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Capítulo 2: A eso se le llama vivir

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Toda mi vida he querido ser diferente, y sin darme cuenta ya lo era.

Tenía tanta necesidad de librarme de la presión familiar y futuro legado que mi hermano y yo heredaremos.

Hace varios años que mi abuelo falleció y nos mudamos a nuestra hacienda, mi padre tomó el mando y lo ha hecho de maravilla, en lugar de la administración en la empresa, la cual se encontraba en la ciudad.

Sin embargo, cuando recién nos mudaos de manera permanente sólo viví allí cerca de un mes, pues de inmediato me regresé a la ciudad a terminar mis estudios, y después me fui al extranjero a continuar con la maestría.

No me quejo tanto de lo que estudié ni de lo que he conseguido, pues esos estudios le abrieron capo empresarial a la hacienda, por lo que dentro de un par de meses empezaremos a exportar, además de expandir el comercio con otro tipo de productos.

Antes de esa maestría, estudié en la universidad de Berk, para eso me fui a vivir con mis abuelos maternos. Ocasionalmente visitaba a mis padres quienes aseguran y dicen que tengo el don de dirigir el negocio familiar, pero la verdad es que me siento total y completamente ajeno a dicha vida. Lo mío es viajar, conocer, satisfacer mi necesidad de conocimiento, explorar el mundo, dibujar y diseñar las ideas más locas que pasan por mi cabeza… ser yo, ser solamente yo.

El trato que había hecho con mi padre era terminar de estudiar para que pudiera hacer lo que yo deseara, así que me gradué un año antes de la universidad, estudiando administración y algo de aconomía, lamentablemente y gracias a mi estilo nerd fui el primero de la generación y resultó que como reconocimiento me otorgaron una beca del 100% para estudiar fuera. Mi padre me aconsejó (obligó) a aceptar dicha oferta, y mi sueño se vio ofuscado nuevamente, hasta hace dos días que regresé a mi querido Berk. Es claro que me gusta mi pequeño país, amo la naturaleza que hay en él, y con mayor razón la oportunidad de la vida tranquila, pero no es todo. No sólo no deseo quedarme y dirigir la empresa láctea y bovina que mi padre dirige. Toda la vida me criaron para tomar las riendas de un negocio, sin la oportunidad de dirigir mi vida y mis sueños.

-¿Ya te vas? –recuerdo que mi padre me interceptó en las caballerizas para hablar de nuevo conmigo.

-Iré a dar una vuelta en Svart. –le dije con fastidio. Es de las pocas cosas que se me permite hacer, ¿no?

Me miró derrotado. Ten cuidado, no te vayas a perder. –me ayudó a ajustar las riendas.

-Conozco mi hacienda, papá.

-En tres años cambiaron muchas cosas, compramos el terreno vecino de los Thorson, y tenemos pensado hacer

-Luego me dices de tus planes, deseo montar antes de que llueva.

Me duele tratarlo así, tan cortante y tan grosero, pero me es inevitable, lo relaciono con la pérdida de tiempo que he tenido y lo lejano que me parecen mis sueños ahora.

Monté a mi caballo negro y simplemente salí de ese lugar para reconocer el lugar donde crecí y también del que me alejaron para estudiar.

Me aventuré a reconocer el territorio del que me habló mi padre. No era posible que tres hectáreas más fueron anexadas, qué lástima que los Thorson vendieron esa área, aunque pensando bien, ellos se dedican al empaque, no tenía mucho caso que las tuvieran desocupadas, lo bueno es que eran grandes socios de mi abuelo, y ahora lo siguen siendo de mi padre.

Sin embargo, Svart empezó a relinchar, de seguro presentía un problema, y no se equivocó, estaba lejos de la casa principal, por lo que sería bastante difícil llegar, además que por lo poco que monté, logué notar que había mucho lodo, preferí refugiarme en alguna parte, aunque sólo había terreno con el pasto grande y crecido, hasta que noté que de la nada la hierba se hizo menos acrecentada y plana, incluso vi un par de árboles de manzanas, supuse que estaba en los límites del terrero, porque en nuestra hacienda casi no hay árboles frutales, o al menos en ese entonces no los había.

Me adentré un poco hasta que la lluvia se hizo presente.

-Maldición. –mascullé, sé que a Svart no le gusta montar cuando llueve, pero extrañamente, para mí es una de las experiencias más agradables.

Traté de que mi flequillo mojado y desaliñado no me nublara la vista, hasta que me percaté que había una pequeña choza a unos metros de distancia.

Tenía varias opciones. Podía regresar, podía quedarme mojando en la lluvia, podía bajar del caballo e indicarle a Svart que regresara solo a casa para seguir caminando por esos lugares… pero tomé la decisión correcta, un par de semanas después lo averigüé. Decidí intentar y descubrir algo de lo que aun no tenía conocimiento.

Caminamos un poco, amarré a Svart a una de las bases de manera que sostenían el techo quebradizo de la vieja choza y me adentré.

En cuanto puse un pie en la cabaña el torrencial se hizo más fuerte, noté que Svart se alarmó y debido al nudo tan senillo que hice él se fue corriendo. Un par de horas después supe que había regresado a los establos de la hacienda.

Mientras tanto yo me quedé allí, esperando a que la tormenta pasase para regresar a mi hogar y hacerle frente a mi padre.

Me dediqué a buscar la manera de decirle que no me quería quedar en la hacienda para dirigirla en un futuro, eso no es lo que quería.

Me senté en una esquina y tomé una de las sillas empolvadas que había allí, hasta que me di cuenta que mi ropa estaba empapada. Vi la chimenea preparada para que iniciara el fuego, fue un golpe de suerte que un mechero y un poco de aceite siguieran allí, así que no lo dudé y decidí calentarme un poco, esperaba que no contara eso como allanamiento de morada o algo por el estilo.

Ingenuamente consideré que era parte de la propiedad de los Thorson, pero al cabo de unos segundos, una maravillosa mujer me corrigió de la manera más noble.

Parecí un tonto frente a ella.

De seguro le parecí inofensivo e insignificante, pero desde que estreché su mano y miré los ojos de Astrid Hofferson, no pude amar a nadie más por el resto de mi vida, aunque en ese momento no sabía que era amor.

La primera impresión que tuve de Astrid fue "Es muy hermosa", ahora que lo pienso si le hubiese dicho eso, sin duda me hubiera golpeado, por suerte no le dije nada y mejor aún es que fue amable.

¡Qué estúpido debí haberme visto por no saber que era la hacienda Hofferson!

Pero la sonrisa tranquilizadora y apacible de ella, así como su hermoso corazón me hicieron burlarme de mí mismo.

-Vaya, debo empezar a conocer los alrededores. Mucho gusto, señorita, soy Hiccup Haddock. –me apretó la mano suavemente, aunque recuerdo que alzó una ceja, curiosa. -¿Eres hermano de Toothless?

Ese hermano mío siempre es más popular que yo, de seguro es porque le falta un incisivo en la mandíbula.

-Sí, nos llevamos un año de edad ¿lo conoces?

-Sí, lo he visto junto a tus padres en algunas reuniones, además que es compañero de mi prima en la Universidad.

Le sonreí mientras me percaté de cierta melancolía en la mirada de ella, como si deseara algo más en su vida, una mirada llena de sueños y también repleta de limitaciones, una mirada igual a la mía.

Éramos dos desconocidos que coincidieron en una vieja y abandonada choza, pero desde ese momento algo en mi pecho me decía que haría lo que fuera necesario por ver esa mirada feliz de nueva cuenta.

Y así lo hice.

Hasta este momento.

Desde ese día Astrid y yo mantuvimos contacto. Empezó algo gracioso, pues al terminar la lluvia y darnos cuenta que no tenía a mi caballo para regresar ella me ofreció que montara a Yvara para después ella regresar a su hacienda.

Con algo de pena me subí, hasta me permitió dirigir a la hermosa Yegua.

-¿Y cuánto tiempo piensas quedarte? –me preguntó para dar inicio a una conversación.

-Espero que no sea tanto tiempo. Tengo planes lejos de aquí.

-¿Tanto odias este lugar? –preguntó ligeramente ofendida.

-No, no es eso. Me encanta de hecho, pero no me veo como el futuro de la Hacienda Haddock. –imité a mi padre y la hice reír un poco, su risa fue tan natural y sincera que aunque no la vi porque iba a mi espalda, la sentí a la perfección en mi hombro derecho.

-Al menos tienes elección, ¿y cuáles son esos planes, si se pueden saber?

-Viajar. –le confesé en un susurro. –Ver el mundo. En parte acepté la beca de la maestría para explorar otras tierras… he estado en Europa, pero no era igual estudiar que ir de exploración.

-Suena increíble. –me respondió con ese aire melancólico, si hubiese sabido que debido a la enfermedad de su corazón no podía viajar ni agitarse demasiado, ni siquiera hubiera mencionado nada.

Ese fue el inicio de la primer aventura más sorprendente de mi vida: conocer a Astrid.

La segunda, fue enamorarme de ella, aunque para mí no fue difícil, lo difícil fue convencerla a ella de arriesgarnos juntos, de seguir con los sueños que teníamos, tratar de hacerlos realidad y seguir soñando en grande. Eso mismo que ella me pidió hacer durante tres maravillosos años a su lado, de los cuales no cambio ni un segundo, ni siquiera el segundo en el que nos peleamos tan fuerte que ella sufrió de un amago de infarto, porque justo después de que ella salió del hospital, nuestra relación se hizo más fuerte sin importarnos la palabra "futuro". Empezó una nueva e increíble etapa en nuestra vida, al cabo de unos meses ella estuvo bien, ambos viajamos en compañía de nuestros amigos, claro que con extremos cuidados para ella e hice realidad mi sueño de ver el mundo.

Otra cosa que logré hacer fue comprarme una motocicleta, me animó a que estudiara lo que realmente quería y hasta conseguimos que nuestros hermanos (prima suya en realidad) se animaran a darle un nombre oficial a su relación, eran más que obvios que se querían.

Todo iba tan bien que incluso me empezó a agradar la idea de administrar en un futuro la hacienda, porque Astrid me enseñó a descubrir que era bueno, sólo que tenía miedo a ser todo lo que podía ser.

Todo iba de maravilla, incluso tras hablarlo con sus tíos y con mis padres, les confesé que le iba a pedir matrimonio, hasta estaba trabajando en el diseño del anillo de compromiso que le daría, aunque ya le había dado el de promesa; para mí fue sumamente especial que su tío me diera oportunidad de iniciar una vida juntos, a sabiendas de su enfermedad, pues una corazonada me decía que Astrid viviría muchos años más.

Pero yo de iluso e ingenuo como siempre.

Esa misma noche había hablado por mi celular con Astrid, bromeando como comúnmente lo hacíamos, pero sí me percaté de que estaba un poco extraña, ella mencionó que estaba cansada por que montó un rato en la tarde y practicó arco con Heather y que tenía sueño, debí decirle que fuera al médico en ese momento, incluso se nos ocurrió ir a la choza donde nos conocimos, aunque desde la última vez que estuvimos allí ella se había enfermado, opté que lo dejáramos para otro día y me alegro, porque de lo contrario ella se habría sentido mal allí y haría sido más difícil auxiliarla.

Un par de horas después escuché la sirena de una ambulancia, era muy lejana, hubiese sido percibida de día, pero como era el campo y de noche, la pasibilidad permitió que fuera percibida, de seguro era porque había habido un choque o algún deslave, pues en estas temporadas de lluvia los accidentes en carretera se incrementaban. No pude dormir ni un momento, daba vueltas en mi cama, me puse a leer, a dibujar hasta me vi tentado en salir a caminar, así que me vestí y tome mis llaves de mi motocicleta para no molestar a Svart, y justo cuando abrí la puerta de mi habitación, Toothless estaba allí, con una mirada sombría y a punto de llorar.

-¿Ya sabes? –me preguntó extrañado con voz entrecortada.

Negué rápido sin saber de qué hablaba y vi a mis padres saliendo de la habitación, casi listos para salir.

-Me llamó Storm… se llevaron a Astrid al hospital, le dio un semi-ataque al corazón, Hiccup… está muy mal, quiere verte para despedirse.

Esas palabras me derrumbaron mi mundo, ella era mi mundo.

De repente sentí que nada me respondía.

Ni mis piernas ni mis pensamientos.

Sólo escuché que mi corazón empezaba a latir con más fuerza taladrando mi pecho, y fue cuando por primera vez me pregunté ¿Por qué yo tenía un corazón sano y ella no?

Ella ocupaba un corazón para seguir viviendo, y sé que yo no podría vivir sin ella, pero ella sí podría vivir sin mí.

Ella era más fuerte que yo.

Sin si quiera parpadear regresé a mi habitación y tomé mi mochila, allí estaba mi libreta de dibujo y unas cosas escritas, además del anillo para Astrid, era todo lo que necesitaba.

-Vamos. –les pedí a mis padres que me veían preocupados.

Me mantuve sereno en el trayecto al hospital.

Toothless estuvo mensajeándose con Stormfly para mantenernos al tanto durante esa hora y media de trayecto a la ciudad.

Eran casi las tres de la mañana pero no sentía sueño ni calor ni miedo, incluso sonreía porque tenía una vaga esperanza y solución.

No entendí bien al doctor, pero nos dijo que el corazón de ella iba en incremento, no era cáncer, era algo inusual, esa cardiomegalia que hacía que el musculo interno del corazón de Astrid se esforzara más y por lo tanto se cansaba más fácil. Por obra del cielo lograron estabilizarla, aunque pasaría allí la noche.

Entré a hablar con ella y con una sonrisa me dijo adiós.

Allí estaban Storm, sus tíos y por supuesto yo. Estuvimos hablando un poco hasta que entró el doctor y le dijo que le iban a inyectar tranquilizantes para que descansara en la noche, que mañana le harían una operación, la cual le daría mejores oportunidades de vivir, que ya tenían la cura para sanar su gran corazón.

Me hubiera gustado decirle que era yo quien había hablado con el doctor, para decirle mi plan, sólo vi su mirada llena de ilusión y esperanza, me volteó a ver con una sonrisa a pesar de haberse despedido de mí.

-Estaremos juntos mucho más tiempo, mi amor. –me dijo, y en ese momento comprobé que era una buena decisión, que yo viviría a través de ella y ella viviría a través de mí.

-Sí mi lady, por siempre.

-¿Incluso con mi mutante corazón? –dijo con broma, empezando a dormitar.

Le acaricié la frente y le di un suave beso, el cual apeas y pudo corresponder.

-Mi corazón es tuyo Astrid, no lo olvides. –le confesé esa gran, literal y denotativa verdad.

Ella me sonrió, incluso se ruborizó de una manera angelical.

-¿Estarás conmigo cuando despierte? –me preguntó en su susurro.

Tragué duro. - No puedo vivir sin ti. Estaré contigo siempre.

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Derramó lagrimas por saber lo que su hermano había decidido, se burló de él cuando escuchó la plática con los doctores y de inmediato se lo dijo a sus padres para que l convencieran de lo contrario.

Todos le prohibieron hacer eso, incluso los doctores le comentaron que harían otra operación, dejando el trasplante como última opción.

Se fue enojado del hospital, él lo siguió y sin que Hiccup se diera cuenta se subió en su motocicleta. Era de noche, el pavimento mojado, Hiccup conduciendo enojado y un chofer de un tráiler a toda velocidad…

El accidente fue inevitable.

Su brazo roto fue lo de menos, lo cruel fue ver un pedazo de metal del tráiler atravesar el pecho de su hermano justo frente a él.

Todo lo demás fue borroso hasta que despertó al día siguiente, con Stormfly a su lado.

-¿Cómo está Hiccup? –fue lo primero que preguntó, pero su novia sólo empezó a llorar, primeramente agradecida de que el amor de su vida estaba bien y casi ileso, pero también con un profundo dolor por el accidente y lo que había ocurrido con su cuñado.

-Tooth, ocurrió una desgracia.

El chico atendió las palabras de su novia. Negó con dolor lo que ocurría, por un momento pensó que Hiccup había provocado el accidente para conseguir la donación para Astrid, pero de inmediato recordó la práctica que tuvieron cuando iban de regreso al hospital, así que descargó un suicido voluntario, pero se negaba a aceptar la realidad de su consanguíneo.

-Quiero verlo, quiero ver a Hiccup. –pidió, sin poder borrar la imagen de su cabeza cuando la varilla atravesó el cuerpo de su hermano.

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Valka estaba desconsolada. No sabía qué hacer, los enfermeros le entregaron las pertenencias de Hiccup y de Toothless cuando llegaron al hospital, fue una coincidencia que ambos estuvieran allí.

Resbuscó entre las cosas de su primogénito hasta que se encontró una carta dirigida a Astrid, quien en esos momentos ya estaba en cirugía para que le re reconstruyeran su corazón.

Sabía que Hiccup había escrito eso, pues era su letra y quería escuchar a su hijo por medio de esas palabras físicas.

Con algo de culpa la abrió, y leyó tantas cosas, pero lo que más le impactó fue el final, porque lo había escrito con la esperanza de que lo aceptaran como donante del corazón de Astrid, lo cual le pareció tan apasionado, pero que a fin de cuentas no era necesario para ella.

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Astrid, te amo tanto por tantas razones que jamás terminaría de descubrirlas, gracias a ti empecé a tomar riesgos, a tomar decisiones, a sufrir, a disfrutar, a aventurarme a todo sin tener un plan, me has enseñado que el amor es lo más maravilloso que te puede pasar, que vale la pena arriesgarse a pesar de salir lastimado y que un corazón enamorado es demasiado fuerte, incluso aunque físicamente agonice, es el más tenaz de todos con tal de descubrir todo aquello a lo que se le llama vivir y ahora lo sé gracias a ti.

Espero que te recuperes pronto y puedas seguir realizando los sueños que tenemos.

Sé que lo harás y sé que podrás.

No te culpes, es mi decisión y lo hago porque sé que eres fuerte, que puedes con todo y que podrás estar sin mí.

Ahora, escucha nuestro corazón, mi lady y ve a dónde él te lleve…

Con todo mi corazón, Hiccup Haddock

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Notas de la autora:

No lloren ni me quieran matar, aun no termina, le faltan dos capis…

Gracias por leer

Dios los bendiga

**Amai do**

-Escribe con el corazón-

Publicado: 18 de octubre de 2016