Disclaimer: los personajes no me pertenecen, son obra y magia de JK. Rowling.
¡Hola a todos! Aquí vuelvo con otro capítulo, espero que lo disfrutéis :) Nos vemos abajo!
Capitulo III. Un año difícil
-A ver si lo he entendido…Granger te tiró una jarra de cerveza de mantequilla por la cabeza; hicisteis una guerra de comida en la Sala de Profesores y ambos tenéis que ir a las audiciones del sábado – Blaise paseaba por la Sala Común mientras enumeraba con los dedos. Draco lo seguía con la mirada, sentado en su sillón favorito.
-Sí, lo has resumido bastante bien.
Blaise soltó una carcajada.
-Estás completamente jodido.
Si las miradas matasen, Zabini habría caído fulminado al suelo.
-Me conmueve tu sincera preocupación – dijo Draco, resignado. Él ya sabía que estaba jodido, su amigo no estaba siendo de gran ayuda.
Blaise seguía riéndose cuando se dejó caer en el sofá, haciendo que este crujiera.
-Mira, sabes que eres tú el que no deja de buscarle las cosquillas a cierta Gryffindor, en el fondo sabes que eres medio responsable.
Suspirando, Draco apretó con sus dedos el puente de la nariz.
-Tenías que haberle visto la cara – el Slytherin levantó la cabeza para mirar a su amigo con una expresión divertida-. Estaba completamente furiosa.
-¿Cómo cuando te pegó en la cara? – le preguntó Blaise con una sonrisa traviesa. Draco le lanzó un cojín.
-Tenía la misma expresión, al menos.
-No sé qué haces martirizándola tanto, es una Gryffindor y a esas les gusta pelear.
-Porque es insoportable – declaró el rubio con rotundidad.
Y lo era, por supuesto que sí. Todavía podía recordar la cara que tenía ayer cuando salieron del despacho de McGonagall. El ceño fruncido, la nariz apuntando al techo y los labios rojos por sus continuos mordisqueos. Su pelo rizado completamente desordenado. Le había mirado como si fuera un bicho especialmente repugnante.
-Ojalá te cojan en esa audición – dijo con malicia Blaise-. No puedo esperar a verte subido a un escenario diciendo chorradas.
-¿Que hiciste qué? – Ginny estaba alucinada. Sentados a su lado, Harry y Ron también miraban a la castaña como si fuera un sapo verde mutante.
Hermione hundió la cara en sus manos, escondiéndola. Se moría de vergüenza al recordar la escena de ayer.
-¿Y por qué no la paraste? – regañó la pelirroja a su hermano. Este levantó las manos.
-Yo llegué tarde, justo cuando hacía un certero lanzamiento de pastel.
Ahogando un gemido de angustia, Hermione levantó la cabeza para mirarles a los tres, sentados al lado del fuego en la Sala Común.
-¿Lo sabe mucha gente?
-Es Hogwarts… - dijo Harry por toda explicación-. Aquí hasta las paredes hablan.
-Sí, seguro que fue aquel cuadro de la bruja tuerta… es una chismosa – murmuró Hermione con enfado.
-Echarle la culpa a los cuadros…muy maduro – rió Ginny.
-A lo mejor si voy ahora a hablar con la profesora McGonagall la convenzo de que me cambie el castigo – los ojos de Hermione brillaron con esperanza.
-¿Hablamos de la misma McGonagall? Porque dudo mucho que esté dispuesta a eso – dijo Ron-. Estaba furiosa.
-Voy a la biblioteca – murmuró de repente Hermione, levantándose con ímpetu.
Harry sonrió mientras veía como su amiga salía por el hueco del retrato.
-Siempre lo soluciona todo yendo a la biblioteca…
Hermione por su parte, aceleraba el paso camino de uno de sus lugares favoritos en el castillo. Se perdería el desayuno, pero aquello bien merecía la pena.
¿Qué pasaría si realmente se veía envuelta en aquél espectáculo? Y lo que es peor… ¿qué pasaría si para ese momento no contaba con toda la información posible? Si se había cancelado y prohibido hacía tantos años, alguna razón habría.
"Y podría ser la misma para que también lo cancelaran en esta ocasión" pensó con una pequeña sonrisa. Haría lo que fuera con tal de no pasar por semejante vergüenza. Y el primer paso era recopilar información.
Y así fue como Hermione, tras revisar una cantidad ingente de antiguos Profetas y libros de toda índole durante días, descubrió la razón por la que cancelaron el teatro.
Había tenido que ver con un ashwinder aumentado y un enredo amoroso entre los actores. Todo acabó con una gran explosión en el Gran Comedor y muchos heridos.*
"El enredo amoroso dudo que me sirva para salir de esta" pensó Hermione con una incredulidad que aumentaba si incluía en su escena mental a Malfoy. En cualquier caso, se propuso hacerlo lo peor que pudiera ese sábado. Nadie en su sano juicio le daría un papel.
Era viernes, y aunque en otro momento se hubiera alegrado del inminente fin de semana, en aquella ocasión su estómago rugía de nervios. Solo podía pensar que al día siguiente tenía aquella audición. Caminaba a paso rápido, con la mochila tan llena de libros que se había visto obligada a llevar algunos en la mano. Las clases de la tarde habían terminado y ella estaba deseando cenar.
-¡Ay! – gimió de dolor cuando alguien la empujó violentamente al suelo. Su mochila había ido a parar lejos de ella, y los libros tirados de mala manera.
Apenas había tenido tiempo de quitarse el pelo de la cara cuando alguien la levantó con insultante facilidad, cogiéndola por la pechera de la túnica y empujándola contra la pared. Buscó con desesperación la varita, pero no la encontró.
Unos ojos grises la miraban directamente. Alarmada, se revolvió.
-¡Quítame ahora mismo las manos de encima!
-Quiero que soluciones lo de mañana – ordenó Draco, mortalmente serio. La sujetó con más fuerza contra la pared, sacándole otro gemido de dolor a Hermione.
-Y yo quiero que me sueltes ahora mismo – repuso furiosa la Gryffindor. No recordaba haber estado jamás tan cerca de Malfoy en el pasado. Él se había encargado de mantener las distancias a toda costa. Incómoda, se dio cuenta de que olía tremendamente bien.
-Soluciónalo – repitió-, yo no tengo la maldita culpa de que estés loca.
Con bastante esfuerzo, Hermione consiguió colocar sus manos sobre el pecho del Slytherin y empujarle. Instintivamente, se separó de la pared y dio varios pasos hacia atrás en el pasillo. Por el rabillo del ojo localizó su varita, a unos metros de ella en el suelo.
Draco la vio retroceder. Sintió cierto placer en haber podido provocar esa reacción asustada de la castaña. Y observar su búsqueda desesperada de varita casi le divirtió.
No sabía cuánto, pero la Gryffindor apenas pesaba y sus brazos no sugerían mucha fuerza física que digamos. Ella sin su varita estaba perdida.
"Así debería ser, Granger, tú asustada y yo en el poder" pensó.
En un segundo, sin embargo, Hermione se abalanzó sobre su varita y apuntó a Draco, que rápidamente había sacado la suya. Ambos se apuntaron sin un temblor en las manos. Puede que no tuviera fuerza física, pero desde luego Hermione Granger era rápida. Y demasiado lista.
-No voy a repetirlo, sangresucia. Arréglalo – con una última mirada de furia, Draco bajó la varita y dio media vuelta para marcharse.
No le preocupaba que Hermione siguiera con la varita levantada y apuntándole. Él sabía de sobra que los Gryffindor jamás atacaban por la espalda.
Cuando Hermione vio a Draco desaparecer por la esquina, soltó bruscamente el aire que en algún momento había contenido en sus pulmones. Poco a poco, bajó la varita, respirando con fuerza. Con un movimiento de varita, la mochila y los libros volaron hasta ella.
"Pero ¿qué acaba de pasar?" Hermione se sobó el codo sobre el que había caído cuando Malfoy la había tirado al suelo. Le saldría un hematoma, seguro. No podía creer que hubiera estado tan distraída como para no verlo venir. Pero debía de haberlo supuesto: si bien Malfoy había dejado de molestar a todos, por ella seguía teniendo una debilidad especial por ponerla furiosa. "Y una habilidad especial también".
"Huele muy bien" le recordó una voz traidora en su mente. Tuvo que contenerse para no darse cabezazos contra la pared. Enfadada, caminó con decisión hasta el Gran Comedor, donde todos estaban cenando. Se sentó al lado de Ron.
-¿Qué te ha pasado? – preguntó rápidamente Harry. El pelo de Hermione estaba más desordenado que de costumbre.
-Nada, me he tropezado y me he caído – dijo Hermione, jurando en su mente que habría venganza contra el hurón botador.
-¿Otra vez? – preguntó Ron, sorprendido.
-Sí, Ron, otra vez – Hermione comenzó a cortar la carne con agresividad-, y no quiero volver a contestar preguntas estúpidas – sentenció, apuntando a Ron con el tenedor. Lo hizo con tanta saña que el trozo de carne que estaba pinchado en él salió disparado a la cabeza de Dean.
Después de disculparse, Hermione volvió a su cena.
-¿Esto tiene que ver con la audición de mañana? – Harry la miraba preocupado. Esta masticaba de forma violenta.
Hermione tragó ruidosamente. Con un suspiro, se concentró en relajarse. No sabía por qué estaba más nerviosa, si por la audición o por el encontronazo con Malfoy.
-Estoy algo nerviosa – a su lado, Ron lanzó un resoplido exasperado.
-No me digas…
Hermione le lanzó una mirada asesina.
-Bien, recuerda que debes leer despacio y mal – dijo Ginny, agarrando de las manos a una Hermione histérica.
Debía presentarse dentro de muy poco en un aula del segundo piso para la audición.
-Tiene que parecer que no sabes leer bien y que te cuesta – ayudó Ron.
-Tartamudea un poco, eso siempre ayuda – dijo Harry.
-Y ante todo, hazlo con voz monocorde, sin emoción ninguna – completó Ginny.
-Parecer tonta, eso es – se dijo Hermione a sí misma-, no puede ser tan difícil.
Harry y Ron compartieron una mirada que afortunadamente no captó Hermione.
-¡Claro que no! – animó Ginny-. Ahora ve allí y se la peor actriz del mundo.
-Me voy ya – dijo la Gryffindor con más decisión de la que sentía-. ¡Deseadme suerte!
Salió a toda velocidad por el hueco del retrato. Fue entonces cuando Ron no pudo contenerse más:
-¿Hermione haciendo de tonta? Suerte con ello.
La castaña trató de aminorar sus pasos y los latidos del corazón. Si seguía así tendría que ir directamente a la enfermería. El problema era aquella inseguridad y timidez que salían a relucir en los momentos más indeseables de su vida. No quería imaginarse delante de todos haciendo el idiota.
Respirando hondo, llegó al pasillo donde se encontraba el aula. Allí había ya bastante gente. Muchos eran curiosos que querían averiguar lo que pudieran del asunto. Otros estaban emocionados, mientras que algunos cuantos tenían cara de resignación. Algo le dijo a Hermione que ella y Malfoy no eran los únicos obligados a presentarse.
Draco, apoyado en la pared con gesto indiferente, miró a Hermione fijamente cuando esta llegó.
Había aguantado con gesto estoico las últimas bromas de Blaise y los pucheros de Daphne; las incesantes propuestas de Pansy y el silencio apabullante de Theo. Incluso las palmadas suaves (o no tanto) que Vincent y Greg le habían dado en la espalda.
Y allí estaba, mirando a esa impura, la causante de todos sus males. Estaba claramente nerviosa, a juzgar por el mordisqueo constante a sus labios y el movimiento frenético de sus manos.
Hermione había notado que la miraba desde hacía rato. Si alguien le hubiera preguntado, no habría sabido darle una razón lógica. Pero lo cierto era que las miradas de Draco Malfoy eran como puñales, un rayo láser que se metía muy adentro, desnudándolo todo. Resultaba inquietante que alguien tuviera semejante poder, sobre todo tratándose de él.
-Adelante queridos – la voz suave de Madame Grypock les llegó desde la puerta del aula. Las miles de culebras que parecían vivir en el estómago de Hermione enloquecieron cuando traspasó la puerta.
La profesora había dispuesto el aula como un hemiciclo. Todos se sentaron en los asientos, mirando a Madame Grypock. Hermione echó un vistazo. Cormac McLaggen se sentaba unas sillas más allá, con la cabeza muy erguida. Grupos de amigas se encontraban apiñadas unas contra otras, riendo tontamente. Había pocos alumnos mayores, la mayoría eran de tercer o cuarto curso.
-Estupendo – dijo la profesora, extasiada-. La profesora McGonagall me expresó su preocupación por que no estuvierais interesados en esta actividad, pero ni mucho menos.
Complacida, recorrió con los ojos el aula. Minerva McGonagall se había asegurado que aquel día esa clase estuviera llena, aunque fuera a golpe de castigo. Por lo menos veinticinco personas se encontraban allí.
-Imagino que me recordaréis, soy Ellie Grypock y os guiaré en el mundo del teatro. Bueno, indudablemente, os preguntaréis qué obra de teatro tengo en mente – hizo una pausa-. He decidido arriesgarme e intentar algo innovador. Estoy convencida de que rebajar la carga de magia de la obra será beneficioso. ¿Alguien conoce a William Shakespeare?
Algunos pusieron cara de confusión. Algunas manos tímidas se alzaron y Hermione tuvo que reprimir su habitual costumbre de alzarla en aras de no destacar en absoluto.
-Shakespeare era un dramaturgo y poeta muggle, nacido aquí, en Inglaterra. Muy famoso, por cierto. Quizá a alguien le suene Romeo y Julieta, ¿no es así? – sonrió satisfecha cuando el grupito de amigas asentía fervorosamente con la cabeza. Hermione quería vomitar.
-La obra que aspiro a estrenar en Hogwarts será El Sueño de una Noche de Verano – acabó con emoción, juntando sus manos contra el pecho-. ¿No es maravilloso?
-¿Quiere decir que espera que interpretemos la obra de un muggle? – preguntó con incredulidad Draco.
-Así es. Su nombre es…
-Draco Malfoy.
-Bien, perfecto – Madame Grypock cogió un pergamino, anotando algo en él-. Quiero que los chicos vayan a un lado de la habitación y las chicas al otro.
Se oyó un gran revuelo de sillas arañando el suelo. Tras algunos empujones, se miraron unos a otros desde lados opuestos.
-Si fuerais tan amables de repartiros por cursos…así está mejor.
La profesora les miró con ojo crítico cuando todos se pusieron en orden.
-¿Señor Malfoy? – Grypock se volvió hacia los chicos. Draco y Cormac eran los más mayores en su sector.
-El mismo – contestó este con una sonrisa irónica.
-¿Por qué se ha presentado a esta audición? – preguntó con curiosidad.
-Me han obligado – respondió con simpleza. La profesora se rió.
-¡Qué descaro! Y a la vez terriblemente sincero, ya lo creo – dijo ella con una sonrisa-. Serás un estupendo Lisandro – cogiendo sus apuntes, se puso a garabatear algo a toda prisa.
Draco frunció el ceño y cruzó los brazos. Tenía pocas esperanzas de salvarse, y el tiempo le había dado la razón.
Tras esto, siguió el reparto de papeles. McLaggen acabó siendo Demetrio, después de recitar unas frases junto con otros tres alumnos. La vanidad de este se había impuesto, por lo que el Gryffindor había dado lo mejor de sí mismo. La discusión llegó cuando otorgaron el papel de Oberón, rey de las hadas, a un alumno de quinto.
-¿Un hada? – preguntó con horror-, ¿entonces no tengo que hablar?
Hermione sonrió desde su posición. La concepción de hada de los muggles se alejaba mucho de la realidad. Las hadas no pueden hablar, comunicándose entre ellas con un zumbido agudo, pero eso Shakespeare no podía saberlo.
-Los muggles creen que las hadas son de otra manera – explicó la profesora-. Tranquilo, tendrás un guion.
Algo decepcionado, el alumno se calló.
-Y ahora…nuestras estrellas femeninas – exclamó Grypock, volviéndose a ese sector.
A su lado, Hermione notó a la única alumna de séptimo nerviosa. No conocía su nombre, pero sabía que era de Ravenclaw. Era muy guapa, y con suerte Madame Grypock solo tendría ojos para ella.
-Os voy a pedir que leáis este fragmento por turnos – dijo una sonriente profesora, señalando a la alumna de Ravenclaw, a Hermione y a otras dos alumnas de quinto que Hermione no recordaba haber visto en su vida.
La alumna de séptimo cogió el pergamino con manos temblorosas.
-Pero el amor puede transformar en belleza y dignidad cosas bajas y viles… - comenzó a leer. Al terminar, la profesora estaba muy satisfecha.
-Estupendo, páselo a su compañera.
Hermione cogió el pergamino con una frase en la mente "hora de fingir". Se esforzó mucho en conseguir que la lectura se volviera tediosa, haciendo pausas y entrecortándose todo lo que pudo. Al acabar, la profesora la miró con las cejas alzadas.
-Señorita…
-Granger.
-Señorita Granger, ¿no sabe usted leer o está fingiendo que no?
-Es…estoy nerviosa – dijo Hermione, eludiendo la pregunta. Notaba que Malfoy volvía a mirarla. Escuchó un bufido incrédulo por su parte.
-No nos hagas reír – dijo con malicia Draco-. No tienes que fingir que no eres la alumna más inteligente del curso.
-Cállate – Hermione le lanzó una mirada de advertencia. El muy imbécil iba a arruinar su tapadera. La profesora estaba callada, girando la cabeza de uno a otro como si de un partido de tenis se tratara.
-Cállame – dijo Draco, con una sonrisa torcida. Hermione sintió escalofríos completamente involuntarios.
-Eres el ser más pesado, estúpido y capullo que he tenido la desgracia de conocer – arremetió Hermione, con sus manos convertidas en puños.
-Oh – Madame Grypock se llevó una mano al corazón-. ¡Qué pasión! ¡Cuánta emoción! No sé si me estaré equivocando pero…creo que he encontrado a Hermia.
-¿Qué? – Hermione la miró, completamente aturdida.
-Hermia, querida, un personaje muy importante. Dígame su nombre.
-Hermione – respondió esta, como quien firma sus últimas voluntades.
La profesora se rió encantada.
-¡Hasta el nombre coincide! ¿No es maravilloso? Definitivamente… -canturreó Grypock mientras hacía una gran floritura con su pluma en los apuntes.
La mirada envenenada que le lanzó Hermione contestaba por sí sola. Aunque la mente de la Gryffindor estaba centrada en un pensamiento concreto: "asesinar a Draco Malfoy", que en ese momento se reía de forma silenciosa, a juzgar por las pequeñas convulsiones de sus hombros.
Para desgracia de la Ravenclaw de séptimo, a ella le tocó el papel de Elena. Los siguientes papeles fueron repartiéndose, dándole al grupito de amigas el papel de hada. La que consiguió el papel de Titania, reina de las hadas, recibió la mirada envidiosa de las demás.
Madame Grypock los tranquilizó a todos cuando les entregó a cada uno un ejemplar de la obra. No tendrían más que leerla, el trabajo comenzaría el domingo de la semana siguiente.
-El domingo es después de Halloween, profesora – protestó Cormac.
-Bueno, estoy segura de que evitarán trasnochar esa noche para estar frescos en este nuevo comienzo – dijo con entusiasmo ella-. Eso es todo, nos vemos en una semana.
El aula se llenó de ruido cuando todos intentaban salir. Hermione se aproximó a la profesora.
-Disculpe, quería pedirle que me cambiara el papel.
-¿Por qué, Granger? Lo has hecho muy bien – dijo con sorna Draco, que había aparecido de la nada.
-¿No tienes una vida? – preguntó entre dientes una furiosa Hermione, para que sólo pudiera escucharla Draco.
-Me temo que no, Srta. Granger – interpretando mal la cara angustiada de Hermione, la profesora continuó-, pero no se preocupe, si tiene alguna dificultad, estoy segura que el señor Malfoy la ayudará en todo, ya que tienen muchas escenas juntos.
-¿Y eso por qué? – preguntó Draco, súbitamente preocupado.
-Bueno, al fin y al cabo Lisandro y Hermia son dos enamorados.
El Slytherin frunció tanto el ceño que sus cejas por poco se tocaban.
-¿Es una broma? – Hermione le miraba con cara de "te lo dije".
-No, en absoluto. Que pasen buena tarde – dijo la profesora, marchándose del aula y dejando a solas a Hermione y Draco.
-Te daría un aplauso por lo difícil que tiene que resultarte ser tan estúpido – dijo Hermione, irritada.
-Si pensabas que iba a dejar que te salieras con la tuya, es que estás más loca de lo que creía – repuso Draco, caminando hacia la puerta-. Si yo caigo, tú caes.
Salió del aula sin mirar atrás. Hermione se quedó un momento mirando al infinito. "Este va a ser un año difícil".
*Lo que sucedió exactamente cuando intentaron hacer una representación teatral en Hogwarts lo explica Dumbledore en los cuentos de Beedle el Bardo.
Primero de todo, quiero agradeceros muchísimo los reviews. Me animan enormemente para que siga escribiendo. Gracias a TinaWeasley, Pylor43, Srylet, Kitkat Haze y LadyChocolateLover (gracias por decirme lo de los prefectos de Ravenclaw! Ellos no habían llegado a la sala, solo estaban los prefectos de Hufflepuff y de Slytherin. Ya sabía yo que después de todo un día estudiando se notaría por algún lado mi mente saturada xD)! y por supuesto, gracias a los follows! :)
¿Qué os ha parecido? imagino que no soy la única que siente debilidad por Shakespeare y su obra! ¿Creéis que serán capaces de manejar la presión nuestros protas? ¿se matarán en el intento? ¿Le devolverá nuestra Gryffindor el zarandeo a Draco? todo puede pasar...
¡No olvidéis dejar reviews! Porque me hacen feliz, y una escritora feliz es muuucho más eficiente escribiendo. Y mucho más rápida, eso también ;) Nos vemos en el siguiente capítulo! Mil besos.
"Para obtener, hay que otorgar antes; para ganar, hay que perder un poco" Carlos Salem.
