Lo único que oía Chloe eran gritos, pisadas fuertes y caos en general. Intentó abrir los ojos para quejarse del ruido, pero se le hacía imposible. Cuando fue a hablar se dio cuenta de que solo salían débiles gemidos de dolor, y fue allí cuando se dio cuenta de la gravedad del asunto.

Su cerebro trabajaba a cien por hora. ¿Qué era lo último que recordaba? Había entrado en la oficina, tenían una nueva prueba que Ella necesitaba investigar. Se trataba de una máscara que probablemente fuera del asesino, y que si así fuera, podrían rastrear gracias a la información de Lucifer, quien descubrió una asociación secreta que casualmente llevaban esas máscaras. Entonces recuerda polvo, gritos, muchos hombres enmascarados y un dolor agudo en el vientre, que pareció renacer en cuanto recordó su existencia. Intentó ignorar el dolor y recordar más. Recordó ser agarrada por Lucifer y de pronto ser separada de él.

-¡Lucifer!

Se levantó de golpe, ignorando por completo el dolor punzante y la sangre que emanaba de su vientre. Miró a su alrededor y le sorprendió encontrarlo todo con una inquietante calma. A pesar de estar todo completamente hecho un desastre, parecía que no había nadie más ahí. Lo primero que hizo es coger el teléfono y llamarlo. Quiso pensar que está en el Lux, con una mujer, aunque si lo conocía bien probablemente fueran tres. Quiso pensar que le responderá con algún chiste de mal gusto o una invitación directa al coito, que esa vez dudaría en rechazar.

Sin embargo eso no llegó a ocurrir nunca, por que oyó el teléfono de Lucifer no muy lejos de ahí. Avanzó con tanta rapidez como se lo permite su herida, intentando no llorar porque eso solo le haría más difícil el buscarlo. Probablemente su herida fuera mortal, pero eso no le importaba, solo quería ver a Lucifer, saber si estaba bien.

Y ahí lo encontró, sangrando por un costado del pecho e intentado coger el teléfono, porque sabe quien está al otro lado de la línea. Corrió hacia él y lo abrazó, notando en el proceso como Lucifer se quejaba del dolor, pero se acercaba todo lo que podía a Chloe.

-Vamos a salir de esta ¿De acuerdo? Llamaré al 911, pediré una ambulancia, vamos a estar bien...

-Me temo que no, detective. Hemos sido... Dañados por la espada de Azrael... Moriremos.

-Pero tú eres el señor del infierno, ¿no? Estoy segura de que nos podrás sacar de ahí y...

-La espada del ángel de la muerte no solamente te mata, Chloe, esta arma borra completamente la existencia de quien mata; ni cielo, ni infierno. Y aunque si que fuéramos dudo que estuviéramos juntos... yo iría al infierno y tú... a la ciudad de plata.

Lucifer sonrió. Su mirada empezaba a perderse mientras la sangre tintaba el suelo de color carmesí, y parecía tan calmado que era como si no existiera el dolor.

-Solo...-Continuó. -Solo nos salvaría un objeto puro, algo diseñado por los mismísimos ángeles... Y yo ya no tengo mis alas ni mi moneda así que me temo querida, que nuestro tiempo aquí a terminado.

Chloe recogió el cuerpo prácticamente inerte de su compañero y lo abrazó. No sabía que hacer, gritar por ayuda solo sería un pérdida de saliva; y si lo que Lucifer decía era verdad, ninguno de los dos tenía escapatoria.

Lo único que se le ocurrió en ese momento fue llamar a Azrael. Tal vez fuera la herida mortal lo que le hacía delirar, pero aún así lo intentó. Dejó con total suavidad el cuerpo de Lucifer y se puso a rezar. Rezó para que Lucifer se pusiera bien, para que volviera a ser el diablillo que siempre era, con sus usuales bromas e insinuaciones. Rezaba para que todo volviera a ser como antes, para haber hecho las cosas de otra manera, para haberle dicho que lo amaba mucho antes.../p

Pero los segundos pasaban y nada ocurría. Debajo de ella se encontraba un ahora débil Lucifer, quien luchaba por respirar. Chloe intentó con todas sus fuerzas no llorar, pero no pudo evitarlo, y un par de lágrimas cayeron en el pecho del demonio.

De pronto una gran luz inundó la habitación. Sin embargo Chloe tan solo se fijaba en el rostro de Lucifer, ya que cada vez le costaba más enfocar la vista. Por ello no pudo ver como sus lágrimas curaban poco a poco el malherido Lucifer, quien miraba sorprendido a la detective.

-Algo puro... -susurró.

Y cuando este ya pudo levantarse por sí solo y observar el lugar en donde antes tenía una herida, fue el turno de Chloe de caer al suelo mientras se esforzaba por mantener el conocimiento.

-Chloe Decker, no tan solo me has llamado sin un ritual previo, sino que también me has quitado el alma de Lucifer de mis manos.

-¡Hermana! -gritó Lucifer, quien fue corriendo a su encuentro.

Una permanente luz dorada y al mismo tiempo plateada inundaba la habitación como si tratase de purificarla. Chloe cerró los ojos, sin entender que estaba pasando. Sin embargo sonrió, ya que había oído a su diablillo con la suficiente energía como para parar un tren. Él estaría bien.

-¡Salvala hermana!

-¿Por qué? He intentado en tres ocasiones anteriores acabar con su trayecto, y tú me lo has impedido. ¿Qué te hace pensar que voy a permitírtelo esta vez?

-Por favor, Azrael... Haré lo que sea, te lo prometo yo...

-¿Por qué significa tanto para ti?

-…Porque la quiero.

Esas palabras sorprendieron a Chloe, quien comenzó a llorar de nuevo. Intentó hablar, hacerle saber a Lucifer que ella también le quería, pero no podía. Esa rabia le golpeó y muchas más lágrimas siguieron las anteriores, que se perdían en su cuello. Unos segundos más tarde sintió como algo frío le rozaba la mejilla, y luego un tremendo alivio. ¿Así se sentía morir? El dolor había pasado, y no oía nada excepto su propia respiración.

Poco a poco fue abriendo los ojos, y se encontró con una luz que rápidamente fue tapada por un atlético pero ágil cuerpo; un hombre que la miraba con ternura, pasión, tristeza, miedo y amor juntos.

-Lucifer... ¿Estoy...?

-No, detective. Tus lágrimas te han salvado, así como me han salvado a mí.

-Pero… ¿Cómo?

-No hay nada más puro que el amor, humana. –Una femenina voz habló con desdén, como si lo que había dicho fuese lo más obvio del mundo. Chloe intentó girarse, pero su cuerpo aún no había terminado de curarse no pudo hacerlo. –Soy Azrael, el ángel de la muerte y hermana de Lucifer.

-¿Por qué me has dejado vivir?

-Simplemente pensé que sería un desperdicio de tiempo para mi hermano el dejarte morir. Ha hecho muchas cosas para mantenerte con vida, querida. Por cierto, ¿Diablillo? ¿En serio? Lucifer es el rey del infierno, no una mascota.

Chloe no entendía que estaba pasando, ni siquiera sabía si de verdad estaba consciente o todo eso era producto de un sueño, pero si Lucifer estaba bien entonces le era igual.

-Lucifer, deberías llevarla a un hospital humano. Aun estando curada mantiene sus signos vitales bajos. Lucifer asintió, aunque Chloe no lo pudo ver; la agarró todo lo suave que pudo y se la llevó lentamente. Azrael se quedó un rato ahí, en esa triste, mugrienta y prácticamente destruida sala, pensando en lo que acababa de presenciar.

Tanto ella como Lucifer habían presenciado hoy algo inusual. Es imposible que una humana corriente pudiera llamar a los ángeles, y tampoco que nada en ella fuese puro, lágrimas de amor o no. "Los humanos son frágiles, torpes y mueren con facilidad. ¿Entonces cómo es que ella ha sido capaz de llegar hasta mi hermano y hablar con él? Debería haber muerto mucho antes." Distraída como estaba, no se dio cuenta de los ruidos que de pronto volvían a llenar el lugar. Gruñó molesta y desapareció de allí, no sin antes coger su espada.

Chloe se encontraba siendo llevada como una princesa hacia la salida. Volvía a oír ruidos, ¿Ya se encontraban en la calle o alguien había entrado?

-Los cuerpos deberían estar cerca. –Dijo una voz desconocida.

-¿Quiénes sois?- Dos hombres de blanco se asustaron al oír a Lucifer, y al verlo se sorprendieron más.

-Vosotros… Nos han dicho que estabais muertos.

-Como podéis observar no lo estamos. Ahora si me disculpáis, tengo que llevarla al hospital.

Los dos hombres no dijeron nada hasta que Lucifer estuvo alejado; luego se fueron, seguramente para buscar otros cuerpos. Lucifer llegó a la entrada y vio como prácticamente todos los policías del departamento estaban allí, incluso al detective capullo, que gritaba a una mujer para que le dejase pasar.

-Lo siento señor, tendrá que esperar a que saquen los cuerpos.

-No lo entiendes, ¡Mi esposa está ahí dentro!/p

-Exesposa, querrás decir. Lucifer se acercó con su típica sonrisa hacia un anonadado Dan, que balbuceaba sin entender del todo lo que pasaba. Lucifer tan solo resopló.

-¿Por qué a los humanos os cuesta entender lo obvio? Necesito llevarla al médico. Si me disculpas…

-¡Espera! Voy contigo.

-¿No deberías ir a buscar a Trixie a la escuela? ¿O prefieres que mi camarera lo haga por ti? Si mal no recuerdo la última vez que hablaste con ella terminaste desnudo en casa de Chloe.

-¿C-como sabes eso?

-¿Bromeas? Maze nunca se guardaría para ella algo así. Sobre todo si se trata del detective capullo.

Dan gruñó por lo bajo y se alejó, no sin antes pedirle a Lucifer que la cuidara. "¿Qué quería que hiciese entonces, matarla? ¡Por supuesto que la iba a cuidar! Los humanos siempre diciendo lo obvio…"

Chloe despertó en una habitación blanca que olía a sangre y a desinfectante. Abrió los ojos para encontrarse con un Lucifer durmiente, sentado lo más cerca posible de ella. Le oyó quejarse en sueños y sonrió, ya que nunca había visto al demonio dormir. Entonces recordó, como si se acabase de dar cuenta, de que el hombre que se encontraba a su lado, durmiendo en una postura incómoda, se trataba del mismo demonio.

Cogió con suavidad la mano de su acompañante, sin querer despertarlo. Pero aun así este abrió los ojos y sonrió adormilado.

-Lucifer, ¿Cuánto tiempo llevo aquí? –Antes de que este pudiera responder, ella le cortó.- Y no digas tres años, tuvo gracia pero no voy a caer dos veces.

-Dos días.

Ella asintió, procesando la información. No era mucho, pero aun así sentía que había estado perdiendo el tiempo de forma estúpida. Volvió a mirar a Lucifer, fijándose más en los detalles del mismo: Ropa arrugada, cabello ligeramente despeinado, sonrisa cansada, ojeras…

-¿Te has quedado los dos días aquí?

-Vaya, que observadora detective. ¿Fue por mi cabello o por mi cuello torcido?

-Más bien por tu ropa. Jamás dejarías que se arrugase si no fuese por algo importante. ¿No deberías cambiártela? Debe de estar llena de sudor.

-Querida detective, los demonios no sudan. A menos, claro, que se trate de la cama…

Chloe resopló al ver como Lucifer ponía su característica mirada lujuriosa. Entonces rememoró los acontecimientos anteriores, como si unas olas chocasen en las rocas.

-Lucifer… ¿Qué pasó hace dos días?

La mirada de Lucifer cambió, pero siguió mostrando su sonrisa. – Estabas consciente, detective, estoy seguro de que lo recuerdas.

-Sí, pero no logro entenderlo… ¿Qué pasó?

Aunque la pregunta no había cambiado, Lucifer sabía que debía dar una respuesta diferente. Suspiró mientras pensaba como o qué decir. ¿Cómo decirle que no es una humana corriente? ¿Cómo decirle que es probablemente algo como él, como un ángel?

El hecho de que fuese distinta explicaba algunas cosas, por ejemplo, que fuese inmune a sus encantos y poderes. También explicaría por qué puede dañarlo físicamente, pero no que estar a su alrededor le vuelva mortal. Y si ya le costó trabajo llegar a asimilar del todo el hecho de que él era un demonio, no quería ni imaginarse el tiempo que le llevaría visualizarse como algo más que una humana.

-Tú misma lo presenciaste, tus lágrimas me curaron y te curaron a ti.

-Pero dijiste que solo algo puro…

-Y como dijo Azrael, "ho hay nada más puro que el amor".

-¿Eso significa que podré curar cualquier herida?

-No, solo las causadas por armas angelicales, como lo era en esa ocasión. Por suerte mi hermana se ha llevado su espada, así que no creo que haya más problemas.

Chloe asintió sin terminar de entenderlo del todo, pero aún le dolía todo el cuerpo y mente. Necesitaba descansar. Cerró los ojos al notar como Lucifer le acariciaba la cabeza como si de un perro se tratase, y no pudo evitar sonreír al pensar en Lucifer haciendo algo tan complicado para él como mostrar afecto.

Cuando se hubo dormido de nuevo, Lucifer comenzó a reflexionar. Era estúpido pensar ahora que la detective era un ángel enviado para llevarlo al infierno de nuevo, sobre todo teniendo en cuenta como le había salvado. Pero seguía sin entender qué hacía una joven con esa clase de poderes en el mundo humano, y por supuesto sin tener ni idea de lo que es capaz.

Si un ángel tuviera esa clase de poderes curativos, sumados a la capacidad de hacer vulnerables a otros ángeles sin necesidad de usar armas de la ciudad de plata, podría considerarse el ángel más poderoso de todos. Y sin embargo aquí estaba, tumbada mientras máquinas observan que sus estados vitales no empeoren. Lucifer no lo entendía, y en realidad no quería entenderlo.

Lo único que importaba ahora es que ella estuviese bien, y lo estaría. Intentó ponerse más cómodo en el sillón, sin resultado, y miró hacia el blanco techo de la habitación.

-Fue idea tuya, ¿verdad, padre? Tú la pusiste en mi camino. –Cerró los ojos envueltos por el cansancio. Apenas había dormido en los últimos días, demasiado ocupado comprobando si ella estaba bien; y cuando por fin había podido descansar, había notado una suave mano acariciando la suya. Con ese pensamiento volvió a abrir los ojos, esta vez con algunas lágrimas en ellos. –Gracias.

Cuando Dan entró junto a un ramo de rosas, luchando para mantener el equilibrio, no se esperó lo que vio. Chloe y Lucifer dormían con una sonrisa en sus labios, y el hombre incluso parecía estar llorando. Ambos se cogían de la mano y aun durmiendo no se soltaban.

Dan entendió entonces qué había visto su ex mujer en el propietario del Lux, y con una triste sonrisa se alejó sin hacer ruido. Tiró las rosas en una papelera cercana y se fue a casa, pensando en que cuento le gustaría a Trixie para leérselo antes de dormir.