Ren se sentía totalmente traicionado. Sus hermanos mayores le habían dejado solo en casa dándole la tonta excusa de que ya no podían soportarlo. Algo totalmente injusto de parte de los dos ¡Él también tenía que estar soportándolos a ellos! Por ejemplo, el mayor era un despreocupado, llegaba tarde a casa por estar bebiendo con sus amigos. Perdía constantemente el dinero, y un montón de cosas más; el otro era un maniático del orden, prácticamente no permitía que nadie tomara algo de la casa o lo moviera de lugar, sin decir que era un maldito estricto. Siempre obligándole a hacer lo que no quería. Y así tenían cara de quejarse por su comportamiento. Ren solo salía a beber muy de vez en cuando con Reiji, o salía con algunas chicas y no llegaba a dormir a casa. También contra su voluntad terminaba envuelto en peleas callejeras, todo por la culpa de sus amigos que se hacían los rudos y a él le tocaba salvarles el trasero. Reiji ya le debía varias. Y no hay que olvidar que llegaba continuamente tarde a clases. ¡Pero nada de eso les afectaba a ellos! Sin duda alguna sus hermanos eran unos llorones.
Tomo las llaves de la casa y emprendió marcha al supermercado que estaba más cercano, sólo a unos quince minutos caminando desde su casa. Haría un excelente uso del dinero que le dejaron sus hermanos, compraría todo lo necesario para hacer una gran y alocada fiesta. Les haría arrepentirse por dejarlo solo y con tan poco dinero. Tiraría la casa por la ventana. Sus amigos no olvidarán esta noche, invitaría hasta al aguafiestas de Masato, solo para que la familia de este le lleguen con quejas a Seiichirou. ¡Si, estarían más que arrepentidos por irse!
Una vez en el supermercado, tomó un carro y se dispuso a comprar los insumos que utilizaría esa noche. A la vez llamaba a su amigo de parrandas, informándole los planes para la noche.
- ¡¿Y cómo le hiciste para que tu hermano te diera permiso?! -El asombro era casi palpable en su voz. Este muy bien sabía que Ren tenía prohibidas las fiestas en su casa.
-No, me vas a creer. Pero esos infelices me dejaron solo, se fueron a quien sabe dónde. Por eso vengare un poco dándole algunos problemas de los cuales encargarse a su regreso.
Ren sin dejar de platicar con su amigo, caminaba por los pasillos del lugar, echando al carro todo lo que le venía en gana. La carne asada sonaba bien, junto con unas cervezas heladas.
-Ren-chan, te recuerdo que están a punto de expulsarnos de la academia, podrías tener consideración conmigo al menos.
-No seas cobarde, mientras no nos quedemos dormidos está bien, además mi hermano mayor no se llevó la moto.
-Ok, ok está bien, pero invitare a algunas lindas chicas.
-Reiji, no confió en tu visión de chicas lindas. -le detuvo, solo recordar como confundió a Ai Mikaze con una linda chica, le produjo escalofríos- De eso me encargo yo.
Ren se giró para dejar un pack de latas de cervezas en el carro. Quedando boquiabierto al ver lo que había en él. Un bebé, llorando y pataleando en lo que aparentaba ser su cuna ¿Quien fue la estúpida que le estaba jugando esta broma? No era divertido. Observo a su alrededor, buscando algún indicio de quien sea la maldita madre de ese mocoso llorón.
- ¡Maldita sea! - exclamo olvidando que tenía aun su móvil en llamada con su amigo pelicastaño.
- ¡¿Ren-chan qué ocurrió?!- pregunto desde el otro lado de la línea, había escuchado perfectamente la maldición de su amigo.
-Hablamos, luego. Te espero en mi casa dentro de unas horas. - corto la llamada y emprendió marcha inmediatamente hacia la administración del local. A Jinguji Ren no se le hacían estas bromas pesada y mucho menos cuando ya estaba de mal humor.
"Estimada clientela, tenemos un pequeño bebe varón de 7 a 12 meses de edad bajo nuestra custodia en la oficina de servicio al cliente. Si está en busca de su bebe, diríjase a nuestra oficina"
- ¿Cuánto tiempo tengo que esperar aquí? - el pelinaranja estaba por perder la poca paciencia que aún quedaba en su ser, pues ya llevaba más de media hablando con el encargado de seguridad del supermercado, que le obligaba a permanecer ahí hasta que no encontraran a la madre del niño - Tengo muchas cosas que hacer. ¿Porque no se hacen ustedes cargo de esto?
-Niño, si no aparece la madre. Tenemos que llamar a la policía y tú eres nuestro único testigo.
-No he dicho que no voy a testificar, pero necesito irme a casa ya.
-Está bien, escribe tus datos en esta hoja. Nombre, donde estudias y tu teléfono. - El hombre al fin había dado su brazo a torcer. Ansioso tomo el lápiz y la hoja que le entregaban y comenzó a escribir lo solicitado en ella.
-Jefe, mire ahí una nota. - hablo el empleado que estaba encargándose de calmar al niño que no dejaba de llorar.
-Vamos a ver- murmuró mientras la abría y comenzaba a leerla. - "Academia Saotome, Jinguji Ren. He pensado que lo mejor para el bebé es que lo crie su padre, tu sabrás darle a Syo todo lo que yo como su madre no he podido brindarle". -El hombre dejo de leer para exclamar admirado- Puedes creerlo, el padre es un estudiante de instituto, los jóvenes de hoy en día... ¿Ya terminaste?
Ren no podía creer lo que había escuchado. Sostuvo fuertemente la hoja intentado que no se la arrebataran, pero el hombre había logrado quitársela d las manos. Ahora sí que estaba jodido.
- ¡Tú eres Jinguji Ren! - El pobre chico estaba sin palabras. Esto tenía que ser una despiadada broma.
"Woooo, así que tú eres mi Papi." -el niño estaba más que contento de por fin poder conocer al hombre que le dio la vida. - "No eres tan feo como imagine"
- ¡Pero, si es igualito a ti de pequeño! -Reiji admiraba a su nuevo sobrino, comparándolo con un cuadro gigante donde había una pintura de la infancia de Ren -No dudes de ello, no hay necesidad de una prueba de ADN.
- ¿Te importaría callarte? -le silencio el chico que ahora era padre de un hermoso bebé de cabellera rubia y unos lindos ojos celestes, solo unos tonos más claros que los de su progenitor. -Te agradezco que vengas, pero no me estas animando en nada.
-Ren, sabes que este es un idiota. No puedes esperar mucho de él.
-Que malo eres Ranran, solo estoy diciendo lo que veo.
-Pues estas bastante ciego- el peliplata también había llegado a ver a su amigo, con la única diferencia que él se esperaba una fiesta y poder comer carne por montón. Y despejar su mente de los problemas por un rato.
-Si no guardaran silencio el niño podría despertar. Nos costó bastante que durmiera -les riño el recién llegado al grupo, el chico peliceleste. Este se encontró de pura casualidad con Reiji y termino siguiéndole a casa de Ren.
Y al lado del niño, estaba Masato. Este le arropaba con unas mantas que había traído de casa. Eran las que usaba su hermana cuando era más pequeña. El pelinaranja le había llamado por auxilio. Pues este al ser el menor de tres hermanos no tenía idea de niños y Masato sí.
-Ren, tendrás que comprarle una cuna al niño. -Hablo seriamente, mientras se levantaba cuidadosamente del sillón para no despertar al pequeño- También necesita ropa, y lo más importante pañales.
- ¡Este niño se va a llevar todo mi dinero! - por más que el dueño de casa protestará no tenía otra opción de hacerse cargo de su hijo. ¿Ahora que más podía ser peor?
-Si quieres, mañana te acompaño a hacer las comprar. Si vas solo seguramente compras cosas inútiles.
-Gracias y perdón por causarte estas molestias. - dejo escapar un largo suspiro. Se sentía agotado mentalmente, si ya el tema de sus hermanos lo dejo desmoronado, ahora esto lo hundía por completo.
Ren no tenía idea de que hacer desde ahora en adelante. ¿Como iba alimentar a ese niño, si ni siquiera podía cocinar para el mismo? ¿Como iba a cambiar un pañal si nunca lo ha hecho? Tampoco podía estar recurriendo a Masato, por siempre. Él tendría que aprender lo que es ser padre.
- ¿Ren y no sabes quién es la madre? - Pregunto Ai, como siempre no era muy expresivo al momento de hablar. - Puede que a tu hijo solo le guste la leche materna, pues a Masato no quería recibirle el biberón.
-No tengo la mayor idea- respondió sumergiendo una de sus manos en sus cabellos, en un gesto completamente desesperado. Ya había perdido la cuenta de las chicas con las que disfruto de una noche de pasión.
-Ren-chan, yo te dije que era mala idea ir tanto de fiesta- intervino el pelicastaño- De la que me salve.
-Cada vez me haces sentir más animado ¿Sabias? - que recurriera al sarcasmo para responderle era de esperarse, pues las palabras del chico solo lo fastidiaban más.
-Bueno, yo me iré a casa-hablo el peliazul encaminándose hacia la salida. Ren le siguió para despedirle y poder nuevamente agradecerle por su ayuda- Veré si hay alguna otra cosa que usaba mi hermana que pueda servirte. Y si surge algo me llamas y vengo enseguida.
-Realmente gracias por haber venido.
-No es nada, me preocupa lo que le pueda pasar al pequeño teniendo un padre como tú.
-Sé que no sé nada al respecto, pero aprenderé- dijo no muy convencido de sí mismo, de todas formas, no tenia de otra opción.
-Nos vemos, y cuida bien de Syo.
Regreso a la sala y se encontró con dos sus amigos, cómodamente ubicados en la mesa americana que había en su cocina, estos eran el ojigris y el peliceleste. Y Ranmaru se encontraba cocinando alguna cosa, pero se sentía un buen olor.
-Ren-chan nos tomamos la libertad de usar tu cocina. Ranran está preparando un delicioso Takoyaki, y también está haciendo omelet de arroz.
-Está bien, gracias. Es bueno que al menos uno de nosotros sepa cocinar. - se sentó junto a Mikaze que observaba con detenimiento a su compañero. Al parecer si estaba encaprichado con Reiji, tal como había pensado. De todas formar no era asunto suyo. Ahora tenía cosas peores en las que preocuparse. - ¿Quieren una cerveza? Debe de haber algunas en el refrigerador.
- ¡Yo quiero! - El primero en aceptar fue el castaño, Ran quien si tenía sentido común solo dijo calmadamente "Yo también" mientras se estaba concentrado en preparar la comida.
- ¿Ai, tú quieres?
-No gracias, el alcohol reduce los glóbulos blancos, deteriora el sistema inmunológico. Y perjudica el juicio y también …-No pudo continuar con la lista de los contras de tomar alcohol, pues Reiji, le hizo callar alzando la voz. El pobre aun sentía su orgullo lastimado.
-No grites Reiji, que despertara el mocoso. Eres tan inútil como Ren, para cargarlo en brazos y hacerlo dormir- Ranmaru dejo los platos sobre la mesa y con la paleta de madera golpeaba al cabeza del susodicho. Ai miraba molesto al de pelos plateados y ojos bicolor, siendo sincero no le agradaba para nada y mucho menos al ver como el castaño le miraba con admiración. No sabía porque, pero le molestaba ver aquello, era como si le pincharan en el corazón.
-Lo siento, Ranran. Olvidé que estaba durmiendo.
-El niño acaba de dormirse, es difícil que despierte considerando que está agotado. Llevaba llorando bastante tiempo. Masato fue el único que logró calmarlo. -mencionó Ren, ese mocoso había llorado por horas, pero al fin ya tenía un descanso de esos fastidiosos gritos.
-Por lo visto, solo él tiene en experiencia con los niños.
-Además parecen gustarle-Agrego Mikaze.
-Si fuera chica, ya tendrías madre para el niño Ren-chan.
-Hoy estas, muy chistoso Reiji- El pobre pedía a gritos que Ren descargara toda la rabia que está acumulando con el - No fastidies más por favor.
Y dejando la lata de cerveza nuevamente en el refrigerador, fue a ver como dormía el niño que supuestamente era su hijo. Esto sería muy difícil para el mejor de los Jinguji.
