Capítulo 3.

Las ciruelas pasas arrugadas.

O-O-O-O-O-O

–¿Tal vez quieres pasar el rato esta noche? —él me pregunta tentativamente el viernes después de una semana de mi coqueteo descarado, sorprendiéndome. Pensaba que tendría que ser una perseguidora total. Esto podría llegar a no tardar tanto como había pensado originalmente.

—No puedo. Noche familiar y todo eso —le digo.

Es la verdad. Esta familia de acogida insiste en que pasemos las noches de los viernes juntos, con estúpidos juegos familiares o ir a una descerebrada película apta para todo público o alguna otra patética pérdida de mi tiempo. Pero tengo que ir porque no estoy lista para ser echada por el momento. Realmente extrañaría a Mai y a Seripa. Además, ahora tengo este nuevo proyecto para mantenerme ocupada.

—¿Quieres ir a una fiesta el sábado? —pregunto.

—No puedo, es el tercer sábado de cada mes. —Como si eso debiera significar algo para mí. Ante mi mirada de confusión, aclara—: Tengo que ir al centro para personas mayores esa noche. Puedes venir si quieres.

—Está bieeen. —Estoy luchando contra el movimiento de náuseas. ¿Enserio? ¿El centro para personas mayores? Pero supongo que hay sacrificios que hacer si quiero tener éxito. Entonces digo—: Claro, ¿por qué no?

Sus cejas se levantan con asombro, pero no comenta nada sobre mi obviamente inesperada respuesta.

—Pasaré a recogerte. —Ante mi mirada, dice—: Es demasiado lejos para caminar.

Él tiene esa mirada en su rostro, la que la gente da cuando quiere decir algo,pero a la vez no quieren decirlo. Mi instinto defensivo sale.

—¿Qué? —pregunto, un poco desafiante.

—Nada, es sólo...

—¿Sólo qué? —exijo una vez más, después de unos pocos momentos de silencio en los que me evalúa, al parecer tratando de adivinar mi reacción.

—Bueno, solía estar en tu vecindario, bastante; cortando césped. —Bueno, por supuesto, pienso. Qué trabajo de verano perfecto para un geek. Probablemente lo hizo de forma gratuita como una especie de trabajo de caridad—. Y no recuerdo haberte visto alguna vez.

—Tal vez porque he estado allí menos de un año.

—Oh —dice, su rostro aclarándose, misterio resuelto—. ¿Tu familia acaba de mudarse aquí?

—No, hasta donde sé ellos han vivido ahí durante años.

—Pero… —Ahora Vegeta se ve muy confundido, sus cejas juntas, y me doy cuenta que no lo sabe. Siempre había asumido que todo el mundo sabía que era una chica de acogida, como si estuviera tatuado en mi frente con brillantes luces de neón.

—Vivo con una familia de acogida, Vegeta. ¿No sabías eso?

—No, creo que no lo sabía. —Su frente todavía está fruncida.

—Puedes retractarte si lo deseas. —Trato de hacer que suene frívolo, indiferente, pero la verdad es que siempre duele ser rechazada por esta cosa que está fuera de mi control, incluso si es sólo un geek quien me rechaza. Rechazarme por mi aspecto o mi actitud, mi comportamiento o incluso mi risa, eso está bien. Pero esto no tengo ninguna forma de cambiarlo.

Sus cejas se juntan con más fuerza.

—¿Por qué iba a querer retractarme? —Suena realmente curioso.

—Porque soy, ya sabes, una... chica de acogida. —Trato, mayormente sin éxito, mantener el dolor fuera de mi voz.

—¿Es contagioso o algo así? —pregunta, y me toma un minuto darme cuenta que me está tomando el pelo.

—Podría ser —digo finalmente con indiferencia.

Se encoge de hombros y su rostro se aclara.

—Voy a arriesgarme.

O-O-O-O-O-O

—¿El centro para personas mayores? —Mis amigos se ahogan entre risas—.¡Vas por encima y más allá!

—Que nunca se diga que no me comprometo —les digo.

O-O-O-O-O-O

Llega el sábado, y Vegeta me pasa a buscar a las seis en punto. Él llega hasta la puerta para buscarme. Mi madre de acogida está tan feliz de ver a una persona tan educada que me recoja —en lugar de la gentuza de siempre,como la escuché llamarlos cuando piensa que no estoy escuchando— que esta absolutamente radiante. Ni siquiera me pregunta a dónde voy o me da una hora para estar en casa. Estoy segura de que sabe que no es necesario.
Todo en Vegeta grita ―"Seguidor de Reglas", así que no hay ninguna duda de que me llevará a casa mucho antes del toque de queda.

Caminamos afuera y ahí en la calzada se encuentra el mejor coche de todos los tiempos.

—¿Es tuyo? —pregunto, asombrada.

—Sí. Es viejo, lo sé. —Se encoge de hombros—. Lo estoy restaurando, aunque probablemente será tan inútil restaurado como lo es ahora.

—¿Estás bromeando? Un Chevy Nova 1973 de cuatro puertas, ¿no? —No espero su respuesta—. Sin duda lo haría tener un valor mayor si se tratara de una coupé SS, pero seriamente es genial como es. ¿V—8? —pregunto.

—Siii —deja salir la palabra lentamente, mirando desde el descolorido coche naranja cubierto de manchas de masilla gris que parecen varicela de gran tamaño para mí.

—Me sorprendes, Bulm… quiero decir, Bul. —Sonríe.

Sólo me encojo de hombros, muy contenta de viajar en su coche. Sé de coches por una de las familias de acogida con las que viví donde tanto el padre como el hijo eran fanáticos de los coches. Como de costumbre, siento un poco de pesar cuando pienso en ellos. Fueron mi tercera familia, y había esperado que fueran la última.

Las dos primeras familias de acogida llegaron antes de que supiera el juego como lo hago ahora. Todavía estaba luchando contra las circunstancias queme habían puesto en el programa de acogida para empezar, y ninguna de las familias resultó ser aficionada a una niña paranoica e insegura que acumulaba alimentos y colocaba una silla debajo de la manija de la puerta por la noche por seguridad. Ambas me habían devuelto, como un auto usado, un juguete roto, o un regalo de bodas no deseado. Fingía que no me importaba, aunque era un rechazo desgarrador.

La tercera familia a la que llegué fue diferente. Consistía de una madre, un padre, y su único hijo, que me acogieron y me trataron como si siempre hubiese sido una parte de su familia. Su hijo se volvió un hermano de inmediato, burlándose y torturándome como a una hermanita real, pero siempre con esos sentimientos subyacentes de amor y seguridad incluidos en las familias reales. No en mi verdadera familia, por supuesto, pero en las familias normales.

Allí fue donde aprendí de autos, pasando horas en el garaje con ellos,escuchando y aprendiendo. La televisión siempre estaba encendida en exposiciones de autos o carreras. Fue el primer lugar en el que había sentido una sensación de seguridad, de pertenencia de verdad.

Pensé que me quedaría ahí para siempre.

Entonces la madre desarrolló un cáncer de rápido crecimiento. Cuando se hizo evidente que no iba a vivir, el estado me sacó de su casa, de mi casa. Ella murió a los seis meses del diagnóstico, y a pesar de mis súplicas y los esfuerzos de mi padre de acogida, el Estado no estaba dispuesto a poner auna adolescente de nuevo en un hogar con dos hombres y ninguna mujer.
Fue entonces cuando decidí tomar el control de nuevo. A partir de ese momento, convertí en mi decisión cuánto tiempo me quedaría con cualquier familia, y yo causaría las circunstancias que hicieran que las familias me devolvieran.

Nunca cometí el error de amar a una familia de nuevo; no hay riesgo de salir herida de esa manera.

Ahora estoy sentada con Vegeta en este auto del que veo el valor, que probablemente habría parecido un pedazo de basura de otro modo, conduciendo al centro para personas mayores. Esta vez cuando me toca la espalda a medida que caminamos a través de la puertas, su mano permanece un poco más de lo necesario.

Estoy gratamente aliviada de que el lugar no apesta a orina rancia como me había imaginado que lo haría. Era realmente muy agradable, como un hotel de lujo más que un centro de asistencia.

Entramos en la cafetería, y Vegeta me dirige a la cocina. Hay unas pocas personas de pie allí quienes podrían haber nacido antes de los tiempos de los dinosaurios. Ellos —así como aquellos que son relativamente más jóvenes— están claramente sorprendidos por mi apariencia y no tratan de ocultarlo.

Llamados por 'Vegeta' en voces felices saltan por la habitación. Podrían no estar felices por verme, pero claramente están más que encantados de verlo a él.

—Esta es mi amiga Bul. —Me presenta en repetidas ocasiones, y al parecer eso era todo lo necesario para obtener su aprobación. Si el Sr. Tonto dice que soy digna de ser aceptada, entonces a sus ojos debería ser verdad. Pronto están conversando conmigo y haciéndome preguntas: ¿A dónde vas a la escuela? ¿Cómo conoces a Vegeta? ¿Cuál es tu película favorita?, cosas que no son de su incumbencia. Pero estoy trabajando en mi proyecto, así que sonrió dulcemente y hago el papel, respondiendo con cosas que ellos quieren escuchar en lugar de decir la verdad.

Le servimos a las viejas ciruelas pasas arrugadas la cena que ha sido elaborada por el personal de cocina. La comida parece nauseabunda. Vegeta la sirve como si fuera un festín digno de un Rey; el bienhechor en su máximo esplendor. O eso es lo que pienso hasta que nos adentramos en el área común tan pronto como terminan de comer. Estoy agradecida de que no tenemos que lavar los platos hasta que, para mi horror y vergüenza, Vegeta va, se sienta en el piano y comienza a tocar.

Toca y canta viejas canciones con ellos. Parece que soy la única avergonzada,sin embargo porque estos centenarios lo aman. Él se sabe casi todas las canciones que le solicitaban a pesar de que eran canciones del principio de los tiempos. Toca realmente bien —no exactamente sorprendente teniendo en cuenta el colosal piano en su sala de estar— y para mi sorpresa, no canta tan mal tampoco.

Esos no son los hechos que voy a compartir con mis chicas, sin embargo. Sólo voy a hablarles de su forma de tocar y cantar viejas canciones mientras los viejos cantan y aplauden. Ellas encontrarán eso infinitamente divertido.

A las siete y media, los viejitos se han agotado, y los asistentes entran para llevarlos de nuevo a sus habitaciones. Vegeta se asegura de decirles adiós a todos, llamándolos por sus nombres. O más bien por sus respetuosos nombres, como el geek que es. Sra. Jones, Sr. Anthon, Sra. Green, nunca por su primer nombre. Unos pocos me saludan, y les devuelvo el saludo, porque soy muy consciente del hecho de que Vegeta me mira discretamente. La mayoría parece haber superado el shock inicial de mi apariencia, aunque algunos todavía me miran con desagrado. Nada a lo que no este acostumbrada.

—¿Tienes hambre? —me pregunta.

Miro hacia la cocina y me estremezco ante la idea de comer la misma bazofia que les servimos a estas personas. Parece un poco cruel servírselo a alguien.

—No —le digo. Mi estómago ruge con fuerza, delatándome. Vegeta sonríe yesos hoyuelos aparecen de nuevo.

—Sí, puedo escuchar que no tienes hambre. Vamos, salgamos de aquí y consigamos algo de comida.

—Oh, bueno, en ese caso...

Él me lleva a un restaurante italiano, donde ambos estamos fuera de lugar. Yo soy como una pesadilla para los clientes mientras entro. La anfitriona de la recepción me echaría, si no tuviera miedo de que causara una escena —lo haría—. Y Vegeta está demasiado abotonado para el tipo chic de clientela.

Me gusta. Porque ahora él está tan fuera de su zona de confort como yo.

Nos sientan en una mesa del fondo, en una cala parcialmente oculta de la vista por cortinas drapeadas sostenidas por un gancho que sobresale de la pared divisoria. Sé que esto es a propósito para esconderme del resto de sus clientes, pero Vegeta actúa como si fuera un honor estar sentado aquí.

Nuestra mesera se acerca, sin duda mirándome por debajo de su nariz. Sus ojos se abren un poco cuando ve a Vegeta, y sus ojos se mueven rápidamente de nuevo a mí, y luego a Vegeta otra vez en asombro. Somos una extraña pareja.

—¿Les puedo traer algo de beber? —Ella dirige su pregunta a Vegeta, no tan deseosa de ver a mi ofensiva persona otra vez. Me pregunto cuánto tendrá que pagar la anfitriona a esta particular mesera al terminar su turno por habernos sentado en una de sus mesas.

Vegeta me mira.

—¿Coca—cola dietética? —pregunta con una sonrisa—. Ellos tienen algunos refrescos italianos muy buenos también. Me gusta el de fresa.

Casi golpeo mi cabeza por mi propia estupidez. Por supuesto que ha estado aquí antes. Él no está fuera de su zona de confort, sólo es ajeno a qué tan fuera de lugar está.

—Tomaré lo mismo que tú —le digo.

—Dos refrescos italianos de fresa, por favor.

La camarera no dice nada, sólo escribe en su libreta y se aleja, dándome otro rápido vistazo, su burla es apenas disimulada.

—¿Has estado aquí antes? —pregunto.

—Oh sí, mi familia viene aquí todo el tiempo. Es bastante bueno. ¿Nunca has estado aquí?

—¿Me veo como si este fuera el tipo de lugar que normalmente visito?

Se sienta más recto, si es posible.

—Lo siento. ¿No te gusta la comida italiana?

Hago rodar mis ojos.

—La comida italiana está bien, Vege… Vegeta. Esto es sólo un poco... lujoso, supongo.

Mira a su alrededor a los otros clientes, como si acabara de darse cuenta de ellos por primera vez, luego otra vez a mí, observando mi pelo azul y rojo, el pesado maquillaje, apretadas ropas negras.

—Oh. Lo siento. Creo que sólo me he acostumbrado... —Él para, nervioso, mirando de un lado a otro—. ¿Quieres irte? ¿Ir a otro lugar?

Tengo que admitir que estoy un poco sorprendida. Nunca he estado en una cita donde mi incomodidad fuera considerada.

—No, está bien. Huele bien. Además, les voy a dar a todas estas personas algo acerca de lo que hablar cuando se vayan a casa. El fenómeno que vieron en la cena.

—No eres un fenómeno. —Su negación es inmediata, inesperada.

—¿Qué te hace pensar que me estoy refiriendo a mí?

Él se congela, sus mejillas se oscurecen con vergüenza, y le sonrío para sacarlo fuera del atolladero.

—Sólo estaba bromeando, Vege. Realmente necesitas relajarte un poco. —Él se olvida de corregir mi versión abreviada de su nombre. Me inclino hacia delante. Inconscientemente él hace lo mismo.

—Así que, ¿realmente, Vegeta? ¿No crees que soy un fenómeno para nada?

—No. —Él suena sincero de todos modos.

—¿Y antes de que me conocieras? ¿Lo creías entonces?

Sacude la cabeza. Levanto una ceja, él se explica.

—No, no un fenómeno. Quiero decir, obviamente no puedo ir a la escuela y no notarte a ti y a tus amigos, porque todos visten un poco diferente.

—¿Un poco diferente?

Él sonríe con sus hoyuelos asesinos, y me encuentro preguntándome por qué las chicas no están todas encima de ellos.

—Bueno, muy diferente, sobre todo con… ya sabes, el maquillaje y todo. Y los piercings. Pero tú no tienes ninguno de esos.

—No que tú puedas ver, de todos modos —le digo modesta y seductora. El efecto en él es inmediato. Sus ojos caen en una rápida lectura por encima de mi cuerpo, y puedo ver a su mente haciendo clic, preguntándose donde podrían estar los piercings. Decido dejarlo fantasear y no terminar su fantasía diciéndole la verdad, que estoy libre de piercings actualmente, o al menos libre de joyería. Supongo que los agujeros todavía están ahí.

Después de unos minutos, se traga el nudo en la garganta y chilla: —Oh.

No puedo evitarlo. Me río. Sus ojos se cruzan con los míos, y sonríe un poco.

—¿Me estás tomando el pelo? —Me encojo de hombros y lo dejo colgando,
contando con su siempre presente cortesía de que no preguntará de nuevo.

La grosera mesera vuelve para tomar nuestra orden. Cambio de opinión tres veces adrede para que ella tenga que seguir tachando en su libreta, sólo para terminar de vuelta en la primera cosa que ordené. Vegeta mira, con ojos escrutadores, reconociendo que estoy haciendo esto a propósito. Entonces, para mi asombro, él hace lo mismo y cambia su pedido cuatro veces. En el momento en que termina, ella está vibrando con irritación. Mientras ella se aleja, Vegeta me mira y sonríe.

—Se merecía eso —dice.

—Sí, pero no puedo creer que lo hicieras.

Se encoge de hombros, y luego mira a la mesa, apesadumbrado, dibujando un patrón imaginario con su largo dedo.

—Le voy a dejar una propina extra para compensar —murmura.

Me río de nuevo, y él sonríe, me mira a escondidas por debajo de lo que noto son unas increíblemente largas pestañas que cubren unos ojos de increíble sombra verde. Huh, pienso. No había notado sus ojos antes. No están mal. Algo lindos, en realidad. Casi matadores.

Después de la cena, la cual insiste en pagar —por suerte para mí ya que estoy corta de dinero— me lleva a casa, caminando conmigo hasta la puerta. Casi se siente como una cita real, lo que me sienta muy bien. Es importante para mi meta que él comience a pensar en mí como algo más que una extraña conocida.

—¿Te divertiste esta noche en el centro para personas mayores?

—Por extraño que parezca, como que sí lo hice —le digo—. Toda la noche fue muy divertida. Tal vez la próxima semana podemos…

Mis palabras se cortan, ya que mi madre de acogida abre la puerta. Ella parece sorprendida de vernos ahí.

—Oh, lo siento. No sabía que los dos estaban aquí afuera. Iba a ir a dar un paseo. —Lo que sé que es verdad, porque va casi todas las noches; sombrero de paja, siempre trata de arrastrarme con ella. Ejercitándome no es la manera en que quiero pasar mis noches. Tampoco quiero pasar tanto tiempo con ella.

—Hola, señora Brief. ¿Cómo está? —pregunta Vegeta.

—Estoy bien, joven y apuesto Vegeta. ¿Se divirtieron esta noche?

Vegeta me mira, como esperando a que yo responda. Me encojo de hombros.

—Sí, lo hicimos —dice.

—Bien, bien —es su estúpida respuesta—. ¿Quieres que espere por ti, Bul? Puedes caminar conmigo.

Le doy mi respuesta normal, que es una mirada que dice: ―"Estás bromeando,¿verdad?" Ella lo traduce correctamente.

—Muy bien, estaré de vuelta pronto, entonces. Adiós.

—Adiós, señora Brief —dice Vegeta. Me quedo en silencio. Ella camina hasta el final de la calzada e inicia el estiramiento. ¿Podría ser ella más patética? Pero Vegeta no se da cuenta o bien no le importa. Él esta mirándome, con una pregunta en sus ojos, una que no quiero que haga.

—Te veré en la escuela la semana que viene, entonces —le digo, dándome la vuelta para entrar en la casa. Él duda, pero al ver que no voy a satisfacer su curiosidad, suspira.

—Bueno, nos vemos después —dice—. Y gracias por venir. Estoy muy contento de que lo hicieras.

Quiero gritar por su cortesía, pero en su lugar me doy vuelta, con una sonrisa secreta firmemente pegada en mi cara que lo pone nervioso.

—Yo también —digo en voz baja, cerrando la puerta en sus oscurecidos ojos.

Todo va bien.

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Holu, me agradaría si dejarán un review, ya que saben que mientras más review hayan, más personas se animan a leer la historia, aunque sea adaptación.