CAPíTULO 3: CAMBIANDO DE CUENTO
- ¡¡¡Qué osada!!! – exclamé mirándola a los ojos.
- No me puedo creer que House no haya soltado prenda al respecto – dijo la decana.
- Lo creas o no, nunca dijo nada. Sé que tuvisteis lo vuestro pero no creí que fuera en tu casa familiar.
- No fue en mi casa. Ya te dije que no éramos novios y no hubiera sido correcto acostarnos allí, no por nada, no soy una estrecha, pero…
- Ya…, preferías cualquier otro lugar… ¿Y entonces? ¿De qué iba todo aquello?
- Fue después cuando empezamos a salir en serio
- No me imagino a House de galán – confesé entre divertido y curioso.
- House nunca practicó el cortejo. Es de los que se lanza sobre su objetivo sin más. – aseguró – Aunque, cuando menos lo esperas, puede ser…- se calló, no sé si porque no sabía cómo definirlo o porque temía entregar información al bando enemigo.
- ¿Vas a ir a verle? – al fin y al cabo, se trataba de eso.
- ¿Ha preguntado por mí? – no era buena idea contestar una pregunta con otra.
- No – fui franco porque alguien me enseñó que la mentira tampoco era una buena salida.
- Pues entonces, estamos empatados.
[…]
Lou terminó de contar su drama antes de que me dieran ganas de tirarme por la ventana. Hubiera sido gracioso que un vuelo sin capa ni espada hubiera conseguido lo que no lograron el alcohol, las pasadas y las ingestas vicodínicas. Lo cierto es que la pierna me dolía, pero no iba a hacerme la víctima.¿Darle la oportunidad al doctor Kagueti para que disfrutara de una posición de poder sobre mí? ¿Hacerle pensar que me había ganado?. No. La sesión acabó y el maestro de la cruel ceremonia me hizo una discreta señal para que no me fuera. Sabía que no tenía nada que hacer puesto que el resto de los infortunados lelos tenían sesión de baloncesto en el gimnasio.
- ¿Querría acompañarme? – preguntó cortés.
- ¿Si le digo que no, me dejará ir?
- No. – y casi sin querer salió de su garganta una sonora carcajada-. Vamos a la biblioteca, pediré que nos traigan dos cafés, ¿Le apetece?
- ¿Qué es esto? ¿Otra estrategia en el proceso de lavado de cerebro?
- No. No del todo…
- ¿No será usted gay?
- No…
- ¿Entonces qué? ¿Le gusta ponerse la ropa del revés como a trece?
- No ¿Y a usted?
- Tampoco. Pero para ser hetero me está usted dando bastante por ahí…
- Me alegra que se haya dado cuenta. Es justamente lo que pretendo.
La sala de lectura era lo más parecido a un selecto coto privado británico. Un Reform Club cualquiera. El único que faltaba era Fhileas Fogg. (1) Ojalá hubiera aparecido y me hubiera propuesto la vuelta al universo en ochenta minutos. Algo más imposible que el desafío de la novela de Verne que, sin embargo, yo habría considerado sin pensarlo un segundo.
- Siéntese, por favor – invitó el galeno con una amabilidad genética, nada impostada-. Obedecí no sin antes clavarle un instante la mirada, no estaba seguro de querer hacer aquello. Pero por alguna extraña razón, tampoco me decidí a negarme. Él hizo otro tanto de lo mismo. Menos mal que llegó el café.
- ¿Usted era así ya de pequeñito, verdad? – escudriñé impertinente.
- Cada uno logra sus metas como mejor le conviene – explicó - . Usted ha hecho que los malos modos se conviertan en poco menos que una virtud.
- Y usted que los buenos pesen como un saco de patatas podridas.
- Si dos semanas en terapia de grupo no le han hecho hablar, dudo que pueda cumplir lo que pretendía al ingresarse – me espetó con claridad.
- ¿Qué quiere que le cuente? ¿El cuento de la buena pipa? (2)
- No, sería interminable. Su vida es más simple y menos inocente – suspiró y agarró un dossier más grueso que las páginas amarillas - . Educación espartana, con episodios intermitentes de maltrato, abuso de la bebida y de otras drogas, tales como el cannabis y la coca, adicción farmacológica severa y finalmente, la coartada perfecta para seguir poniéndose, su infarto muscular.
- ¡¡¡Cuánto sabe!!!. Veo que no sólo se ha limitado a – y aquí imposté mi voz para que notara el soniquete sin dar lugar a dudas – darle al mirlo con la que se proclama mi novia sino que ha entrevistado a toda la parentela. ¿Quién ha colaborado en mi desdicha?
- Su padre no. – confesó con muy mala intención.
- Está muerto. Bueno, realmente, no importa. Estaba muerto para mí aun estando vivo – precisé para evitar más preguntas sobre el particular y, quizás también, para convencerme de que jamás me importó.
- A Dios gracias no ha sido un trabajo difícil. No tiene usted mucha gente que le aprecie, aparte de su madre, su tía, y sus compañeros de trabajo. Cinco personas.
- Cinco entrevistas para armar una vida. Una vida de mierda. – acepté lo que jamás había hecho sino ante James para luego corregir a mi interlocutor –. ¿Maltrato infantil?. No en el sentido estricto. Algún que otro bofetón que me hizo morderme la lengua. Nada más. – tragué saliva antes de continuar -. Para serle sincero, he comprendido que mi padre no necesitaba emplear la fuerza bruta conmigo. No era su estilo. Era como yo, le bastaban las palabras para herirme.
- Ya…¿Buen maestro, eh? …
- Sí. Para lo bueno y para lo malo – confesé.
- No es usted culpable…No soy amigo de los lemas aplicados sin ton ni son pero…Dice una máxima de la psicología infantil que los niños aprenden lo que viven…Tal vez si saca lo que lleva dentro …
- A veces no quiero, pero digo lo que pienso aunque sé el efecto devastador que va a provocar en el que me escucha… El arrepentimiento se queda en casa, porque no le queda espacio en mi cabeza.
- ¿Qué más ha tomado?
- Creo que lo he probado todo. Menos la heroína.
- ¿Y cómo soportaban ese descontrol las personas que compartían su vida?
- No lo soportaban – recordé a Stacy, la última de las mujeres a las que había querido. A la que seguía queriendo.
- Ella está bien, doctor. – me confirmó – Se sorprendió al saber que estaba usted siguiendo éste proceso. No le dí detalles.
- Gracias – a esas alturas no había nada que decir. El muy puñetero era en su especialidad mejor que yo en la mía. Se ocupaba de diseccionar a su víctima con el bisturí más fino. En cortes milimétricos. Rompía sus esquemas y llegaba el momento en que el incauto enfermo no podía negar ni la existencia de Dios. Lo peor es que, en éste caso, el incauto era yo.
- También hablé con el Sr. Warner – continuó.
- ¿Qué le dijo? – pregunté inquieto, tal vez demasiado interesado.
- Que le estaba muy agradecido por haberle salvado la vida.
- Ya… - ¡¡¡joroba con el orientador escolar!!!…- ¿Quiere que le hable de la doctora Cuddy? – dije de repente al darme cuenta que íbamos ya por la tercera taza y que aquella noche no podría cerrar el párpado. Cuanto antes acabara ese castigo, mejor.
- Ya se lo dije, no hay un guión. Se habla de lo que se quiere.
- No sé por qué dijo que es mi novia. Creo que en algún momento pudo llegar a serlo.
- Tengo entendido que iban a casarse – soltó el medicucho.
- ¿Hace falta tener novia para casarse?
- No es indispensable, si eres una mula de carga. Entre los humanos, tenemos ésa mala costumbre.
- Fui de vacaciones con ella, a Boston, a casa de sus padres. Una pareja de abogados de lo mejorcito del país. Eran más o menos como los míos. Bueno, no exactamente, ellos se querían.
- ¿Y cómo resultó? – siguió con el tercer grado.
- Edna, la madre, había preparado un cuarto para mí. En aquella ocasión dimos por buena la solución. Lisa era mi compañera de más.
- ¿Compartían mesa en clase? ¿Cómo es eso?
- Sencillo. Si me sentaba con los chicos sabía que echaría el año a perder. Mi madre me advirtió que su cuenta corriente no era la Reserva Federal. Las chicas, no sé por qué tengo que explicárselo, no tenían ovarios para estar con un capullo como yo.
- Sólo ella. Interesante. – apostilló poniendo cara de vicioso.
- ¡¡¡Eh, eh, no se vaya por donde debe!!! Ella apenas había acabado su segundo año mientras que yo andaba terminando unas asignaturas sueltas que me quedaban,por causa de la expulsión, a la vez que preparaba mi doctorado y comenzaba a ejercer de residente en la zona hospitalaria dependiente de la Hopkins. Ni se me pasaba por la chola el rollete.
- ¿No le parecía atractiva?
- ¿Me está preguntando si tenía un buen polvo?
- Si prefiere decirlo así …
- Era lista. Desenvuelta, decidida y muy divertida. En ese momento, no reparé en eso - ¡¡¡Cómo hacerlo!!!. La trataba como un tío - Lo que me molaba era que, a diferencia de otras que huían como si las hubiera robado el bolso a la primera bestialidad que soltaba, no se dejaba comer el terreno. Siempre tenía respuesta para todo. Nunca retrocedía.
- ¿Y durante ése verano no hubo cambios?
- Tal vez. – percibió como mi voz se volvió hermética por arte de magia y su expresión cambió.
- ¿Por qué se canceló la boda? – otro volantazo en la conversación.
- Aún me lo estoy preguntando, doctor Kaneti – sin comerlo ni beberlo, el tipo se había ganado mi respeto. ¿Sería posible encontrar una salida al túnel de mis temores?
- Sospecho que es el origen de todo y su silencio lo corrobora ¿Me lo contará algún día?
- No quiera saber tanto en la primera sesión…Al paso que va, los locos se volverán cuerdos, su trabajo le durará menos que un caramelo en la puerta de un colegio, pillará una depre y tal vez haya que ponerle una camisa no precisamente de Armani. (3)
(1) .org/wiki/La_vuelta_al_mundo_en_ochenta_d%C3%ADas
(2) .org/latiguillos/cuento_de_la_buena_
(3) .org/wiki/Giorgio_Armani
