiado segura sobre si debería preocuparse o alegrarse.

-Tikki… -Sus piernas no aguantaban más el peso de su cuerpo, por lo que se dejó caer sobre el sillón, exhausta.- … Yo tampoco lo sé. Solo me dejé llevar y… -Con un alargado suspiro, interrumpió su frase, y entonces, miró la mano en la que había recibido el beso. En ella, aún podía sentir el tacto y la calidez de sus labios, a lo que fue irremediable que sonriese. -Quizás es ahora cuando me estoy empezando a dar cuenta de cómo es realmente ese gatito, y estoy comenzando a verlo con otros ojos… -Algo que pensó que nunca ocurriría, estaba empezando a suceder, y, a pesar de que su corazón aún se encontraba palpitando por Chat, de su mente no se alejaba la imagen de Adrien. ¿Qué iba a hacer al respecto? Porque de ninguna de las maneras, se imaginaba desenamorándose de Adrien y escogiendo a un chico enmascarado y, relativamente desconocido, en su lugar.

-Ay, Marinette… No vayas a precipitarte, ¿de acuerdo?- El pequeño kwami revoloteó hasta la muchacha. Bien sabía que las cosas podrían complicarse de ahora en adelante, y aunque no pudiese hacer o decir mucho al respecto, al menos confiaba en que le hiciese caso y no fuese a cometer un error por apresurarse sin más.

La del pelo azul tan solo asintió, y, a continuación, se fijó en lo tarde que se había hecho. Desde luego, ese chico consumía su tiempo sin que se diese cuenta de ello.

Por tanto, tras recoger todo lo que había usado, se dirigió hacia su habitación a descansar. Seguro que el día siguiente también sería intenso a sabiendas de que Alya la interrogaría sobre su repentina desaparición, además de que su indignación debía de ser enorme debido a la forma en la que habían perdido de vista a Chat Noir y Ladybug.- Ojalá pudiera pedirle disculpas a Alya. -Con pesadez, bostezó, y tan pronto como apagó la luz de su lamparita, cayó dormida en un profundo sueño.


Mientras tanto, Chat Noir, por los pelos consiguió llegar a su habitación antes de que la transformación se agotase. Apenas entró por la ventana, Plagg salió disparado de su anillo hasta aterrizar sobre la cama del muchacho, totalmente agotado, al parecer.

-Agh… Me muero… Camembert… -El kwami negro, sobreactuando, rogó por su preciado queso; algo que realmente no pareció funcionar, puesto que Adrien parecía estar en una nube, alejado por completo de la realidad y las necesidades de su compañero.- ¿Me estás oyendo? Tsk. -Gruñó, pues bien le constaba que los motivos del comportamiento del rubio no podían ser otros que aquellos mortificantes temas relacionados con el amor.

-Plagg… Creo que es la primera vez que he podido estar en compañía de Marinette mostrándose tan vulnerable y exponiéndome sus deseos de volver a verme de esa manera… -Absorto, recordando sus más dulces expresiones, se dejó caer sobre el colchón, boca abajo.- ¿No crees que ha sido fascinante? -Con un intenso brillo en sus ojos, miró al pequeño, entusiasmado, aunque éste tan solo se encogió de hombros, mostrando su indiferencia.

-Lo que tú digas, pero ahora vuelve en ti y tráeme comida. -Insistió. La paciencia empezaba a agotársele.

-Hah… Desde mañana trataré de hablar más con ella, pero no solo como Chat Noir.

Sin mostrar ni un ápice de molestia ante la falta de consideración de Plagg, Adrien se levantó de la cama, dispuesto a bajar a la cocina para saciar el apetito de su diminuto amigo. Y es que, si ya de por sí disfrutaba asistiendo a la escuela cada día, no podía evitar sentirse más impaciente que nunca por que la mañana siguiente llegase cuanto antes. Quería conocerla más a fondo. ¿Cuántas cosas podrían tener en común? No podía evitar pensar que bastantes. ¡Tch! Tendría que haberse acercado más a ella desde el principio, pues ahora no le quedaba más remedio que rogar que a Marinette no le extrañase su repentino interés y acercamiento hacia ella.


Continuará.

¡Hola, hola! Primero de todo, he de decir que me reí muchísimo leyendo vuestras reacciones y comentarios, y vaya, no puede alegrarme más que os esté gustando el rumbo que está tomando esta historia.

Espero que este capítulo también haya sido de vuestro agrado, y para los que os esperábais otra situación (?)solo deciros que no tendría problema en escribir algún lemon conforme esto vaya avanzando, pero eso lo dejaré a vuestra elección. Ya sabéis que acepto sugerencias. C:

Y creo que eso es todo por hoy. ¡Saludos a todos, y muchísimas gracias por leer!