Disclaimer: Los personajes de Glee y de Harry Potter no me pertenecen.
N/A: Me he demorado mucho en subir este capítulo, lo sé, pero no me había planteado el rumbo del fic y no tenia mucha idea de lo que iba a ocurrir, solo escribía lo que me pasaba por la cabeza. Ahora ya tengo una idea, va a ser más largo, y en mi opinión, tiene una historia más creíble, aunque como ya vimos en Glee, Santana y Brittany están destinadas a estar juntas así que...
Bueno, por qué digo todo esto, que no le importa a nadie, porque he cambiado cosas en los capítulos anteriores, así que recomendaría volver a leerlo. Y ya esta, espero que lo disfruten.
-Te voy a matar, Kitty. -Gruñó mientras se levantaba y se ponía su uniforme. Cuando te vea, juro que te voy a matar. Morirás lentamente.
Abrió su baúl y cogió el libro para la clase de Pociones, unos cuantos pergaminos y su pluma.
-Te mataré al estilo Lima Heights Adjacent. -concluyó su amenaza, mientras bajaba a las escaleras de dos en dos.
El despertador sonó una hora más tarde de lo que debería haber hecho. No tenía tiempo, era el primer día y llegaba tarde a su primera clase. ¿Por qué Kitty no la había despertado como la mañana anterior?, ¿por qué se había ido sin avisar?
-Genial, Snape me va a castigar. Voy a morir lentamente, aunque antes prometo que matare a Kitty. -se repetía una y otra vez mientras corría por los pasillos en dirección a la Mazmorra Cinco.
Es que si había algo que odiaba el profesor Snape era la impuntualidad, y más por parte de un alumno de Slytherin. Al doblar una de las esquinas se encontró con Filch, quien no tenía muy buena cara. El celador no estaba de buen humor, tenía gripe y algunos alumnos, que se consideraban graciosos, habían pegado cerebros de rana por todo el techo durante su día "libre".
-Señorita. -gritó. No se puede correr por los pasillos.
-¿Ya está? ¿Nada más? ¿No hay reprimenda? -se preguntaba una sorprendida y extrañada Santana. Vale vale. -contestó mientras bajaba el ritmo de sus pasos.
Tras haber subido lo que parecían un millón de escaleras, y eso que solo era un piso, alcanzó su destino. El Aula de Pociones se encontraba en las Mazmorras, pero en un nivel superior a la sala común de Slytherin.
-Menos mal, que la sala común está cerca del aula de pociones. -pensó mientras se asomaba ligeramente.
La clase era la misma que todos los años, cuadrada y de gran tamaño, con grandes mesas y ventanas. En la esquina había un cuenco de piedra, donde los alumnos se lavaban las manos y limpiaban sus calderos.
Si, definitivamente llegaba tarde, y mucho, Snape ya había empezado la clase.
-Señorita Cohen-Chang, me quiere decir cual es esta poción. -dijo señalando la pizarra, donde se encontraban apuntados los ingredientes.
-Emm...la poción multijugos. -balbuceó insegura de su respuesta.
Toda los alumnos de Slytherin se empezaron a reír, Kitty, Sebastian, Jesse, Betty, David, Lauren, eran a los más que se les escuchaba.
Como se nota que eres de Hufflepuff. -dijo Sebastian con un tono despectivo.
Todos volvieron a reír. En ese momento Santana entró por la puerta, intentando no hacer ruido y pasar desapercibida, cosa que no consiguió.
-Señorita Lopez. Todas las carcajadas cesaron. Sería tan amable de decirnos cuál es esta poción. -volvió a señalar los ingredientes.
Santana leyó en la pizarra los ingredientes necesarios; ajenjo, asfódelos, raíces de valeriana, pereza cerebral, judía soporífera y el jugo de 12 granos de sopóforo.
-Se trata de un filtro de muertos en vida, señor. -acertó a decir Santana.
-Muy bien señorita Lopez, ahora siéntese.
-Menos mal que siempre se me han dado bien las pociones. -pensó mientras dejaba sus útiles en la mesa y se sentaba junto a Puck.
-Lo que vamos a hacer hoy es, como vuestra compañera bien ha dicho, un filtro de muertos en vida. -prosiguió.
-Hey, San. ¿Donde estabas? -susurró el chico.
-Me he dormido, y la desgraciada de Kitty no me ha levantado. -miró con cierto odio a la rubia, quien le devolvió una sonrisa burlona.
-Veo que a ustedes les va demasiado bien en Pociones, como para poner atención, ¿no es así Señorita Lopez y Señor Puckerman? -les interrumpió Snape.
-No. Disculpe, señor. -contestaron rápidamente.
-Ambos se quedarán después de clases. -anunció. Tras un breve silencio, volvió a hablar. Una gota de esto, nos mataría a todos. -continuó Snape. Aunque si alguien de aquí lo bebiese nos haría un favor y nos libraría de su estupidez. -dijo mientras clavaba su mirada en la hufflepuff y después en el chico slytherin. Bien quiero que seáis capaces de hacer este filtro. Poneros por parejas, tenéis hasta el final de la clase para hacer algo decente.
El timbre sonó finalizando la clase, la morena estaba recogiendo sus enseres cuando Snape les llamó para que se acercaran a su mesa.
-Señor Puckerman, usted y yo, y todo el mundo más bien, sabemos que no es bueno en Pociones, así que más vale que deje de hablar. Puck bajó la cabeza. Al final de la semana deberás entregar un informe detallado sobre el filtro, ¿entendido?
-Si señor. -dijo y seguidamente abandonó el aula.
Santana era una de sus alumnas favoritas, pero no podía permitirle tal osadía, merecía un castigo.
-Señorita Lopez. Santana notó como un nudo se apoderaba de su estómago, trató de disculparse, pero Snape se adelantó a sus palabras. No voy a quitar ningún punto a Slytherin. El nudo que se le había formado empezó a desvanecerse. Pero mereces un castigo por tal desfachatez. Santana agachó la cabeza, como había hecho su compañero hace un rato. Primero llegas tarde y luego te pones a hablar con tu compañero.
-Lo entiendo, señor, lo siento.
-Como castigo ayudaras al señor Filch a limpiar.
Santana asintió con la cabeza, estaba a punto de marcharse cuando Snape la volvió a llamar.
-Señorita Lopez, cuando demuestre ser algo más que el montón de idiotas al que estoy acostumbrado a enseñar, puedo enseñarle cómo embotellar la fama, preparar la gloria y hasta ponerle un alto a la muerte.
Santana sonrió ante tal comentario, sabía que Snape no era muy partidario de mostrar su afecto y con esa frase lo había hecho, aunque la acabara de castigar. Sabía que no podía dejarla ir impune y aunque tuviese que estar con Filch, cosa que odiaba, bueno era un odio recíproco, él la odiaba y ella lo odiaba a él, aún se preguntaba por qué antes no la había reñido o sermoneado sobre correr en los pasillos, era uno de los mejores castigos que podía tener.
-Gracias señor. -se despidió, mientras caminaba hacia la puerta.
Puck observaba cuidadosamente como su mejor amiga devoraba la comida. No está muy seguro de qué es lo que estaba comiendo y tenía el presentimiento de que la morena tampoco lo sabía, sólo se metía cosas en la boca y las pasaba con zumo de calabaza.
-San, come más lento. -le regañó, temeroso de que fuese a atragantarse. No hay prisa.
-Lo siento, estoy hambrienta. -Se disculpó conteniendo la risa. No he desayunado ¿recuerdas?
-Ya, ya. Por cierto, ¿que te ha dicho Snape?
-¿Qué quieres Noah? -contestó mientras se metía un trozo de empanada de calabaza a la boca.
-¿Por qué tengo que querer algo?
-Ajam. -respondió con la boca llena. Nos conocemos, ¿qué quieres? -dijo tras tragar el pedazo de empanada.
-Vale, vale. Ya que técnicamente ha sido culpa tuya que me castiguen...
-Noah, no voy a hacer tu estúpido trabajo, si es lo que pretendes. -le interrumpió.
-Oh vamos López, eres la mejor en Pociones no te costará nada hacer un informe.
-No, Noah, déjame en paz.
-Vamos San… no seas así.
-Déjame Noah… no haré tu trabajo, además no tengo tiempo.
-Claro que no tienes tiempo, Britt ocupa todo tu tiempo. -dijo con tono burlesco. Tendré que buscarle y echarle La charla.
-¿Britt? ¿Charla? ¿Qué charla? -preguntó desconcertada.
-Si, "La charla".
-No te entiendo Noah. -declaró confusa.
-Pues ya sabes, le buscaré y le diré que como te haga daño, aunque estoy más seguro que tu seras quien le haría daño. -se río. o te rompa el corazón o cualquier cosa, le haré sufrir, probará la peor de las maldiciones imperdonables.
-¡Noah! ¿Qué dices? -preguntó ya bastante cansada de no entender nada.
-Me preocupo por ti, San. Además siempre he querido utilizar la maldición Cruciatus con alguien.
-Pero yo no estoy...
-Pero te gusta. -la interrumpió.
-¿Qué? ¿Por qué dices eso? -cuestionó atónita.
-Me lo ha dicho Kitty.
-¿Kitty? ¿Y que tiene que ver Kitty? Yo no le he dicho nada a Kitty, bueno ni a Kitty ni a nadie.
-Bueno, duerme contigo, y te escuchó decir el nombre de Britt en sueños, mientras...
-¿Mientras que?
-Y no es la primera vez que sueñas con Britt.
-¿Mientras que? -repitió.
-Ya sabes...eso..
-¿Eso?
-Si ya sabes...me contó que tenías la almohada entre los brazos y piernas, abrazándola con fuerza.
-Ajam, ¿y?
-Y bueno, empezaste a mover las caderas suavemente, mientras dejabas leves suspiros, que se fueron tornando en...
La cara de Santana se descompuso, sabía que ese mismo día que la conoció soñó con ella, pero nada más. Tampoco se había parado a pensar que había soñado esta mañana, o si lo había hecho, con las prisas.
-Vale no hace falta que digas nada más. ¿Y que tiene que ver Britt en esto?
-Bueno en uno de esos gemidos...Santana notaba como le abrasaban las mejillas. Se te escapó un leve Britt.
-Oh dios, yo mato a Kitty.
-Tranquila San, todos hemos tenido esos sueños, bueno yo con mujeres. -se rió.
-Pero que yo no puedo haber soñado eso con Britt, es más, sólo he hablado con ella... -se dio cuenta de su error. Una vez...
-¿Ella?
-Venga te ayudo con el informe. -dijo intentado terminar con la conversación.
Puck se percató de lo que había dicho la morena, pero no iba a conseguir que le contase nada, así que decidió abandonarlo temporalmente.
-Gracias San. -la abrazó.
-Bueno, bueno, suéltame si no quieres que acabe vomitando arco-iris.
Después de hora y media de Alquimia, donde el profesor solo se dedicó a hablar y hablar, y otra hora y media de historia de la magia, Santana se dirigió , mareada de tanta palabrería, a la Sala Común para descansar un rato.
Cuando entró, decidió tumbarse en uno de los sillones. Pasó un rato, y un grupo de slytherins entró por la puerta, entre ellos Kitty, quien se paró enfrente de Santana.
-Hombre, la chica de sangre caliente. -se burló.
-Te mato Kitty, te voy a matar. -dijo levantándose del sillón y posicionándose a la altura de la rubia.
-¿Y eso por qué, señorita perfecta?
-¿Acaso has esnifado el potaje de tu caldero? Kitty, por Merlín, ¿primero esta mañana te vas sin avisarme y luego le dices eso a Puck?
-¿Acaso he mentido? -preguntó con sarcasmo.
-Y yo que sé, por tu mente retorcida pasa cualquier cosa. ¿Por qué no me despertaste?
-Parecías estar disfrutándolo tanto que no quise ser yo quien te privase de aquel entretenimiento.
-Muy graciosa, Kit.
-Además, ¿te imaginas lo que hubiese pasado, si lo hubiese hecho? Podía morir, preferí no arriesgarme.
-Claro, era mejor que llegase tarde a Pociones. -le recriminó.
-Eso solo son efectos colaterales. -se volvió a reír.
-Me ha castigado, tengo que pasar la tarde con Filch limpiando.
-¿La tarde o la noche? Porque la hora que es...
Santana miró el reloj de la sala común y se levantó de golpe.
-Oh mierda.
Se había pasado el descanso tarde, cosa que en ese día ya se estaba haciendo costumbre. Se despidió de la rubia y salió corriendo de allí.
Recorrió todos los pasillos de las mazmorras en busca de Filch, pero no estaba por ningun lado. Se decantó por preguntarle a Snape por su paradero. Estaba corriendo, de nuevo, hacía su oficina, cuando en una de las esquinas se chocó con algo, o alguien, y acabó en el suelo.
-Hey, ¿estas bien? -oyó desde el suelo.
-Si. -contestó ásperamente mientras se levantaba. Iba a reprender severamente al individuo que la había hecho caer cuando alzó la vista. ¿Brittany? -preguntó sorprendida.
-Hola San. -contestó sonriente.
-Lo siento, tenía prisa y no iba mirando. -cambió el tono empleado.
-No, yo lo siento, estaba parada en mitad del pasillo, intentando alcanzar eso. -señaló hacia el techo.
-¿Eso? -miró hacia donde apuntaba la rubia. ¿Eso son cerebros de rana? -puso cara de asco.
-Así es. Tengo que quitarlos todos, pero aún no se como.
-Pe..pero.. ¿por qué tienes limpiar? -preguntó extrañada.
-Pues...
-¿Y donde esta Filch? -la interrumpió.
-Pues...
-Oh dios Filch, llego tarde. Me voy. -la volvió a cortar.
-Adiós San. -se despidió, aunque la morena ya se había esfumado por el pasillo. Brittany volvió a mirar el techo con un rostro de confusión. Bueno, ¿y cómo quito yo esto?
Santana corría en dirección al despacho de Snape. Cuando se disponía a llamar a la puerta, esta se abrió.
-Emmm...señor.
-¿Qué haces aquí, Lopez?
-Pues... He estado buscando al señor Filch...
-El señor Filch se encuentra incapacitado para limpiar en este momento.
-¿Entonces qué tengo que hacer?
-Otra alumna está castigada también, las dos limpiareis el techo. Más vale que no dejéis ni un cerebro en el techo de las mazmorras.
-¿Cerebros de rana?
-Acertado, Watson. -respondió sarcástico. Ahora váyase con su compañera y limpienlo. -dijo dándole la espalda y marchándose por el pasillo.
Santana se dirigió hasta donde se había chocado con Brittany. La rubia seguía con la misma postura que cuando se fue, mirando al techo con confusión, lo que produjo una sonrisa en la morena que la miraba divertida.
-Nos volvemos a encontrar. -le habló cerca del oído, haciendo que la rubia se sobresaltase. Oh, vaya, no quería asustarte.
-No, no, no pasa nada, es que estaba pensando. ¿Qué haces aquí, otra vez?
-¿Tu eres la otra alumna castigada?
-Si. -respondió agachando la cabeza.
-Pues, por suerte o por desgracia, vas a tener el honor de limpiar el techo conmigo.
-¿En serio? La latina asintió con la cabeza. ¡Viva! -exclamó. Santana sonrió ante el gesto tan infantil que acababa de hacer la rubia. Bueno, ¿se te ocurre alguna forma de llegar hasta ahí arriba?
-Pues la verdad es que tengo una idea. ¿Qué te parece si te elevo hasta ahí arriba y tu los retiras?
Estaba todo pensado, diciendo esto, se ahorraba declarar su repulsión hacia aquellos sesos y quedaba en buen lugar, porque también podía usar ese encantamiento levitatorio para levantarse ella misma, pero eso implicaría tener que tocarlos, cosa que no tenía pensado hacer bajo ningún concepto.
-Oh, cómo no se me había ocurrido antes. -se lamentó.
-¿Lista? -preguntó sacando su varita del bolsillo de su túnica.
-¿No me vas a dejar caer, verdad? -cuestionó temerosa.
-No, claro que no. Es un hechizo muy sencillo, no te preocupes. -garantizó con el mismo tono tierno y sosegado que uso la última vez, en el tren.
¿Por qué le respondía así? Si fuese cualquier persona le hubiese dicho que no era problema suyo, que las dos estaban castigadas y que si se caía le daba igual, sin embargo, sin saber el por qué le importaba la seguridad de la chica, y quería transmitirle esa tranquilidad.
-¿Preparada?
-Emmm, si.
-Wingardium Leviosa.-formuló realizando un pequeño movimiento de muñeca.
Llevaban un rato, realizando la misma acción a lo largo de todo el pasillo, Santana conjuraba el hechizo y Brittany se elevaba recogiendo los cerebros. En una de esas maniobras, estaba Brittany despegando los sesos del techo cuando uno se desprendió y fue a aterrizar en el hombro de Santana, quien lo notó y se empezó a poner histérica, descuidando el encantamiento. La chica cayó encima de la latina quien amortiguó el golpe.
-Ouch. -se quejó, tumbada encima de la morena.
-Ouch. -suspiró. Lo siento, lo siento. ¿Estas bien? -preguntó rápidamente al darse cuenta de la situación.
-No pasa nada, estoy bien.
-Yo no quería, mierda, mierda, mierda.
-No pasa nada de verdad, tu cuerpo ha suavizado el golpe.
-N..no sé cómo ha pasado. -balbuceó. Una de esas cosas me cayó en la túnica.
-¿Cual, esto? -preguntó divertida cogiendo el trozo de órgano.
-Que asco. Voy a perder la poca dignidad que me queda y pedirte que lo quites de mi vista, me esta revolviendo el estómago.
-No pasa nada, incluso la persona más dura tiene miedo a algo. -dijo clavando su mirada sobre la de la latina.
Esta, no se había percatado de la cercanía de ambas. Estaban tiradas sobre el frío mármol, en mitad de uno de los tantos pasillos de la escuela. La rubia permanecía sobre su cuerpo, casi rozando su frente, y bajo sus propios brazos, que inconscientemente la habían rodeado. Al tenerla tan cerca, Santana pudo ver sus ojos en un primer plano, eran magníficos y cautivadores, de un tono azul que jamás se hubiese imaginado que existía. Ya los habia visto en el tren, pero esta vez estaban más cerca, y parecía como si el tiempo se hubiese parado, y tuviese todo el tiempo del mundo para observarlos. Se quedó mirándola fijamente y deseó que esa imagen se quedara grabada en su memoria. No supo si se quedó hipnotizada por la mirada de la rubia o por qué, pero esbozó inconscientemente una sonrisa, que la rubia pudo percibir.
-Tienes una sonrisa preciosa. -dijo con un hilo de voz, pero que por la cercanía de ambas, la morena pudo escuchar.
Santana quería hablar y responder a la linda rubia que tenía frente a ella, pero no podía articular palabra. Su garganta estaba sequisima, tanto que le dolía y su corazón latía tan rápido que si seguía a ese ritmo, era probable que se le saliera del pecho y corriera lejos de esa situación tan incómoda.
-Emmm, deberíamos levantarnos. -dijo con una voz inestable, pero audible al menos.
-Si, claro. -se mordió el labio inferior y miró al suelo con las mejillas sonrojadas, al ser consciente de las palabras que habían salido de su boca.
Caminaron hasta la enfermería, lentamente aún doloridas por el golpe. Brittany sentía un leve dolor en el tobillo, el cual le impedía andar mejor.
-Déjame que te ayude. -se ofreció Santana al percatarse de la cojera de la rubia.
-No hace falta, yo sola puedo. -contestó bruscamente, acto que desconcertó a Santana, quien no la conocía mucho, pero nunca la había visto comportarse así.
Brittany no quería mostrarse débil, no era una inútil, podía valerse por sí misma, estaba cansada de que todo el mundo pensara lo contrario.
-Brittany, ha sido culpa mía, lo menos que puedo hacer es echarte una mano.
La mano, eso era lo que le dolía a Santana en ese momento. Es cierto, que casi todo el impacto lo había amortiguado con el cuerpo, pero al caer puso la mano para detener la caída, doblandosele la muñeca. Sin embargo, no se había dado cuenta hasta que se levantaron. Y al igual que Brittany, no quería mostrarse débil y no iba a pedir ayuda.
Brittany quien se dio cuenta del tono que acaba de emplear y la mirada de culpabilidad de la morena decidió ceder.
-Gracias. -dijo dejándose caer en los hombros de la latina. La verdad es que me duele mucho, pero no quería decir nada porque no soy una débil ¿sabes? -confesó.
-Oh no, de verdad que lo siento muchísimo.
-Oh no, no te estaba culpando, no te culpo de nada. Sólo quería decir que se valerme por mi misma.
-Claro que sabes, yo se que sabes. ¿Acaso pensabas lo contrario?
-Gracias Santana.
-Espera. ¿Por dejarte caer? -preguntó graciosa, contagiando a la rubia con su risa.
-Por esta tarde. Me has ayudado a quitar los cerebros, me has hecho compañía, eres mucho mejor que Filch.
-Yo también estaba castigada, ¿recuerdas? En todo caso, gracias a ti por ayudarme a mi. Y me tomaré lo de Filch como un cumplido. -se río.
-Bueno, pues un gracias general.
-Ya bueno, no cantes victoria aún. No terminamos de limpiar, ¿recuerdas?
-Oh, dios, es verdad. Creo que yo también le voy a empezar a coger asco.
-No tiene gracia. -le reprochó con un tono de fastidio fingido.
Después de recorrer varios pasillos y subir un número dispar de escaleras con cierta dificultad, llegaron a la enfermería.
Una vez en el ala de enfermería, Santana ayudó a Brittany a tumbarse en una de las tantas camas libres, la verdad es que la habitación estaba vacía, era el segundo día del curso tampoco podía haber muchos alumnos heridos. Tras una pequeña oposición por parte de la rubia, quien decía que se encontraba bien, Santana consiguió que se recostase en la cama y fue a buscar a Madame Pomfrey a su despacho, que era la habitación adyacente a esta. La latina conocía bastante bien ese despacho, y a Poppy Pomfrey, puesto que había pasado muchos días, en los cursos anteriores, en la enfermería, debido a diversos altercados, desde caídas en Quidditch a heridas provocadas por duelos imprevistos.
Santana tocó dos veces en la puerta, y una voz se dejó oír desde el interior.
-Pase.
-Madame Pomfrey. -dijo mientras abría la puerta.
-¿Santana? ¿Qué haces aquí? ¿Estás herida? -cuestionó. ¿Tan pronto? -preguntó esta vez con un tono jocoso.
-Me quiere dejar hablar. -contestó un poco molesta por la avalancha de preguntas, a la que se vió sometida nada más entrar.
-Si, si, perdona. ¿Qué ocurre?
-Estábamos limpiando el techo de las mazmorras, cuando...
-No hace falta que me lo cuentes. -la detuvo. ¿Qué puedo hacer por ti?
-Pues, he traído a una... -se paró.
¿Podía considerar a Brittany su amiga? Se conocían desde hacía tres días, además ella no era de tener amigos, tenía a Noah, a Kitty y a Quinn, pero nada más. Sin embargo, la rubia era diferente a toda la gente que ella había conocido, ella era sincera y amable. Además nunca la juzgó o se dejó llevar por su reputación, le sonrió como nunca nadie le había sonreído. No era que fueran ya íntimas amigas, pero Santana sentía que podía confiar en ella.
-amiga. -dijo finalmente. Tiene mal el tobillo, y le duele, pero es muy terca y te va a decir que no.
-Mmm..
-¿Mmm? -preguntó por la respuesta de la enfermera.
-Eso me suena de algo. ¿A quien se parecerá? -dijo sarcásticamente mientras miraba a Santana, dando a entender que era a ella, a quien se refería.
-Yo no soy terca. -se quejó con un leve movimiento de mano, el cual produjo un quejido involuntario por parte de la morena, el cual pudo notar la mujer.
-Santana, ¿estás bien?
-Si, si, no me pasa nada. Solo me lastime un poco la muñeca, nada más.
-Hablando de tercas, déjame mirartelo.
-Que no, no hace falta, ve donde Brittany.
-Cuanto antes te lo mire, antes iré donde tu amiga. Y no murmures por lo bajo.
-Como me conoces. -se rió y le ofreció el brazo, para que lo pudiese examinar.
-Demasiados años, querida. -dijo mientras la observaba la muñeca. ¿Te duele esto? -pregunto retorciendo la muñeca.
-Un poco. -mintió, la verdad es que le dolía muchísimo, pero no quería confesarlo.
-Tienes una pequeña fractura. -dijo soltándole el brazo y sacando su varita. No te muevas. Episkey. -vocalizó apuntándola con la varita.
Santana suspiró, ese hechizo dolía, dolía mucho, no obstante era mejor que tener la muñeca como la tenía. Además ya se empezaba a acostumbrar; primero notabas frío, luego un repentino calor se apoderaba de la zona y finalmente, sentías al hueso colocarse en su posición.
-Bueno, ¿dónde está tu amiga?
Salieron del despacho, Santana primera, seguida de Madame Pomfrey. Cuando entraron en la enfermería, escucharon unos ronquidos.
-¿Se ha dormido? -se preguntaron las dos incrédulas.
Parecía una niña pequeña, acurrucada de esa forma en la cama, era una visión muy graciosa. Santana no pudo evitar reírse, aunque no muy fuerte para no despertarla.
-Mírale el tobillo derecho.
-¿No la despertamos? -preguntó la enfermera.
-¿Para qué? Es preferible que duerma, si tiene algo y tienes que curarla, mejor que no sienta el dolor ¿no crees?
-Cierto. No todo el mundo está acostumbrado. Bueno, hay que quitarle el zapato y las medias, si queremos ver algo. ¿Santana?
-¿Pretendes que lo haga yo? -preguntó sorprendida.
-Pues si, ¿es tu amiga no?
-Emmm, vale. -contestó acercándose a la cama.
Ya eran dos veces, la primera vez tuvo que ponérselas en aquel compartimento del tren, y ahora quitárselas en mitad de la enfermería. Las medias de aquella chica, le iban a pasar factura. Además esta vez, no estaba conjurado el hechizo Nox, y el color de su cara iba a resaltar con el blanco de las camas, de eso estaba segura.
-Santana, ¿a qué esperas? -preguntó impaciente por el tiempo que se estaba tomando la morena para realizar la acción. Santana levantó la cabeza y la miró con hostilidad. Emmm, creo que me he dejado algo en el despacho. Ahora vuelvo. -se excusó notando el nerviosismo de la latina.
-Venga, Santana. Ni que fuese la primera vez. -se dijo así misma, mientras le quitaba el zapato.
Se acercó más a la cama, y suavemente la agarró por la cintura con una mano, mientras con la otra le retiraba las medias. De repente, la rubia sollozó.
-Tienes las manos frías. -se quejó.
-¿Brittany? -balbuceó, mientras su cara empezaba a tornarse de un color rojizo.
-Hola. -contestó sonriente.
-¿Te he despertado? Lo siento.
-La verdad es que no recuerdo haberme dormido. -volvió a sonreír.
-Hombre, la bella durmiente se ha despertado. -dijo Madame Pomfrey, interrumpiendo en la sala de nuevo. ¿Qué tal tienes el tobillo?
-Pues...
-Hinchado. -contestó Santana señalando la pierna derecha.
-A ver, dejadme ver. -dijo acercándose a la cama. Si, lo tienes bastante inflamado. ¿Puedes moverlo?
-¿Sin que me duela?
-Vale, eso contesta mi pregunta. No te muevas. -le ordenó mientras volvía a sacar su varita. Puede que esto te duela un poco, pero tienes una fractura de segundo grado.
-Hey, Britt, mírame a mi. -dijo Santana cogiéndola de la mano, ella sabía muy bien, que lo que iba a sentir no iba a ser agradable.
-Episkey. -articuló mientras señalaba el tobillo derecho. Brittany sollozó y apretó con fuerza la mano de la latina. Bueno, ya esta, tendrás unas leves molestias durante un par de días, pero se te pasara.
-Gracias. -contestó Santana.
-Bueno chicas, va siendo la hora de la cena. Deberías ir al comedor. -dijo saliendo hacia su despacho.
-¿Puedes andar o quieres que te ayude a llegar al Gran Comedor? -preguntó la latina.
Y aquí estaba otra vez, esa faceta de Santana Lopez que nadie conocía, ni ella misma, una amabilidad sorprendente rebosaba de su interior. Cuando estaba con la rubia, de su boca solo brotaban palabras y frases agradables, eso sumado a un abundante buen humor.
-Creo que puedo. -dijo mientras intentaba ponerse de pie, cosa que no consiguió.
Estaba apunto de caerse cuando la morena la rodeó con su brazo, sujetándola y sirviendole de apoyo.
-Venga, vamos a cenar.
-No...
-Brittany, no te empeñes no puedes andar, déjame que te ayude. ¿Vamos a tener que volver a discutir lo mismo? -la interrumpió.
-No, no era eso. Solo que no tengo hambre, estoy cansada, prefiero irme al dormitorio.
-Vale, te acompaño igualmente.
Emprendieron el camino hacía la Sala Común de Hufflepuff.
-Por cierto, Britt. La rubia sonrió ante el apelativo utilizado por la morena, muy poca gente la llamaba así. ¿Que hacías castigada?
-Pues verás, esta mañana me desperté tarde, y llegue tarde a Pociones.
-Espera, ¿estás en sexto de Pociones?
-Emmm, si. ¿Por?
-Vas a la misma clase que yo. -dijo sorprendida.
-Bueno, técnicamente no he ido. No aún. Esta mañana, tenía miedo de que Snape me riñera, y decidí quedarme en el pasillo. Y..bueno, McGonagall me vio, y me castigó. Y aquí estoy.
Recorrieron varios pasillos, antes de llegar al de las cocinas, donde se encontraba la entrada a la Sala Común de Hufflepuff.
-Bueno, su majestad, hemos llegado.-hizo una reverencia. Brittany se rió. ¿Quieres que te ayude a entrar?
-No hace falta, gracias, gracias por todo. -dijo acercándose a unos de los barriles que se encontraban en el bodegón que formaba la entrada de las cocinas. Buenas noches, San. -se despidió acercándose y dejando un pequeño beso en la mejilla de la morena.
-Buenas noches, Britt. -respondió mientras se tocaba la mejilla.
Después de unos segundos mirando como se cerraba la entrada tras la rubia, se dirigió hacia el Gran Comedor.
-Hombre, San. ¿Dónde estabas? No te hemos visto en toda la tarde. -preguntó Noah, al ver acercarse a Santana.
-He estado castigada, ¿recuerdas?
-Es verdad. Por cierto ¿me vas a ayudar con el informe?
-Sí sí, pero dame un respiro he estado toda la tarde quitando cerebros de rana, ya nunca podré volver a mirar una.
-Que blanda te has vuelto.
-Me ha caído uno en la túnica, ¿sabes que asco?
-¿Por qué no me llamaste? Yo te hubiese salvado del monstruo, princesa. -dijo con sarcasmo.
-A mi no me hace gracia. -contestó Santana cabreada.
-Pero si son blanditos y viscosos, como te pueden..
-Noah...¿cómo sabes que son blanditos y viscosos? -le interrumpió.
-¿Todo el mundo sabe que son gelatinosos y pegajosos, no?
-Pues no, ni siquiera yo, que los he estado recogiendo. ¿Has sido tú? -aseveró. Ayer, cuando te vi en el pasillo. Estoy segura, fuiste tu. Puck se empezó a reír. ¿Cómo no me he dado cuenta antes? Y todo el mundo culpa a unos primerizos.
-A ver a ver, si yo conseguí los cerebros pero yo no lo hice. -explicó. Santana levantó una ceja, típico gesto que hacía inconscientemente, cuando algo no le acaba de convencer. Tengo más cabeza, ¿sabes lo que me podía haber pasado si me pillaba Snape o algún otro profesor?
-Argh, te odio.
Tampoco podía odiarlo mucho, Filch tenía gripe y no tuvo que estar con él, si no con Brittany. No es que le encantase limpiar, ni mucho menos, pero no lo paso mal, dejando a un lado el susto por el golpe y el dolor de muñeca. Sin embargo, no le iba a confesar eso a Noah.
