Capítulo 3 Antaño
Shion despertó a mitad de la noche, el viento helado que se colaba por la ventana abierta del consultorio le estremecía, con cuidado se colocó en pie con la intención de cerrarla, pero solo en eso quedo, en una intención porque sus pies no lograron sostenerle haciendo que se estrellara de lleno contra el suelo.
Rou entro a la estancia un segundo después, llevaba puesta la bata blanca haciendo notar que a pesar de la hora seguía trabajando.
—Shion. —Grito corriendo en su ayuda.
—Dr. Rou. —Shion lo miro un poco perdido, como si le costara reconocer al hombre de blanca cabellera delante de él. —¿Por qué estoy en su consultorio? ¿Yo, yo estaba...?
—Shion, tranquilo no pasa nada, solo tuviste una leve recaída, nos diste un susto de muerte, Karan estaba muy angustiada.
—Yo, lo lamento. —Se disculpó sinceramente el chico.
—Está bien, solo intenta no excederte en el trabajo y comer a tus horas. Recuerda que tu enfermedad es una nueva sepa y falta mucho por saber de sus complicaciones.
—Sí, claro.
—¿Quieres que llame a tu madre? O ¿prefieres quedarte?
—Es muy noche, creo que será mejor esperar a mañana.
Rou asintió y ayudo a Shion a volver a la camilla. Una vez cómodo Shion intento volver a dormir y Rou salió de la habitación.
Rou dio un suspiro, detestaba mentirle a Shion, después de todo el chico casi era una deidad, ¿pero que más podía hacer? En sus prioridades la estabilidad y supervivencia de Shion eran las primeras de la lista.
Hace cinco años, para ser más exactos después de la caída del Centro Penitenciario, los habitantes de las cuevas volvieron a salir, Rou entre ellos fue uno de los que acepto volver a formar parte de la extinta No.6
Luego de unos cuantos meses volvió a ver a Shion, el único sobreviviente de la epidemia de abejas parasito, Rou sonrió feliz, listo para preguntar por el último heredero de las personas del bosque. Tras su pregunta solo recibió una mirada triste y un —No lo sé.
Pero había algo en ese joven, un brillo que no tenía nadie más.
No tuvo que esperar demasiado.
Dos semas más y Shion ingreso en la clínica por debilitamiento. La Flor se marchitaba lejos del sol que lo protegía con su calor. El recuerdo y la ausencia de Nezumi minaban su existencia.
Karan lloraba todas las noches junto a la cama de su hijo que parecía no reaccionar a las vitaminas ni a ningún medicamento. Su cuerpo pequeño se negaba a continuar sin aquel a quien más amaba.
Elyurias, el árbol que Shion había creado con la esperanza de que al renovar el bosque Nezumi volviera también moría, porque ambos parecían conectados. Botánicos, ecólogos, hasta biólogos hacían intentos sobre humanos por sanar al árbol, todo era inútil mientras Shion siguiera postrado.
Cuatro largos meces miro al joven sumido en sus sueños, completamente impotente ante el mal que le aquejaba.
—Haz algo Rou, lo que sea. No quiero ver morir a Shion, ya una vez lo perdí no voy a resistir una segunda vez. —Suplico Karan.
Rou negó, no había nada que él pudiera hacer y las lágrimas de Karan le dolían, porque con el tiempo termino mirando no a la madre sino a la mujer, esa fuerte criatura que a pesar de todo aún seguía en pie de lucha manteniendo la esperanza.
Esa noche estando de guardia y sin ganas de entrar al dormitorio de Shion dio una vuelta al Instituto para dejar de pensar en Karan y aquella sensación de ineptitud que sentía cada que veía al peliblanco.
Al final no pudo evitarlo más, miro la puerta de la habitación como si esta fuera una víbora apunto de morderle. Tomo el pomo con rapidez inusual y abrió a toda velocidad para no tener tiempo de arrepentirse.
Dio un jadeo ahogado del asombro. Sentado sobre la cama Shion miraba por la ventana taciturno.
—Shion. —Dijo temeroso. El mencionado giro la cabeza mirarlo, los ojos rojos como la sangre tenían un brillo especial e incluso la forma normalmente redonda y tierna había sido substituida por una rasgada y afila, muy similar a la de cierto roedor.
—Rou. Hace tiempo que deseaba hablar contigo. —El Doctor dio un paso atrás, esa voz la concia. —Estoy preocupada Rou. No regrese a Shion de entre los muertos para que fallezca ahora.
—Elyurias. —Menciono Rou dando un paso en retroceso asustado por la presencia de la Diosa y lo que eso pudiera significar.
—Necesito que Shion viva, o el árbol que creo lo seguirá y esa no es una opción. Él es mi semilla, el único ser sobre este mundo capaz de devolverle su magnificencia anterior. Pero si muere…
—Yo, yo he hecho todo lo que podido pero…
—No todo. No todo. Rou, aun tienes ese elixir ¿verdad? Ese que las personas de Mao utilizaban como agua sagrada. Dásela a tomar a Shion y el olvidara todo, yo me encargare de acomodar sus memorias de tal manera que aquello que lo lastima se desvanezca.
—Pero… No. Me niego. Esa substancia tiene compuestos que jamás…
—Rou. Tienes tan poca comprensión de tu entorno que le temes a lo más básico. Se obediente, porque si Shion muere te aseguro que la humanidad lo lamentara hasta el día de su extinción.
—Es una amenaza.
—No. Simplemente una advertencia. Como ya te dije, Shion es mi semilla, mi ser perfecto. He estado dentro de él de muchas maneras, como paracito alimentándome de su juventud y sintiendo el cálido corazón que late aquí dentro. —Dijo colocando una mano en el pecho del albino. —Como su amiga cuando tome el cuerpo de aquella chica encontrándome con sonrisas tiernas y un cariño más allá de límites, como deidad cuando le devolví la vida solo para darme cuenta que conozco hasta el más íntimo de sus pensamientos, he tocado su alma y recorrido su cuerpo desde el punto más hondo hasta el último de sus cabellos, me pertenece a mí y yo le pertenezco a él, de hecho se podría decir que gran parte de mi esencia permanece en él. Yo puse al alcance de los científicos de No.6 la muestra perfecta, Safu, sólo para desviar la atención de mi verdadero recipiente, Shion. Haz lo que te digo o las consecuencias serán desastrosas.
—Elyurias… tu.
Shion se desmayó de nuevo, sin más volvía a estar inconsciente como si la plática anterior solo hubiera sido el producto de la loca imaginación del investigador.
Rou pasó toda la noche pensando en las palabras de la diosa, al día siguiente apenas ver la luz de la aurora saco el líquido del escondite en donde lo guardaba y se lo dio a beber a Shion.
Shion recupero su salud paulatinamente y Rou pronto noto, que era lo que dañaba a Shion, la pronunciación de ciertos nombres le alteraban desde un simple dolor de cabeza hasta la convulsión, como si su prodigiosa mente se negara a olvidar pero se viera forzada, sometida, por el poder de la Diosa, cuando despertaba no recordaba nada.
Elyurias había cumplido y él debía cuidar de Shion y de Karan.
—Aun no sé si fue lo correcto. —Se lamentó Rou mirando a través del vidrio polarizado que por dentro del consultorio semejaba un espejo.
Shion se removía inquieto en la camilla y de sus ojos brotaban lágrimas silenciosas.
—Si tan solo él no se hubiera ido, si tan solo hubiera regresado, si tan solo supiera que Shion se muere sin él. —Rou golpeo la pared molesto. —Valla príncipe, dejando que la princesa sea devorada por la bruja.
Una alarma salto silenciosa, el color rojo de la bombilla en la pared le decía que era urgente. Con rapidez abrió un canal de comunicación con la central.
—¿Que sucede? —Pregunto sin rodeos.
—Señor, es él, ha regresado.
—Cierren todas las entradas a Chronos. No debe entrar. Quiero que pongan patrullas alrededor de Elyurias y en la residencia de Shion. Si se acerca demasiado disparen a dar. —Siseo irritado y cerrando la conversación. —¡Maldición! ¿No podía escoger mejor momento? pero, lo siento príncipe encantador, la princesa ya tiene nuevo dueño.
Continura…
