CHAPTER 2: Going through the motions


Time to admit it, a man's got a limit,
Going through the motions,
I've hit the bottom, lost and forgotten,
Going through the motions,
My mind's about to overload,
It's a time bomb and it's set to blow,
Then we'll be,
Going through the motions, go, go, go.

Esto apestaba. Daba asco volver a una rutina agotadora, una rutina que te dejaba exhausto, aburrido y sin ganas de desprenderte de la cama al día siguiente. Porque por más que correr en cuatro patas por el bosque sintiendo el aire húmedo y frío contra el largo pelaje o saber con precisión cada sonido que sucedía a tu alrededor estuviera genial, no podías comparar aquellos placeres salvajes con la comodidad de dormir sobre una superficie plana, recta y suave.

Bufé antes de abrir la puerta de casa. Era pan comido entrar sin hacer ruido, es más, me podría haber ahorrado unas cuantas molestias y entrar por la ventana –la cual debería estar abierta –pero sabía que mi madre estaba esperándome en la sala. Seguramente se habría quedado dormida, pero era inevitable ignorar la luz de la sala encendida. Como de costumbre, encontré que la puerta no tenía puesta las llaves e ingresé con naturalidad a mi pequeño hogar.

Mi madre reposaba dormida sobre el viejo sofá rojo mate teniendo como centinela una larga lámpara antigua, reliquia que había rescatado de una venta de garaje. Su leve respiración se me antojó tranquila y pacífica a tal punto que dudé si en verdad estaba dormida o se estaba haciendo. No sería la primera vez que ella me hiciera este tipo de bromas –ni tampoco la última –pero sin embargo, consideré que las tremendas ojeras debajo de sus ojos eran suficiente muestra de que se la había pasado velando por mí. ¿Cuándo iba a entender que yo estaba crecidito como para que ella me aguardara cada madrugada hasta que volviera? ¿Es que no podía entender que podía cuidarme solo?

Di dos cortos pasos hasta donde estaba ella y la estudié con la mirada; definitivamente estaba dormida, profundamente dormida. Me encaminé hacia la cocina para encontrar algo con que entretener mi estómago y no pude si quiera abrir la heladera cuando escuché los resortes del sofá chillando. Fantástico, ella se abría despertado.

–Embry Call, estas no son horas para llegar a casa –afirmó decidida.

Puse los ojos en blanco aún de espaldas. Otra vez había olvidado cerrar la puerta detrás de mí y el frío aire de diciembre abría ingresado y despertado a Mary. Maldije una y otra vez e intente distraerme con cualquier cosa.

–Al menos podrías explicarme qué estuviste haciendo…

–Ya te dije que me quedé en lo de Jacob jugando con la consola de videojuegos.

–Embry Call, tienes casi diecinueve años, no me puedes venir con semejante mentira –replicó molesta –Te he llevado dentro de mi vientre desde siempre, así que no puedes venir a engañarme. A mí no.

Me mordí la lengua, ella no se merecía que le gritara ni mucho menos que le echara en cara lo mal que estaba andando mi vida. Me di una media vuelta para tenerla de frente, pero hablé sin mirarla directamente a los ojos; la vergüenza me comía vivo…

–Tienes que entender que no tienes que saberlo, es algo que tú debes ignorar a toda costa.

– ¿Por qué, hijo?

–Porque sí. No puedo explicártelo –no hasta que tenga el permiso para hacerlo –Y en serio que lamento que no lo sepas, pero es necesario que tú desconozcas lo que…sucede, eh, en la noche.

Mary me contempló largos minutos con la mirada hasta que sus párpados se rindieron y comenzaron a cerrarse. Di por concluida la discusión y volví a concentrarme en mi tarea de encontrar algo con que entretener a mi sistema digestivo. Tuve suerte de hallar pollo frío que habíamos cenado la noche anterior y sin necesidad de meterlo en el microondas, me lo devoré enseguida.

–Como tu madre tengo el derecho de saber qué me ocultas, Embry. No tolero las mentiras.

–Mamá no empieces –interrumpí bebiendo un vaso con soda.

–Sabes que yo sólo me preocupo por ti, hijo. Billy ha estado ignorando mis llamados, Sue Clearwater no sabe explicarme lo que pasa y el viejo Quil Ateara me evita cada que saco el tema. ¡Por la Virgen María, Embry, soy tu madre, tengo que saberlo!

Odiaba cuando empleaba a los Santos para meterme presión. Ni ella ni yo éramos creyentes, pero ella solía nombrar la fe en estas cuestiones. ¿Sería posible que un Dios permitiera la existencia de vampiros y hombres lobo? Y si fuera así, ¿por qué tenían que ser adolescentes que sólo querían vivir una vida normal?

Dejé el vaso de vidrio para lavar y me encaminé a mi habitación. Por suerte, la casa era pequeña, y con mis zancadas podía recorrerla en pocos segundos. Tapé mis oídos para no escuchar las quejas de mi madre y me encerré en mi cuarto, echando llave para que ella no optara por entrar y seguir hablándome sobre el tema. Ya no me quedaban excusas para "explicarle" que hacía un par de años que yo era un hombre lobo y que no podía decírselo por convenio de los líderes. Aunque nada de esto era justo, ¿por qué Sue, Billy y Ateara podían saberlo? Sencillo; ellos formaban parte del "Consejo" y sí o sí tenían que estar al tanto de todo lo que sucediera. Y si Jake se hacía el tonto y no pasaba informe sobre las novedades, el triunvirato concurría a lo de Sam, quien con orgullo plasmaba oralmente la información.

¡Puaj!

– ¡Embry Call, ábreme la puerta ahora mismo! –le escuché chillar.

– ¡Estoy durmiendo, mamá!

– ¡No me importa, quiero que me abras ahora!

Tomé una almohada y me la puse sobre la cabeza. No funcionó; la agudeza de mi oído era tal que no podía filtrar las palabras de mi madre, por lo que tuve que utilizar otros medios. Agarré del cajón del ropero unos auriculares y la radio portátil y dejé encendida la radio. Por más que de fondo podía escucharla aún, mi sueño acumulado y lo interesante de la música me distrajeron hasta que me quedé profundamente dormido.

….

¿Embry Call tenía siempre ese tipo de discusiones con su madre? –preguntó ella con un voz aguda a causa de la duda.

Siempre –contesté viajando en el tiempo –el pobre no tenía ni un minuto de paz siempre que volvía de las largas patrullas.

¡Pobre niño! –Se lamentó frunciendo el ceño –debió de ser una adolescencia difícil.

Medité sus palabras. De hecho, sí. No había tenido una infancia para nada llevadera si es que teníamos en cuenta los varios problemas familiares con los cuales él debía enfrentarse cada mañana tras tomar el desayuno. ¿Debía mencionar el tema de su padre?

De cualquier forma, él no tenía ese único problema –repuse buscando sus ojos –no siempre fue ese el motivo de peleas entre su madre y él, más bien, el tema corría por otro lado. Embry entendía que si su madre no le rebelaba quien era su verdadero padre, él no tendría porqué confesarle su naturaleza.

Pero eso no sería justo para la pobre Mary. Es decir, ella sólo intentaba protegerlo.

¿De qué? –Inquirí entre dientes –el chico tenía derecho a saber sobre el otro 50% de su familia, eso no tiene nada de malo ni nada peligroso.

Discúlpame si te contradigo –declaró con seguridad y elegancia –pero creo que todas las mujeres tenemos un sexto sentido imperceptible llamado intuición. Que ustedes, los hombres, no entiendan cómo funciona no llega a nuestros intereses.

Sonreí. Ella siempre sabía cómo hacerme callar o por lo menos como convencerme de dejarla ganar en una discusión. Me concentré en lo que le estaba contando, y volví a la narración…

...

Un pájaro cantaba afuera. El viento acompañaba sus melodías con su propia entonación a la vez que movía y deshacía los pequeños montículos que iban acumulando hojas secas, las hojas del otoño olvidado. Afuera, el frío ocupaba todo espacio físico y varias expresiones del mismo eran visibles. La nieve, por ejemplo, era un espectáculo muy interesante de ver, especialmente cuando caía desde el cielo. Me pregunté porqué estaba ese pajarito desafiando el frío ahí afuera.

El gruñido de mi estómago me hizo acordar que me importaba muy poco por lo que me dirigí al baño para poder asearme antes de bajar a desayunar. Cuando lo hice, pasé antes por la habitación de Mary y la encontré suavemente recostada sobre su cama, con apenas una bata vieja como abrigo. La pobre se estremecía de frío así que, la tapé con unas mantas. Me preparé algo rápido para comer y desayuné en silencio.

Por suerte, el pájaro no cantaba más y me daba espacio para poder pensar y pasar en limpio varias cosas. Por ejemplo, Leah debería estar con todo el cuerpo vendado y tendría que esperar como dos semanas hasta que los más grandes se le soldaran de nuevo. Vi esto desde el lado optimista; no tendría que soportar sus molestos comentarios acerca de mi soltería durante dos semanas. El problema estaba en que, de la misma manera que ella no iba a estar para molestarme, contábamos con un integrante menos para las cacerías. Ahora éramos un número par en nuestra manada, aunque consideraba obvio el hecho de que Sam no iba a permitir que cometiéramos otro desliz por lo que él mismo –con su manada –irían a encargarse de capturar a la sanguijuela.

La idea me agradaba bastante si es que la veíamos desde el punto de vista práctico; tendría más tiempo para actualizarme con el instituto y podría hacer frente al último año de secundaria mucho más preparado. Tenía que encontrar la manera de conseguir una beca para irme a estudiar lejos de La Push. No podía seguir siendo un estorbo para mamá ni tampoco pretendía pasarme la vida metido en esto de ser lobo. No le faltaba el respeto a nadie declarando que por esto no me pagaban y eso que me pasaba horas extras haciendo algo que podría darme lugar para experimentar otras cosas.

Sin embargo, cazar vampiros era un lujo de los pocos. Sin duda, se comparaba con subirse a un Bugatti Veyron, un SSC Ultimate Aero o un Pagani Zonda Roadster F C12 7,3 Clubsport. Nada mejor que deslizarse con esas ruedas y disfrutar del exquisito sonido de motor rugiendo suavemente cada que presionabas el acelerador y la velocidad te dejaba ciego. Pero todo eso era superado por la satisfacción que causaba correr en cuatro patas por el bosque persiguiendo a tu peor enemigo, dejando convivir los instintos de humano con los salvajes de un lobo. Porque por más que tuvieras esas bellezas rápidas, no podrías vivir sabiendo que deseas tener en tus propias patas los músculos necesarios para igualar aquellas increíbles e inimaginables velocidades.

De repente, sonó el teléfono.

Me apresuré a alcanzarlo aunque no tuve que hacer más que estirar el brazo para tomarlo. Suerte que era inalámbrico.

–¿Diga?

–Hola, Embry. Aquí Jacob. ¿Tienes alguna novedad de Leah?

–¿Es que soy tu secretario?

–Lo siento si interrumpí lo que fuera que estuvieras haciendo.

–Vale, como sea. No sé nada de Leah, apenas llegué a casa y en vez de comerme un plato de comida, me comí otra pelea con mi madre.

El silencio del otro lado fue abominable. Pero por suerte me quedé tranquilo al percibir la respiración de Jacob contra el teléfono.

–Oye, lo lamento. Estoy tratando de convencer a Billy para que le expliquen a tu madre. Pero quién sabe cómo se lo tomará…

–Sí, bueno, lo que sea. Si no tiene que saberlo, pues tendrá que quedarse con las ganas…

–De veras lo siento, hermano.

–Descuida, Jake. No es la primera (ni la última) vez que tengo este tipo de batallas.

Escuché el eco de sus risas.

–Bien, entonces, te veo en el instituto… ¿Puedo pedirte que me cubras en la primera hora? Tengo pensado pasarme por lo de los Clearwater para ver cómo esta la rebelde de Leah. Sue debe de haber sufrido una larga noche…

–Sabes que no puedo desobedecer las órdenes de mi Alpha, Jake –dije sarcásticamente –Además, para eso estamos los amigos.

–Gracias, Embry, eres como muy pocos.

–Descuida, Jake. Adiós.

–Hasta dentro de dos horas. ¡Ah! Por cierto, Billy te manda saludos.

–Mándale otros de mi parte.

Segundos después el teléfono descansaba sobre la mesa. Bebí los últimos sorbos de café y tras tomar la mochila, salí hacia la calle. Agradecí al cielo tener a mi favor un una alta temperatura corporal porque no tenía mi viejo Fiat 600, ya que se encontraba en el taller de Jake.

Jacob era alguien al cual, honestamente, admiraba. Él no tenía que preocuparse por entrar en la Universidad porque tenía un buen futuro asegurado en Forks arreglando autos. No era que ser mecánico te iba a solucionar la vida, pero por lo menos tenía algo para hacer cuando termináramos la secundaria –sin mencionar que el trabajo le quedaba como anillo al dedo, ya que no había mejor actividad que disfrutara Jake que no fuera el arreglar motores –.

Por otra parte, tenía a su lado a una belleza de mujer, la pequeña Nessie. ¿Pequeña? ¡Qué ironía, por Dios! La chica había alcanzado una asombrosa madurez en unos siete años y era increíble el exceso de belleza que veías en su figurita. Un precioso cabello cobre largo hasta la cintura del tamaño de una avispa. Tenía también, una curvas peligrosas en las cuales –desde mi punto de vista –tendrían que tener un policía que pudiera poner multas a quien quisiera tomarlas. Jake podría encargarse de ese trabajo, pensé sarcásticamente mientras dejaba escapar una rizota al aire frío.

Pero también contaba con la presencia masculina de la figura paterna. Él tenía la suerte de compartir la vivienda con un hombre fuerte, hecho de acero inoxidable que sabía todo sobre todo. Si tenías dudas sobre la licantropía, no había mejor hombre para responderte que no fuera Billy Black. El tipo con sus años de sabidurías y experiencias, era como una Enciclopedia del saber y funcionaba mucho mejor que el Google (era mucho más eficaz y veloz y también no tenías que andar dudando si la información era o no verídica)

Aunque si usábamos esos motivos para tener que admirar a Jacob, podríamos emplear la graciosa figura de Quil para comparar mi vida con alguien. Quil también tenía imprimación y también tenía padre, PERO; su imprimación era una nena inmadura y su padre prefería mantenerse al margen de las cuestiones "mágicas" de la tribu. Por lo tanto, mi amigo recurría a los consejos de su abuelo, el viejo y simpático Ateara. Pero consultarle a un abuelo no era lo mismo que a tu padre, no, por supuesto que no. Y, sinceramente, no era que Claire me cayera mal, al contrario ¡ella era todo un personaje!, pero preferiría mil veces poder imprimarme de una mujer hecha y derecha y no una niña cuya mente no es apta para pensar en Universidades, trabajo o formar una familia….

– ¡Diablos, Embry! –Pensé en voz alta –Deberías conseguirte una novia en "citas a ciegas" o acabarás enfermo de la cabeza, hermano –hice una pausa para comprobar que nadie me estaba escuchando –Sólo tengo diecinueve año y ya estoy pensando en…–meneé varias veces la cabeza, tratando de quitarme esos pensamientos.

¿Formar una familia? ¿En qué estaba pensando? ¿Qué clase de "buen padre" podría ser yo, si el mío nos había dejado solos a mi madre y a mí? ¿Y si heredaba su poca responsabilidad y los abandonaba a ellos dos también…?

¡RIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIING!

El estridente sonido del timbre escolar me anunció que ya había llegado a clases. Escaneé el lugar con un rápido vistazo; Seth chapando con una chica, Quil conversando animadamente con Collin y Brady, varios grupos de chicos y chicas hablando sobre las materias que debían rendir en la semana y un auto bastante lujoso para tratarse de La Push, del cual se bajó un chico rubio con unas carpetas en la mano y una chic…

– ¡Eh, Embry! –me chilló alguien. Volteé y me encontré con Keira, mi prima y compañera de banco.

– ¡Oye, tú! Linda remera –comenté viendo el generoso escote en "V" de su blusa gris claro.

– ¡Cuidado con lo que miras, grandote! Cambiando de tema, ¿has visto a los nuevos?

– ¿Cuáles nuevos? –inquirí sin saber de qué me estaba hablando.

–Esos, Embry –señaló con la cabeza el lujoso auto que doblaba por a curva que te llevaba al pequeño centro comercial de La Push –Oh, qué pena –se lamentó meneando lentamente la cabeza –deben de estar adentro ya.

–No sabía que habían entrado personas nuevas.

–Marcianos no creo que sean, Embry.

Le puse mala cara.

–¡Era un chiste, vaquero! –Se rió sola de su estúpido chiste y luego continuó hablando con seriedad –Te decía que son nuevos, mi mamá me dijo que sus padres se bañan en plata y por eso no entienden porqué se mudaron a la reserva.

–¿Qué tiene de malo vivir en la reserva? –pregunté ofendido.

–Nada, Embry. Es sólo que, bueno, se supone que gente con tanta plata podría estar viviendo en Port Ángeles o en Seattle. Tiene mucha más lógica.

–Quizás estén buscando un lugar tranquilo para vivir… –comenté como quien no quiere la cosa.

–Sí, bueno. Como digas…–rodó los ojos –En fin, el punto es que mis padres me ordenaron que debo hacerme amiga de ellos porque "como son los nuevos" –dijo empleando comillas y un tono sarcástico –tengo el deber de enseñarles el pueblo y que sé yo.

Me reí por sus gestos de aburrimiento.

–Vendrías a ser su "guía". Deberías cobrarles, ya que tienes tanta plata…

–¡No vendría nada mal! Un par de dólares por cada explicación y ¡me hago rica!

–Seguro. Los niños de ciudad no entienden nada sobre la vida en un lugar tan tranquilo como este –afirmé entre risas –tú eres la indicada para combinar ambos mundos.

–¡Ay, Embry, que empalagoso!

–Que no se te suba a la cabeza –le advertí con fingido enojo.

–¡Tonto Embry! Ahora será mejor que entremos porque no me dan ganas de pelearme con el director y el profesor de música y comerme una intensa charla sobre porque no hay que llegar tarde a clases…

–¡Síganme los nerds! –dije con voz alta.

Se nos unieron Quil, Seth –su novia –Collin y Brady. Caminamos por los pasillos y nos detuvimos cada uno en sus casilleros para tomar los libros adecuados. Era asqueroso ver cómo Seth mimaba a su novia y ver como lentamente el chico se había dejado envolver por las telarañas de la imprimación. Por suerte, me quedaban las mentes cuerdas y limpias de Collin y Brady para poder conversar con tranquilidad, ya que la de Quil estaba trastornada por culpa de Claire.

La clase de música me interesaba solamente por tratarse de combinaciones útiles y consejos prácticos para escribir buenas canciones. Pero, claro estaba que cuando el profesor se iba por las ramas y nos contaba la biografía entera de Beethoven o de Mozart, estaba buenísimo quedarse dormido.

Lo mejor de todo era que Quil no tenía ni el más mínimo interés en la música. Solo Claire ocupaba espacio en su mente. Entonces él –aburrido y embolado –me mandaba papelitos para joderme…

¿Has visto a la nueva? ¡Sería una buena chica para ti, hermano! Deberías ir y hablarle en el receso.

¡Nah! No quiero que una chica me trastorne el cerebro. Gracias de todos modos.

¡Eres un completo amargado, Embry! Podrías entrar en la onda si te imprimaras…

Pero si me imprimo, me gustaría que pasara por "casualidad" no porque una chica nueva entre al instituto y que además tenga buen culo.

¿Se lo has visto?

No. Pero es obvio que lo tiene. Tú sabes que jamás miraría a una chica que no tuviera buen culo.

Yo no te lo decía por el culo. Te lo decía porque tiene cara de buena…

¿Qué tiene que ver que tenga cara de buena?

No pude leer su respuesta porque el profesor nos siseó llamándonos la atención y nos amenazó con que si no dejábamos las distracciones de lado, nos iba a mandar a los dos a la oficina del director. Que se lo lleve el diablo, ¿era nuestra culpa que nos importara poco la vida de dos músicos que se habían muerto hacía más de doscientos años?

Cuando por suerte el timbre sonó, Quil y yo salimos disparados hacía los pasillos para guardar los manuales de "Historia de la música" y sacar los de "Aritmética de la antigua Grecia". Para pasar el tiempo, nos pusimos de acuerdo para hacer bromas.

–Tienes que ir y decirle a la secretaría que su culo te vuelve loco.

– ¿Todo tiene que ser con culos, Embry?

– ¡Oh, vamos Seth! Tienes que tener alguna anécdota divertida para contarles a tus hijitos…Aunque creo que en 14 años podrás vivir muchas cosas

Él me puso cara de pocos amigos y fue a hacer la prenda. Me prometió antes de irse que ya tenía una para mí, pero sinceramente, me importaba muy poco. No era ese tipo de chicos que se avergonzaban de las típicas bromas en el instituto, es más, las adoraba. Escuché con claridad las palabras insulsas que la secretaria le chillaba a Quil, pero sin embargo, no se animaba a irse de boca. No era bueno meterse con un adolescente de dos metros que podía dejarte K.O. con un solo golpe.

– ¡Embry, tendrías que ver cómo se puso la gordita cuando le dije que su culo era espectacular! –decía Quil mientras corríamos por los pasillos para que "la gordita" no nos atrapara – ¡Pero te aseguro que mi prenda será diez veces mejor que la tuya!

–Dila –ordené cuando nos detuvimos.

Vi cómo el rostro de Quil se tornaba maquiavélico y acompañaba sus gestos con un frotado de manos. Distinguí en sus facciones un activismo de maldad y algo en mi interior me advirtió que nada bueno iba a pasar. ¿Sería algo peor que ir y decirle a la secretaria que su celulítico trasero era enloquecedoramente sexy? ¿Habría algo peor en serio?

– ¿Estás preparado, Embry?

Asentí. ¿Qué era lo peor que podía pasar?

Ten minutes later and finally I've got it up,
You know that something's wrong when you've begun to gather dust,
So what's the point in aiming tall?
When you're guaranteed to fall,
My reflections cracked and looking back I'm so unrecognizable.


Primero que nada, muchas gracias a las chicas que leyeron el PREFACIO y el PRIMER CAPITULO de Endless Love :) Fue muy lindo leer sus opiñones y ojalá que nunca dejene de hacerlo ! Luego, me gustaría comentarles sobre el texto que aparece en cursiva cuando Embry se levanta: es una conversación, como la que está en el prefacio..em, como decirles? los que hablan son dos personsajes que mas adelante se rebelarán, pero que ahora, es preferible mantenerlos en secreto.

La canción de este capítulo se llama Going through the motions y es de MCFLY ( buena eleccion de mi co-escritoria, Mica Lautner). Y por si les interesa la traducción es:

( primerra parte)

Hora de admitir, un hombre tiene sus limites
Haciéndolo todo sin interés
He tocado fondo, perdido y olvidado
Haciéndolo todo sin interés
Mi mente está a punto de explotar
Es una bomba de relojería y está a punto de
explotar, entonces estaremos
Haciéndolo todo sin interés
Vamos vamos vamos

(segunda parte)

Diez minutos después y finalmente lo levanto
Sabes que algo va mal cuando empiezas a
acumular polvo
Así que ¿que necesidad hay de apuntar alto?
cuando sabes que va a fallar
Mi reflejo se rompe y mirando atrás todo es tan
poco familiar

Nos leeemos en los REVIEWS!!!

saludos y gracias de nuevo,

mica